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Revista de historia de América

versión On-line ISSN 2663-371X

Rev. hist. Am.  no.168 Cuidad de México may./ago. 2024  Epub 02-Mayo-2025

https://doi.org/10.35424/rha.168.2024.5790 

Artículos

¿De quién son estos huesos? Archivos y literatura en el Caribe

Whose bones are these? Archives and literature in the Caribbean

*Universidad de La Habana, La Habana, Cuba. Correo electrónico: camilavaldesleon@gmail.com.


Resumen

Interesa mostrar la significación de los archivos en el espacio cultural caribeño y lo que ello representa para los proyectos literarios, a partir de un examen de las formas de reflexión sobre el pasado desde los presentes del Caribe para la intelectualidad caribeña. De tal forma, se postula el valor de la literatura caribeña en la tarea de imaginar el pasado que pasa por varias formas: intervenir el archivo, imaginar el archivo, conformar archivos de vidas que importan.

Palabras claves: memoria caribeña; archivo; literatura como neo-archivo

Abstract

It’s of interest to show the significance of archives in the Caribbean cultural space and what this represents for literary projects, based on an examination of the forms of reflection on the past from the Caribbean presents for Caribbean intellectuals. In this way, the value of Caribbean literature is postulated in its assumption of the task of imagining the past that goes through various forms: intervening the archive, imagining the archive, forming archives of lives that matter.

Key words: Caribbean memory; archive; literature as neo-archive

La trayectoria de estas personas fue silenciada. No incluida en la Crónica colonial, esta trayectoria cobró vida en sus artes, sus resistencias, sus heroísmos, sin stelai, sin estatuas, sin monumentos, sin documentos. Sólo la palabra de los Ancianos que circula bajo la escritura -la memoria oral- es testigo de ello. Pero una palabra no es un monumento. Una palabra no hace la Historia. Una palabra no hace la Memoria. Una palabra transmite historias. Una palabra difunde los recuerdos. Una palabra da testimonio en huellas, en reminiscencias, en anécdotas proteicas donde la imaginación se entremezcla con el sentimiento. Y con emoción.

Patrick Chamoiseau1

La relación entre memoria e historia reviste central importancia en el pensamiento y la creación caribeñas, toda vez que la región, en su conformación imaginal, precisa de la interrogante para desentrañar los caminos de su identidad. Ninguno de estos vocablos es de sencilla formulación, como tampoco los ensayos de respuesta que han sido la savia misma del problema que delinean. Aherrojados por la colonialidad del poder y el conocimiento, que constituyeron a las sociedades, sus sujetos y sus relaciones, los términos memoria e historia revientan como reinantes caimitos maduros.

La reflexión sobre estos temas podría definirse en las siguientes áreas fundamentales. Por un lado, la pregunta por la génesis perdida o violentamente obliterada conlleva a repensar el middle passage como un proceso que fractura un vínculo (aquel con las culturas ubicadas en el vasto continente africano, o, un poco después, con aquellas provenientes del continente euroasiático) y que, a su vez, inicia una nueva forma de relación (el nacimiento de las culturas creol en el espacio caribeño, aún con todos los desfasajes culturales y asimetrías entre sí). A ello se suma, además, la indagación en las huellas de las culturas originarias. Pueblos cuya atronadora ausencia fue falacia de las mentes ilustradas que debatieron su humanidad, en un primer lugar; para darlos luego en repartimiento y encomienda y entonces clamar que no era despojo su accionar, sino posesión de lo que no ofrecía resistencia. Aunque el aparente silencio es, también, victoria del subterfugio del sobreviviente que escondió sus pasos ante la magnitud de la pretensión de genocidio y asimilación cultural.

La intelectualidad de la región, preocupada por la definición de las esencias y la comprensión de los modos y procesos del ser caribeño como nueva humanidad, se ubica en el giro de pensamiento que permite reconvertir la negación implícita de un pasado inicial vaciado, en afirmación de la potencialidad del presente. Las obras creativas de pensadores preocupados por definir las esencias como Édouard Glissant, Wilson Harris, Derek Walcott, Kamau Brathwaite, Fernando Ortiz o Antonio Benítez Rojo, por sólo mencionar algunos, posibilitan el debate sobre estos temas y ahondan en cuestiones específicas que mucho tienen que ver con precisiones de índole cultural, relacionadas con las condiciones de las sociedades que son objeto de su mirada -si bien en todos los mencionados impera la preocupación pancaribeña-.

Por otro lado, coligada a los temas de la génesis perdida, la cultura nueva en relación y la teorización del middle passage -con todo su campo de conexiones simbólicas (el barco negrero, el mar, el espacio insular, etcétera)-, se encuentra, además, la indagación en los soportes que permiten la promulgación de un acto otro de recordación, hecho a contracorriente de la hegemonía mnemónica que es consustancial a la colonialidad del poder. Por ello, las lenguas nuevas, el espacio de la oralidad y la corporalidad, así como la perfomance, el simulacro y la máscara se vuelven claves. Como también la plantación, que se amplía en valor, más allá de la nominación de una organización económica, para convertirse en un constructo conceptual, que permite empezar apenas a comprender la generación de la memoria cultural y las identidades de los sujetos por ella definidos.

A su vez, afloran otras ausencias que se vuelven fecundas, en su marcación y una vez puestas en diálogo con los soportes mencionados. Las huellas y las ruinas sirven para reconsiderar la dimensión de lo que permanece como testimonio y como dato. Pensados como conceptos, son útiles precisamente para decir de los silencios y vacíos, hondamente significantes; así como de las miradas que desde sus particulares lugares de enunciación construyeron (y construyen) sentidos.

De lo anterior podríamos desgajar dos cuestiones. Por un lado, aquella que nos lleva a preguntarnos por las formas de sostener una reflexión sobre el pasado y una reconstrucción de ese pasado. Por otro lado, la consciencia misma de que ese pasado existe en tanto acto de recordación en el presente, que de tal forma lo recrea y a la vez articula la propia dimensión especular de su tiempo como pasado para un próximo futuro.

La cuestión estriba en preguntarnos por las formas de reflexión sobre el pasado en los presentes del Caribe, y las formas en las cuales diferentes narrativas (entre ellas la histórica, en el mismo sentido que, digamos, la literatura) han hilado ese pasado y a partir de qué medios han podido hacerlo, o qué medios han establecido como legítimos. Al ubicarnos así se nos presenta la indagación en los monumentos, rituales y archivos, tanto en dimensión material, específica, como en su fructífera dimensión metafórica, filosófica.

