Introducción
Las preguntas que se formularon para el desarrollo del tema fueron: ¿cómo se comunica el arte religioso?, ¿cómo se divide?, ¿qué es el arte sacro?, ¿cómo se conforma el arte sacro en los programas arquitectónicos? y ¿cómo trasforman los cambios eclesiásticos al espacio arquitectónico religioso? Estas cuestiones nos llevaron a estudiar la comunicación del arte religioso católico a sus fieles.
El objeto de estudio de este artículo es la comunicación del arte religioso y su división detallando al arte sacro. Como objetivo general, analizar el arte religioso, su clasificación, detallando sus características y la comunicación que genera a los fieles católicos.
El análisis se basó en la tendencia fenomenológica para explicar las esencias de los modos de ser religiosos plasmados en las formas del arte y su comunicación, tomando en cuenta aspectos del existencialismo de ser en el ambiente contextual como un sujeto-objeto corpóreo. Para la clasificación de tipos de arte religioso se detallaron sus características generando una tipología general.
La comunicación entre artistas y fieles católicos es producto de plasmar en los objetos de arte y espacio arquitectónico los preceptos y conceptos que se conviven generándose diálogos de comunicación entre el arte y la arquitectura con los fieles católicos. En la Figura 1 se muestran las características de la expresión artística, y en la Figura 2 con la comunicación expresiva del arte.

Fuente: Mario Camacho Cardona (MCC).
Figura 1 Características del objeto de arte. Comunicación objetual preceptos / emociones.
La comunicación artística
Las comunicaciones artísticas parten de considerar a los individuos religiosos como seres sujetos-objetos corpóreos, y con base en estas condiciones los seres están en un contexto ambiental que determinarán las formas de comunicación, generando protocolos de comportamiento a realizarse en campos ambientales de actuación religiosa católica, entre seres intersubjetos sociales. Para explicar esta comunicación ambiental artística-religiosa, se presentan cinco tipos de comunicaciones, que son las siguientes:
Primero. La comunicación por emisión de sonidos que conforman el habla y la generación de rasgos convencionales como la escritura, que se relacionan mentalmente con las ideas de manera aperceptiva con el recuerdo almacenado en la mente. Esta es, sin duda, la más importante comunicación, es decir, a través de los sonidos guturales y los rasgos escritos y dibujos expresivos. Desde el punto de vista de la semántica lingüística, existe un desarrollo generacional cultural denominado semántica lingüística diacrónica que analiza las maneras que se formaron las palabras a través del tiempo con sus sememas y fonemas, para después valorar esas palabras en el momento histórico actual dentro de lo que se denomina semántica lingüística sincrónica. En la religión católica se buscan las relaciones entre dibujos u objetos de arte de escenas religiosas que dan sentido a las imágenes mentales, relacionándolas con la palabra expresada lingüísticamente y escrita. En la actualidad, con la política de endoculturación o acciones interculturales católicas, se pretende respetar los actos religiosos en la lengua materna, así como las costumbres y tradiciones de los pueblos y aun más de las propias familias, por lo que la comunicación de mensajes religiosos se apoya con representaciones artísticas de escenas pintadas o con objetos escultóricas. La relación diacrónica de la raíz lingüística y su seguimiento en el tiempo en diferentes lenguas hasta entender el significado sincrónicamente debe enriquecer el lenguaje religioso sin ser una imposición, sino un enriquecimiento a las significaciones actuales (ver Figura 3).

