Introducción
Francisco Villa es algo más que un personaje histórico, es una narrativa multimodal de larga data. Esta investigación identificó varios elementos que se juegan en torno a las narrativas sobre el revolucionario durante los últimos cinco años (2019- 2024) tanto a nivel mediático, como en los ámbitos académicos a través de analizar investigaciones y notas periodísticas inscritas en bases de datos cerradas - Academic Complete, Academic Video Online, ProQuest, Jstor, Scopus, Web of cience, Ebsco, Taylor &Francis, y las menos en bases abiertas como Redalyc. Se encontraron elementos que se pueden identificar desde el ámbito de la comunicación en tanto se relacionan directamente con la narrativa mítica y contradictoria sobre Francisco Villa: la nota periodística, el rumor, el corrido, la literatura, la lingüística, la semiótica de la imagen, investigaciones sobre cine, sociología (discapacidad, violencia, barbarie, civilización), identidad, guerra mediática, mito. En este marco de ideas, en este artículo se desarrollaron cinco temáticas en debate: Villa y su Presencia mediática actual, Villa en corridos y literatura, Villa y la identidad, Villa y la cuestión de la violencia, Villa auto mediático en el cine y la prensa. No se trata pues de una investigación desde la historiografía propiamente sino desde el campo de la comunicación multimodal. Es decir, entendiendo que la multimodalidad investiga discursos producidos a partir de diversos modos (Kress, y Van Leeuwen, 2001). Tal es el caso de la narrativa construida en torno a la persona e imagen del Francisco Villa, por él mismo, por sus seguidores y por sus detractores; diversos modos que al correr de las décadas se han integrado en las narrativas sobre un personaje, que es más que eso: un debate vivo.
Marco teórico
Ricoeur (1991) define la narración, desde la hermeneútica y la fenomenología como una construcción basada en la sucesión de hechos con estructuras temporales. Es un relato que imita y ordena las acciones humanas en el tiempo a manera de una totalidad significativa. La narración puede referirse a la historia personal o a la historia contextual. En ese sentido, la narrativa proporciona identidad al individuo y a las comunidades a partir de comprender que la mismidad que está presente en la otredad es una relación que podemos definir como dialéctica. La mismidad está influida por el contexto y el acontecer social, es decir, por las circunstancias cotidianas experimentadas directamente, desde el propio cuerpo individual. En este sentido, la narración es una práctica mediadora que permite el autoconocimiento, la memoria y la conciencia en tanto relaciona al individuo con otras personas y sus circunstancias. Estas afirmaciones mayormente se refieren a la biografía y autobiografía, pero se pueden extrapolar a los cuerpos sociales.
La narrativa es mediación y memoria. En tanto la conciencia directa no existe por sí misma, la mediación del relato la constituye, la posibilita. A esta mediación que hace la narrativa, también se le relaciona directamente con la memoria. En esta memoria se practica una conciencia ética en la que se puede descubrir y reconocer el daño que se puede haber hecho a otras personas o comunidades. Así la narración, como memoria da cuenta de la relación y responsabilidad entre la persona y el mundo en general (Ricoeur, 2007).
Por otra parte, la identidad, tanto personal como comunitaria surge justo en el acto de narrar y apropiarse del relato que está inmerso en una serie de valores que caracterizan al individuo y/o al colectivo. Es decir, la identidad no es una cuestión teórica abstracta sino una acción concreta. La identidad está dada en la acción misma de narrar y la identificación que se da entre el narrador y el relato, pero también en las acciones narradas; en la persona que narra y en los actos ejecutados por alguna persona y que son relatados. Se trata de acciones que vinculan a la persona con el mundo que le rodea en un trabajo o un hacer hermeneútico personal y comunitario. La narración tiene tres momentos que responden a un círculo hermeneútico y mimético: 1. prefiguración, 2. configuración y 3. refiguración. El primero, la prefiguración se refiere a la experiencia concreta que para Ricoeur (1991) carece de orden y de sentido en sí mismo. Se trata de hechos o acciones mismas en un presente. Es la experiencia, la vida práctica del hombre, el tiempo mismo del sufrimiento susceptible de ser contado.
El segundo momento, la configuración es el tiempo y la acción de ordenar, visibilizar, unificar y dar sentido, interpretar, a una gran variedad de datos y testimonios de manera que se logra una totalidad significativa. Aunque Ricoeur (1991) se refiere específicamente a textos historiográficos y literarios, se puede extrapolar a una gran serie de géneros verbales y no verbales actuales, de textos producto de una amplia gama de actividades culturales (Lotman, 1979). En ese sentido, se pueden considerar como textos narrativos tanto novelas y libros de historia o ficción como artículos o notas periodísticas, esculturas, imágenes, cine, videos y por su puesto la música, el corrido y aún, el relato oral, los ritos y ceremonias. Los relatos, los textos así creados configuran el tiempo, lo ordenan y lo unifican a partir de la multiplicidad de datos, testimonios, circunstancias y objetos con los que se encuentra el narrador y/o historiador, dando forma y estructuras como una totalidad significativa (Ricoeur, 1991).
