SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
vol.140 número1Fístula arteriovenosa renal espontánea como causa de hematuria: Presentación de un casoDiagnóstico por imagen de la artritis séptica aguda de la cadera índice de autoresíndice de materiabúsqueda de artículos
Home Pagelista alfabética de revistas  

Servicios Personalizados

Revista

Articulo

Indicadores

Links relacionados

  • No hay artículos similaresSimilares en SciELO

Compartir


Gaceta médica de México

versión impresa ISSN 0016-3813

Gac. Méd. Méx vol.140 no.1 México ene./feb. 2004

 

Historia y filosofía de la medicina

 

En torno a la ética profesional del médico

 

Professional Ethics of Physicians

 

Alfredo de Micheli–Serra*

 

* Académico

 

Resumen

Se considera a Sócrates como el gran clásico de la moralidad, aunque no fuera el primero en procuparse por el hombre y la moral. Aristóteles creó la ética como ciencia autónoma y delimitó claramente sus dominios, sus métodos y su finalidad, formulando el concepto de "justo medio ". En la metodología aristotélica se encuentran rastros de Hipócrates, quien opinaba que el medico debe considerar siempre lo particular y que la determinación de las características individuales se da por medio de la sensibilidad. Una vez comprobadas tales peculiaridades, el médico debe atenerse al "justo medio". Los estoicos pudieron descubrir y elaborar gradualmente el concepto de ley natural. Al parecer, fueron los primeros en establecer la distinción clásica entre la moral teórica, la ideal, y la moral práctica, que está a la portada de todos. Se negaban a comparar la sabiduría, vuelta eteramente hacia sí misma, con el arte médica, que no constituye una finalidad en sí. Autores modernos aseveran que con el estoicismo nació lo que podría llamarse el humanismo del saber. Hoy en día se concibe que "la medicina es mucho más que un simple aprendizaje de datos científicos. Los que la ejercen deben ser dueños de una sabiduría aprendida al encararse con lo finito del hombre. De esta sabiduría van a necesitar los médicos para hacer frente a los problemas de la conservación de la salud en las próximas décadas ". Sería ésta la más grande hazaña cultural.

Palabras clave: Ética aristotélica, ética estoica, sabiduría, ética profesional, perspectivas de la ética médica

 

Summary

Sócrates is considered the great classic moralist, although he was not the first to take care of man and morality. Aristotele instituted ethics as an autonomous science and clearly defined its fields, its methods and its purposes, formulating the concept of "happy medium". In the Aristotelian methodology we find traces of Hippocrates, who belived that the physician must always consider the peculiar aspects and that the individual characteristics 'determinations can be reached by sensitivity. Once these particularities have been proved, the physician must relay on the "happy medium". Only Stoics could discover, and gradually elaborate, the concept of natural law. Apparently they were the first to establish the classic distinction between the theorical or ideal morality and the practical morality, which is accessible to all people. They refused to compare wisdom, entirely turned inward, with the medical art, which does not constitute an aim by itself. Modern authors assert that, with stoicism, the notion we can denominated wisdom's humanism rised. Today it is admitted that "medicine is more than simply learning medical data... Physicians must have a wisdom learned from human finitude. They will need this wisdom to tackle the health care policy debates in the nest decades ". This would be a major cultural undertaking.

Key words: Aristotelian ethics, stoical ethics, wisdom, professional ethics, perspectives of medical ethics

 

El nacimiento de la ética

Se considera a Sócrates como el gran clásico de la moralidad, aunque no fuera el primero en preocuparse por el hombre y la moral. Diógenes Laercio definió al pensador ateniense "inventor de la moral", pero no debe olvidarse que el pensamiento ático se orientó siempre hacia el hombre y la sociedad. La moral socrática no es formal, su esencia se inspira en la tradición ateniense y se configura en el famoso daímon. No es éste una simple representación de la conciencia sino la expresión consciente de la moralidad. A la luz de esta última, el concepto de libertad parece concretarse en la libertad moral.

