Marco referencial
En una “caracterización de fondo” habría que advertir el contexto en que el capitalismo salvaje, más allá de los supuestos de una modernización progresista,3 traduce el problema migratorio como parte del homo sacer4 al que se refiere Giorgio Agamben y por su parte Michel Foucault,5 a través de su inconclusa teoría sobre la biopolítica, advirtiendo que en el actual estado de cosas, subyace un caos, que se traduce, entre otros talantes, en desórdenes poblacionales en donde no sólo la condición identitaria de ciudadano, género u otra, se invisibiliza, sino aún incluso, la propia condición humana cuando millares de seres transitan a espacios distintos de sus orígenes.
Contrario sensu, a los cánones que supondría el derecho de occidente y al decir de Schmitt (…) “no existe ninguna norma que sea aplicable al caos, este debe ser incluido en el orden jurídico”.6
Así, históricamente todos los impactos de la colonización y la modernidad se tradujeron en leyes, es decir, en “legitimación”, que justificó la acumulación originaria del capital, hasta el desempeño contemporáneo del capital financiero, expresado en la reproducción galopante de capital. Que decir, por ejemplo, en el marco de la actual crisis pandémica las exorbitantes ganancias de la industria químico-farmacéutica.
Mas allá del carácter caótico del desenvolvimiento neoliberal y por lo que hace a los sujetos subalternos del planeta, es decir, los sempiternos dominados y explotados, dentro de ellos ciertos núcleos de migrantes, delimito que están a expensas del poder imperante, siguiendo a Foucault como una circunstancia de quien vivirá y quien morirá.
Del tema en estudio
En este trabajo, más allá de delimitar algunos factores fundamentales en que se podrían situar las remociones poblacionales, intento acercarme a ciertos significados de orden eminentemente cultural que explican ya sea aspectos de alienación del trabajador migrante o de posible subsunción y en algunos casos de empoderamiento social en las regiones receptoras en materia de migración. En esta tesitura se delinearán ciertos aspectos que convergen en determinados sectores de la “pequeña burguesía, o clase media” de México que ve en el tránsito poblacional una “opción de vida”.
En nuestros días estamos:
Ante el hecho de que no hay sólo una comunidad de minorías dentro de una sociedad, sino muchas comunidades, que tienden a integrarse pero que mantienen un fuerte sentido de pertenencia en su interior. El problema que se plantea es el de la coexistencia de estas poblaciones dentro de la comunidad que la ha acogido, pero por otro, lo agudiza porque representa el problema a una vasta escala, y la comunidad de acogida se siente aún más amenazada.7
El debido sustento de ciertas determinaciones culturales en los procesos migratorios hace de suyo situar el tema en cuestión como un fenómeno múltiple, diverso y complejo, en cuyo caso el paradigma neoliberal determina diversas aristas para acercarse a esta fenomenología.
A nuestro parecer la delimitación de la cuestión migratoria se ubica en un contexto diverso cultural guardando un punto de inflexión, que contrario sensu a los valores en que se fincó el constitucionalismo liberal y la sustentación de sus derechos fundamentales, es un fenómeno que más bien se cifra en la intolerancia (étnica, o de otra naturaleza), como una especie de “fundamentalismo” y que ha llegado a expresarse bajo circunstancias de índole racista, clasista, sexista, entre otros, y en cuya apariencia la única forma de alternar la vida social, sería a través de aplicar como política del Estado neoliberal -si acaso fuera viable-el denominado multiculturalismo.
Siguiendo a Slavoj Žižek encontramos que dicha visión multicultural del mundo constituye el sustento de que:
(...) vivimos en un universo post ideológico, en el que habríamos superado esos viejos conflictos entre izquierda y derecha que tantos problemas causaron, y en el que las batallas más importantes serían aquellas que se libran por conseguir el reconocimiento de los distintos estilos de vida. Pero ¿y si este multiculturalismo despolitizado fuese precisamente la ideología del actual capitalismo global? De ahí que sea necesario, en nuestros días suministrar una buena dosis de intolerancia, aunque sólo sea con el propósito de suscitar esa pasión política que alimenta a la discordia. Quizás, ha llegado el momento de criticar desde la izquierda esa actitud dominante, ese multiculturalismo, y apostar por la defensa de una renovada politización de la economía.8
Las características tanto del contexto socio político, como de estratificación social y de carácter identitario de las poblaciones migrantes, así como de las poblaciones receptoras, son variadas, ya sea por el tiempo y espacio en el que surcan y se sitúan, o en su caso, también por la cuestión generacional, el sexo, la pertenencia a cierta clase social, o la condición étnica (en el caso mexicano existe un alto índice de población indígena diversa que ha trascendido la frontera del norte).
