¿Cómo “elegir” un artículo entre los muchos que se han publicado en mi amada revista Debate Feminista? ¡Son tantos los textos que me abrieron perspectivas nuevas, que me estimularon intelectualmente, que me conmovieron! Me decido por “Para sí/para mí”,1 un breve artículo de Alessandra Bocchetti que apareció en el segundo número de Debate Feminista dedicado a El feminismo en Italia y publicado hace treinta y cinco años (septiembre de 1990).2 Todavía hoy reverbera en mí el impacto que me generó descubrir la creatividad política de las feministas italianas. En México, durante el despegue de la segunda ola feminista a principios de la década de 1970, nos habían llegado noticias acerca del feminismo en Italia, pero eran elementos aislados, como la canción “Estamos hartas” (Noi siamo stufe) que llegamos a cantar en público, o el concepto “maternidad voluntaria”, que velozmente incorporamos a nuestra argumentación sobre la despenalización del aborto, pues ampliaba la reivindicación al incluir la educación sexual y los anticonceptivos. Sería años después, durante el IV Encuentro Feminista de América Latina y el Caribe (Taxco, octubre de 1987), cuando yo llegaría a atisbar la veta tan estimulante del feminismo italiano.
En ese IV Encuentro un pequeño grupo de diez feministas “históricas” (argentinas, chilenas, peruanas y mexicanas), con más de 15 años de militancia feminista, nos encerramos tres mañanas para reflexionar sobre las trabas internas de nuestra dinámica política, más que sobre los obstáculos externos.3 La chilena Viviana Erazo venía llegando de Italia y nos transmitió que las compañeras italianas debatían en torno a la lógica amorosa que circulaba en el movimiento y señalaban que, al no reconocer las diferencias que existen entre todas, se dificultaba la construción de acuerdos políticos. Su reflexión planteaba algo sorprendente: pasar del vínculo amoroso a una relación política basada en la necesidad. ¡Bum! ¡Pasar del amor a la necesidad! Esa idea nos esclareció parcialmente qué era lo que provocaba la sensación de frustración y desgaste ante lo que vivíamos como autocomplacencia e ineficacia política en la dinámica de muéganas en nuestros grupos feministas. Al entretejer nuestras experiencias latinoamericanas con el pensamiento que venía de Italia encontramos ciertas coincidencias, que nombramos “mitos”, y que era necesario desmontar para transformar la situación entrampada en la que sentíamos estar insertas. Elaboramos así un documento, que titulamos precisamente “Del amor a la necesidad”, y que leímos en la plenaria final de dicho Encuentro.4 En ese texto criticábamos la supuesta unidad política que muchas compañeras imaginan que existe por el solo hecho de ser mujeres, y señalamos que esa perspectiva, a la que calificamos de mujerista, era un obstáculo para una práctica feminista más democrática y eficaz. Aunque todavía en ese entonces no se usaba el término “interseccionalidad”, ya sosteníamos la idea de que el sujeto político del feminismo es diverso y que está construido políticamente, por intervenciones sociales y psíquicas, más que por la biología. Con el trabajo de discusión interna que hicimos en el Encuentro de Taxco me sumé a lo que supuse que era el cuestionamiento italiano al mujerismo, pero no entendí a cabalidad la crítica radical que implicaba esa perspectiva que se ubicó bajo la etiqueta política de feminismo de la diferencia sexual. Fue tres años después, al armar el número para Debate Feminista, que pude dimensionar la profundidad y la riqueza del pensamiento de esa potente tendencia del feminismo italiano.
