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Academia XXII

versión On-line ISSN 2594-083Xversión impresa ISSN 2007-252X

Academia XXII vol.16 no.31 Ciudad de México ene./jun. 2025  Epub 21-Oct-2025

https://doi.org/10.22201/fa.2007252xp.2025.16.31.91572 

Dossier

La ciudad de Teotihuacan. Una mirada

The City of Teotihuacan. An Overview

Margarita Muñoz Fuentes* 
http://orcid.org/0000-0002-8543-8962

*Facultad de Arquitectura Universidad Nacional Autónoma de México, México. margarita.munoz@fa.unam.mx


Resumen

Los hallazgos de los últimos cincuenta años en Teotihuacan relacionados con las estructuras subterráneas por debajo de las pirámides del Sol y la Serpiente Emplumada permiten replantear el carácter monumental de la ciudad por uno pluridimensional y su importancia en la conceptualización de la cosmovisión mesoamericana a través de cada uno de los niveles urbano-arquitectónicos y el contenido de sus manifestaciones plásticas y materiales, comparable con otras urbes del periodo Clásico. Una perspectiva que distingue el carácter cosmogónico de Teotihuacan en el que se ubican cerámica, escultura, pintura mural y, por lo tanto, su contenido.

Palabras clave: ciudad; arquitectura; cosmovisión; Teotihuacan

Abstract

The revelations of the last fifty years in Teotihuacan, related to the subway structures below the pyramids of the Sun and the Feathered Serpent, allow us to rethink the monumental character of the city as a multidimensional one, along with its importance in the conceptualization of the Mesoamerican cosmovision through each of the urban-architectural levels, and the content of its plastic and material manifestations, comparable to other cities of the Classic period. A perspective that distinguishes the cosmogonic character of Teotihuacan in which ceramics, sculpture, mural painting and, therefore, the whole body of work is contained.

Keywords: City; architecture; cosmovision; Teotihuacan

La antigua ciudad de Teotihuacan ha desvelado parte de su contenido como resultado de más de cien años de exploración arqueológica, del desarrollo de estudios con perspectivas y enfoques distintos a través de disciplinas y tecnologías diversas -incluida la pintura mural- y, de manera significativa, de los relatos míticos de tradición indígena -mexica-1 recuperados mil años después del abandono de la ciudad, narraciones que ubican a Teotihuacan como el lugar de origen de la era actual -a partir de una visión teogónica de los astros del sol y la luna-, y el lugar de creación de los seres que habrían de habitarla; un sitio con espacio-tiempo cósmicos y la imagen de la montaña con las semillas en su interior -huesos de los ancestros-, que dan origen a los nuevos seres humanos.

Una visión de Teotihuacan en la que ha prevalecido el carácter monumental de sus estructuras -adoptado a principios del siglo XX- y que hoy es posible replantear a la luz del conocimiento acerca de su trazo urbano y arquitectónico, piramidal, doméstico y de servicio y, de manera particular, subterráneo, a partir de los túneles construidos por los teotihuacanos por debajo de las pirámides del Sol y la Serpiente Emplumada, y su contenido, relacionados con los ámbitos celeste, terrestre e inframundo de la cosmovisión mesoamericana.

Mesoamérica

La Mesoamérica precolombina es un territorio conformado por el asentamiento de grupos étnicos provenientes de diferentes latitudes como resultado de procesos prolongados de migración. Una zona elegida para el asentamiento por grupos con una cultura milenaria, y el desarrollo de estrategias de sobrevivencia adoptadas a lo largo del tiempo y el espacio a través de zonas terrestres y marinas extensas, con climas y puntos de observación diversos, en movimiento, por el andar. Una región plurilingüe que se integra por culturas originales, cada una con prácticas sociales y estéticas propias y una forma compartida de concebir y ubicarse en el universo, una misión, una cosmovisión.2 Un proceso suigéneris, sin influencia o subordinación a grupos o culturas externas, por contacto o conquista.

Migración. Cultura a través del andar

La migración es una práctica inherente al ser humano que se caracteriza por el andar y el cruce de barreras naturales y sociales a través del territorio en la búsqueda de nuevas y mejores condiciones para la vida.

El proceso trashumante que derivó en Mesoamérica fue un andar pluriétnico y pluricultural con capacidad de conformar una visión integrada del cosmos en tres niveles, el terrestre, celeste y subterráneo -subjetivo-, una concepción pragmática en la que se ubicaba al ser humano, su origen y labor en el mundo. Con márgenes amplios de creación, el hombre mesoamericano imaginó, diseñó y conceptualizó el cosmos de manera orgánica -organizada, sistemática y estructurada- en la forma en que un ser vivo es apto para generar y reproducir la vida, estableciendo con la naturaleza una relación horizontal, no jerarquizada, en el mismo nivel de actuación -flora, fauna, astros-, siendo su tarea la activación cíclica de la vida, en movimiento. Una cultura construida a través del andar, la observación, el registro y la praxis, heredera de un saber y manejo ancestral del trabajo en piedra y los minerales que no conoció los metales -el bronce y el hierro-, y que cultivó y recreó de manera colectiva el conocimiento acerca de los procesos biológicos sobre los que construyó y se instaló en el mundo, una forma de habitarlo y reproducirlo.

