Introducción
Desde hace más de 50 años el concepto del sector informal ha desempeñado un papel relevante para el análisis de los mercados laborales de los países en desarrollo. Durante este periodo muchas veces se ha cuestionado la utilidad del concepto, principalmente por la gran diversidad de definiciones e interpretaciones.1 Aun así, se ha mantenido vigente, y en el transcurso del debate quedó en evidencia que los diferentes enfoques presentados para explicar los orígenes y las características del sector informal fueron más complementarios que excluyentes, y que el sector informal es heterogéneo, pues responde a diferentes dinámicas. Sin embargo, se han mantenido discrepancias sobre el peso relativo de éstas y, por lo tanto, sobre el alcance explicativo de los diferentes enfoques.
El debate sustantivo, la evidencia empírica y los esfuerzos para consensuar la comprensión del fenómeno llevaron a modificaciones y precisiones. A la vez, el énfasis del debate ha cambiado del análisis de los orígenes de la informalidad a su impacto nocivo en variables como la productividad, el bienestar de los trabajadores, los ingresos fiscales, el funcionamiento de los mercados y las medidas para fomentar la transición de la formalidad.2
En el centro de la interpretación de la informalidad aprobada por la Organización Internacional del Trabajo (OIT, 2015), hoy en día ampliamente compartida, se ubica el concepto de la economía informal, el cual se basa en una interpretación institucional de la informalidad, más allá del sector informal, y se refiere a empresas y trabajadores no cubiertos por las regulaciones correspondientes, lo que ha permitido ampliar su aplicación a los países avanzados. Sin embargo, con esto se tiende a esquivar el análisis de los orígenes múltiples de la informalidad y específicamente de sus raíces en la estructura productiva y laboral, el cual es especialmente relevante para regiones como América Latina. A la vez, se tiende a sesgar las recomendaciones políticas hacia mejoras de la relación costo-beneficio de la formalidad, frente a la insistencia de que la reducción de la informalidad requiere un amplio rango de instrumentos, como lo destaca la misma OIT (2015 y 2024; SalazarXirinachs y Chacaltana, 2018; Ohnsorge y Yu, 2021).
Si bien la formalidad de un empleo no garantiza que éste sea de buena calidad (o, en los términos de la OIT, “trabajo decente”), la informalidad laboral está altamente correlacionada con indicadores de precariedad (Délechat y Medina, 2021; OIT, 2018), lo que en América Latina afecta a una elevada proporción de trabajadores. Después de su reducción entre mediados de la década del 2000 y mediados de la década siguiente, tanto el tamaño del sector informal como la proporción del empleo informal volvieron a crecer, llegando esta última a 53.6% en 2019.
En este artículo se discuten los avances en el análisis de la informalidad y se plantea la necesidad de interpretar los enfoques centrados en las regulaciones y las raíces estructurales, respectivamente, como complementarios en vez de excluyentes.
En la sección I se resumen brevemente los planteamientos de los enfoques desarrollados con el fin de explicar los orígenes y las características del sector informal, especialmente en América Latina; se complementa esta revisión con referencias a enfoques orientados a integrar los diferentes elementos de la informalidad, entre los cuales destaca la reformulación que la OIT hizo del concepto de la informalidad y que pasó a ser la base de medición en los países de América Latina. En la sección II se subrayan los consensos que emergieron entre dichos enfoques, los cuales facilitan el planteamiento de aquellos que son integradores, y se examinan las discrepancias respecto de algunos aspectos clave para discernir el alcance de las diferentes dinámicas de la informalidad. En la sección III se discuten el papel del crecimiento económico en la extensión de la informalidad y su impacto diferenciado en la informalidad en diferentes grupos de países, y se analiza el comportamiento de la informalidad en diferentes fases del ciclo económico. En la última sección se presentan las principales conclusiones, de las cuales se destacan las ventajas de la reconceptualización reciente centrada en la economía informal, pero también se llama la atención respecto del reto de evitar que estos avances se vuelvan retrocesos en el análisis de la informalidad y las políticas para fomentar la formalidad. Especialmente se subraya que entre las estructuras productivas y laborales de la región y las de los países avanzados hay similitudes y diferencias. Asimismo, que las últimas no son sólo cuantitativas, sino también cualitativas, además de que el concepto de la economía informal amenaza con esconder diferencias estructurales en las lógicas empresariales. Por lo tanto, se sugiere que para una mayor claridad del debate, sobre todo en regiones como América Latina, debería diferenciarse conceptualmente entre el sector informal en la nueva interpretación de la OIT -o sea, con una interpretación institucional- y el sector de baja productividad que refleja el origen estructural de una gran parte de la informalidad laboral.
I. Los enfoques para el análisis de la informalidad
Durante los últimos 50 años se han desarrollado tres enfoques para el análisis del sector informal y sus características. Con el concepto de la economía informal la OIT ha presentado una propuesta de integración conceptual que, sin proponer una nueva teoría de los orígenes de la informalidad, aspira a consensuar la comprensión del fenómeno y a universalizar su medición.3
1. El enfoque estructuralista
El sector informal es un conjunto de unidades productivas cuya principal característica es su muy limitado acceso al capital, lo que resulta en una muy baja relación capital-trabajo, y en el cual la mayoría de las personas que representan el excedente de la oferta laboral encuentra empleo.
Programa Regional del Empleo para América Latina y el Caribe (PREALC, 1990a: 3; traducción del autor).
En América Latina, el enfoque estructuralista de la informalidad, desarrollado principalmente por el PREALC de la OIT, está estrechamente relacionado con el concepto de la heterogeneidad estructural de las economías de la región, en el marco de un modelo de centro-periferia desarrollado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). La CEPAL identificó tres estratos de unidades productivas caracterizados por grandes diferencias de productividad y relacionó estas brechas con una difusión desigual de los avances técnicos, ya que sólo las empresas del sector “moderno” lograrían incorporarlos, mientras que en el sector “primitivo” se emplean tecnologías “extraordinariamente atrasadas” (CEPAL, 1969: 32-33), y el sector “intermedio” se ubica, en términos de tecnologías y productividad, entre los otros dos. En este contexto, se hizo hincapié en que las brechas de productividad no se limitan a diferencias entre ramas de actividad, ya que la heterogeneidad también se observa dentro de ellas.
Este enfoque se distancia de una interpretación dualista de las estructuras económicas de la región, según la cual coexisten, prácticamente sin ningún tipo de conexión, un sector “moderno” -frecuentemente en forma de enclave (minero o agrícola)- y un sector “tradicional” -principalmente agrícola- (Pinto, 1970).
La interpretación estructuralista del sector informal urbano desarrollada por el PREALC combina las interpretaciones elaboradas en el marco de la OIT sobre la realidad de países africanos4 con el análisis CEPALino de la heterogeneidad estructural de las economías latinoamericanas. En tal visión este sector se compone por un conjunto de unidades productivas cuyas características principales son bajas barreras de entrada y un acceso limitado a capital, con la consecuencia de una baja relación capital-trabajo; con la maximización del ingreso (no de la rentabilidad) como objetivo de la actividad económica, donde se emplea la mayoría del excedente de la oferta laboral que aumentó en forma dinámica, tanto por el crecimiento demográfico como por la fuerte migración del campo a la ciudad (Souza y Tokman, 1976; PREALC, 1990a; Tokman, 2004).5 En este contexto, el crecimiento absoluto y la persistencia del tamaño relativo del sector informal se interpretan como consecuencia de la incapacidad del sector formal de generar suficientes puestos de trabajo, tanto por la insuficiencia de la inversión y las tecnologías poco intensivas de mano de obra como por la concentración de la riqueza y sus consecuencias para las pautas de la demanda.
