1. Introducción18
El objetivo del presente trabajo es estudiar el origen paradigmático de las fórmulas de saludo (en adelante, FFSS) registradas en diferentes épocas de la historia de la lengua española; esto es, las unidades discursivas, propias del acto de habla expresivo, que, al someterse al proceso de pragmaticalización1, pierden su contenido proposicional originario y se convierten en elementos lingüísticos meramente rutinarios de carácter performativo, desprovistos de la condición de sinceridad (cf. Jucker 2011, p. 230; Searle 1969, p. 64, y 1979, pp. 15-16; Zieliński 2021, pp. 16-17)2. La tarea propuesta no está exenta de problemas, en particular de dos estrechamente vinculados que dificultan el análisis histórico de estas unidades interaccionales: la representatividad cualitativa y la representatividad cuantitativa.
En los textos medievales y clásicos, los rituales de acceso se restringen, con frecuencia, a la descripción del acto de habla expresivo mediante el verbo delocutivo saludar (1a-d). Este hecho demuestra palpablemente que los rituales de acceso estuvieron presentes en épocas anteriores, incluso en situaciones de extrema tensión, como los duelos (1e), de modo que los autores optaron por prescindir de éstos por ser “tan obvios” para ellos y para los receptores de sus obras:
(1) a. Pues que Josep ovo estas palabras con su padre tornós contra sus hermanos e saludólos e fabló con ellos. Desí saludó otrossí a todos los otros de sus compañas (Alfonso X, General estoria. Primera parte, ca. 1275).
b. Thideo fue andando entre las conpannas del palaçio fasta que llegó antel rey & saludó a muy alta uoz al rey. & a sus caualleros (Alfonso X, General estoria. Segunda parte, ca. 1275).
c. E quando llegaron al rey saludáronle & dixéronle su concepto de cómo los griegos avían guerra con los troyanos & que touiese por bien de ser en su ayuda (Crónica troyana, ca. 1490).
d. Ansí quando fueron cerca, el archiduque se vino a encontrar con los legados, y los saludó con palabras llenas de amor y cortesía (Relación de la entrada de doña Margarita de Austria, 1599).
e. Qui omme matare depués que saludado lo ouiere. si fuere alcanzado: muera por ello. et si no: peche. CC. et. XVJ. maravedís. et este saludamiento sea hata. I. anno (Fuero de Brihuega, ca. 1242).
Afortunadamente, a partir de unos pocos pasajes, extraídos especialmente de los tratados moralistas del Renacimiento o del Siglo de Oro (2a-c), podemos ir forjando la imagen de los rituales de acceso de otras épocas. Son éstos, por lo tanto, la principal fuente -unida a numerosas lecturas previas de textos antiguos- de los rituales de acceso que se usaban antaño.
(2) a. Unos dicen “Dios mantenga”; otros dicen “manténgaos Dios”; otros, “enhorabuena estéis”, y otros, “enhorabuena vais”; otros, “Dios os guarde”; otros, “Dios sea con vos”; otros, “quedaos a Dios”; otros, “vais con Dios”; otros, “Dios os guíe”; otros, “el ángel os acompañe”; otros, “a buenas noches”; otros, “con vuestra merced”; otros, “guarde os Dios”; otros, “a Dios, señores”; otros, “a Dios, paredes”, y aún otros dicen “¿hao quién está acá?”. Todas estas maneras de saludar se usan solamente entre los aldeanos y plebeyos y no entre los cortesanos y hombres polidos, porque si por malos de sus pecados dixese uno a otro en la corte “Dios mantenga” o “Dios os guarde”, le lastimarían en la honrra y le darían una grita. El estilo de la corte es decirse unos a otros “beso las manos de vuestra merced”, otros dicen “beso los pies a vuestra señoría”, otros dicen “yo soy siervo y esclavo perpetuo de vuestra casa”. Lo que en este caso siento es que debía ser el que esto inventó algún hombre vano y liviano, y aun mal cortesano; porque decir uno que besará las manos a otro es mucha torpedad, y decir que le besa los pies es gran suçiedad (Guevara, Epístolas familiares, 1521-1543).
