Introducción
Hasta ahora, los estudios sobre la novelística costarricen han centrado su atención en los temas tratados, las técnicas narrativas utilizadas, los valores asumidos, los discursos e imaginarios elaborados, las corrientes literarias adscritas y otros aspectos similares. Las contribuciones existentes pueden ser clasificadas en tres tipos: las que abordan la novela como parte de una investigación más amplia sobre la literatura en general, las que se circunscriben al estudio de novelas específicas y -menos abundantes- las especializadas en el género novelístico.1 En este último campo, los principales aportes son los de Isaac Felipe Azofeifa, Francisco María Núñez, Rodrigo Solera, Amalia Chaverri y Benedicto Víquez.2
A diferencia de los trabajos anteriores, el presente artículo considera las condiciones de producción novelística en Costa Rica entre 1873 y 1989, desde una perspectiva social y cultural. En vez del carácter literario de las obras, se prioriza, a partir de una cuantificación sistemática, el análisis de las tendencias acerca de su distribución temporal y geográfica, el medio empleado para publicarlas -periódicos, revistas o libros- y el número de ediciones y traducciones que alcanzaron. Los dos últimos indicadores permiten aproximarse a su desempeño comercial en el mercado local, en ausencia de datos sistemáticos sobre el tamaño de los tirajes y a su inserción internacional. Con respecto a la autoría, se consideró a los escritores en términos de su nacionalidad y género, la edad a la que publicaron la primera novela, así como su ocupación, escolaridad y productividad.
Un enfoque de este tipo resulta novedoso en América Central, dado que los estudios sobre la novelística de la región se han concentrado en su dimensión literaria. Sin embargo, desde hace algún tiempo trabajos acordes con la perspectiva de este artículo se han realizado en otros países. De los publicados en años recientes, cabe destacar el libro de Hebe Beatriz Molina acerca de la novela argentina entre 1838 y 1872, el artículo de Daiana Gârdan en relación con el uso de métodos cuantitativos para analizar la novelística rumana del período 1900-1940 y el de Troy J. Bassett sobre el ascenso y declive de la novela británica de tres volúmenes durante el siglo XX.3
El argumento central de este artículo es que la producción de novelas en Costa Rica estuvo fuertemente condicionada por las limitaciones de un mercado cultural que, durante la mayor parte del período analizado, obligó a quienes incursionaron en este género literario a asumir los costos de impresión y comercialización de sus textos. Pese a que esta situación empezó a cambiar de 1960 en adelante con la fundación de editoriales públicas y la implementación de políticas que fomentaban la lectura de la novelística costarricense, la demanda resultante -con pocas excepciones- fue insuficiente para permitir que los escritores pudieran vivir de los derechos de autor. Al final, esto supuso que publicaran poco y que sus libros raramente se editaran más de una vez.
Se parte de 1873 pues en este año circuló la primera novela original que se publicó en Costa Rica (Emelina, de Luis Martín y de Castro), y se finaliza en 1989 porque, por entonces, estaba en marcha ya un proceso de expansión y diversificación de la actividad editorial que llevó a un crecimiento sin precedente en el número de novelas. Al abarcar un período tan amplio, se puede observar mejor cómo la producción novelística fue influenciada por las grandes transformaciones que experimentó la sociedad costarricense, desde la implementación de las reformas liberales a finales del siglo XX, hasta la puesta en práctica de iniciativas desarrollistas a mediados del XX -las cuales supusieron una creciente intervención del Estado- y el giro hacia políticas de libre mercado luego de la profunda crisis económica de 1980.
Las principales fuentes utilizadas para identificar las novelas, extraer la información bibliográfica correspondiente y obtener datos de quienes las escribieron fueron los aportes ya mencionados de Azofeifa, Núñez, Solera, Chaverri y Víquez. Sus estudios fueron revisados, corregidos y ampliados con base en la recopilación sobre narrativa costarricense que Luis Dobles-Segreda publicó en 1930 y las reseñas de cien novelas costarricenses escritas por José Fabio Garnier, difundidas por el periódico La Nación en 1949, las cuales fueron reunidas y reeditadas en 2017 por Mario Oliva (2017).4 Además, se consultaron los catálogos del Sistema Nacional de Bibliotecas (Sinabi, 2023), el Sistema de Bibliotecas, Información y Documentación de la Universidad de Costa Rica (Sibdi, 2023), el Sistema de Información Documental de la Universidad Nacional (Siduna, 2023) y el de WorldCat (2023).5 También se tuvo acceso a los recursos en línea del Tribunal Supremo de Elecciones (tse, 2023) y de FamilySearch (2023), que posibilitaron verificar los nombres, la nacionalidad y las fechas de nacimiento y defunción de los autores.6
Dado que los estudiosos de la literatura costarricense discrepan acerca de los criterios para definir qué es una novela y no se dispone aún de un registro exacto y completo de todas las obras de tal índole, este artículo emplea un concepto amplio y flexible de novela, en términos de su extensión y estructura. Se procedió de esta forma para recuperar las que, en el período 1873-1989, fueron catalogadas como “novelitas”, “noveletas” y “novelinas” debido a su corta extensión, así como las que incorporan formas de organización y estilos poco convencionales. Amplitud y flexibilidad se aplicaron también a quienes las escribieron, por lo que se consideraron tanto las obras dadas a conocer en el país como en el exterior por foráneos radicados en Costa Rica, de modo temporal o permanente y las publicadas por costarricenses en el extranjero, independientemente de si vivieron allí por poco tiempo o emigraron de manera definitiva. Por fuera se dejaron únicamente las novelas inéditas y aquellas de las que sólo se publicó un pequeño fragmento, la mayoría de las cuales podrían estar perdidas para siempre.
Finalmente, es oportuno aclarar que la revisión de publicaciones periódicas, efectuada por los estudiosos de la literatura costarricense, está lejos de ser exhaustiva, en especial para el período 1870-1949, cuando fue frecuente -debido al limitado desarrollo de la actividad editorial en el país-, que se recurriera a periódicos y revistas para dar a conocer novelas. Por lo tanto, es posible que las investigaciones futuras aporten nuevos títulos al género. De ser así, no parece probable que estas adiciones sean tantas que modifiquen, de forma significativa, las tendencias estadísticas aquí analizadas, pero entretanto tal incertidumbre se despeja, conviene advertir acerca del carácter provisional de los hallazgos del presente artículo.
Ciclos y condiciones de producción
La fiebre por la lectura de novelas, que en otras partes del mundo occidental fue un fenómeno de finales del siglo xviii, se manifestó en Costa Rica después de la independencia de España (1821). Los principales consumidores de este género literario fueron los jóvenes -incluidas las mujeres- pertenecientes a familias urbanas acomodadas. Según los anuncios periodísticos, los catálogos de las librerías y los inventarios sucesorios, las obras leídas eran predominantemente europeas -sobre todo francesas-, con una preferencia por las publicadas de 1800 en adelante. Aunque algunas de estas novelas empezaron a ser serializadas por los periódicos josefinos desde 1846, fue necesario esperar hasta 1869 para que en Costa Rica se publicara la primera novela en formato de libro.7 En este año, por iniciativa del español Alejandro Cardona Llorens, la tipografía estatal imprimió Danaë de Bernard-Adolphe Granier de Cassagnac, originalmente dada a conocer en Francia en 1840. Poco después, esa misma tipografía produjo la primera novela original publicada en Costa Rica: Emelina. Escrita por el médico, masón y emigrado político cubano, Luis Martín y de Castro, circuló en 1873.8
Sin duda, Danaë y Emelina fueron experiencias aisladas, pero esta última supuso el comienzo de la producción novelística en el país que, desde entonces, tuvo que lidiar con el hecho de que las pequeñas audiencias de lectores estaban habituadas al consumo de novelas extranjeras y no a las producidas localmente. Además, el mercado potencial para estas obras era pequeño no sólo por el escaso número de habitantes -de 259 875 a 887 850 personas entre 1900 y 1950-,9 sino porque se trataba de una población mayoritariamente rural, dedicada a actividades agrícolas.10 Ciertamente, desde finales del siglo XX Costa Rica tenía altos índices de alfabetización, pero la escolaridad era muy limitada: en 1941 sólo el 4,2% de la población de 13 a 17 años tenía acceso a la enseñanza secundaria y 0,8% de los jóvenes de 18 a 24 años a la universitaria.11
De acuerdo con la Figura 1, es posible identificar tres ciclos principales de producción novelística en el país, para los cuales se localizaron 331 novelas escritas por 164 personas. El primero se ubicó entre 1870 y 1929 y se caracterizó por una tendencia sostenida al crecimiento, tanto en lo que respecta al número de obras dadas a conocer como a la cantidad de escritores que por vez primera incursionaron en este género literario. Los incrementos principales correspondieron a los treinta años iniciales del siglo XX, cuando fueron publicados 91 textos y 45 individuos debutaron como novelistas. Estas cifras representaron el 27,5% de las obras que circularon en todo el período bajo estudio y 27,4% de quienes las escribieron.