En consecuencia, la estructura productiva latinoamericana se desarrolló de manera bipolar, con un número limitado de empresas de alta productividad y muchas firmas de menor tamaño con baja productividad, mientras que, en comparación con las economías avanzadas, escasean empresas de tamaño y productividad intermedios que contribuirían a dinamizar las economías y generar empleo de calidad razonable para una proporción relevante de la fuerza de trabajo.6 Sin embargo, al igual que la CEPAL, el PREALC insistió en que la dicotomía formal-informal no representaba un enfoque dualista, debido a múltiples vínculos entre ambos sectores (Souza et al., 1976; Tokman, 1978; PREALC, 1990a).7
Específicamente, se identificaron vínculos entre el sector formal y segmentos del informal mediante encadenamientos de producción entre algunas microempresas informales y empresas formales, lo que puede ser beneficioso o dañino para el desarrollo productivo del sector informal (Tokman, 1978). A la vez, la demanda de productos de consumo vendidos (aunque no necesariamente elaborados) y servicios prestados por empresas o trabajadores informales emana, en buena parte, de los salarios percibidos en el sector formal (PREALC, 1990c).
Mientras la OIT y el PREALC analizaron el fenómeno en cuestión con el concepto del sector informal, la CEPAL, con tal de subrayar sus raíces en la estructura productiva y la heterogeneidad estructural, prefirió hablar de un sector de baja productividad -por ejemplo, en CEPAL (2012) -.
Al interpretar la informalidad como basada en el modo de producir, el PREALC rechazó la interpretación de la (in)formalidad a través del (in)cumplimiento de regulaciones, al afirmar que no todos los trabajadores que no tienen un seguro social son informales (Tokman, 2004: 208).
Si bien en este enfoque la unidad de análisis es la unidad productiva, los datos relevantes a nivel de las unidades de producción históricamente han sido escasas y, sobre todo, no permitieron estudiar de manera continua la evolución de los indicadores clave. Por lo tanto, se optó por utilizar indicadores del mercado de trabajo como variables proxy, lo que en ocasiones fue interpretado erróneamente en el sentido de que el análisis del PREALC partiera del mercado laboral (Portes, 1988). De todas maneras, el reconocimiento de la heterogeneidad del sector informal y especialmente la constatación de vínculos entre el sector formal y el sector informal, que implican la existencia de un segmento del sector informal cuya evolución depende de la demanda del sector formal, llevaron a que se realizaran modificaciones del planteamiento estructuralista original de la informalidad (PREALC, 1990b; Tokman, 1987, 1991 y 2004).
2. El enfoque legalista
Este informe ve la informalidad como una manifestación de la relación entre agentes económicos y un Estado.
El enfoque legalista originalmente se centró en la informalidad empresarial; argumentaba que los elevados costos financieros y los engorrosos trámites de la formalización impiden la transición a la formalidad, por lo que muchos microempresarios se ven obligados a mantenerse en la informalidad. Esto, a la vez, implica que se obstaculiza la expansión de sus negocios y, por lo tanto, la generación de más empleos. Los precursores de este enfoque fueron Soto, Ghersi y Ghibellini (1986), quienes estudian los costos (financieros y no financieros) del cumplimiento de todos los requisitos legales de la formalización en Lima y plantean que el sector informal representa un segmento capitalista emergente cuyo dinamismo se restringe debido a políticas públicas inadecuadas. Soto (2000) destaca, sobre todo, los obstáculos para acceder al derecho de propiedad, indispensable para insertarse en circuitos financieros y comerciales formales.
Sin embargo, estudios empíricos mostraron que entre los dos extremos -empresas y trabajadores independientes completamente formales y otros completamente informales- existe un gran rango de empresas parcialmente formales, ya que cumplen con algunos pero no con todos los requisitos de la legislación tributaria, municipal, de salud e higiene, social, laboral, etc., con tal de obtener los beneficios de cierta formalidad y reducir los riesgos de la informalidad (PREALC, 1990b; Perry et al., 2007; Díaz, Chacaltana, Rigolini y Ruiz, 2018).
Por ello, Maloney (2004) y Perry et al. (2007) ampliaron la perspectiva legalista que se enfoca en la exclusión provocada por las diferentes regulaciones al insistir en que parte de la informalidad es resultado de la decisión voluntaria de trabajadores independientes (por cuenta propia o microempresarios) que optan por la informalidad como resultado de una decisión racional, basada en cálculos implícitos de costos y beneficios.8 Este “escape” se realiza en reacción a los elevados costos frente a menores beneficios y riesgos limitados de un castigo por incumplimiento debido a la debilidad del control de las instituciones públicas correspondientes, o como expresión de la falta de interés en crecer que implica que no se requiere relacionarse con instituciones del Estado. Trabajadores por cuenta propia y microempresarios informales, además, valorarían la independencia que se logra al evadir las regulaciones.9
Al mismo tiempo se argumenta que especialmente muchos trabajadores de bajos niveles de calificación considerarían que los puestos formales a los cuales podrían aspirar no tienen suficientes beneficios que compensarían sus mayores costos, en comparación con las ventajas y las desventajas del trabajo informal, por lo que también ellos “escaparían” de la formalidad. Este argumento fue desarrollado por Levy (2008), quien sostiene que distorsiones en el mercado laboral, especialmente elevados costos laborales no salariales (contribuciones a la seguridad social), desincentivan la formalización de trabajadores, incluso en empresas formales.
A la vez, los autores identifican una “exclusión” de asalariados donde los costos de la formalidad son demasiado onerosos y mercados de trabajo segmentados obstaculizan el acceso a empleos formales. De esta manera, entre los asalariados informales prevalecería la “exclusión”, si la empresa en que trabajan es informal o como resultado de un mecanismo de reducir costos de una empresa formal.
Obviamente, la diferencia al enfoque legalista original es gradual, pues en éste el alto costo de las regulaciones a los microempresarios se les hace imposible regularizarse, mientras que en el enfoque ampliado, para ciertas unidades de producción, la regularización sería alcanzable, pero se desestima porque los beneficios potenciales de la formalización no merecen asumir sus costos. En consecuencia, Perry et al. (2007) afirman que existe un continuum en la importancia relativa de situaciones de “exclusión” y de “escape” entre empresas y trabajadores individuales, y ambas situaciones pueden, incluso, darse simultáneamente en una misma empresa.
Finalmente, Perry et al. (2007) sostienen que los mercados de trabajo de América Latina no se diferencian cualitativamente de los de los países desarrollados; ponen énfasis en que existe una elevada movilidad entre los sectores y que sólo en fases de crisis o bajo crecimiento económico se podría hablar de mercados laborales segmentados, mientras que en fases más expansivas estos mercados estarían integrados.
3. El enfoque institucional
La economía informal puede considerarse como una respuesta construida por la sociedad civil ante la interferencia estatal no deseada.
Desde el enfoque institucionalista se interpreta la informalidad, principalmente, como un mecanismo de empresas formales para reducir costos, aumentar ganancias y flexibilizar sus procesos de producción y distribución, por lo que el núcleo del sector informal se definiría por la “explotación dependiente” (Portes, 2000: 28) que lo subordina al sector formal. En este marco, el sector informal se define como el conjunto de actividades que no cumplen con las normas institucionales establecidas y, por lo tanto, por prácticas económicas que violan o eluden las regulaciones estatales (Portes y Haller, 2004; Portes, 2000).10 Esta definición amplia permite desvincular el fenómeno de las características de la estructura productiva y extender su cobertura conceptual más allá de países en desarrollo hacia países desarrollados.