Gracias a Dora Cardaci, una argentina exilada en México, a Katia Ontañón -una mexicana que vivía en Roma-, a Haydeé Birgin -una feminista argentina amiga de Alessandra Bocchetti-, y a Franca Dalla Costa -amiga de Marta Acevedo-, recopilamos textos de distintas corrientes políticas que conformaban una muestra del rico y complejo debate del feminismo italiano. Dora fue clave en la formación del número, pues sabía italiano; ella tradujo varios de los materiales que Marta Acevedo trajo de Italia, y en especial de la revista feminista Reti. Pratiche e Saperi di Donne, que Katia nos envió desde Roma. Reti se proponía hacer una reflexión feminista de izquierda sobre la actualidad política y cultural desde un “pensamiento feminista que gravitaba en torno al Partido Comunista Italiano” (PCI), que en ese entonces era el partido de izquierda más numeroso en Europa y, por mucho, el más interesante por su intenso debate intelectual. El PCI era también la referencia fundamental para las feministas italianas, muchas de las cuales asumían lo que se llamó la “doble militancia”, que consistía en participar simultáneamente en un grupo feminista y seguir dentro del partido. De la revista Reti tomamos el debate entre su directora, Maria Luisa Boccia, y una destacada académica, Chiara Saraceno. Una figura notable del PCI fue Rossana Rossanda que, cuando fue expulsada del partido, fundó Il Manifesto. De esta valiente comunista, que se sumó tardíamente al feminismo, reprodujimos tres -sí, tres- textos distintos, pues cada uno transmitía un momento y una perspectiva política diferente; el tercero, un texto autobiográfico, lo tradujo espléndidamente nuestro poeta David Huerta.
Unos años antes, en un viaje a Nueva York, yo había conseguido el libro Liberazione della donna. Feminism in Italy de Lucía Chiavola Birnbaum (1986) que ofrecía un panorama histórico del movimiento feminista italiano; la historiadora Gabriela Cano tradujo su cronología, que va de 1870 a 1985. También hicimos traducciones de artículos sobre el feminismo italiano publicados en las revistas d i f f e r e n c e s (de Teresa de Lauretis), Socialist Review (de Elisabetta Addis) y Feminist Review (de Rossana Fiochetto); republicamos el artículo de Mariella Gramaglia que salió en la revista catalana Debats y tradujimos textos de la revista Il Paese delle Donne, fundada en 1987, con sede en la Casa Internacional de las Mujeres en Roma; esta revista años después lanzaría Paese delle Donne-online, uno de los primeros productos de información en línea para mujeres en Italia. Así, intercalamos textos feministas de la Librería de Mujeres en Milán y el Centro cultural Virginia Woolf con ensayos académicos y artículos tanto de militantes como de simpatizantes críticas del Partido Comunista Italiano. Haydée me mandó de Argentina la revista SOTTOSOPRA, cuyo nombre se traduce como “patas arriba” o “al revés”, producida por la Librería de Mujeres de Milán, en la que venía el texto de Alessandra Bocchetti, fundadora e integrante del Centro cultural Virginia Woolf en Roma.
Ahora que reviso el número 2 de Debate Feminista me impresiona lo bien que nos quedó. El pensamiento de las feministas italianas, considerado la versión politizada del pensamiento francés de la diferencia sexual (de corte más bien psicoanalítico), debatió sobre las implicaciones separatistas de la reivindicación de la autonomía política y desarrolló una crítica radical a la filosofía tradicional de Occidente, ciega a la diferencia sexual. Aunque el libro de Carla Lonzi Escupamos sobre Hegel (1981) marcó el despegue de esa crítica, fue el texto titulado “Más mujeres que hombres” (Piu donne che uomini) (1983) el que desató una nueva visión de las relaciones políticas entre mujeres y hombres, entre feministas dentro y fuera del movimiento, dentro y fuera de los partidos.5 Esta perspectiva, que proponía una alianza social y simbólica de las mujeres, fue calificada como “herética” pues rompía los vínculos tradicionales entre el movimiento de mujeres y la política de la izquierda partidaria. Esas herejes feministas cuestionaron la supuesta neutralidad del lenguaje que subsume a las mujeres al hablar del “Hombre”, e hicieron explícitas las consecuencias de no visibilizar la diferencia sexual del cuerpo en la vida social y las leyes. Además de introducir la “diferencia sexual” en el análisis político con un sentido diferente del utilizado en el psicoanálisis, las italianas reivindicaron una genealogía política de mujeres que habían sido ocultadas en la narrativa hegemónica del orden simbólico, estructurado como dominación masculina, según dice Bourdieu. Las italianas provocaron un debate que rebasó el ámbito de lo lingüístico acerca de lo que implica hablar en masculino para referirse a las mujeres.