En Poétique de la relation, elaboraba Édouard Glissant sobre la contraposición problémica entre, por una parte, el dato y la huella escrita -hacia la que va quien interviene, hurga, valida o cuestiona el archivo- y, por otra parte, el grito -como acto de creación y que en su marca de desnuda y frágil respuesta, es corporal, es performático y es oral-. Por ello afirmaba que

[s]obre el barco negrero, lo único escrito es aquello que queda en el libro de cuentas sobre el valor de cambio de los esclavos. En el espacio del barco, el grito de los deportados es ahogado, como lo será luego en el universo de las Plantaciones. A nosotros llega el sonido de este enfrentamiento.2

Igualmente, en el capítulo “Lieu clos, parole ouverte” -en el ejercicio retórico de posicionar a la plantación como sitio de construcción de la Relación, por tanto marca de la cultura creol- Glissant aludía a la falibilidad de las ruinas, cuya materialidad de monumento no permanece, cuyo testimonio es incierto, cuyos archivos “son frecuentemente demasiado incompletos, obliterados o ambiguos”.3 (Quiero detenerme aquí, aunque sobre ello no elabore más Glissant; pues más adelante dirá “la destruida Plantación se hará sentir a su alrededor en todas las culturas de América”).4

Esto muestra la atención de Glissant dirigida a la posibilidad y construcción de un archivo que, luego veremos, se concreta en su proyección de un Centre national pour la mémoire des esclavages et de leurs abolition.5 En el libro que sustenta tal proyecto,6 el intelectual caribeño plantea la necesidad de construir un archivo hecho de desechos y fragmentos, de huellas y negaciones y que debe ser coherente con la expresión de una memoria silenciada, pero no por ello menos viva, y de una historia que debe rehacerse, repensando los límites irracionales de su razón errada.

Por ello, sostiene que

las historias ocultas afloran en la consciencia y dan paso forzoso a las memorias, las historias que hemos sufrido y aquellas que hemos protagonizado, otrora abrumadas bajo el peso de registros oficiales que recogían celebratoriamente los listados de gobernadores y conquistadores”.7

Argumento en total sintonía con su afirmación, diecisiete años antes, de que

nuestra experiencia del tiempo no se hace solamente de las cadencias de los meses y los años (…) aquello que permanece es lo oscuro de esta memoria imposible que levanta su voz más alto y más lejos que las crónicas y los censos.8

Es interesante notar que, con respecto a la expresión “deber de memoria”, Glissant hace una distinción crucial: “No se repara la memoria, como una caja de fusibles. Más bien, tenemos el deber de conocimiento y, en el caso de la esclavitud, de reconocimiento: y es el conocimiento, y sólo el conocimiento, quien hará revivir la memoria”.9

¿Cuál es la materia de ese conocimiento? ¿Quién el sujeto de la huella, quién el habitante, constructor de a lo que luego se asiste como ruina? El pasado no es mera materia de estadísticas, muros o papeles. Estos son apenas medios de las inscripciones que, de su vida, hace el ser en su espacio de acción, como individuo con su historia propia y, sobre todo, como comunidad.

¿Qué sucede cuando esas inscripciones, esos vestigios, han sido enmudecidos para un discurso público, para una reflexión sobre la cultura? ¿Qué acontece cuando los seres del presente han sido educados en una neurosis que desubica sus asientos identitarios, gracias a la encubridora educación, que suplanta lo real cognoscible, el huracán por la nieve?

Es un proceso crítico, entonces, para el intelectual, el recordarse como quien descubre por primera vez. Proceso que requiere de la imaginación como un arma de la verdad, en la total paradoja de esta formulación. Ya lo decía Patrick Chamoiseau en la novela Un dimanche au cachot:

Lo que hace que la memoria de la esclavitud sea tan plena e inquietante (…) es que no existe. Como no se sabe nada de ella, se sabe todo. Y parece que todo hubiera sido dicho precisamente porque nada ha sido dicho. Ir, con la escritura, hacia esta muerte de la esclavitud es ir con la vida, porque toda escritura es, primeramente, vida. Sin embargo, parece difícil, desde el punto de vista de la vida, explorar de manera justa y exacta (…) el secreto absoluto de esta muerte.10

Lo anterior nos lleva a una encrucijada: ¿a dónde acudir para reconstruir las vidas que nunca fueron contadas? Vidas que oblicuamente aparecieron en documentos, apenas como nombre o ralladura, veladas tras las miradas de otros que los (des)representaron.

Sabemos, sin embargo, que es la encrucijada un sitio sagrado, cruce y potenciación de caminos.

De lo dicho hasta aquí resalta entonces la necesidad de una intervención en aquello dado como huella y ruina, para, de tal forma, no sólo virarlo en sus costuras sino reencontrar, re-nominar. Por ello considero perentorio abordar la significación de los archivos en el espacio intelectual caribeño y lo que ello representa para los proyectos literarios.

Para acercarnos al tema habría que, en primer lugar, efectuar algunas disquisiciones terminológicas, toda vez que el concepto archivo se ha desbordado de su espacio de atención primordial por la disciplina histórica y por aquella que se ocupa de las ciencias de la información, para metamorfosearse en otra serie de sentidos que apuntan a críticas sobre la relación misma del ser humano con su pasado y la recolección de este en función de un valor en el presente y para construir una determinada verdad.

Jacques Derrida con su antológico Mal de archive11 generaría una extensa ola reflexiva sobre los alcances del término desde un punto de vista filosófico que llevasen a pensar en la archivación como un proceso de recolección y sistematización de y a partir de una idea de conocer, por lo cual el archivo es indudablemente un medio y espacio de poder, ya que efectúa él mismo un poder sobre las narrativas y argumentos posibles de formular. Al respecto, en un ilustrativo y sintético ensayo, la estudiosa Marlene Manoff12 nos dice “Si el archivo no puede acomodar una información en particular o un modo de erudición, entonces este es de manera efectiva excluido del registro histórico”.13

Si bien Manoff en su comentario sobre las tesis de Derrida se refiere a la cuestión de la materialidad de lo archivable y a las posibilidades tecnológicas para ello (en donde un asunto imperioso es, por ejemplo, la cuestión de la digitalización), considero que es posible inferir aquí un elemento central: la valía o legitimidad de lo archivable y su contingencia con un discurso que lo explica y lo necesita. Sobre esa línea argumentativa está, por supuesto el trabajo de otro filósofo, Michel Foucault, sobre el poder y el archivo y los límites de lo cognoscible, desde una perspectiva de continuum histórico, cuando se refiere a los sistemas de discursividad.14 Y ello nos llevaría, en contexto Caribe, a la intensa y extensa reflexión sobre los archivos coloniales, su contenido y lo excluido de ello, y por tanto la capacidad del discurso (histórico, literario, artístico) de construir un sentido por y para ese material.

Manoff apunta en su artículo al examen del archivo colonial del Imperio británico, a la pretensión de sistematización y catalogación como función cuasi primaria de su control imperial, definidor de jerarquías, valores y posibilidades, poniendo a cada uno en su lugar, desde la aparente neutralidad de la razón científica.15 Se debe acotar que, contra tal hybrix de archivo se rebelarán no pocos estudiosos caribeños desde el propio siglo xx (Eric Williams, C.L.R. James, Juan Bosch, Elsa Goveia, Kamau Brathwaite, por sólo mencionar algunos) quienes, precisamente en un examen crítico de los archivos coloniales y de aquello que éstos dejaron fuera, buscarán reconstruir con las herramientas de la investigación científica, pero sin perder un cierto tono propio, las historias de la esclavitud y trata, la plantación y la formación de las sociedades creoles caribeñas.

En el Caribe, ¿cómo decir sobre aquello que el archivo colonial excluyó, invisibilizó, fue incapaz de ver? ¿Cómo leer este archivo, el único disponible, contra el engranaje de su propia esencia colonial? ¿Cómo proponer un contra-archivo, en el sentido de un repositorio de otras formas, materiales y de contenido? ¿Cómo disponer, recuperar, un archivo de la memoria, del cuerpo y la palabra oral? Pues, a pesar de la exclusión, el impulso por la preservación de las vidas vividas y las experiencias ganadas, continuó, se expresó de muchas manera, se transmitió.

