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Sintaxis

versión On-line ISSN 2594-1682

Sintaxis  no.14 Huixquilucan ene./jun. 2025  Epub 12-Mayo-2025

https://doi.org/10.36105/stx.2025n14.08 

Artículos

La noción de la aridez en la obra de Juan Rulfo y la paradoja de la megadiversidad de México

The Notion Of Aridity In The Work Of Juan Rulfo And The Paradox Of Mexico’s Megadiversity

Juan Carlos Padilla Monroy*  1
http://orcid.org/0000-0002-4628-0787

1Universidad Anáhuac MéxicoAv. Universidad Anáhuac, núm. 46. Col. Lomas Anáhuac, Huixquilucan 52786 Huixquilucan, Estado de México, México. juan.padillam@anahuac.mx


Resumen

La aridez es una noción que se asocia con la pobreza en la literatura mexicana de los siglos XIX y XX, como reflejan las obras de Juan Rulfo. El llano en llamas y Pedro Páramo muestran esta relación a través de la descripción de los paisajes, la acritud de sus personajes y lo inhóspito de la realidad que los envuelve. Sin embargo, es paradójico que México, a pesar de ser uno de los diez países megadiversos del mundo, tenga el 54% de su superficie catalogada como zona árida, donde reside el 40% de la población. Resulta paradójico que los países megadiversos de Latinoamérica estén pasando por problemáticas medioambientales, resulta aún más sorprendente que el discurso literario que asocia la aridez con la pobreza no cumpla con los parámetros de la realidad mexicana, ya que las regiones más pobres del país, son regiones «ricas» en recursos naturales y biodiversidad.

Palabras clave: Juan Rulfo; aridez; pobreza; megadiversidad; literatura mexicana

Abstract

Aridity is a notion that is associated with poverty in Mexican literature of the 19th and 20th centuries, as reflected in the works of Juan Rulfo. The plain in flames and Pedro Páramo show this relationship through the description of the landscapes, the acrimony of its characters and the inhospitable reality that surrounds them. However, it is paradoxical that Mexico, despite being one of the ten megadiverse countries in the world, has 54% of its surface classified as an arid zone, where 40% of the population resides. It is paradoxical that the megadiverse countries of Latin America are going through environmental problems; it is even more surprising that the literary discourse that associates aridity with poverty does not meet the parameters of Mexican reality, since the poorest regions of the country are regions “rich” in natural resources and biodiversity.

Keywords: Juan Rulfo; aridity; poverty; megadiversity; mexican literature

Introducción

El objetivo de la presente investigación consiste en mostrar la noción de aridez en la obra de Juan Rulfo, básicamente a partir de sus dos obras más emblemáticas, a saber, El llano en llamas y Pedro Páramo. De esta manera contrastaremos la noción de la aridez en las obras literarias con el concepto de aridez en el territorio mexicano, es decir, qué se entiende por zona árida, cuáles son sus características, dónde se encuentran las zonas más áridas y las regiones más pobres del país, todo esto para demostrar existe una paradoja entre la obra literaria de uno de los autores más leídos y más traducidos del país y la realidad nacional, que parece ser inversamente proporcional a lo que Juan Rulfo escribe.

La metodología que seguiré consiste en establecer la diferencia entre noción y concepto, para tener un punto de partida a partir del cual comprender por qué hablamos de noción de aridez en la obra de Juan Rulfo. Ofreceré fragmentos de tres relatos de El llano en llamas para demostrar la relación entre pobreza y aridez que él quiere representar a través de su obra; así como algunos fragmentos de su obra más importante, Pedro Páramo, cuyo discurso está íntimamente ligado con su colección de cuentos. De esta manera contrastar la noción rulfiana con la realidad del territorio nacional, empleando para ello los términos, las definiciones y las formas de medición que utilizan las instituciones oficiales, es decir, los datos del gobierno de México -con ello evitaremos cualquier disputa que pueda surgir a partir de “otros datos”- para poder compararlos entre sí, y con ello demostrar que existe una paradoja entre la aridez y la pobreza en nuestro país; en otras palabras, que la realidad que desea representar la obra de Juan Rulfo, no coincide en absoluto con los datos que arrojan, sobre aridez y pobreza, las instituciones nacionales encargadas de ello.

A juzgar por los resultados, que demuestran que la aridez y la pobreza en México son inversamente proporcionales, será necesario replantear preguntas de índole político y ecológico.

Estado del arte

De acuerdo con el intelectual mexicano, Juan Abelardo Hernández Franco, es importante distinguir entre los conceptos: términos precisos y estructurados que pueden aplicarse de manera atemporal y acircunstancial, es decir, aplican igual en cualquier momento y lugar; y las nociones: ideas imprecisas y cotidianas que pueden variar de acuerdo con las circunstancias y el tiempo en que se emplean; por ejemplo, el bien común o la sociabilidad son términos que pueden significar cosas diferentes dependiendo del lugar y del tiempo en que se aplican. Por esta razón se dice que las ciencias exactas emplean conceptos mientras que las ciencias humanas emplean nociones.

En este sentido, la aridez es un término que puede entenderse de dos maneras: como concepto, relacionado con circunstancias ambientales concretas y con características específicas; y como noción, comprendida como un estado anímico donde el sujeto se comporta de forma particular en sus relaciones con el prójimo y con el mundo.2

Juan Rulfo es uno de los autores más reconocidos del mundo literario mexicano del siglo XX, aunque fueron pocas sus obras publicadas, fueron suficiente para considerarlo como uno de los mejores escritores de su tiempo, tan es así, que su obra ha sido traducida a más de cuarenta idiomas diferentes.

La obra de Rulfo se entreteje entre personajes y escenarios que remiten tanto a la noción como al concepto de aridez; casi toda su obra se desenvuelve en esos escenarios terrosos y secos, con personajes curtidos con amargura y languidez donde la pobreza es uno de los temas que afloran.

La obra de Rulfo contrasta con la megadiversidad del terrotorio mexicano, un escenario donde la aridez es sólo una parte del enorme repertorio de biodiversidad que es capaz de ofrecer, en un país donde, de acuerdo con sus instrumentos oficiales de medición (Coneval, 2023), casi la mitad de su población está considerada en situación de pobreza, es evidente que la literatura se preocupe por problemáticas de índole social.

Lo que resulta paradójico en México, y esa es la idea que sostengo a través de este trabajo, es que las regiones con mayor pobreza no son aquellas donde la aridez es más extrema, como se describe en la obra rulfiana, sino en aquellas donde la abundancia y megadiversidad imperan. Esta paradoja nos permite cuestionar ¿dónde está la verdadera pobreza?, o bien ¿cuál es la verdadera riqueza de una nación?

México tiene ante sí un reto en la lucha por la conservación de sus ecosistemas y su megadiversidad, un reto que se ha hecho más complejo desde los tiempos en que Rulfo escribió su obra y nuestros días, problemas entre los que se encuentran no sólo los desastres naturales y el problema del calentamiento global, sino los ecocidios, las políticas ambientales y las agresiones, que en muchas ocasiones llegan a homicidios, que reciben los defensores del medio ambiente.