b. Y declarándome más, digo que solían en otros tiempos saludarse las gentes con bendiciones y rogativas a Dios diziendo: “Dios os dé buenos días”, “Dios os dé mucha salud”, “Dios os guarde”, “Dios os tenga de su mano”, “manténgaos Dios”. Y agora, en lugar desto y de holgarnos de que así nos saluden, sentímonos afrontados de semejantes salutaciones, y teniéndolas por baxeza, nos despreciamos dellas. ¿Puede ser mayor vanidad y locura que no querer que nadie ruegue a Dios que nos dé buenos días ni noches, ni que nos dé salud, ni nos guarde, y mantenga, y que en lugar dello nos deleitemos con un “Beso las manos a V.M.”? Que si bien consideramos lo que dezimos, es muy gran necedad dezirlo, mentiendo a cada paso, pues que nunca las besamos ni besaríamos, aunque aquel a quien saludamos lo quisiese (Torquemada, Coloquios satíricos, 1553).
c. ALONSO: Tratábamos de las salutaciones que se usan en Inglaterra, y de las que se usan in España.
GUILLERMO: ¿Cuáles son mejores?
ALONSO: Cierto, en esto adonde quiera hay abusos. Cuando dice el español “Dios os guarde”, “en hora buena estéis”, “Dios os dé salud”, y el inglés “buenas tardes” y otras semejantes, yo apruébola por buena salutación.
GUILLERMO: Pues el mundo la reprueba y tienen por toscos a los que la usan.
ALONSO: Y aun por eso se dice que anda el mundo al revez, y no hay mejor señal de que ello es bueno, de ver que el mundo lo reprueba.
GUILLERMO: De las demás salutaciones ¿qué os parece? ALONSO: De las demás digo que, cuando el inglés pregunta a el otro “¿cómo estáis?”, dice una gran necedad; y, cuando el español dice “bésoos las manos”, dice una gran mentira (Diálogos de John Minsheu, 1599).
Superado parcialmente el primer problema, aparece otro de mayor calibre, concerniente a su frecuencia de empleo, que, como bien se sabe, es uno de los factores cruciales que condicionan el cambio lingüístico (Mańczak 2000, entre otros). Por lo general, a causa de su carácter oral, las unidades interaccionales objeto de estudio no se encuentran debidamente representadas en las bases de datos (Zieliński 2024, pp. 517-519; Espinosa y Zieliński, en prensa). Escasean en textos de marcada distancia comunicativa -como los historiográficos, por ejemplo- y en los de distancia comunicativa media -caso del género epistolar- (Koch und Österreicher 1985, p. 23), de suerte que el análisis estadístico de estas unidades discursivas no tiene sentido porque puede llevar a falsas conclusiones, en particular respecto de los datos extraídos de épocas como la medieval y, en menor medida, la renacentista, que prácticamente no ofrecen textos que representen por mímesis la cercanía comunicativa -por ejemplo, obras de teatro.
Así pues, teniendo siempre presentes los dos problemas, desde una aproximación basada en el uso (ingl. usage-based approach), mediante una búsqueda por archiformas de diferentes expresiones registradas en varios tratados moralistas del Renacimiento (cf. 2a-c)3 incluidos en CORDE, BREPOLIS y eMGH, proponemos 1) buscar la procedencia paradigmática de estas unidades convencionalizadas en la historia de la lengua española, 2) establecer los factores sociopragmáticos que discriminan su empleo en diferentes períodos evolutivos del español y 3) comprobar su distribución sociocultural.
La hipótesis que sustenta este trabajo es que el origen paradigmático de la mayoría de las FFSS se encuentra en latín medieval -instrumento comunicativo de la Europa del Medievo- y de ahí se difunde culturalmente4 a otras modalidades lingüísticas europeas. Para su creación, fue esencial la consolidación de dos movimientos: uno religioso, el cristianismo, que impone la actitud de humildad y sumisión ante el prójimo (Dihle 1952, pp. 171-173), y otro político, el feudalismo, en particular desde la época carolingia, en cuya pirámide social se asientan satisfactoriamente las actitudes antes citadas difundidas por el cristianismo. En palabras de Moreno Fernández (2012, pp. 49-50), “la influencia del entorno social está condicionada por la forma en que los hablantes interpretan sus perfiles lingüísticos, así como por el modo en que categorizan y perciben la organización social y sus dinámicas, incluida la comunicativa”.
El artículo se estructura de la siguiente manera: en § 2 se presenta el marco teórico que abarca el estudio de estas unidades discursivas de apertura, en § 3 se procede a su análisis, teniendo en cuenta la categoría paradigmática de la que proceden, y en § 4 se exponen las conclusiones.