Michel-Rolph Trouillot, antropólogo haitiano, en su libro de ensayos Silencing the past: Power and the Production of History16 hizo apuntes cruciales a propósito de la relación entre hecho, archivo e historia que conducen precisamente a la noción de los silencios y las borraduras en las relaciones del mundo colonial y sus herencias en el presente. Lo primordial en su análisis es la cuestión de la interpretación del acontecer, de la otorgación de sentido así como la sistematización de estos sentidos para la articulación de una narrativa justificante, que asienta un valor sobre la mirada hacia ese pasado.

Por tanto, es primario para él entender la dinámica entre presencia y ausencia, entre existencia y silencio y, por ello, poner la atención sobre, precisamente, el aparente vacío, sobre lo que ha sido enmudecido. Nos dice Trouillot que “la producción de huellas es también siempre la creación de silencios (…) Lo que sucede deja huellas, algunas de las cuales son muy patentes -edificios, cadáveres, censos, monumentos, diarios, fronteras políticas-, limitando el grado y el significado de cualquier narrativa histórica”.17

Sobre este camino se encauza su obra para entender el silenciamiento de la revolución haitiana y su acontecer histórico, y las formas en que tal conversión del hecho en un no-evento se hizo efectiva en el discurso ideológico de su tiempo y en las marcas hasta el presente. La mirada advertida sobre los hechos y archivos (incuestionables en su carácter fáctico y su materialidad), como elementos de un discurso que posibilita su comprensión o su desconocimiento, participa del giro radical que a la disciplina historia imprime el posmodernismo; a la vez que es resultado consustancial de entender el Caribe desde el funcionamiento del sistema mundo cuya arquitectura reposa en la razón económica de la esclavitud y la colonialidad del poder.

Como parte de lo anterior, entonces, es fundamental delinear que la archivación es también la construcción del sentido mismo posible de ese archivo para ser entendido como tal, legitimado e incorporado a una narrativa sobre el pasado; es decir, que los archivos “son los lugares institucionalizados de mediación entre el proceso sociohistórico y la narrativa sobre ese proceso. Refuerzan las limitaciones sobre la «cuestionabilidad» (…) conceden autoridad y fijan las reglas para la credibilidad y la interdependencia; ayudan a seleccionar las historias que importan.”18

En esta misma línea de reflexión se ubica la obra del antropólogo jamaicano David Scott para quien un archivo es “una parte implícita y constitutiva del trasfondo epistémico de cualquier saber, la densa red de alusiones, eventos, conceptos, imágenes, historias, figuras, personalidades que habita el subsuelo de las declaraciones, animándolas, dándoles sentido así como fuerza.”19 Se percibe a Foucault en lo anterior, pues se coloca la reflexión sobre los archivos en el terreno de la epistemología, es decir, las posibilidades del conocer y de los rangos y límites de este conocer de acuerdo con la episteme de su tiempo. Ubicarse de esta manera y desde el Caribe implica pensar en la cuestión epistémica de la colonialidad y, por ende, en los sistemas posibles del conocer, sistematizar, hacer significativo.

El debate, aclarémoslo, no está ya sobre la existencia o no de huellas materiales, recuentos testimoniales o relatos históricos; sino, precisamente, sobre la posibilidad de su existencia en tanto objeto de conocimiento, entendiendo este conocer como ejercicio también de perspectiva colonial. La revolución de pensamiento de la intelectualidad caribeña del siglo xx está allí en donde se violentan estos límites de los argumentos dados al conocer y, por tanto, se abren las fronteras a la final comprensión de aquello que ha sido relegado al silenciamiento y la aparente ausencia.

No es casual, pues, que tanto Michel-Rolph Trouillot como David Scott se interesen particularmente en dos revoluciones políticas separadas temporalmente, pero ideológicamente situadas en preguntas compartidas: la revolución haitiana de 1791 y la revolución granadina de 1979.20 La irrupción de ambos aconteceres en la episteme de su tiempo implicó e implicará fracturas en las formas del conocer y del recordar: en la relación con el pasado, en la interpretación (y legitimación) de su hechos y archivos.

David Scott, por su parte, ha iniciado lo que él nombra “arqueologías de la memoria negra”, un proyecto de largo aliento. A partir de la conversación y la recuperación de historias de vida, busca generar un archivo de nuevo tipo, pues realiza entrevistas a más de una docena de escritores e intelectuales caribeños (entre ellos la escritora granadina Merle Collins, y en vínculo con su preocupación por los modos de recordación de las revoluciones). Tal proyecto se sustenta en las siguientes preguntas:

¿Qué espectro de lugares de memoria son reconocibles en todas las Américas africanas? ¿Qué prácticas de recordar -y de olvidar- circulan a su alrededor? ¿Qué poderes modernos (del Estado, por ejemplo, del nacionalismo, del neoliberalismo, de la globalización) están investidos en ellos y cómo moldean los tipos de recuerdo y olvido que nos instan a practicar? ¿Qué efecto tiene la institucionalización del pasado como “patrimonio” en las prácticas de memoria? ¿Qué herramientas y estrategias críticas necesitamos adquirir para abordar y desentrañar más adecuadamente la reproducción del recuerdo fosilizado, represivo o vengativo?21

En el artículo en donde presenta a mayor detalle las pautas y objetivos de esta idea suya toma, como ejemplo para la exposición, la obra de preservación y sistematización de Robert Hill con el archivo de Marcus Garvey y la Universal Negro Improvement Association (unia). Quiero recuperar un aspecto, que es referido brevemente, pues lo considero central para las ideas que desarrollo aquí, y es el protagonismo de la relación afectiva con el archivo que Scott marca para Hill en lo yo que entiendo como un conocimiento y relación con los materiales tal si fueran estos mapa o cuerpo amado. Ello se corresponde con el valor que Scott adjudica a la labor de archivo en el espacio Caribe toda vez que afirma: “El arqueólogo recupera/describe el archivo y, al hacerlo, participa en la construcción de lo que podría llamarse una institución de la memoria y un lenguaje del recuerdo.”22

Dos volúmenes de estudios monográficos de reciente aparición sobre el tema de los archivos en el Caribe deben ser referidos aquí por lo que aportan al debate propuesto: Decolonizing the Caribbean record: an archives reader23 y Archiving Caribbean. Identity Records, Community, and Memory,24 publicados respectivamente en 2018 y 2022. En ambos importa sobrepasar la focalización de los estudios en la relación entre los documentos de archivo y la empresa colonial, para poder concentrarse en otras formas de archivación que no siempre se sustentan en lo textual escrito, sino aquéllas existentes en los pueblos del área previo a la llegada de las carabelas; así como las de todos los otros que fueron traídos en condiciones de sujeción y alienación o que arribaron en diferentes y plurales oleadas migratorias. “Porque los archivos y registros en el Caribe ya no son sólo los registros textuales de los amos coloniales sino más bien los productos orales, performativos, intangibles y tangibles de los pueblos caribeños”.25

Esta perspectiva implica preguntarse entonces por los archivos del cuerpo, del ritmo, de las prácticas culturales ancestrales y tradicionales y entender estos espacios y soportes como repositorios.26 Por supuesto, ello presupone también indagar en las formas de gestión y conservación, no sólo atendiéndolas desde un sentido tecnológico sino considerando la perspectiva organizativa en la que debe estar presente la percepción de su naturaleza perecedera, frágil, no sistémica, y su soporte en lo comunitario. Sobre esto último, elaboran sobre la idea de “comunidad de registros”, central para entender la relación entre comunidad y su archivo.

