Introducción
La reinterpretación de la mexicanidad en el estilo rangeliano durante las décadas de 1960 y 1970 se inscribe en un contexto histórico y cultural complejo, ampliamente estudiado en la literatura académica.
La obra de Alejandro Rangel Hidalgo se circunscribe en un periodo histórico que fue altamente influenciado por los diversos contextos políticos, económicos y sociales en México, cuya finalidad fue la de homogeneizar una sociedad étnica, social y culturalmente diversa, en un territorio igualmente diverso, en una identidad cultural mexicana, a través de la divulgación, adopción y apropiación de símbolos identitarios, por medio de la expresión artística y popular. Esta búsqueda de identidad cultural mexicana, si bien inició en los años posteriores a la guerra de independencia en el siglo XIX, fue en el siglo XX que se impulsa desde las clases políticas dominantes, bajo una ideología de corte socialista, supuestos ideales revolucionarios, representada en la obra de los tres grandes del muralismo mexicano: Rivera, Siqueiros y Orozco, y difundida desde la Escuela Libre de Escultura y Talla Directa, más conocida como La Esmeralda.
Sin embargo, durante la década de 1940, y con la llegada de artistas y diseñadores extranjeros, nuevas influencias permitieron el surgimiento paralelo que, si bien buscaba expresar una identidad mexicana en las diversas manifestaciones artísticas, daba oportunidad de realizar una reinterpretación más personal, basada en las propias realidades y entornos culturales de los artistas, alejados de los estereotipos difundidos desde las instancias gubernamentales.
Asimismo, la influencia estética de la escuela alemana llamada Bauhaus, entonces ya extinta, habían llegado de diversas maneras de la mano de Clara Porset y Michael VanBeuren, y se había consolidado en la década de 1950 con la visita de sus antiguos directivos, profesores y alumnos, como Walter Gropius, Hannes Meyer, Mies van der Rohe, Josef Albers, Marcel Breuer y Herbert Bayer, para asistir al Congreso Panamericano de Arquitectura (Maseda Martín, 2022).
Fue entonces que resurgió la idea de fundar la Bauhaus de México, es decir, una institución educativa que integrara conocimientos, saberes y destrezas de diferentes oficios para proponer una estética auténticamente mexicana.
Es en este contexto político y cultural que Alejandro Rangel Hidalgo irrumpió desde el Occidente del país, educado con los ideales de la Secretaría de Educación Pública de José Vasconcelos; sin embargo, alejado de los preceptos nacionalistas, logró consolidar un estilo propio en la gráfica, combinando la tradición con la modernidad, y otorgándole identidad cultural mexicana, no sólo a su natal Colima, sino a todo el país.
Escasas han sido las publicaciones sobre la obra de Alejandro Rangel Hidalgo. Una de las pocas es su más completa biografía, escrita por Guillermo García Oropeza (Alejandro Rangel Hidalgo. Artista y cuentacuentos, 2003), a partir de sus pláticas y su obra, que parece más un anecdotario compilado de las íntimas conversaciones que tuvieron durante su amistad. Este volumen es base para conocer la mente creativa de Rangel Hidalgo y gran parte de su obra.
Por otro lado, el libro titulado Alejandro Rangel Hidalgo: artista universal (Chávez González, 2001) reúne una serie de escritos elaborados por distintos personajes y familiares que le conocieron. Fue coordinado por Martha Elena Chávez González y editado por la Universidad de Colima como homenaje póstumo a su legado. En él también se tomaron en cuenta algunos artículos publicados en revistas internacionales, como el de la periodista Anita Welch, en Phoenix Magazine, publicado en 1973, sobre el mobiliario de Los Pinos, y escritos en otras revistas de carácter local, como Decisión de Empresario, publicada en 2014, de la autoría de Oscar A. Suárez, sobre la Cooperativa Pueblo Blanco, que incluye entrevistas con los artesanos que iniciaron su formación bajo la tutela del mismo Alejandro, herederos legítimos de sus obras y que al día de hoy dirigen la Escuela de Artesanos de Pueblo Blanco de Comala, aún en funciones.
Por otra parte, su obra gráfica, en resguardo de El Museo Universitario Alejandro Rangel Hidalgo, forma parte del Centro Cultural Nogueras, de la Universidad de Colima, donde se resguardan también algunas de sus piezas de mobiliario y artes decorativas más emblemáticas, así como algunas colecciones privadas.
El gran legado de Alejandro Rangel lo constituye su obra gráfica, la cual ya es considerada como parte de la iconografía contemporánea del estado de Colima; así como su contribución a la vocación productiva del pueblo de Comala, a través de la formación de más de 300 artesanos en la Escuela de Artesanos de Pueblo Blanco, hoy Cooperativa de artesanos de Pueblo Blanco, que permitió solventar una necesidad social y económica de Colima, poniéndola en el mapa, no sólo de México, sino del mundo, al trascender, con sus obras, a otros continentes.
