Introducción
La oftalmología tiene sus inicios en la era de los egipcios. Estuvo vinculada con la medicina mitológica y la medicina primitiva empírica, y de su práctica nacieron importantes avances y escritos que registraron a lo largo de los años las investigaciones y los descubrimientos realizados por quienes dedicaron especial atención a ello. En el siglo XIX se independizó como especialidad1,2.
En Cuba, los comienzos de la especialidad datan del siglo XVIII e innumerables fueron sus exponentes. Su iniciador fue el italiano Fernando Rivas y le siguieron el alemán Federico Nisen, quien realizó la primera operación de catarata, y el español Fernando Cruzado, que ejerció en Trinidad desde 18271.
Eduardo Finlay Wilson arribó a América para luchar con Bolívar en aras de la liberación de los pueblos de América del Sur y se instaló en Camagüey, donde fue el precursor de un gran legado familiar en la oftalmología, teniendo en cuenta que en 1833 nació su reconocido hijo Carlos J. Finlay Barrés, quien dio continuidad a la obra de su padre y se hizo oftalmólogo. Finlay Barrés legó estudios oftalmológicos, médicos y quirúrgicos; el más destacado de ellos fue el descubrimiento del agente transmisor de la fiebre amarilla. En 1905 fue fundada la cátedra de oftalmología en la Universidad de La Habana por Carlos E. Finlay Shine, hijo de Carlos J. Finlay. En 1839 se creó la primera sala de oftalmología Santa Lucía en el Hospital Militar San Ambrosio, dirigida por el oftalmólogo español José María Morillas, autor de Monografía oftalmológica, la primera obra de la especialidad publicada en Cuba1.
Luis de la Calle fue el primero de la serie de oftalmólogos cubanos preparados en el extranjero. Se dio a conocer en Europa por su tesis de doctorado titulada Del oftalmoscopio, que fue a su vez el trabajo científico más completo que se había publicado desde que Helmhonltz inventó dicho instrumento. Enrique López fue propulsor, organizador y secretario del Primer Congreso Médico Cubano en 1890; fundó la primera Policlínica de Especialidades y su gran obra fue titulada Oftalmología Clínica. Su esposa, Laura Martínez de Carvajal, fue la primera mujer que obtuvo en Cuba el título de Doctora en Medicina, se convirtió en la primera oftalmóloga del país y, junto a López, realizó importantes intervenciones quirúrgicas1,3,4.
Resultó de singular relevancia para la especialidad la presencia del Dr. Juan Santos Fernández Hernández, considerado el padre de la oftalmología en Cuba. Forma parte de la estelar pléyade de galenos cubanos cuyo nombre enaltece y prestigia al gremio. El estudio de su obra de vida constituye una fuente nutricia de valores que han de caracterizar a todo profesional de la salud. Este artículo pretende valorar la obra de vida del Dr. Juan Santos Fernández Hernández.
Desarrollo
Juan Santos Fernández Hernández nació el 22 de julio de 1847 en el ingenio El Atrevido, actual Unión de Reyes, en la provincia de Matanzas, Cuba. En 1867 comenzó sus estudios de medicina en la Real y Literaria Universidad de La Habana, donde estuvo hasta 1869. Como la situación en Cuba no era favorable en ese entonces, tuvo que viajar a Madrid para finalizar sus estudios. En 1872 obtuvo el título de licenciado en el Colegio de Medicina de San Carlos, Madrid5.
Terminación de sus estudios e inicios como especialista
Luego de graduarse de médico se trasladó a París, donde se entrenó como cirujano oftalmólogo hasta 1875. Por merecimiento propio llegó a ser el primer ayudante de Javier Galezowski, el más destacado oftalmólogo en aquella época, a quien en 1879 dedicó la memoria titulada Clínica de las enfermedades de los ojos5,6.
Sus primeras prácticas de médico especialista las realizó en Castillo de Bayuela, provincia de Toledo, España, donde intervino quirúrgicamente en poco tiempo a más de 200 pacientes con catarata. Trabajó junto a De Wecker, Abadie, Desmarres, Panas y Landolt, y fue colaborador de Paul Chibret. El 28 de octubre de 1874 presentó en la Universidad de Barcelona su tesis de doctorado titulada Sobre algunas enfermedades de los ojos. Observaciones clínicas5-7.
