Introducción
En San Cristóbal de las Casas, la actual diversidad religiosa y las vivencias en torno a lo sagrado1 tiene que ver con la geopolítica y transformación social que, a lo largo del siglo XX, se ha dado en Los Altos de Chiapas. San Cristóbal de las Casas se ha convertido en un espacio de convergencia religiosa y, por ende, un lugar donde la gestión por los bienes de salvación2 está en disputa con la presencia de católicos de teología indígena y de liberación, presbiterianos y otros grupos protestantes históricos, como los pentecostales, los testigos de Jehová, los mormones y los adventistas del Séptimo Día, y de forma reciente el establecimiento de comunidades islámicas.
La periferia al norte de San Cristóbal de las Casas se ha convertido en un área urbana configurada por las actividades, identidades y fe de sus habitantes; este es uno más de los casos en el que el territorio se resignifica y la imagen urbana se trastoca por la diversidad de su población. Al recorrer las calles de la colonia Nueva Esperanza se descubre un panorama diverso de interpretaciones en torno a lo sagrado, evidente desde el bautizo de sus calles (Jerusalén, Belén, Getsemaní, Nazareth o Galilea) hasta la confrontación visual con una mezquita ubicada en el borde barrial y una zona de templos evangélicos incorporados a la estructura urbana, sencillos y de lenguaje ecléctico, demarcada por una edificación visible desde cualquier ángulo del espacio evangélico gracias a la altura de un minarete y una cúpula.
Dentro de este abanico de creyentes se identifica a los musulmanes, mujeres y hombres, que alcanzan los 300 fieles, de acuerdo con las cifras del más reciente censo de población y vivienda 2020. Lo interesante de su crecimiento en tierras chiapanecas es su complejidad y génesis, presentándose como un fenómeno multifactorial, a cargo de diversos sujetos, quienes han fomentado el establecimiento y desarrollo del islam en Chiapas. Por lo anterior, se propone dividirlo en cuatro momentos, para una mejor exposición: primero, llegada del islam a partir de 1995 y con el inicio de la da’wa o invitación al islam;3 segundo, el establecimiento y la organización de la comunidad islámica con una línea de interpretación murabitún-sufi, gracias a la conversión4 de protestantes; tercero, escisiones al interior del islam; y, cuarto, reorganización del contexto islámico chiapaneco.
Cabe destacar que esta investigación se trata de un proyecto multidisciplinario, donde el método antropológico es una de las principales herramientas para la obtención de información, por lo cual, se recurrió al testimonio directo de los guías de la oración o imames de las principales mezquitas, centros de oración y encargados de, hasta el momento, la única madrasa (escuela islámica) suleymaniya en San Cristóbal de las Casas. En este sentido, también es importante establecer que no utilizaremos los verdaderos nombres de los informantes, por cuestiones de seguridad.
Adicionalmente al trabajo de campo, con un enfoque antropológico, también se llevó a cabo la revisión de bibliografía y lectura de territorio a partir de las dinámicas sociales en la zona que propiciaron la conversión al islam, con el fin de abordar el espacio sagrado como parte integradora de un fenómeno esencialmente social.
El acercamiento a los musulmanes se hace a partir de la propuesta de una antropología para el islam de Talal Asad, la cual toma en cuenta las condiciones históricas que permiten observar la producción, reproducción y transformaciones de tradiciones discursivas específicas. Con esta idea, Richard Tapper5 propone acercarse al estudio de cómo los hombres y mujeres (individuos, grupos, sociedades) se construyen a sí mismos como musulmanes, tema de observación en las comunidades islámicas de San Cristóbal de las Casas; es decir, cómo a partir de la idea de comunidad, así como de la habitabilidad y la producción del espacio, se construyen desde una visión islámica.
No solo la apropiación y el rediseño urbano, consecuencia de las patologías y fenómenos sociales, nos ocupa en este artículo, sino el análisis espacial de las edificaciones sagradas que, aunque contadas, presentan una fuente de información valiosa para el interesado en construcciones, alejadas del ideario occidentalizado y blanco. Sobre todo, los espacios que, además de ser islámicos, son de naciones originarias, conformados por mujeres comprometidas con su visión del islam, entendido como dÎn.6
Con base en lo anterior, el objetivo principal de este artículo es interpretar las dinámicas sociales de las actuales comunidades islámicas en San Cristóbal de las Casas, Chiapas, a partir de la vivencia cotidiana del espacio sagrado, resultado de incorporaciones culturales.