Cosmovisión

La cosmovisión mesoamericana era una manera de ubicarse en el mundo elaborada por grupos de origen, lengua y cultura diversos, integrada en un corpus original de conceptos y prácticas sociales colectivas. Un concepto del universo que relaciona horizontalmente,a nivel de superficie, los cuatro puntos cardinales (norte-sureste-oeste) y sus esquinas, y de manera vertical los ámbitos celeste, terrestre y subterráneo, el inframundo, el espacio en donde se crea la vida por acción de los componentes visibles, no visibles, y subjetivos, entendiendo por subjetivo lo interno, intrínseco al ser humano, como un elemento activo de la realidad.

Un concepto suigéneris de naturaleza que percibe el tiempo y el espacio de manera integrada y relativa, según el lugar y el momento en el que se registra, por lo que el espacio es también un tiempo. Un espacio-tiempo cosmogónicos que relaciona el movimiento de los astros (sol, luna, planetas y grupos de estrellas) y su acción sobre la tierra, por la presencia o ausencia cíclica de luz, energía, brillo u oscuridad, los estados del tiempo y, por lo tanto, las estaciones de frío, calor, lluvia o estiaje. Una noción que calendariza el tiempo-espacio de los ciclos astrales (solar -365 días- y lunar -260 días-) con los ciclos agrícolas para la vida social y productiva del hombre. Una formulación que elimina toda noción de un tiempo y espacio absolutos y que establece que la geometría del universo es determinada por la materia que éste contiene.

La visión mesoamericana comprendía la ecológica del territorio. En este sentido, la montaña, como ecosistema que genera, captura, filtra y disemina el agua -por elevación natural sobre el terreno, altitud relativa, volumen, desnivel, espaciado o continuidad-, y por contener semillas nutrientes, es el entorno en el que se edifica, recrea y conceptualiza el origen, mantenimiento y reproducción de la vida y, por tanto, el hábitat natural-ideal del hombre, el Altépetl (náhuatl: atl-agua-,tepetl-cerro- Montaña de agua). Una imagen que integra lo celeste, lo terrestre y lo subterráneo, a la manera de axis mundi.3

Una concepción con un patrón de subsistencia basado en la domesticación, mezcla y diversificación de cultivos en torno al maíz4 (la milpa: maíz/frijol/calabaza/chile), a partir de la cual recrea y conceptualiza el proceso orgánico de la vida, incluida la acción humana.

La ciudad de Teotihuacan. Conceptualización, diseño y construcción

La ciudad de Teotihuacan es el resultado de un proceso social plurilingüe y pluricultural, caracterizado por el desplazamiento y asentamiento de grupos étnicos diversos, y por la apropiación y organización del territorio a través de la observación, medición, conceptualización, trazo, diseño y construcción, a lo largo de setecientos años, que recreó la forma en que el hombre mesoamericano estructuraba el universo para su apropiación y actuación.

El sitio seleccionado para la edificación de la ciudad es un lugar estratégico al interior de un valle, entre volcanes -cerros Gordo (3,050 m), Malinalco (2,580 m) y Chiconautla (2,550 m) al norte, y al sureste la sierra Patlachique (2,800 m)-, con una elevación promedio de entre 2,240 m y 2,300 m snmm, en lo que se considera el centro de una unidad hidrológica.5 Situada a una distancia equivalente entre los cerros Gordo y Patlachique (Figura 1),6 la metrópoli es receptora y distribuidora de agua por gravedad de fuentes y depósitos temporales y permanentes, con precipitación pluvial, filtración, depósitos y escurrimientos -manantiales y barrancas- que la contiene y permea a través de una red hidráulica que confluye a su vez en los ríos San Juan, San Lorenzo y Huixulco, y al lago de Texcoco, la cuenca de México, de la que forman parte.

Fototeca Nacional INAH.

Fig. 1 Plano del valle de Teotihuacan, ca. 1940 /Conceptualización y diseño  

Conceptualización y diseño

Durante los primeros cuatro siglos de su existencia, en las fases Patlachique (100 a. C. a 100 d. C.), Tzacualli (100 a 150 d. C.) y Miccaotli (150 a 250 d. C.), con el eje de orientación y diseño urbano y arquitectónico definidos, se construyó el núcleo urbano y conceptual de la ciudad a tres niveles, el monumental, el subterráneo y el de superficie. El primero lo constituye espacial y visualmente la cúspide de los cerros y la arquitectura monumental como espacios de perspectiva abierta, el segundo corresponde a la dimensión no visible, subjetiva, con un tiempo y espacio propios y el tercero, el humano, a partir del cual se establece la relación con lo monumental y subterráneo.

De acuerdo con Alejandro Villalobos, la pirámide de la Luna y su trayectoria es el eje de diseño de la ciudad, por su ubicación -en el punto más alto y al centro-, y por ser la primera estructura edificada a escala monumental. Es una estructura elevada, volumétrica, tridimensional y pesante edificada con base en una progresiva expansión o sobreposición de etapas constructivas -siete- (100 a 452 d. C.), y una extensión al frente que da el efecto de frontalidad a una plaza rectangular proporcional al edificio, un espacio de contención con entrada al oeste acotado por trece basamentos y una calzada como extensión (Figura 2).7 Un espacio binomial característico de la arquitectura del centro de México, con una trayectoria integrada por la calzada de los Muertos y la plaza de la Luna como espacio de inclusión espacial, social y colectivo. Un complejo de contención de las visuales a partir de ejes longitudinales que rematan visualmente con la fachada de la pirámide, un edificio elevado de perspectiva abierta que guarda una distancia angular y de horizonte con el perfil y la cúspide de la gran montaña, el cerro Gordo de fondo. Un discurso arquitectónico que invitaba a la población a su incorporación a través del andar, el acenso y descenso de escalinatas que conducían a estructuras monumentales e intermedias diversas, con forma y contenido escultórico y pictórico.