Marco teórico

Aridez

La definición de aridez, de acuerdo con la Real Academia Española de la Lengua (RAE), es muy ambigua, pues hace alusión a la “cualidad de árido” (RAE, 2024), lo que nos llevará a buscar esas cualidades para comprenderla, esa es la razón por la que prefiero hablar de la noción de aridez y no de su conceptualización; sin embargo, el diccionario mismo, y el uso común del habla en nuestro idioma, el español, nos ofrece dos variantes para el uso de esta palabra, ambas serán importantes para desarrollo de este trabajo.

Por un lado, la aridez se refiere a un fenómeno climático de largo plazo que implica baja precipitación de lluvia en promedio y baja disponibilidad de agua, por esta razón se emplean los términos sequedad, agostamiento, esterilidad, infecundidad, improductividad e infructuosidad como sinónimos. Por otro lado, la aridez también se emplea para referirse a un estado de ánimo relacionado con la pesadez, el aburrimiento y el fastidio. En este hilo de pensamiento, lo opuesto a la aridez sería la humedad, la fertilidad y la productividad, por un lado, y la liviandad, la amenidad y el interés, por otro (RAE, 2024).

De acuerdo con la We Are Water Foundation (2022) “las tierras “secas” ocupan un 41% del suelo terrestre”, donde viven 2.500 millones de habitantes, poco más de una cuarta parte de la población mundial. Es muy importante mencionar que en estas regiones áridas existe una biodiversidad fundamental, ya que en ella se producen 44% de los alimentos y se mantiene el 50% del ganado del mundo.

A grandes rasgos, en la Imagen 1 se pueden observar dos grandes cinturones áridos en el planeta, uno en cada hemisferio (como se puede observar en el mapa). El cinturón del norte abarca el sur de Estados Unidos y el norte de México en América, y se extiende por el sur de Europa, el norte de África, la península arábiga y el centro de Asia. El cinturón del sur abarca regiones de Perú, Ecuador, Chile y Argentina en América, así como el sur de África y Oceanía.

Fuente: asociación chilena de turismo (ACHET, 2024) Recuperado de: https://achet.cl/el-mapa-de-la-aridez-en-el-mundo/ [5 FEBRERO 2025]

Imagen 1 Cinturones áridos en el planeta 

Aunque a mayor temperatura hay mayor aridez, desde un punto de vista técnico, la aridez no implica exclusivamente el calor y la falta de agua por insuficiencia de lluvia, también se debe considerar la relación que existe con la vegetación y el régimen térmico.

El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP) define las tierras secas como áreas de clima tropical y clima templado con un índice de aridez menor a 0,65 (ONU, 2024) (que también se puede observar en el mapa presentado arriba). Existen muchos índices para medir la aridez como se observa en la Tabla 1. La UNEP usa una fórmula donde se divide la cantidad de precipitación entre la evotranspiración, es decir, la cantidad de lluvia que cae en la región y la pérdida de humedad de una superficie por evaporación directa y la pérdida de agua por transpiración de la vegetación; ambos procesos se presentan debido al calor. Esta fórmula se expresa en términos de milímetros por unidad de tiempo (We Are Water Foundation, 2022).

Tabla 1 Índice de aridez de acuerdo con la UNEP 

Índice de aridez (ID) Tipo de clima / Suelo
>0,65 Húmedo
0,65-0,5 Subhúmedo seco
0,5-0,02 Semiárido
0,2-0,05 Árido
<0,05 Hiperárido

Fuente: reelaboración de UNEP (2024).

Según la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural del gobierno de México (Sader), los diez estados con mayor grado de aridez son, por orden alfabético: Aguascalientes, Baja California, Baja California Sur, Chihuahua, Coahuila, Durango, Nuevo León, San Luis Potosí, Sonora y Zacatecas, todos ellos ubicados en el norte del país, como se observa en la Imagen 2.

Fuente: Informe (SADER) 2022.

Imagen 2 Mapa de regiones áridas y semiáridas en México 

Contexto geográfico y social de Juan Rulfo

Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno, mejor conocido como Juan Rulfo, escritor, guionista y fotógrafo, nació en el Estado de Jalisco en 1917. Existe una controversia en torno al lugar de su nacimiento ya que él nunca quiso admitir que había nacido en Sayula y siempre dijo que había nacido en San Gabriel, ambas poblaciones están próximas entre sí y a su vez próximas a la más popular Ciudad Guzmán, efectivamente todas ellas al sur del Estado, como se observa en la Imagen 3.

Quedó huérfano de padre a los seis años, razón por la que quizá sentía algún rechazo hacia su lugar de origen. Se trasladó a la Ciudad de México donde fue acogido por un tío suyo, el coronel David Pérez Rulfo, quien lo relacionó con la burocracia mexicana. Ingresó a trabajar en la oficina de inmigrantes en la Secretaría de Gobernación, donde conoció a escritores de prestigio como Jorge Ferretis y Efrén Hernández, quienes a su vez lo acercaron al mundo de las letras y los círculos literarios.

Fuente: imágenes obtenidas en Google Maps.

Imagen 3 Mapa de la izquierda; región correspondiente al Estado de Jalisco. Mapa de la derecha; acercamiento a la región de nacimiento de Juan Rulfo (Sayula, San Gabriel y Ciudad Guzmán) 

Se fue una temporada a Guadalajara, en su estado natal, para trabajar como empleado del gobierno, donde conoció a otros personajes importantes de la literatura mexicana como Antonio Alatorre y Juan José Arreola. Se casó con Clara Aparicio y regresó a la Ciudad de México, donde recibió una beca del Centro Mexicano de Escritores, lo que le permitió dedicar más tiempo a escribir. También trabajó en la Comisión del Papaloapan como fotógrafo, en Televicentro de Guadalajara como asesor y en el Instituto Nacional Indigenista como encargado de ediciones y publicaciones, puesto que ocupó hasta su muerte en 1986 (López Mena, 2001).

De acuerdo con Sergio López Mena, Rulfo confesaba en entrevistas que vivía en soledad y se dice que aliviaba esa soledad escribiendo. Animado en sus primeros años en la Ciudad de México por Efrén Hernández y Jorge Ferretis escribió una novela titulada “El hijo del desaliento”, pero no pudo publicarla y la destruyó casi en su totalidad, lo que nos deja ver cierto carácter árido en la personalidad de Rulfo, y no sólo por la destrucción de la obra sino por el tema mismo de su novela. Hay dos títulos de obras publicadas por Jorge Ferretis, “Tierra caliente” y “El sur quema”, que bien podrían haber influido en los temas y el estilo de Rulfo, ya que hacen alusión al otro tipo de aridez. Cabe señalar que fue en el estado de Jalisco donde inició la guerra cristera (1926-1929), con un segundo capítulo (1934-1938) y la literatura mexicana de la época buscaba reflejar el reclamo que sobre la propiedad de la tierra tenían los campesinos (Rulfo, 2002, p. 16).

Rulfo declara en una ocasión que “el paisaje que corresponde a lo que yo escribo es la tierra de mi infancia. Este es el paisaje que yo recuerdo es la atmósfera de ese pueblo en el que viví lo que me ha dado el ambiente” (López, 2002, p. 13).