Abusos y costumbres. Mirada a las causas del islam chamulizado
La violación de derechos humanos que se ha dado en Los Altos de Chiapas, sobre todo en San Juan Chamula a partir de los años setenta del siglo XX, derivado de la rebelión de colectivos locales por los usos y costumbres, generó interés y algunas investigaciones, sobre todo periodísticas, que han expuesto las complejas dinámicas de los discursos en torno a lo sagrado y la diversidad de la oferta de los bienes de salvación, alejadas de la tradición católica.
San Juan Chamula (“lugar donde murió una mula”) se ubica en una de las zonas más elevadas de la región, el cerro de Tzomevitz, a una altura de 2900 metros, mientras que su centro ceremonial se ubica a aproximada 2300 metros, por lo que su asentamiento se relaciona y asocia con los lugares altos (véase Mapa 1). La población y conformación del pueblo de San Juan Chamula tiene sus orígenes en el pasado mayense.7 Conocer los orígenes de este grupo se ha tornado complicado debido a la falta de información; lo que se conoce actualmente, se debe, en gran medida a la tradición oral.

Mapa 1 Representación cartográfica y topográfica, y delimitación de San Juan Chamula. Elaboración: Carolina Quintana, con base en conjuntos de datos vectoriales con proyección geográfica del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI, 2010, 2015 y 2020).
Sin embargo, desde la historia y la antropología se comenzó a explorar y criticar la organización basada en usos y costumbres, prácticas que nos remonta -así como las conocemos- a mediados del siglo XX, ya que se vinculan con el caciquismo político ligado a las prácticas en torno a lo sagrado, más tradicionales, en donde el consumo de alcohol, la venta de posh8 y velas, así como la curación por medio de los iloles pasaron de prácticas sagradas a un gran negocio cobijado por las autoridades estatales.
En San Juan Chamula se detecta que el cambio de creencias se debe al deseo de escapar a estos usos y costumbres, debido a que se ha perdido el sentido de bien social y apartar a las familias de participar en el sistema de cargos.
A mediados de la década de los setenta, se identifica una rápida conversión de chamulas católicos de línea “tradicional” a evangélicos, quienes buscaron en otros pueblos ser adoctrinados en una nueva fe que no exigía aceptar el sistema de cargos asociado al endeudamiento por generaciones. En este tenor, es importante mencionar el relevante papel que desempeñaron las mujeres en la conversión de estas familias, ya que, al encontrarse solas, por la muerte o la adicción de la pareja a consecuencia del posh, decidieron buscar alternativas de fe que alejaran a los hombres de la ingesta de alcohol y de perder el beneficio de su cosecha por pagar al cacique el préstamo para realizar fiestas religiosas.9
El riesgo de perder la permanencia del poder de los caciques generó la prohibición de la libertad de culto, por medio de la intimidación, la quema de casas, la agresión física e, incluso, el asesinato de pastores evangélicos. Ejemplo de esto último es el caso del “primer” pastor protestante chamula, Miguel “Cashlan”10 Goméz Hernández, quien fue secuestrado en San Cristóbal de las Casas -lugar donde residía- y asesinado, en 1980, a machetazos en la plaza de San Juan Chamula, como mensaje de castigo ante la renuncia de los usos y costumbres. Finalmente, la decisión de la “comunidad” fue expulsar a todo aquel que no siga la “tradición”.11 A partir de la conversión evangélica de chamulas, entre 1976 y 1977, comenzó la expulsión de familias, que derivó en la movilización de una tercera parte de la población a otros espacios, específicamente en la zona periférica de San Cristóbal de Las Casas, donde se conformaron las colonias Nueva Esperanza y La Hormiga (véase Mapa 2). Es importante destacar que la expulsión dejó tierras libres que fueron monopolizadas por los caciques, lo que generó un mayor reparto de una tierra considerada comunal.12

Mapa 2 Asentamientos en la zona periférica de San Cristóbal de las Casas debido a la expulsión de chamulas protestantes en 1976. Elaboración: Carolina Quintana, con base en conjuntos de datos vectoriales con proyección geográfica del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI, 2010, 2015 y 2020).