Fundamentación teórica
La reinterpretación de la mexicanidad en el estilo rangeliano, especialmente durante las décadas de 1960 y 1970, representa un diálogo artístico y cultural entre tradición y modernidad. Este fenómeno se contextualiza en un México que atravesaba transformaciones políticas, económicas y sociales, las cuales influyeron profundamente en las expresiones artísticas, particularmente en las artes gráficas y el diseño de mobiliario.
Secco (Neo-Mexicanism and NAFTA: Exhibiting National Identity, 2010) destaca el papel del neomexicanismo como un movimiento artístico clave en la construcción de la identidad nacional posrevolucionaria, al combinar elementos tradicionales con influencias contemporáneas. Este enfoque permitió a artistas como Alejandro Rangel Hidalgo desarrollar un estilo único que integraba simbolismo, geometría y funcionalidad. Además, la obra de Rangel se convierte en un símbolo de una mexicanidad renovada, que respondía tanto a las presiones de la modernidad como a la necesidad de preservar las raíces culturales.
Por otro lado, en su artículo “La represión de lo imaginario en el campo literario mexicano del siglo XX”, Vélez García (2010) aborda las tensiones entre las expectativas nacionalistas y las expresiones artísticas individuales, fenómeno que también se reflejó en el desarrollo del estilo rangeliano, dado que la exclusión de narrativas no alineadas con el nacionalismo predominante en la literatura se extendió a las disciplinas visuales, donde la autenticidad cultural frecuentemente chocaba con las demandas hegemónicas.
La investigación de Rendón (Mexican Art Exhibitions in New York as Cultural Diplomacy, 1928-1932, 2016) sobre la diplomacia cultural, a través de las exposiciones de arte mexicano en el extranjero, resalta cómo estas iniciativas promovieron una reinterpretación de la mexicanidad a nivel internacional. Este contexto permitió la fusión de tradiciones locales con estéticas globales, característica central del estilo rangeliano.
Por último, López Casas (“La evolución del arte fantástico en México: Daniel Lezama”, 2016) y Oesterreich (2018) enfatizan en el impacto de la apropiación cultural y las tensiones entre lo colectivo y lo individual en la formación de nuevas estéticas. La obra de Rangel Hidalgo, al igual que otros exponentes de su tiempo, refleja una búsqueda constante de equilibrio entre autenticidad y modernidad, convirtiéndose en un referente del diseño mexicano y en un medio para reflexionar sobre la identidad nacional en un periodo de creciente globalización.
A través de estas contribuciones, se puede observar cómo la reinterpretación de la mexicanidad en el estilo rangeliano estuvo influenciada por un entramado de factores históricos, políticos y culturales que moldearon tanto las artes gráficas como el diseño de mobiliario en México durante las décadas de 1960 y 1970.
Diseño metodológico
El análisis se basó en una revisión documental exhaustiva, incluyendo textos académicos, estudios históricos y obras relacionadas con Alejandro Rangel Hidalgo. Se consultaron fuentes primarias y secundarias, como artículos especializados, catálogos de exposiciones, entrevistas y documentos de archivo, con el fin de obtener una visión integral de su trayectoria y contexto.
Se empleó un enfoque interdisciplinario que combinó historia del arte, diseño, sociología y estudios culturales para identificar las influencias socioculturales y artísticas que moldearon su trabajo. Además, se aplicaron métodos de análisis visual y comparativo para examinar la evolución estilística y temática en sus obras.
La investigación también incluyó el estudio detallado de obras gráficas, mobiliario y proyectos arquitectónicos y de interiorismo del artista. Se realizaron análisis formales y estilísticos para comprender la relación entre su estética y las corrientes internacionales del diseño en su época.
Finalmente, el estudio se complementó con un análisis crítico de los factores políticos y económicos del periodo, permitiendo contextualizar su producción dentro de los cambios sociales y culturales de las décadas de 1960 y 1970.
Discusión
Alejandro Rangel Hidalgo
Para comprender y valorar plenamente la obra de Alejandro Rangel Hidalgo es esencial considerar el contexto político, cultural, social y familiar que influyó en su desarrollo artístico. Nacido en 1923 en Colima, Rangel Hidalgo recibió una formación excepcional desde temprana edad. Guiado por su madre, quien fomentaba las habilidades de sus tres hijos, Juan, Javier y Alejandro se destacaron en distintas disciplinas: Juan en carpintería, Javier en herrería y Alejandro en el dibujo (García Oropeza, 2003).
