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Gaceta médica de México

versión impresa ISSN 0016-3813

Gac. Méd. Méx vol.142 no.2 México mar./abr. 2006

 

Simposio

 

V. Conclusiones

 

V. Conclusions

 

Guillermo J. Ruiz–Argüelles

 

Centro de Hematología y Medicina Interna de Puebla, Clínica de Puebla, Puebla, México

 

Es muy reconfortante advertir como las revistas médicas mexicanas han mejorado a lo largo del tiempo y que los científicos mexicanos tenemos muchas opciones para hacer público el resultado de nuestras investigaciones.

Sin embargo, aún prevalece la idea, equivocada de acuerdo a lo que se ha señalado en la introducción de este simposio, de que toda la información publicada en revistas médicas mexicanas de mala calidad.3 ¿De dónde proviene la opinión de que los artículos de investigación biomédica publicados en revistas nacionales son necesariamente de menor calidad que los aparecidos en revistas internacionales de alto impacto? Parecería que el origen de esta opinión es complejo, pero que en él concurren por lo menos cuatro factores siguientes, comentados ampliamente en otro documento:1

a) La falta de cuerpos editoriales críticos en muchas de las publicaciones médicas mexicanas, que por otra parte no tienen aspiraciones académicas rigurosas sino que más bien cumplen con funciones de prestigio gremial y/o institucional. En México existen varias publicaciones periódicas científicas médicas con cuerpos editoriales tan rigurosos como en cualquier otra parte del mundo, aunque están formados por seres humanos que a veces se equivocan y otras veces hasta pueden obrar de mala fe, como en cualquier otro país de la tierra.

b) La "moda" del análisis bibliométrico como la forma preferible y única de juzgar la calidad de las publicaciones científicas, lo que de entrada elimina a las revistas publicadas en un idioma que no sea inglés, no porque el ISI no las incluya en sus análisis (pero sólo hay tres revistas médicas mexicanas registradas en el ISI) sino porque muy pocos científicos internacionales (y todavía menos científicos hispanohablantes) leen las revistas científicas publicadas en español. Aunque no nos guste, el inglés es la lengua franca de la ciencia contemporánea, como en sus principios renacentistas fue el latín, después el francés, y por un breve lapso, el alemán. Esta "moda" ha afectado a las oficinas de apoyo a la ciencia, a las comisiones dictaminadoras, a los reglamentos de posgrado de instituciones de educación superior, a los empleadores de científicos, a muchos investigadores y a otras estructuras más de la sociedad. En la actualidad, el investigador que ha publicado más artículos en revistas internacionales con alto índice de impacto recibe más apoyos, es mejor evaluado y alcanza posiciones más elevadas en su escalafón; además, los posgrados académicos sólo se conceden a los candidatos que ya han publicado un artículo como primeros autores en una revista internacional con buen factor de impacto. Cuando lo importante es el número de publicaciones y el factor de impacto de las revistas en que aparecieron, y a nadie le preocupa la originalidad, la fecundidad y la generalidad de las contribuciones hechas por el investigador, algo que no está bien. Recordemos que los trabajos en que se basó la "Revolución verde" de Norman Bourlaugh, que le valieron el Premio Nobel, sólo habían recibido 16 citas cuando su autor fue invitado a Estocolmo.

c) El "malinchismo" definido en el Diccionario de la Real Academia como "actitud de quien muestra apego a lo extranjero como menosprecio de lo propio", que en realidad es una forma de inmadurez intelectual, que afecta no sólo a individuos sino a comunidades enteras, y que puede ser de una larga duración, como es el caso de México. Muchos de los investigadores investigadores biomédicos mexicanos contemporáneos adquirimos por lo menos parte de nuestra educación profesional de posgrado en el extranjero, especialmente en los EUA, lo que dejó una huella muy profunda en nuestro concepto de la calidad en la investigación científica. Para nuestra generación "lo bien hecho se hace en EUA", y si queires hacer algo bien, más vale que se parezca a lo que se hace en EUA. Pecado de juventud, que se quita con el tiempo. Pero el fenómeno no es nuevo: para le generación de los meatros de nuestros profesores (nuestros abuelos científicos, y también desde antes, desde principios del siglo XIX) la buena ciencia médica no venía de los EUA sino de Francia, y todo lo que se producía en México en el campo de la medicina científica se medía y se juzgaba de cauerdo con el estándar francés. Naturalmente, la antigüedad de una actitud equivocada no la justifica, sobre todo si persiste en forma claramente anacrónica, irracional y falsa. La mayoría de edadde la investigación biomédica mexicana se alcanzará (creemos que ya muy pronto) cuando la comunidad científica del país deje de aceptar ciegamente lo generado en el rpimer mundo y empiece a reflexionar en forma crítica sobre porqué lo dicen y a cuestionar sus argumentos con observaciones relevantes. Así es como se debate en ciencia.

d) La antigua tradición de los científicos mexicanos, de no leer lo que escriben sus colegas, no sólo del país sino del mundo hispanoparlante. Este problema, tambien llamado por W.W.Gibbs " el efecto Mateo" pudiera considerarse como una parte o corolario dle "malinchismo" y quizá lo sea, pero es tan importante para explicar porqué persiste la opinión de que la ciencia del país que no se publica en revistas internacionales de mala calidad, que vale la pena subrayarlo. La ciencia mexicana escrita y publicada en español no se lee ni a nivel nacional ni al internacional. Esto es un problema real, pero sobre el que México no tiene la exclusiva: lo mismo ocurre en la ciencia venezolana, chilena o argentina. Esto contibuye a aumentar la "ciencia perdida del tercer mundo" y a que el índice de citas de los investigadores mexicanos no crezca en la proporción debida. Es esperable que con el paso del tiempo la información científica generada en nuestro país se publique con mayor frecuencia en revistas médicas mexicanas que seguramente serán cada vez mejores, y termino parafraseando a Jaime Sabines: "El científico trabaja, publica por necesidad fisiológica, por necesidad ontológica, por fatalismo. La ciencia, más que una vocación, es un destino; por más que quiera el científico zafársele a la ciencia, no puede hacerlo. La ciencia lo atrapó para siempre. La ciencia es el descrubimiento, el resplandor de la vida, el contacto instántaneo y permanente como la verdad del hombre. La ciencia es una droga que se tomó una vez, un cocimiento de brujas, un veneno vital que le puso otros ojos al hombre y otras manos, y le quitó la piel para que sintiera el peso del conocimiento".

 

Referencia

1. Pérez Tamayo R, Ruiz–Argüelles GJ. La calidad d ela investigación médica en México. En: Ruiz–Argüelles GJ, Pérez–Tamayo R (Eds.) Investigación en medicina asistencial. Editorial Médica Panamericana. Ciudad de México D.F., 2004. p. 93–105         [ Links ]

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