Sus prácticas y resultados los recogió en Memorias clínicas, documento que le fue útil para su designación de socio corresponsal de la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, el 14 de marzo de 1875. Poco tiempo después, retornó a Cuba5-8.
Crónica Médico-Quirúrgica de La Habana
En mayo de 1875, fundó la Crónica Médico-Quirúrgica de La Habana. El 14 de mayo de 1876 ingresó como académico de número en esta corporación, a cuyo efecto presentó el trabajo titulado Consideraciones sobre las enfermedades de los ojos observadas en la isla de Cuba durante el año 18755,7-9.
Esta revista ha sido considerada una fuente de consulta indispensable para el conocimiento de las enfermedades, sus antecedentes, evolución y tratamiento en el país. Sus páginas recogen cada evento de carácter científico dentro o fuera de Cuba. Por su contenido, presentación y formato, ganó premios en exposiciones internacionales celebradas en las ciudades de Ámsterdam (1883), París (1900), Buffalo (1901), Charleston (1902) y Saint Louis (1904)7,9.
En ella han quedado plasmadas las firmas de 1 378 autores, entre los que figuran casi todas las personalidades nacionales dedicadas a las ciencias de la salud durante el período 1875-1940. Presentó un total de 4 451 trabajos originales, reproducciones o traducciones durante sus 66 años de andadura. De estos artículos, 680 corresponden al fundador de la revista, el Dr. Juan Santos Fernández Hernández. Aquí se encuentra la mayor parte de su producción científica en oftalmología, hecho que resulta de intangible importancia para quienes cursan la especialidad, la historia de la medicina o para aquellos que realizan estudios bibliométricos7,9.
La contribución de esta revista no se circunscribió únicamente a los escritos en sus columnas, pues impulsó la fundación, en 1887, del Laboratorio Histoquímico Bacteriológico y de Vacunación Antirrábica, tomando como modelo el de Luis Pasteur en París. Este fue el primer laboratorio en América y donde se obtuvo la vacuna antirrábica (1887) antes que en cualquier otra institución del continente, así como el suero antidiftérico (1894-1895). También fue en él donde por vez primera se realizaron en Cuba experimentos histobacteriológicos y químicos, que solo debían cumplir el requisito de ceder a la revista los resultados en ellos obtenidos, a los efectos de hacerlos públicos por su conducto. De ese modo, la labor del Laboratorio Histoquímico Bacteriológico y de Vacunación Antirrábica quedó registrada en las páginas de Crónica Médico-Quirúrgica de La Habana7,9-12.
Cuando se detuvo la edición de la revista, el laboratorio continuó funcionando. Sin embargo, la escasez de recursos económicos y el surgimiento de nuevos laboratorios constituyeron los detonantes para que fuera decayendo hasta que, en 1960, se fusionó con el Instituto de Higiene y desapareció como institución particular7.
Producción científica
En 1879 se presentaron dos de sus libros: Higiene de la Vista, en La Habana, que resultó premiado por la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, y Clínica de Enfermedades de los Ojos. Colección de artículos y memorias sobre Oftalmología, elogiado por el profesor Galezowski y considerado como obra clásica de la oftalmología en América Latina6.
Destaca entre sus artículos Consideraciones de las enfermedades de los ojos observadas en la Isla de Cuba durante 1875, en el cual parece describirse la palidez temporal del disco óptico en la ambliopía alcohólica por primera vez. Relacionado con este tema, también publicó Diagnóstico diferencial entre las ambliopías producidas por el alcohol y el tabaco. La ambliopía de causa etílica fue un tema que estudió profundamente desde 1875, y en su primer trabajo dirigido a la Academia de Ciencias de La Habana afirmó que la ginebra era el licor que más contribuía al padecimiento de dicha enfermedad13.