Según este enfoque, los bajos costos de producción del sector informal aumentan las ganancias de las empresas formales no sólo por su papel de proveedores de estas empresas. Otro mecanismo sería la provisión de bienes de consumo baratos para los trabajadores de las empresas formales que permiten mantener sus salarios bajos (Portes, 1988).
Al mismo tiempo ampliaron el concepto desarrollado originalmente para describir y analizar fenómenos intrínsicamente urbanos hacia las zonas rurales y las actividades agrícolas de África y América Latina (Centroamérica, países andinos) y con referencia a estudios antropológicos que identificaron unidades campesinas “tradicionales” que se encargan de la reproducción de mano de obra para el sector formal, diferenciaron otro mecanismo para mantener bajos los salarios en este sector (Portes, 1988).
Finalmente, si bien se insiste en que la informalidad es un fenómeno global, se reconoce que las dinámicas que la generan pueden ser diferentes.11 También variarían los incentivos para empresas formales de utilizar trabajo informal, ya que, en un contexto de deterioro de las condiciones laborales en el sector formal, sus empresas reducirían la utilización del trabajo informal, puesto que en estas circunstancias las ganancias de recurrir a la economía informal como proveedora tenderían a reducirse (Portes, 1988).
Cabe señalar que las transformaciones de la economía global y de las estructuras económicas latinoamericanas han añadido otro matiz a la relación entre empresas formales, trabajadores y empresas informales al surgir y ampliarse, en el contexto de la globalización, la producción informal para cadenas globales de valor (Meagher, 2013).12
4. La nueva conceptualización de la informalidad en la OIT
La informalidad es, ante todo, una cuestión de gobernanza.
El concepto del sector informal nació en el marco institucional de la OIT y durante varias décadas fue desarrollado y profundizado en esta institución, a pesar de que no se adaptaba fácilmente a su estructura tripartita (Bangasser, 2000). Hacia el año 2000 la OIT empezó a modificar su visión al respecto: pasó de hablar de un sector que consiste en un conjunto de unidades económicas a la economía informal (Bangasser, 2000; OIT, 2002).
A ello contribuyó la expansión de empleos precarios en los países desarrollados, en muchos casos vinculada con relaciones informales de trabajo (en el sentido regulatorio) (OIT, 2016; Carré, 2017).13 En consecuencia, se reconoció la existencia de relaciones laborales informales en empresas del sector formal. En varias sesiones de la Conferencia Internacional de Estadísticos del Trabajo (CIET) se avanzó con la precisión del concepto de la economía informal y su medición, al combinar la informalidad empresarial con la laboral. En ambos casos, la OIT define y mide la (in)formalidad ahora por el (in)cumplimiento de las regulaciones clave.14
Así, las empresas informales se entienden como aquellas que, de jure o de facto, no son cubiertas por regulaciones formales o lo son de manera insuficiente (excluidas actividades ilegales). Mientras tanto, el empleo informal se refiere a relaciones de trabajo que, de facto o de jure, no son cubiertas por la legislación laboral y social. Como énfasis en el distanciamiento del enfoque anterior, en 2023 se propuso excluir el tamaño de la empresa como posible indicador de empresas del sector informal.
Principalmente a partir de las experiencias en países desarrollados y con énfasis en que las empresas pueden declarar algunas actividades y no declarar otras -lo que subraya la falta de precisión de la bipolaridad formal/informal-, instituciones como la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y la Comisión Europea definen la economía informal (o “subterránea”) como el conjunto de actividades legales, pero no declaradas (Williams, 2023).
Para el análisis del empleo informal la aplicación de la conceptualización de la OIT se ha generalizado en estudios institucionales y académicos. Desde la CIET XXI, realizada en 2023, donde se estableció que no puede haber empleo formal en empresas informales, el empleo informal consiste principalmente en las siguientes situaciones ocupacionales: asalariados de unidades económicas informales, de unidades económicas formales y del sector comunitario y de hogares, empleadores y trabajadores por cuenta propia (ahora llamados “trabajadores independientes sin empleados”) a cargo de una unidad de producción informal, ciertos contratistas dependientes y ciertos trabajadores familiares auxiliares.15
En resumen, en la revisión del enfoque de la informalidad de la OIT como organismo rector del sistema de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para temas del trabajo se destacan los siguientes aspectos:16
La informalidad como un fenómeno que abarca tanto la informalidad empresarial como la laboral; aquí se propone el concepto integrador de la economía informal.
La informalidad como un fenómeno de gobernanza.
La informalidad como un fenómeno global (no limitado a países de ingreso medio o bajo).
La informalidad como un fenómeno que abarca todas las ramas de actividad (incluyendo la agricultura).
De todas maneras, si bien la OIT mide la informalidad ahora a través del incumplimiento de las regulaciones citadas, en América Latina sigue presentando datos estadísticos que representan la antigua medición del sector informal, al diferenciar a asalariados y empleadores según tamaño de empresa y a trabajadores por cuenta propia según su ocupación.17
II. Consensos y discrepancias
Entre los enfoques revisados en la sección anterior emergieron algunos consensos que permiten una versión holística que toma en cuenta la variedad de dinámicas que inciden en la informalidad. Sin embargo, se mantienen discrepancias respecto del poder explicativo de cada uno de estos enfoques.
1. Consensos
Los procesos de investigación han generado un consenso sobre la diversidad de la informalidad en general y, específicamente, del sector informal, respecto tanto de sus orígenes como de sus características -por ejemplo, OIT (2013) -. Este consenso incluye a protagonistas de los diferentes enfoques, quienes, algunos explícitamente y otros implícitamente, admiten que había segmentos de la informalidad cuyas dinámicas no se explican con el análisis que defienden como central para su comprensión, y reconocen la relevancia de otros enfoques.
Por ejemplo, desde el enfoque estructuralista se reconoce la importancia de regulaciones eficientes y no innecesariamente costosas para facilitar la transición a la formalidad de unidades de producción informales (Tokman, 2004), lo que está en línea con las políticas aplicadas en el pasado reciente en muchos países de la región (Salazar-Xirinachs et al., 2018). Este enfoque también reconoce que existen situaciones de “explotación dependiente” en los mecanismos de subcontratación, donde la informalidad se recrea a partir de las estrategias de acumulación de empresas formales (Tokman, 2004). Según una versión sociológica del enfoque estructuralista, también se acepta que trabajadores pueden tener preferencias por el empleo informal, debido a aspectos como la flexibilidad y cierta autonomía, sobre todo del trabajo por cuenta propia (Pérez Sáinz, 1994).
Desde la perspectiva institucional se reconoce que los aspectos constitutivos de la informalidad varían y que, además de la “explotación dependiente” en que se concentra el análisis de este enfoque, también existen la informalidad de subsistencia y la informalidad de crecimiento (microempresas con potencial de acumulación) (Portes, 2000). Mientras que, por lo tanto, se reconoce que hay un segmento de informalidad que no tiene la opción de formalizarse, el cual no se capta con este enfoque; al mismo tiempo, tiene coincidencias con el enfoque legalista, ya que ambos centran su análisis en la reacción de actores económicos frente a la regulación estatal, aunque parten de bases teóricas fundamentalmente diferentes y utilizan un lenguaje distinto.