Alejandro cursó la educación primaria en Colima dentro del programa educativo promovido por la Secretaría de Educación Pública bajo la dirección de José Vasconcelos, que enfatizaba la difusión de símbolos de identidad nacional, especialmente a través del movimiento muralista mexicano. Durante la década de 1930, Rangel Hidalgo se trasladó a Guadalajara, donde continuó su educación secundaria y preparatoria en el Colegio Jesuita. Aunque inicialmente consideró estudiar Derecho, su pasión por el arte prevaleció, influenciada por figuras como Julio de la Peña, con quien trabajó como dibujante, y de él aprendió el oficio de arquitecto, y lo introdujo al diseño moderno de corte racionalista del momento (García Oropeza, 2003). También conoció al arquitecto Ignacio Díaz Morales, de quien aprendió sobre historia del arte, literatura y filosofía (García Oropeza, 2003). En ese tiempo, Díaz Morales formaba parte de la llamada integración plástica, lo que permitió a Alejandro entrar en contacto con figuras como Luis Barragán y Jesús Reyes Ferreira (García Oropeza, 2003), quienes ya residían en la Ciudad de México. Además, Alejandro viajaba constantemente a la capital por motivos profesionales, lo que le permitió relacionarse con diversos personajes de la esfera cultural, artística y política.
En este periodo, la llamada arquitectura regionalista, encabezada por Barragán, Castellanos y otros, ya había consolidado un estilo que buscaba la esencia de lo mexicano. Esta arquitectura se caracterizaba por fachadas volumétricas y texturas rústicas, con el uso de materiales como madera, tejas y mosaicos, además de una paleta de colores terrosos (Olarte Venegas, Díaz García y Fernandez Martín, 1990). Más allá de la arquitectura, los interiores se complementaban con muebles y accesorios diseñados por los mismos arquitectos, inspirados en la tradición artesanal de las haciendas y villas de Jalisco, un estilo que resonaba con las propias raíces de Rangel en Colima.
La colaboración con estos arquitectos no sólo inspiró a Rangel en el diseño de mobiliario, sino que también reforzó su compromiso con la preservación de la autenticidad regional. Cada pieza, elaborada con maderas locales y técnicas tradicionales, combinaba funcionalidad y estética, reflejando la riqueza de la artesanía local.
En las décadas comprendidas entre 1930 y 1950, al tiempo que se difundían los preceptos racionalistas en el diseño y la arquitectura desde la Ciudad de México, también se gestaron una serie de acciones promovidas por algunos arquitectos y diseñadores con una fuerte convicción ideológica. A través de sus obras, impulsaron la profesionalización de los oficios tradicionales, convencidos de que el diseño era un medio para mejorar las condiciones materiales de vida de la gente, así como una forma de expresión simbólica para definir y consolidar la identidad nacional. Lo hicieron reinterpretando una gran variedad de objetos considerados como arte popular y/o artesanal, otorgándoles un nuevo significado moderno para un contexto urbano emergente.
En 1947, a la edad de 24 años, Alejandro recibió una beca para viajar por España y Francia; durante esos dos años, además de diseñar escenografías para ballets y óperas, visitó museos y centros de arte. La pintura flamenca le causó tal impresión que su obra se vio influenciada por la perfección de los detalles, perceptibles sólo con la ayuda de una lupa. A su regreso, continuó su trabajo como ilustrador de carteles para el gobierno de Jalisco, diseñando el cartel para la 1ª Gran Feria de Jalisco en 1953, por encargo del entonces gobernador Jesús González Gallo. También fue la mente creativa detrás del nuevo logotipo para la ciudad de Guadalajara, un perfil estilizado de la catedral, consistente en dos triángulos separados por un medio círculo, que se ha utilizado desde entonces como símbolo de la ciudad.
En 1955, decidió regresar a la antigua hacienda de Nogueras, cerca del pueblo de Comala, donde acondicionó dos habitaciones de la casa grande como su estudio personal. Desde Nogueras continuó trabajando como diseñador e ilustrador, colaborando en portadas y viñetas para libros de destacados escritores mexicanos y extranjeros, como Pedro Páramo (1955), de Juan Rulfo; Carta a un zapatero que compuso mal unos zapatos, de Juan José Arreola; El alcalde de Lagos y otras consejas (1957), de Alfonso de Alba Martín; Flor de juegos antiguos (1958), de Agustín Yáñez; Un milagro para México (1964), de Josefina Niggli, y La sombra niña (1965), de Griselda Álvarez.
Como pintor e ilustrador desarrolló un estilo muy particular, por el que se dio a conocer internacionalmente, gracias a las series con temas y tradiciones de México, así como por las series Ángeles Prehispánicos, Ángeles de este mundo y Navidad alrededor del mundo: 200 tarjetas diferentes editadas como tarjetas navideñas por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) y la New York Graphic Society, que fueron premiadas en 1963 y de las que se vendieron más de ocho millones (Rangel Hidalgo, 2021).