Fuente: Dobles, Índice bibliográfico; Azofeifa, “Signo y ventura”; Núñez, Itinerario; Solera, “La novela”; Chaverri, “Génesis y evolución”; Víquez, “El arte literario”; Garnier, Cien novelas; Sinabi “Catálogo”; Sibdi, “Catálogo”; Siduna, “Catálogo”; WorldCat, “Advanced Search”.
Figura 1 Costa Rica: novelas producidas por década y novelistas según el decenio en que publicaron su primera obra (1870-1989).
Se observa un segundo ciclo de producción novelística entre 1930 y 1969, durante el cual prevaleció una tendencia a la disminución y al estancamiento: empezó con una contracción significativa tras el colapso de la Bolsa de Valores de Nueva York en 1929 y el inicio de la Gran Depresión; siguió luego una recuperación en el decenio de 1940, más importante en términos del número de personas que por vez primera publicaron novela que en lo que respecta a la cantidad de obras dadas a conocer; y finalizó con una nueva reducción que se prolongó durante los veinte años siguientes. En las décadas de 1950 y 1960, el principal círculo de novelistas del país, articulado en torno del Partido Comunista de Costa Rica fundado en 1931, enfrentó condiciones hostiles, debido a las persecuciones desatadas tras el conflicto armado de 1948 y la intensificación del anticomunismo asociado con la Guerra Fría.12 Al considerar el período en su conjunto, se advierte que los máximos alcanzados en el decenio de 1920 únicamente fueron superados a partir de 1970.
El tercer ciclo de producción novelística se ubicó precisamente de 1970 a 1989, cuando fueron impresas 131 obras y 66 personas publicaron una novela por vez primera. Tales cifras representaron el 39,6% de todas las novelas y el 40,2% de quienes las escribieron. La expansión ocurrida en estos veinte años tuvo por escenario una profundización de las políticas desarrollistas implementadas desde mediados del siglo XX, las cuales redujeron la pobreza y promovieron la movilidad social ascendente.13 Fue en este contexto que el mercado cultural se amplió y diversificó no sólo como resultado de la industrialización sustitutiva de importaciones y una creciente urbanización, sino del incremento demográfico: de 1 962 941 a 2 594 604 habitantes entre 1973 y 1984.14 De modo paralelo, la cobertura de la enseñanza secundaria pasó de 33,7% en 1969 a 62,6% en 1980 y, entre esos mismos años, la de la educación universitaria ascendió de 5,1% a 14,9%.15
Aunque Costa Rica se hundió en una grave crisis económica a partir de 1980,16 no se redujo el número de novelas publicadas ni disminuyó la cantidad de personas que incursionaron por vez primera en este género, como ocurrió en la década de 1930, en el contexto de la Gran Depresión. Tal diferencia se explica, en parte, porque la institucionalidad cultural y educativa del país, expandida y diversificada a partir de 1970 con la fundación de más universidades estatales y de un nuevo ministerio,17 fue decisiva para amortiguar el impacto del colapso de la economía; pero también es preciso considerar las condiciones específicas que caracterizaron la producción novelística y cómo variaron entre inicios y finales del siglo XX.
Según la Figura 2, la expansión inicial de la novelística costarricense dependió, de manera decisiva, de su inserción en publicaciones periódicas. De las 108 obras que circularon entre 1870 y 1929, el 50% lo hizo en periódicos y revistas culturales; en contraste, durante el período 1930-1989, cuando fueron dados a conocer 223 títulos, tal proporción se redujo al 3,1%, lo que supuso una contracción de 46,9 puntos porcentuales. Al diferenciar la producción de esta forma, se puede precisar mejor el impacto de la Gran Depresión, dado que el número de novelas dadas a conocer por entregas disminuyó un 85%, entre el decenio de 1920 y el de 1930, mientras que el de las que fueron impresas como libro descendió un 33,3%.

Fuente: Dobles, Índice bibliográfico; Azofeifa, “Signo y ventura”; Núñez, Itinerario; Solera, “La novela”; Chaverri, “Génesis y evolución”; Víquez, “El arte literario”; Garnier, Cien novelas; Sinabi “Catálogo”; Sibdi, “Catálogo”; Siduna, “Catálogo”; WorldCat, “Advanced Search”.
Figura 2 Costa Rica: novelas por década según que fueran publicadas en periódicos y revistas o como libros (1870-1989).
La práctica de dar a conocer novelas en periódicos y revistas se explica porque, de 1870 a 1959, la cultura de la publicación en Costa Rica estuvo dominada por las imprentas. Aunque de manera esporádica algunas de estas empresas podían recibir manuscritos con el propósito de dictaminarlos antes de decidir si los financiarían, lo usual era que los autores tuvieran que asumir los costos de la impresión y, posteriormente, los de la distribución y la comercialización de los libros. Desde el decenio de 1900 hubo esfuerzos por crear editoriales privadas, pero fueron limitadas y tendieron a priorizar la reproducción de literatura extranjera, más que a promover la costarricense. Además, algunas de estas tempranas casas editoras, constituidas con base en las tipografías existentes, solían cobrar por publicar, como se desprende de los comentarios que a veces hacían los propios escritores al prologar sus obras.18
Fue sólo a partir de 1959 que la actividad editorial en el país empezó a modernizarse: en dicho año, el Estado creó la Editorial Costa Rica,19 a la que se sumó, en 1968, la Editorial Universitaria Centroamericana (Educa), con sede en la capital costarricense y dependiente del Consejo Superior Universitario Centroamericano (Csuca).20 Además, en 1971 se estableció el Ministerio de Cultura, Juventud y Deportes, que pronto dispuso de su propio Departamento de Publicaciones,21 y de 1975 a 1979, la Universidad de Costa Rica y las nuevas instituciones públicas de enseñanza superior fundadas por entonces -el Instituto Tecnológico de Costa Rica (1971), la Universidad Nacional (1973) y la Universidad Estatal a Distancia (1977)- inauguraron sus propias casas editoras.22
De las novelas que circularon como libro en la década de 1960, las editoriales estatales concentraron el 36,4%; de las dadas a conocer entre 1970 y 1979, imprimieron el 41,7% y de las correspondientes al período 1980-1989, produjeron el 45,6%. Al pagar a las personas derechos de autor, no cobrarles por publicar y asumir la comercialización y el bodegaje de los títulos, estas casas editoras presionaron a sus contrapartes privadas a que comenzaran a modernizar sus prácticas. A su vez, la proporción de novelas producidas por las imprentas, donde persistió la cultura de que el escritor costeara todo el proceso, disminuyó de 31,8% en el decenio de 1960, a 31,7% en el de 1970 y a 5,9% en el de 1980.
Nacionalidad y género
Al considerar la producción de novelas según la nacionalidad de los escritores (véase la Tabla 1), se observan dos tendencias claras. La primera consiste en que, de 1873 a 1929, quienes nacieron fuera de Costa Rica tuvieron una participación importante en tal proceso, al concentrar el 20,4% de las 108 novelas dadas a conocer en este período y representar el 26,9% de las 52 personas que las escribieron. En lo que respecta al género, las cuatro mujeres foráneas superaron ampliamente a sus diez contrapartes masculinas en términos proporcionales, dado que publicaron el 75% de todos los textos femeninos (en el sentido de haber sido escritos por mujeres) y representaron el 66,7% de las autoras; en el caso de los hombres extranjeros, esas proporciones apenas ascendieron al 13,7% y al 21,7%.