Dibujo y cortesía de Alejandro Villalobos Pérez.

Fig.2 Teotihuacan. Eje de diseño urbano. Calzada de los Muertos, plaza y la pirámide de la Luna, con cerro Gordo al fondo y la pirámide del Sol al este. Vista aérea desde la ciudadela, 1991. 

La calzada de los Muertos, por su orientación astronómica, constituye una trayectoria norte-sur a partir de la cual se orienta, ordena, dimensiona y accede a la ciudad, dividiendo el territorio de manera axial con elementos simétricos, al este y al oeste; una vía a escala humana sobre la superficie, orientada 15° 30’ al este del norte astronómico, con un desnivel de 30 m a lo largo de 4 km, y 40 m de ancho, conformada a los costados por estructuras arquitectónicas con bloques prolongados de piedra en talud-tablero y escalinatas que salvan el desnivel del terreno dándole profundidad, armonía, ritmo y perspectiva a la trayectoria, con la plaza y la pirámide de la Luna al fondo con unidades de tres templos al este y oeste, grupos 5 y 5’, a la manera de una constelación por estar contenidas en un espacio delimitado formando una imagen.8 La fachada y perfil de la pirámide de la Luna y su estructura adosada adquieren la forma de puerta de entrada al cerro Gordo, a la montaña, que para este punto de ascenso ha desaparecido de la trayectoria visual, adquiriendo el edificio su dimensión y perspectiva, con relación a la ciudad y al paisaje.

Al sureste de la calzada de los Muertos (800 m aprox.), 8 m abajo del desnivel, se erige el edifico más alto, la pirámide del Sol (60 m), una construcción con distancia angular y de perfil con el cerro Patlachique, visto desde la pirámide de la Luna. De acuerdo con los arqueólogos Alejandro Sarabia y Nelly Núñez, el complejo de la pirámide del Sol -con probable templo en la cima- es un espacio delimitado por muros, con túnel de 103 m, tres plazas, una unidad residencial, una administrativa y un santuario central, patrón mesoamericano común para templos, patios y santuarios.9

Al ser un sitio destacado, afectado por el incendio que dio origen a su abandono y por su saqueo hasta el siglo XX, en la Pirámide del Sol se han registrado 29 ofrendas, 15 con restos de infantes; 2 estatuillas y 1 máscara de piedra verde, cerámica, conchas, caracolas, 1 figura antropomorfa y proyectiles de obsidiana, discos de pirita y pizarra, vasijas y esculturas de Tlaloc y restos de fauna (jaguares, águilas y serpientes); un corpus de estelas de piedra verde con elementos felinos y corazones humanos en relieve y monolitos de Tlaloc y Cipactli, el monstruo de la Tierra.10

De acuerdo con Sarabia y Núñez, por la forma de las esculturas y sus características funcionales, la plataforma adosada pudo haber contenido felinos devorando corazones humanos, en escorzo, con cabezas sobresaliendo de los tableros (Figura 3). Imágenes que sugieren la majestuosidad del edificio y el carácter terrestre que pudo haber tenido, con figuras en piedra verde, en el contexto de una calzada con pumas pintados en un ambiente acuático, y siete metros abajo, uno de los espacios de encuentro colectivo más sobresaliente de la ciudad.

Cortesía de Alejandro Sarabia.

Fig. 3 Pirámide del Sol, plataforma adosada central. Reconstrucción hipotética de programa escultórico. Dibujo de Víctor Álvarez y Alejandro Sarabia González, 2017

A 1.2 km al sur se localiza el conjunto integrado por una plaza de contención espacial y social grande, la ciudadela, con la estructura monumental más baja la pirámide de la Serpiente Emplumada (20 m de altura) y un túnel en su interior. Es una unidad arquitectónica ubicada a 2 km al sureste del punto de arranque del eje de diseño, destacada de forma transversal por las vías este (3.5 km) y oeste (similar),11 con las que se divide a la ciudad en cuatro cuadrantes grandes, con ángulos de 91°; una geometría que determina la orientación y el diseño ortogonal de la metrópoli y que la coloca a la mitad y al centro (fase Tzacualli: 100 a 150 d. C.), lo que pudo determinar la longitud de 4 km de la calzada y, con ello, la magnitud de la ciudad, con 2 km más al sur (fase Xolalpan: 450 a 570 d. C.) y 7 km de este a oeste, formando una elíptica.

La pirámide de la Serpiente Emplumada se localiza 15 m abajo de la pirámide de la Luna, y a 7 m de la del Sol, siendo el punto más bajo del núcleo urbano de la ciudad. A diferentes niveles, las pirámides del Sol y de la Serpiente Emplumada fueron edificadas a partir de un núcleo y de la progresiva contención de tierra, de adentro hacia afuera y de arriba hacia abajo12 y, en el subsuelo, a una profundidad de 6 m la primera, y 13.55 m al inicio y 16.40 m al fondo la segunda -de oeste a este-, se hallan sendas de 103 m de largo (1 a 100 d. C.), la primera más estrecha que la segunda de 2.80 m de ancho y más alta, las dos con cámaras a 33 m y 70 m respectivamente y, al fondo, cuatro espacios a la manera de pétalos en la primera, y tres en la segunda de mayores dimensiones, con espacios hundidos entre muros en su trayectoria.13 Este punto, al final de las vías, se relaciona verticalmente con la cima y el centro superior de los volúmenes piramidales que las contienen, estableciendo un vínculo axial entre los niveles subterráneo, terrestre y celeste (Figura 4). Una imagen que reproduce la vertical de la luz solar sobre una estela al interior de la cueva cenital.14

Fig. 4 Teotihuacan. Sección transversal del templo de la Serpiente Emplumada con túnel debajo. Proyecto Tlalocan / Instituto Nacional de Antropología e Historia, 2017. 