Por lo anterior, la delimitación del v distrito electoral del estado de Chiapas -con predominio casi absoluto de población de naciones tradicionales, a excepción del municipio de San Cristóbal- es parte de la inmersión territorial (véase Mapa 3) necesaria para entender la diáspora chamula,13 su apertura ante distintas manifestaciones en torno a lo sagrado y las afiliaciones políticas, en donde la visión femenina y la inclusión forman parte determinante.

Mapa 3 Localización del v Distrito Electoral Federal del estado de Chiapas (San Juan Chamula, San Cristóbal de las Casas, Zinacantán, San Lucas, Tenejapa, San Juan Cancuc). Elaboración: Carolina Quintana, con base en conjuntos de datos vectoriales con proyección geográfica del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI, 2010, 2015 y 2020).
La historiografía académica no ha abordado ampliamente el tema sobre minorías en torno a lo sagrado y las persecuciones que han sufrido; sin embargo, encontramos en esta circunstancia una perspectiva que permite acercarnos a las motivaciones de una segunda conversión de algunos integrantes de la diáspora chamula. Como Jean Meyer lo expuso en algunos de sus estudios,14 la fe es un elemento que propicia la convivencia y la solidaridad social y permite a los individuos sobrevivir a persecuciones al responder a una necesidad de identidad personal y experiencia colectiva.
La expulsión y persecución de los chamulas evangélicos cesó al reterritorializar la periferia de San Cristóbal de las Casas, ya que se apropiaron -con la venia de uno de sus colonos- de la ranchería Esperanza y La Hormiga, posteriormente transformadas en espacios urbanos controlados por la diáspora evangélica (véanse Mapas 2 y 3). Actualmente, las iglesias protestantes autoconstruidas se han reproducido y conviven con otras interpretaciones en torno a lo sagrado -de hecho, la distancia entre ellas, en el mejor de los casos, es de una cuadra-, lo que genera una sobreoferta de los bienes de salvación, alejada de la tradición católica.
En este tenor, los chamulas de San Cristóbal de las Casas se desterritorializaron y reterritorializaron, es decir sufrieron “procesos de desocupación y ocupación territorial, [dinámica que] alude a la reproducción de espacios y producción de otros a través de la resignificación del territorio”. 15 Al estar fuera de su lugar de origen, los chamulas se vieron obligados a reterritorializarse; en otras palabras, la comunidad sigue localizada pero alejada de su lugar de origen, reconstruyendo el vínculo con el territorio.16 La diáspora chamula y sus descendientes tienen en común la centralidad del pensamiento sagrado y la búsqueda de diversas formas de creer, lo que favorece una diversidad de procesos de conversión, además de la organización de las comunidades para generar recursos económicos en beneficio de los adeptos.

Mapa 4 Apropiación protestante en la colonia Nueva Esperanza. Trazado delimitado por el borde islámico. Elaboración: Carolina Quintana, con base en conjuntos de datos vectoriales con proyección geográfica del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI, 2010, 2015 y 2020).
La diáspora protestante comparte con otros chamulas dispersos - existen más de cien colonias de chamulas por el estado de Chiapas, constituidas en distintos momentos históricos- la característica común de no olvidar su origen chamula y no perder el vínculo con su comunidad de procedencia.17

Izquierda y derecha: Apropiación protestante en la colonia Nueva Esperanza. Fotografías: Samantha Leyva.
El islam y el sincretismo religioso en San Cristóbal de las Casas.
Espacios sagrados
El islam en México es una interpretación en torno a lo sagrado con un importante crecimiento en diferentes estados del país. Los creyentes buscan vincular al islam con prácticas culturales de su contexto específico, siempre y cuando la jurisprudencia islámica o fiq no lo prohíba, por ejemplo, la implementación de rebozos como hiyab,18 lo que conlleva la idea de un islam “a la mexicana”.19
El islam puede ser interpretado como la aceptación del orden divino; la relación que los musulmanes establecen con lo sagrado. Este aparato interpretativo les permite explicar su entorno desde una visión islámica, es decir, las actividades cotidianas de los sujetos sociales pasan por un proceso de simbolización con el fin de ordenar el sentido de su presencia en la tierra y su relación con lo sagrado.20
En lo referente a la fundación de espacios, si bien es cierto que la reunión se ha convertido en el leit motiv de la instauración de centros islámicos, musalas (casas de oración) y mezquitas para llevar a cabo la práctica islámica, es importante mencionar que, en los lugares fuera del mundo de tradición de mayoría musulmana, representa un gran esfuerzo llevar a cabo estos proyectos, razón por la cual, en el caso mexicano, se resuelve de acuerdo con el tamaño de la comunidad y los presupuestos. En Los Altos de Chiapas, gracias al crecimiento y a la inversión económica del grupo islámico, se pudo comenzar hace 10 años el proyecto de una mezquita monumental.