Tabla 1 Costa Rica: novelas impresas en el país y publicadas por costarricenses y foráneos residentes en el exterior según nacionalidad y género de los autores por período (1870-1989)
| Década | Novelas | Autores | ||||||||
| Costarricenses | Extranjeros | Total | Costarricenses | Extranjeros | Total | |||||
| F | M | F | M | F | M | F | M | |||
| 1870-1879 | 1 | 1 | 1 | 1 | ||||||
| 1880-1889 | 5 | 5 | 3 | 3 | ||||||
| 1890-1899 | 9 | 2 | 11 | 1 | 2 | 3 | ||||
| 1900-1909 | 2 | 14 | 2 | 1 | 19 | 1 | 8 | 2 | 11 | |
| 1910-1919 | 1 | 22 | 1 | 4 | 28 | 1 | 8 | 1 | 4 | 14 |
| 1920-1929 | 33 | 6 | 5 | 44 | 16 | 1 | 3 | 20 | ||
| 1930-1939 | 18 | 1 | 19 | 6 | 1 | 7 | ||||
| 1940-1949 | 8 | 18 | 2 | 28 | 4 | 11 | 2 | 17 | ||
| 1950-1959 | 4 | 19 | 23 | 3 | 7 | 10 | ||||
| 1960-1969 | 7 | 15 | 22 | 4 | 8 | 12 | ||||
| 1970-1979 | 9 | 44 | 2 | 6 | 61 | 3 | 17 | 1 | 6 | 27 |
| 1980-1989 | 16 | 50 | 2 | 2 | 70 | 9 | 27 | 2 | 1 | 39 |
| Total | 47 | 247 | 13 | 24 | 331 | 25 | 112 | 7 | 20 | 164 |
Fuente: Dobles, Índice bibliográfico; Azofeifa, “Signo y ventura”; Núñez, Itinerario; Solera, “La novela”; Chaverri , “Génesis y evolución”; Víquez, “El arte literario”; Garnier, Cien novelas; Sinabi, “Catálogo”; Sibdi, “Catálogo”; Siduna, “Catálogo”; WorldCat, “Advanced Search”; FamilySearch, “Search Historical Records”; tse, “Consultas civiles”. F = mujeres, M = hombres.
Prevaleciente a partir de la década de 1930, la segunda tendencia se caracterizó por la pérdida de relevancia de los foráneos: desde entonces y hasta 1989, dieron a conocer el 6,7% de las 223 novelas publicadas en tal período y representaron el 11,6% de las 112 personas que las escribieron. En comparación con el período 1873-1929, su participación se redujo en 13,7 puntos porcentuales con respecto a las obras y en 15,3 puntos porcentuales en lo atinente a los autores. De nuevo, las mujeres extranjeras aventajaron a sus contrapartes masculinas, pero ahora en menor escala y sólo parcialmente, pues concentraron el 8,3% de los textos femeninos y representaron el 11,5% de las escritoras, mientras que en el caso de los hombres las proporciones correspondientes ascendieron al 6,3% y al 11,6%.
De las 14 personas foráneas que publicaron novelas entre 1873 y 1929, seis eran españolas, dos guatemaltecas, dos colombianas y las cuatro restantes eran de origen ecuatoriano, cubano, puertorriqueño y alemán, respectivamente. La procedencia latinoamericana se acentuó a partir de 1930, pues de los 13 extranjeros que dieron a conocer obras entre este año y 1989, tres provenían de España, tres de Panamá, dos de Colombia y el resto se distribuyó entre Alemania, Argentina, Chile, Guatemala y Honduras. Sólo uno de los escritores del primer período, Máximo Soto Hall de Guatemala, publicó una obra que alcanzó alguna repercusión literaria internacional: El problema (1899), que introdujo el tema del imperialismo de Estados Unidos en América Latina;23 en el segundo, la única novela que captó un amplio interés externo fue Breve historia de todas las cosas (1975), del bogotano Marco Tulio Aguilera.24
Si bien los datos anteriores evidencian que la nacionalización de la novelística costarricense fue desigual, también resalta que el género jugó un papel diferenciado en tal proceso. Nacionalizar la novela se aunó con la masculinización de su producción, una tendencia iniciada en la década de 1880, en el contexto de la construcción cultural de la nación, que tuvo por eje la recuperación de la guerra de 1856-1857 contra los filibusteros al mando del estadounidense William Walker y la conversión del soldado Juan Santamaría en héroe nacional.25 En1888, el abogado Manuel Argüello, sobrino del expresidente Juan Rafael Mora -líder de la movilización militar contra Walker-, publicó por entregas en Costa Rica Ilustrada, las novelas “El huerfanillo de Jericó” y “Risas y llanto. Escenas de la vida en Costa Rica”. Dicha revista reimprimió de nuevo esta última en 1890 y, en 1899, circuló la versión definitiva en forma de libro, pero con un título diferente: Misterio.26
Nacido en 1834, Argüello fue uno de los jóvenes que creció durante la temprana fiebre por la lectura de novelas. De 1888 a 1899, dio a conocer ocho títulos más, que sentaron la base para una novelística masculina que reivindicaba la recién construida identidad nacional, al tratar costumbres y temas asociadas con la historia de Costa Rica, incluido el conflicto bélico de 1856-1857. La experiencia femenina al respecto fue más tardía: en 1904, circuló en el periódico alajuelense El Poás la obra “La pastora de los ángeles”, ambientada en España y escrita por la española Caridad Salazar. Poco después María Fernández -hija del abogado y político liberal Mauro Fernández y de la institutriz británica Ada Le Cappellain-, nacionalizó la novela femenina al publicar en la revista teosófica Virya los textos “Zulai” (1908) y “Yontá” (1909), que romantizaban el pasado indígena desde una perspectiva esotérica.27
Aunque el proceso de nacionalización fue similar, en el sentido de que la iniciativa de un extranjero por producir novela fue seguida por el esfuerzo de un costarricense con ese mismo propósito, los resultados difirieron en dos aspectos fundamentales. Por un lado, Fernández no elaboró narrativas nacionalistas y por el otro, su incursión en el género no supuso el inicio de una corriente sostenida de obras escritas por sus coterráneas. De hecho, hubo que esperar a 1918, una década después de que Fernández debutara como novelista, para que María Isabel Carvajal -más conocida como Carmen Lyra- diera a conocer la novela En una silla de ruedas;28 pero tal contribución fue una experiencia aislada, ya que fue sólo a partir de 1940 que una novelística femenina autóctona empezó a desarrollarse, al concentrar el 30,8% de los textos publicados por personas nacidas en el país en dicho decenio.
De esta forma, entre 1873 y 1939, a una novelística masculina tempranamente nacionalizada, se contrapuso una producción femenina predominantemente extranjera, fenómeno que sólo empezó a variar de 1940 en adelante, pero sin que la ventaja de los hombres se redujera de modo significativo. Tal rezago histórico contribuye a explicar que de las 294 novelas dadas a conocer por costarricenses entre 1888 y 1989, sólo el 16% fue escrito por mujeres. Si bien desde el decenio de 1960 su participación aumentó de forma sostenida en números absolutos, en términos relativos no ocurrió lo mismo. Tras alcanzar un 31,8% de las obras publicadas en dicha década, su representación descendió al 17% en la de 1970 y, aunque en la de 1980 ascendió al 24,2%, no recuperó el nivel previo, un indicador de que los varones tendieron a dominar las nuevas oportunidades de publicación surgidas en el último tercio del siglo XX.
Edades, ocupaciones y escolaridad
Rogelio Sotela, poeta y primer estudioso de la literatura costarricense, introdujo el concepto de generación para periodizar la producción al respecto.29 Su estrategia, que consistió en utilizar el año de nacimiento de los escritores como criterio diferenciador, fue replicada posteriormente por otros investigadores y -con algunas adiciones y adaptaciones- todavía se utiliza.30 Aquí esa dimensión generacional se recupera, pero a partir de una perspectiva distinta: la edad a la que la persona dio a conocer su primera novela. Mediante esta metodología, es posible determinar en qué etapa del ciclo de vida debutó el autor en el género novelístico, un dato fundamental para abordar luego el asunto de la productividad.
Antes de considerar los resultados, se debe señalar que contienen una ligera imprecisión ya que, aunque se dispone de la fecha de nacimiento de las personas, se desconoce cuándo se terminó de imprimir las obras, debido a que la mayoría carecen de colofón. Por lo tanto, la edad a la que los autores publicaron su primera novela es exacta en unos casos, pero en otros sería aproximada. Dado que de los 164 novelistas sólo 27 (16,5%) se ubican en los años de final o inicio de cada uno de los grupos de edad en que fue organizada la Tabla 2, el impacto de este sesgo, aun si se supone que todos esos casos fueron afectados, es mínimo y no altera, de modo significativo, las tendencias que de seguido se van a analizar.