Fuente: MCC, con material gráfico de Camacho, 2002, p. 36.
Figura 3 Tipos de comunicación entre sujetos socializados y objetos artificiales
En el análisis semántico lógico se estudia la comunicación de la liturgia católica dentro de la coherencia lógica, respetando los cuerpos de conocimientos y sus sentidos epistemológicos de cada palabra procurando que en su morfema y unidad léxica tengan coherencia con toda la jerga relacionada con la liturgia católica. La comunicación de la semántica lógica corresponde al cuerpo teórico y práctico de saber y hacer de la religión católica. De esta manera, se comunican por medio de sonidos y gráficos convencionales, como la escritura, las figuras y las esculturas que se relacionan de manera trascendental con los conceptos que comunican el saber y hacer de la religión católica. El conocimiento significativo de cada palabra en relación con la significación lógica evita que existan problemas noéticos,1 desde una concepción de filosofía tradicional, que tengan consecuencias de distorsiones lógicas en el saber y ser religioso.
Segundo. Esta comunicación se relaciona con las experiencias prácticas de la vida pública religiosa que son teorizadas en sínodos2 y, sobre todo, en concilios ecuménicos para mejorarlas y actualizarlas a los ritmos socioculturales tanto regionales como mundiales, sobre todo por las movilidades de la globalización. Estas novedades teorizadas regresan sus resultados para normar con nuevas maneras de convivir en la vida pública religiosa, generando protocolos de comportamientos intersubjetivos que enriquezcan los ritos, las costumbres, las tradiciones, etcétera. Las acciones que organizan el actuar en la vida pública cotidiana religiosa o científica o cultural son aprehendidas en la actualidad por la propuesta de la Santa Sede dentro de la endoculturación o indoculturación,3 generando individuos socializados e integrados a una comunidad, que comprendan conscientemente los cambios de comportamientos y conductas que modifican leyes, normas, ritos, preceptos, tradiciones, costumbres, etcétera. En este ciclo de teoría a práctica y de práctica a teoría se va desarrollando un continuo sociocultural que modifica las percepciones del tiempo y el espacio tanto urbano como arquitectónico y artístico, entre otros, dando diferentes caracteres expresivos en el arte que comunicarán lo aprendido en las vivencias del momento histórico sociocultural. Esta situación de práctica a teoría y de teoría a práctica se dio en los cambios planteados litúrgicamente producidos por el Concilio Vaticano II en el siglo XX, con relación a los planteados en Concilio de Trento del siglo XVI, actualizando la religión católica al siglo XX (ver Figura 4).

Fuente: MCC.
Figura 4 Comunicación entre práctica y teoría, y de teoría a práctica. Del concilio de Trento (siglo XVI) al Concilio Vaticano II (siglo XX).
El dinamismo de la vida pública siempre se está regenerando, dando los avances que se desarrollan en la sociedad. Estos cambios se vuelven a teorizar y su resultado cambiará las acciones mentales que programan y organizan las actividades y actos a realizar en la realidad de la vida práctica cotidiana. De esta manera existe una comunicación en los campos simbólicos de actuación, organizados por protocolos de actividades intersubjetivas del ser ahí en el contexto ambiental y que se relacionan con la vida pública y sus comportamientos de los individuos socializados dentro del ambiente contextual.
En la religión católica se han realizados dos concilios donde se teorizaron las situaciones que tenía la Iglesia católica en su momento de gran importancia, que influyeron en las vidas públicas religiosas y los comportamientos en los campos simbólicos que trajeron a su vez diferencias esenciales que modificaron los modos del ser religiosos. Estos cambios fueron producto de los movimientos sociales que imperaron en sus momentos: el Concilio de Trento del siglo XVI (1545 a 1563), que definió nuevas normas litúrgicas y éticas sobre la doctrina de la iglesia como respuesta de contrarreforma a la reforma protestante que estaba desarrollándose, y el Concilio Vaticano II del siglo XX, iniciado en 1962 y concluido en diciembre de 1965,4 como respuesta a los avances científicos-culturales que se lograron a finales del siglo XIX y principio del siglo XX, sobre todo los producidos por las dos guerras mundiales que cambiaron la normalidad en las convivencias sociales, dando como resultado nuevos protocolos de comportamiento en los actos religiosos y litúrgicos de la vida religiosa de los católicos, generando nuevos programas y carácter arquitectónicos, como se presenta de manera sintética en las Figuras 5 y 6 por medio de una axonometría de una planta arquitectónica que sintetiza el programa arquitectónico tridentino y la fotografía de la fachada de iglesia de la Merced ubicada en la ciudad Antigua, en Guatemala; ambas figuras ejemplifican el carácter arquitectónico del Concilio Tridentino. En comparación se presentan los cambios arquitectónicos promovidos por el Concilio Vaticano II con la Figura 7, que es una axonometría de una planta arquitectónica con los cambios normas y actos litúrgicos apoyados por el Concilio Vaticano II del siglo XX.