En estas series, ilustra a niñas y niños ataviados con ricos trajes típicos de cada cultura, grupo étnico mexicano y país. En cada tarjeta incluye objetos y accesorios propios que representan sus tradiciones en una fecha tan universal como lo es la Navidad; estos detalles, junto con la indumentaria, expresan la identidad cultural de cada grupo social, región o país. El trabajo resultante fue producto de un proceso de análisis, síntesis y abstracción de valores simbólicos culturales, sin dejar de lado su propio estilo, plasmado en cada uno de sus trabajos. Su obra pictórica se reconoce por los niños con caras de muñecos, por ilustrar un mundo de fantasía que le hizo merecedor del sobrenombre: “Pintor de la inocencia”.
En la serie de ángeles prehispánicos se representan los personajes ataviados con ropaje bordado, orejeras, collares y pulseras, así como los tocados característicos de cada cultura, acompañados por una urna de barro con los pastillajes, esgrafiados y colores de su misma tradición (véase la figura 1). En el Ángel de Colima, por ejemplo, lo acompaña una urna de barro rojo con la forma de un perro tlalchichi, igual a aquellas miles que se han encontrado en la zona de Nogueras y que es característico de las culturas de occidente. En Ángel de Teotihuacán se trata de una urna trípode policroma con tapa; el Ángel Zapoteca porta un gran tocado de hilo con adornos y un pectoral de filigrana de oro, mientras que el Ángel Totonaca, ataviado con ropas con cuentas doradas, se representa sonriendo abiertamente, tal y como fue representado en los vestigios arqueológicos de la zona de Veracruz.

Fuente: Elaboración propia, colección particular
Figura 1 Tarjetas postales de la colección Ángeles prehispánicos: Ángel de Colima, Ángel de Teotihuacán; Ángel Zapoteca y Ángel Totonaca.
En la serie Ángeles de este mundo (véase la figura 2), el traje, el peinado y los accesorios tradicionales de cada país son acompañados con una flor y un ave también autóctona, que los representa. Así, mientras al Ángel Mexicano lo representa un niño indígena vistiendo camisa y pantalón de algodón bordado, con zarape de lana, sombrero de paja y calzado de huarache, acompañado por una guacamaya roja y una urna con la flor de nochebuena, el Ángel de España está representado por una maja con su mantón y falda de lino, complementada con peineta, red y abanico, acompañada por perdices y un jarrón con claveles rojos, y el Ángel de Japón viste el tradicional kimono de seda, el obi con delicado estampado, sandalias zori y calcetas tori, con peinado elaborado y horquillas adornadas con cuentas y borlas de seda; es acompañado por un gallo onagadori y un ramo de flores de loto.

Fuente: Elaboración propia, colección particular.
Figura 2 Tarjetas postales de la colección Ángeles de este mundo: Ángel de España, Ángel de Japón, Ángel de México y Ángel de Alaska.
En ambas series, si bien se trata de formas simples, sintetizadas, destacan los detalles en las texturas, los brillos, los colores y las tonalidades de cada prenda. Ya sea un simple algodón bordado, un intrincado encaje o una suave seda, logra conectar los sentidos de la vista con el tacto y, a través de las flores y el ave que también se observan, ocurre lo mismo con el sentido del olfato y el oído, respectivamente.
Las ilustraciones de la colección Navidad en el mundo, que se trata de las diversas maneras de celebrar esa fecha en diferentes países y periodos de la historia, representa a una pareja ataviada con su traje tradicional, acompañada por muebles y objetos de cada periodo y/o región de que se trata; en la Navidad Bizantina, Siglo v los personajes portan pesadas ropas aterciopeladas con detalles brocados en oro, ataviadas con tocados y joyas de dicho periodo, y al centro un mueble con los frentes tallados de arabescos debajo de un mosaico de teselas doradas representando al niño Jesús sentado en un trono con piedras preciosas incrustadas en actitud de pantocrátor, todo el conjunto como si se tratase de los emperadores Justiniano y Teodora siendo niños.
Los mismos detalles se encuentran en las tarjetas correspondientes al Renacimiento Italiano, al Barroco Español, Federal Norteamericano, Siglo XVIII o la Rusia, Siglo XIX, en las que tanto los atuendos y accesorios como las actitudes de las personas, los muebles y los objetos religiosos se corresponden al periodo histórico y a la cultura o país de que se trata. El detalle de los textiles, las joyas y el mobiliario son tan acuciosos que conectan los sentidos, y eso se logra con el profundo conocimiento de la historia, del arte y de las culturas y sus identidades que tenía Rangel, así como con su capacidad para capturar la esencia de las celebraciones y tradiciones con una precisión estilística y emocional.
