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Gaceta médica de México

versión impresa ISSN 0016-3813

Gac. Méd. Méx vol.142 no.2 México mar./abr. 2006

 

Simposio

 

IV. El punto de vista del Editor

 

IV. The editor's viewpoint

 

Luis Benítez–Bribiesca

 

Editor Honorario, Gaceta Médica de México Editor, Archives of Medical Research, México

 

Introducción

Es conveniente definir qué se entiende por Editor de una Revista en nuestro medio, ya que en nuestro idioma se presta a cierta confusión. El Editor es el responsable de estructurar una revista científica, de definir sus políticas y de dirigir el equipo de trabajo que las lleva a cabo; pero también se llama editor a la compañía impresora que se encarga de la producción impresa, encuadernación y distribución de una revista la que en inglés se le denomina "Publisher", por lo que en ese idioma no existe confusión posible. En esta ocasión nos referiremos exclusivamente al primer concepto, que es el que tiene mayor valor académico y que lleva una responsabilidad ante la comunidad biomédica para publicar la información más adecuada y confiable del área de su competencia. Como editor de dos revistas médicas, la Gaceta Médica de México y Archives of Medical Research durante muchos años, puedo ofrecer una visión objetiva basada en la experiencia personal de los problemas y dificultades que debe sortear el editor de una revista médica en nuestro país.

 

Los problemas

Existen numerosos problemas y obstáculos a los que debe enfrentarse el editor biomédico en nuestro país, pero sólo he escogido algunos de los más importantes para discutirlos brevemente en esta exposición. En primer lugar es conveniente destacar los problemas inherentes al propio editor; los podemos resumir en los siguientes puntos:

 

Falta de profesionalización

Es posible afirmar, sin temor a equivocarnos, que la mayoría de los editores de revistas biomédicas en México carecemos de una formación profesional en ese campo y que hemos adquirido experiencia en esta tarea simplemente a base de prueba y error y de persistencia en la labor editorial de estas revistas. Esto contrasta claramente con lo que ocurre en los países desarrollados, donde los editores o al menos el equipo editorial que lo apoya, son profesionales de la edición y por ello dedicados tiempo completo a esa labor. En nuestro medio los editores dedicamos, en el mejor de los casos, cuando mucho medio tiempo para las revistas en las que desempeñamos alguna tarea. Los editores asociados y correctores técnicos y de estilo también son escasos en nuestro medio y con una preparación muy deficiente. Debido a esta situación, la labor editorial de nuestras revistas sufre de una deficiencia profesional y por ello quizás no alcanza el nivel de excelencia que se desea.

Las revistas que se editan en países desarrollados generalmente cuentan con un equipo editorial de expertos dedicados a tiempo completo a esa importante actividad, y aunque no muchos de los editores jefes cuentan con una preparación especializada en la edición de revistas, son por lo general profesionales de alto nivel con amplia experiencia en la publicación y edición de trabajos científicos que tienen como colaboradores a expertos en la edición de revistas científicas, tanto desde el punto de vista del estilo técnico, como del formato requerido. Tal como hemos señalado, esto contrasta enormemente con lo que ocurre en nuestro país en donde tanto el editor como su equipo editorial por lo general carecen de la preparación y experiencia suficientes para generar revistas de alta calidad.1 A esto se agregan los problemas que analizamos a continuación y que en conjunto explican la aparente falta de interés para dedicarse enteramente a la tarea editorial de revistas biomédicas.

 

Nulo reconocimiento académico

La responsabilidad editorial debe recaer, en el caso de una revista biomédica, en un profesional de alto nivel académico, con una trayectoria amplia en el área de investigación y de la enseñanza y con un currículo que constate su actividad científica a través de numerosas publicaciones de investigaciones originales. Este es el perfil que se busca en las mejores revistas biomédicas del mundo para contratar a los editores de esas publicaciones. Es por ello claro que el nombramiento para una responsabilidad editorial de revistas como el New Engl J Med, Lancet, Arch Int Med, etc., representa, además de una gran responsabilidad, un gran honor y distinción académica. En la mayoría de los países desarrollados la labor editorial se considera dentro de los méritos académicos más elevados y se califica dentro de los curricula como un logro importante.