Tabla 2 Costa Rica: novelistas según edad a la que publicaron su primera obra por período y género (1870-1989)
| Período | Grupos de edad | Total | |||||||||||
| 19 y menos | 20-29 | 30-39 | 40-49 | 50-59 | 60 y más | ||||||||
| F | M | F | M | F | M | F | M | F | M | F | M | ||
| 1870-1879 | 1 | 1 | |||||||||||
| 1880-1889 | 2 | 1 | 3 | ||||||||||
| 1890-1899 | 2 | 1 | 3 | ||||||||||
| 1900-1909 | 1 | 4 | 3 | 1 | 2 | 11 | |||||||
| 1910-1919 | 6 | 1 | 1 | 3 | 1 | 2 | 14 | ||||||
| 1920-1929 | 5 | 6 | 5 | 1 | 1 | 2 | 20 | ||||||
| 1930-1939 | 1 | 2 | 3 | 1 | 7 | ||||||||
| 1940-1949 | 2 | 5 | 4 | 1 | 2 | 1 | 1 | 1 | 17 | ||||
| 1950-1959 | 1 | 1 | 3 | 2 | 1 | 2 | 10 | ||||||
| 1960-1969 | 1 | 3 | 2 | 1 | 5 | 12 | |||||||
| 1970-1979 | 3 | 1 | 7 | 2 | 5 | 4 | 1 | 4 | 27 | ||||
| 1980-1989 | 1 | 2 | 4 | 8 | 1 | 6 | 2 | 9 | 3 | 3 | 39 | ||
| Total | 7 | 4 | 33 | 13 | 35 | 6 | 28 | 4 | 17 | 5 | 12 | 164 | |
Fuente: Dobles, Índice bibliográfico; Azofeifa, “Signo y ventura”; Núñez, Itinerario; Solera, “La novela”; Chaverri , “Génesis y evolución”; Víquez, “El arte literario”; Garnier, Cien novelas; Sinabi, “Catálogo”; Sibdi, “Catálogo”; Siduna, “Catálogo”; WorldCat, “Advanced Search”; FamilySearch, “Search Historical Records”; tse, “Consultas civiles”. F = mujeres, M = hombres.
De acuerdo con la Tabla 2, la novelística en Costa Rica empezó como una actividad en la que competían hombres jóvenes, de mediana edad y próximos a la vejez. Tal escenario, que prevaleció entre 1873 y 1899, se modificó de 1900 en adelante, cuando los varones de 29 años y menos empezaron a dominar el proceso, un liderazgo que se intensificó en la década de 1920, al concentrar estos grupos el 57,9% de los nuevos cuadros masculinos. En el decenio de 1930 tales categorías etarias empezaron a ser superadas por quienes tenían de 30 a 49 años. La ventaja alcanzada por estos últimos se mantuvo hasta 1989, con la particularidad de que sus competidores inmediatos no fueron los jóvenes, sino quienes alcanzaban los 50 años o más.
Si entre 1873 y 1929 quienes dieron a conocer su primera novela a los 29 años y menos representaron el 56,5% de todos los escritores hombres, de 1930 a 1989 esa proporción se redujo a 16,3%, para una contracción de 40,2 puntos porcentuales. Al considerar el asunto desde una perspectiva de género, se observa una diferencia significativa: en la primera etapa, no hubo autoras menores de 30 años que produjeran novelas, un fenómeno explicable, sobre todo, por la cultura de la publicación que prevalecía en tal época, que implicaba aportar o conseguir los fondos necesarios para financiar la producción de las obras. Para las mujeres era más difícil cumplir con estas condiciones debido a su limitada inserción en el mercado laboral asalariado y a que sus ingresos, si los tenían, eran más bajos;31 además, podían estar controlados por sus parientes varones, sobre todo por los maridos en el caso de las casadas. En el segundo período, la participación femenina correspondiente a esos grupos de edad fue levemente superior a la de sus contrapartes masculinas: 15,4%.
La tendencia al incremento en la edad a que se publicó la primera novela se explica por dos factores principales: la ocupación y la escolaridad. En relación con el primero, la Tabla 3 muestra que, de 1870 a 1949, las ocupaciones de los 66 novelistas varones se distribuyeron así: 39,4% periodistas, 15,2% educadores (maestros de escuela o profesores de colegio), 13,6% estudiantes, 12,1% profesionales (abogados, médicos, farmacéuticos ingenieros y agrónomos), 6,1% empresarios, 1,5% académicos y 12,1% dedicados a otras actividades (tres sacerdotes, dos técnicos especializados, un artista, un homeópata y un militar). Dado que quienes ejercían el periodismo y la docencia no requerían cursar una carrera universitaria, solían insertarse más rápido en el mercado laboral tras finalizar la segunda enseñanza y cursar, si es que iban a desempeñarse en las aulas, alguna especialización normalista. Por tanto, desde muy jóvenes podían disponer de recursos propios para financiar la impresión de sus obras. Además, a los que trabajaban en periódicos y revistas, se les facilitaba divulgarlas -por entregas- en tales medios.
Tabla 3 Costa Rica: novelistas según ocupación al publicar la primera obra por período y género (1870-1989)
| Período | Ocupaciones | Total | |||||||||||||
| Académico | Educador | Empresario | Estudiante | Periodista | Profesional | Otros** | |||||||||
| F | M | F | M | F | M | F | M | F | M | F | M | F | M | ||
| 1870-1879 | 1 | 1 | |||||||||||||
| 1880-1889 | 1 | 1 | 1 | 3 | |||||||||||
| 1890-1899 | 3 | 3 | |||||||||||||
| 1900-1909 | 2 | 2 | 1 | 2 | 2 | 1 | 1 | 11 | |||||||
| 1910-1919 | 2 | 3 | 6 | 1 | 2 | 14 | |||||||||
| 1920-1929 | 3 | 1 | 6 | 5 | 1 | 1 | 3 | 20 | |||||||
| 1930-1939 | 1 | 4 | 2 | 7 | |||||||||||
| 1940-1949 | 1 | 1 | 1 | 2 | 1 | 1 | 5 | 2 | 1 | 2 | 17 | ||||
| 1950-1959 | 1 | 2 | 2 | 1 | 2 | 2 | 10 | ||||||||
| 1960-1969 | 3 | 2 | 1 | 1 | 1 | 2 | 1 | 1 | 12 | ||||||
| 1970-1979 | 2 | 5 | 2 | 2 | 1 | 2 | 3 | 7 | 3 | 27 | |||||
| 1980-1989 | 4 | 7 | 1 | 6 | 1 | 2 | 1 | 1 | 5 | 7 | 4 | 39 | |||
| Total | 9 | 15 | 8 | 21 | 2 | 9 | 1 | 13 | 2 | 36 | 26 | 10 | 12 | 164 | |
Fuente: Dobles, Índice bibliográfico; Azofeifa, “Signo y ventura”; Núñez, Itinerario; Solera, “La novela”; Chaverri , “Génesis y evolución”; Víquez, “El arte literario”; Garnier, Cien novelas; Sinabi, “Catálogo”; Sibdi, “Catálogo”; Siduna, “Catálogo”; WorldCat, “Advanced Search”; FamilySearch, “Search Historical Records”; tse, “Consultas civiles”. F = mujeres, M = hombres.
Mención aparte merece el caso de los estudiantes: de las nueve personas en esta categoría, con una edad promedio de 19,9 años, seis habían iniciado la carrera de Derecho, dos cursaban Ingeniería Civil y uno la de Odontología. De este grupo, cinco escritores dieron a conocer su novela en revistas o periódicos y cuatro como libro. Tal distribución no sólo corrobora la importancia que tuvieron las publicaciones periódicas en ampliar las opciones de los jóvenes para circular sus tempranas incursiones novelísticas, sino la dimensión de clase que tuvo dicho proceso, dado que quienes podían contratar los servicios de una imprenta pertenecían a sectores urbanos pudientes.
En el período 1950-1989, la ocupación de los 66 novelistas varones cambió de forma significativa: los profesionales (además de los antes indicados arquitectos, psiquiatras, microbiólogos, economistas e ingenieros náuticos) representaron 27,2%, académicos 21,2%, educadores 16,7%, periodistas 15,1%, empresarios 7,6%, estudiantes 6,1% y una proporción igual los dedicados a otras actividades (un agente de viajes, un artista, un técnico especializado y un zapatero). Puesto que durante esta época las carreras de enseñanza y periodismo empezaron a ser impartidas por las universidades y la competencia por tener acceso a la educación superior y alcanzar el título respectivo se intensificó, los jóvenes concentraron sus esfuerzos en graduarse y consolidar una posición laboral en el campo de su especialización, más que en novelar. A esto también contribuyó que los periódicos perdieron interés en publicar novelas por entregas y las revistas culturales se redujeron al mínimo de 1930 en adelante.32
Al analizar la experiencia femenina, resulta claro que, hasta 1949, las escritoras estuvieron del todo ausentes en las categorías de académicos y profesionales, alcanzaron una participación exigua en las de empresario, periodista y estudiante, y se concentraron en las de educadores y otras actividades (tres amas de casa). Entre 1950 y 1989, el cambio principal consistió en el ascenso de las que ejercían la docencia universitaria, mientras que, en las dedicadas a diversos quehaceres, confluyeron tres ocupadas en labores del hogar, igual cantidad de empleadas públicas y una técnica especializada. De modo similar a sus contrapartes masculinas, las amplias y nuevas opciones de profesionalización que se abrieron para las mujeres, en particular de 1970 en adelante, implicaron una competencia intensificada por tener acceso a la enseñanza superior, graduarse e insertarse en el mercado de trabajo de sus especialidades, lo que supuso postergar sus iniciativas novelísticas.