Elaboración: MCC.
Figura 5 Elementos arquitectónicos de apoyo a la misa tridentina, planta de cruz latina. Axonometría de los requerimientos de mobiliario y áreas que requerían las iglesias desarrolladas con base en el Concilio de Trento del siglo XVI.

Fotografía: MCC.
Figura 6 Portada del templo de La Merced, en Antigua, Guatemala, como ejemplo del carácter arquitectónico del Concilio de Trento.

Elaboración: MCC.
Figura 7 Axonometría de los requerimientos de mobiliario y áreas aceptadas por el Concilio Vaticano II.
Cada protocolo litúrgico cambia los campos simbólicos de convivencia con variaciones tempo-espaciales que modifica los programas arquitectónicos, tanto el programa general conceptual como el programa particular de las actividades y sus necesidades de espacio y mobiliario, en sí, todo el ambiente religioso y con ello todas las expresiones artísticas contenidas. Así, se obtiene como resultado un nuevo carácter arquitectónico contextual ambiental de todas las expresiones formales artísticas del arte religioso y sacro. Las nuevas propuestas litúrgicas resultantes del Concilio Vaticano II definieron cambios en los ritos y las normas a seguir en el espacio arquitectónico y, por ende, cambiaron las expresiones de formas artísticas en general,5 como se puede notar en la Figura 8 con el empleo de nuevas técnicas constructivas que dieron cambios sustanciales del carácter arquitectónico.
La importancia de esta nueva expresión formal artística radica en el primer impacto que causa la figura de las formas del arte actual religioso que debe asimilarse de manera intuitiva-perceptiva dentro de un proceso de tipo endocultural o indocultural, que incluye valores de lo real y la realidad cultural que serán asimilados de manera pragmática generando experiencias empíricas que llegan a identificarse mentalmente de manera correal con actuaciones sociales públicas de la realidad actual. Esta realidad que se va transformando dadas las circunstancias de las situaciones que se viven tanto públicas como individuales, producto de los cambios de la forma de vida.
Tercero. Esta comunicación objetual se logra partiendo de que el sujeto-objeto corpóreo que se comunica en el tiempo y el espacio apoyándose en objetos donde se plasmaron mensajes de comunicación, por medio de rasgos evocadores de esencias a base de símbolos, íconos, señales, huellas etcétera, que serán interpretadas a posteriori en la mente de los sujetos percipientes socioculturalmente con base en una comunicación preceptiva, emotiva-afectiva, por medio de contenidos denominados perceptos.6 Estos rasgos son ampliamente empleados en la religión católica para establecer una comunicación expresiva por medio de la intuición-sensación que evoca recuerdos guardados en la memoria, reuniéndose en la sensibilidad y generándose un acto sémico.7 Estos recuerdos, guardados en la memoria, se presentan de manera inmediata en un fenómeno llamado apercepción. La apercepción es muy importante en la religión católica, ya que permite rápidamente a los fieles católicos adoctrinados tener presencias de situaciones de placer místico y religioso de manera inmediata en ambientes religiosos provocados por el espacio arquitectónico ambiental. En sí, los objetos artificiales realizados por el hombre establecen la comunicación gracias a la expresión de los rasgos esenciales plasmados en su materia.
Estos rasgos son plasmados en la forma y pueden modificar las cualidades, cantidades y aun la misma sustancia de los entes, explotando sus cualidades, como son color, textura, solidez, etcétera, o también sus cantidades, como la masa o el volumen, entre otros, o sus propiedades químicas o físicas, logrando que los objetos artificiales comuniquen perceptos, conceptos y conocimientos, por medio de contenidos socioculturales, como símbolos, íconos, señales, huellas, etcétera (ver Figura 9). El generador de formas artificiales plasmará rasgos que evocarán esencias socioculturales para ser comunicadas a otros individuos socializados; es, además, una comunicación de rasgos esenciales, que genera empatías o rechazos a lo plasmado en materia de forma artística. Estas situaciones son cuidadas en los ambientes religiosos por la liturgia católica para evitar el rechazo. El ambiente contextual, tanto artístico, arquitectónico y urbano, tiene convivencias simbióticas que reúnen lo real, la realidad y la correalidad o interpretación trascendental mental, por lo que es importante evocar apercepciones religiosas positivas y cuidando los valores religiosos.