La llegada del islam a territorio chiapaneco se remonta a la década de los noventa del siglo XX. Aureliano Pérez Yruela y Esteban López Moreno, dos granadinos miembros del Movimiento Mundial Murabitún (MMM) llegaron a San Cristóbal de las Casas con el objetivo de sumarse al Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y convertir su lucha social en una cruzada islámica. Al ser rechazados por el subcomandante Marcos,21 decidieron asentarse en San Cristóbal de las Casas, donde encontraron la aceptación por parte de los mexicanos Luis García Miquel Esteban López, Javier Coy y Javier Lago, quienes abrazaron el islam y se sumaron a la da’wa, con una línea de interpretación sunnita-sufi.
El MMM buscó instaurar una comunidad más equitativa en San Cristóbal de las Casas a partir de los valores islámicos tradicionales y con la implementación de un mercado libre islámico, por ser una zona que presentaba una evidente desigualdad social hacia los diferentes grupos étnicos de la región. De acuerdo con Sandra Cañas, “el interés murabitun por las instituciones prehispánicas e indígenas en general, se relaciona con la imagen que tienen de éstos, a quienes ven como personas en las que se mantiene un fitra o una conexión con la naturaleza”.22
Por lo anterior, los dos españoles encontraron entre los chamulas de La Hormiga y Nueva Esperanza una mayor aceptación a la invitación del islam, gracias a las diversas estrategias auspiciadas a través de la fundación Al Maktoum, en aquel entonces encabezada por el ministro de Hacienda e Industria de los Emiratos Árabes Unidos:23
La adecuación del discurso social y económico islámico acorde con las necesidades de las comunidades diaspóricas chamulas y a sus descendientes, centrándose en las desigualdades y en la relación con lo sagrado de los grupos tradicionales de Los Altos de Chiapas.
El acercamiento a Domingo López Ángel, uno de los líderes más influyentes de la diáspora chamula, quien posteriormente se convirtió al islam y con él un importante número de familias.24
La búsqueda de una mejora económica para los musulmanes chamulas, por medio de la creación de talleres de oficios, establecimientos con giro comercial, así como una madrasa, en la que el imam y las mujeres educaban a los conversos bajo los valores islámicos.
El proyecto y construcción de la mezquita Imam Malik simbolizó la presencia del islam murabitún en tierras chiapanecas a partir de 1995. El “templo de los musulmanes” en Ojo de Agua, como es mejor conocido por los vecinos,25 se erigió en la calle de Damasco, frente al Periférico Norte. La construcción fue diseñada siguiendo la distribución espacial y orientación establecida por la jurisprudencia islámica, aunque con algunos materiales de la región como el ladrillo, el cemento y la teja, así como otros traídos directamente de Marruecos, con una clara inspiración en la Alhambra y lenguajes islámicos del norte de África.
La mezquita contaba con una guardería y un comedor como parte de los elementos de un proyecto más ambicioso en acción: una ribat o “casa comunitaria”, inspirada en la tradición hispanoárabe y en el proyecto económico de independencia económica, con el objetivo de librar a los creyentes de un trabajo en entorno infiel (kuffar). Se conceptualizó una red de espacios alrededor del dîn, donde además de la madrasa y el centro de estudios se abrió un taller de carpintería exclusivo para los hombres, centrado en la fabricación y comercialización de muebles, un área de costura y confección para que las mujeres aprendieran un oficio,26 así como una panadería y una pizzería llamada la Alpujarra. Es importante aclarar que, en la actualidad, solo subsiste la mezquita que, según su actual imam, está inconclusa tanto por su minarete como por las nuevas adaptaciones al proyecto, que incluyen sitios al exterior para turistas, con jardín y comedor social para el necesitado.27
La construcción fue diseñada y ejecutada por profesionistas de la construcción, no obstante, fueron guiados por los imames españoles. La planta es cuadrada28 (20 x 20 m) reproduciendo el símbolo de la Casa de Allah y orientada hacia la Meca;29 su minarete y cúpula son los elementos más identificables. La cúpula radial de gran altura está cubierta de mosaico de tonalidad azul; asimismo, los pilares soportes de la arquería de herradura que le dan su carácter hipóstilo están decorados con mosaicos geométricos de gran riqueza cromática local.30
Con base en la experiencia de los musulmanes españoles en otras latitudes y la jurisprudencia islámica, se fabricó en madera de cedro un mimbar31 y celosía que separa a las mujeres. También, se construyó el mihrab donde se coloca el imam,32 el mezanine (actualmente inconcluso) de 6 x 20 m, destinado a alojar en la oración a las mujeres, y la zona de ablución; sin embargo, existe amplia flexibilidad en adaptar la arquitectura al contexto local ya que la edificación islámica se ha asumido a lo largo del tiempo como arquitectura universal.