Ambos volúmenes se reconocen en su valor pionero para un trabajo que califican como descolonizador del archivo colonial y medio para dar nacimiento al “archivo caribeño”, ergo pos y des-colonial, asociado a la formación de estados naciones, pero también desde los estudios de la variedad de soportes del archivo caribeño y la particularidad de los archivos de la diáspora. Un aspecto que señalan los autores en el primero de los volúmenes es la intrínseca relación en el área entre memoria, archivo e identidad y por ello afirman: “Las sucesivas oleadas de pueblos que llegaron al Caribe han moldeado las formas en que los caribeños documentan, preservan y comparten su memoria perdurable de la misma manera en que sus identidades han sido elaboradas y expresadas”.27

Literatura como neo-archivo

From Harvey River nació de la necesidad de preservar un tiempo y un lugar que prácticamente desapareció (…) Tuve que imaginarlo en todo su bucólico encanto original para poder escribir esas memorias. Y lo hice así porque, como escritora caribeña, es mi trabajo imaginar y seguir reimaginando el pasado y el futuro, de manera que lo mejor de aquello que se ha perdido pueda existir otra vez en el futuro.28

Lorna Goodison

En una preocupación muy similar a la expresada en los estudios referidos está el interés de una literatura caribeña enfocada en su vínculo con una dimensión de la cultura desde sus archivos otros. Archivos que contienden con una hegemonía del pasado (y las huellas que éste legitima), con un peso medular en la construcción procesual de la identidad.

Un ejemplo es, sin lugar a duda, la obra encauzada por el movimiento de la creolité en el mundo francófono, antes y después del manifiesto que lo hizo más reconocido. En autores como Simone Schwarz-Bart, Maryse Condé, así como Patrick Chaomoiseau o Raphaël Confiant se advierte la preocupación por sistematizar las memorias de una cultura creol, cuyo archivo está en la palabra dicha, escuchada y reproducida, en la fugaz e incontestable naturaleza que encamina y signa el pensar sobre el ser, en la organización del saber en cosmologías sincréticas y heredadas de las muchas fuentes étnicas. Y esos reservorios de vida son los relatos: de las familias, de las abuelas y las infancias, de alejadas figuras apenas mencionadas en un legajo deshumanizador, pero que, con la capacidad recuperativa de la imaginación pueden volver a la vida y decir su historia.29

En este mismo sentido, para la literatura, si bien es parte de una oleada mayor dentro de las ciencias sociales, es importante notar la idea de desconfianza en el archivo, al entenderlo como el impuesto legitimador del status quo colonial, el puristamente letrado y construido sobre los silenciamientos, el ideológicamente marcado por aquello que sustenta el aparato colonial en sus jerarquizaciones de raza, clase y género. Por ende la urgente necesidad de intervención en el archivo (colonial), o de creación de uno de nuevo tipo.

La poeta y ensayista Marlene NourbeSe Philip publicó en 2008 el volumen de poesías Zong! As told to the author by Setaey Adamu Boateng. En él reconstruye las vidas, apenas mencionadas, en los documentos relacionados con el caso real del barco Zong cuyos dueños, ante la pérdida del cargo, reclamaron, en 1781, el seguro. El “cargo” eran 470 hombres, mujeres y niños, de los cuales 150 fueron arrojados por la borda en los más de cuatro meses de travesía.30

En una entrevista ofrecida a propósito del libro -resultado de un proceso de investigación (y posesión) de cerca de siete años-, NourbeSe Philip declara a Patricia Saunders que no confía en el archivo31 y su argumentación clarifica el por qué:

No puedes sentirte cómodo leyendo los libros que componen Zong!: el contenido de la obra trata sobre la muerte y la muerte siempre es incómoda, y ante ese malestar lloramos. No sólo el contenido es incómodo, sino que también lo es la forma. (…) Yo quiero los huesos. “Dame los huesos”, le digo al silencio que tantas veces nos presenta la historia. Y nuevamente, debido a que ese espacio de la memoria y del archivo, donde te enfrentas a sus limitaciones inherentes, puede convertirse en un espacio de locura, los huesos en realidad te arraigan.32

La preocupación de NourbeSe Philip une varias interrogantes que encontramos en muchos autores caribeños: la huella de las vidas vividas cuya voz no está recogida en documento, cuyos inmuebles fueron perecederos o ignorados, cuyos hechos fueron silenciados; pero, a la vez, la huella como presencia del fragmento por el todo, tanto en las prácticas culturales transmitidas, como en las síntesis de nuevo tipo y sus roces.

Se tocan aquí temas que son asunto de investigación de las ciencias sociales, pero que, indudablemente, han encontrado un sitio en la literatura caribeña, toda vez que el escritor se percibe a sí mismo y su propósito como el del arqueólogo que escarba y de los fragmentos reconstruye enciclopedias, o como el detective que es capaz de inferir los itinerarios por sus ocultadas acciones. Y esas enciclopedias e itinerarios que la literatura produce vienen a restituir lo que la violencia epistémica de la colonialidad borró o simplemente ignoró de plano, en la ceguera esquizoide de su lugar de enunciación.33

Por ello NourbeSe Philip reclama por los huesos, pues allí donde los cementerios, puede reposar la memoria, reactivarse en cada encuentro con la ausente presencia de lo que un día fue y de lo cual el espacio de recordación es validación y afirmación de que sí, hubo una vida vivida y ella tuvo un valor.

Ya lo señalaba, por ejemplo, Laurent Dubois34 al debatir sobre la importancia que, para la reconstrucción del pasado de Guadalupe y las Antillas Francesas en general (aquellas aún políticamente territorio francés), tiene la literatura de esa región que muestra la desconfianza en el archivo y la necesidad de crear (en el doble sentido de hacer nacer y de reunir) un nuevo archivo.

Para ello proponía Dubois, por un lado, un análisis del archivo de Guadalupe atendiendo a su configuración colonial, los silencios y transmutaciones sobre las vidas esclavas y de los sujetos negros, posterior a la esclavitud así como en el contexto poscolonial regional pero de dependencia de la isla a la metrópolis de Francia. Por otro lado, proponía un análisis de las novelas La mulatresse solitude de André Schwarz-Bart, L’isolé soleil de Daniel Maximin y Texaco de Patrick Chamoiseau, a partir del presupuesto de que los archivos dejados por la esclavitud y la emancipación tienen sus límites, vacíos y fracturas.

De tal forma, estas obras resultan ejemplares de un movimiento que al interior de la novela reconstruye archivos inexistentes, ya sea como referencias a documentos que soportan el argumento (y que no existen fuera del espacio ficcional, aunque pudieran haber existido) o como reflexiones sobre el ejercicio mismo de la archivación como parte de la diégesis que, tal sucede en las dos últimas novelas, es sustento de la trama y mise en abîme del acto de creación. Por ello, afirma Dubois como tesis central:

Es interesante que estas novelas confronten un problema más amplio que enfrentan todos aquellos que buscan escribir la historia de la esclavitud y, más particularmente, las historias de los propios esclavos: las ausencias y los silencios en los archivos. En cierto sentido, su objetivo es similar al de los historiadores del Caribe que buscan descubrir las voces y acciones de esclavos y ex esclavos y comprender sus luchas. Sin embargo, también tienen una relación muy diferente con la cuestión de la evidencia y un sentido diferente de cómo imaginar la relación entre las necesidades presentes y los hechos del pasado.35

Laurent Dubois aborda además en este excelente ensayo dos ideas interesantes. La primera, sobre lo que nombra “archivos de la represión”:36 aquéllos que muestran la relación entre estado y control, en contexto esclavitud y emancipación pues ellos ponen en evidencia, por ejemplo, el dilema del silencio sobre los cimarrones en los archivos, porque lo que de ellos se recoge son testimonios disuasivos de posibles futuras fugas. Sobre esto quisiera detenerme pues tiene eco cruzado a muchas investigaciones en el campo de las ciencias sociales pero también de la creación artística.