Si bien fueron sus tarjetas las que dieron la vuelta alrededor del mundo, otorgándole fama internacional, su trabajo como ilustrador es mucho más vasto, abarcando diversos formatos y temas. Por ejemplo, además de la Navidad, presenta a María en sus distintas advocaciones: del Carmen, de Dolores o Dolorosa, de Guadalupe, de los Mares, hasta la barroca mexicana de Tonantzintla, en la que ilustra en su singular estilo, el retablo y la exuberante decoración del interior de la iglesia de Santa María Tonantzintla, en el estado de Puebla; con ello refleja su interés por la iconografía religiosa y su capacidad para reinterpretar estos temas con una visión personal y contemporánea.
La síntesis gráfica de una obra artística de Alejandro Rangel Hidalgo, específicamente de su colección Pastores de México, se manifiesta a través de la simplificación de formas, el uso de líneas limpias y la reducción de elementos a su esencia fundamental. Sus piezas de esta reconocida colección se caracterizan por la economía de detalles y la búsqueda incansable de la pureza visual.
Este enfoque artístico no sólo resalta la belleza intrínseca de cada elemento, sino que también revela la profundidad del mensaje cultural que las acompaña. Rangel Hidalgo logra transmitir la esencia de la rica tradición cultural mexicana mediante la sutileza y la claridad de su estilo minimalista, representando elementos simbólicos de manera sencilla, pero al mismo tiempo poderosa y evocadora. Esta estética depurada y consciente permite a la audiencia enfocarse completamente en la esencia misma de la obra, destacando la belleza y el significado de cada elemento cultural presente en sus creaciones, transformando así la forma en que los espectadores interactúan con la obra y la tradición que representa. Podría definirse como una representación estilizada y minimalista que enfatiza la economía visual mediante líneas precisas y formas geométricas simplificadas.
En esta obra (véase la figura 3), la sencillez formal de los elementos compositivos se manifiesta en:
Uso de formas básicas: Los personajes y elementos son reducidos a formas geométricas esenciales, eliminando detalles innecesarios.
Paleta cromática controlada: Predomina el uso de colores terrosos y cálidos, en sintonía con la tradición cultural mexicana; contrasta con colores vibrantes en los elementos que enfatizan la temática y agrega una destreza de su técnica pictórica con matices que dan un sutil movimiento y volumen.
Equilibrio compositivo: Cada figura y objeto están cuidadosamente dispuestos para transmitir armonía y balance visual.
Referencia a lo tradicional: Los elementos que acompañan al personaje reflejan la esencia de las tradiciones mexicanas, capturando su identidad mediante un estilo gráfico moderno.

Fuente: Elaboración propia, colección particular.
Figura 3 Serie Pastores. Técnica acrílico sobre triplay de caoba. 1976.
Alejandro Rangel Hidalgo hace uso de elementos geométricos de manera ingeniosa y creativa para representar y celebrar la riqueza de la tradición cultural mexicana. A través de formas, como círculos, triángulos y rectángulos, el artista logra crear composiciones visuales y artísticas que evocan el impresionante patrimonio estilístico de la cultura mexicana a lo largo del tiempo. Estas diversas formas geométricas no sólo agregan un toque de modernidad y frescura a las obras, sino que también sirven como un recordatorio sólido de las profundas raíces culturales que inspiran la colección en su totalidad.
De este modo, los elementos geométricos no sólo son estéticamente atractivos, cautivando la mirada del espectador, sino que también llevan consigo un profundo significado simbólico que fusiona la modernidad gráfica con la tradición cultural de una manera única y verdaderamente distintiva en la obra de Rangel Hidalgo. Esta singular fusión de estilos logra que sus obras sean un puente entre el pasado y el presente, generando un diálogo artístico que invita a la reflexión sobre la identidad cultural en el contexto contemporáneo. Esta síntesis gráfica consigue transmitir una profunda conexión con las raíces culturales mexicanas al tiempo que resalta la habilidad del autor para sintetizar la riqueza visual en un lenguaje artístico accesible y contemporáneo.
Se trata de la niñez idealizada, en diversas actitudes y contextos de carácter costumbrista; de niños que resultan perfectos, que se alejan de la simple niñez para convertirse en arquetipos. Con una cualidad siniestra sutil, son niños que no se despeinan, que no sudan, que no juegan y que, menos aún, gritan, inmersos en un universo ordenado y silencioso.
Por otro lado, la flora y fauna de su querida Ex Hacienda de Nogueras también fueron referencia para su trabajo: naranjos con azahares, granadas, fresas, nardos, campanillas, palomas, cardenales, codornices, golondrinas, búhos y demás especies que habitaran los jardines. Sus conocimientos botánicos se representan en sus ilustraciones de frutas, grandes torres elaboradas de frutas tropicales que sirven como decoración y a veces como fondo para dar la bienvenida a los visitantes, con la leyenda “Esta es su casa”.