A los cuatro lados de los seis niveles de la pirámide de la Serpiente Emplumada, desde la base hasta la cúspide, en talud y tablero, entre conchas y caracoles, se representan tres serpientes emplumadas cuyos cuerpos se desplazan horizontalmente al oeste, a la escalinata, hacia donde está orientado el edificio; la primera -talud-, naturalista, de cuerpo y cabeza alargados transita alrededor del edificio con cabezas que confluyen a cada lado de la escalinata. De manera alterna, el segundo y tercer tipos -tablero- son ofidios de cuerpos acortados y cabezas escultóricas de frente, en escorzo sobresaliendo del cuadrante, nariz achatada y rasgos felinos, tipo jaguar. El primer tipo, esquematizado, de frente largo, rectangular, geométrico, de textura a cuadrados tipo Cipactli -cabeza de cocodrilo-, con cascabeles, es la parte superior de una cabeza con tocado y tira doble con amarre encima, con fauce superior y dentadura a cuadros, ojos y círculos en la frente, redondos, y orejas enroscadas. Por la forma y el hueco que deja la ausencia de la fauce inferior, es una figura de hocico abierto que recuerda al “monstruo de la tierra” olmeca como espacio de entrada al inframundo. El segundo tipo es una serpiente de cuerpo extendido con cabeza afilada sobre flor, de hocico entreabierto destacado por colmillos, ojos redondos pequeños y orejas enroscadas. Por la forma, las dos serpientes emplumadas con rasgos felinos sobre tablero, en movimiento, dan contenido y dinamismo al edificio y cuyo desenlace -a ambos lados de la escalinata- se realiza a través de seis cabezas de serpiente en flor que emergen y descienden sobre la superficie extendida de las alfardas (Figuras 5 y 6).

Foto Gerardo Vázquez Miranda, 2013, Archivo Fotográfico “Manuel Toussaint”, Instituto de Investigaciones Estéticas, UNAM.

Figura 5 Teotihuacan, fachada de la pirámide de la Serpiente Emplumada. 

Figura 6 Alzado frontal del edificio de la Serpiente Emplumada. Dibujo, acuarela digital y cortesía de Alejandro Villalobos, 2002 (con base en Villaseñor, 1993). 

Sergio Gómez describe tres momentos de concentración de objetos depositados a lo largo del túnel. El primero en el pozo de entrada con más de veinte mil fragmentos de vasijas efigie de Tláloc y puntas de proyectil. El segundo, el “Verdadero Inframundo” (tramos 76, 79 a 102,62 m), con el mayor número de objetos locales e importados: cerámicas, discos de pizarra, conchas grandes (con motivos mayas), collares de pizarra y piedras verdes, fragmentos de madera (pino y abeto), semillas, caucho, piel humana. Y el tercero, la ofrenda más importante al final del túnel con cientos de discos de pizarra y pirita, cráneos faciales de felinos, rastros de piel animal, pelotas de goma, cuentas de concha, serpentina y jade, y alas de escarabajo; es un espacio artificial que se considera asemeja un paisaje montañoso en miniatura con cuatro esculturas antropomorfas de pie en piedra verde: al centro, una pareja integrada por una mujer robusta y un hombre de menores dimensiones.15 La mujer está vestida con falda y quechquémitl, cabeza cuadrangular con cuatro orejeras y restos de pigmento rojo en el rostro y vestimenta, con expresión de una sonrisa, mientras que la figura pequeña, de rostro alargado, está desnuda; ambas están inclinadas hacia atrás con mirada al punto axial de la pirámide; y a los lados, dos esculturas femeninas similares de cabeza rectangular y ojos entreabiertos.

Las cuatro tienen ojos rasgados y expresiones típicas teotihuacanas, portan collares en sus cuellos y “bultos sagrados” a sus espaldas con espejos de pirita, cuentas, orejeras y colgantes de jade. Esta escena se considera representa a los fundadores de Teotihuacan16 y que podría estar relacionada con el mito mesoamericano de origen del hombre, al interior de la montaña.

Por la forma, los túneles de las pirámides del Sol y de la Serpiente Emplumada se asemejan a la trayectoria que sigue la calzada de los Muertos hacia la plaza de la Luna: tres vías axiales, la primera de 4 km a nivel de superficie con dirección a la pirámide de la Luna y la montaña natural al fondo, y las sendas subterráneas dirigidas al este, al núcleo de las montañas construidas (Figuras 7, 8 y 9).

Figura 7 Trayectoria de la calzada de los Muertos, plaza de la Luna y la pirámide de la Luna. Mapa digital de la zona central de Teotihuacan. Sugiyama, 2017, ©Saburo Sugiyama. 

Figura 8 Plano de la sección frontal de la Pirámide del Sol que muestra la ubicación del antiguo túnel. Sugiyama, 2017, ©Saburo Sugiyama. 

Figura 9 Plano del túnel debajo del templo de la Serpiente Emplumada. Proyecto Tlalocan / Instituto Nacional de Antropología e Historia, 2017. 