El tercer momento, es el tiempo de la aplicación que hace el lector a su propia vivencia; el usuario aplica lo visto, lo leído, lo escuchado, lo aprendido a su forma de hacer y sufrir su propio presente. De esta forma, la narración puede contribuir a la trasformación de la experiencia propia a partir de la interpretación y aplicación del texto. Así, se cerraría y reabriría de nuevo el circulo mimético. En el recorrido del círculo se produce la conciencia, la memoria, la identidad y la posible transformación de la persona y la comunidad. Se parte de la vida misma y se regresa a ella, de manera que al hablar de narración no se trata de teorías abstractas sino de una práctica con potencial trasformador en sí misma (Ricoeur, 1991).
Al cerrarse el círculo y como toda práctica la narración está inmersa en la lucha constante de personas y grupos por el poder. En ese sentido se debe referir a la lucha o guerra de las narrativas para lo cual se señalan solo a dos autores: Antonio Gramsci (2006) y Michael Foucault (1969/2002). Gramsci señaló la importancia de la hegemonía cultural y de las ideas dominantes impuestas y mantenidas a través del control del discurso. Gramsci identificó que, para lograr un cambio social significativo, es esencial cuestionar y reconfigurar las narrativas dominantes. La batalla por el discurso es una herramienta fundamental para transformar la conciencia colectiva y desafiar las estructuras de poder existentes. Su enfoque resalta la necesidad de crear una contra-hegemonía que permita a los grupos oprimidos articular sus propias voces y experiencias.
Michel Foucault (1969/2002) por su parte, identificó que el discurso no es solo una forma de comunicación, sino que también está profundamente ligado al poder y a la construcción de la realidad social. Foucault argumentó que los discursos crean conocimientos y verdades en cada momento y lugar histórico, influyendo en la organización social y, por tanto, en la identidad personal. El poder se manifiesta a través de la producción y control del discurso, afectando las relaciones sociales y las estructuras de autoridad.
Resultados
En este marco de ideas se presenta a continuación los siguientes temas: Villa y su presencia mediática actual, Villa en corridos y literatura, Villa y la identidad, Villa y la cuestión de la violencia y Villa auto mediático en el cine y la prensa.
Villa y su presencia mediática actual
En 2018 un grupo de personas solicitó el retiro de la escultura de Pancho Villa del Parque 20 de agosto en Tucson. La solicitud no fue atendida (Aguilar Esquivel, 2023). Una nota periodística de diciembre de 2023 destacó el valor del revólver de Villa, un Colt Single Action Army de calibre 38 bañado en oro con grabado de fábrica y empuñaduras de nácar que sería subastado del 8 al 10 de ese mes en Bedford, Texas (Piña, 2023). También se sigue hablando de la vida amorosa de Villa y se repite la suposición de 27 matrimonios y 26 hijos (Castillo, 2023). Por su parte, el blog del Instituto Nacional de Estudios Históricos sobre la Revolución Mexicana (INEHRM) había resaltado un poco antes la necesidad de dilucidar percepciones que rodean en un halo de misterio la memoria de Villa; de ahí la importancia de rastrear la trama entre el rumor y el enigma que rodea al personaje. Se identificó que parte de dicho halo fue cultivado por el mismo Villa. La cantidad de anécdotas que se difundieron en la sociedad hace difícil acceder a una imagen certera más allá del mito y la leyenda. Se trata entonces más de realizar un ejercicio de historiografía que de biografía. El artículo exploró el origen del mito así: “Cuando decidió ya no ser más Doroteo, escogió apodarse Francisco Villa y bajo este seudónimo se lanzó a combatir los pesares de la injusticia. Murió Arango y nació el espíritu implacable, venturoso, incontenible, que avivó la flama revolucionaria con una fortaleza tal que, antes de 1910, nadie podía sospechar que manaría” (Betancourt Cid, 2022, párrafo final).