También, desde el enfoque que interpreta gran parte de la informalidad como resultado de un análisis implícito de costo-beneficio, se reconoce que existe una diversidad de sus orígenes que trasciende esta perspectiva. Por ejemplo, en una publicación del Fondo Monetario Internacional (FMI) se afirma, en la línea de Perry et al. (2007), que “la informalidad puede entenderse mejor como respuesta a un amplio juego de instituciones” (Deléchat y Medina, 2021: 2; traducción del autor), pero se admite que la informalidad surge de un espectro amplio de causas y que la elección (a partir de un análisis costo-beneficio) representa sólo una de ellas. También en una publicación del Banco Mundial se constata que la informalidad tiene orígenes múltiples y que existe, específicamente, una diferencia respecto de las características de la informalidad entre países emergentes y en desarrollo, por un lado, y países avanzados, por el otro (Ohnsorge y Yu, 2021).
Otro consenso se refiere a que el sector informal no está aislado del sector formal, como lo plantearía un enfoque dualista, sino que existen vínculos tanto productivos como distributivos.18 Como se discute más adelante, esto implica que la evolución del producto del sector informal depende en parte de la demanda que surge del sector formal.
El consenso sobre la variedad de los orígenes de la informalidad lleva al reconocimiento de su heterogeneidad. A este respecto se han establecido tipologías desde una perspectiva tanto regulatoria como estructuralista. A partir de diferentes situaciones y estrategias empresariales, Kanbur (2021) diferencia la reacción a los costos de la formalidad en cuatro tipos de empresas, las que cumplen con los requisitos de la formalidad, y tres tipos de empresas informales: la regulación debería aplicarse, pero la empresa no la cumple (“evadir”); la regulación no la afecta porque ésta hizo ajustes (“evitar”), y la regulación no afecta a la empresa (outsider). Para un estudio del sector informal, en la línea de lo encontrado por el PREALC (1990b) y por Perry et al. (2007) sobre un continuum de cumplimiento parcial entre el incumplimiento total y el cumplimiento total, el Departamento Administrativo Nacional de Estadística de Colombia estratificó el sector informal en cuatro segmentos, según el grado de cumplimiento de los requisitos de formalidad (Mayorga Mora y Parra Ramírez, 2004).19
Por otro lado, diferentes autores han distinguido estratos de unidades productivas (y los trabajadores correspondientes) con distintos niveles de productividad y potencial de crecimiento. En un estudio en las seis ciudades capitales del istmo centroamericano se han diferenciado microempresas con los criterios de la inversión en maquinaria y equipo, la inversión en medios de transporte y la utilización de una contabilidad formal (Pérez Sáinz, 1994). De manera similar, Trejos Solórzano (2003) distingue dentro del sector informal los estratos de acumulación ampliada, de acumulación simple y de subsistencia. Fernández y Villar (2016) combinan aspectos productivos y de regulación, y diferencian cuatro orígenes del empleo informal: la baja productividad (informalidad de subsistencia), las barreras (altos costos o discriminación) a la formalidad, la informalidad voluntaria y una combinación de opción voluntaria y baja productividad.
Con el fin de integrar los diferentes enfoques que identifican diversas dinámicas que conforman el sector informal se ha propuesto distinguir un estrato superior en el cual tenderían a centrarse microempresarios con potencial de acumulación analizados por las diferentes variantes del enfoque legalista; un estrato bajo que correspondería al segmento de unidades de producción de baja productividad en que se concentra el análisis estructuralista, y un estrato intermedio que abarcaría a las empresas y a los trabajadores informales vinculados con cadenas de producción lideradas por empresas formales (Bacchetta et al., 2009: 45).
A pesar de que en realidad tendería a prevalecer un escenario de gradualidad -lo que es, sobre todo, obvio en el rango de situaciones de (in)cumplimiento de las regulaciones-, por razones analíticas varios estudios han distinguido dos estratos del sector informal: un estrato superior y uno inferior.20
Finalmente, el sector informal es heterogéneo no sólo en su estructura productiva, sino también por el lado del trabajo. La heterogeneidad productiva se relaciona con desigualdades socioeconómicas y territoriales, de género, de educación, de edad y por condiciones étnicas y raciales que se expresan, por ejemplo, en la sobrerrepresentación de mujeres, trabajadores al inicio y al final de su vida laboral y minorías étnicas (Abramo, 2021; CEPAL, 2023). También las características de la inserción laboral varían y se ha encontrado, por ejemplo, que las mujeres que se desempeñan en actividades informales generalmente trabajan en ocupaciones más vulnerables que los hombres (Chen, 2012; OIT, 2018).
2. Discrepancias
Más allá de estos consensos, se mantienen discrepancias, especialmente respecto de las características de los informales independientes y de los mercados laborales con alto nivel de informalidad. A continuación se discuten estas divergencias.21
a. ¿Los informales independientes como empresarios emergentes?
Como se ha resumido previamente, desde la perspectiva defendida por Soto et al. (1986), los trabajadores independientes informales son emprendedores retenidos que no pueden expandir su negocio debido a los elevados costos de la formalización. Si bien no se puede dudar que altos costos y trámites engorrosos pueden generar obstáculos para la formalización -y en muchos países de la región se han creado mecanismos ágiles (por ejemplo, tipo “ventanilla única”) e incentivos tributarios para la creación de nuevas empresas formales (Salazar-Xirinachs et al., 2018)-, es cuestionable si la informalidad de una mayoría de microempresarios y, especialmente, de trabajadores por cuenta propia se debe a estos factores.
Por ejemplo, un estudio sobre seis ciudades centroamericanas encontró, con importantes diferencias entre ellas (relacionadas, principalmente, con el nivel de desarrollo económico), que en promedio 15.6% de las 1 344 unidades de producción encuestadas pueden considerarse como dinámicas; 38.8% pertenece al estrato intermedio, y 45.7% se halla en situación de subsistencia -cálculo propio con base en Pérez Sáinz (1994: 57) -. Trejos (2003) calculó para América Central, con base en un procesamiento de las encuestas de hogares, que del trabajo por cuenta propia y el empleo en microempresas que corresponden al sector de baja productividad, 17% pertenece al estrato de acumulación ampliada, 31% al de acumulación simple y 52% al segmento de subsistencia.
Esto indica que para muchas microempresas informales los factores de costos y trámites no parecen ser la causa principal de su informalidad. En efecto, a pesar de que Perry et al. (2007) insisten en el predominio del “escape”, sobre todo entre trabajadores por cuenta propia y microempresarios, conceden que en México 75% de microempresas encuestadas reportó que se ven demasiado pequeñas (y, seguramente, con una productividad bastante baja) para la formalización y solamente porcentajes muy bajos de estas empresas indicaron que los costos de la formalización y el tiempo necesario para ella o el costo de mantenerse formal eran los factores decisivos para no formalizarse.
Gontero y Weller (2018) distinguen a los trabajadores por cuenta propia de 16 países latinoamericanos según los niveles y los indicadores de la estabilidad de sus ingresos, que son factores que condicionan la posibilidad de asumir los costos de la formalidad. Encuentran, con importantes diferencias entre los países, que grandes proporciones de estos trabajadores no están en condiciones de hacer aportes a un sistema de jubilación o de salud, debido a las características de su inserción laboral, y que otro segmento posiblemente podría hacerlos si puede contar con subsidios.
Varios autores han analizado las características de los trabajadores por cuenta propia para ver si se asemejan a las de los empresarios, ya que en caso afirmativo no serían estas características sino otros los factores, como los sugeridos por Soto et al. (1986), los que impedirían la expansión de sus actividades económicas.
Así, Mel, McKenzie y Woodroff (2008) analizan las características, las habilidades y las actitudes personales de trabajadores por cuenta propia en Sri Lanka y encuentran que entre dos tercios y tres cuartos de ellos se asemejan a trabajadores asalariados y sólo una minoría a empleadores, por lo que concluyen que para la mayoría de estos trabajadores es poco probable que expandan sus negocios y se transformen en empleadores. En su estudio sobre 12 países en desarrollo Cho, Robalino y Romero (2015) llegan a un resultado similar; a saber que 36% de los trabajadores por cuenta propia comparte características personales con los empleadores.22 En la misma línea, Gindling y Newhouse (2014) encontraron que en 74 países en desarrollo aproximadamente dos tercios de los trabajadores por cuenta propia no tienen un perfil de un emprendedor exitoso.