Publicó tanto en Gaceta Médica de México (órgano oficial de la Academia Nacional de Medicina de México) como en La Escuela de Medicina, Anales de la Oftalmología y Anales de la Asociación Larrey. En esta última revista apareció De la eserina en la operación de catarata, que inicialmente se había publicado en Crónica Médico-Quirúrgica de La Habana. En La Escuela de Medicina apareció en 1895 el artículo La evolución en la operación de la catarata, en el que aborda los trabajos de Daviel, De Graefe y Jacobson, los cambios ocurridos en el siglo XIX en cuanto a la técnica operatoria y la necesidad de analizar dichos adelantos en aras de lograr los mejores resultados para el paciente13.
Fue colaborador de varias publicaciones, como Annals of Ophthalmology, de Chicago, y Anales de Oftalmología, de México. En el primer número de esta última apareció La operación de catarata en los leprosos, en el que menciona al Dr. José Francisco Arango, quien ya había publicado una interesante memoria sobre el tema observado en el Hospital de San Lázaro, en La Habana. Juan Santos Fernández, que realizó la extracción simple de la catarata a un paciente enfermo de lepra, también añade que no se debe negar dicha cirugía a estos pacientes13.
En 1893 colaboró en la obra A Textbook of Ophthalmology con William F. Norris y Charles A. Oliver, la cual cuenta con seis capítulos sobre manifestaciones oftalmológicas en el dengue, el paludismo, la gripe, el cólera, la disentería y la fiebre amarilla. Sobre esta última publicó en La Crónica Oftalmológica, de La Habana, el artículo La pérdida de la vista en la fiebre amarilla, en el que se preguntaba si la pérdida de la visión era causada por la uremia. Escribió, además, sobre el muermo, la tuberculosis y otras enfermedades6,13.
En 1899 redactó para Gaceta Médica de México un trabajo sobre la benignidad de la oftalmía purulenta en algunas regiones, en el que refería que la temperatura reinante intervenía en la malignidad o no al afectar a los recién nacidos13.
En colaboración con profesores europeos y de los Estados Unidos de América, investigó la ceguera producida por la medicación con quinina, en cuyos trabajos realizó la inserción de casos clínicos. Contribuyó, además, con el estudio de la estovaína como anestésico ocular y concluyó que no ofrece ningún peligro y que su uso debe limitarse a las inyecciones subconjuntivales y subcutáneas, pues la cocaína supera su efecto en la instilación ocular13.
En el artículo Exoftalmía por tenonitis reumática hace observaciones sobre la posible inflamación del periostio orbitario y de los tejidos del fondo de la órbita. Investigó, también, sobre el uso del suero equino fisiológico en el tratamiento de la hemeralopía, la que se presentaba a bordo de las embarcaciones que permanecían largo tiempo sin tocar tierra13.
Sus publicaciones con Madan y Enrique López sirvieron para dar a conocer el suceso neurooftalmológico más importante en Cuba, la epidemia de neuropatía, que en su forma óptica afectó la visión de más de 25 000 personas en un año4.
Es de destacar su excelente trabajo y su colección de cuadernos de consulta en Libro de anotaciones de la consulta. En 1918 presentó su libro de memorias, titulado Recuerdos de mi vida, en dos tomos5.
Acumuló casi 2 000 trabajos científicos7, lo cual le convierte en el más prolífico de los académicos cubanos de todos los tiempos en la especialidad que impulsó2.
Otros aspectos de su actividad científica
Juan Santos Fernández participó como vocal en la Junta Superior de Instrucción Pública de la Isla de Cuba, en 1881. En 1877, propulsó la creación de la Sociedad Antropológica de la Isla de Cuba. Fue electo, en 1893, como representante de la Academia en el Primer Congreso Médico Panamericano, que tuvo lugar en Washington, y tres años más tarde resultó electo nuevamente como representante de la Academia en el Segundo Congreso Médico Panamericano, llevado a cabo en Ciudad de México. En 1897 obtuvo la distinción de Miembro de Mérito de la Academia, y en dos ocasiones, entre los años 1897-1899 y 1901-1922, fungió como presidente de la referida institución6,8.