Bajo esta tesitura, en un primer orden de ideas se establecen algunos parámetros que de manera genérica explican a dichos procesos migratorios, y de manera singular en el segmento poblacional que fundamentalmente corresponde a ciertos estratos de la “clase media o pequeño burguesa”9 de México que ha formalizado su condición migratoria dentro de los EUA, específicamente, “mano de obra” especializada de orden intelectual.
Metodológicamente sitúo un “corte temporal y espacial” en que se ubica tanto la población migrante como la población receptora, lo cual permita delinear el problema en cuestión, es decir, registrar una región en particular del planeta en que subyacen los procesos migratorios delimitando un tiempo determinado, en que se estarían expresando los planteamientos de referencia.
Bajo esta óptica, parto por situar ciertos estudios de caso en que se expresan posibles vertientes del interactuar cultural, así como ubicar determinadas aportaciones en el campo de las economías, cuya aplicación fortalece a un espacio cultural receptor específico delimitando una subsunción de la cultura inmigrante a nuevos espacios vivenciales.
De manera particular, ubico en este estudio los procesos migratorios que durante la última década disponen a México como país expulsor y a los EUA como país receptor.
No está por demás señalar que la diáspora poblacional mexicana es una de las más altas del mundo, superando a países como la India.10
Finalmente discurren en este estudio dos aspectos que considero son trascendentales, por un lado, el empoderamiento de determinados movimientos migratorios, es decir que el tratamiento de las traslaciones poblacionales no tan sólo reflejaría una compulsión social derivada principalmente por el ensanchamiento del capitalismo salvaje,11 sino de igual manera cómo un fenómeno de conciencia y por otro, la cuestión de la subsunción cultural de quienes inmigran.
Desarrollo
(…) desde entonces,
una isla de tumbas y jardines pillados
ha drenado refugiados del lodo,
obreros oscuros como el barro migrando hacia el Norte.
Martín Espada12
Como una circunstancia estructural de las socioeconomías latinoamericanas y particularmente de México, tradicionalmente el tránsito poblacional migrante converge fundamentalmente en el ámbito que corresponde a ciertos sujetos o clases sociales, algunos de ellos concebidos como subalternos en el campo mexicano, como lo son ciertos sectores de jornaleros, indígenas, campesinos pobres, aparceros o simplemente “desheredados de la tierra”, no está por demás precisar que la cuestión agraria mexicana, ha adquirido caracteres dramáticos en el actual contexto neoliberal, más de seis millones de jóvenes cuya edad fluctúa entre los 16 y 26 años carecen de medios de subsistencia, sin mayor porvenir que el de migrar, para integrarse en la vorágine del trabajo jornalero (esto en el “mejor de los casos”, para quienes alcanzan a ser sub contratados),13 en donde las transnacionales y latifundistas les expolian, bajo circunstancias inherentes a la nueva esclavitud, o inclusive, situarse en los márgenes del narcotráfico, como así acontece en algunos estados de la República Mexicana.
Resulta trascendente la idea de subalterno, en los procesos migratorios para situar no tan sólo procesos de movilidad social alienantes, que nos enmarcarían el papel que le asigna por ejemplo, Zigmunt Baumann,14 al migrante como un sujeto que pierde su condición humana, hasta su “liquidez”, sino de igual manera establecer ciertas circunstancias señaladas tanto por Antonio Gramsci, como por la corriente crítica de la Filosofía, como así correspondió con la Escuela de Frankfurt en su primera etapa, a través de Walter Benjamin.15 Es decir, que los núcleos sociales migrantes, también han traducido su interactuar a través del empoderamiento y ciertas rupturas sociales. Vale la pena recordar retrospectivamente, el caso de ascendencia mexicana a partir de las luchas jornaleras y sindicalistas encabezadas por César Chávez en EUA.16
En este tenor encontramos por ejemplo estudios de caso como el desarrollado por Alejandro Portes el cual señala en el seguimiento de una entrevista:
En el Instituto, Carlos participa en el movimiento estudiantil chicano de Aztlán (MECHA). El mismo se considera chicano y se identifica con La Raza. Su padre, según la señora Muñoz, también se identifica como chicano, pero ella se considera más bien mexicana, porque “aunque soy ciudadana estadounidense, soy mexicana porque allá fue donde nací… Ahora que ya está metido con la MECHA, tiene ganas de luchar por algo”.17
De igual manera encontramos sujetos de extracción urbana marginal, como así corresponde a las villas miseria, o zonas marginadas, que subyacen en las periferias urbanas más importantes de México, en esta tesitura se ubica gran parte de la zona conurbada a la CDMX, conforme a datos del INEGI18 resulta significativo, el Municipio de Ecatepec tratándose básicamente de cesantes y núcleos depauperados de la sociedad que, ante el “vaivén de sus oficios”, no encuentran más alternativa que el tránsito poblacional, sea estacionario o quizás, definitivo, ya sea en el propio territorio nacional, o hacia los EUA.