La ubicación, orientación, forma y contenido integran el paisaje natural y celeste al paisaje urbano-arquitectónico. Las tres estructuras monumentales corresponden al concepto de Altépetl. La pirámide de la Luna está relacionada con el ámbito celeste por su ubicación en el punto más alto de la ciudad con orientación astronómica al norte y vista al sur; la pirámide del Sol con el ámbito terrestre por la escultura felina con el corazón derramado sobre la tierra, y la pirámide de la Serpiente Emplumada con el inframundo por ubicarse en la parte baja del núcleo de la ciudad, un edificio enmarcado por una gran plaza como espacio de contención y entrada, en donde emerge la estructura y, en su interior, un túnel a nivel del manto freático con más de 100,000 objetos depositados en su trayectoria, y cuya riqueza es representada a su vez escultóricamente en la fachada del edificio, la Montaña de los Mantenimientos, la montaña de origen, de donde surge la vida.

Todo ello conforma una especie de cosmograma que incorpora el paisaje natural y astronómico al trazo y ordenamientos urbano-arquitectónico, social y subjetivo, en movimiento, por los ámbitos contenidos y su relación con la trayectoria de los astros, en donde el eje de diseño constituye la línea de base sobre la que se determina el orden y orientación de las edificaciones, y los rumbos, horizontal (N/S, E/O), y vertical (celeste, terrestre y subterráneo) de la ciudad. No obstante, los cuadrantes al noroeste y noreste difieren en su configuración y dimensiones a partir de lo que se conoce de las estructuras arquitectónicas y pintura mural.

Durante la edificación de la triada de edificios monumentales, ésta parece replicarse a menor escala tanto en torno al núcleo de la ciudad como en los alrededores, en conjuntos intermedios de tres estructuras alrededor de una plaza. A ambos lados de la calzada de los Muertos, los grupos 5 y 5’, la plaza de las Columnas orientada al este, y su posible similar la plaza norte de la pirámide del Sol con orientación al oeste, actualmente derruida,17 y los conjuntos plaza Oeste y plaza Este ubicadas al sur y al centro de la avenida. El arqueólogo Noel Morelos los caracterizó como macrocomplejos, por integrar dos tipos de conjuntos, el habitacional y el de plazas cuadrangulares, un patrón arquitectónico de tres adoratorios y habitaciones al frente, singular en Teotihuacan.18

Al noroeste de la ciudad, George Cowgill señala ocho posibles conjuntos de tres templos en torno a un patio rectangular, uno orientado al este, y siete al sur, como la pirámide de la Luna;19 una orientación distinta a otros edificios piramidales mesoamericanos. Constituyen una serie de conjuntos de tres estructuras cuya imagen reproduce y amplía a escala urbana el paisaje natural.

Construcción

Durante los primeros cuatro siglos de la ciudad de Teotihuacan, desde el asentamiento de los primeros grupos plurilingües20 y el crecimiento vertiginoso de la población, con capacidad de acceder e intercambiar materias primas, productos y servicios, y la edificación de las estructuras monumentales (fases Patlachique: 100 a. C. a 100 d. C.,21 Tzacualli: 100 a 150 d. C., y Miccaotli: 150 a 250 d. C.), al norte de la ciudadela se configuró el núcleo urbano y conceptual de la ciudad -expandiéndose al sur y sureste con abandono de algunas zonas al noreste-,22 al mismo tiempo que inició el crecimiento exponencial de la ciudad. Una era en la que se concluyeron y adosaron los edificios piramidales, se diseñó y construyeron unidades arquitectónicas en talud-tablero y un patio al centro con elementos escultóricos y pictóricos en sus muros. Una ciudad cosmopolita suigéneris porque en ella confluyeron pobladores, conceptos y prácticas de las cinco regiones mesoamericanas (Altiplano central, Occidente, Zapoteca, Costa del Golfo y Maya) con 20.5 km2 de territorio y 75,000 habitantes, organizada, especializada y compartimentada, con edificios administrativos y de culto en torno a unidades económicas y sociales,23 y culturales plurifuncionales identificadas como barrios y barrios foráneos (de los Comerciantes, Oaxaca, Occidente).

De acuerdo con Gómez, el barrio es una unidad arquitectónica que se integra por un templo, plaza, edificios públicos -institucionales y administrativos-, con dos tipos de conjuntos, uno con producción artesanal y otro con áreas comunes, mientras que la arqueóloga Linda Manzanilla24 identifica complejos multifamiliares domésticos independientes con cocina, almacén, pórticos para el trabajo, dormitorios, patios de servicio y un patio ritual, con posible oficio en común: grandes (3,600 m2), Tlamimilolpa y palacio Zacuala; mediano (2,280 m2), Xolalpan; y pequeño (550 m2), Oztoyahualco y Maquixco. Todos cuentan con estructuras superpuestas y modificaciones arquitectónicas, como bloqueo de pasillos de circulación o habitaciones, coordinados por centros o distritos de barrio (22) con áreas de coordinación para actividades rituales, administrativas, médicas, de almacenamiento, preparación de alimentos y artesanías especializadas -Teopancazco, La Ventilla-.25 La plaza principal y el templo ubicados al centro son grandes (170 m2 y 55 m2), con escasa actividad doméstica y cocinas en la periferia. De acuerdo con Manzanilla, los complejos arquitectónicos revelan la diversidad étnica y artesanal de la ciudad, con modificaciones físicas y de actividad a través del tiempo.