Para abordar el asunto de la escolaridad, se elaboró la Tabla 4, que sintetiza el nivel educativo máximo logrado por las personas, independientemente de si llegaron a graduarse (la mayoría sí lo hizo). De los 66 novelistas varones del período 1870-1949, el 48,5% alcanzó la segunda enseñanza, el 45,4% la universitaria y el 6,1% restante realizó estudios intermedios de carácter normal o técnico. En el caso de las diez mujeres, cinco tenían secundaria, cuatro ingresaron a la educación superior -dos lo hicieron en el extranjero, una en Europa y otra en Estados Unidos- y una era normalista. La profunda desigualdad de género en el acceso a este último nivel educativo hasta 1939 se explica porque en 1888 se clausuró la Universidad de Santo Tomás, abierta en 1843.33 Aunque permaneció activa la Escuela de Derecho, a la que se sumaron la Facultad de Farmacia (1897) y la Escuela Nacional de Agricultura (1926), el país sólo volvió a disponer de una institución similar en 1940, al fundarse la Universidad de Costa Rica.34
Tabla 4 Costa Rica: novelistas según escolaridad al momento de publicar la primera obra por período y género (1870-1989)
| Período | Escolaridad | Total | |||||||||
| Primaria | Secundaria | Normalista | Técnica | Universitaria | |||||||
| F | M | F | M | F | M | F | M | F | M | ||
| 1870-1879 | 1 | 1 | |||||||||
| 1880-1889 | 1 | 2 | 3 | ||||||||
| 1890-1899 | 3 | 3 | |||||||||
| 1900-1909 | 2 | 4 | 1 | 4 | 11 | ||||||
| 1910-1919 | 1 | 6 | 1 | 6 | 14 | ||||||
| 1920-1929 | 1 | 10 | 2 | 1 | 6 | 20 | |||||
| 1930-1939 | 3 | 4 | 7 | ||||||||
| 1940-1949 | 1 | 5 | 1 | 3 | 7 | 17 | |||||
| 1950-1959 | 1 | 1 | 1 | 1 | 1 | 5 | 10 | ||||
| 1960-1969 | 2 | 1 | 1 | 4 | 4 | 12 | |||||
| 1970-1979 | 4 | 1 | 1 | 1 | 3 | 17 | 27 | ||||
| 1980-1989 | 1 | 1 | 2 | 1 | 1 | 7 | 26 | 39 | |||
| Total | 1 | 3 | 8 | 39 | 3 | 4 | 1 | 4 | 19 | 82 | 164 |
Fuente: Dobles, Índice bibliográfico; Azofeifa, “Signo y ventura”; Núñez, Itinerario; Solera, “La novela”; Chaverri , “Génesis y evolución”; Víquez, “El arte literario”; Garnier, Cien novelas; Sinabi, “Catálogo”; Sibdi, “Catálogo”; Siduna, “Catálogo”; WorldCat, “Advanced Search”; FamilySearch, “Search Historical Records”; tse, “Consultas civiles”. F = mujeres, M = hombres.
De 1950 a 1989, la situación se modificó de forma decisiva. En lo que respecta a los 66 novelistas hombres, el 78,8% tuvo acceso a la educación universitaria, el 10,6% a la secundaria y una proporción igual se dividió entre quienes no sobrepasaron la primaria y los que hicieron estudios normales o técnicos. Al considerar lo ocurrido con las 22 mujeres, se encontró que 68,2% ingresó a la universidad, 13,6% apenas cursó la segunda enseñanza y el 18,2% restante se repartió entre las que únicamente fueron a la escuela y las que recibieron una formación técnica o normalista. Curiosamente, mientras la mayoría de las personas se profesionalizaba e intelectualizaba, por vez primera hubo algunas que sólo alcanzaron la escolaridad mínima.
José León Sánchez, uno de los novelistas que apenas asistió a la primaria, fue uno de los pocos que logró vivir de sus derechos de autor. Cuando se encontraba prisionero en la cárcel de San Lucas, Sánchez escribió La isla de los hombres solos: publicada de manera artesanal en 1963, se tiraron cien ejemplares, pero sólo sobrevivieron unos pocos, pues el resto fue destruido por orden del director del presidio. Después de algunos tirajes realizados en Costa Rica, la obra fue impresa por Novaro en México y se convirtió en la novela costarricense más vendida a escala internacional: agotó decenas de ediciones en la década de 1970; además, en 1974 fue adaptada al cine por el director mexicano-cubano René Cardona.35
La experiencia de Sánchez, aparte de evidenciar la desconexión entre la intelectualización de los novelistas y el éxito comercial, es relevante porque muestra cuán difícil era, a falta de un mercado suficientemente amplio, que la novelística se profesionalizara. En un país con sólo 2 981 936 habitantes en 198936 y una clara preferencia por la lectura de novelas extranjeras que persiste aún en el presente,37 los escritores debían dedicarse a otras ocupaciones para poder mantenerse. De este modo, novelar se consolidó -en una época en que la esperanza de vida ascendió de 55,6 a 72,6 años entre 1950 y 1980-38 como una actividad realizada en la madurez, en las proximidades de la jubilación o al inicio de la vejez.
Productividad y desempeño comercial
Al ubicarse la publicación de la primera novela en una etapa cada vez más tardía del ciclo de vida de las personas, en un país donde sólo por excepción era posible vivir de los ingresos generados por los derechos de autor, la productividad se mantuvo baja. Los datos al respecto se sintetizan en la Tabla 5; sin embargo, previo a considerarlos, se debe aclarar que, para el cálculo correspondiente, se utilizaron, aparte de las 331 novelas publicadas entre 1870 y 1989, 91 obras más dadas a conocer después de 1990, escritas por quienes debutaron como novelistas antes de tal año. Fue indispensable hacer esta adición para recuperar la producción completa de los que empezaron a novelar de 1940 en adelante.
Tabla 5 Costa Rica: novelistas según el número de novelas que publicaron por período y género (1870-1989)
| Período | Número de novelas publicadas | Total | |||||||||||
| 1 | 2-3 | 4-5 | 6-7 | 8-9 | 10 y más | ||||||||
| F | M | F | M | F | M | F | M | F | M | F | M | ||
| 1870-1879 | 1 | 1 | |||||||||||
| 1880-1889 | 1 | 2 | 3 | ||||||||||
| 1890-1899 | 2 | 1 | 3 | ||||||||||
| 1900-1909 | 2 | 2 | 5 | 1 | 1 | 11 | |||||||
| 1910-1919 | 2 | 7 | 3 | 1 | 1 | 14 | |||||||
| 1920-1929 | 1 | 13 | 2 | 3 | 1 | 20 | |||||||
| 1930-1939 | 7 | 7 | |||||||||||
| 1940-1949 | 2 | 7 | 1 | 3 | 1 | 1 | 2 | 17 | |||||
| 1950-1959 | 1 | 5 | 1 | 1 | 1 | 1 | 10 | ||||||
| 1960-1969 | 1 | 3 | 2 | 1 | 1 | 2 | 2 | 12 | |||||
| 1970-1979 | 2 | 12 | 2 | 5 | 3 | 1 | 2 | 27 | |||||
| 1980-1989 | 7 | 14 | 5 | 2 | 7 | 2 | 2 | 39 | |||||
| Total | 16 | 74 | 6 | 27 | 6 | 16 | 2 | 9 | 2 | 3 | 3 | 164 | |
Fuente: Dobles, Índice bibliográfico; Azofeifa, “Signo y ventura”; Núñez, Itinerario; Solera, “La novela”; Chaverri , “Génesis y evolución”; Víquez, “El arte literario”; Garnier, Cien novelas; Sinabi, “Catálogo”; Sibdi, “Catálogo”; Siduna, “Catálogo”; WorldCat, “Advanced Search”. F = mujeres, M = hombres.