Los crotos, esas plantas de grandes hojas variegadas con distintas tonalidades del verde, amarillo o rojos, también fueron dignas de formar parte de una colección en su muy característico estilo: una mezcla entre lo abstracto y sintético del modernismo con el detalle minucioso del renacentista flamenco, sin dejar de lado, en ocasiones, la experimentación con el expresionismo.
Las técnicas utilizadas básicamente fueron el gouache, las pinturas acrílicas y el óleo para sus obras de caballete, sobre fabriano, masonite o madera como soporte, o técnicas mixtas con rotuladores y tinta china, como en sus carabelas.
A través de sus obras, Alejandro Rangel Hidalgo enaltece su mundo ideal, fantástico, que expresa paz y armonía en los rostros de sus personajes, en la composición y en los colores que utiliza, alejado de los compromisos ideales revolucionarios de los tres grandes del muralismo mexicano y del expresionismo dramático de sus contemporáneos. Al igual que Rufino Tamayo, Alejandro elige su propia interpretación de mexicanidad y, más que con las tendencias plásticas europeas, se inspira por la pintura flamenca del siglo XIV y pone atención al detalle.
Esta mexicanidad rangeliana se observa también en el diseño de mobiliario, en el que el artista toma como referencia directa los antiguos y pesados muebles del periodo novohispano y algunos detalles del renacentista. Alejandro Rangel reinterpretó las formas y adecuó los muebles, tanto en dimensiones como en uso, a las necesidades de la sociedad setentera, cuidando la calidad y los detalles al máximo. Así, diseña juegos de comedor, salas, recámaras y piezas complementarias, como credenzas, cómodas, alacenas, escritorios, libreros, mesas de recibir, de centro y laterales, además de una gran variedad de artículos de decoración, otorgado una identidad propia en la misma decoración, con la aplicación de pintura en los frentes de los cajones y tableros de las puertas, así como en el copete del respaldo de las sillas y de los butaques.
Si bien la aplicación de pintura sobre los muebles de madera no es novedosa, puesto que desde los muebles laqueados o maqueados de los siglos XVII y XVIII, hasta los conocidos como de manzana y pera del siglo XIX se recurría a esta técnica para decorar las piezas, la novedad radica en el repertorio expresivo de estas pinturas que pertenecen al mismo estilo de las pinturas de caballete, litografías e ilustraciones del mundo de Alejandro Rangel Hidalgo y en la aplicación de la técnica de gouache, combinando el uso de esténciles, pintura a mano para los detalles y aplicación de barniz transparente de consistencia más espesa para lograr un efecto de tridimensionalidad en algunos elementos de la composición pictórica.
En las diversas piezas de mobiliario predominan los volúmenes rectilíneos, a excepción del butaque; el uso de detalles torneados, sobre todo en los remates superiores, tanto en cómodas-trinchador o bufeteras como en los asientos, que pueden ser en forma de gota, de piña, de esfera sencilla o doble, etc. Los tableros moldurados también forman parte de la tipología, se encuentran en los frentes tanto de cómodas, como de cajoneras, bufeteras, credenzas, burós, y hasta en los faldones de los asientos, así como en las cabeceras; los más sencillos se cubren con una leve capa de pintura solamente, a veces sobre la madera, en otras sobre lámina de oro, y sobre ésta se aplica la decoración a mano, según el tema elegido, lo que hace único cada ejemplar o juego de mobiliario. Los muebles que combinan la madera con la técnica de la forja en hierro son de menor número y en éstos predominan las formas curvilíneas de inspiración vegetal que rematan con flores u hojas, en cabeceras y bases para mesas de todo tipo (véase la figura 4).

Fuente: Colección de Alejandro Rangel Hidalgo, cortesía del Museo Universitario Rangel Hidalgo.
Figura 4. Cómoda y butaque modelo Granadas. Madera de caoba moldurada y pintada. Técnica gouache.
Las mismas representaciones se repiten en los productos realizados en hierro forjado, como candiles, lámparas, arbotantes, maceteros y demás objetos decorativos que también son actualmente elaborados por los artesanos de Comala, formados en la Escuela de Artesanías de Comala, para la que el mismo Alejandro rescató y reinterpretó -en su muy particular visión- el antiguo sistema de taller-escuela, maestro-aprendiz, para asegurarse de que todos los alumnos comprendieran las particularidades del estilo rangeliano y pudieran reproducirlo en todas las piezas.