Aristóteles (Figura 1) creó la ética como ciencia autónoma y delimitó claramente sus dominios, sus métodos y su finalidad.1 La ética desemboca en un sistema de virtudes humanas, entre las cuales la justicia es la principal, a saber, "la virtud perfecta". Según Gauthier,2 Aristóteles establece su ética sobre la norma que enuncia la razón, pero no define tal norma ni va más allá. Serán los estoicos quienes irán más allá. En la metodología aristotélica encontramos rastros de la de Hipócrates,3 quien asevera4 que el médico debe mirar siempre a lo particular y que la determinación de las características del individuo se da por medio de la sensibilidad. Tras haber comprobado las peculiaridades individuales, el médico debe recomendar atenerse al "justo medio" entre los dos extremos el demasiado y el poco, en relación con la enfermedad en estudio. El "justo medio" varía de un individuo a otro; por eso, es preciso examinar caso por caso mediante la observación y la intuición. Es ésta justamente la base metodológica de la teoría aristotélica del "justo medio" entredós extremos: mesótes, concepto de origen platónico. Sin embargo, no ignoraba el Estagirita la diferencia específica de la moral humana y sus procedimientos asocian la consideración de la autonomía relativa del hombre a la teoría del "justo medio". Así pues, él obtiene la síntesis superior de la tradición filosófica ática –que vincula siempre el fin a la actividad conciente del hombre–con la tradición jónica, que relaciona el fin con una teleología universal, i.e. con la noción de finalidad objetiva de la naturaleza.

 

Los pilares de la ética aristotélica.

Según el maestro del Liceo, el arte y la investigación científica, al igual que toda acción y elección, parecen tender hacia algún bien. En sus propias palabras: "por eso definieron con gran acierto al bien, los que lo consideraron aquello al que todas las cosas aspiran.... Siendo muy numerosas las acciones, las artes y las ciencias, por consecuencia muchos serán los fines, por ejemplo, el fin de la medicina es la salud..." (Ética Nicomaquea. L. I, cap. 1). Resulta, pues, que el hombre es el principio de sus actos, que la deliberación recae en las cosas que por él pueden hacerse y que los actos, a su vez, se ejecutan para alcanzar otras cosas. Además, "no es deliberable el fin, son deliberables los medios" (Ética Nicomaquea. L. III, cap. 3). "La voluntad mira hacia el fin, pero éste es para unos el bien real y, para otros, el bien aparente... Quizá en tal aspecto, sobre todo, difiera de los demás el hombre bueno: en ver lo verdadero en todas las cosas, como si fuese él mismo norma y medida de ellas" (Ética Nicomaquea. L. III, cap. 4). La concepción del hombre como medida de todas las cosas había sido formulada, en el siglo V a.C, por el sofista Protagoras de Abdera, quien llegó a un completo subjetivismo y relativismo gnoseológico.

Respecto al concepto del trabajo, ya se ha comprobado que la estimación de que gozaba la tékne fue uno de los factores esenciales del legado ático. En opinión de Aristóteles, si la esencia del trabajo consiste en la unificación de materia y forma (materia e idea), el mundo entero no puede ser otra cosa que la unidad de ambas. Esencia y fenómeno son inseparables. La tékne queda subordinada a la categoría del bien. La ética aristotélica, ajuicio de Agnes Héller,5tiene uno de sus puntos de partida fundamentales en el análisis del trabajo no explotado, en el que encuentra el hombre su plena realización. Al polemizar con el racionalismo ático de Sócrates, subrayaba Aristóteles con insistencia la primacía de la praxis frente al conocimiento puramente intelectual. La practica y la producción, que conllevan lo particular, dan origen a un conjunto de experiencias de donde surge después la generalización, esto es, la ciencia. La experiencia es praxis. El saber, que es "conocimiento de las causas", generaliza la experiencia rebasando así la espera de esta última.