Y bajo otra contrastación y de muy distinta extracción social, encontramos a ciudadanos mexicanos fundamentalmente incrustados en las llamadas clases medias o pequeña burguesía, que cuentan en algunos casos, con estudios no tan solo profesionales, sino de posgrado.
Más allá de las circunstancias inherentes al subdesarrollo, en que se ubican estos núcleos sociales, como son entre otras, las de garantizar un empleo profesional digno, se trata en la mayoría de los casos de sujetos subalternos, que conscientemente se incorporan a la otra cultura, y de quienes hipotéticamente establezco subyace un proceso de subsunción en el esquema del american way of life, ante las contradicciones en que se podría cifrar su porvenir en México.
El miedo de los miembros de esta clase media es el de acabar formando parte de las filas de los excluidos. La expresión más clara de este deseo de Occidente desarrollado. (Los que se quedan en su país intentan crear tristes copias de la prosperidad occidental), como son las partes “modernizadas” de cualquier metrópoli del tercer mundo.19
De manera que este tipo de migrante -el intelectual- es subalterno en tanto se emancipa a sus condiciones de vida en un paradigma (el mexicano, de la segunda década del siglo XXI) en el cual las expectativas del trabajo intelectual guardan grandes limitaciones. Y, por otro lado, la incorporación de esta población como migrante en los EUA, los coloca en una condición de subsunción social, es decir adaptar a su devenir social los patrones de vida de la sociedad receptora.
Ciertos circuitos económicos, algunos aspectos de la población migrante
Desde el punto de vista cuantitativo las posibles aportaciones económicas y culturales de las clases y núcleos subalternos de México, que han migrado en los últimos años a los EUA, han sido relativizadas por ciertos teóricos en virtud de que lo consideran como un problema que endógenamente, está determinando la agudización de determinadas contradicciones socioeconómicas, óptica desde la cual subyacen apreciaciones de índole racista,20 en esta tesitura encontramos por ejemplo, el señalamiento de George Borjas, Lawrence Katz y Richard Freeman, de la Universidad de Harvard, que al decir de Rodolfo García plantean:
(…) las oleadas de inmigrantes poco cualificados tienen efectos negativos sobre los salarios de la población trabajadora estadounidense con menor nivel educativo. Para esos autores, el crecimiento de la inmigración mexicana desde 1980, caracterizada por su bajo nivel educativo, aumenta las diferencias salariales en EUA, ya que son responsables de que hayan disminuido los ingresos relativos de los trabajadores autóctonos de menor calificación. Estiman que, entre 1980 y 2000, todos los trabajadores estadounidenses perdieron, en promedio, cerca de 3% del valor real de sus salarios debido a la inmigración. Y la pérdida habría sido de 9% entre los trabajados autóctonos menos cualificados.21
En realidad este tipo de apreciaciones son de índole subjetiva, ya que existen importantes frutos económicos para los EUA, en primer término, la captación de cierta fuerza de trabajo que se eslabona en las cadenas productivas en espacios laborales que son evidentemente requeridos en la economía norteamericana, como lo son fundamentalmente el trabajo agrícola y jornalero, guardando como ejemplo los territorios del medio Oeste de los EUA, o el trabajo fabril, en cuyo caso encontramos el corredor transfronterizo de las “ciudades gemelas”22 en las que subyacen infinidad de maquiladoras, o por otro lado, el área de servicios y de la construcción, en este tenor se ubican datos elaborados por Jorge Bustamante los cuales advierten la importancia de la fuerza de trabajo mexicana en los EUA.23
Así encontramos que en los EUA:
La inmigración incrementa el PIB por persona y la productividad: un aumento de 1 punto porcentual del porcentaje de inmigrantes en la población adulta hace subir el PIB por persona de las economías avanzadas hasta 2% a lo largo del tiempo (…).