En nuestro país sorprende que en ningún sistema de análisis curricular se le considera el más mínimo valor a la tarea editorial. Organismos como CONACYT, SNI, Academias y Sociedades Médicas y sistemas curriculares de instituciones como la SS y el IMSS ignoran la importante y trascendental tarea del editor, sin concederle la más mínima puntuación.2 A pesar de que ha habido mociones esporádicas, particularmente ante CONACYT y el SNI para lograr este reconocimiento, la respuesta ha sido sistemáticamente negativa sin explicar razón alguna para esa decisión. Sería pertinente que a través de asociaciones médicas como la Academia Nacional de Medicina, se gestionara ante los organismos mencionados que hubiera un reconocimiento elevado para aquellos que se dedican a la labor editorial de revistas médicas calificadas e indexadas.

 

Falta de estímulo económico

Como consecuencia de los puntos anteriores resulta que en la mayoría de los casos el editor no recibe remuneración alguna por su labor. Sólo en contadas revistas nacionales se cuenta con un presupuesto para cubrir los salarios u honorarios de los editores de esas revistas, pero por lo general el editor nacional lleva a cabo su tarea por un mero interés académico y altruista para ayudar a editar una revista que representa a su sociedad, academia o institución. Esta situación, a todas luces anómala e injusta, genera un ciclo vicioso, ya que al no recibir un salario adecuado, el tiempo que dedican a la labor editorial se reduce sólo al tiempo libre de que disponga el profesionista y no hay forma de exigirle una dedicación de tiempo completo o al menos de medio tiempo. En las grandes publicaciones internacionales, los editores perciben un salario suficiente y equivalente a sus necesidades como académico o investigador. Es deseable sin embargo, que el editor no se separe de sus actividades académicas y científicas ya que con ello garantiza la continuidad de su calidad académica.

Una situación semejante ocurre con los colaboradores del editor, ya sea de los co–editores, o los integrantes de comités y consejos editoriales. Estos por lo general son médicos prominentes que aportan su nombre y prestigio para integrar una lista de notables que frecuentemente no desempeñan función alguna dentro de la labor editorial de una revista médica, en gran parte debido a la falta de reconocimiento académico y de estímulo económico.

 

El problema de los manuscritos

Para editar una revista biomédica de calidad e interés para la comunidad profesional es necesario que su contenido sea original, al menos en cierto grado, que esté correctamente escrito e ilustrado y que esté adecuadamente seleccionado por un grupo de pares. Éste es quizás el problema más grave al que se enfrentan los editores de revistas de países poco desarrollados ya que los artículos que se envían son por lo general aquellos cuya calidad se estima que no puede alcanzar a las grandes revistas internacionales.3 Por selección natural nuestras revistas reciben artículos de calidad y originalidad inferiores a los que los mismos autores podrían enviar a revistas de gran impacto. Esto es explicable, ya que una investigación de alto nivel se prefiere publicarla en revistas de gran difusión y de alto impacto en vez de enviarla a una revista, como las nuestras, que tienen una difusión muy limitada y un impacto internacional sumamente bajo. De cualquier manera, el editor y los cuerpos editoriales tienen la obligación de seleccionar adecuadamente los manuscritos que deban ser publicados.4

 

Revisión por pares

Una estrategia universal para juzgar, validar y corregir cualquier trabajo de investigación, desde un proyecto hasta un informe detallado, es recurrir a árbitros expertos en el tema que puedan emitir un juicio fundamentado y objetivo. Se supone que la opinión de estos especialistas contribuirá a mejorar cualquier manuscrito que pretenda ser publicado o en su caso a eliminar un trabajo que se juzgue inconveniente o inapropiado para su publicación. Este sistema se usa en todas las revistas científicas de prestigio en el mundo y se exhibe como una garantía de calidad al indicarse que la publicación en cuestión acepta sólo artículos que han pasado por el tamiz de una revisión por pares. En el contexto internacional no es muy difícil encontrar revisores adecuados dado el gran universo del que se dispone para encontrar especialistas de las más diversas ramas de la biomedicina, pero en países menos desarrollados con una comunidad académica restringida, esto representa un serio problema.