Recientemente AP online, anónimo, tomó parte en la disputa por la narrativa sobre Villa en el contexto del gobierno del presidente López Obrador, desvirtuando y falseando afirmaciones de éste durante la mañanera del 19 de marzo de 2024. AP online sostuvo que el presidente “Obrador calificó el ataque de “atrevido” y dijo que “debemos agradecer a Villa, entre otras cosas, la audaz hazaña de haber atacado Columbus, Nuevo México, para evitar lo que él considera actos de traición” (Mexican president praises Pancho Villa for his 1916 attack on Columbus, New Mexico that killed 18, 2024, párrafo 3). Verificando el video en directo se pudo identificar que se trata de una lectura de fragmentos de la obra Gracias (2024). En la Mañanera al igual que en su libro López Obrador dirigió su narrativa a explicar su posición contraria a la violencia, afirmando que “las guerras son irracionales y crueles” (López Obrador, 2024, p. 496). En ese sentido el ex presidente se dio a la tarea de resaltar un pasaje de crueldad de Villa relatado por Jesús Herrera, un escritor descendiente de una familia afectada por el revolucionario. Por otro lado, la afirmación de agradecer a Villa la hazaña es una cita del historiador Salmerón contra el cuál la nota se muestra especialmente adversa: “No sería la primera vez que el cariño del presidente por Salmerón genera problemas”, (Mexican president praises Pancho Villa for his 1916 attack on Columbus, New Mexico that killed 18, 2024, párrafo 5). Así como no se explica a qué problema se refiere, la nota de AP online silenció de manera absoluta el contexto y la idea central del discurso que explícitamente hace un rechazo a la guerra y a la violencia. Esta nota es la expresión de una lucha que mantiene a Villa, como se afirma que dijo Pershing, en todas partes y en ninguna, como parte de la batalla por las narrativas.
Otro trabajo reciente recuperó elementos biográficos de Villa, reconociendo explícitamente que se trata de una leyenda épica y popular que sigue expresando la lucha contra las injusticias económicas, sociales y políticas, abanderando demandas de derechos elementales. Ramírez Jahuey (2024) explicitó que sus fuentes son las investigaciones de Friedrich Katz, Jesús Vargas Valdés, Rubén Osorio, Pedro Salmerón y Paco Ignacio Taibo II.
Villa en corridos y literatura
Una expresión donde se mantiene viva y popular la presencia de Villa es sin duda el corrido. Se identificaron dos trabajos académicos interesados por el tema. El primero desde la literatura y la lingüística analizó 10 piezas en las que resaltó la riqueza lingüística de las tradiciones populares que logra condensar el legado de un personaje mitificado como es el caso de Francisco Villa. Se resaltó el valor como documento histórico del corrido como fuente para estudiar la cultura y la identidad de un colectivo; el corrido fue una forma de comunicación y de debate entre grupos en pugna por medio de la cual se enfrentaron narrativas opuestas. De ahí que surjan personajes complejos como Villa que al tiempo que es un valeroso luchador social resulta un carnicero despiadado. El análisis lingüístico permite identificar el uso de eufemismos, animalización y metonimias con las cuales la tradición oral logra una expresión cultural e identitaria poderosa. Así la palabra bandido resulta ambigua pues también alude al valor, a la audacia y a la hazaña en el contexto de la búsqueda de justicia social. La autora concluyó que el significado y legado de Villa es vigente hasta el presente, año del centenario de su muerte (López, 2023).
Un segundo artículo (Marco González, 2019) analizó las relaciones entre el cancionero popular y la novela de la Revolución mexicana encontrando funcionalidades y continuidades entre ambos géneros. Este análisis identificó que la novela y los corridos comparten temáticas y se focalizan, aunque con diferente perspectiva, en la historia del pueblo. Sin embargo, la novela se mueve en una ambigüedad que pretende una mirada objetiva y crítica propia de las clases medias emergentes. Mientras que el corrido es una creación netamente popular y sincrónica al momento mismo de la acción, la novela es un producto de intelectuales que trabajaban por entregas semanales una vez pasados los eventos, y sabían que el corrido les aportaba el tono popular, épico y realista, proporcionándoles mejores oportunidades de venta. Es por ello que muchas novelas echaron mano de la imaginería popular y estrofas de corridos o expresiones inspiradas en los mismos para recrear escenas vívidas.
Marco González (2019), estudiando El águila y la serpiente, consideró que mientras que, en las narrativas literarias, mayormente, la representación femenina se limita a un rol complementario al masculino, fluctuante entre los arquetipos dominantes de la madre protectora y la traidora/mujer fatal, los indígenas son estereotipados como seres melancólicos y misteriosos; y, los mestizos aparecen como violentos, parranderos, machistas y sentimentales en un sentido superficial. En este panorama aparece la figura de Villa en el arquetipo de bandolero social, es decir, individuo que, al operar fuera de la legalidad, desafía un sistema visto como injusto mediante audacia, ingenio y carisma personal. Entre los argumentos utilizados para legitimar estereotipos, se destaca el caso de la respuesta de Octavio Paz a las críticas de El laberinto de la soledad en 1950. El corrido, en cambio, resalta valores como la valentía, el arrojo, la lealtad y el amor a la Patria de hombres y de mujeres. A diferencia de las producciones intelectuales, el corrido es un compañero que estimula y consuela en los arduos momentos de dolor y desolación de las tropas. Se concluyó que el corrido, en dosis pequeñas, proporcionó, por tanto, un matiz de autenticidad a la novela de la Revolución (Marco González, 2019).