El vínculo de la mayor parte de las actividades económicas informales con las necesidades de los hogares también se ve ilustrado por el origen de las empresas informales. Según un estudio de Colombia, sólo 5.1% de las empresas informales encuestadas en las principales áreas metropolitanas del país en su origen contó con personas fuera del círculo familiar, siendo el porcentaje más elevado en las empresas más grandes (seis a 10 ocupados), con 8.8% (Herrera, Roubaud y Suárez Rivera, 2004: anexos, c.4).
b. ¿Mercados laborales integrados, con informalidad voluntaria y movilidad?
La (in)voluntariedad de la informalidad se ve afectada por las opciones de formalidad e informalidad percibidas por las personas (Kucera y Roncolato, 2008).23 Estas opciones dependen, por un lado, de la disponibilidad de empleos adecuados y, por el otro, de las características personales (sobre todo, el nivel de educación formal), el trasfondo del hogar y su capital social (Ariza y Retajac, 2021). De esta manera, las personas que en esos aspectos están desfavorecidas podrían optar “voluntariamente” por un trabajo informal, ya que no perciben la posibilidad de acceder a un trabajo formal, a pesar de que podrían estar descontentas con sus condiciones de trabajo.24
La relevancia de las opciones puede enfatizarse con los resultados de una encuesta en Vietnam, según los cuales más de la mitad de los propietarios de negocios informales expresaron que prefieren dicho estatus a otras alternativas ocupacionales. Sin embargo, los mismos propietarios no quieren que sus hijos posteriormente continúen con sus empresas, sin duda porque desean para ellos mejores condiciones laborales, probablemente accesibles debido a niveles educativos más altos (Pasquier-Doumer, Oudin y Thang, 2017).
Las opciones de acceso también pueden cambiar en el transcurso del tiempo. Por ejemplo, Roubaud (1994) encontró que en 1986-1987 alrededor de 90% de los trabajadores informales en la Ciudad de México lo eran voluntariamente, mientras que según Duval-Hernández (2023) en ese país una gran mayoría, tanto de trabajadores independientes como de asalariados, preferiría la formalidad, debido a las ventajas correspondientes, sobre todo en términos de salud y pensiones.25 También Tello (2015) para Perú y Soares (2004) para Brasil encuentran que la mayoría de los trabajadores informales lo es involuntariamente.26 Beccaria, Mura y Filipetto (2024) analizan la transición de trabajadores formales a la independencia informal en cuatro países latinoamericanos y descubren que la transición al trabajo por cuenta propia informal refleja una reinserción involuntaria, mientras que la transición a una posición de empleador informal tiende a ser una decisión voluntaria.
En relación con el énfasis de Levy (2008) sobre el papel de los sistemas de seguridad social para la elevada informalidad entre asalariados, se ha cuestionado, tanto a escala global (Orozco Corona y Vélez-Grajales, 2024) como en el caso específico de México (Seira, Meza, González-Pier y Alcaraz Prous, 2023), que los costos de la seguridad social que encarecen la generación de empleo formal sin ofrecer beneficios de calidad de manera correspondiente tengan un papel clave al respecto.
De todas maneras, la escasez de empleos de calidad adecuada para estas personas refleja la debilidad de la estructura productiva de generar tales opciones laborales, y, como en otros aspectos, habrá que considerar que entre los países hay diferencias respecto de la proporción de trabajadores (sobre todo de cuenta propia) que son informales voluntariamente. Específicamente, se ha argumentado que esta proporción aumenta con el nivel de desarrollo (Kucera y Roncolato, 2008).
La citada heterogeneidad de los trabajadores informales y las diferencias respecto de opciones de acceder a empleos formales se reflejan en los estudios sobre la movilidad entre segmentos, ya que sólo grupos específicos de éstos pueden aspirar a una movilidad ascendente. Entre ellos destacan los que tienen mejores niveles de educación formal, y hombres en comparación con mujeres (Fields et al., 2023, sobre América Latina; Maurizio y Monsalvo, 2023).
Específicamente, ignorar características específicas de la inserción laboral de mujeres puede llevar a malinterpretar las dinámicas de este sector. Por ejemplo, además de menos posibilidades de transitar de un empleo informal a uno formal, se ha encontrado que son sobre todo las mujeres (pertenecientes a hogares de bajos ingresos) las que se incorporan al mercado de trabajo (informal) de manera contracíclica (Sabarwal, Sinha y Buvinic, 2010), sobre todo si los ingresos del hogar caen por la pérdida de empleo del principal perceptor de ingresos (Ciaschi y Neidhöfer, 2022).
Mientras que una minoría de los trabajadores informales tiene posibilidades de transitar a un empleo formal, la movilidad de la mayoría de los trabajadores informales se ve restringida a diferentes opciones de empleo informal. Para trabajadores independientes de seis países latinoamericanos, Maurizio (2019) encontró que transitan, sobre todo, a otra ocupación independiente, a la inactividad o a un empleo asalariado informal. Además, una inserción laboral prolongada en el sector informal reduce la posibilidad de una transición a un empleo formal (Soares, 2004). En consecuencia, para una proporción significativa de trabajadores informales sí existen altas barreras para acceder a un empleo formal, de manera que no puede hablarse de mercados laborales completamente integrados.
III. La informalidad y el crecimiento económico
La presencia de un gran sector de baja productividad en América Latina influye fuertemente en el comportamiento de su mercado laboral en su conjunto y lo distingue de los mercados laborales de los países avanzados. Pero también entre los países en desarrollo se registran importantes discrepancias que inciden, por ejemplo, en el impacto diferenciado del crecimiento económico en la evolución del sector de baja productividad y la informalidad.
1. El papel del crecimiento económico para la evolución de la informalidad
Tanto el cruce de los indicadores del producto interno bruto per cápita (PIB pc) y la proporción del empleo informal -por ejemplo, en SalazarXirinachs et al. (2018); OIT (2018); Chacaltana, Bonnet y García (2022) - como estudios econométricos (Maloney, 2001; Loayza y Rigolini, 2006) muestran que el grado del desarrollo económico es el factor clave para incidir en los niveles de informalidad.
Asimismo, la Gráfica 1a muestra, con base en datos recientes, que existe una estrecha correlación entre el PIB pc y el nivel de la informalidad. Esta correlación es aún más estrecha entre el PIB pc y la proporción del empleo informal fuera del sector formal (o sea, en el informal y el de hogares) en el empleo total, lo que refleja la preponderancia de la (in)capacidad de generación de empleo del sector formal como dinámica principal para el análisis del empleo informal (Gráfica 1b).27

Fuente: elaboración propia con base en datos de ILOStat (OIT, 2018), la División de Estadística de la ONU y el Banco Mundial.
Gráfica 1 Informalidad y PIB pc
Si bien en este caso tales sectores se identifican con base en aspectos institucionales según el nuevo concepto de la OIT, su tamaño está estrechamente vinculado con aspectos estructurales. En la Gráfica 2 se muestra para América Latina que hay una alta correlación entre el nivel de la informalidad laboral y la proporción de los empleos que en la medición de la CEPAL y el PREALC / OIT habitualmente han sido utilizados para representar al sector de baja productividad y al sector informal en su interpretación estructural.28

a Los datos de Honduras corresponden a 2017, los de Venezuela a 2017 respecto de la informalidad y a 2014 sobre los ocupados en sectores de baja productividad. En Argentina y Venezuela la proporción de los ocupados en sectores de baja productividad se refiere a las zonas urbanas.