Desde el ensamblaje que armamos con perspectivas distintas, intentamos transmitir la ebullición política en que se encontraba el feminismo italiano, y compartir lo mucho que se podía aprender de ellas. Algo que me impresionó de sus textos fue no solo el carácter intrínsecamente político de esa producción de pensamiento, sino el proceso de subjetivación que generaron. Fue entonces que entendí mucho mejor la propuesta de pasar del “amor” a la “necesidad”. Varios de los textos me entusiasmaron, pero entre todos “Para sí/para mí” de Alessandra Bocchetti fue el que me provocó una caída de veinte. Con esta expresión coloquial en México nombramos a la experiencia personal que se obtiene al comprender un aspecto nunca antes visto, o al visualizar algo desde un ángulo que permite descubrir una faceta antes ignorada. En inglés se denomina insight a ese tipo de introspección, mientras que en nuestro país lo que llamamos caer el veinte viene de lo que ocurría con los antiguos teléfonos públicos, en los que se insertaba una moneda de veinte centavos y, cuando esta caía en la caja recolectora (cuando caía el veinte), se establecía la comunicación.
Cuando ocurren las caídas de veinte, detonan, además de cierta autorreflexividad, una transformación en las prácticas. “Para sí/para mí” provocó eso en mí. Bocchetti declaraba su desconfianza en la “economía amorosa de nuestras relaciones” y en su lugar sostenía: “yo tengo con las mujeres un vínculo de necesidad”. Esta idea, cuestionar la dinámica supuestamente “amorosa” entre feministas y, en vez de eso, trabajar sobre la conciencia de que nos necesitamos, a pesar de nuestras diferencias, envidias y rivalidades, era lo que ya había escuchado tres años antes, en Taxco. Sin embargo, el texto de Bocchetti era más audaz, pues planteaba que “un cuerpo de mujer no garantiza un pensamiento de mujer”, para luego explicar que “un pensamiento de mujer puede nacer solamente de la conciencia de la necesidad de las otras mujeres” (p. 222). Más adelante remataba: “Si se alcanza a comprender esto, todo el resto es estrategia, también la pertenencia a un partido político” (p. 222). ¡Zas!
Además, Bocchetti se rehusaba a hablar en nombre de las mujeres y decía que no era posible ni la representación ni la delegación. Sugería en cambio algo novedoso: que las mujeres nos volviéramos “reconocibles las unas respecto de las otras donde quiera que nos podamos encontrar, en cualquier ocasión que sea posible” (p. 224). Así, proponía que cada mujer, cuando se encontrara en una situación significativa, eligiera a partir de su propia experiencia como mujer, interrogando a fondo su vida. En esos espacios donde la diferencia sexual “no habla”, Bocchetti esperaba que cada mujer tomara la medida de su propia vida para decidir. Asimismo, introducía el concepto de “miseria simbólica” y sostenía que no estaremos libres de esa miseria mientras existan mujeres de las que se burlen debido a su cuerpo de mujer. En ese sentido señaló: “Cuando aprendamos a no temer el ridículo a los ojos de los hombres y a temer el ridículo a los ojos de las mujeres, nuestro patrón de medida para estar en el mundo habrá sido finalmente reencontrado” (p. 224).
Han pasado 35 años desde que leí esas palabras y todavía hoy se mantienen escollos en la dinámica política del feminismo debidos, sobre todo, a la multiplicidad de concepciones y niveles de conciencia que existen y que se ocultan bajo la capa amorosa de la sororidad. Un conflicto muy elocuente es la persistente dificultad para debatir entre feministas con perspectivas opuestas. A esta problemática hay que añadirle los consabidos problemas de rivalidad entre mujeres, con las envidias y el narcisismo de las pequeñas diferencias. Desde su anhelo de que las feministas hablemos desde nuestra experiencia, sin pretender representar a todas las mujeres, el artículo de Alessandra Bocchetti hoy en día sostiene su desafío. Y ahora, cuando un buen número de compañeras comparte la creencia en una supuesta esencia feminista, vale la pena recordar su lúcida frase, “un cuerpo de mujer no garantiza un pensamiento de mujer”, frase que a lo largo del tiempo ha sido reformulada como: “Un cuerpo de mujer no garantiza un pensamiento feminista”.