NourbeSe Philip en Zong, decía sobre las vidas no archivadas (aquéllas devoradas por la trata y la esclavitud) que eran apenas “fantasmales notas al pie flotando por debajo del texto”:37 como cadáveres sumergidos bajo el mar, extenso cementerio no nombrado, no recuperado a no ser en la literatura y en la capacidad para imaginar, reconstruir los posibles itinerarios de sus existencias y otorgarles a los huesos sepultura y memoria. Sin embargo, debe señalarse aquí el estudio pionero de la historiadora cubana Gloria García Rodríguez quien publicó en 1996 el volumen La esclavitud desde la esclavitud: la visión de los siervos. A partir de una intervención exhaustiva en los archivos cubanos decimonónicos proponía una enjundiosa y provocadora introducción, así como una colección catalogada y anotada de casos jurídicos que implicaban a sujetos esclavizados quienes, ante las cortes esquivas, refrendaban, en el ejercicio de la ley que les era opaca, su humanidad. María del Carmen Barcia sobre esta investigación de su coterránea García Rodríguez reconocía el hecho indudable de que

[p]or primera vez en nuestra historia los esclavos tuvieron voz porque ella la exhumó de los documentos. Para esto despejó las fórmulas más o menos eruditas de los letrados y proyectó las voces de aquéllos que resistían, consentían, apelaban, daban sus percepciones, ya fuese a través de un poder legal, del interrogatorio a que eran sometidos en el marco de un levantamiento, de una apelación judicial o de una solicitud de libertad.”38

Sobre las complejidades e indudables logros de un estudio de esta naturaleza, Ada Ferrer, por su parte, admitía -en sus palabras introductorias a la traducción al inglés de esta investigación-, que “García no está tratando de darnos una voz no mediada de los esclavizados; ella sabe que eso probablemente sea imposible. Pero sí logra presentarnos una visión de la esclavitud desde dentro de los confines de la plantación, brindándonos en el proceso una imagen mucho más completa y rica del mundo interior de la esclavitud cubana que cualquier otra disponible hasta ahora”.39

Resulta importante señalar la relación entre “ausencias” de estas vidas en el archivo y la labor de “exhumación” de sus voces, aquellas que el propio archivo que las contuvo prefiguraba silenciar. Por ejemplo, en América Latina, en un contexto histórico diferente al que ocupa a Dubois, Philip o García, las sociólogas Elizabeth Jelin y Ludmila da Silva, han conceptualizado “archivos de la represión” en su introducción a la compilación Los archivos de la represión. Documentos, memoria y verdad, como parte de su trabajo con los archivos de las dictaduras militares y sus fuerzas represivas en el Cono Sur en la segunda mitad del siglo xx, en el camino de las luchas sociales por la memoria.

A su vez, una expresión cercana -“archivos perversos”- ha sido acuñada por la investigadora australiana Rosanne Kennedy quien dice, respecto a estudios de memoria, cultura aborigen australiana y las infancias robadas: “[a] menudo, los únicos registros de la extracción de un individuo y su destino son aquellos preservados por los burócratas del gobierno que perpetraron la eliminación. El desafío está en usar estos registros -que yo llamo archivos perversos- para crear una memoria cultural aborigen de la deshumanización y de la sobrevida”.40 En continuidad a esta propuesta, su colega Gillian Whitlock emplea “archivos perversos” para referirse a los documentos oficiales del caso del haitiano Joseph Dantica quien murió en 2004 en Estados Unidos bajo custodia de las autoridades migratorias de ese país y cuya historia la relata su sobrina, la autora haitiano-norteamericana Edwidge Danticat en su narrativa de vida Brother, I’m dying (publicada en 2007). Por ello afirma Whitlock que “[p]ara conformar un testimonio, en término de documento de derechos humanos, Danticat se apropia de los 'archivos perversos' que documentan el procesamiento de Joseph Dantica en la lengua burocrática de la seguridad nacional”.41

Volviendo al texto de Dubois, en él presenta una segunda idea que quisiera recuperar aquí y es su acotación breve sobre un tema que ha abordado él mismo con mayor profundidad: la ceremonia de Bois-Caïman, consustancial al discurso de nación haitiana. De ella dice

El acontecimiento que a menudo se presenta como el momento fundacional de la Revolución haitiana (la ceremonia vudú que se supone tuvo lugar en Bois- Caïman, en Saint Domingue, en agosto de 1791) está esencialmente ausente de los archivos, y su existencia misma ha sido objeto de intenso debate.42

Sobre este último particular yo agregaría, en sintonía con el análisis propuesto por el propio Dubois, el extenso interés de la plástica haitiana (Dieudonné Cédor, por sólo mencionar un artista) en recrear este momento del cual no hay otras mayores referencias visuales documentales o escritas, convirtiéndose tales obras de esta manera en la imagen del hecho, en la realidad posible de su existencia.

Esta noción de la obra literaria como espacio que reconstruye en sí un archivo, que habilita la existencia de un archivo posible aunque ausente, es recuperada también por la investigadora Rachel Douglas para atender a recurrencias dentro de la literatura haitiana más contemporánea. Para esta estudiosa -quien tiene un particular interés en la obra de Frankétienne y más recientemente de C.L.R. James en su abordaje de la revolución de Ayiti- la creación literaria haitiana muestra un impulso de reescritura y creación de archivo ante la vasta destrucción de los espacios y medios del archivo como ente material. Ello le interesa mostrarlo particularmente tras el terremoto de 2010 pues “Gran parte de la escritura haitiana reciente responde a un estado percibido de estar en mal d’archive -necesidad de archivos- que es incluso más agudo que el descrito por Derrida en Archive Fever, dada la reciente destrucción por el terremoto de tantos registros físicos de archivos y fondos bibliotecarios/literarios”.43

En el ensayo citado, menciona las temáticas ya tratadas aquí sobre el trabajo de archivo como un proceso así como la construcción de archivos poscoloniales a partir del des-silenciamiento (neologismo que alude a lo desarrollado por Trouillot). Las dos ideas más importantes que avanza son, por un lado, la de concebir la existencia de los archivos de los textos en los textos mismos (unido esto a la temática de la reescritura como parte de la creación literaria en su dimensión procesual y que es eje de su análisis de la obra del haitiano Frankétienne44). Por otro, sugiere, en un breve comentario, considerar los archivos en forma de libros, o de los textos como “memoriales vivientes”, por supuesto, esto entendido en el contexto de la destrucción del terremoto. Debo acotar que las obras que son tema del ensayo no son fictivas sino relatos testimoniales de la experiencia del sismo y el apocalipsis posterior (así, por ejemplo, Failles de Yanick Lahens).