Algunos críticos de la obra de Rulfo lo consideran un autor nacionalista y regionalista (García 2017, p. 221), donde se narran dramas sociales de la idiosincrasia de los campesinos; aunque lo que más destaca de su obra, como menciona el catedrático, abogado y poeta mexicano, Hugo Gutiérrez Vega, “es el lenguaje… muchos campesinos mexicanos actúan y hablan como personajes de Rulfo” (Gutiérrez, 1987, p. 42), o quizá valdría decir que Rulfo les enseñó a muchos mexicanos cómo hablan los campesinos. La técnica de Rulfo consiste en la elaboración de un discurso desde la perspectiva del personaje, el flujo de la conciencia y la reflexión del protagonista como si fuera un diálogo interno, ésta es quizá la mayor característica de su obra y la razón por la cual se le considera un autor genial.

Otro de los aspectos desde el cual se puede conocer al autor son sus fotografías, donde se ve con mayor claridad la relación que existe entre los espacios creados por su obra literaria y los escenarios reales en los que pudo haberse inspirado. En sus fotografías podemos encontrar aridez y dificultades sociales. La revista América, que publicó su obra fotográfica en 1949, como se observa en la Imagen 4, también realizó una de las primeras críticas a su obra literaria:

Descubierto y estimulado desde hace tres o cuatro años por Efrén Hernández -quien lo ha puesto en contacto con los animadores de esta revista-, Juan Rulfo se ha distinguido desde sus primeras letras publicadas por una fresca sencillez soleada de tierra provechosamente llovida y por una hondura de visión poco comunes en nuestro medio literario, dentro del cual habrá de ocupar tarde o temprano el puesto que le van ganando sus pensamientos (López, 1993, p. 60).

Juan Rulfo gozó de gran reputación en vida y algunos lo han considerado el mejor escritor mexicano, a pesar de que su obra literaria es reducida. Al poco tiempo de publicarse Pedro Páramo, Rulfo fue el primero en recibir el premio Xavier Villaurrutia, galardón otorgado por escritores para escritores, y en 1970 el presidente Luis Echeverría le entregó en mano el Premio Nacional de Literatura, además de que se le rindió un homenaje nacional en 1980 (Elem, 2018).

Metodología

Las llamas y el comal: la árida pobreza en los escenarios y personajes de la obra de Rulfo

La obra de Juan Rulfo es escasa, pero le bastaron un par de obras, sus fotografías, las cartas que escribió y de las cuales hay constancia, así como unos cuadernos con ideas y apuntes, para ser uno de los autores mexicanos más reconocidos en sus poco más de 200 años de historia.

Lo más característico de su obra es el lenguaje, sobre lo cual se ha escrito bastante y de manera muy amplia (Guzmán 2019, p. 110), pero sobre lo que se ha escrito poco es sobre el carácter árido de sus escenarios y el carácter seco de sus personajes.

Abordaré las dos obras más conocidas de Rulfo, El llano en llamas (1953) y Pedro Páramo (1955), novela traducida a más de 40 idiomas, y expondré los argumentos literarios, a través de fragmentos seleccionados, para argumentar la noción de aridez tanto en sentido geográfico y ecológico, como en sentido figurado por medio de sus personajes, tal como propuse al inicio de este trabajo.

La obra de El llano en llamas es una colección de 17 cuentos con temática variada (muerte, religión, rechazo, guerra, el gobierno y la santidad), aunque los escenarios son similares y las condiciones socioeconómicas de los personajes se encuentran en el margen entre la pobreza y la pobreza extrema (Coneval, 2023).

Así, encontramos la muerte de unos hermanos que se habían adueñado de unos terrenos en “La cuesta de las comadres” o la muerte de Don Justo desde diferentes ópticas en el cuento de “En la madrugada”. O bien a un enfermo que busca la curación a través de una virgen milagrosa en “Talpa” o un grupo de mujeres que le piden a un hombre hablar en favor de la santidad del granuja de “Anacleto Morones”. El rechazo que sufren “Macario”, el niño apestado del pueblo, y Euremio Cedillo, el chico, en “La herencia de Matilde Arcángel”. El retrato de la guerra en “El llano en llamas” y “La noche que lo dejaron solo”, o la acogida que hace el pueblo al gobernador local en “El día del derrumbe”.

En concreto, analizaremos el trasfondo de la aridez a partir de tres cuentos de “El llano en llamas”, a saber, “Nos han dado la tierra”, “Es que somos muy pobres” y “Luvina”. El primero de estos relatos, “Nos han dado la tierra”, trata sobre cuatro personajes que caminan sobre el llano para llegar al pueblo, quieren un mejor reparto de tierras, pues las que les han dado, las del llano, no son buenas: “Melitón. Junto con él, vamos Faustino, Esteban y yo. Somos cuatro… dos adelante, otros dos atrás” (Rulfo, 1953, p. 25).

Los personajes son pobres, incluso uno de ellos, Esteban, ha traído una gallina consigo y el protagonista de la historia le pregunta dónde la ha robado:

   

— Oye, Teban, ¿dónde pepenaste esa gallina?

— Es la mía - dice él.

— No la traías antes. ¿Dónde la mercaste, eh?

— No la merqué, es la gallina de mi corral.

— Entonces te la trajiste de bastimento, ¿no?

— No, la traigo para cuidarla. Mi casa se quedó sola y sin nadie para que le diera de comer; por eso me la traje. Siempre que salgo lejos cargo con ella (Rulfo, 1953, p. 28).

   

Para conseguir su cometido y hablar con las autoridades para reclamar mejores tierras, los personajes deben atravesar el mismo llano que les han dado, respecto del cual se menciona que es un lugar seco donde no es posible cultivar nada, como se puede comprender en el siguiente fragmento: Después de tantas horas de caminar sin encontrar ni una sombra de árbol, ni una semilla de árbol, ni una raíz de nada […] esta llanura rajada de grietas y de arroyos secos (Rulfo, 1953, p. 25).

Mientras caminan, Faustino comienza uno de los diálogos más significativos del cuento, pues les hace notar que puede llover, aunque no es un acontecimiento que observen con alegría, sino que lo hace con escepticismo:

   

— Puede que llueva.

Todos levantamos la cara y miramos una nube negra y pesada.

… Se nos acabaron las ganas de hablar. Se nos acabaron con el calor… uno platica aquí y las palabras se calientan en la boca con el calor de afuera y se le reseca a uno en la lengua hasta que acaban con el resuello.

[…]

Cae una gota de agua, grande, gorda, haciendo un agujero en la tierra y dejando una plasta como la de un salivazo. Cae sola.

[…]

Y a la gota caída por equivocación se la come la tierra y la desaparece en su sed (Rulfo, 1953, p. 24).

   

Entonces nuestro protagonista hace un soliloquio donde escuchamos sus pensamientos, en esta característica forma rulfiana de escribir y a la que hacíamos referencia antes, razón por la cual es muy reconocido: «Desde que yo era muchacho, no vi llover nunca sobre el llano, lo que se llama llover […] no hay ni conejos ni pájaros. No hay nada» (Rulfo, 1953, p. 25), y un poco más adelante, después de recordar el momento en que les dieron la tierra, regresa al soliloquio interno:

Así nos han dado esta tierra. Y en este comal acalorado quieren que sembremos semillas de algo, para ver si algo retoña y se levanta […] aquí no hay ni la tantita [tierra] que necesitaría el viento para jugar a los remolinos (Rulfo, 1953, p. 27).