Aunque la organización murabitún desarrollada durante los primeros diez años favoreció a que, aproximadamente doscientos cincuenta chamulas se convirtieran al islam,33 con el paso del tiempo, las prácticas de la interpretación murabitún se apegaron a una línea más tradicional, prohibiendo el consumo de maíz, el uso de la vestimenta tradicional de las mujeres chamula y la relación con amigos y familiares que no fueran musulmanes. El elemento básico en la dieta chamula es precisamente el maíz, la tortilla para ser más específicos, por lo que el desprecio por el alimento ocasionó cuestionamientos de los musulmanes chamulas,34 quienes, al buscar otras interpretaciones, encontraron una postura autoritaria en la que también prohibían el acercamiento a otras líneas de pensamiento. El resultado de la rigidez, en cuanto a costumbres, ocasionó la escisión de 40 familias que decidieron establecerse en la colonia Molino de los Arcos.

Celosía para separar el espacio femenino, al interior de la mezquita Imam Malik. Fotografía: Silvia González.
Autores como Lara,35 Schernerock,36 Morquecho,37 Cañas,38 y Villegas y Zendejas39 mencionan este episodio, el cual refleja el cuestionamiento a las estructuras de poder murabitún que no permitían adecuar el islam al contexto particular, situación que no fue aceptada por algunos musulmanes chamulas, entre ellos la familia Checheb. El caso de este grupo familiar es particular; Abdul Haffid, Yahya e Ibrahim Checheb crecieron en una tradición evangélica al ser familiares directos de Cashlan Gómez, y establecerse en San Cristóbal de Las Casas. A pesar de ello, durante la década de esplendor de la comunidad murabitún (1997-2007) decidieron acercarse al islam y hacer la shahada.40
Aunque la familia Checheb finalmente no compartió la interpretación murabitún, pero tampoco decidió alejarse del islam; por el contrario, se acercó a otras comunidades islámicas ubicadas en la Ciudad de México, como el Centro Cultural Islámico de México, liderado por Omar Weston y el Centro Salafí.41
En la antigua hacienda del italiano Francisco Pelliter, expropiada por el EZLN, actual paraje de Molino de los Arcos, se construyó una nueva mezquita: Al Kauzar, proyecto del arquitecto Persy Meranche Bugaríb, supervisado por Ibrahim Checheb con el objetivo de seguir una nueva interpretación del islam, gracias al vínculo con el Centro Cultural Islámico en la Ciudad de México y otras comunidades islámicas en el extranjero.42
Posterior a este proyecto, se presentó una nueva escisión al interior de la comunidad. Ibrahim Checheb comenzó a cuestionar las prácticas islámicas y la forma de desacreditarse unos a otros, “eso no podía ser el islam, la sunna no reconoce a la shia, o a los sufis”.43
Durante este periodo de reflexión, Checheb viajó a España, Marruecos y Sudáfrica. A su regreso a Chiapas recibió una invitación para viajar a Guatemala, donde conoció el islam ahmadí, interpretación que no es aceptada por la sunna, pues se consideran más moderada y rechazan todo tipo de violencia; su lema es “amor para todos, odio para nadie”.44
Ibrahim Checheb decidió adherirse a la comunidad ahmadía, lo que provocó la separación de su propia familia y la prohibición para acceder a la mezquita Al Kauzar. Como resultado de esta situación, decidió establecer la Comunidad Musulmana Ahmadía de San Cristóbal de las Casas en una casa adaptada con capacidad para 50 personas, ubicada en la calle Damasco, frente a Imam Malik.