Patrick Chamoiseau es un autor cuya obra ha sido funcional a los análisis que ubican la importancia del tema de los archivos en la literatura caribeña contemporánea. No solamente su multipremiada novela Texaco es ejercicio de metáfora sobre el archivo, la memoria y el relato histórico en el contexto de Martinica. También lo son otras novelas como Solibo magnifique, Chronique des sept misères o Biblique des derniers gestes, por solo mencionar algunas. A ello también se uniría la obra no-fictiva desde, por ejemplo, los récits d’enfance contenidos en los tres volúmenes que conforman Une enfance créole o su introducción al ensayo fotográfico Guyane: Traces-mémoires du bagne.

Erica L. Johnson comenta precisamente la no-ficción de Chamoiseau al decir que participa de un “esfuerzo similar de enfrentar un archivo ausente o violento catalogando memorias e historias afectivas” por lo que “[e]l archivo íntimo que él crea trabaja para desafiar el poder de los archivos públicos, o más oficiales, que excluyeron sistemáticamente las experiencias vividas, los pensamientos y los sentimientos de sujetos coloniales”45 Esta autora, con un anclaje analítico en la obra de Chaomiseau, desarrollará un tema central a esta exposición y es la relación entre “memoria afectiva” y “pérdida de archivo”.

Por su parte, en el estudio monográfico sobre Patrick Chaomiseau, la estudiosa Maeve McCusker al analizar temáticas recurrentes en su obra denota una obsesión por la memoria y el archivo: así las formulaciones “marqueur de parole”, “trace-mémoire” -que en mucho debe a Glissant- y el cuerpo como archivo. En este mismo giro de los afectos, propone McCusker hablar del “archivo íntimo” para atender el tratamiento de la infancia como espacio en Chamoiseau. Afirma allí lo siguiente “Paradójicamente, entonces, a pesar de las frecuentes proclamas de los escritores antillanos de que la memoria ha sido borrada, reprimida o astillada, ésta sigue siendo su preocupación más persistente, central, como fuente y tema, de su producción literaria.”46

Para Johnson también es necesario insistir en la dimensión afectiva de los recuerdos, en la memoria como una forma de afecto; de manera paralela a la ausencia de archivos y al ejercicio de memoria afectiva como una forma de crear un “nuevo archivo”. Es decir que el “neo-archivo” se constituye en estrategia de los escritores poscoloniales que intervienen los documentos, huellas, instituciones de la historia desde lo afectivo propio y desde la imaginación como forma de reconstruir lo que ningún archivo podrá guardar.

El entendimiento de la obra de Chamoiseau que propone Johnson parte de ubicarla de manera relacional con la de otros autores poscoloniales para quienes la creación es en sí una forma de neo-archivación. En otro ensayo de la investigadora, dedicado en esta ocasión a la trinitaria Dionne Brand y su narrativa de viaje A Map to the Door of no Return, precisa la definición que propone al decir

Por neo-archivo me refiero a la ficción que crea historia frente a su ausencia. A diferencia de los historiadores, los escritores de ficción pueden entrar plenamente en el tiempo condicional al que alude Lowe y, lo que es más, pueden fusionar el condicional con el presente a través de exploraciones poéticas de los vacíos archivísticos.47

Por ello, a partir de la compleja naturaleza del texto de Brand, distingue entre dos tipos de archivos: uno, el documental, que debe ser intervenido e interpretado para poder hacer sentido de sus ausencias y que es referenciado y subvertido en A Map… Otro archivo es aquel “creativo”, en el que entiende el reservorio de las historias construidas por autores diaspóricos (categoría esta que entiende la diáspora africana y por tanto permite poner en relación la literatura afronorteamericana con, digamos, la caribeña o la brasileña). Sobre este sustrato de referencias se construye también el neo-archivo del que, a su vez, participa la obra de Brand.

Lo más interesante considero que es la distinción que hace sobre los afectos y su conformación de la literatura como neo-archivo y que nos trae a lo que ya acotábamos previamente para David Scott y su comentario sobre Robert Hill. Dice Johnson que

Este conocimiento afectivo es fundamental para el enfoque de Brand sobre el pasado, pero esto no quiere decir que presente el afecto como un modo singular de recuerdo histórico, dado su amplio uso de materiales de archivo a lo largo de sus memorias. Más bien, Brand recurre al conocimiento afectivo para transformar los archivos en neo-archivos.48

Es decir, que la mediación del recuento del pasado por el tamiz del ser que ejecuta el acto del recuerdo como forma de rebeldía, de intervención cimarrona en el Archivo, es lo que posibilita la creación de un nuevo tipo de archivo, y por tanto de una relación de conocimiento con el pasado.49

Todo lo hasta aquí expuesto me retrotrae nuevamente al historiador Michel- Rolph Trouillot quien en Silencing the past reflexionaba: “Imaginamos las vidas bajo el mortero, ¿pero cómo podemos identificar el final del silencio más profundo?”.50

Como hemos desarrollado en este artículo, los debates de larga data sobre memoria e historia cobran especial resonancia en una región histórico-cultural como el Caribe, en donde la noción de huella de las vidas vividas se torna crucial, toda vez que se asiste a un espacio conformado y conformante de la colonialidad del poder. Desde un punto de vista epistemológico, en relación con la articulación del poder sobre los relatos del pasado, la cuestión de los archivos se torna crucial. Es por ello que, para la intelectualidad de la región, debe darse un cuestionamiento, tanto de los modos de conformación y preservación de los archivos, como de su función en la producción de sentidos sobre lo legítimo y verdadero. Específicamente dentro de la literatura caribeña tiene lugar una actitud de desconfianza hacia el archivo (como expresión de un poder colonial y su herencia) que propone intervenirlo de manera crítica para transformarlo. Varias propuestas apuntan también a la necesidad de que la literatura imagine el relato del pasado (sintonizando sus silenciamientos y ausencias) y sea capaz de crear o adivinar sus huellas, es decir, habilitar el espacio para archivos posibles. En ello se refuerza la dimensión afectiva e íntima en relación con las huellas y su archivación, y la posibilidad de hablar de la obra literaria como un neo-archivo de las vidas que son dignas de memorialización.

Referencias

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1 “The trajectory of these people was silenced. Not included in the colonial Chronicle, this trajectory came alive in their arts, their resistances, their heroisms, without stelai, without statues, without monuments, without documents. Only the word of the Elders that circulates beneath writing—oral memory—bears witness./ Yet a word doesn’t make a monument./ A word doesn’t make History./ A word doesn’t make Memory./ A word transmits histories./ A word diffuses memories./ A word bears witness in traces, in reminiscences, in protean anecdotes where the imagination intermixes with feeling./ And with emotion.”, Chamoiseau, French Guiana. Memory Traces of the Penal Colony (trad. al inglés de Matt Reeck). En este y en todos los casos en que no se consigne lo contrario, la traducción al español es de la autora del artículo.

2“Sur le bateau négrier, le seul écrit est du livre de comptes, qui porte sur la valeur d’échange des esclaves. Dans l’espace du bateau, le cri des déportés est étouffé, comme il le sera dans l’univers des Plantations. Cet affrontement retentit jusqu’à nous”, Glissant, Poétique de la relation, p. 17.

3“sont souvent si incomplètes, oblitérées ou ambiguës”, Glissant, Poétique de la relation, p. 79.