De 1870 a 1939, de 53 novelistas varones, el 62,3% publicó sólo una obra, proporción que se redujo al 55,6% entre los 28 autores del lapso 1940-1969 y descendió al 51% en el caso de los 51 escritores de los años 1970-1989. En lo que respecta a las mujeres de la misma condición, su participación ascendió a 50% en el primer período (6 autoras), bajó al 36,4% en el segundo (11 novelistas) y subió a un 60% en el tercero (15 escritoras). Así, alrededor de la mitad de los casos analizados correspondieron a novelistas de una sola obra; por consiguiente, se trató de experiencias aisladas. Producir novelas de forma sistemática fue algo excepcional, por lo que sólo el 4,5% de los hombres y el 6,3% de las mujeres dieron a conocer ocho títulos o más. Nótese, además, que los máximos masculinos alcanzados antes de 1920 sólo se repitieron en el decenio de 1970.
En el período 1870-1939, el escritor más prolífico fue Luis Barrantes, quien dejó Costa Rica en la década de 1900 para radicar en Ecuador y Chile, antes de asentarse definitivamente en Argentina, donde laboró como periodista para la prensa católica.39 Allí publicó catorce títulos a partir de 1917 (la mayoría en el decenio de 1920). Su elevada productividad se explica porque fue un destacado colaborador de la serie La Novela del Día, que circulaba semanalmente en formato de revista.40 Con respecto a los años 1940-1989, el liderazgo en la productividad correspondió a Marino Ramírez, un técnico agrícola que desempeñó diversas ocupaciones y empezó a financiar la publicación de sus propios libros a partir de 1978; posteriormente, en 2007, creó su propia editorial: Industrias Marino. Al 2020, Ramírez había publicado 125 títulos, de los cuales 40 son novelas.
Caridad Salazar, una española nacida en la Islas Canarias y cuya familia emigró a Costa Rica en 1872, fue la escritora que más novelas publicó en el período 1870-1939: cinco títulos de 1904 a 1927, de los cuales tres circularon en revistas y periódicos y dos en forma de libro.41 A su vez, entre 1940 y 1989 la producción femenina fue liderada por Carmen Naranjo. Estratégicamente vinculada con el Partido Liberación Nacional -entre otros cargos que desempeñó, fue embajadora en Israel, ministra de Cultura, Juventud y Deportes y directora de Educa-,42 Naranjo dio a conocer nueve novelas de 1966 a 2000 (una de las cuales la escribió en colaboración con Graciela Moreno).
La baja productividad de la novelística costarricense también se explica por su limitado atractivo comercial, un asunto que se analizará con base en el número de veces que fueron impresas las obras publicadas entre 1870 y 1989. Con tal propósito, se consideraron también las ediciones efectuadas de 1990 al presente. Según la Tabla 6, de 115 novelas escritas por hombres y dadas a conocer de 1870 a 1939, el 46,1% fue impreso sólo una vez, proporción que descendió al 38,9% de los 54 títulos que circularon entre 1940 y 1969 y ascendió al 53,9% de los 102 textos que lo hicieron en las décadas de 1970 y 1980. En el caso de las mujeres, la participación respectiva descendió del 50% en el primer período al 36,8% en el segundo y al 20,7% en el tercero, lo que muestra un mejor desempeño femenino en esta categoría; en contraste, en los intervalos más altos, la ventaja correspondió a los varones.
Tabla 6 Costa Rica: novelas según el número de ediciones que alcanzaron por período y género (1870-1989)
| Período | Número de ediciones | Total | |||||||||||
| 1 | 2 | 3-4 | 5-6 | 7-9 | 10 y más | ||||||||
| F | M | F | M | F | M | F | M | F | M | F | M | ||
| 1870-1879 | 1 | 1 | |||||||||||
| 1880-1889 | 2 | 1 | 1 | 1 | 5 | ||||||||
| 1890-1899 | 6 | 2 | 3 | 11 | |||||||||
| 1900-1909 | 1 | 4 | 1 | 3 | 1 | 3 | 1 | 1 | 2 | 2 | 19 | ||
| 1910-1919 | 10 | 1 | 10 | 2 | 1 | 1 | 1 | 2 | 28 | ||||
| 1920-1929 | 5 | 21 | 10 | 1 | 3 | 1 | 2 | 1 | 44 | ||||
| 1930-1939 | 9 | 5 | 1 | 1 | 3 | 19 | |||||||
| 1940-1949 | 4 | 6 | 4 | 3 | 2 | 2 | 2 | 5 | 28 | ||||
| 1950-1959 | 2 | 10 | 3 | 1 | 1 | 1 | 5 | 23 | |||||
| 1960-1969 | 1 | 5 | 2 | 3 | 2 | 1 | 3 | 1 | 2 | 2 | 22 | ||
| 1970-1979 | 1 | 25 | 4 | 15 | 2 | 4 | 2 | 3 | 1 | 1 | 1 | 2 | 61 |
| 1980-1989 | 5 | 30 | 3 | 14 | 5 | 6 | 4 | 1 | 1 | 1 | 70 | ||
| Total | 19 | 129 | 15 | 67 | 12 | 25 | 8 | 12 | 2 | 15 | 4 | 23 | 331 |
Fuente: Dobles, Índice bibliográfico; Azofeifa, “Signo y ventura”; Núñez, Itinerario; Solera, “La novela”; Chaverri , “Génesis y evolución”; Víquez, “El arte literario”; Garnier, Cien novelas; Sinabi, “Catálogo”; Sibdi, “Catálogo”; Siduna, “Catálogo”; WorldCat, “Advanced Search”. F = mujeres, M = hombres.
Consideradas en su conjunto, de las 331 novelas que circularon entre 1870 y 1989, el 44,7% sólo se editó una vez, 24,8% dos veces, 11,2% de tres a cuatro veces y 19,3% restante cinco veces y más. En tales circunstancias, era prácticamente imposible labrarse una carrera como novelista profesional, de modo que, tras la primera incursión en el género, el 56,1% de los varones y el 50% de las mujeres optaron por abandonarlo (véase la Tabla 5). Clodomiro Picado, el más importante científico costarricense del siglo XX, definió con una frase lapidaria la situación que caracterizaba el comercio de obras en el país a mediados de la década de 1930: “en Costa Rica resulta más difícil deshacerse de un libro que hacerlo”.43
El diagnóstico de Picado mantuvo su validez hasta inicios del decenio de 1970, cuando el Ministerio de Educación Pública y las universidades estatales, a instancias de la Editorial Costa Rica, empezaron a incluir libros costarricenses como lecturas obligatorias en los programas de estudios.44 Tal iniciativa institucional, en un contexto de acelerada expansión en las coberturas de la enseñanza secundaria y superior, creó una demanda sin precedente para la novelística producida en el país y amplió su consumo de forma decisiva. Según se observa en la Tabla 6, las obras publicadas de 1970 a 1989 fueran las más editadas, en números absolutos, de todas las que circularon durante el período analizado.
Para precisar mejor el comportamiento del mercado para la novela, se elaboró la Tabla 7, que considera el número de años transcurridos entre la primera y la segunda edición. De las 62 obras masculinas impresas de 1880 a 1939, sólo 14,5% volvió a circular al año o antes; de las 33 que circularon entre 1940 y 1969, apenas el 9,1% lo hizo; y de las 47 correspondientes a los años 1970-1989, un 19,2% se ubicó en tal categoría. En el caso de las mujeres, la participación respectiva fue de 33,3% en el primer período, en el segundo se redujo a 12,5% y en el tercero descendió al 4,3%. Tales datos corroboran el impacto que tuvo el incentivo institucional de incorporar obras costarricenses a las lecturas obligatorias de la educación secundaria y universitaria, una iniciativa que favoreció más a los hombres.
Tabla 7 Costa Rica: novelas publicadas más de una vez según los años transcurridos entre la primera y la segunda edición por período y género (1880-1989)
| Período | Años entre la primera y la segunda edición | Total | |||||||||||
| 1omenos | 2 | 3-9 | 10-49 | 50-99 | 100ymás | ||||||||
| F | M | F | M | F | M | F | M | F | M | F | M | ||
| 1880-1889 | 1 | 1 | 1 | 3 | |||||||||
| 1890-1899 | 3 | 2 | 5 | ||||||||||
| 1900-1909 | 2 | 1 | 3 | 6 | 1 | 1 | 14 | ||||||
| 1910-1919 | 2 | 1 | 3 | 1 | 2 | 4 | 1 | 4 | 18 | ||||
| 1920-1929 | 2 | 1 | 1 | 1 | 4 | 9 | 18 | ||||||
| 1930-1939 | 1 | 1 | 7 | 1 | 10 | ||||||||
| 1940-1949 | 1 | 1 | 1 | 3 | 2 | 9 | 1 | 18 | |||||
| 1950-1959 | 2 | 1 | 2 | 5 | 1 | 11 | |||||||
| 1960-1969 | 4 | 5 | 1 | 5 | 1 | 16 | |||||||
| 1970-1979 | 5 | 1 | 3 | 6 | 8 | 3 | 9 | 35 | |||||
| 1980-1989 | 1 | 4 | 4 | 6 | 6 | 6 | 8 | 35 | |||||
| Total | 4 | 21 | 1 | 10 | 17 | 34 | 16 | 49 | 1 | 22 | 2 | 6 | 183 |
Fuente: Dobles, Índice bibliográfico; Azofeifa, “Signo y ventura”; Núñez, Itinerario; Solera, “La novela”; Chaverri , “Génesis y evolución”; Víquez, “El arte literario”; Garnier, Cien novelas; Sinabi, “Catálogo”; Sibdi, “Catálogo”; Siduna, “Catálogo”; WorldCat, “Advanced Search”. F = mujeres, M = hombres.