Fundó la Liga contra la Tuberculosis de Cuba, en 1901. Dos años después, en 1903, creó el Comité de la Prensa Médica, de la cual fue su primer presidente. Ejerció como presidente de honor del Primer Congreso Médico Nacional, en 1905, y fue socio fundador de la Sociedad de Medicina Tropical de la República de Cuba, en 1908. En 1911 fue designado presidente del Primer Congreso de la Prensa Médica6.
Gracias a sus méritos como médico-cirujano oftalmólogo, fue aceptado en 1899 como colaborador de Annals of Ophtalmology, de Chicago, y de Anales de Oftalmología, de México. Años más tarde, en 1906, asumió como socio fundador de la Sociedad de Oftalmología Hispanoamericana con sede en Madrid, y en 1907 como vocal del Comité Ejecutivo en La Habana del XVI Congreso Internacional de Medicina, que tuvo lugar en Budapest. En 1916 fue declarado Miembro de Honor de la Sociedad Oftalmológica de Filadelfia, y en 1921, Miembro Corresponsal de la Sociedad Médico-Quirúrgica de Amazonas, en Brasil6.
Labor asistencial
Juan Santos Fernández desplegó una extensa labor asistencial, durante la cual conservó los nombres de sus pacientes y elaboró sus historias clínicas, de modo que consta la atención de un aproximado de 63 500 casos a lo largo de los 50 años que ejerció la profesión. En Cuba estableció su consulta de oftalmología, y sus vastos conocimientos de la especialidad le hicieron merecedor del respeto de sus pacientes y de todos los médicos y personalidades que llegaron a conocerle. Alcanzó un notable prestigio que se extendió por todos los países civilizados de su tiempo. Llegó a ser considerado el más relevante especialista de enfermedades de los ojos en todos los dominios de la metrópolis española, incluida la propia España. A su vez, fue el más conocido en el extranjero durante la segunda mitad del siglo XIX8.
Entre sus pacientes estuvieron José Martí y su madre, Leonor Pérez. La historia clínica de Martí refleja el diagnóstico de «conjuntivitis catarral crónica en ambos ojos» y «flictena conjuntival en el ojo derecho», mientras que la de su madre registra la operación de cataratas que Juan Santos Fernández le realizó en su ojo derecho, el 14 de septiembre de 1896, y en el izquierdo, el 13 de febrero de 1904. Por este motivo, el Apóstol cubano le envió una carta de agradecimiento el 18 de noviembre de 18948.
Partida física y tributos póstumos
El Dr. Juan Santos Fernández Hernández falleció en La Habana, el 6 de agosto de 1922, a los 75 años de edad. El profesor Hirschberg, en su obra Historia general de la oftalmología, le cita varias veces, y el profesor Manz, en su obra El Mundo Médico, se refiere a él dentro de los grandes de la oftalmología mundial6.
En el cuarto aniversario de su fallecimiento, mientras su sobrino, el Dr. Francisco M. Fernández, se desempeñaba como Secretario de Sanidad y Beneficencia, fue construido el pabellón que, en el Hospital General Calixto García, lleva su nombre. Su sobrino donó y trasladó para el nuevo edificio toda la estantería y biblioteca heredada de Juan Santos Fernández, así como su propia biblioteca. También donó algunas piezas museables, entre ellas la primera lámpara de hendidura Gullstrand que vino a Cuba y el estuche de instrumentos quirúrgicos del primer oftalmólogo cubano que se radicó en el país, el Dr. Luis de la Calle Serrano. En la fachada del edificio se colocó un busto de mármol del eminente oftalmólogo. En 1936 se registró la Cátedra de Oftalmología, instalada en el pabellón Juan Santos Fernández; su profesor titular fue el Dr. Carlos E. Finlay Shine, hijo del ilustre científico cubano Dr. Carlos J. Finlay Barrés, quien también ejerciera como oftalmólogo en Cuba8.
Conclusiones
La luminosa obra de vida del Dr. Juan Santos Fernández Hernández le hizo merecidamente acreedor del título de padre de la oftalmología cubana. Sus extraordinarios aportes a la especialidad, en virtud de una intensa labor asistencial y un formidable quehacer científico, le ganaron un cimero escaño entre los más excelsos exponentes de la práctica médica en Cuba y en todo el mundo.









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