La comunicación objetual se logra partiendo de que el sujeto-objeto corpóreo se comunique en el tiempo y espacio, con base en los objetos en los cuales se plasmaron los mensajes de comunicación por medio de rasgos evocadores de esencias con base en símbolos, íconos, señales, huellas, etcétera, que serán interpretadas a posteriori en la mente de los sujetos participantes. Fuente: MCC.
Figura 9 Comunicación objetual de símbolos, signos, íconos, señales y huellas.
La comunicación objetiva a través de la trasformación de la materia de manera poiética de los entes en objetos artificiales, donde se plasma evocaciones existenciales de las esencias de los modos de ser socioculturales, genera ambientes contextuales donde los seres conviven esa existencia intersubjetiva.8 Esta comunicación de esencias surgió desde tiempos primigenios en las pinturas rupestres en cuevas donde se expresaban: símbolos, íconos, señales, huellas, etcétera, tanto espirituales como emotivas y estas representaciones se realizaron a base de pigmentos, los cuales evolucionaron convirtiéndose en obras de artesanías, arte, diseño, hasta objetos industrializados.
Cuarto. La comunicación corpórea a través de un lenguaje psicomotor o lenguaje en silencio, que se desarrolla en el tiempo-espacio intersubjetivo que genera un ambiente contextual y se expresa por una comunicación de actos y actividades, que es dirigida por acciones mentales. Estas presencias tempo-espaciales son representadas por movimientos corpóreos, que se pueden estudiar a través de la antropometría y ergonomía, dado su dinamismo. Para lograr este tipo de comunicación corpórea es necesario que el ambiente contextual lo permita tanto por las placas homeostáticas de vida como las condiciones climáticas-atmosféricas y, sobre todo, por los insumos necesarios para la subsistencia de la vida que alimenta el cuerpo-espíritu con sus posibles actos y actividades a realizar en el desarrollo de los nichos ecológicos del ambiente contextual. En la Figura 10 se presentan las relaciones entre las medidas del hombre estándar y los mobiliarios u objetos que requiere para realizar sus actividades (ver Figura 7). Cada espacio religioso requiere de estos estudios para realizar las actividades litúrgicas de los programas arquitectónicos siguiendo las normas eclesiásticas.