Finalmente, las autoridades justifican que ya les han dado la tierra y que es una cantidad considerable, aunque los campesinos reclaman que nos son buenas; sin embargo, la situación únicamente queda en lo dicho, no hay acción que lleve a los personajes a conseguir la tierra que buscan:

   

— Del pueblo para acá es de ustedes.

[…]

Nosotros paramos la jeta para decir que el llano no lo queríamos. Que queríamos lo que estaba junto al río. Del río para allá… la tierra buena (Rulfo, 1953, p. 26).

   

Aquí es donde la conciencia de los personajes entra en sincronía con la creencia general de que las tierras fértiles, las tierras productivas, son aquellas que pueden sembrarse, las que tienen acceso al agua, las que generan riqueza:

   

Tanta y tamaña tierra para nada… solo unas cuantas lagartijas salen a asomar la cabeza por encima de sus agujeros, y luego que sienten la tatema del sol corren a esconderse en la sombrita de una piedra.

[…]

porque a nosotros nos dieron esta costra de tepetate para que la sembráramos (Rulfo, 1953, p. 25).

   

Y los personajes insisten en que las tierras que quieren son las buenas, las que tienen acceso al agua, las que se pueden sembrar:

   

— Son miles y miles de yuntas.

— Pero no hay agua. Ni siquiera para hacer un buche hay agua.

[…]

Habría que hacer agujeros con el azadón para sembrar la semilla y ni aun así es positivo que nazca nada; ni maíz ni nada nacerá (Rulfo, 1953, p. 26).

   

Al final del cuento queda el desconsuelo por los afligidos, la aridez del trato de las autoridades y del llano, que, en el fondo, a los campesinos, no les sirve para nada (Rulfo 1953, pp. 23-29).

El segundo de los relatos, “Es que somos muy pobres”, contrasta con el primero, pues será la lluvia, la que falta en el primero, la que llevará a la ruina a la Tacha, la hermana del narrador o narradora de la historia, pues la lluvia se llevó a la vaca llamada “Serpentina” que era toda su herencia; al desaparecer la vaca por causa de la lluvia, el narrador teme que su hermana termine prostituyéndose para sobrevivir, como lo hicieron sus hermanas mayores.

Comenzó a llover como nunca… toda la cosecha de cebada estaba asoleándose en el solar. Y el aguacero llegó de repente, en grandes olas de agua, sin darnos tiempo ni siquiera a esconder, aunque fuera un manojo… como el agua fría que caía del cielo quemaba aquella cebada amarilla tan recién cortada (Rulfo, 1953, p. 43).

El contraste entre ambos cuentos es significativo, pues en el primero, la escasez de agua hace inservible la tierra y en éste la cosecha se echa a perder por exceso de agua, lo que diezma las condiciones de vida de la población en general.

El río se debía de haber llevado, quién sabe desde cuándo, el tamarindo que estaba en el solar de mi tía Jacinta, porque ahora ya no se ve ningún tamarindo. El único que había en el pueblo… (Rulfo, 1953, p. 44).

Hay una escena desgarradora en la que los personajes del cuento observan, pasivamente, la catástrofe, impotentes frente a la situación que se ha presentado y que les afecta sobremanera: “Por eso nos subimos por la barranca, donde también hay gente mirando el río y contando los perjuicios que ha hecho” (Rulfo, 1953, p. 45).

Para colmo, quien narra la historia, cuenta la desgracia de su hermana, “la vaca que mi papá le regaló para el día de su santo se la había llevado el río”, que había recibido una vaca que, de alguna manera, garantizaba una dote y hacía atractivo para algún varón, casarse con ella, pero al perder la vaca, en esta idiosincrática tierra, se acentúa la pobreza y se frustra el posible futuro del personaje.

Mi papá con muchos trabajos había conseguido a la Serpentina, desde que era una vaquilla, para dársela a mi hermana, con el fin de que ella tuviera un capitalito y no se fuera a ir de piruja como lo hicieron mis otras dos hermanas, las más grandes… ellas se habían echado a perder porque éramos muy pobres en mi casa… ellas aprendieron pronto y entendían muy bien los chiflidos, cuando las llamaban a altas horas de la noche… entonces mi papá las corrió a las dos (Rulfo, 1953, p. 46).

Como se deja ver en el fragmento anterior, la consecuencia funesta por la pérdida de la vaca consiste en la necesidad de prostituirse para conseguir dinero, pues con la vaca se extinguen las posibilidades de una vida “honesta”.

Se fueron para Ayutla… pero andan de pirujas. Por eso le entra la mortificación a mi papá, ahora por la Tacha, que no quiere que vaya a resultar como sus otras dos hermanas, al sentir que se quedó muy pobre viendo la falta de su vaca, viendo que ya no va a tener con qué entretenerse mientras le da por crecer y pueda casarse con un hombre bueno, que la pueda querer para siempre (Rulfo, 1953, p. 47).

Al igual que en “Nos han dado la tierra”, el cuento concluye con la imposibilidad de redención o la posibilidad de recuperar la vaca o algo que salve el futuro de la Tacha, uno de los personajes incluso es testigo y dice haberla visto patas arriba arrastrada por el río (Rulfo, 1953, pp. 43-48).

El tercer cuento, “Luvina”, es el relato de un lugar inhóspito donde vivir es casi imposible; un hombre pregunta al narrador sobre Luvina y éste explica cómo es el pueblo y algunas de las experiencias que tuvo allá: “Allá viví. Allá dejé la vida… fui a ese lugar con mis ilusiones cabales y volví viejo y acabado. Y ahora usted va para allá…” (Rulfo, 1953, p. 127).

Un viento que no deja crecer ni a las dulcamaras: esas plantitas tristes que apenas si pueden vivir un poco untadas a la tierra, agarradas con todas sus manos al despeñadero de los montes. Sólo a veces, allí donde hay un poco de sombra, escondido entre las piedras, florece la chicalote con sus amapolas blancas. Pero de la chicalote pronto se marchita (Rulfo, 1953, pp. 123-124).

El lugar es inhóspito, porque nunca sale el sol y el viento desgarra la tierra, la erosiona, y el ánimo decae porque es un lugar donde resulta muy difícil vivir:

Otra cosa, señor. Nunca verá usted un cielo azul en Luvina. Allí todo el horizonte está desteñido; nublado siempre por una mancha caliginosa que no se borra nunca. Todo el lomerío pelón, sin un árbol, sin una cosa verde para descansar los ojos; todo envuelto en el calín ceniciento. Usted verá eso: aquellos cerros apagados como si estuvieran muertos y a Luvina en el más alto, coronándolo con su blanco caserío como si fuera una corona de muerto… (Rulfo, 1953, p. 125).

Quizá si la tierra fuera fértil y lloviera sería un lugar para vivir, pero en la descripción de “Luvina” la ausencia de lluvias resulta también una característica, como se muestra en los siguientes fragmentos:

Pues sí, como le estaba diciendo. Allá llueve poco. A mediados de año llegan unas cuantas tormentas que azotan la tierra y la desgarran, dejando nada más el pedregal flotando encima del tepetate. Es bueno ver entonces cómo se arrastran las nubes, cómo andan de un cerro a otro dando tumbos como si fueran vejigas infladas; rebotando y pegando de trueno igual que si se quebraran en el filo de las barrancas. Pero después de diez o doce días se van y no regresan sino al año siguiente, y a veces se da el caso de que no regresen en varios años (Rulfo, 1953, p. 125).