Así y a propósito del concepto bandido, otra investigación asoció el uso que se dio desde Estados Unidos al término, a propósito de la incursión de Villa en Colombus en 1916, encontrando las continuidades de las estrategias norteamericanas que se pudieron observar a partir del 11 de septiembre 2001. Es decir, que, aunque en la segunda década del siglo XX no se utilizaba el término terrorismo, el discurso del bandido se identifica en la misma estrategia mediática con la que los gobiernos norteamericanos asumen los ataques a su territorio y justifican la incursión en otros espacios. Ambos términos, bandido y terrorista connotan criminalidad, incivilidad e ilegitimidad, con los cuales se logra deshumanizar al enemigo. En este artículo se concluyó que las intenciones de Villa correspondían a las de los terroristas propiamente, en tanto buscaba vengarse del gobierno norteamericano y provocar un conflicto más amplio entre ambos países; así, se atribuye a Villa la comprensión de las mismas tácticas de los modernos terroristas (Neagle, 2021).
Villa y la identidad
A través del análisis de la obra fotográfica de Graciela Iturbide, como se muestra en la Figura 1, Cholas del Barrio White Fence con los héroes de México, Villa, Zapata y Juárez,Rivera Fellah (2019) identificó la actitud de jóvenes cholas que manifiestan su desconocimiento de los personajes al tiempo que expresan su desprecio o irreverencia ante héroes masculinos, en una compleja relación con su herencia mexicana. Estas mujeres hispanas en Los Ángeles, California, cuestionan con su fuerza femenina los íconos masculinos, el patriarcado de las pandillas y de la cultura estadounidense (Rivera Fellah, 2019).

Fuente: Graciela Iturbide, Cholas del Barrio Valla Blanca con los héroes de México, Villa, Zapata y Juárez, gelatina de silicona. Impresión original, 1986. Cortesía de la autora en Rivera Fellah (2019, p. 326).
Figura 1 Cholas del Barrio White Fence con los héroes de México, Villa, Zapata y Juárez,
En el marco del trumpismo como terrorismo de Estado, un estudio cualitativo de vida cotidiana (Cisneros Puebla, 2019) resaltó la función identitaria de las camisetas que portan mexicanos en Estados Unidos con las figuras de Villa y Zapata. Se trata de una forma de resistencia en la que dichas piezas se constituyen como artefacto de subversión creativa. En este acto los hispanos se diferencían de los latinos y de los hispanos (angloeuropeos), haciendo valer la Primera Enmienda que les garantiza el derecho a ser reconocidos claramente como pertenecientes a una etnia: mexicanos
Trabajando con definiciones de Michele Lagny y Pierre Sorlin, Brito Gonçalves (2019) concluyó que películas como Vámonos con Pancho Villa de Fernando de Fuentes son fundamentales en la deconstrucción de las narrativas sobre Villa. Mientras que Sorlin afirmó que las películas son un acto de significación de realidades y su difusión puede interferir en las relaciones simbólicas establecidas socialmente, Lagny identificó que el cine es un espacio de confrontación por la representación social, generando narrativas dentro de un campo de lucha y constituyéndose en testimonio de la forma de actuar y pensar de una determinada sociedad en un preciso momento histórico. El autor considera que el cine es mucho más que mero entretenimiento y el estudio de su forma y contexto de producción devela la disputa por la construcción de la narrativa en torno a la Revolución mexicana. Así se explica que aprovechando la confusión de gran parte de la sociedad mexicana que no veía con claridad los beneficios y se encaminaba hacia la desilusión, películas como esta funcionaron como una forma de atender una cicatriz reciente y una herramienta para legitimar al nuevo régimen. De esta forma la película desapareció al bandolero social, parte del pueblo, para sustituirlo por un estratega sobrio, lógico, calculador y un tanto impersonal y frío. De esta forma la narrativa sobre Villa resultaba mucho más afín al segmento de la nueva clase media al que se dirigió la película en el marco de la institucionalización de la Revolución.
Otro acercamiento a las operaciones a través de las cuales se han construido narrativas sobre Francisco Villa se encuentra en un estudio ensayístico de la semiótica y la estética de la discapacidad. Antebi (2021) identificó una asimetría entre las diferencias corporales y las experiencias de discapacidad desafiantes y reconfigurantes de la narrativa histórica y temporal de la Revolución mexicana. En este marco se encuentran algunas observaciones sobre la narrativa en torno a Villa. La autora analizó detalladamente la obra de Rafael F. Muñoz, Vámonos con Pancho Villa y su adaptación cinematográfica. El personaje central del ensayo es la discapacidad y la lealtad masculina en el marco de la violencia, el fervor y la bravuconería; una virilidad patriótica e hipermasculinidad encarnada en Villa y su leal seguidor Tiburcio.