Al considerar la información de la Tabla 7 de forma agregada, se observa que, de las 183 novelas que alcanzaron al menos una segunda edición, el 19,7% fueron reimpresas en un plazo de dos años o antes; el 27,9% entre 3 y 9 años, el 35,5% entre 10 y 49 años y el 16,9% a los 50 o más años. De esta forma, la puesta en circulación nuevamente del 52,4% de la novelística considerada respondió menos a la existencia de una efectiva demanda comercial por parte de diversas audiencias de lectores y más a motivaciones de carácter cultural, relacionadas con la recuperación del patrimonio literario del país. En esta tarea, destacaron dos entidades: la Editorial Costa Rica en el período anterior a 1990 y la Editorial Universidad Estatal a Distancia de dicho año en adelante.
Sobre la primera experiencia, que será la única analizada aquí por razones de espacio y por adecuarse más estrictamente al período bajo estudio, los datos disponibles evidencian una cierta tensión entre publicar novelas inéditas, rescatar las que quedaron en el olvido y adquirir los derechos de las que, por ser comercialmente rentables, eran explotadas por sus propios autores u otras casas editoras. De las 110 obras que la Editorial Costa Rica imprimió en el período previo a 1989, sólo 39,1% fueron originales, 29,1% circuló por primera vez entre 1880 y 1939, 22,7% lo hizo de 1940 a 1969 y 9,1% restante en las décadas de 1970 y 1980. Invertir tanto en la recuperación de textos que, al ser dados a conocer varios decenios antes, tuvieron una demanda escasa o nula fue posible porque, por vías institucionales, se les podía asegurar un mercado cautivo, al convertirlos en lecturas obligatorias para la enseñanza secundaria y universitaria.
Con una política que priorizó la recuperación de la obra impresa sobre la publicación de la inédita, el caso de la Editorial Costa Rica muestra por qué las personas de 29 años y menos perdieron tanto espacio en la producción novelística del período 1960-1989. Aparte de competir con los escritores en vías de consolidación, cuyo liderazgo intelectual fue reforzado por los premios que ganaron y por los estudios que se comenzaban a realizar sobre sus textos, los jóvenes tenían que hacerlo con algunos de los autores de épocas anteriores. Debido a la condición de pioneros de estos últimos, sus novelas, al empezar a ser canonizadas por la incipiente investigación académica, se aseguraron una posición estratégica en las prioridades de casas editoras interesadas en construir una tradición literaria, al tender puentes entre el pasado y el presente de la literatura producida en el país.
En relación con los novelistas varones, el más editado fue José León Sánchez, cuya obra antes mencionada, La isla de los hombres solos, alcanzó 85 ediciones entre 1963 y 2020, de las cuales 7 se publicaron en Costa Rica y 78 en el exterior. Por el lado femenino, el liderazgo correspondió a Carmen Lyra: su única novela En una silla de ruedas, fue impresa 26 veces entre 1918 y 2020, en 25 ocasiones en el país y la restante en El Salvador. A diferencia de Sánchez, que pudo disfrutar en vida de los derechos de autor de su texto, Lyra -vinculada con el Partido Comunista- no tuvo esa oportunidad, pues la creciente comercialización de su libro fue posterior a su muerte. Falleció en México en 1949, donde se exilió tras la guerra civil de 1948.45
Internacionalización literaria y centralización geográfica
Los casos de Sánchez y Lyra, aparte de lo ya analizado, introducen la problemática de la internacionalización de la novelística costarricense.
En la Tabla 8, es posible diferenciar tres etapas en relación con el país en que originalmente se publicaron las obras. De 1870 a 1909, prevaleció la producción local; en contraste, entre 1910 y 1959, ocurrió una importante internacionalización: de las 142 obras dadas a conocer entonces, el 29,6% circuló originalmente en el exterior (19 en Argentina, 6 en México, 4 en Chile, 4 en Estados Unidos, 4 en Guatemala, 3 en España, 1 en Cuba y 1 en Alemania). Por último, de los 153 textos correspondientes a los años 1960- 1989, apenas el 13,7% fue impreso en el extranjero (5 en España, 4 en Chile, 3 en Argentina, 4 en México, 2 en Estados Unidos, 1 en Guatemala, 1 en Cuba y 1 en Venezuela), para un descenso de 15,9 puntos porcentuales en comparación con el período previo.
Tabla 8 Costa Rica: novelas según país y provincia de publicación por período y género (1870-1989)
| Período | País de publicación | Provincia de publicación | ||||||||
| Costa Rica | Otros | Total | San José | Otras | Total* | |||||
| F | M | F | M | F | M | F | M | |||
| 1870-1879 | 1 | 1 | 1 | 1 | ||||||
| 1880-1889 | 5 | 5 | 5 | 5 | ||||||
| 1890-1899 | 11 | 11 | 11 | 11 | ||||||
| 1900-1909 | 4 | 15 | 19 | 3 | 15 | 1 | 19 | |||
| 1910-1919 | 2 | 19 | 7 | 28 | 2 | 19 | 21 | |||
| 1920-1929 | 6 | 26 | 12 | 44 | 3 | 20 | 3 | 6 | 32 | |
| 1930-1939 | 15 | 4 | 19 | 15 | 15 | |||||
| 1940-1949 | 4 | 13 | 4 | 7 | 28 | 4 | 13 | 17 | ||
| 1950-1959 | 3 | 12 | 1 | 7 | 23 | 3 | 12 | 15 | ||
| 1960-1969 | 5 | 12 | 2 | 3 | 22 | 5 | 10 | 2 | 17 | |
| 1970-1979 | 9 | 44 | 2 | 6 | 61 | 9 | 42 | 2 | 53 | |
| 1980-1989 | 15 | 47 | 3 | 5 | 70 | 15 | 43 | 4 | 62 | |
| Total | 48 | 220 | 12 | 51 | 331 | 44 | 206 | 4 | 14 | 268 |
Fuente: Dobles, Índice bibliográfico; Azofeifa, “Signo y ventura”; Núñez, Itinerario; Solera, “La novela”; Chaverri , “Génesis y evolución”; Víquez, “El arte literario”; Garnier, Cien novelas; Sinabi, “Catálogo”; Sibdi, “Catálogo”; Siduna, “Catálogo”; WorldCat, “Advanced Search”. F = mujeres, M = hombres. *No incluye las 63 obras publicadas en el exterior.
En la internacionalización literaria de los años 1910-1959, jugaron un papel destacado cinco escritores que, aunque nacieron en Costa Rica, realizaron toda o una parte considerable de su carrera literaria en otros países. Así, de las 42 novelas dadas a conocer en el exterior en este período, el 33,3% fue producto de la pluma de Luis Barrantes, un caso ya previamente analizado, quien se estableció en Argentina a inicios del siglo XX; el 9,5% correspondió a Rubén Darío Contreras -hijo del reconocido poeta nicaragüense Rubén Darío-, asentado también en suelo argentino; la misma proporción le cupo a Pacífica Crespi (conocida como Pachita Crespi), residente en Estados Unidos; el 7,1% a Joaquín Gutiérrez, que vivió por largo tiempo en Chile; y el 4,8% a Álvaro Contreras Vélez, que se trasladó a Guatemala.
Si bien la tendencia central que se desprende de la Tabla 8 singulariza el desplazamiento de un cosmopolitismo temprano por un localismo creciente en la geografía de la publicación, conviene introducir algunas precisiones de índole cualitativa. La primera novela costarricense en ser traducida a otro idioma y -de modo simultáneo- en ser publicada en el exterior, fue El clavel, de Ricardo Fernández-Guardia. Dada a conocer en 1901 como parte del libro Cuentos ticos, luego circuló en inglés por Estados Unidos a partir de 1904.46 Si bien los estudiosos de la literatura de Costa Rica suelen clasificar este texto como un relato, el escritor José Fabio Garnier la definió en 1949 como una “pequeña novela”,47 un enfoque más afín con el concepto de tal género literario prevaleciente a inicios del siglo XX en el país.