En nuestro país la revisión por pares es por lo general muy deficiente, escasa y difícil de conseguir. En el caso de la revista Archives of Medical Research, que se edita en México pero impresa totalmente en inglés, ha sido posible recurrir a revisores internacionales y prescindir progresivamente los nacionales precisamente debido a que éstos últimos no cumplen su función en forma adecuada enviando dictámenes tardíos, breves y poco fundamentados (Cuadro I). Contrariamente, la Gaceta Médica de México, órgano oficial de nuestra Academia, se encuentra seriamente limitada para obtener buenas revisiones de árbitros expertos, debido a que nuestra publicación es en español y sólo podemos recurrir a árbitros locales. La experiencia es que los miembros de nuestra Academia, se encuentran por lo general muy ocupados y frecuentemente no aceptan llevar a cabo el arbitraje que se solicita, pero además, algunos de los que lo hacen, no llevan a cabo esta labor en forma profesional y fundamentada. Nos hemos visto obligados a recurrir a revisores externos que amablemente nos envían sus dictámenes, pero indudablemente que en muchos casos es difícil encontrar a expertos que acepten realizar las revisiones de los manuscritos enviados.

Además de la reticencia natural de muchos profesionales para revisar manuscritos, por el tiempo y esfuerzo que ello representa, existe la limitante de que tampoco a ellos se les concede reconocimiento alguno por su labor de árbitros. En otros países es un motivo de orgullo y lucimiento académico pertenecer al cuerpo de revisores de alguna revista internacional. A esta actividad se le concede un alto valor curricular y muchas veces también un estímulo económico.5 Por extraño que parezca en nuestro país esta labor no tiene reconocimiento alguno a pesar de que fungir como árbitro representa una tarea académica de alto nivel y que siempre se escoge a profesionales con un gran prestigio dentro de su área de competencia. Al igual que en caso del editor, sería recomendable que nuestra Academia le conceda a la labor de arbitraje de manuscritos un valor curricular importante y que otros organismos nacionales, como el CONACYT y el SNI tengan dentro de sus normas de análisis la valoración de la actividad como revisores.2

 

La escasez de material publicable

Desafortunadamente nuestras revistas, a diferencia de las grandes internacionales reciben pocos manuscritos publicables. Tanto en su contenido como en su formato se observan grandes deficiencias. En cuanto al contenido, ya hemos mencionado que la originalidad y trascendencia de los artículos que se reciben en nuestras revistas no es ni puede ser del más alto nivel, porque los artículos de mejor factura y trascendencia se envían siempre al extranjero. En cuanto a la forma, es frecuente que los autores no se ciñan a las instrucciones que todas las revistas indexadas deben de proporcionar, de tal suerte que hay frecuentes alteraciones y omisiones en el formato del manuscrito. Por ello algunos artículos hay que rechazarlos y otros regresarlos para que sean re–escritos, lo que retrasa la publicación de los mismos.

El resumen en inglés, que es un requisito para cualquier revista indizada, que pretenda tener cierta resonancia y aceptación en los índices internacionales, es generalmente muy deficiente y poco legible. Esto se debe en general a la falta de experiencia de autores y editores en la redacción en ese idioma. Las ilustraciones, particularmente las de medios tonos que se usan para reproducir imágenes de tomografías, microscópicas o de algunos registros, frecuentemente son deficientes en contraste y al ser reproducidas en la imprenta reducen su calidad por lo que no son útiles. Finalmente la anotación de la bibliografía frecuentemente adolece de uniformidad y no se ciñe a las instrucciones internacionales como las del formato de Vancouver.

Si se pretende tener prestigio, seriedad, confiabilidad y visibilidad por medio de una publicación científica es necesario vigilar que tanto el contenido como la forma de los manuscritos sean del más alto estándar posible. Todavía más, si algunas publicaciones intentan entrar a los índices internacionales y buscan figurar dentro de la estimación del factor de impacto del ISI, es indispensable poner atención a todos estos aspectos para hacer una publicación digna.6,7

 

El procesado de los manuscritos

Una vez aceptados los manuscritos, el editor debe vigilar la forma en que serán procesados y finalmente publicados. En nuestro país, a diferencia de las grandes empresas internacionales, existen pocas compañías dedicadas a la publicación de revistas científicas que tengan la calidad y la experiencia necesarias para garantizar un formato adecuado para una revista biomédica. En otros países se cuenta con profesionales de la edición científica que ayudan a afinar el formato del manuscrito tanto en la formación de las páginas como en la elaboración de cuadros, figuras e ilustraciones de color. Por lo general, existen también revisores profesionales de estilo que terminan de pulir todos los manuscritos en un lenguaje científico adecuado. Los editores en México tienen que ocuparse muchas veces de esta fase técnica de la publicación y no cuentan con personal especializado para llevar a cabo esta importante función técnica de impresión de la revista.