Expansión urbana

La ciudad de Teotihuacan se constituyó en uno de los centros más grandes de la era preindustrial.26 De acuerdo con Gómez, en la fase Miccaotli (150 al 200 d. C.) Teotihuacan pasó de una economía basada en la agricultura a una de tipo artesanal con importación de alimentos, bienes y servicios. Este proceso amplió y profundizó las redes de distribución y consumo al interior del altiplano central, clausurando obras hidráulicas y sustituyendo las parcelas por cuadrantes urbanos dejando atrás la vida rural.27 Se edificó así una ciudad especializada con oficios y actividades artesanales, culturales y económicas a través de 400 talleres y la edificación de edificios escultóricos pintados, con presencia y capacidad de movilidad e intercambio social, cultural y de productos -alimentos, materiales de construcción, pigmentos, piedras, plumas, animales exóticos- entre las diferentes sociedades mesoamericanas. Algodón, concha y minerales del golfo de México -Huasteca y Totonaca-; piedras verdes para la joyería y lapidaria del sureste; barro para vasijas de la zona maya; cerámica anaranjada de Cholula, Puebla, y obsidiana del cerro de las Navajas, Hidalgo.28

En materia de construcción, el arqueómetra Luis Barba estima que los materiales locales utilizados para el levantamiento de los muros de la pirámide del Sol se formaron por un núcleo de piedra aglutinado con lodo, piedras regulares para emparejar la superficie, aplanado de lodo mezclado con tezontle y un aplanado de cal; mientras que el relleno del edificio requirió 1.4 millones de m3 de tierra y adobes limoarcillosos, material sin rastros de su extracción en el valle de Teotihuacan.29

Como parte de este proceso, una vez que la ciudad adquirió su dimensión, forma y contenido, su organización social y espacial, artesanal y de culto en torno a la vocación cosmogónica de la ciudad, en las fases Tlamimilolpa (250 a 450 d. C.) y Xolalpan (450 a 650 d. C.), la población de Teotihuacan se duplicó a 125-200 mil habitantes, concluyéndose los conjuntos arquitectónicos de la etapa anterior y sobreponiendo nuevos, con crecimiento al noreste a través de conjuntos de dimensiones grandes, la mayoría no excavados, excepto Tepantitla y Xalla; este último con cuatro estructuras piramidales en torno a un patio, y el barrio de Amanalco (Techinantitla y Tlacuilapaxco) explorado a nivel de superficie.30

Durante esta era la ciudad llegó a su máximo esplendor, al florecimiento de un concepto originario y pluriétnico del universo, al interior de Mesoamérica, de la cual se han explorado cerca de 29 conjuntos arquitectónicos. Es una ciudad edificada a partir de un núcleo pintado con escenas no personalizadas en talud y tablero, elemento de identidad que no está contenido en conjuntos habitados por una sola etnia (zapotecos, occidente, costa del Golfo), cuyas expresiones se remiten a la lapidaria, cerámica, joyería, conchas y al ámbito funerario. Fue una metrópoli de cerca de 2,000 conjuntos arquitectónicos modulares, pluriétnicos y plurifamiliares artesanales especializados, con oficio y autonomía relativa -espacial, familiar, cultural, económica y social-, orientados y distribuidos ortogonalmente con el eje de diseño y su perpendicular como referencia.

La gran excepción la constituyen las expresiones de cultura maya en espacios significativos de la ciudad, con materiales y escenas de su plástica y estética. Gómez identifica su presencia desde épocas tempranas (fases Tzacualli y Miccaotli a Xolalpan tardío) en la senda interior de la pirámide de la Serpiente Emplumada (100 a 250 d. C.) con piezas selectas (caracoles esgrafiados, bolas de hule, collares y cuentas redondas de piedras verdes, mercurio),31 durante el Clásico, con joyería y lapidaria en piedra verde en el ámbito funerario al interior de la pirámide de la Luna,32 pintura mural en el tablero de un pasillo (Tetitla),33 fragmentos con motivos mayas en la plaza de las Columnas (350 d. C.): un vaso esgrafiado con personajes mayas portando tocados de cola de lobo; piezas de piedra verde, obsidiana y pirita, caracoles grandes y esqueletos de un águila y mono (sureste), el cráneo de un puma y pequeñas serpientes. Y en la fase Xolalpan (450 a 650 d. C.) con figuras mayas en pintura mural, figura descendente, y en Atetelco, un ave grande y una pequeña con un brazo cercenado y sangrante -Hunahpu-. Todo ello es un indicador de la condición pluriétnica de la ciudad a partir de la coexistencia de dos de las culturas más sobresalientes de Mesoamérica en un mismo tiempo, el Clásico, y espacio, en Teotihuacan, con elementos destacados mayas al interior de la ciudad, no carentes de tensión, por su ubicación y contenido en contraste con la plástica local, y por su destrucción en tiempos teotihuacanos, en el caso de la pintura mural con motivos mayas sobre la calzada de los Muertos.

Un periodo de gran movilidad social, cultural, demográfica, urbano-arquitectónica, tecnológica y estética, hasta en sus abandonos, en donde Teotihuacan representa un concepto integrado del cosmos al que arriban para su diseño, edificación y práctica grupos plurilingües de las cinco regiones de Mesoamérica.