4“La Plantation détruite a touché alentour aux cultures des Amériques”, Glissant, Poétique de la relation, p. 86.

5Continuidad de la promulgación de la Ley Taubira en Francia en 2001, que reconoce a la esclavitud como un crimen y a la posterior consagración en 2006 del día 10 de mayo, en que tal ley fue promulgada, como día de la memoria de la trata negrera, la esclavitud y su abolición. En esta ley aparece la expresión “devoir de mémoire”, “deber de memoria”.

6Cfr. Glissant, Mémoires des esclavages. La fondation d’un Centre national pour la mémoire des esclavages et de leurs abolitions. El centro comprendería un área de enseñanza, una de archivos y un memorial (pensado desde el acervo artístico), todos con una propuesta de acciones y varios espacios siendo el principial en París. Entendería también no sólo la esclavitud de los africanos en las Américas, sino la de los indentured servants; no sólo Martinica o Cuba sino Isla Reunión y el Océano Índico.

7“les histoires cachées remontent à la conscience et forcent les mémoires, les histoires que nous avons subies et celles que nous avons menées, hier offusquées sous les décrets des registres officiels qui célébraient les listes des gouverneurs et des conquérants”, Glissant Mémoires des esclavages…, p. 80.

8“notre vécu du temps ne fréquente pas seulement les cadences du mois et de l’an (…) ce qui reste, c’est l’obscur de cette mémoire impossible, qui parle plus haut et plus loin que les chroniques et les recensements”, Glissant, Poétique de la relation, p. 86. Énfasis de este artículo.

9“On ne répare pas la mémoire, comme une boîte à fusibles. Nous avons plutôt là un devoir de connaissance et, dans le cas des esclavages, de re-connaissance : et c’est la connaissance, et elle seule, qui ravivera la mémoire”, Glissant, Mémoires des esclavages…, pp. 171-172. Énfasis de este artículo.

10“Ce qui rend la mémoire de l’esclavage si pleine et obsédante (...) c’est qu’elle n’existe pas. Comme on n’en sait rien, on en sait tout. Et tout semble avoir été dit car rien n’a été dit. Aller avec l’écriture dans cette mort de l’esclavage c’est y aller avec la vie, car toute écriture est d’abord vie. Mais il apparaît difficile au regard de la vie d’explorer de manière juste et exacte (...) le secret absolu de cette mort”, Chamoiseau, Un dimanche au cachot, p. 181. Cfr. Figueiredo, “The (Re)Writing of Slavery’s Archives in Patrick Chamoiseau”.

11Cfr. Derrida, Mal de archive: Une Impression Freudienne, Édition Galilée, 1995. Consultado para este artículo en su edición en inglés Archive Fever. A Freudian Impression, traducción de Eric Prenowitz.

12 Manoff, “Theories of the Archive from Across the Disciplines”, pp. 9-25.

13“If the archive cannot or does not accommodate a particular kind of information or mode of scholarship, then it is effectively excluded from the historical record”, Manoff, “Theories of the Archive from Across the Disciplines”, p. 12.

14Cfr. Foucault, L’archéologie du savoir.

15Cfr. Stoler Along the Archival Grain: Epistemic Anxieties and Colonial Common Sense y Richards, The Imperial Archive; Knowledge and the Fantasy of Empire, quienes han elaborado sobre archivo colonial y archivo imperial.

16La edición primera es en inglés en el año 1995 bajo el sello editorial Beacon Press. Para este artículo se consultó su versión al español Silenciando el pasado. El poder y la producción de la Historia, traducción de Miguel Ángel del Arco Blanco.

17 Trouillot, Silenciando el pasado…, p. 24, traducción de Miguel Ángel del Arco Blanco.

18Trouillot, Silenciando el pasado…, p. 43. Traducción de Miguel Ángel del Arco Blanco. Énfasis de este artículo.

19“an implicit and constitutive part of the epistemic background of any knowledge, the dense network of allusions, events, concepts, images, stories, figures, personalities, that inhabit the sub-terrain of statements, animating them, giving them sense as well as force”, Scott, “Introduction: On the Archaeologies of Black Memory,” Anthurium: A Caribbean Studies Journal, p. 2. Énfasis del autor.

20El libro de David Scott dedicado al tema es Omen of adversity. Tragedy, Time, Memory, Justice. Este volumen fue publicado en el mismo año que otro excelente estudios sobre el tema: The Grenada Revolution in the Caribbean present: Operation Urgent Memory de Shalini Puri. El primero revisa el trauma de la revolución granadina y varios temas caros a los estudios de memoria y al entendimiento de algunos conceptos para el Caribe, como posmemoria, justicia transicional, amnesia, memorialización en monumentos. El segundo presenta un acercamiento a las huellas de la revolución desde la noción del paisaje y el fragmento para lo cual elabora en las ideas de memoria reprimida y memoria volcánica, y también sobre la memorialización y la contraposición de memorias en la creación de narrativas sobre el pasado, o legitimadas por un relato hegemónico.

21“What range of lieux de mémoire are recognizable across the African Americas? What practices of remembering—and of forgetting—circulate around them? What modern powers—of the state, for instance, of nationalism, of neoliberalism, of globalization—are invested in them and how do they shape the kinds of remembering and forgetting they urge us to practice? What does the institutionalization of the past in “heritage” do to practices of memory? What critical tools and strategies do we need to acquire in order to more adequately engage and unpack the reproduction of fossilized or repressive or vindictive remembering?”, Scott, “Introduction: On the Archaeologies of Black Memory”, p. 6.

22“The archaeologist recovers/describes the archive, and in so doing, participates in the construction of what might be called an institution of memory and an idiom of remembering”, Scott, “Introduction: On the Archaeologies of Black Memory”, p. 2. Énfasis del autor.

23 Bastian, Griffin y Aarons (eds.), Decolonizing the Caribbean Record: an Archives Reader.

24 Aarons, Bastian y Griffin (eds.), Archiving Caribbean Identity Records, Community, and Memory. Debe hacerse notar que ambos libros, en los que participan los mismos editores, parten de la creación en 2015 del Master degree in Archives and Records Management ofrecido por el Department of Library and Information Studies en la University of the West Indies (Mona Campus).

25“For archives and records in the Caribbean are no longer just those textual records of the colonial masters but rather the oral, performative, intangible, and tangible products of Caribbean peoples”, Aarons, Bastian y Griffin, “Introduction”, Archiving Caribbean Identity Records, Community, and Memory, p. 1. Énfasis de los autores.

26Es imposible no pensar aquí en las propuestas contenidas en The Archive and the Repertoire. Performing cultural memory in the Americas (2003) de Diana Taylor, que abordan un ejemplo concreto de América Latina (el grupo de teatro peruano Yuyachkani) pero cuyo rango de aplicación tiene implicaciones para el archivo Caribe de acuerdo a su presentación en los estudios que se comentan aquí.

27“The successive waves of peoples who came to the Caribbean have shaped the ways in which Caribbean people document, preserve, and share their enduring memory in the very same ways that their identities have been crafted and expressed”, Bastian, Griffin y Aarons (eds.), Decolonizing the Caribbean Record: an Archives Reader, p. 3.

28“From Harvey River was born out of a need to preserve a time and a place that is all but gone (…) I had to imagine it in all its original bucolic charm in order to write that memoir./ And I do this because as a Caribbean writer it is my job to imagine and keep reimagining the past and the future into being, so that the best of what was lost might exist again in the future”, Goodison, “The Caribbean imaginary, for Ifeona Fulani”.