Antebi (2021) reconoció en la narrativa literaria de la Revolución un proyecto pedagógico dubitativo y ambiguo entre la permanencia y la violencia de los ideales revolucionarios o, la abstracción y distanciamiento de estos en pos de un proyecto modernizador. Esta ambigüedad determinará, ampliando el análisis de Brito Gonçalves (2019) el juego literario desarrollado por una clase media intelectual que, como Muñoz, se identifica con el sistema triunfante, pero también busca satisfacer a sus lectores: varones de clase media urbana que gustan de la espectacularidad, la crueldad como espectáculo, la vivacidad y hasta cierto punto del morbo en la observación de un mundo incivilizado con el cual se desidentifican. Esta estrategia narrativa encarnó, por tanto, en la figura de un Villa frío y distante (Antebi, 2021).
En este ensayo Antebi (2021) dialogó constantemente con el crítico y conocedor de la obra de Muñoz, Jorge Aguilar Mora y con la asimetría entre los postulados teóricos de Deleuze y Guatari/ Jasbir Puar. Desde los primeros, la herida, la lesión y la discapacidad resultante constituyen una contingencia llena de posibilidades creativas mientras que para Puar serían un acto desde el poder para controlar (colonialismo) al tiempo que se convierte en denuncia y resistencia.
Antebi (2021) identificó que en la obra de Muñoz la Revolución encarna en los cuerpos heridos y mutilados de una multitud racializada, en el pueblo llano, en el soldado anónimo, en el indígena. No se trata de las heridas de la clase media lectora urbana, lo cual establece ya de entrada una distancia en la otredad. Así la novela de la revolución tiene que responder a la pregunta ¿celebrar la lucha y sus héroes o hacer eco de la desilusión como respuesta a la violencia y al ciclo de la tiranía? En la obra de Muñoz se identificó una actitud crítica irónica y distante que presenta a Villa como un astuto y frio manipulador constructor de su propio mito, al tiempo que hombres como Tiburcio son lesionados y heridos hasta lo impensable, manteniendo una lealtad sobrehumana.
Antebi (2021) recurriendo a Horacio Legrás, identificó la diferencia con la versión cinematográfica en la que definitivamente se saca del juego a Villa y se recrea de manera total la ilógica lealtad de Tiburcio, la crueldad y por supuesto una lealtad y valentía sin sentido, abstracta ante un Villa totalmente impersonal, frío y ausente. En la película se da una escisión total con Villa, operación que permite la invisibilización de ideales, de luchas por la justicia y causas objetivas de la Revolución, acentuando así el sinsentido de la violencia.
Si bien, también en la novela de Muñoz se cuestiona la vigencia de la figura de Villa como encarnación de esos ideales, al recrear la escena de sus heridas y su escondite en una cueva, se connota su vulnerabilidad y su reemplazabilidad. Sin embargo, a diferencia de la película en la novela, identificó Antebi, se planteó una situación ética más compleja en la que se confronta la injusticia, pero también y sobre todo el proceso de devaluación de la vida y una proyectada y eugenésica eliminación de vidas discapacitadas como consecuencia de la racialización y la injusticia. Antebi (2021) concluyó que, aunque hay un distanciamiento de la narrativa heroica y social sobre Villa, a través de la recreación de la experiencia corporal de la herida, la mutilación y la discapacidad sigue encarnando, en la obra de Muñoz, la demanda de justicia.
Villa y la cuestión de la violencia
Las obras de Mauricio Magdaleno y de Nelly Campobello se distanciaron definitivamente del trabajo de Muñoz. En el caso de la extensa obra de Mauricio Magdaleno se analizaron 13 trabajos escritos a lo largo de 49 años. Arranz Mínguez (2023) conceptualizó a Villa como una construcción social, como un símbolo proyectado hacia el futuro, victorioso por encima de la leyenda negra y no como un personaje histórico; símbolo permanentemente incómodo para las relaciones con EUA e, incómodo para la versión oficial de la Revolución mexicana iniciada desde el carrancismo y consolidada por el partido oficial.
Arranz Mínguez (2023) identificó que la historia de Magdaleno y Villa se remite a los recuerdos de infancia del primero y se inicia en términos literarios y periodísticos en los años 30 con la participación de Magdaleno en los espectáculos populares de carpa y cabaret como diversión en el Teatro Iris. En ese momento el corrido gozaba de gran popularidad entre el público, siendo un género muy estimado por Magdaleno como fuente popular para entender el sentido profundo del proceso revolucionario. En la obra de Magdaleno se aprecia que la narrativa de Villa es casi consubstancial al género corrido. Para Magdaleno Villa fue el hombre con más calidades populares de la Revolución, alcanzando en sus obras la altura del mito en tanto expresa y encarna la complejidad de la forma de ser del pueblo mexicano, con sus contradicciones, sus ferocidades, resentimientos, genialidades, candidez, habilidades políticas, es decir, toda una epopeya.
