Veracruz y Cuba tienen una historia compartida. Sus mares comunicantes llevaron por siglos, de un puerto a otro, navíos cargados de sabores, melodías y costumbres de la vida cotidiana. Así, llegaron al puerto mexicano ritmos con influencia de las típicas habaneras cubanas, que fueron adoptados y reinterpretados. Este es el caso de “El butaquito”, son cuyo estribillo adopta versos como el que aparece como epígrafe de este texto.2 Más que un mueble, el butaque, silla bajita sin brazos utilizada en las áreas costeras del caribe y del Golfo de México, era en este caso una invitación o un cortejo, ejemplo de cómo los objetos adquieren diversos significados.
Como apunta Bernardo García Díaz,3 el nexo permanente entre los puertos de La Habana y Veracruz no era exclusivamente institucional o comercial, sino que incluía también el movimiento de corrientes humanas que por diferentes motivos se trasladaban entre la isla y el continente.
Más aún, entrado el siglo XX, en la época de la dictadura de Fulgencio Batista, una parte de la población que se oponía al régimen militar tuvo que abandonar su país natal y refugiarse en otros puntos del continente americano. Es así como Clara Porset Dumas, pionera del diseño industrial -quien recrearía el emblemático butaque-, salió de Cuba y comenzó una nueva etapa de vida, primero en Estados Unidos y posteriormente en la Ciudad de México.
Cabe mencionar que no solo fue una destacada diseñadora, también fue interiorista, docente, crítica y promotora cultural, pues se dedicó a difundir conceptos básicos de la disciplina, al tiempo que formaba una teoría moderna del diseño industrial.
El libro que nos atañe es una cuidada recopilación de textos sobre diseño que Porset escribió para diversos medios especializados de Cuba, Estados Unidos y México, entre 1930 y 1955. La compiladora, Ana Elena Mallet, conocedora del tema como lo demuestra su anterior publicación titulada Silla mexicana,4 documentó a detalle artículos, cartas, cuestionamientos personales y conferencias de Clara Porset, que permiten al lector formar una idea más precisa de la complejidad del tema. Como apunta en el prólogo:
Porset expresó sus ideas y planteó los posibles escenarios en los que ella veía el diseño como una herramienta de cambio para mejorar la vida diaria, especialmente entre los estratos sociales desfavorecidos, las clases rural y trabajadora de un país en plena reconstrucción luego de la Revolución Mexicana.5
La selección de textos no solo se limitó a incluir aquellos publicados, sino que incorporó otros inéditos provenientes del archivo personal de Clara Porset, resguardado en el Centro de Investigaciones de Diseño Industrial de la UNAM (CIDI-UNAM). Se trata de 10 conferencias que, reunidas bajo la sección “La vuelta a Cuba”, son una verdadera cátedra de diseño de mobiliario, interiorismo y arquitectura. Por cierto, la palabra “cátedra” deriva del latín cathedra, y esta a su vez es un préstamo del griego kathédra, que significa butaca o sillón de brazos (otro ejemplo de cómo el idioma nos conecta secretamente con los objetos cotidianos, mostrando su importancia y simbolismo).
En el prólogo, la compiladora sitúa a Porset dentro de un panorama femenino activo en el diseño y la arquitectura en Latinoamérica. Entre sus representantes menciona a Elena Izcue (Perú), Lina Bo Bardi y Regina Gomide Graz (Brasil), Susi Aczel (Argentina) o Carmen Elena de las Casas y Gertrude Goldschmidt “Gego” (Venezuela). Incluso, señala una interesante relación de influencia con la artista y escritora cubana Lydia Cabrera.
El primer capítulo titulado “Reflexiones tempranas” está formado por una serie de artículos de tono informativo e introductorio. Fueron escritos para la revista Social de Cuba, y en ellos Clara Porset desarrolla conceptos como el individualismo, la estandarización, la noción de “artes industriales”, entre otros; también aborda temas de importancia en la vida cotidiana como la educación infantil -lo fundamental que es motivar la imaginación de los niños a través del diseño de las estancias infantiles y su mobiliario-, la reutilización moderna de muebles antiguos o la posibilidad de emplear las azoteas en abandono como terrazas o jardines.
La segunda parte, “La vuelta a Cuba”, reúne una serie de conferencias impartidas en la Universidad de La Habana en 1948. Estas constituyen textos más profundos que los expuestos en el primer capítulo, pero de igual forma teóricos y reflexivos. “Diseñar es dar forma, dar figura a las cosas, conformarlas”;6 “Recoger la herencia cultural […] significa algo más que recibirla pasivamente; significa acogerla como una incitación al movimiento”;7 “La tradición es crear, no imitar”,8 son algunas de las ideas que desarrolla en este apartado y que, en su actividad profesional, se dedicó a difundir y demostrar.
Para ella era importante tanto la revaloración del trabajo artesanal como la consideración de los estilos de vida locales. Esta visión crítica iba dirigida hacia la formación de una noción integral de diseño que sumara a lo funcional, el aspecto estético, emotivo y social. Llevada a la práctica, la teoría se traducía en objetos de uso diario con “una influencia más directa y un significado mayor en la vida de un hombre promedio que la pintura o la escultura”,9 un verdadero “Arte en la vida diaria”.
Dicho concepto es desarrollado en la tercera parte del libro, que lleva por nombre “El arte en la vida diaria. Génesis de una exposición”, en donde se aborda el proceso de concepción, planeación y presentación de la exposición -presentada en 1952, primero en el Palacio de Bellas Artes y, posteriormente, en la UNAM-, a través de reseñas periodísticas, textos y fotografías provenientes del catálogo original.
La cuarta parte, “Los años de consolidación. Hacia un diseño propio”, es una recopilación de artículos que aparecieron en revistas especializadas de renombre, como Arquitectura México, Decoración, Arts & Architecture y Espacios . En esta sección se incluyen sus textos más conocidos como “Muebles populares de México”, donde hace un repaso de sillas y otro tipo de mobiliario tradicional de algunas regiones de México, y el artículo “¿Qué es Diseño?”, publicado en la revista Arquitectura México en 1949, con el que abría una serie de colaboraciones en la revista dedicadas a difundir su visión de arte en la industria.
Para concluir, me parece un libro de gran importancia para el estudio del diseño industrial en México y, a su vez, para quienes estén interesados en releer la historia de la arquitectura a través de una perspectiva integral -abierta al diseño en distintas expresiones- e incluyente, al estudiar el aporte de las mujeres en las distintas disciplinas.
En los textos de Clara Porset se perciben ideas que permiten pensar la arquitectura y el diseño industrial como artes vivas, cambiantes, relacionadas con el humano y cuyas dimensiones trascienden su propia escala para convertirse en factores determinantes en la formación del individuo. Al mismo tiempo, la visión crítica de Clara Porset abre nuevos caminos para valorar lo cotidiano y continuar con el debate actual entre lo artesanal, las artes utilitarias y las consideradas bellas artes.
La lectura de sus artículos es por sí misma una experiencia en la que se “vive” el diseño, no solo en los conceptos y fotografías, sino a través de la palabra. Podríamos decir que es un libro de claroscuros, en el que las dicotomías entre tradición y modernidad, localidad y universalidad, artesanía e industria, entre otros, se entretejen como el ixtle en la continuidad del respaldo y asiento de su famoso butaquito. Dicho en sus palabras: “Lo clásico y lo moderno no se repelen cuando lo moderno surge de la creación cultivada y sensible”.10
Complementan la edición un listado de todas publicaciones de Clara Porset ordenadas cronológicamente.









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