Fuente: elaboración propia con base en datos de iloSstat, OIT (2023a) y CEPALStat.
Gráfica 2 América Latina (17 países): proporción de ocupados en el sector de baja productividad y tasa de empleo informal, total nacional, 2019 a
Mientras que los datos presentados hasta ahora subrayan que el nivel de la informalidad laboral depende en gran parte del tamaño del sector informal, y que éste se relaciona estrechamente con aspectos estructurales, surge la pregunta por el peso de la informalidad laboral en el sector formal. En la Gráfica 3 se muestra la proporción del empleo informal en el sector formal según el PIB per cápita.

Fuente: elaboración propia con base en datos de OIT (2018).
Gráfica 3 Proporción del empleo informal del sector formal en el empleo total y PIB pc, alrededor de 2014
Se observa que esta correlación también es negativa y no lineal, pero con una elevada dispersión, lo que confirma que el PIB pc no es el único factor que incide en el tamaño de la informalidad, como también lo muestran los ejercicios econométricos citados.
De esta manera, y vistas en su conjunto, estas gráficas implican que la correlación observada en la Gráfica 1a se debe, principalmente, a las diferencias en el tamaño del sector informal, que está estrechamente correlacionado con el PIB pc y, de esta forma, con el tamaño del sector de baja productividad. Adicionalmente, otros factores tendrían efecto, sobre todo, en la informalidad en el sector formal.29
En este sentido se puede suponer que el crecimiento económico desempeña un papel clave para la reducción de la informalidad. Sin embargo, frecuentemente se expresa duda sobre este impacto -por ejemplo, Bacchetta et al. (2009), OIT (2013) y Alaimo et al. (2015) -.
Infante (2018) descompone la caída de la tasa de informalidad de América Latina entre 2005 y 2015; encuentra que la expansión del empleo en el sector formal, como consecuencia del crecimiento económico relativamente elevado en ese periodo, contribuyó aproximadamente con dos tercios de esta reducción, mientras que el tercio restante se debió a caídas de las tasas de informalidad en los sectores formal e informal.30
Por lo tanto, por lo menos en dicho periodo el crecimiento económico sí tuvo un impacto favorable en la formalidad laboral. Sin embargo, como se verá a continuación, esta relación es compleja. Chacaltana et al. (2022) constatan que la misma tasa de crecimiento económico tiene un impacto variado en diferentes países y hacen énfasis en el papel que al respecto tiene la composición del crecimiento por rama de actividad. Asimismo, en la Gráfica 1 se observó que la relación entre el PIB pc y la informalidad no es lineal. De la ecuación de la tendencia exponencial que se muestra en la Gráfica 1 se desprende que la misma tasa de crecimiento económico tiene un impacto diferenciado en la tasa de informalidad en países con diferentes niveles de PIB per cápita.
Por ejemplo, un crecimiento de 5% incide en una caída de sólo 0.12 puntos porcentuales de la tasa de informalidad en un país con un PIB pc de 1 000 dólares (Cuadro 1). Este impacto aumenta gradualmente con el PIB pc hasta llegar a un máximo de 1.16 puntos porcentuales en un país con un PIB pc de 25 000 dólares.
Cuadro 1 Impacto tendencial de un crecimiento económico de 5% en la tasa de informalidad, según PIB pc
| PIB pc |
Tasa
de la informalidad |
PIB pc |
Tasa
de la informalidad |
|---|---|---|---|
| 1 000 | -0.12 | 15 000 | -1.05 |
| 2 000 | -0.24 | 20 000 | -1.14 |
| 3 000 | -0.34 | 25 000 | -1.16 |
| 5 000 | -0.53 | 30 000 | -1.14 |
| 10 000 | -0.86 | 50 000 | -0.83 |
Fuente: cálculo propio con base en datos de la Gráfica 1a.
¿Cómo puede explicarse este impacto tan diferente? Con el fin de examinar esta pregunta se presenta un ejemplo ficticio en el que se compara el impacto del crecimiento en dos países en desarrollo, con distintos niveles de PIB pc y, congruente con los hechos estilizados de los mercados laborales latinoamericanos, variaciones en la estructura del mercado laboral (véase el Cuadro 2). Se diferencian cuatro segmentos del mercado laboral: el sector de productividad alta y media, el estrato superior del sector de baja productividad, el estrato inferior del sector de baja productividad y la desocupación. En el ejercicio estos últimos dos se juntan a fin de representar el estrato dominado por la oferta laboral,31 mientras los dos primeros estratos muestran el segmento dominado por la demanda laboral.32
Cuadro 2 Crecimiento económico, composición y crecimiento del empleo, por sector y estrato: un ejercicio ficticio (en porcentaje)
| País A | País B | |||
|---|---|---|---|---|
| Año t | Año t + 1 | Año t | Año t + 1 | |
| 1. Tamaño | ||||
| Fuerza de trabajo | 100 | 102 | 100 | 102 |
| Sectores de productividad alta y media | 60.0 | 61.8 | 30.0 | 30.9 |
| Sector de baja
productividad, estrato superior |
15.0 | 15.6 | 10.0 | 10.3 |
| Sector de baja productividad, estrato inferior, y desocupación |
25.0 | 24.7 | 60.0 | 60.8 |
| 2. Tasa de crecimiento | ||||
| Fuerza de trabajo | 2.0 | 2.0 | ||
| Sectores de productividad alta y media | 3.0 | 3.0 | ||
| Sector de baja
productividad, estrato superior |
3.2 | 3.2 | ||
| Sector de baja productividad, estrato inferior, y desocupación |
-1.1 | 1.3 | ||
| 3. Proporción de la fuerza de trabajo | ||||
| Sectores de productividad alta y media | 60.0 | 60.6 | 30.0 | 30.3 |
| Sector de baja productividad, estrato superior | 15.0 | 15.2 | 10.0 | 10.1 |
| Sector de baja
productividad, estrato inferior, y desocupación |
25.0 | 24.2 | 60.0 | 59.6 |
| Total del sector de baja productividad y desocupación |
40.0 | 39.4 | 70.0 | 69.7 |
Fuente: elaboración propia.
En el ejercicio, durante el año t + 1, en ambos países el producto de los sectores de productividad alta y media crece 5%, con una pauta similar respecto del crecimiento de las diferentes ramas de actividad. Con base en lo que señala la literatura, el estrato superior del sector de baja productividad crece algo menos: 4%. En ambos países la elasticidad crecimiento-empleo es 0.6 en el sector formal y 0.8 en el estrato superior del sector informal, donde la tecnología es más intensiva en mano de obra. Finalmente, en ambos países la fuerza de trabajo crece anualmente 2 por ciento.
En el país A las proporciones del empleo en los sectores de productividad alta y mediana y el estrato superior del sector de baja productividad son más grandes que en el país B, donde la mayor parte del mercado laboral corresponde al conjunto del estrato inferior del sector de baja productividad y la desocupación. Según los datos presentados en el c¿Cuadro 1, el país A (con un sector informal de 30 a 40%) tendría un PIB pc de aproximadamente 10 000 a 1 5000 dólares, mientras que en el país B (con un sector informal de 60 a 70%) se ubicaría aproximadamente en 3 000 a 6 000 dólares).