Fuente: MCC . Dibujos de antropometría y fotografía de la Silla Wassily diseñada por Marcel Breuer. Imagen tomada de: https://dismobel.es/decora/1925-wassily-marcel-breuer-knoll/#prettyPhoto
Figura 10 Comunicación corpórea - lenguaje psicomotor.
Quinto. Esta comunicación, que no es menos importante, se relaciona con todo el ser sujeto-objeto corpóreo en los ambientes contextuales; incluye los conocimientos y las percepciones que motivan la voluntad e inteligencia, en sí el todo de la existencia, tanto real, realidad y correalidad donde está presente el ser humano como un ser ahí en un contexto ambiental dentro de un momento sociocultural determinado, que pude corresponder a cualquiera de los modos del ser y sus valores, como el religioso. Esta comunicación se desarrolla en dos sentidos que van de la realidad a la correalidad y que incluyen lo real o sea a todo lo ambiental: el primero va de la realidad a la mente del individuo y parte de la vida comunal de la realidad incluyendo las acciones teóricas pragmáticas como de la práctica social cotidiana, en sí con todas las situaciones ambientales contextuales, y es dirigida a la mente del ser percipiente, que la asimila y la concluye en nociones de objetos mentales a través de la sensación-percepción-reflexión-noción hasta los objetos mentales con un sentido de la realidad a la mente. El segundo sentido es el regreso de la mente a la realidad y parte de la noción de los objetos mentales hasta la realidad objetual dinámica en el tiempo y el espacio. Si ambos sentidos no logran la comunicación, o sea, el significativo en la mente tiene una idea diferente a la actuación psicomotora en la realidad tempo-espacial, el resultado será el deterioro o destrucción del ambiente contextual significado intersubjetivamente y, por ende, el espacio-tiempo creado artificialmente como la arquitectura, el urbanismo y el arte en general, o sea, no hay comunicación mente-realidad.
En la catedral de la sagrada familia de Barcelona, España, el arquitecto Antonio Gaudí representó escenas religiosas en las fachadas y le dio un sentido estilístico distinto; una de ella se identifica como neogótica y otra de tipo orgánica, como se puede ver en la Figura 11. Al identificarse las escenas religiosas se da un cumplimiento significativo entre mente y realidad artística expresiva y también esta misma identificación significativa está en los estilos arquitectónicos expuestos.
El arte religioso: arte religioso, arte litúrgico y arte sacro
La posición de la Iglesia católica plantea tres tipos de arte aplicables a las esencias religiosas católicas, a saber: arte litúrgico, arte religioso y arte sacro. Pero todos ellos tendrán las cinco comunicaciones incluidas.
El arte litúrgico se relaciona con los objetos empleados en las ceremonias litúrgicas que tienen formas adecuadas a lo planteado por los protocolos litúrgicos, como los presentados en la Figura 13.
El arte religioso es el que evoca esencias religiosas y su exposición es libre tanto en sitios públicos como privados. En sí son objetos artísticos donde se demuestra la libertad creativa del artista. Son formas de expresión de vivencias socioculturales imperantes que integran los movimientos artísticos del momento y las convivencias de las vidas cotidianas de los pueblos, dentro de una libertad creativa, que permite expresar, tanto vivencias como emociones religiosas, que son plasmadas en la materia con el manejo libre de preceptos, emociones y sentimientos, que evocan los valores religiosos del momento. En la Figura 14 se presentan varias pinturas que se refieren a Jesucristo, una de ellas es Diego Velázquez en 1632 y las cuatro pinturas de Jesucristo fueron pintadas por Salvador Dalí.

Fuente: MCC.
Figura 14 El arte religioso. Pinturas: Diego de Velázquez (1632), Museo del Prado en Madrid, y varias pinturas de Salvador Dalí; el Cristo de San Juan de la Cruz en el Museo de Kelvingrove (Glasgow). Fotografía de Alejandra de Argos: Crucifixión Corpus Hipercubos, en: Totenart.com y la Madona de Port Liligat, en: arte.laguía2000.com.
El arte Sacro tiene un carácter integrado a un contexto ambiental normalmente relacionado a un espacio arquitectónico, donde tanto del recinto sagrado arquitectónico como los objetos de arte sacro están dentro de una misma situación. Aparte de ser decorativo debe plantear la devoción a los actos religiosos y litúrgicos, exponiéndose como un medio didáctico-pedagógico que enseñe la fe y piedad cristiana, de tal manera que la forma resultante exprese un carácter de sinceridad y sobriedad, que se identifique con las virtudes cristinas. Su aceptación será realizada por las autoridades litúrgicas como se especifica en el Capítulo VII “Arte y los objetos sagrados” de la Constitución del sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II (Sacrosanctum Concilium).9
Su expresión plástica se relaciona con el momento histórico sociocultural, donde se permite el respeto a las culturas regionales y nacionales, de tal manera que el objeto artístico sacro debe cumplir con la forma expresiva del momento artístico y sus situaciones socioculturales y la autorización litúrgica religiosa, sobre todo por su ubicación sociocultural-geográfica, el tiempo expresivo artístico y su conocimiento religioso del momento imperante litúrgico, dentro de un ciclo de práctica a teoría y de teoría a práctica. El ejemplo de la capilla del Santo Rosario diseñada por Henry Matisse reúne las características del acto sacro generando un ambiente moderno con figuras alusivas religiosas.
Carácter arquitectónico y arte sacro actual
La forma resultante expresa un carácter de sinceridad y sobriedad, que se identifique con las virtudes cristianas. Su aceptación será realizada por las autoridades litúrgicas como se especifica en el Capítulo VII “Arte y los objetos sagrados” de la Constitución del sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II (Sacrosanctum Concilium), y con más detalle en los artículos siguientes: 123, da la libertad de aceptar formas plásticas artísticas relacionadas al momento histórico sociocultural, respetando las culturas regionales y nacionales. En relación con el arte Sacro en el artículo 12410 plantea cómo se deben realizar las formas sagradas; para su aceptación se debe consultar a la Comisión diocesana de arte sagrado. El artículo 12711 nos plantea la formación integral de los artistas considerando, de acuerdo con el artículo 25 de la misma constitución, cómo se debe construir los altares, en general todo el ambiente religioso como arte sacro.