Reflexiones finales

A la luz de los últimos hallazgos, el carácter pluridimensional, cosmogónico y pluriétnico de Teotihuacan plantea para su lectura la necesidad de redimensionar la naturaleza trashumante de la población que la habitó y le dio origen, su diversidad lingüística y cultural, así como su importancia en la conceptualización y edificación. Es una metrópoli que revela y da contenido conceptual, plástico y estético a cada uno de los ámbitos urbano, arquitectónicos y cosmogónicos que la conforman, comparable por su diseño y construcción con ciudades mesoamericanas contemporáneas; fue planificada y erigida en el altiplano Central durante el período Clásico que constituyó un elemento sustantivo en la configuración de la visión del mundo en Mesoamérica.

Referencias

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1 Códice Chimalpopoca, “Anales de Cuauhtitlan y leyenda de los soles”; Fray Bernardino de Sahagún, “Quinto Sol” / “Paso de los mexicas por Teotihuacan”; Fernando de Alva Ixtlilxóchitl, “Paso de los chichimecas por Teotihuacan”; Francisco Javier Clavijero, “Apoteosis del Sol y la Luna”, en Roberto Gallegos Ruiz (coord.), José Roberto Gallegos Téllez Rojo y Gabriel Miguel Pastrana Flores (comps.), Antología de documentos para la historia de la arqueología de Teotihuacan, antologías, serie Arqueología, Instituto Nacional de Antropología e Historia, 1997, pp. 41-56.

2Alfredo López Austin, “La cosmovisión de la tradición mesoamericana”, Arqueología Mexicana, Ediciones especiales, primera parte, núm. 68, junio de 2016, pp. 41-45.

3Ann Marie Cyphers Tomic y Ana di Castro, “Early Olmec Architecture and Imagery”, en William L. Fash y Leonardo Lopez Lujan (eds.), The Art of Urbanism how Mesoamerican Kingdoms Represented Themselves in Architecture and Imagery, Washington, D.C., publicado por Dumbarton Oaks Research Library and Collection, distribuida por Harvard University Press, 2009, pp. 21-23. Los olmecas y sus contemporáneos compartían creencias con respecto al cosmos en capas verticales, montañas sagradas, entrada de cuevas al inframundo, santificación de materiales inanimados, como la piedra, y las dicotomías norte-sur y centro-periferia; el Altépetl, modelo arquetípico de una colina que emerge de la superficie acuosa del inframundo, entrelazando cosmológicamente cielo y tierra, a través del monstruo cósmico prototípico.

4Emily McClung de Tapia, “La domesticación del maíz”, Arqueología Mexicana, núm. 25, mayo-junio, 1997, pp. 34-39.

5Emily McClung de Tapia, Ecología y cultura en Mesoamérica, México, Universidad Nacional Autónoma de México-Instituto de Investigaciones Antropológicas, 1984, p. 30.

6George L. Cowgill, Ancient Teotihuacan. Early urbanism in Central Mexico, Cambridge University Press, 2015, pp. 31-37.

7Alejandro Villalobos Pérez, “Constantes de diseño urbano y arquitectura en Mesoamérica”, en Cristina Corona, Patricia Fournier y Alejandro Villalobos (coords.), Perspectivas de la investigación arqueológica II, Homenaje a Vargas, Arqueología e Historia de las Sociedades Complejas, México, Subsecretaría de Educación Superior (SES)-Programa de Mejoramiento del Profesorado (PROMEP)/Consejo Nacional para la Cultura y las Artes /Instituto Nacional de Antropología e Historia, 2006, pp. 125-136.

8Verónica Ortega Cabrera, V. Guzmán Torres, E. R. Melgar Tísoc y S. Sánchez Pérez (2019), "Análisis tecnológico de los monolitos de piedra verde hallados en la plaza de la pirámide de la luna, Teotihuacán", Boletín de Arqueología Experimental, núm. 13), pp. 37-54, https://doi.org/10.15366/baexuam2018-19.13.003. Por debajo de la plaza actual (100 d. C.) se ubican 400 oquedades, similar a un paisaje lunar, con estelas lisas de piedra verde (1.25 a 1.50 m de alto y 500 a 800 kilos de peso), con dos canales asociados al altar central de la Plaza.

9Alejandro Sarabia González y Nelly Zoé Núñez Rendón, “The Sun Pyramid Architectural Complex in Teotihuacan: vestiges of worship and veneration”, en Matthew Robb (ed.), Teotihuacan City of Water City of Fire, Fine Arts Museums of San Francisco, Young and University California Press, 2017, pp. 62-63.

10Ibidem, pp. 64-67.

11María Elena Altamirano Piolle, “Arquitectura y pintura mural”, Imágenes de Arte Mexicano. Arte Teotihuacano, México, Universidad Nacional Autónoma de México- Instituto de Investigaciones Estéticas, 1994, pp. 9-18.

12Alejandro Villalobos Pérez, “Las pirámides: procesos de edificación. Tecnología constructiva en Mesoamérica”, Arqueología Mexicana, núm. 101, enero-febrero, 2010, pp. 56-63.

13Sergio Gómez Chávez, “The underworld at Teotihuacan. The sacred caved under the Feathered serpent Pyramid", en Matthew Robb (ed.), Teotihuacan City of Water City of Fire, Fine Arts Museums of San Francisco, Young and University California Press, 2017, pp. 48-49.

14Enrique Soruco Sáenz, Una cueva ceremonial en Teotihuacan, Bolivia, Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, Universidad Mayor de San Andrés, 2013, pp. 92-101.

15En Teotihuacan, la figura humana en piedra verde de escala proporcional al interior de las pirámides de la Luna y Serpiente Emplumada parecen representar el origen del hombre, al interior de la montaña, el inframundo, en donde se crea la vida.

16Sergio Gómez Chávez, op. cit., pp. 48-49.