Otra de las características de la obra de Rulfo, además del lenguaje, consiste en la reiteración de las ideas en la mente de los personajes que, como se puede comprobar en los fragmentos hasta ahora presentados, regresan constantemente a ellos, eso sí, expresados siempre de manera diferente.

Sí, llueve poco. Tan poco o casi nada, tanto que la tierra, además de estar reseca y achicada como cuero viejo, se ha llenado de rajaduras y de esa cosa que allí llaman “pasojos de agua”, que no son sino terrones endurecidos como piedras filosas, que se clavan en los pies de uno al caminar, como si allí hasta la tierra le hubieran crecido espinas. Como si así fuera (Rulfo, 1953, pp. 125-126).

Otro de los aspectos propios de Luvina, además de la aridez, es que el tiempo pierde su significado, un lugar donde el tiempo parece detenerse, donde los problemas se eternizan y hasta la muerte parece un alivio:

Y es que allá el tiempo es muy largo. Nadie lleva la cuenta de las horas ni a nadie le preocupa cómo van amontonándose los años. Los días comienzan y se acaban. Luego viene la noche. Solamente el día y la noche hasta el día de la muerte, que para ellos es una esperanza (Rulfo, 1953, p. 131).

En Luvina, como en cualquier lugar donde no hay futuro plausible, la gente joven se va, y sólo quedan los viejos, quienes tienen menores posibilidades de salir:

Porque en Luvina sólo viven los puros viejos y los que todavía no han nacido, como quien dice… y mujeres sin fuerzas, casi trabadas de tan flacas. Los niños que han nacido allí se han ido… apenas les clarea el alba y ya son hombres. Como quien dice, pegan el brinco del pecho de la madre al azadón y desaparecen de Luvina. Así es allí la cosa. (Rulfo, 1953, p. 131-132).

El relato destaca también el carácter religioso, reflejo de la mexicanidad, cuando el narrador relata su primer día en Luvina:

   

Una plaza sola, sin una sola yerba para detener el aire. Allí nos quedamos […]

— ¿Qué haces aquí, Agripina?

— Entré a rezar -nos dijo.

— ¿Para qué? -le pregunté yo.

Y ella se alzó de hombros.

Allí no había a quien rezarle. Era un jacalón vacío, sin puertas, nada más con unos socavones abiertos y un techo resquebrajado por donde se colaba el aire como por un cedazo (Rulfo, 1953, p. 128).

   

Aunado a la aridez, también la pobreza hace su aparición, y lo hace dramáticamente, porque Agripina entró a la iglesia al enterarse de que no había comida, y prefirió buscar ayuda divina:

Pero no tienen qué darnos de comer. Me dijeron sin sacar la cabeza que en este pueblo no había de comer… entonces entré aquí a rezar, a pedirle a Dios por nosotros (Rulfo, 1953, p. 129).

Y si no hay comida, tampoco agua, y los personajes deben buscarla, y todo parece un ritual de repetición donde cada movimiento es signo de supervivencia:

   

Vi a todas las mujeres de Luvina con su cántaro al hombro, con el rebozo colgado de su cabeza y sus figuras negras sobre el negro fondo de la noche.

— ¿Qué quieren? -les pregunté - ¿que buscan estas horas? Una de ellas respondió:

— Vamos por agua.

Las vi paradas frente a mí, mirándome. Luego, como si fueran sombras, echaron a caminar a calle abajo con sus negros cántaros (Rulfo, 1953, p. 130).

   

Otro aspecto de la obra, que forma parte de la idiosincrasia mexicana, es el apego al lugar de origen, también en el relato se muestra la esperanza de un cambio, la esperanza en un gobierno inexistente y la esperanza de una vida mejor que, como en los otros relatos, no llegará nunca.

   

Un día traté de convencerlos de que se fueran a otro lugar, donde la tierra fuera buena. “¡Vámonos de aquí -les dije-. No faltará modo de acomodarnos en alguna parte. ¡El gobierno nos ayudará!”.

[…]

— Dices que el gobierno nos ayudará, profesor ¿tú conoces al gobierno?

Les dije que sí.

— También nosotros lo conocemos. Da esa casualidad. De lo que no sabemos nada de la madre del gobierno (Rulfo, 1953, p. 132).

   

Otra característica de la mexicanidad es el apego a la tierra, a la casa paterna (Bartra, 2006, p. 23), todavía, hoy en día, la gente encuentra dificultad en dejar, vender o separarse de esa herencia a pesar, muchas veces, de la conveniencia de hacerlo.

   

Y allá siguen. Ustedes los verá ahora que vaya. Mascando bagazos de mezquite seco y tragándose su propia saliva para engañar el hambre. Los mirará pasar como sombras, repegados al muro de las casas casi arrastrados por el viento.

[…]

Malo cuando deja de hacer aire. Cuando eso sucede, El sol se arrima mucho a Luvina y nos chupan la sangre y la poca agua que tenemos en el pellejo. El aire hace que el sol se esté allá arriba. Así es mejor (Rulfo, 1953, p. 133).

   

En ocasiones, más orillado por la necesidad que por el deseo, algunos mexicanos buscan cambiar su residencia esperando encontrar un mejor sitio donde vivir, pero estos sueños americanos no siempre se cumplen.

San Juan Luvina. Me sonaba nombre de cielo aquel nombre. Pero aquello es el purgatorio. Un lugar donde… ya no hay ni quien le ladre al silencio; pues en cuanto uno se acostumbra al vendaval que allí sopla, no se oye sino el que hay en todas las soledades (Rulfo, 1953, p. 134).

Finalmente, y es un aspecto que también se encontrará en la obra de “Pedro Páramo”, Luvina se describe, al igual que Comala, como un lugar triste, lóbrego, como si hubiera sido abandonado por Dios mismo.

   

Yo diría que es el lugar donde anida la tristeza. Donde no se conoce la sonrisa, como si a toda la gente le hubieran entablado la cara…

El aire que allí sopla la revuelve, pero no se la lleva nunca… hasta se puede probar y sentir, porque está siempre encima de uno, apretada contra de uno, y porque es oprimente como una gran cataplasma sobre la viva carne del corazón.

[…]

Yo siempre lo que llegué a ver, cuando había luna en Luvina, pues la imagen del desconsuelo… siempre (Rulfo, 1953, pp. 123-135).

   

En la obra de “Pedro Páramo” (1955) publicada poco después que “El llano en llamas” y donde encontramos características similares, se agudizan y exacerban algunos de estos temas (la aridez, la pobreza, el rechazo y la muerte).

En esta obra, la más conocida y traducida de Juan Rulfo, el protagonista, Juan Preciado, hace la promesa, a su madre moribunda, de conocer a su padre, Pedro Páramo, para lo cual debe visitar un lugar llamado Comala. El nombre de Comala es significativo, ya que etimológicamente significa “lugar donde se hacen comales”, en el sur del Estado de Jalisco los comales se hacían de barro cocido, aunque hoy en día son más comunes los de metal. El comal es un instrumento para calentar la comida, hoy particularmente se utiliza para la elaboración de tortillas (el acompañamiento tradicional de la comida mexicana).