El arte sacro tiene carácter integrado a un contexto ambiental, donde tanto del recinto sagrado arquitectónico como los objetos de arte sacro están dentro de una misma situación. Más allá de ser decorativo, debe plantear la devoción a los actos religiosos y litúrgicos, exponiéndose como un medio didáctico-pedagógico que enseñe la fe y piedad cristiana. Fuente: MCC.
Figura 15 Arte Sacro. Fotografías del interior de la Capilla del Rosario, diseñada por Henry Matisse en Saint-Paul-de-Vence, Francia, en 1951. Fotografía Capilla del Rosario en Vence, fruto de una amistad, en: arquitecturaycristianismo.com; los espacios del arte en: entretantomagazine.com, y expresividad vital a través de la luz.
Conclusión
El arte religioso católico se divide claramente en arte religioso, arte litúrgico y arte sacro. Su división se debe al mensaje religioso que envía cada tipo de arte, de donde los dos primeros -el religioso y litúrgico- son objetos aislados que expresan sus esencias plasmadas en ellos y el último -el arte sacro- se relaciona a todo el contexto ambiental arquitectónico y artístico de los recintos religiosos en el tiempo y el espacio, dando mensajes expresivos a los fieles que participan dentro del contexto ambiental, con el objeto pedagógico de reafirmar y/o enseñar los actos y mensajes de la fe cristiana católica. Cada recinto religioso católico tendrá el ambiente requerido para permitir campos simbólicos donde se puedan realizar los protocolos que piden los sacramentos y la santa misa.
Los cambios que se generan por los movimientos religiosos fomentados por la Santa Sede modificarán los campos simbólicos espaciales y temporales, cambiando la vida cotidiana religiosa católica, y creando nuevos protocolos con actividades y actos adecuados a las nuevas normas, preceptos y actos de fe.
Esta propuesta plantea cinco tipos de comunicación de los objetos artísticos, en sí, todos los objetos artificiales realizados por el hombre, por lo que estos cinco tipos de comunicación se refirieron a la religión católica y la generación de los objetos que requiere la arquitectura y el arte para crear los ambientes contextuales católicos: primero, la comunicación por sonidos y generación de rasgos escritos y dibujados; segundo, la comunicación entre práctica de la vida cotidiana religiosa y la teorización de esa práctica para retroalimentar nuevos comportamientos dirigidos por perceptos, ritos y las normas eclesiásticas; tercero, la comunicación objetual a través de considerar al ser humano como sujeto-objeto corpóreo, que emplea a los entes para plasmar en su materia esencias producto de su escala de valores socioculturales; cuarto, la comunicación corpórea a través de un lenguaje en silencio de tipo psicomotor que convalida el ambiente contextual, al operarlo y valorarlo en todas sus partes, ya sea de manera utilitaria, funcional o simbólica; y, quinto, la comunicación que relaciona los objetos mentales con los objetos físicos en la realidad, si se logra una coherencia lógica se establece un sentido de significación entre lo que imagina la mente y lo que se opera en la realidad, lo que dará valides a los recintos religiosos.










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