Las citadas elasticidades crecimiento-empleo implican que estas tasas de crecimiento inciden en un aumento del empleo de 3% en los sectores de productividad alta y media y de 3.2% en el estrato superior del sector de baja productividad. Este crecimiento, superior a la expansión de la fuerza laboral, implica que en ambos países las dos fracciones del mercado laboral aumentan su participación en ese mercado, mientras que el segmento dominado por la oferta laboral la reduce. Sin embargo, debido a las diferencias en la magnitud inicial de los dos segmentos, el aporte de la expansión del empleo en el segmento dominado por la demanda laboral varía entre el país A y el B. En efecto, en el país A el segmento dominado por la demanda aumenta su proporción en 0.8 puntos porcentuales, mientras que en el B lo hace sólo en 0.4 puntos porcentuales.
Si juntamos las dos fracciones del sector de baja productividad (y la desocupación), observamos una reducción de 0.6 puntos porcentuales en el país A y de 0.3 puntos porcentuales en país B. De esta manera, puede concluirse que, debido a la diferencia en la estructura productiva y laboral, la misma tasa de crecimiento económico (con elasticidades y crecimiento de la fuerza laboral iguales) tiene un mayor impacto en la contracción del sector de baja productividad en el país de mayor PIB pc que en el del PIB pc más bajo, que es lo que observamos en la Gráfica 1 y el Cuadro 1: hasta un PIB pc de 25 000 dólares.33
Empíricamente, en América Latina este impacto diferenciado del crecimiento económico en la informalidad se observó, durante 2002-2011, en el contexto de tasas de crecimiento económico relativamente altas y similares para dos grupos de países latinoamericanos (5 y 4.3% por año, respectivamente, en el promedio). El grupo de países con un PIB pc más alto registró una expansión marcadamente mayor del empleo en los sectores de productividad alta y media, donde se ubicó 96% de los nuevos empleos, mientras que en el otro grupo de países, con un PIB pc menor, sólo 40% de los nuevos empleos fue generado por estos sectores (CEPAL, 2014).
2. La informalidad en el ciclo económico
Como es bien conocido, en países avanzados la oferta laboral se comporta de manera procíclica; de esta manera atenúa el impacto de aumentos y caídas del empleo en la tasa de desocupación (Hobijn y Sahin, 2021). En contraste, en América Latina, a escala de los países, la situación es mixta, pues coexisten países con una oferta laboral procíclica con otros donde es, más bien, contracíclica (Machinea, Kacef y Weller, 2009). Entre estos últimos se encuentran aquellos con mayores niveles de pobreza, lo que coincide con los resultados de la revisión de la literatura de Sabarwal et al. (2010), quienes encontraron que, en el contexto de una crisis económica y la pérdida correspondiente de ingresos, los hogares de menores ingresos reaccionan con un aumento de la oferta laboral (mujeres, jóvenes, niños), el cual se dirige principalmente al sector informal.34
Si bien no disponemos de datos sobre la evolución del empleo informal en diferentes fases del ciclo de crecimiento económico, podemos comparar el comportamiento del empleo asalariado (principal componente del formal) con el del trabajo por cuenta propia (principal componente del informal).35 Para 1995-2019 puede calcularse un coeficiente de correlación entre el crecimiento económico de América Latina y el Caribe y el aumento del empleo asalariado de +0.86, mientras que este coeficiente era de -0.15 para el trabajo por cuenta propia.36 En consecuencia, mientras que la evolución del empleo asalariado está estrechamente correlacionado con el crecimiento económico, no es el caso para el trabajo por cuenta propia. Este tipo de trabajo responde a dinámicas diferentes, tanto procíclicas como contracíclicas, con una cierta predominancia de estas últimas.37 Esto se expresa en que en América Latina en la mayoría de los años el trabajo por cuenta propia aumenta fuertemente (débilmente) cuando el empleo asalariado se expande poco (mucho), pero también hay algunos años en que ambas categorías se comportan con dinámicas similares (Weller, 2019). De manera consistente, varios estudios encontraron que el empleo informal se comporta de manera contracíclica (David, Lambert y Toscani, 2021; Leyva y Urrutia, 2018; Loayza y Rigolini, 2006).38
Por otra parte, se ha constatado que el producto del sector informal se comporta de manera procíclica (Ohnsorge y Yu, 2021), lo que reflejaría que su estrato tanto superior (sobre todo por eslabonamientos productivos) como inferior (sobre todo por la demanda que emana de la masa salarial del sector formal) tienen vínculos con el sector formal. Sin embargo, también se ha encontrado que un incremento de 1% del producto del sector formal incide en un aumento de sólo entre 0.4 y 0.8% del producto del sector informal (Ohnsorge y Yu, 2021: 104), lo que reflejaría que no todas las actividades del sector informal se comportan de manera procíclica.39 Esto se expresa también en que en una crisis económica el producto del sector informal se contrae menos que el del sector formal.
La simultaneidad de un comportamiento procíclico del producto y, vinculado con ello, la de la masa de ingresos laborales del sector informal, por un lado, y un comportamiento contracíclico del empleo del sector informal, por el otro, se basan en que la mayor parte del producto del sector de baja productividad proviene de su estrato alto, mientras que la mayor parte de su empleo viene de su estrato bajo.
Esta simultaneidad tiene importantes consecuencias para los ingresos medios per cápita de los trabajadores del sector informal. Específicamente, en una crisis económica la masa de ingresos del sector informal tiende a reducirse mientras que, al mismo tiempo, aumenta el número de personas que busca medios de subsistencia al trabajar en este sector. En consecuencia, los ingresos laborales medios en el sector informal se contraen marcadamente, mientras ocurre lo opuesto en una fase de expansión. Para América Latina, este comportamiento se ha observado, por ejemplo, para el periodo de bajo crecimiento económico regional entre 1990 y 2002, con una caída de los ingresos reales medios de los asalariados de microempresas y, más marcado, para los trabajadores por cuenta propia (no profesionales ni técnicos), y el periodo de mayor crecimiento entre 2002 y 2014, con aumentos importantes de los ingresos reales medios de ambas categorías de ocupación (Weller, 2019: 64).
El comportamiento predominantemente contracíclico del empleo informal y, sobre todo, el peso del segmento del mercado laboral que responde principalmente a la presión de la oferta, sobre todo de los hogares de bajos ingresos, incide en que el mercado de trabajo en su conjunto responde de manera diferente en América Latina, en comparación, por ejemplo, con el de los Estados Unidos.
Como se observa en la Gráfica 4 (panel a), en América Latina en ningún año entre 1992 y 2019 cayó el nivel del empleo, y, aun con una tasa de crecimiento económico de cero, el empleo tendió a crecer 1.4%. Esto obviamente refleja la dinámica previamente discutida, de que los hogares de bajos ingresos tienden a mostrar un comportamiento contracíclico de la oferta laboral y muchas de estas personas necesitan generar ingresos laborales mediante cualquier actividad económica accesible. En contraste, en los Estados Unidos, en el mismo periodo, hubo cuatro años con una caída absoluta del empleo; tres de estos años corresponden a la “gran recesión” (2008-2009) y al rezago en la generación de empleo en 2010. En efecto, un estancamiento de la economía de los Estados Unidos (crecimiento cero) tiende a incidir en una caída absoluta del empleo de 0.7%. Esto, obviamente, refleja el comportamiento de las empresas en una crisis o en el contexto de un bajo dinamismo económico, cuando las pérdidas de empleo, sobre todo por despidos, sobrepasan a la generación de nuevos puestos de trabajo.

Fuente: elaboración propia con base en datos de la OIT, la CEPAL, el Banco Mundial y U. S. Bureau of Labor Statistics (BLS).