   

— Hace calor aquí- dije.

— Sí, y esto no es nada- me contestó el otro-. Cálmese.

Ya lo sentirá más fuerte cuando lleguemos a Comala. Aquello está sobre las brasas de la tierra, en la mera boca del Infierno. Con decirle que muchos de los que allí se mueren, al llegar al Infierno regresan por su cobija (p. 8).

   

En “El llano en llamas” se hacía alusión al purgatorio, pero si Luvina fuera el purgatorio, Comala, en el imaginario de sus habitantes, es el Infierno:

Sólo yo entiendo lo lejos que está el cielo de nosotros; pero conozco cómo acortar las veredas. Todo consiste en morir, Dios mediante, cuando uno quiera y no cuando él disponga. O, si tú quieres, forzarlo a disponer antes de tiempo (Rulfo, 1955, p. 13).

Y es que al inicio de la obra seguimos al protagonista por el pueblo de Comala donde se entrevista con diferentes personajes para conocer el paradero de Pedro Páramo, a quien todos parecen conocer muy bien, y de pronto, las escenas se destemporalizan, el relato pierde su cronología y parece que se pierde en el tiempo y el espacio: “El reloj de la iglesia dio las horas, una tras otra, una tras otra, como si se hubiera encogido el tiempo” (Rulfo, 1955, p. 18).

Poco a poco el lector se percata de que en Comala están todos muertos, que son fantasmas, o algo parecido, aunque queda en duda si el protagonista también lo está, o es un fantasma, o sólo es el pretexto para hablar de Pedro Páramo. Es la muerte uno de los temas presentes en la obra:

De día no sé qué harán; pero las noches se la pasan en su encierro. Aquí esas horas están llenas de espantos. Si usted viera el gentío de ánimas que andan sueltas por la calle… son tantas, y nosotros tan poquitos, que ya ni la lucha le hacemos para rezar porque salgan de sus penas. No ajustarían nuestras oraciones para todos.

Nadie podrá alzar sus ojos al cielo sin sentirlo sucios de vergüenza. Y la vergüenza no cura. (Rulfo, 1955, p. 55).

Aunque Comala no se percibe inmediatamente como una región de muertos, pues el relato comienza con Juan Preciado haciendo una promesa a su madre en el lecho de muerte y luego camina rumbo al sitio donde debe encontrar a su padre, al protagonista le informan que ese lugar está lleno de almas vagabundas:

Y esa es la cosa por la que esto está lleno de ánimas; un puro vagabundear de gente que murió sin perdón y que no lo conseguirá de ningún modo, mucho menos valiéndose de nosotros. Ya viene. ¿Lo oye usted? (Rulfo, 1955, p. 56).

Y la muerte también se hace presente como reflexión filosófica, un misterio de ensoñaciones y recuerdos donde incluso, para algunos personajes de la obra, mejor sería la muerte simple y llana.

Esa noche volvieron a sucederse los sueños ¿por qué este recordar intenso de tantas cosas? ¿Por qué no simplemente la muerte y no esta música tierna del pasado? (Rulfo, 1955, p. 106).

Alguien podría argumentar, en contra del planteamiento inicial, que además de tratarse de una obra de ficción y estar ambientada en un lugar donde todos están muertos o son fantasmas, sería absurdo plantear la noción de aridez en la obra, sin embargo, la obra fotográfica y el realismo crudo con que suele describirse la obra de Juan Rulfo, sirven como base de inspiración al autor. Como contrargumento podríamos sugerir que la pobreza o la riqueza no tendrían por qué tener cabida en una región habitada por fantasmas, sin embargo:

— Dices bien. Aunque con los gastos que hicimos para enterrar a tu abuelo y los diezmos que le hemos pagado a la iglesia nos hemos quedado sin un centavo. Sin embargo, haremos un sacrificio y compraremos otro. Sería bueno que fueras a ver a doña Inés Villalpando y le pidieras que nos lo fiara para octubre. Se lo pagaremos en las cosechas. (Rulfo, 1955, p. 16).

La pobreza y desventura están presentes en Comala, “hay pueblos que saben a desdicha” (Rulfo, 1955, p. 88), así como la tristeza y la desesperanza, pues también en este relato, más allá de que el protagonista cumple con el compromiso de conocer a Pedro Páramo, en realidad los personajes que los rodean cuentan, por no decir, viven las miserias que le refieren.

Este mundo, que lo aprieta a uno por todos lados, que va vaciando puños de nuestro polvo aquí y allá, haciéndonos en pedazos como si rociara la tierra con nuestra sangre. (Rulfo, 1955, p. 89).

“Y es que la alegría cansa. Por eso no me extrañó que aquello terminara” (Rulfo, 1955, p. 44), pues “cada suspiro es como un sorbo de vida del que uno se deshace” (Rulfo, 1955, p. 45), como si la vida triste, miserable e inhóspita imperara en esta región, llamada Comala, en medio de un llano que quema, como la flama en el comal, inspirada en el sur de Jalisco, México.

Resultados

México: un país megadiverso

El término megadiversidad surgió en el Centro de Monitoreo de la Conservación del Ambiente (UNEP), por sus siglas en inglés, dentro del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), y se refiere a la cantidad y diversidad de especies, animales, vegetales y ecosistemas que hay en una región o país.

Son 17 los países clasificados como megadiversos, a saber, Brasil, Colombia, Ecuador, Estados Unidos, México, Perú y Venezuela en América; Madagascar, República Democrática del Congo y Sudáfrica en África; Australia y Papúa Nueva Guinea en Oceanía; y China, Filipinas, Indonesia, India y Malasia en Asia. De todos ellos, Brasil, China y México son los países que cuentan con mayor porcentaje de megadiversidad.

En estos países, que abarcan aproximadamente el 10% del plantea, se encuentran cerca del 70% de la biodiversidad global, razón por la cual los organismos internacionales dedican esfuerzos para su conservación. Algunas de las amenazas más grandes que tienen estos territorios son la deforestación, el cambio climático, la caza ilegal de animales en peligro de extinción, la sobreexplotación de recursos naturales y el crecimiento de las zonas urbanas.

México creó en 2002 el Grupo de los Países Megadiversos Afines, con el objetivo de “establecer acuerdos y cooperación a fin de promover la conservación y uso sostenible de la diversidad natural de sus países miembros, así como la necesidad de crear un régimen internacional que resguarde la megadiversidad” (Conabio 2024). México ha tenido que enfrentar problemas y dificultades, tanto naturales como provocadas por intereses políticos y empresariales, para intentar conservar su diversidad.

Desde la década de los años ochenta, la diversidad se clasifica en: genética (variantes en la composición genética de animales y plantas), de especies (características comunes de especies que comparten un mismo ecosistema), y de ecosistema (que describe las áreas geográficas específicas que permiten el desarrollo de un grupo de especies); los ecosistemas a su vez se subclasifican en terrestres y marinos (Aquae Fundación, 2024). Dentro de los ecosistemas terrestres de México encontramos el bosque (mesófilo y de montaña); la selva (húmeda y subhúmeda); el manglar; el matorral xerófilo; el pastizal (natural, inducido y cultivado); vegetación (hidrófila, halófila y gipsófila) y una clasificación denominada otros tipos de vegetación que incluye: áreas sin vegetación aparente, chaparral, mezquital, bosque de mezquite, mezquital tropical, palmar, sabana, vegetación de dunas costeras y palmar inducido.