La investigación de Arranz Mínguez (2023) demostró que la epopeya - leyenda y mito- fue creado por el mismo Villa y se plasmó en varios géneros literarios con la contradicción que implica la reiteración del primitivismo y barbarismo del personaje. El pueblo, y no el sector intelectual le dio seguimiento al mito. Magdaleno no ocultaba la violencia, el ímpetu, la barbarie e irracionalidad de Villa, pero lo explicaba al asimilarla a la violencia sufrida por los campesinos mexicanos, en ese sentido le otorga una dimensión ética en la posibilidad de vida para los parias: la justicia social. Magdaleno fue un gran admirador de Villa y lo ubicó como fundador de la nación al mismo nivel del Cid Campeador. Magdaleno predijo la vigencia de la leyenda por milenios, trascendiendo el tiempo histórico en tanto se trata de la voz de los que nunca habían sido escuchados y de ahí su poder y su presencia omnímoda en el alma de las personas. ¡La voz del Tlacuache es la voz del pueblo, y la voz del pueblo es la voz de Dios! (Cit. en Arranz Mínguez, 2023, p. 65).
Esta noción sobre Villa quedó plasmada en la obra de Magdaleno en tanto el personaje no aparece en las tramas sino, permanentemente, en el ambiente, en las voces de la gente: Villa está en todas partes sin tener que aparecer nunca de forma directa. Para Magdaleno Villa cumple con un arquetipo primitivo en tanto es la expresión y encarnación de un pueblo, cuyas voces anónimas lo sostienen en el tiempo. El análisis concluyó que la narrativa sobre Villa es más una identidad que un relato literario (Arranz Mínguez, 2023).
En el caso de la narrativa de Nelly Campobello sobre Villa se está frente a un estilo sencillo y directo inscrito en una relación dialéctica que se sirve de las contradicciones del personaje, en tanto se trata de un jefe militar estratega y valiente al tiempo que es un campesino inculto y sentimental. Campobello trabajó la narrativa sobre Villa con una plena conciencia del momento que ella misma estaba viviendo como promotora de valores nacionales en la batalla cultural por la narrativa sobre la Revolución, es decir, la guerra por la memoria que en esos momentos le escamoteaba su verdadero valor a la gente del norte del país y a Villa (Olague Méndez, 2023).
De esta manera Campobello describió a Villa como un guerrero único de su tiempo, un genio a la altura de Gengis Kan: al tiempo que ejecutaba movimientos matemáticamente precisos, Villa era un hombre capaz de gran y sincera tristeza al ver morir a sus muchachos. Inteligente e intuitivo, estratega y líder sin cultura, Villa fue un humano contradictorio en su carácter extraordinariamente irascible ante la falta de disciplina. Si bien el discurso oficial lo estaba dejando fuera, Campobello resaltó especialmente los ideales encarnados por el líder; no era un bandolero motivado por objetivos egoístas sino un hombre con ideales claros que ella prueba con los Apuntes del mismo Villa, por ejemplo: la lucha de los desheredados contra los poderosos o la emancipación económica de obreros y campesinos. Y estos ideales gestados en el cronotopo Norte, explicitó la autora, deberían ser ampliados a todo el país. De esta forma el Villa de Campobello, comprometido con los más desfavorecidos, encarnó la demanda permanente de la deuda pendiente del gobierno de la revolución en proceso de institucionalización (Olague Méndez, 2023).
Si bien el artículo de Guerra Manzo (2024) no abordó específicamente la figura de Villa, ofrece un marco teórico importante para comprender la dualidad de las narrativas sobre el mismo. Basado en los trabajos de Norbert Elías y de René Girard explicó como existe una dicotomía en la violencia en tanto civilización/barbarie. Así, se identificó una violencia legítima, generadora de orden, creativa, avalada por la comunidad y, por tanto, sagrada; mientras que hay otra violencia en ambas partes que se caracteriza por lacerar y agraviar a la comunidad con su destrucción embrutecedora, ilegítima e impura. Si bien esta última amenaza al orden social, la primera, se da en beneficio de la comunidad.
El autor identificó en las novelas de Nelly Campobello la presencia de ambas y la forma como una y otra dan identidad a los bandos en conflicto, siendo que la violencia profana y oscura fue encarnada por los carrancistas, mientras que la violencia legítima, luminosa y sagrada caracterizó a los villistas. Guerra Manzo (2024) identificó a través de la obra de Campobello el proceso por medio del cual se genera una afectividad y sensibilidad que puede parecer amoral hacia la violencia, reflejando una estética, gozo y naturalización de la crueldad y de la muerte. Y, sin embargo, la identidad y la dignidad existen en los personajes y su fuerte sentido comunitario que los lleva a expresar una singular alegría y orgullo cuando mueren en servicio del caudillo y su comunidad. Campobello delineó personajes tan contrastantes que, si bien son capaces de las peores atrocidades, son también capaces de grandes ternuras ante la presencia de un bebé
El análisis concluyó que la violencia, tanto en los procesos de civilización como en la barbarie, cumple distintas funciones y expresa procesos identitarios; así, para la mayoría de los habitantes de Parral, Chihuahua, los villistas fueron hombres verdaderos, solidarios y valientes en el marco de un proceso civilizatorio, mientras los carrancistas fueron calificados como ladrones, bárbaros mugrientos. Y, viceversas (Guerra Manzo, 2024).