Poco a poco se fueron posicionando en el mercado urbano regional, puesto que además de realizar piezas de mobiliario para restaurantes y hoteles en los estados de Colima, Michoacán y Jalisco, también recibieron pedidos de personajes sobresalientes en la escena política y social de México, como Luis Echeverría Álvarez, quien, cuando visitaba el taller, encargaba personalmente algunas piezas de mobiliario para su residencia particular, y posteriormente solicitó que se amueblara un salón en la misma residencia presidencial de Los Pinos, al que se nombró Sala Comala (Welch, 1973) (véase la figura 5).

Fuente: Colección de Alejandro Rangel Hidalgo, cortesía del Museo Universitario Rangel Hidalgo.Alejandro Rangel Hidalgo.
Figura 5. Sala Comala. Residencia oficial Los Pinos. Ciudad de México.
Durante este mismo periodo, la Escuela recibió pedidos para amueblar y decorar las embajadas de México en todo el mundo y, consecuentemente, llegaron grandes pedidos para hoteles y los restaurantes Rosita en las ciudades de Osaka y Kyoto, en Japón (El Comala de Hoy, 2018); para los restaurantes Los Chiles y Las Fuentes, en la ciudad de San Francisco, California, en el vecino país de Estados Unidos de América, y posteriormente para países del continente europeo, como Alemania, Italia, Francia, España e Inglaterra (Suárez, 2014), lo que los puso en el panorama mundial, por el diseño y la calidad de sus productos, así como por representar la tradición y la modernidad del tercer cuarto de siglo XX del diseño mexicano.
Podemos reiterar, entonces, que el estilo rangeliano es conocido por su libertad creativa estructurada, que combina elementos de realismo y abstracción. Este enfoque transforma el mundo orgánico en representaciones geométricas, dotadas de un carácter particular que revitaliza las creaciones. Algunos aspectos clave del estilo de Rangel Hidalgo son los siguientes:
Geometría y simbolismo: Utiliza formas geométricas para representar elementos orgánicos, reflejando la capacidad de la cultura mexicana para fusionar lo moderno con lo tradicional.
Temática cultural: Sus obras incluyen figuras geométricas, ángeles, vegetación y ropa tradicional, celebrando la diversidad cultural mexicana.
Colores y patrones: Emplea colores vibrantes y patrones intrincados que añaden dinamismo y significado cultural a sus creaciones.
Contexto cultural: Su arte es una declaración de identidad cultural, preservando y promoviendo la mexicanidad en el arte contemporáneo.
En cuanto al impacto en las artes gráficas y el diseño de mobiliario durante las décadas de 1960 y 1970, el análisis sugiere que la revalorización de lo indígena sentó las bases para una reinterpretación más amplia de la mexicanidad en el diseño. La influencia de la estética modernista, combinada con la recuperación de elementos culturales indígenas, dio lugar a un estilo único que buscaba celebrar la identidad nacional, aunque a menudo a expensas de una representación auténtica de las comunidades indígenas.
Mobiliario
Rangel Hidalgo, además de sus aportes a la gráfica mexicana, es especialmente conocido por su diseño de mobiliario en madera, en el que combina técnicas artesanales con un enfoque modernista. Algunas de sus principales aportaciones en este ámbito incluyen:
Mobiliario en madera policromada: Rangel utilizó maderas locales, como el cedro y la parota, para crear muebles que reflejaran la riqueza cultural de México. Sus piezas destacan por los detalles tallados a mano, inspirados en motivos prehispánicos, flora y fauna mexicanas, así como figuras geométricas.
Funcionalidad y estética: A diferencia de muchos muebles de la época, sus diseños priorizaban tanto la funcionalidad como la estética. Sus creaciones, aunque ricamente ornamentadas, eran piezas prácticas para el uso diario, lo que les otorgaba un atractivo tanto para el mercado local como internacional.
Proyectos de mobiliario en serie: Rangel también incursionó en la producción en serie, pero manteniendo el espíritu artesanal. Colaboró con talleres locales para crear muebles destinados a hoteles y residencias, lo que contribuyó a revitalizar la artesanía mexicana y generar empleo en la región.
Contribuciones al diseño de interiores
Alejandro Rangel Hidalgo también tuvo un impacto significativo en el diseño de interiores. Sus contribuciones se pueden apreciar en varios proyectos, tanto públicos como privados.
Proyectos hoteleros y residenciales: Durante las décadas de 1960 y 1970, Rangel trabajó en el diseño de interiores de numerosos hoteles en México, destacándose en destinos turísticos como Manzanillo, Colima, su estado natal. Sus diseños incorporan elementos regionales para crear un ambiente acogedor y auténtico, integrando su mobiliario exclusivo con elementos arquitectónicos locales.
Integración de arte y diseño: Rangel tenía un enfoque integral hacia el diseño de interiores, en el que fusionaba sus conocimientos en artes gráficas con la creación de espacios únicos. Decoraba interiores con murales, pinturas y muebles diseñados por él mismo, generando un estilo cohesivo que reflejaba la esencia de la mexicanidad.