Hay una fase de este proceso que es responsabilidad directa de los autores y que se conoce tradicionalmente como pruebas de galera o pruebas de página. Una vez que la imprenta tiene formadas las páginas con los manuscritos, se imprimen muestras de los artículos para que el autor responsable les haga una minuciosa revisión y haga las últimas correcciones de su trabajo. En todos los ámbitos internacionales, estas pruebas se envían directamente al autor y se les fija un lapso de 48 horas para realizar estas revisiones indicándole que sólo se hagan los cambios mínimos necesarios debido a que éste es un proceso intermedio en la impresión y que no debe retardar la publicación del número. Desafortunadamente en nuestro medio, los autores tardan en regresar las correcciones y no en raras ocasiones pretenden realizar cambios sustanciales a veces hasta de formato y de ilustraciones. Hay autores que nunca regresan esas pruebas, por lo que el trabajo tiene que salir con las imperfecciones propias de la imprenta. Ésta es una de las causas más frecuentes del retraso de la publicación.

 

Ética de la publicación

Otro problema que vemos con frecuencia es la falta de ética de algunos autores que pretenden re–publicar artículos enviados previamente a otras revistas, o lo que es peor, que copian total o parcialmente publicaciones de otros autores. Numerosos problemas de ética de la publicación científica surgen cotidianamente y el editor debe sortearlos muchas veces sin poderlos consignar por la falta de instancias especializadas en estas tareas.8

 

Conclusiones

La edición de revistas biomédicas en México es una aventura con numerosos obstáculos difíciles de sortear. En primer lugar debe mencionarse la falta de profesionalismo de nuestros editores y el nulo reconocimiento académico que nuestras instituciones otorgan a esa labor. La falta de estímulo económico y de infraestructura adecuada se traduce en poca eficiencia de editores y cuerpos editoriales de nuestras revistas. Por otra parte, la poca colaboración de los pares para realizar arbitrajes objetivos y fundamentados impide una mejor selección de los trabajos enviados a publicación. Finalmente la escasez de manuscritos publicables de buen nivel y estructura limita la producción de buenas revistas biomédicas nacionales. Es necesario que nuestra Academia reconozca y promueva la labor editorial, tanto del editor como de los comités, consejos y árbitros para estimular esta labor y con ello fomentar la mejora de nuestras publicaciones.

 

Referencias

1. Cetto AM, Alonso O. (compiladores). Revistas Científicas en América Latina. International Council of Scientific Unions, París, Francia. Universidad Nacional Autónoma de México, México, D.F. Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, México, D.F. Fondo de Cultura Económica, México, D.F. Primera edición, 1999.        [ Links ]

2. Bazdresch C. El índice de revistas mexicanas de investigación científica y tecnológica del CONACYT. En: Cetto AM y Alonso O (compiladores). Revistas Científicas en América Latina. International Council of Scientific Unions, París, Francia. Universidad Nacional Autónoma de México, México, D.F. Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, México, D.F. Fondo de Cultura Económica. México, D.F. Primera edición, 1999. p. 337–353.        [ Links ]

3. García–Díaz I, Sotolongo–Aguilar G. Las revistas científicas: Su problemática en América Latina y el Caribe. En: Cetto AM y Alonso O (compiladores). Revistas Científicas en América Latina. International Council of Scientific Unions, París, Francia. Universidad nacional Autónoma de México, México, D.F. Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, México, D.F. Fondo de Cultura Económica. México, D.F. Primera edición, 1999. p. 226–244.        [ Links ]

4. Gómez YJ. A propósito de un ejercicio de evaluación de publicaciones seriadas científicas. En: Cetto AM y Alonso O (compiladores). Revistas Científicas en América Latina. International Council of Scientific Unions, París, Francia. Universidad Nacional Autónoma de México, México, D.F. Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, México, D.F. Fondo de Cultura Económica. México, D.F. Primera edición, 1999. p. 375–385.        [ Links ]

5. Benítez L. Why be a reviewer? Arch. Med. Res. 1999; 30:343–344.        [ Links ]

6. Benítez L.The Impact Factor: Its Use and Misuse. Arch Med Res 1999; 30:161–162.        [ Links ]

7. Benítez–Bribiesca L. The Ups and Downs of the Impact Factor: The case of Archives of Medical Research. Arch Med Res 2002; 33:91–94.        [ Links ]

8. Hudson Jones A, McLellan F. Ethical Sigues in Biomedical Publication. The Johns Hopkins University Press, Baltimore MD, USA, 2000.        [ Links ]

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