Las mezquitas “panislámicas” en San Cristóbal de las Casas, desde el “monumento” de escala humana necesario para dar un sentido de pertenencia e integrarse al espacio público del fiel hasta una humilde construcción rural, nos permiten entender la dinámica funcional y la vivencia espacial relacionada con el ritual representado por una arquitectura de paz, atractivo principal del dogma en las región estudiada; además, contienen un alto grado de simbolismo y significación por representar el establecimiento y propagación de la comunidad musulmana en un territorio multicultural.
La oración o salat es uno de los pilares del islam y razón para que se erija obra edilicia, ya que se necesita realizar una oración grupal el viernes al mediodía. El Corán no estipula la creación de templos, pero es lógico tratar de crear un lugar de reunión confortable para una de sus actividades prioritarias; por algo se debe realizar cinco veces al día.
Tanto la mezquita Imam Malik como las otras tres comunidades representadas por la mezquita Umar, la Comunidad Musulmana Ahmadía y la comunidad Al Kauzar, en Molino de los Arcos, cuentan con el muro de la quibla , que indica la orientación para rezar y donde se coloca el imam para decir su sermón. Generalmente, el imam se encontraba dentro del mimbar, que es una especie de púlpito. El mihrab se percibe como un trono real, en el cual se plasma la autoridad espiritual y el poder político, sin embargo, en los espacios más sencillos se establece de manera simbólica, con solo la presencia de la autoridad religiosa, por lo que se prescinde de ambos (mihrab y mimbar). Supuestamente, estos tres elementos son indisociables al concepto de mezquita por la función y tradición que albergan; no obstante, la flexibilidad de adaptación y representación ha permitido un ejercicio libre de imaginación, gracias a no condicionarse a un lenguaje “universal”. La cúpula y el minarete, por ser elementos de asociación iconoclasta histórica, son prescindibles, aunque en imagen señala la presencia del islam en una región.
Al Kauzar y Ahmadía cuentan con una cocina y comedor para realizar la celebración del Eid al-Fitr, al romper el ayuno, en el que normalmente se come barbacoa, así como de un lugar con las instalaciones adecuadas para la ablución (wudu).
En las latitudes predominantemente islámicas y con el apoyo estatal, las mezquitas son espacios multifuncionales que incluyen madrasa o escuela, librería y lugares de reunión social. En el caso de las mezquitas chiapanecas no se ha logrado avanzar en estos proyectos por falta de financiamiento, aun así, la atmósfera de oración está presente en cada uno de los espacios, desmitificando la necesidad del artefacto arquitectónico.

Interior de la Comunidad Musulmana Ahmadía de San Cristóbal de Las Casas. Fotografía: Silvia González.
Actualmente sí existe una madrasa, ubicada en el barrio de San Diego, dirigida por turcos recién asentados en San Cristóbal. La escuela-internado fue adaptada en una casa para albergar a aproximadamente 10 alumnos; cuenta con un área de recepción, comedor, cocina, salón teórico, salón de estudio del Corán u oración orientado a la Meca en la planta baja y dormitorios con sala de juegos en la planta alta.
Conclusiones
El campo de las comunidades islámicas en San Cristóbal de las Casas, Chiapas, se encuentran en constante cambio, en la lucha por el control de los bienes de salvación islámicos y el acceso a las estructuras de poder ubicadas en una determinada demarcación que comprende tres colonias, Nueva Esperanza, La Hormiga y Molino de Los Arcos.
Este artículo presenta hasta el momento los avances de una investigación en construcción, en donde se toman en cuenta fenómenos políticos, sociales y económicos vinculados al espacio. La transversalidad de la investigación apoya la lectura de la vida cotidiana actual de los musulmanes habitantes de las colonias mencionadas, por lo que se sigue analizando el espacio, función y repercusión de las edificaciones construidas, autoproducidas y adecuadas como mezquitas, centros de oración y madrasas. Lo fundamental en estos espacios es la vivencia de lo sagrado, por lo que no solo es habitar un lugar esporádicamente con el objetivo de congregarse o asistir a un ritual, sino -e independientemente de su línea islámica- someterse a la divinidad. Los distintos inmuebles materializan el islam por medio de la orientación, el color, la ornamentación y la disposición, sin marginar la lógica y función de áreas fundamentadas en la jurisprudencia islámica (fiq). La expresión arquitectónica en México relacionada con la actual práctica del islam refleja una arquitectura adaptada a las dinámicas, las tradiciones y las visiones particulares que permiten vivir el islam de diferentes maneras.










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