Uso de materiales locales: Su habilidad para trabajar con materiales locales, como la madera, el hierro forjado y el barro, le permitió diseñar interiores que eran una extensión de su entorno natural, manteniendo la autenticidad cultural.
Aportaciones arquitectónicas
Aunque no era arquitecto de formación, Rangel Hidalgo colaboró en varios proyectos arquitectónicos, especialmente en Colima:
Casas y espacios públicos: Rangel diseñó y decoró varias casas particulares, además de colaborar en la planificación y ambientación de espacios públicos. Se le reconoce por su capacidad para integrar el diseño arquitectónico con el entorno natural y cultural, creando espacios que reflejaban una armonía entre lo moderno y lo tradicional.
El Museo Universitario Alejandro Rangel Hidalgo: Un ejemplo significativo de su legado arquitectónico es el Museo Universitario Alejandro Rangel Hidalgo, ubicado en la ex Hacienda de Nogueras, Comala, Colima. Rangel contribuyó a la restauración de esta hacienda colonial, transformándola en un espacio que combina arte, cultura y diseño. Aquí se exhiben no sólo sus pinturas y muebles, sino también su colección de arte precolombino.
Obra gráfica
En el ámbito de la obra gráfica, Rangel es ampliamente reconocido por su serie de tarjetas navideñas para Unicef durante las décadas de 1960 y 1970, que tuvieron un éxito internacional. Sus ilustraciones combinaban motivos folclóricos mexicanos con un estilo modernista que resultaba atractivo tanto en México como en el extranjero.
Ilustraciones para libros y publicaciones: Además de su trabajo para Unicef, Rangel ilustró varios libros y revistas, aportando un estilo visual único que destacaba por sus líneas limpias, colores vibrantes y figuras estilizadas.
Temáticas mexicanas: Su obra gráfica no sólo es reconocida por su estilo distintivo, sino también por su temática, que siempre buscaba celebrar la cultura mexicana a través de representaciones idealizadas de la vida rural, las festividades y las tradiciones indígenas.
Su obra es considerada parte de la iconografía contemporánea representativa del estado de Colima (Consejo Nacional para la Cultura y las Artes/Secretaría de Cultura del Estado de Colima, 2012).
Legado y reconocimiento
El legado de Alejandro Rangel Hidalgo sigue vivo a través de su influencia en el diseño contemporáneo mexicano. Su capacidad para fusionar tradición y modernidad ha inspirado a generaciones de diseñadores y artistas.
Promoción cultural: A lo largo de su vida, Rangel fue un promotor incansable de la cultura y las artes mexicanas. Organizó talleres de artesanía en Colima, fomentando el desarrollo de habilidades artesanales en las comunidades locales.
Museo y fundación: Su legado se preserva en el Museo Universitario que lleva su nombre, así como en la Fundación Rangel Hidalgo, que continúa promoviendo la educación artística y el diseño en México.
Conclusiones
Alejandro Rangel Hidalgo fue un visionario que traspasó los límites entre el arte, el diseño de mobiliario, los interiores y la arquitectura. Su obra es un testimonio de la capacidad de los artistas mexicanos para innovar y preservar su patrimonio cultural, creando un estilo que es a la vez profundamente mexicano y universal.
Respecto a la reinterpretación de la mexicanidad en el estilo rangeliano, se configura como un proceso multifacético, reflejando tensiones entre tradición y modernidad, individualidad y colectividad, así como autenticidad y comercialización, en un contexto de transformación política y económica, que se convierte en una tendencia artística que busca reconciliar la modernidad con la rica tradición cultural mexicana. Este fenómeno artístico no sólo refleja una búsqueda renovada de identidad nacional, sino que también está profundamente enraizado en un contexto histórico que ha moldeado las artes gráficas y el diseño de mobiliario en México.
Alejandro Rangel Hidalgo operó en un contexto de dualidad: mientras buscaba afirmar una identidad nacional, enfrentaba las presiones de un mercado globalizado. Su trabajo en la ex Hacienda de Nogueras es un ejemplo emblemático de su capacidad para integrar elementos históricos y contemporáneos, convirtiéndose en un referente del diseño mexicano.
La reinterpretación de la mexicanidad en el estilo rangeliano representa una síntesis entre tradición y modernidad, individualidad y colectividad. Alejandro Rangel Hidalgo no sólo contribuyó al desarrollo de las artes gráficas y el diseño de mobiliario en México, sino que también estableció un diálogo entre el patrimonio cultural y las demandas contemporáneas. Este legado, profundamente enraizado en la cultura mexicana, continúa inspirando a nuevas generaciones de artistas y diseñadores.










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