Por lo que se cree, toda ciencia puede ser enseñada y todo lo que es objeto de ciencia puede ser aprendido. Toda enseñanza, por su lado, parte de conocimientos previos, como se expone en Analíticos posteriores I, 71a. Es legítimo concluir, pues, que la ciencia es un hábito demostrativo, con todos los demás caracteres definitorios que se le atribuyen en Analíticos posteriores 1,71 b. Lo propio de la persona prudente parece consistir en poder deliberar acertadamente sobre las cosas buenas y provechosas para él, no en forma parcial p. ej. cuáles lo son para la salud o el vigor corporal, sino cuáles lo son para el bien vivir en general.6 El más riguroso saber entre todos es la sabiduría. Ésta será a la par intuición y ciencia, como si fuera la ciencia de las cosas más elevadas y la cabeza de todo saber.7

La prudencia, por el contrario, tiene por objeto las cosas humanas, sobre las que puede deliberarse. Por lo tanto, esta última es práctica, así que es preciso poseerla en lo general y sobre todo en lo particular.

Vale la pena mencionar que también en escuelas filosóficas francesas de nuestros días (Sartre, Merleau–Ponty, Paul Ricoeur), se considera que la descripción de lo particular y lo concreto permite elevarse a la totalidad.

Creía Sócrates que las virtudes son razones o conceptos y juzgaba a todas como una forma del conocimiento científico. Otros piensan que la virtud es un hábito acompañado de razón. Actualmente predomina el concepto renacentista de la virtud entendida como excelencia. Por otra parte, el ser de cada hombre parece residir en el pensamiento o sobretodo en el pensamiento.8 Este ser consiste en la razón, o en ella principalmente, y así el justo ama dicha parte de sí mismo más que otras. La vida, por sí misma, parece consistir fundamentalmente en el sentir o en el pensar. El más deleitoso de los actos conformes con la virtud es el ejercicio de la sabiduría. El solo afán de saber –la filosofía– encierra deleites maravillosos por su pureza y firmeza. Siéndo las cosas así, es razonable admitir que el goce del saber adquirido sea mayor aún que el de su mera búsqueda... y lo mejor y más deleitoso para el hombre es, portante, la vida según la inteligencia. De hecho, según el Estagirita,9 debemos postular el vivir como una forma de conocimiento (tó garzen dei tithénai gnosín tina).

La educación individual puede diferir con ventaja de la colectiva, como ocurre en el campo de la medicina. Al calenturiento, en general, le aprovechan el reposo y la abstinencia, pero estas medidas podrían no ser de provecho a otras personas. Se justifica admitir, pues, que la asistencia individual alcanzará mejores resultados en cada caso particular, porque cada quien logra así lo que más le conviene. Aun en casos individuales, los cuidados más eficaces podrá prestarlos el médico u otra persona dotada de un conocimiento general de lo que conviene a todos o a cierto tipo de enfermos, puesto que las ciencias son de lo universal. Quien quiera ser experto en algún arte o ciencia ha de remontarse al principio general y conocerlo tanto como sea posible, porque éste es el objetivo de las ciencias. En dichos procedimientos interviene, además, la gran virtud de la prudencia.10

 

Fundamentos de la ética estoica

Los estoicos pudieron descubrir y elaborar gradualmente el concepto de ley natural. Al parecer, fueron los primeros en establecer la distinción clásica entre la moral teórica y la práctica, a saber, entre la moral ideal y aquella que está a la portada de toda la humanidad.11 Nació con ellos una filosofía especializada en preceptos particulares concernientes a la vida ordinaria, lo que llamaron parenética (de parainéo=exhortar, aconsejar). Como relata Diógenes Laercio,12 distinguieron en la moral, parte de la filosofía, diferentes tendencias. La tendencia fundamental es el instinto de conservación, que hallamos en todos los seres vivos, aunque no en todos hay el placer que implica dicho instinto.13 El amor de sí mismo ha sido el primer principio (Cicerón: Definibus. III, 5,16). Vivir rectamente según la razón significa, en realidad, vivir conforme a la naturaleza, porque ésta constituye el artífice de tal tendencia.14 Por lo que atañe al Bien supremo, podríamos decir, con una imagen de Pascal, que el centro de la filosofía estoica se halla en todas partes y su circunferencia en ninguna.