2. Las fórmulas de saludo
Las FFSS, como rituales de acceso de carácter performativo (Haverkate 1994, p. 85; Jucker 2011, p. 230), constituyen pares de adyacencia en una situación comunicativa normal; esto es, aquella que no implica una emotividad extremadamente negativa. El empleo de una FS puede requerir una respuesta especular (3a) o no (3b). Entra en juego, por lo tanto, el principio de cooperación de Grice (1991): la ausencia de la respuesta esperada a una FS por implicatura invitada presupone que, por algún motivo, el destinatario del saludo no quiere colaborar en la interacción verbal que el emisor esté iniciando (3c). Se exceptúan, en principio, ciertas situaciones comunicativas de extrema emotividad en las que el destinatario puede omitir intencionalmente el empleo de una FS por enfado, como queda patente en (3d), ejemplo puesto en boca de una madre preocupada por su hijo adolescente que no ha vuelto a casa a la hora previamente acordada:
(3) a. ¡Buenos días! - ¡Buenos días!
b. ¡Hola! - ¿Qué hay?
c. ¡Hola! - # No, gracias.
d. ¡Hola, mamá! - ¿Sabes qué hora es?
El uso de las FFSS está condicionado por factores de naturaleza sociopragmática que se encuadran en los indicios de contextualización de Gumperz (1982), como prueba la incongruencia sociopragmática expuesta en los ejemplos (4a-b). En el primer caso se trata de una sala de juicios, espacio de extrema oficialidad, en la que hay que expresarse en términos muy corteses, y, en el segundo, de un aula universitaria mexicana, en la cual el empleo de la pregunta ¿Qué onda?, reinterpretada discursivamente como una FS de apertura propia del registro coloquial, con la que el emisor promueve la solidaridad, puede calificarse de descortés5 (Vázquez Carranza 2020, pp. 189-190; Wicherek 2021, pp. 268-270):
(4) a. Juez: Buenos días - Acusado: #¿Qué tal[, tío]?
b. Profesor: Buenos días - Estudiante: #¿Qué onda?
Su empleo depende también de factores culturales, históricamente fluctuantes, como la hora de la comida o las partes del día, las cuales se utilizan en FFSS españolas formales del tipo <buen/buena + parte del día>, creadas según un enunciado desiderativo de carácter temporal. Sin entrar de momento en detalles históricos, desde la segunda mitad del siglo XX (5b) se observan diferencias diatópicas: por lo general, en el español de América se mantiene el factor de las partes del día, mientras que en el español de España y en el del Río de la Plata se optó por la hora de la comida, de modo que en estas modalidades buenos días se emplea hasta la hora de comer, tradicionalmente fijada entre las dos y las tres de la tarde; buenas tardes, desde la hora de comer hasta la hora de cenar, y buenas noches a partir de ese momento (Nowikow 2003, pp. 181-182; Zieliński 2018, pp. 108-109). Esto implica que al uso en español peninsular de buenas tardes corresponden dos FFSS italianas del mismo tipo (5c). De forma análoga, a la actual FS francesa bonjour, cuyo empleo se rige por la luz solar, corresponden dos FFSS españolas (5d):
(5) a. Hora de la comida vs. partes del día: buenos días buenas tardes buenas noches.
b. Son las doce del mediodía, buenas tardes (Voz de Badalona, núm. 1, 1951).
c. Buenas tardes vs. Buon pomeriggio/Buonasera.
d. Bonjour vs. Buenos días, buenas tardes.