Villa auto mediático en el cine y la prensa
A propósito de Villa, otro análisis resaltó el poder de la técnica de la entrevista para la construcción de la narrativa propia del entrevistado sobre sí mismo y su mensaje. En el caso del reportaje realizado por Regino Hernández Llergo a Pancho Villa en 1922, Una semana con Francisco Villa en Canutillo, publicada en El Universal se describió detalladamente la interacción entre el entrevistado, el entrevistador y el fotógrafo, así como el control que Villa tuvo en todo momento de la narrativa verbal e icónica sobre su imagen. La entrevista penetró en la intimidad y la autopercepción del personaje y el probable mensaje amenazador para los Terrazas. Esto último se considera una variable causal del asesinato del que fue víctima Francisco Villa debido al probable efecto amenazante del mensaje en el cual él mismo mezclaba la humildad y el poder en frases como: “Yo, señores, soy un soldado de verdad. Yo puedo movilizar cuarenta mil hombres en cuarenta minutos” (Hernández Llergo citado en Viveros Anaya, 2021, p. 695). Además, en el recuento de todos sus logros como líder social, como gobernante de su comunidad Villa aseguraba, que a diferencia de los políticos del momento él había logrado la prosperidad de su hacienda, habiendo resuelto un problema tan sencillo como lo era, el agrario (Viveros Anaya, 2021).
Una investigación hemerográfica mostró detalladamente y explicó la construcción, desde la prensa carrancista, de la leyenda negra sobre Villa, destacando el contexto de lo que hoy se denomina guerra mediática a la cual todos los actores políticos de aquellos años estaban abocados. Se trató de una campaña fundada en el odio y en los prejuicios sociales. Se subrayó nuevamente la conciencia y capacidad que el mismo Villa tuvo de la importancia y estrategia para cuidar su propia imagen ante el acoso de la pluma de sus enemigos: bandido, mujeriego, personificación del mal, ladrón, máscara del diablo, conservador, contrarrevolucionario, cobarde, pigmeo sediento de sangre, primitivo, como el mono. Al triunfo de Carranza y su grupo y con el asesinato de Villa, la leyenda negra no pudo ser combatida y proliferó por décadas. Así, Méndez Lara (2020) concluyó con el experto Katz, que la campaña carrancista fue la columna vertebral de la leyenda negra que confronta al Robin Wood mexicano con el Napoleón bandido.
Una investigación hemerográfica en periódicos colombianos contemporáneos a la Revolución mexicana entre 1910-1917 mostró la forma deslegitimadora en que se representó y se difundió la narrativa sobre la Revolución mexicana en ese país desde una visión racista y clasista. En ese contexto Villa encarnaría o representaría al pueblo mexicano formado de indios incultos, salvajes y desmoralizados en escenas de masacres, destrucción y saqueos. Villa fue representado como un bandido, un salvaje, un demonio, entre otros adjetivos que llenaban la falta de datos reales. Se omitió el contexto de la lucha revolucionaria y el de la vida misma del caudillo para resaltar una narrativa plagada de adjetivos: salvaje, violador, cruel y carente de ideales sociales. Así, Cortés Guerrero (2021) concluyó que esta visión respondía al miedo al contagio que representaba el proceso mexicano para la oligarquía colombiana cuya justificación ideológica estaba impregnada de darwinismo social y de positivismo comtiano.
En el ámbito mediático la imagen de Villa también rozó cierta perspectiva de género en tanto ofreció una entrevista a la periodista norteamericana Sadie Kneller Miller (Velloso, 2022) y en cuyo titular destacaba Villa vista a través de los ojos de una mujer, prometiendo una perspectiva aguda y femenina ofrecida al pueblo norteamericano. Otra investigación (Lim y Sweeney, 2021) mostró evidencias de las prácticas de relaciones públicas y mediáticas de Francisco Villa como se realizan actualmente. Por ejemplo, la segmentación de audiencias: corresponsales de guerra, mexicanos y estadounidenses; persuasión de masas usando desde el tradicional boca a boca hasta los avances tecnológicos de su momento, como el cine. Lim y Sweeney (2021) comprobaron que Villa mismo cultivó la narrativa del héroe legendario y humilde defensor de los sectores más marginados de la sociedad. Citando al historiador Mark Anderson afirmaron, con evidencias, que Villa sabía presionar los botones correctos, para persuadir y resonar en la opinión pública. Sus prácticas público-relacionistas fueron auténticas y basadas en el hecho mismo de que él era un mexicano común y conocía por tanto a los suyos. Se trató entonces, en esta investigación, de un Villa genuino.