En opinión del médico Sexto Empírico, escéptico tardío –los exponentes del escepticismo tardío eran verdaderos investigadores–,15 el bien es lo que resulta lo útil por accidente y lo que puede ser útil (Adv. Mathem. XI, III, 22). Lo útil es, por ende, lo que va en el mismo sentido de la vida, o sea en el sentido de la voluntad de Dios. El bien, a su vez, es la expresión de una armonía interior que se identifica con la armonía del mundo. La virtud es la presencia del bien en una persona y, por tanto, una perfección en común con el todo. Así que la virtud es una, total; no es posible ser más o menos virtuoso, alguien es virtuoso o no.

Los estoicos se negaban a comparar la sabiduría con el arte médica, porque ésta no constituye una finalidad en sí misma, sólo se aplica para tratar a los enfermos y curarlos. Pero la sabiduría es vuelta enteramente hacia sí misma y resulta inaccesible a los hombres. Éstos sólo pueden tratar de acercárseles; es lo que en la actualidad se piensa de la ciencia.16 Por su lado, las pasiones representan, al fin y al cabo, enfermedades del alma. Ejercen éstas una neta influencia sobre el organismo humano; de ellas se originan verdaderas enfermedades (nosémata) y también lisiaduras o achaques (arrostémata).17 En fin, debe reconocerse que, con el estoicismo, nace lo que podría llamarse el humanismo del saber. Tal doctrina atestigua que el triunfo del hombre que encuentra, no puede hacernos olvidar la inquietud del hombre que busca.

 

Conclusiones

Podemos decir ahora que nuestra civilización ha invertido la famosa fórmula del médico renacentista Francois Rabelais, catedrático en Montpellier: "Ciencia sin conciencia es la ruinadel alma", volviéndola: "Conciencia sin ciencia es la ruina del alma". Tal actitud aparece claramente manifiesta en la filosofía de León Brunschvicg.

Para él "el progreso de la conciencia en la filosofía occidental es paralelo, en definitiva , a las etapas de la filosofía matemática, así como a la historia de la experiencia humana y a la causalidad física". Más aún, debe tenerse bien presente que "las ciencias ejercen sobre la evolución de la mente humana y de la cultura, una acción semejante a la que resulta de otras formas de manifestación de la mente".19

Un autor contemporáneo20 nos dice, a su vez, que hoy la medicina, como en tiempos de Hipócrates, debe reconocer y tener en cuenta las características y limitaciones de la condición humana. Así se expresa dicho autor: "La medicina, en realidad, es mucho mas que un simple aprendizaje de datos científicos. Los que la ejercen deben ser dueños de una sabiduría aprendida al encararse con lo finito del hombre. De esta sabiduría van a necesitar los médicos para enfrentar los problemas de la conservación de la salud durante las próximas décadas". Y escribe otro autor de nuestros días:21 "Hay algo en el alma del médico substancial e inmutable..., es el factor individual que le da a la actividad de curar un sello eterno y que persistirá aunque cambien todas las formas sociales y científicas, porque está impregnada de esa luz humanística que es la compasión. Existió ésta en el mundo pagano y se ha sublimado en el mundo cristiano. En ese servir al prójimo, se recibe una moneda que no es ni pecunia ni dinero, es una moneda de eternidad de una belleza incomparable".

Más aún, parece oportuno mencionar que, en opinión de Heidegger,22 la ciencia moderna no es más verdadera que el saber antiguo; es verdadera de otro modo: en el sentido de la verdad mudada en certeza. En tal mutación, se refleja toda la historia del mundo occidental.