Pero el eslabonamiento acerca de estos frutos para los EUA converge en un enlace que transita en el contexto del mercado, es decir los migrantes como consumidores en el mercado interno de artículos de primera necesidad y sus concomitantes servicios, como transportación, servicios médicos, y en ocasiones educativos, entre otros.24
Christensen, G., Matthew Gardner, E. Hill, Wiehe, del Instituto de Fiscalía y Política Económica (itep por sus siglas en inglés).25
(…) estiman que los inmigrantes indocumentados en EUA, como consumidores de bienes y servicios y contribuyentes, aportan colectivamente $11.74 mil millones por concepto de impuestos estatales y locales, cálculo que incluye más de $7 mil millones de impuestos de venta y sobre el consumo, $3.6 mil millones de impuestos sobre la propiedad, y $1.1 mil millones de impuestos sobre la renta. Señalan que, bajo una reforma migratoria integral, sus contribuciones podrían aumentar hasta $2.18 mil millones de dólares, lo que amentaría su tasa impositiva efectiva de 8 a 8.6%.26
Otro aporte o frutos que aportan la población inmigrante a la economía de los EUA corresponde a los impuestos:
El supuesto de que los inmigrantes indocumentados son una carga para EUA es refutado por la investigadora Francine J. Lipman al mostrar cómo entre 1996 y 2003 los migrantes indocumentados aportaron 50 mil millones de dólares en impuestos. Para ella, en la mayoría de los casos, los inmigrantes indocumentados pagan, en iguales circunstancias, más impuestos que los legales y los ciudadanos estadounidenses. Es decir, ellos, además de pagar sus impuestos, soportan una carga impositiva mayor que el resto de los ciudadanos con un nivel económico semejante, debido a que están excluidos de devoluciones y compensaciones fiscales por su estatus migratorio irregular.27
Finalmente, el encadenamiento de procesos económicos en beneficio a los EUA se cierra en el ámbito fiduciario, y del envío de capitales, es decir a través de algunos bancos y empresas dedicadas a la remisión de las ya tan “afamadas remesas”,28 así encontramos el ámbito complementario del circuito el cual constituye y en muy buena medida un beneficio socio-económico de amplia magnitud por lo que hace a las familias de estos núcleos explotados de la sociedad capitalista norteamericana. No está por demás señalar que:
En 2020 llegaron cuarenta mil seiscientos siete millones de dólares por remesas a México. Este monto equivale a más de 875 mil millones de pesos, lo que supera el presupuesto federal de México aprobado para 2021 de las Secretarías de Educación Pública, Salud, Trabajo y Previsión Social, Bienestar y Cultura en su conjunto.29
Estos datos, al tiempo que resultan “halagadores” guardan como epicentro un cúmulo de contradicciones socio económicas en cuyas circunstancias subyace la ignominia y la sinrazón de un Estado … el mexicano, que no habría dotado a sus ciudadanos de las capacidades indispensables para su desarrollo, por el contrario, encontramos que desde el periodo post cardenista se obró bajo criterios de marginación y olvido con los grupos y clases subalternas de la sociedad, en donde la depauperación de quienes abandonaron el país habría sido producto de un sistema capitalista oprobioso.
Al tiempo que identificamos que el arribo de las llamadas remesas constituye un elemento atenuador de las graves contradicciones sociales y económicas enmarcadas en el neoliberalismo en México, habría también que advertir el sentido vindicatorio y cultural que constituye para muchos de estos migrantes indígenas regresar a patrones identitarios propios, a través de sus lealtades y reciprocidades con sus familias, amigos, y comunidades de origen, entre otras circunstancias.