Como libro individual y no como parte de una colección de relatos, la primera novela costarricense dada a conocer en el exterior fue El primo, de Jenaro Cardona. Impresa originalmente en San José por la Tipografía Nacional en 1905, circuló luego en España, donde contabilizaba dos ediciones en 1908, una en formato de revista y otra como libro.48 Cardona hizo una contribución adicional a la internacionalización de la literatura de Costa Rica, al convertirse en el primer escritor de su país en ganar un premio en el extranjero: el segundo lugar de un certamen convocado por el Ateneo Nacional de Argentina en 1915. Su obra, La esfinge del sendero, fue publicada en Buenos Aires en 1916.49
Al considerar la internacionalización desde una perspectiva de género, se observa que, de las 63 novelas que circularon fuera de Costa Rica, apenas el 19,1% correspondió a las escritas por mujeres. La ventaja masculina al respecto se explica por las mayores posibilidades que tenían los hombres para vivir en el extranjero: como representantes diplomáticos, por razones de estudio o migración temporal o definitiva, en busca de mejores empleos. La primera autora en dar a conocer sus obras en el exterior y en un idioma distinto del español fue Crespi, quien inauguró la novelística infantil y juvenil con cuatro obras publicadas en Nueva York, entre 1940 y 1946, por las reconocidas editoriales Julian Messner y Charles Scribner’s Sons (dos escritas en colaboración, una con Zhenya Gay y otra con Jessica Lee). Además, en esa ciudad Crespi estableció una galería de arte.50
El carácter más tardío de la internacionalización de la producción femenina se comprueba de nuevo al considerar los resultados de los concursos literarios efectuados fuera el país. La primera novela en ganar un certamen de este tipo fue La ruta de su evasión, de Yolanda Oreamuno, que introdujo la problemática de la violencia doméstica desde una perspectiva femenina. Tal obra, luego de adjudicarse el premio correspondiente a 1948 del Certamen Permanente Centroamericano 15 de Septiembre, convocado por el Ministerio de Educación Pública de Guatemala, fue impresa por la editorial de dicha cartera en 1950.51
De las 63 novelas dadas a conocer originalmente en el exterior, sólo 23 (36,5%) fueron luego reimpresas en Costa Rica; a su vez, de las 268 obras producidas en el país, apenas 35 (13,1%) circularon luego en el extranjero. Con respecto a estos últimos textos, 23 fueron editados en un país, seis en dos países, tres en tres países, uno en cuatro países, uno en ocho países y uno en 19 países. En relación con las traducciones, únicamente 13 novelas fueron vertidas a otras lenguas: nueve a un idioma, dos a dos idiomas, uno a siete idiomas y uno a 13 idiomas. El liderazgo en lo concerniente al número de países y traducciones le cupo a la obra de Carlos Luis Fallas, Mamita Yunai (1941), que denuncia la explotación de los trabajadores bananeros en el Caribe costarricense por parte de la United Fruit Company.52 Su amplia difusión internacional se explica por su inserción en la competencia cultural global entre Estados Unidos y la Unión Soviética durante la Guerra Fría.
Pese a que en la década de 1980 hubo interés por parte de algunas editoriales europeas para traducir la novela de Carmen Naranjo, Diario de una multitud (1974), al italiano y al alemán, tales proyectos, al final, no se materializaron.53 De esta forma, la primera obra femenina costarricense en ser vertida a otro idioma fue A ras del suelo, de la maestra y escritora comunista Luisa González. Dada a conocer en 1970, circuló en inglés, en Estados Unidos, en 1994. Si bien cuando fue publicada en Costa Rica no captó la atención de las casas editoras que tradujeron los libros de Fallas, el texto de González, debido a su dimensión testimonial y su enfoque centrado en las experiencias de una joven perteneciente a la clase trabajadora, recobró vigencia durante la intensificación de la Guerra Fría en América Central en la década de 1980, lo que propició su traducción posterior.54
Según se observa en la Tabla 8, la producción de novelas durante el período analizado permaneció fuertemente centralizada en San José, asiento de la capital y eje de su quehacer cultural e intelectual. De las 268 obras publicadas en el país entre 1870 y 1989, sólo 18 (un 6,7%) circularon en otras provincias. Ocho de estos textos fueron dados a conocer en la década de 1920 en la ciudad de Cartago y siete de ellos fueron producidos por El Heraldo, una tipografía perteneciente a los frailes capuchinos. A partir de este taller y su revista Amenidades, se organizaron varios juegos florales con el propósito deliberado de generar una literatura católica que contrarrestara a las narrativas seculares y liberales.55 Con respecto al lugar de impresión, esta experiencia fue lo más parecido que hubo, durante el período analizado, a una novelística regional.
Las editoriales académicas, pertenecientes a las instituciones públicas de educación superior, centraron su actividad en producir textos especializados, ya fueran tesis elaboradas por sus alumnos o los resultados de las investigaciones realizadas por sus docentes. Debido a esta orientación, las que fueron establecidas fuera de San José en la década de 1970, no jugaron, en el período anterior a 1990, un papel significativo en democratizar, en términos geográficos, la novelística costarricense. Las únicas contribuciones, en este sentido, las hizo la Editorial de la Universidad Nacional entre 1985 y 1986, cuando dio a conocer dos obras premiadas en el Certamen una Palabra, convocado -en los años inmediatamente anteriores a su publicación- por la Facultad de Filosofía y Letras de tal casa de estudios: Kotuma, la rana y la luna, de Rodolfo Dada, y Encendiendo un cigarrillo con la punta del otro, de Carlos Cortés.
Conclusión
La novelística en Costa Rica surgió a finales del siglo XX, en el contexto de la construcción de la identidad nacional. Dado que recibió poco apoyo del Estado, sus condiciones de producción fueron muy limitadas. Fuertemente concentrada en San José, su circulación dependió de la inserción en periódicos y revistas o de que los escritores aportaran o consiguieran los fondos necesarios para imprimir sus obras. A este contexto ya de por sí adverso, se añadió un mercado exiguo, debido no sólo a la reducida población del país, sino a que el acceso a la enseñanza secundaria y universitaria era mínimo. Por si esto fuera poco, las distintas audiencias de lectores preferían la novela importada a la producida localmente.
De 1960 en adelante, las condiciones para novelar mejoraron, al crearse primero y expandirse después un sector editorial público, que posibilitó producir las obras en formato de libro sin que los escritores tuvieran que financiar el proceso de impresión ni asumir los costos asociados con la comercialización. Además, a partir de 1970, mediante una iniciativa institucional se logró expandir el mercado para la novelística del país, al disponerse que algunos de estos textos fueran de lectura obligatoria en la enseñanza secundaria y universitaria, entonces en acelerada expansión de sus coberturas. Pese a su importancia, tal iniciativa no modificó una limitación existente desde finales del siglo XX: sólo por excepción, era posible vivir de los ingresos generados por los derechos de autor.
En tales circunstancias, la práctica de novelar no se profesionalizó, dado que quienes la ejercían tuvieron que dedicarse a otras actividades para lograr mantenerse. Como resultado de este condicionante, la productividad fue baja, una tendencia reforzada porque los escritores, debido a razones laborales o de estudio, postergaron su inicio como novelistas, cada vez más ubicado en la madurez o al empezar la vejez. De esta forma, si de 1940 en adelante más mujeres se incorporaron a la actividad novelística -con lo que la ventaja masculina en este campo se redujo, pero no desapareció-, no ocurrió lo mismo con los jóvenes, que perdieron el liderazgo que tuvieron en este género literario en las primeras décadas del siglo XX.
Aunque de carácter marginal en el contexto de América Latina, la novelística producida en Costa Rica experimentó una temprana internacionalización antes de 1950, debido sobre todo a que varios escritores, que emigraron de forma temporal o definitiva, publicaron sus obras en otros países. En la segunda mitad del siglo XX, esta proyección externa alcanzó una dimensión más profunda como resultado de la competencia cultural entre Estados Unidos y la Unión Soviética durante la Guerra Fría, que posibilitó la traducción a otros idiomas de algunas novelas dadas a conocer por autores de izquierda, en particular Mamita Yunai, de Carlos Luis Fallas. Sin embargo, sólo una obra consiguió abrirse, a partir de su edición en México, un estratégico espacio en el mercado hispanoamericano: La isla de los hombres solos, de José León Sánchez, un logro hasta ahora no superado.










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