Finalmente, Martha Eva Rocha Islas investigadora de la Dirección de Estudios Históricos (DEH) del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), afirmó que es prioritario recuperar la memoria del luchador social Francisco Villa, pues solo él y Zapata impulsaron programas de justicia social para obreros y campesinos (INAH, 2023).
Discusión
Corroborando los planteamientos de Ricoeur (1991, 2007) en cuanto a la naturaleza de la narración como práctica mediadora que permite el autoconocimiento, la memoria, la identidad y la conciencia en tanto relaciona al individuo con otras personas y sus circunstancias se encontró que la narrativa multimodal sobre Villa corresponde a dichas características como forma de comunicación y debate en sus tres momentos: 1. prefiguración, 2. configuración y 3. refiguración. Así, por ejemplo, en la multimodalidad narrativa sostenida en el tiempo, se encuentra el uso del término bandolerismo con connotaciones polares: como bandolerismo social o bien, como forma de barbarie e incivilidad; el termino terrorista, como estrategia mediática, de total actualidad. Otros aspectos a observar en esta narrativa son sin duda los casos de identidad, tanto de género como de etnia: las Cholas del Barrio Valla Blanca o las camisetas que portan los mexicanos en Estados Unidos haciendo alusión a la Primera Enmienda. Todos estos elementos son parte del autoconocimiento, la identidad y la memoria que apuntan a la conciencia actual. De igual modo, se observó que la narración multimodal sobre Villa devuelve al hombre contradictorio y sus circunstancias, de manera que algunos modos de la narración, como las obras de Magdaleno y Campobello, permiten la comprensión y la conciencia del individuo y de su comunidad en un momento histórico particular. (Antebi, 2021).
Con Foucault (2002) y Gramsci (2006) se reconoce, en el caso de la narrativa multimodal sobre Villa, la batalla por el discurso como herramienta fundamental para transformar la conciencia colectiva y desafiar las estructuras de poder existentes; el poder se manifiesta a través de la producción y control del discurso, afectando las relaciones sociales y las estructuras de autoridad. Como ejemplos de ello se muestran desde la guerra mediática entre Villa y Carranza hasta la polémica entre el Presidente Andrés Manuel López Obrador y sus detractores, pasando por la subasta del revólver, rumores sobre el número de mujeres e hijos, crueldades y ternuras, adaptaciones cinematográficas para la clase media y la prensa en Colombia. Estas dos últimas invisibilizaron ideales, de luchas por la justicia y causas objetivas de la Revolución, buscando mostrar el sinsentido de la violencia y proteger las estructuras darwinianas de poder de su momento de producción.
Finalmente destaca la afirmación de Ricoeur (2007) en tanto la memoria es práctica de una conciencia ética, identificando en la narrativa multimodal sobre Villa la dicotomía, el debate y la preocupación entre la violencia y la búsqueda de justicia social. En esa lucha, como símbolo proyectado hacia el futuro victorioso por encima de la leyenda negra, Mauricio Magdaleno, entre otros, decidió otorgar en su narrativa, una dimensión ética a la lucha por la posibilidad de vida para los parias: la justicia social como esencia de la memoria de Francisco Villa (Arranz Mínguez, 2023).
Conclusiones
Haciendo uso de una especie de metáfora, esta investigación comprueba la vigencia del dicho del general de brigada John J. Pershing, jefe de la Expedición Punitiva que entró a México en 1916 para perseguir a Francisco Villa: “Vagos rumores y afirmaciones positivas de los nativos indicaban que Villa había partido en casi cualquier dirección y hablaban de su presencia en varios lugares al mismo tiempo (…) Villa está en todas partes y en ninguna” (Taibo II, 2006, p. 576).
Siguiendo a Ricoeur (1991, 2007) se observó que, si bien el primer momento de la narrativa como prefiguración es inaccesible en su verdad absoluta, se identificó aquí el segundo momento, el de la configuración: Francisco Villa comprendía la importancia de la multimodalidad en la construcción de su imagen, desde el boca a boca, el rumor, el corrido, la entrevista periodística, la fotografía y el cine fueron los modos en que él mismo cultivó su imagen. Se identificó que después de su muerte física, que no en la memoria, su vida, su persona, y sus actos se han constituido en algo más que un personaje histórico en un libro de texto, es un debate vivo que, justamente es vigente de manera multimodal: artículos académicos, corridos, cine, literatura, esculturas, notas periodísticas, rumores, boca a boca, por mencionar algunas formas que esperan análisis del discurso y del impacto en las audiencias. En este último se seguirá dando luz al tercer momento de la narrativa señalada por Ricoeur: la reconfiguración como producción de conciencia, memoria e identidad con su potencial transformador de la persona y de la comunidad.










nueva página del texto (beta)