Podemos terminar estas notas con la aseveración de un malogrado escritor de nuestros tiempos:23 "El enfermo en manos del médico es como la sociedad en manos del salvador, héroe o partido".

 

Referencias

1. During I. Aristóteles. (Trad. B. Navarro). México. UNAM, 1987, p. 708.        [ Links ]

2. Gauthier RA. La morale d'Aristote. París, 1962.        [ Links ]

3. Jaeger W. Aristotle's use of medicine as model of method in his ethics. En: Scripta minora. II, 1960, pp. 491–509.        [ Links ]

4. Hipócrates. De la medicina antigua. (Trad. C. Eggers Lan). México. UNAM, 1987.        [ Links ]

5. Heller A. Aristóteles y el mundo antiguo. Barcelona. Ed. Península, 1983, pp. 217ss.        [ Links ]

6. Aristóteles. Ética nicomaquea. (Trad, y com. A. Gómez Robledo). México. UNAM, 1983, L. VI, Cap. 5.        [ Links ]

7. Aristóteles. Ética nicomaquea. (Trad, y com. A. Gómez Robledo). México. UNAM, 1983, L. VI, Cap. 7.        [ Links ]

8. Aristóteles. Ética nicomaquea. (Trad, y com. A. Gómez Robledo). México. UNAM, 1983, L. IX, Cap. 3.        [ Links ]

9. Aristóteles. Ética eudemía. (Trad, y com. A. Gómez Robledo). México. UNAM, 1994, L. Vil, Cap. 12, 1244b, p. 120.        [ Links ]

10. Aubenque P. La prudence chez Aristote. París, 1963.        [ Links ]

11. Rodier G. Les Stoiciens. En : Etudes de philosophie grecque. París. Librairie philosophique J. Vrin, 1969.        [ Links ]

12. Laercio D. Vidas de los filósofos más ilustres. (Trad. J. Ortiz y Sans, J. M. Riaño). México. Ed. Porrúa S.A., 1991, Vil, pp. 178–188.        [ Links ]

13. Brun J. Le stoicisme. París. PUF, 1958, pp. 93ss.        [ Links ]

14. von Arnim H. Stoicorum veterum fragmenta. Leipzig. Teubner, 1903–1905.        [ Links ]

15. Aubenque P. Verdad y escepticismo. (Trad. B. L. Pulido). Diogenes 1985; No 132: 93–103.        [ Links ]

16. Heidegger M. Qu'appelle–t–on penser? (Trad. A. Becker, G. Grenel). París. PUF, 1959.        [ Links ]

17. Cicerón MT. Disputas tusculanas. (Trad. J. Pimentel Álvarez). México. UNAM, 1987, T. II, p. 51.        [ Links ]

18. Rodier G. Les Stoiciens. En : Etudes de philosophie grecque. París. Librairie philosophique J. Vrin, 1969. p. 120        [ Links ]

19. Agazzi E. Dimensiones históricas de la ciencia y de su filosofía. (Trad. A. De Waele). Diogenes 1985; No132: 59–77.        [ Links ]

20. Engelhardt HT. Medical ethics for the 21st. century. JACC 1991 ;18(1 ):303–307.        [ Links ]

21. Caballero Palacios H. El pensamiento médico en Don Quijote. San Luis Potosí, S.L.P., 1977.        [ Links ]

22. Beaufret J. Al encuentro de Heidegger. Séptima conversación. (Trad. J.L. Delmont). Caracas. Monte Ávila Ed., 1987, p.88.        [ Links ]

23. Pavese C. El oficio de vivir. (Trad. A. Crespo). Barcelona. Ed. Seix Barral, 1992. Primera reimpresión: México. Ed. Planeta, 1993, p. 170.        [ Links ]

Creative Commons License Todo el contenido de esta revista, excepto dónde está identificado, está bajo una Licencia Creative Commons