Es esta última clasificación de otro tipo de vegetación la que más se asemeja a la descripción de la obra de Juan Rulfo. El chaparral, por ejemplo, se define como aquel ecosistema que se desarrolla en las regiones áridas y semiáridas como laderas y cerros, con clima seco y semiseco, donde se encuentran arbustos resistentes al fuego como el encinillo y el charrasquillo; el mezquital, por su parte, tiene una vegetación dominada por árboles espinosos (como los mezquites, de ahí su nombre), se encuentra en climas áridos aunque permanecen verdes en tiempos de sequía debido a que sus raíces largas buscan aguas subterráneas; la sabana es un ecosistema formado por una llanura de gran extensión cubierta de pastizales y hierbas en las que hay escasos y muy dispersos árboles; y las dunas costeras que están formadas principalmente por la erosión de arrecifes, en otras palabras, por la desertificación de ecosistema marino (Semarnat, 2016).

De acuerdo con el Informe de la Situación del Medio Ambiente en México (2016) de la Secretaria del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), la superficie total del territorio mexicano es de 196, 437, 500 hectáreas, de las cuales, las áreas sin vegetación aparente, chaparrales, mezquitas y sabanas representan el 3.06% (6, 010, 041 hectáreas) del territorio nacional, lo que podría considerarse la zona árida del país; sin embargo, de acuerdo con el Mapeo del índice de aridez y su distribución poblacional en México (RCHSCFA, 2011), la región considerada como semi-árida es la que ocupa mayor extensión territorial (69, 200, 000 hectáreas) que representan el 35% del territorio mexicano.

Paradojas: megadiversidad, aridez, pobreza y literatura

Es lógico pensar que la aridez y la pobreza tienen una relación directamente proporcional, y esta idea tiene sentido si consideramos que, a menor capacidad de producción, debido a la infertilidad de suelo, menos producción de alimentos, a menor producción de alimentos, mayor desnutrición poblacional y menor ingreso económico regional por concepto de venta de excedente, y a menor ingreso económico por falta de excedente, mayor pobreza, tal como se puede apreciar en la obra de Juan Rulfo.

No podemos negar que Juan Rulfo es uno de los autores mexicanos más leídos tanto a nivel nacional, por la accesibilidad de su obra (en cantidad y calidad literaria) y por los premios que recibió en vida, como a nivel internacional, por sus traducciones. Tampoco podemos negar que la imagen que se ha generado del mexicano en el extranjero, particularmente desde Estados Unidos, a través de la industria cultural y del entretenimiento, comparte características de los personajes de Juan Rulfo.

Si entendemos por paradoja “un dicho o hecho aparentemente contradictorio o contrario a la lógica” como lo define la Real Academia Española de la Lengua (RAE), entonces podemos afirmar, y esta es la tesis que deseo sostener, que hay cierta paradoja entre la obra literaria de Juan Rulfo y la realidad nacional, o bien, entre la idea que hemos generado sobre la relación entre la aridez y la pobreza en México, y sus mediciones.

En un país megadiverso como es México ¿no debería haber más recursos, oportunidad de explotarlos y, por tanto, menos pobreza?, ¿es México un país pobre a pesar de ser la decimosegunda potencia económica a nivel mundial? (FMI, 2023), ¿Cómo debe comprenderse la pobreza si no es a partir de los recursos de los que se dispone?, ¿Existe una relación entre aridez y pobreza o es sólo una ficción literaria?

Informe sobre la pobreza en México

El Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Historia (INEGI) es el órgano encargado de medir, entre otros temas, las cuestiones relativas a la población y el territorio del país. Publica cada dos años la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH), que sirve como base para hacer la medición sobre la pobreza; estos organismos proveen los datos oficiales de la nación.

A su vez, el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), instituto encargado de hacer las mediciones, publica cada cuatro años el informe sobre medición de la pobreza multidimensional. Los últimos informes de lo que disponemos son los de 2022, con miras a un futuro informe en 2026.

El Coneval, que surgió en el año 2004, publica el informe y en él detalla los antecedentes, las fuentes de información, la metodología, los resultados y las estimaciones para los siguientes años. En resumen, la pobreza se mide a partir del bienestar económico, los derechos sociales y una revisión del contexto territorial.

El bienestar económico se refiere al ingreso. Los derechos sociales se refieren al rezago educativo, acceso a servicios de salud y seguridad social, la calidad y espacios de la vivienda, así como los servicios básicos y el acceso a la alimentación nutritiva y de calidad. Finalmente, la revisión del contexto territorial, que es donde podríamos hacer énfasis para este análisis, se limita a medir el grado de cohesión social y el grado de accesibilidad a carretera pavimentada (Ceneval, 2023).

A pesar de que la obra rulfiana es anterior a las mediciones de pobreza actuales en México, propongo relacionar los fragmentos extraídos de la obra literaria para argumentar que los personajes de El llano en llamas y Pedro Páramo sí se encuentran inmersos en un problema de bienestar económico3, pues apenas generan riqueza y dependen de la cosecha y la salud del ganado. También se puede leer un problema de derechos sociales (educación, salud, trabajo, alimentación nutritiva, vivienda y medio ambiente sano) en la obra de Rulfo, al menos en lo concerniente al reparto de tierras, o mejores tierras. Finalmente, y con mayor razón, en una revisión del contexto territorial la obra se sumerge en un contexto territorial difícil para los personajes; incluso en las primeras líneas de Pedro Páramo se nos avisa que “Era el tiempo de la canícula,4 cuando el aire de agosto sopla caliente, envenenado por el olor podrido de las saponarias”.

El informe busca dar un enfoque multidimensional para dar mayor objetividad a los resultados y, aunque no dejan de ser mediciones estandarizadas, ofrece un cruzamiento de información entre las variables antes descritas. En México la clasificación de la pobreza tiene dos caras, la moderada y la extrema. En resumen, de los 127 millones de mexicanos que habitan el país el 36.3% vive en situación de pobreza, es decir, 46.8 millones de personas, de las cuales 9.1 millones se encuentran en la clasificación de pobreza extrema.5

Respecto a los indicadores, y como se muestra en las siguientes gráficas, entre el año 2016 y el 2020, se observan pequeños cambios positivos en acceso a seguridad social, calidad de espacios en la vivienda y acceso a servicios básicos en vivienda; ligeros cambios negativos en rezago educativo y acceso a la alimentación nutritiva y de calidad; y donde se observa un desliz más significativo es en acceso a servicios de salud, que pasó de 20.1 a 35.7 millones de personas en tan sólo dos años.

Fuente: Coneval. Medición de pobreza 2022, p. 37.

Porcentaje de la población en situación de pobreza por entidad federativa 

Fuente: Coneval. Medición de pobreza 2022, p. 38.

Porcentaje de la población en situación de pobreza por entidad federativa 

De acuerdo con el informe del Coneval, los estados con mayor índice de pobreza no son los estados ubicados en las zonas áridas como podría pensarse a partir de la obra de Rulfo y de los personajes animados por la industria cultural y del entretenimiento norteamericana, sino aquellos que tienen mayor diversidad de ecosistemas terrestres y marinos.