Gráfica 4 América Latina y el Caribe y los Estados Unidos: crecimiento económico, empleo y productividad laboral, 1992-2019
La evolución de la productividad laboral media representa la otra cara de esta diferencia estructural. Como muestra el panel b de la Gráfica 4, en los Estados Unidos sólo en un año se registró una (muy leve) caída de la productividad laboral media, y entre 1992 y 2019 su aumento promedio anual fue de 1.5%. En contraste, en América Latina el comportamiento contracíclico de una parte de la población en edad de trabajar incidió, sobre todo a partir de 2014 en un contexto de bajas tasas de crecimiento, en varios años de caída de la productividad laboral media. En 10 años del periodo de análisis la productividad descendió y en promedio creció sólo 0.4% por año. De esta forma, las diferencias en la composición del empleo influyen de manera importante en el funcionamiento del mercado de trabajo, lo que subraya que éstas no son solamente cuantitativas.
De todos modos, América Latina es una región heterogénea y la relación entre el empleo y el crecimiento económico varía entre los países. En vista de la estrecha correlación entre el crecimiento económico y la evolución del empleo asalariado, no sorprende que la correlación entre el crecimiento económico y el empleo en su conjunto aumente con la proporción de asalariados en la estructura ocupacional (Weller y Kaldewei, 2014: 76).
Para cerrar esta sección, con el ejemplo de Brasil (2012-2019) se muestra una evolución del empleo en el sector formal que profundiza aún más el comportamiento contracíclico del empleo informal. Brasil ha implementado una serie de programas de formalización (Krein, Manzano, Dos Santos y Duarte, 2018) y hasta 2014, en un contexto de crecimiento económico relativamente elevado, el número de asalariados privados aumentó significativamente, acompañado por una recomposición hacia mayores niveles de formalidad (Gráfica 5).

Fuente: elaboración propia con base en datos del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE).
Gráfica 5 Brasil: número de asalariados privados, 2012-2019, años móviles, miles de personas
Sin embargo, en 2015 inició un periodo de contracción o de muy bajo crecimiento del PIB y el número de asalariados formales empezó a caer. Durante ese año la cantidad de asalariados informales continuó con su descenso, pero posteriormente primero se estabilizó y después empezó a crecer. En vista del mencionado comportamiento procíclico del producto del sector informal, este aumento no puede ser consecuencia de una expansión de la producción de empresas informales, sino que debe ser resultado de procesos de informalización laboral en las empresas formales, las cuales pueden haber informalizado parte de su fuerza de trabajo o subcontratado a otras empresas cuyos trabajadores eran informales.
IV. Conclusiones
Durante las últimas décadas emergió un consenso respecto de la heterogeneidad de los orígenes y las características de la informalidad. A la vez, la reorientación conceptual de la OIT desde una perspectiva legalista-institucional, la cual se aglutina en el concepto de la economía informal, generó ventajas y riesgos. Entre las primeras pueden destacarse:
La clarificación conceptual es una respuesta a la crítica de que bajo el concepto de la informalidad se entendieran múltiples fenómenos, lo cual lo haría inservible.
Este entendimiento de la informalidad permite abarcar países de diferentes niveles y características de desarrollo, con lo cual puede ponerse el foco (también) a los problemas de calidad de empleo en países desarrollados.
El reconocimiento de una multiplicidad de orígenes y características de la informalidad (incluida la informalidad voluntaria) destaca la necesidad de enfrentar el desafío de la informalidad con un amplio rango de instrumentos.
Aclarado de esta manera el contenido del concepto de la informalidad y tomando en cuenta la alta correlación entre ésta y aspectos estructurales, se abre espacio para un análisis de las causas estructurales (productivas y laborales) del sector de baja productividad que toma en cuenta aspectos institucionales, pero no se ve sobredeterminado por ellos.
Para aprovechar estos avances plenamente y evitar retrocesos se deben tomar en cuenta las consideraciones siguientes:
Aglutinar la informalidad bajo el concepto de la economía informal genera una confusión analítica, ya que, lejos de representar un ámbito económico en que los actores siguen la misma lógica, abarca tanto entidades orientadas a la maximización de las utilidades como otras cuyo objetivo es asegurar la subsistencia familiar.
Condensar el rango de la (in)formalidad -con diferentes grados de (in)cumplimiento- en sólo dos situaciones (formal versus informal) puede ser necesario como primer paso para identificar niveles de gravedad del problema y las tendencias correspondientes, pero esta sobresimplificación puede debilitar el análisis.
La medición polarizada de la (in)formalidad, con el cumplimiento de un solo criterio para certificar formalidad, además, puede debilitar los esfuerzos de la propia OIT y de otros de mejorar la calidad del empleo (“trabajo decente”), la cual es multivariable, ya que un empleo formal como tal, si bien suele ser de mejor calidad que uno informal, no garantiza el cumplimiento de otros criterios de calidad de empleo. Además, están surgiendo otras formas de relaciones laborales que generan nuevos desafíos para el análisis y las políticas para mejorar la calidad del empleo y la transición hacia la formalidad.
La fundamentación del concepto de la informalidad en aspectos institucionales puede llevar a que el reconocimiento de la heterogeneidad de orígenes y características de ésta quede a nivel declaratorio y que persistan sesgos como los que ubican sus causas principales, precisamente, en el diseño de políticas e instituciones. Esto puede llevar a que las políticas y los programas se focalicen excesivamente en relaciones costo-beneficio desfavorables a la formalidad.40
El mismo indicador para situaciones estructuralmente diversas puede llevar a la interpretación de que las diferencias entre países de distinto grado de desarrollo son sólo cuantitativas y que por lo tanto se ignoren diferencias cualitativas de las estructuras productivas y de los mercados laborales.41
Tomando en cuenta estas consideraciones, la reconceptualización de la informalidad de parte de la OIT y la mayor precisión que conlleva da la oportunidad de diferenciar con claridad entre la informalidad legalista-institucional y el sector de baja productividad que explica, en regiones como América Latina, gran parte de su tamaño y que representa sus raíces estructurales.
En este artículo se confirma el papel clave (aunque no único) del producto per cápita para determinar la proporción del empleo en el sector de baja productividad y del empleo informal. Un crecimiento elevado, por lo tanto, es indispensable para que las economías puedan transitar a una mayor formalidad a través de la generación de empleo en el sector formal y el fortalecimiento de los procesos de acumulación en el estrato superior del sector de baja productividad. Sin embargo, su impacto difiere según las características estructurales de las economías y de su crecimiento (CEPAL, 2012).
En este contexto habrá que tomar en cuenta la heterogeneidad del sector de baja productividad. Al simplificar deberían diferenciarse por lo menos dos estratos: uno superior, con barreras de entrada en términos de tecnología, capital y calificación técnica, cuya evolución está determinada principalmente por la demanda que emana del sector formal, y uno inferior, sin (o con muy bajas) barreras de entrada, cuya evolución está determinada principalmente por la oferta laboral procedente de hogares de bajos ingresos. Esta configuración genera un comportamiento procíclico de la producción y un comportamiento contracíclico del empleo en el sector de baja productividad.
Finalmente, todos los enfoques muestran debilidades en la medición. Específicamente, en muchos casos se ven obligados a trabajar con proxies, debido a la dificultad de medir de manera directa los indicadores que representarían de mejor manera su objeto de análisis. Sin embargo, hay opciones, como la identificación de ramas de actividad, que tienen requisitos básicos que impiden la participación de empresas informales, y se han logrado avances de medición, por ejemplo, con las encuestas de micro, pequeñas y medianas empresas y las encuestas 1-2-3 focalizadas en unidades informales.42 Aprovechar estos instrumentos de mejor manera es un desafío y una oportunidad para avanzar en el análisis propuesto en este artículo.









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