Toda política pretende transformar la forma en la cual es comprendido el orden social, y la lectura de textos es una vía que produce nuevos pensamientos, los cuales contribuyen a modificar las narrativas con que se aborda la acción política. Una característica de aquellos textos que reunimos en el segundo número de Debate Feminista es su insólita perspectiva, que puso en evidencia la existencia de una nueva subjetividad política. Hubo quien los calificó de heréticos porque cuestionaban ciertos dogmas del pensamiento político de la izquierda tradicional; sin embargo, otorgar un nuevo sentido a la “diferencia sexual” tuvo un efecto político notable, más allá de una ruptura con la izquierda tradicional. Desde mis particulares coordenadas políticas de compañera de ruta de los partidos de izquierda en México, coincidí con esa perspectiva. Mis críticas al mujerismo me separaron del grueso de las compañeras feministas, instaladas en la lógica amorosa de la sororidad. Sin embargo, el pensamiento de Bochetti me dio ánimo para moverme en la escena política sin representar a otras mujeres; representándome solo a mí misma, aunque eso se interpretó como mero protagonismo. En mis relaciones cotidianas me ha resultado difícil explicar la complejidad que Bocchetti otorga al problema de la representación mujerista. Para colmo, el hecho de retomar su cuestionamiento al discurso amoroso (que he expresado como una crítica a la “sororidad”) me ha generado todo tipo de conflictos y rechazos.
Luego de ese texto en el número 2, en Debate Feminista publicamos cinco veces más a Alessandra Bocchetti, sola o en colaboración con otras compañeras. En el número 4, El deseo de poder y el poder del deseo (septiembre de 1991), debatió con Luisa Muraro en “Ganar qué, ganar qué: nuestra cuestión con el poder”.6 En el número 6, Creación y procreación (septiembre de 1992), publicamos su provocador texto “La indecente diferencia”.7 Bocchetti siguió discutiendo con los izquierdistas y, en 1994, en un debate organizado por la revista italiana Critica Marxista, intervino con un agudo y breve texto titulado “¿Se puede cambiar de sentido a la política?”, que republicamos en el número 11, Sexualidad/Teoría y práctica (abril de 1995).8 Ahí respondió a cuatro interrogantes cruciales: 1) ¿se puede cambiar el sentido de la política?, 2) ¿es posible una política sin ideología?, 3) ¿es posible una política sin la idea de Estado?, y 4) ¿se puede prescindir de la idea de progreso? En el número 12, Feminismo: movimiento y pensamiento (octubre de 1995), publicamos su colaboración con Bia Sarasini: “El sujeto inaudito: breve diálogo sobre la diferencia sexual”.9 Finalmente en 1997, en el número 15, La escritura de la vida y el sueño de la política, publicamos la intervención que hizo en el encuentro Cambiar organizado por el Centro Cultural Virginia Woolf: “¿Cómo puedo poner lo mejor de mí misma?”.10 En 1996 apareció en España una compilación de los escritos de Bocchetti (de 1981 a 1995) en el libro Lo que quiere una mujer, publicado en la colección Feminismos de la Universidad de Valencia y Ediciones Cátedra, con un prólogo de Maite Larrauri.
Dedicada principalmente a la coordinación del Centro Cultural Virginia Woolf, a un intenso activismo y sin una inserción en una instancia académica, Alessandra Bocchetti no tiene hoy el reconocimiento de otras feministas italianas, como Adriana Cavarero y Luisa Muraro, quienes han desarrollado su pensamiento por escrito. Sin embargo, yo recuerdo con especial gratitud y admiración a Alessandra Bocchetti pues el texto que me provocó una caída de veinte me ha acompañado todos estos años como un recordatorio que sigue vigente. Todavía hoy considero que en el feminismo hay que privilegiar las relaciones basadas en la necesidad política, por encima de las relaciones amorosas entre nosotras (que sin duda existen y son fabulosas): las mujeres nos necesitamos para transformar el orden político y simbólico. Poner por delante la necesidad nos debería impulsar a articularnos mejor entre nosotras, inclusive si no nos queremos o no nos caemos bien. Considero que el mantra de la sororidad ha sido un elemento que no ayuda a armar lo que Mariana Palumbo11 califica de “coaliciones impuras”, tan indispensables para lograr un cambio. Y las palabras de Alessandra Bochetti esbozan esa vía compleja que implica ser capaces de transitar de las relaciones de amor a la conciencia política de la necesidad que tenemos de las demás mujeres, y pese a nuestras indudables diferencias, ser capaces de armar estrategias y coaliciones que nos lleven a alcanzar la transformación que anhelamos.










nueva página del texto (beta)