Por eso sostengo en este trabajo que resulta paradójico que los estados con mayor riqueza territorial: con mayor biodiversidad, ecosistemas, aguas naturales, tierra fértil, clima tropical, etc., sean los estados más pobres del país.

Análisis y discusión

México es un país megadiverso con un gran reto para conservar la biodiversidad y los ecosistemas en un tiempo donde la tendencia mundial apunta en la dirección contraria, es decir, en la destrucción intencional de los ecosistemas con fines económicos, como se puede apreciar en incendios masivos de Australia, Brasil, Angola y El Congo en 2019 y 2020, por no hablar del calentamiento global, tanto el natural (por estar en periodo de deshielo), como la aceleración que provoca el estilo de vida humano.

Como se muestra en la Tabla 2, uno de los fenómenos más lamentables que México ha vivido en los últimos años es el de la agresión (intimidación, criminalización, desaparición y homicidio) hacia los ambientalistas, personas que han perdido la vida por defender la tierra y la diversidad. Entre 1995 y 2015 se registraron 503 agresiones y se calculaban cerca de cien asesinatos, según reportaba Lucía Velázquez Hernández, pero el volumen de agresiones (y de agresiones letales como se las llama) ha incrementado en los últimos años; de ellas, casi la mitad (41%) son hacia defensores indígenas, y la mayoría de ellas en los estados de Oaxaca, Puebla y Estado de México.

Tabla 2 Eventos de agresiones y homicidios registrados desde 2014 de acuerdo con el Centro Mexicano de Derecho Ambiental (CEMDA) 

Año Eventos de agresión Agresiones letales
2014 78 4
2015 107 11
2016 85 1
2017 53 29
2018 49 21
2019 39 15
2020 65 18
2021 108 25
2022 197 24
2023 123 20

Fuente: Centro Mexicano de Derecho ambiental (2014).

México es un país con alto porcentaje de pobreza, a pesar de ser un país megadiverso con grandes recursos naturales. Los estados con mayor diversidad son los medidos con mayor índice de pobreza y donde se perpetran mayor número de agresiones contra ambientalistas.

Todas estas observaciones y todas estas cifras nos deben conducir a interrogantes estructurales: ¿por qué se permiten las agresiones contra los ambientalistas?, ¿dónde radica la verdadera pobreza de un país? o bien ¿cuál es la verdadera riqueza o cuál debería ser la fuente de riqueza de una nación?

Conclusiones

Juan Rulfo no tiene la culpa de ni de la pobreza ni de la aridez, tampoco puedo decir que haya mentido al respecto, finalmente hizo obra literaria; sin embargo, hay una cuestión que debemos comprender, ¿por qué se generó la imagen de la pobreza asociada con la aridez en el inconsciente colectivo nacional e internacional?, ¿fue acaso la imagen que el gobierno de México quiso impulsar hacia el exterior a mediados del siglo XX?

Es comprensible que las referencias estereotípicas que existen sobre México en la cultura norteamericana estén inspiradas principalmente en las comunidades más cercanas a la frontera con México, pero no deja de sorprender la similitud que hay en personajes como Speedy González de Warner Brothers (WB), Pancho Pistolas de Walt Disney, Bender, el robot “hecho en México” de la serie Futurama de Matt Groening, mismo creador de la serie “Los Simpsons” donde también hay un personaje mexicano, Bumblebee Man (El hombre abejorro), o Pepe Trueno, el burro compañero de Tiro Loco en las historias de Hannah Barbera.

Juan Rulfo formó parte de la administración pública y la intelectualidad mexicana del siglo XX, como también lo hicieron otros autores que estaban ligados al gobierno y la diplomacia como Federico Gamboa, Amado Nervo, José Juan Tablada, Enrique González Martínez, Efrén Rebolledo, Genaro Estrada, Octavio G. Barreda, Alfonso Reyes, Manuel Maples Arce, José Gorostiza, Jaime Torres Bodet, Octavio Paz y Carlos Fuentes (SRE, 1998) ¿Por qué hoy en día hay menos escritores relacionados con la política cuando hubo tantos en el siglo XX?, ¿hubo algún intento por generar una idea falsa sobre la pobreza en el país?

Es una premisa, regularmente aceptada, la de que las artes, como el cine y la literatura, son reflejo de la sociedad de su tiempo, aunque otras premisas afirman que los medios de comunicación, donde también se encuentran el cine y la literatura, moldean a la sociedad de su tiempo. ¿Debería cambiar la imagen que hay sobre México a partir de la literatura contemporánea, para ser un reflejo más cercano a la realidad?

Referencias

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Asociación chilena de turismo (Achet) (2014). [ Links ]

Bartra, R. (2006). Anatomía del mexicano. México. Debolsillo. [ Links ]

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Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE). (1998) Escritores en la diplomacia mexicana. México. [ Links ]

We are Water Foundation (2022). [ Links ]

2Para una mayor comprensión en la diferencia empleada entre concepto y noción, puede consultar Hernández Franco, J. A. (2011)Sociología general y jurídica. Colección de textos jurídicos universitarios. México. Oxford.

3El “Llano en llamas” se publicó en 1953 y “Pedro Páramo” en 1955, ambas obras durante el gobierno de Miguel Alemán Valdés (1952-1958), periodo que presume modernización y mayor producción agrícola. La década de los 50 en México es recordada como próspera. Tal y como se puede apreciar en: Martínez Rodríguez, Antonia (1993). El sexenio alemanista: modernización ecónomica y proyecto político (1946-1952). Universidad Complutense de Madrid. España, 2002. Recuperado de https://hdl.handle.net/20.500.14352/62370

4De acuerdo con el Instituto Mexicano de Tecnología del Agua (IMTA), perteneciente a la Secretaría del Medio Ambiente (Semarnat) (2019). La canícula es un fenómeno climático que se presenta durante la última quincena de julio y dura 40 días aproximadamente en México. La canícula se caracteriza por ser un periodo de aumento de la temperatura debido a un calentamiento excesivo del aire, cielos despejados y baja precipitación. Curiosamente afecta más a los Estados menos áridos: Veracruz, Tabasco, Tamaulipas, Nuevo León, San Luis Potosí, Colima, Michoacán, Guerrero, Oaxaca y Chiapas. Recuperado en https://www.gob.mx/imta/articulos/que-es-la-canicula

5Coneval considera pobreza en México cuando el ingreso familiar, es decir, personas que viven bajo el mismo techo, se encuentra por debajo de los 13 mil pesos mensuales, y pobreza extrema cuando el ingreso familiar no alcanza los 6 mil pesos mensuales.

6Editor: Rogelio Del Prado Flores

Recibido: 30 de Octubre de 2024; Aprobado: 15 de Noviembre de 2024

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Licenciado en comunicación, maestro en historia del pensamiento y doctor en Filosofía. Profesor e investigador en materias transdisciplinarias que van desde la comunicación y la literatura, pasando por la historia, hasta la filosofía y la sociología. Ha publicado Los bordes del tiempo, un libro sobre la aceleración social y una distopía sobre la espacio-temporalidad en Cuando el futuro nos alcance: utopías y distopías en el cine. Actualmente tiene un programa de radio Por Escrito donde se habla de temas culturales y literarios.

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