Algunos elementos respecto del trabajador migrante intelectual
El segundo tejido poblacional, se sitúa en un sector social que podríamos definir como “privilegiado”, en virtud de haber desarrollado estudios universitarios, el que irónicamente obtuvo los beneficios de contar con una profesión y, aún incluso con un posgrado en México, mientras que el provecho de este proceso se gestó en el contexto de la sociedad norteamericana.30
Al igual que en diversas latitudes de Latinoamérica, en México, contar con estudios profesionales no representa una garantía de empleo, si bien habría que establecer un análisis más profundo que advirtiera debidamente la radiografía social en que se ubica este sector poblacional, existen determinados núcleos de egresados universitarios a los cuales en el proemio de este trabajo denominé como “clase media o pequeño burguesía” que en la prospectiva del posible, desempleo o subempleo, eslabonan determinados canales de mediación que les procesan en el ámbito de las universidades norteamericanas vía sistema institucional, de becas, o en su defecto a través de las becas del sistema de intercambio que competen tanto al gobierno de los EUA, como al Conacyt de México
Valga señalar que en gran medida la población migrante de este núcleo humano ha correspondido esencialmente a egresados de las universidades y centros de estudios superiores de carácter público. De manera tal por lo que hace a México, que el Estado que le brindó educación a este sector poblacional, como resultado de la riqueza generada en el país, transitó fundamentalmente como “mano de obra” especializada y altamente cualificada a los EUA, entre otros países,31 en esta prospectiva son evidentes las desventajas para México en virtud de lo que representa que estos cuadros técnicos, humanistas y científicos, confluyan a diversas latitudes del planeta (esencialmente a los EUA).
El estudio intitulado “Transformar a México con Innovación”, reveló que 1.2 millones de mexicanos altamente calificados o con formación de posgrado se han marchado del país entre 1990 y 2015.32
Atraen los EUA a los científicos, tecnólogos y especialistas que le hacen falta para cubrir sus propias necesidades. A este fenómeno migratorio se le ha llamado brain drain o “drenaje de cerebros”. El control del proceso migratorio lo tienen los países del Norte, quienes otorgan visas, pero ya no masivamente, sino solamente a los que ellos seleccionan.33
El presidente de la Confederación Nacional de Profesionistas y Jóvenes de México, Silvio Octavio García delimitó:
que conforme a datos del último informe emitido por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) entre 2015 y 2017 un total de 866 mil mexicanos han emigrado de nuestro país, entre ellos, científicos, técnicos y personal altamente calificado.34
Algunas prospectivas socio culturales y la migración
Sin lugar a duda, la recuperación del elemento cultural en las diversas vertientes de los procesos migratorios guarda heterogéneas complicaciones, en virtud de lo cual delimito que, en este trabajo, dada su importancia, me sitúo en el significado de cultura que ha dado de alguna manera un giro en las explicaciones de las diversas disciplinas humanísticas y que ha dado lugar, entre otros aspectos, a la configuración de la llamada corriente filosófica post modernista.35
En un primer acercamiento encuentro el contexto en el que se insertan las clases subalternas que han migrado a los EUA, aspecto que en términos generales y desde la sociología rural y la antropología los dimensiona como poblaciones fundamentalmente rurales, como mencionábamos, de extracción campesina-indígena, y en algunos casos ciertas poblaciones remanentes de origen jornalero, en los tres casos se trata de una población ante la cual el Estado no sólo fue insensible, sino incluso les invisibilizó como así se delimita en el caso específico de los 68 pueblos indígenas.
Intentar un acercamiento a las simbolizaciones identitarias que culturalmente expresan estos núcleos humanos constituye un reto, fundamentalmente por las condiciones lacerantes en que el sistema capitalista, les ha colocado.
Al igual que Hannah Arendt36 concibo que la identidad cultural no se puede ceñir a un solo enfoque, es decir todos los humanos guardamos en un mismo tiempo y espacio diversas identidades,37 de ahí que situar tan solo los patrones culturales, “macro, o generales”, como puede la de índole político y jurídico, es decir, el sentido identitario de pertenencia a una Nación lo cual puede fundarse en criterios subjetivos, dicho enmarque identitario ha sido criticado por Béjar Navarro acerca de los espejismos en que se congrega una sola identidad por ejemplo aquella que corresponde a ciertos modus vivendi de lo que concebimos como “lo mexicano”.38
Más allá de esta problemática inherente a los sistemas culturales de estos núcleos explotados de la sociedad, es importante partir del criterio desarrollado por García Canclini en la tesitura de que toda cultura guarda un contenido híbrido, y que mejor parámetro de esta hibridez que la vivencia del migrante en los EUA.
Al decir de Néstor García Canclini encontramos que:
Una tercera línea de hipótesis sugiere que esta mirada transdisciplinaria sobre los circuitos híbridos tiene consecuencias que desbordan la investigación cultural. La explicación de por qué coexisten culturas étnicas y nuevas tecnologías, formas de producción artesanal e industrial, puede iluminar procesos políticos; por ejemplo, las razones por las que tanto las capas populares como las élites combinan la democracia moderna con relaciones arcaicas de poder. Encontramos en el estudio de la heterogeneidad cultural una de las vías para explicar los poderes oblicuos que entreveran instituciones liberales y hábitos autoritarios, movimientos sociales democráticos con regímenes paternalistas, y las transacciones de unos con otros.