29La estudiante cubana Marilaura Hernández Osma desarrollaba bajo mi tutoría una investigación en la Facultad de Artes y Letras (Universidad de La Habana, Cuba) sobre esta línea suscintamente comentada aquí, con un enfoque en la obra de Simone Schwarz-Bart. Su trágica y repentina muerte en septiembre de 2021, a un mes de su graduación, impidió cerrara su estudio, ya un excelente aporte que superaba con creces las necesidades del ejercicio académico. Sirva esta nota como memoria agradecida de su pensamiento y vida.

30Los poemas son acompañados por una suerte de diario, puesta en abismo del proceso de creación del libro de poemas: “Mi intención es utilizar el texto de la decisión judicial como un almacén de palabras; encerrarme en este particular y peculiar paisaje discursivo en la creencia de que la historia de estos hombres, mujeres y niños africanos arrojados por la borda en un intento de cobrar el dinero del seguro, la historia que sólo puede contarse si no se cuenta, está encerrada en ese texto. En los muchos silencios dentro del Silencio del texto. Me encerraría en este texto de la misma manera que hombres, mujeres y niños fueron encerrados en las bodegas del barco negrero Zong” (“My intent is to use the text of the legal decision as a word store; to lock myself into this particular and peculiar discursive landscape in the belief that the story of these African men, women, and children thrown overboard in an attempt to collect insurance monies, the story that can only be told by not telling, is locked in this text. In the many silences within the Silence of the text. I would lock myself in this text in the same way men,women, and children were locked in the holds of the slave ship Zong” (Philip, Zong!…, p. 191).

31“Lo único que queda son los textos y documentos legales de aquellos que estaban íntimamente conectados e involucrados en un sistema que permitió el asesinato de los africanos a bordo del Zong” (“All that remains are the legal texts and documents of those who were themselves intimately connected to, and involved in, a system that permitted the murder of the Africans on board the Zong”), Philip, Zong!…, p. 196).

32“You cannot be comfortable reading the books that comprise Zong!: the content of the work is about death and death is always discomforting, and in the face of that discomfort we mourn. Not only does the content discomfort, the form is discomforting as well. […] I want the bones. “Give me the bones,” I say to the silence that is so often what history presents to us. And again, because that space of memory and of the archive where you come up against their inherent limitations can become a space of craziness, the bones actually ground you”, Saunders “Defending the Dead, Confronting the Archive: A Conversation with M. NourbeSe Philip”, pp. 68-69. Énfasis de este artículo.

33En un breve artículo los autores Cristoph Singler y Anja Bandau refieren esta “función mnemónica” del “relato ficcional” y su alta responsabilidad social con llenar los vacíos del discurso histórico oficial. Singler y Bandau, “Fictions dans les Caraïbes: de la mémoire culturelle à la gobalization”, p. 234.

34 Dubois, “Maroons in the Archives The Uses of the Past in the French Caribbean”, pp. 291-300.

35“These novels interestingly confront a broader problem faced by all those who seek to write the history of slavery and, more particularly, the stories of the slaves themselves-the absences and silences in the archives. In a sense, their aim is similar to that of historians of the Caribbean who seek to uncover the voices and actions of slaves and ex-slaves and to understand their struggles. Yet they also have a very different relationship to the question of evidence and a different sense of how to imagine the relationship between present needs and the facts of the past.”, Dubois, “Maroons in the Archives The Uses of the Past in the French Caribbean”, p. 292.

36En nota al pie en su artículo, Dubois apunta como fuente el trabajo de Julia Dominique, “Histoire Religieuse, “en la compilación de Jacques Le Goff y Pierre Nora, Faire de l’histoire (Gallimard).

37“ghostly footnotes floating below the text”, en Philip, Zong!, p. 200.

38 Barcia, “In Memoriam Gloria García Rodríguez (1941-2013)”, p. 235.

39“García is not trying to give us an unmediated voice of the enslaved; she knows that is likely impossible. But she does succeed in laying before us a view of enslavement from within the confines of the plantation, in the process giving us a much fuller and richer picture of the interior world of Cuban slavery than any yet available”, en Ferrer, “Foreword”, p. xiii.

40“Often, the only records of an individual’s removal and fate are those preserved by government bureaucrats who perpetrated elimination. The challenge is to use such records—what I am calling perverse archives—to create an Indigenous cultural memory of dehumanization and survival” en Kennedy, “Indigenous Australian Arts of Return Mediating Perverse Archives”, p. 90.

41“To constitute a testimony in terms of the human rights document, Danticat appropriates the ‘perverse archives’ that document the processing of Joseph Dantica in the bureaucratic language of homeland security”, Whitlock, Postcolonial Life Narratives. Testimonial Transactions, p. 183.

42“the event that is often presented as the foundational moment in the Haitian Revolution-the Vodou ceremony that is supposed to have taken place at Bois-Caiman, in St. Domingue, in August 1791-is essentially absent from the archives, and its very existence has been the subject of intense debate”, Dubois, “Maroons in the Archives The Uses of the Past in the French Caribbean”, p. 294.

43“much recent Haitian writing responds to a perceived state of being en mal d’archive - in need of archives - which is even more acute than that described by Derrida in Archive Fever, given the recent destruction by the earthquake of so many physical archival records and library/literary holdings”, Douglas, “Writing the Haitian Earthquake and Creating Archives”, p. 389.

44 Douglas, Frankétienne and Rewriting. A Work in Progress.

45“similar endeavor of facing down an absent or violent archive by cataloguing affective memories and histories” (…) ”The intimate archive that he creates works to challenge the power of public, or more official, archives that systematically excluded the lived experiences, thoughts, and feelings of colonial subjects”, Johnson “The Intimate Archive of Patrick Chamoiseau”, p. 45.

46“Paradoxically, then, despite the frequent proclamations by Antillean writers that memory has been erased, repressed or shattered, it remains their most persistent preoccupation, central, as both source and theme, to their literary output”, McCusker, Patrick Chamoiseau. Recovering Memory, p. 3.

47“By neo-archive, I refer to fiction that creates history in the face of its absence. Unlike historians, writers of fiction can fully enter the conditional tense to which Lowe alludes—and what is more, they can merge the conditional with the present through poetic explorations of archival gaps”, Johnson, “Building the Neo-Archive: Dionne Brand’s A Map to the Door of No Return”, p. 157.

48“this affective knowledge is fundamental to Brand’s approach to the past, yet this is not to say that she presents affect as a singular mode of historical recall given her extensive use of archival materials throughout the memoir. Rather, Brand draws on affective knowledge to transform the archives into neo-archives”, Johnson, “Building the Neo-Archive: Dionne Brand’s A Map to the Door of No Return”, p. 160.

49En otro momento, Johnson elabora sobre esta misma cuestión al formular como pregunta “¿Pero, qué significa hacer trabajo de archivo a través de la memoria? ¿Auto-archivarse?” (“What does it mean to do archival work through memory, though? To self-archive?”) Johnson, “Building the Neo-Archive: Dionne Brand’s A Map to the Door of No Return”, p. 158.

50Trouillot, Silenciando el pasado…, p. 25.

Recibido: 08 de Abril de 2024; Revisado: 15 de Abril de 2024; Aprobado: 29 de Abril de 2024

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