17Antonio García Cubas, México: Congreso internacional de americanistas. Actas de la undécima reunión, 1897, pp. 548-551, en Proyecto arqueológico Complejo plaza de las columnas, ppcteotihuacan.org/es/area-de-estudio/complejo-plazade-lascolumnas/, consultado el 10 de octubre de 2018. García Cubas considera que los dos conjuntos se construyeron de manera paralela y simétrica, mientras que Gamio (1922) indica que el montículo había sido destruido.

18Rubén Cabrera Castro, Teotihuacán, 80-82: primeros resultados, colaboradores G. García Rodríguez y Noel Morelos G., México, Instituto Nacional de Antropología e Historia, 1982, p. 67.

19Cowgill, op. cit., pp. 120-122.

20Sergio Gómez Chávez, “Foreigners’Barrios at Teotihuacan: Reasons for and Consequences of Migration”, en Matthew Robb (ed.), Teotihuacan City of Water City of Fire, Fine Arts Museums of San Francisco, de Young and University California Press, 2017, pp.102-107. De acuerdo con el autor, Teotihuacan se integró desde sus inicios por grupos etnolingüísticos diversos, cada uno con una lengua, modo de vida (cultura) -forma, uso y consumo del espacio habitable, alimentos, creencias, valores-, historia y un comportamiento identitario.

21Cowgill, op. cit., pp. 53-55. Con base en análisis cerámicos, se plantea que en la fase Patlachique, 1 a 2 siglos, Teotihuacan creció de casi nada hasta tener 20,000 habitantes (6-8 km2), y la primera de las siete etapas constructivas de la pirámide de la Luna.

22Adrián García Valadés, Teotihuacan, stadt der Götter, México, Ediciones Orto, S. A., 1978, p. 9.

23Sergio Gómez Chávez, “Structure and Organization of Neighborhoods in the Ancient City of Teotihuacan”, en M. Charlotte Arnauld, Linda R. Manzanilla y Michael E. Smith (eds.), The Neighborhood as a Social and Spatial Unit in Mesoamerican Cities, Tucson, The University of Arizona Press, 2012, pp. 74-101.

24Linda Rosa Manzanilla Naim, “Teotihuacan apartment compounds. Neighborhood centers, and palace structures,” en Matthew Robb (ed.), Teotihuacan City of Water City of Fire, Fine Arts Museums of San Francisco, Young and University California Press, 2017, pp. 94-99

25Rubén Cabrera Castro y Sergio Gómez Chávez (coords.), Estudio de un barrio de la antigua ciudad de Teotihuacán. Memorias del Proyecto La Ventilla 1992-2004, vols. I y II, México, Secretaría de Cultura- Instituto Nacional de Antropología e Historia, 2022, pp. 34-42.

26Adrián García Valadés, op. cit., p. 6.

27Sergio Gómez Chávez,, “The underworld at Teotihuacan”, op. cit., pp. 62-73.

28Adrián García Valadés, op. cit., p. 9.

29Luis Barba, “Materiales, técnicas y energía en la construcción de Teotihuacan”, en Memoria de la Tercera Mesa Redonda de Teotihuacan, Colección Arqueología, mesa 2, “Técnica, forma y función”, Arquitectura y Urbanismo: pasado y presente de los espacios en Teotihuacan, México, Instituto Nacional de Antropología e Historia, 2011, pp. 215-220.

30René Millon y Saburo Sugiyama, “Concentración de pinturas murales en el Conjunto Arquitectónico Grande, al este de la Plaza de la Luna”, en Rubén Cabrera Castro, Ignacio Rodríguez García y Noel Morelos García (coords.), Teotihuacan 1980-1982, nuevas interpretaciones, México, Instituto Nacional de Antropología e Historia, 1991, pp. 211-231.

31Sergio Gómez Chávez, “Foreigners’Barrios at Teotihuacan...”, op. cit., pp. 102-107.

32Saburo Sugiyama, Rubén Cabrera Castro y Leonardo López Luján, “Los entierros en la pirámide de la Luna”, Un viaje al centro de la pirámide de la Luna: recientes descubrimientos en Teotihuacan, México, Conaculta-inah/Arizona State University, 2004, pp. 20-43.

33María Elena Ruiz Gallut, El lenguaje visual de Teotihuacan, un ejemplo de pintura mural en Tetitla, tesis doctoral en Historia del Arte, Universidad Nacional Autónoma de México, Facultad de Filosofía y Letras, 2003; Staines Cicero, Leticia y Christophe Helmke (coords.), Las pinturas realistas de Tetitla, Teotihuacan: estudios a través de la obra de Agustín Villagra Caleti, México, Secretaría de Cultura-Instituto Nacional de Antropología e Historia/Universidad Nacional Autónoma de México-Instituto de Investigaciones Estéticas, 2017.

Recibido: 21 de Marzo de 2025; Aprobado: 05 de Mayo de 2025

Socióloga, maestra y doctora en Historia del arte, actualmente es integrante del posdoctorado de la Facultad de Arquitectura bajo la asesoría del Dr. Alejandro Villalobos Pérez, con apoyo del Programa de Becas Posdoctorales de la UNAM. Es especialista en arte precolombino mesoamericano, con estudios acerca de la imagen en la pintura mural teotihuacana, la tecnología utilizada en su elaboración y su relación con la arquitectura. Ha participado en el desarrollo de metodologías de enseñanza y ha realizado estudios en museología y didáctica de zonas arqueológicas, con enfoque de conservación.

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