Ya en el terreno específico de la población migrante, encontramos en el marco socio cultural, una hegemonía reinante la norteamericana que depara en el racismo y que comprime las posibilidades de alternancia, intercultural, es decir ser migrante significa ser otro, más específicamente, “el otro” o incluso “lo otro, sin embargo existen determinados puntos de contacto, influencias de las clases subalternas, ahora migrantes, que al tiempo que representan mediaciones simbólicas de resistencia identitaria constituyen vehículos de interlocución y de aprendizajes conjuntos, en esta tesitura se sitúan diversos ambientes de la cotidianeidad norteamericana en ciudades del Sur y sobre todo de la frontera, en que se proyectan aspectos de la cultura popular mexicana e indígena, correspondientes a la gastronomía, la medicina tradicional, las artesanías o el arte popular, los cuales incluso se manifiestan en determinadas latitudes de ciertos medios televisivos, radiofónicos y de la internet.39
Por otro lado, ciertos patrones de vida cifrados en la ética protestante y en el american way of life, se trasladan vía los procesos migratorios a determinadas regiones de México, en esta tesitura son conocidas las adaptaciones arquitectónicas por ejemplo, en la región mixteca de los Estados de Puebla, Guerrero y Oaxaca, que realizan los migrantes a sus inmuebles, en donde se estila el origen “californiano”, por otro lado, la vuelta a otras concepciones religiosas cifradas en núcleos promotores del protestantismo en los EUA, o aspectos inherentes a la vestimenta de los pobladores y migrantes al estilo Oeste de los EUA, entre otros aspectos.
Trascender cultural de los intelectuales migrantes
Con las debidas proporciones, que representaría situar el contexto de cada proceso migratorio, si estableciéramos un parangón acerca de las aportaciones culturales que brindó la migración española al devenir de México, y los miles de intelectuales mexicanos que se han integrado al crecimiento de los EUA, encontraríamos significantes que sitúan como relevante la presencia de nuestros científicos, tecnólogos, artistas, investigadores etc., en el acontecer norteamericano, valga develar diversos campos de la medicina, la física, las matemáticas, entre otros muchos que han enriquecido los diversos ámbitos del conocimiento, circunstancias que transversalizan los diversos ámbitos socio económicos y culturales de los EUA, sin embargo quedan de igual manera en el horizonte las dificultades identitarias de este núcleo de población, por lo que hace a sus posibles formas de articulación al status quo de los EUA. Más allá del debate ideológico que esto implica, resultaría significativo delinear ¿en qué medida realmente el intelectual mexicano se integra en plenitud al modo de vida norteamericano?
Cuando razonamos el aspecto de la integración pensamos en el tipo de “mezcla socio cultural” y quiénes son los que se integran o se quieren integrar. En cuyo caso es evidente que existen sendas diferencias en los casos que corresponden a la posible articulación de las clases subalternas y los que corresponden a los intelectuales, así desde la sociología se han elaborado estudios que demuestran que los núcleos migrantes subalternos, en virtud del racismo y la marginación de la cultura receptora vindican en lo factible, y más allá de la “desterritorialización” y como parte de su pervivencia, determinadas simbolizaciones, que si bien hibridizadas aducen a cierto sentido de pertenencia… “mexicano”.
En cuanto a los sujetos migrantes de la intelectualidad mexicana, la integración va a depender de un conjunto de factores que tienen como origen no sólo y principalmente al migrante, sino a la entidad de aceptación. Dentro de esta sociedad, a los sectores dominantes y a la cultura construida sobre la base de una serie de intereses sociopolíticos concatenados a lo largo de su historia.
Si bien meritorio de un estudio más profundo encuentro que la población con estudios que migró a los EUA, guardaría un sentido omnipresente de los significados de haberse incorporado a un ámbito espacial que le permite cierta cristalización en su “realización humana”.
Circunstancia distinta a los procesos que “encapsulan”, bajo un racismo imperante a los subalternos mexicanos que viven en los EUA, los migrantes mexicanos intelectuales tienden a discurrir de diversa manera en el marco de las relaciones sociales y de producción de Norteamérica, bajo la vía de una subsunción.










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