Desde el estudio tradicional de Goffman (1979, pp. 85-97), en las FFSS suelen distinguirse tres grupos según la naturaleza del contacto social emergente: 1) saludos de paso, que se utilizan entre los desconocidos que comparten accidentalmente el mismo espacio situacional, 2) saludos de sorpresa, entre los conocidos que se encuentran por casualidad, y 3) saludos de apertura. Si bien los dos primeros sirven tan sólo para mantener el contacto, el tercer tipo se emplea para abrir el canal comunicativo, cuya intensidad depende, en gran medida, de la cantidad y de la cualidad de la relación social entre los participantes del encuentro (Moreno Fernández 1986, p. 246). Esto quiere decir que cuanto más contacto social haya entre los participantes (por ejemplo, el contacto social diario entre vecinos), menos FFSS se usarán; de modo análogo, se emplearán más rituales de acceso cuanto más tiempo haya mediado entre uno y otro encuentro, especialmente en una relación social de carácter recíproco. De ello puede deducirse que con su función fática, reivindicada por Malinowski (1946 [1923], pp. 314-315), las FFSS pretenden llenar el vacío social tan aborrecido por las relaciones sociales y restablecer la armonía social alterada por el lapso temporal transcurrido desde el último encuentro. Buena prueba de ello son las preguntas rutinizadas (6a-d ), documentadas abundantemente en comedias latinas (6e-f ), orientadas hacia el pasado del destinatario, con las que el emisor procura recuperar el equilibrio social (6a-d ) (Berger 2021, pp. 80-81; Iglesias Recuero, en prensa; Laver 1981, pp. 301-302). Su uso en extremo rutinizado6 y su cercanía discursiva, inmediatamente después de la secuencia de apertura del canal comunicativo -formando lo que Ventola (1979, p. 271) califica de “saludos extendidos” (ingl. extended greetings)- favorecen su recategorización discursiva -o se discursivizan, en términos de Arnovick (1999, pp. 111-112) - hacia la FS, proceso documentado ya en la General estoria (6g), sin que ello atenúe la pérdida de la fuerza ilocutiva originaria en otros contextos (6i) (Zieliński 2021, p. 2, y en prensa):
(6) a. Resçibyolo muy byen el vuen rey don Rodrygo, / tomolo por la mano e asentó l’ consygo. / Diz: “¿Cómmo vos á ydo, el mi leal amigo…?” (Poema de Fernán González, ca. 1250).
b. Pascual: Pues ¿qué tal estás, zagal?
Lloreinte: Bueno, bueno, bueno, bueno (Fernández, Auto o farsa del Nascimiento de nuestro señor Iesu Cristo, 1514).
c. Ay, Filínides, mucho me huelgo yo que con mi vista recibes algún consuelo a tu mal; y ruégote que me digas cómo te ha ido después que de acá fuiste (Silva, Segunda Celestina, 1534).
d. Escalco: Barrabás, no medres. ¿Y cómo estás? (Torres Naharro, Comedia Tinellaria, 1517).
e. Quid agis, mea festiuitas? [‘¿Cómo estás, mi querida?’] (Plauto, Casina, v. 577, s. ii a.C.; BREPOLIS).
f. Si.: Saluos sis, Tranio. [‘Saludos, Tranio’.] Tr.: Vt uales? [‘¿Cómo estás?’] Si.: Non male [‘Nada mal’] (Plauto, Mostellaria, vv. 718720, s. iii a.C.; BREPOLIS).
g…envió un ángel del cielo, que dixo a Agar: “¿Cómo estás? Non ayas miedo” (Alfonso X, General estoria. Primera parte, ca. 1275).
h. Primaleón fue para él y díxole: “-Amigo Risdeno, ¿qué tal estás? -Mi señor -dixo él-, bueno, pues os veo. Vámosnos por Dios d’este lugar que mal me á ido en él” (Primaleón, 1512).
i. Don Juan: Muy buenos días dé Dios a vuestra merced, señor don Pedro.
Don Pedro: Oh, señor don Juan, vuestra merced sea tan bienvenido como los buenos años. ¿Cómo está vuestra merced?
Don Juan: Muy al servicio de vuestra merced. ¿Vuestra merced está bueno? (Diálogos de John Minsheu, 1599).
Ahora bien, abrir el canal comunicativo es una estrategia muy frágil porque implica restringir la autonomía de actuación del destinatario del acto de habla: puede ser que el destinatario, al que el emisor saluda con la intención de iniciar el diálogo, por alguna razón no quiera entrar en interacción con él. Por eso las FFSS se inscriben en la macroestrategia de la cortesía negativa de Brown y Levinson (1987, pp. 60-92), y tienen como objetivo suavizar la intromisión del emisor en el terreno del destinatario, en su autonomía para actuar (Bravo 1999, p. 161). Así, a la estrategia abierta con reparaciones y con cortesía negativa corresponden las FFSS formales actuales (buenos días), mientras que a su vertiente de cortesía positiva corresponden las de carácter informal (cf. hola, epa), que pueden someterse a variación formal para resaltar su carácter solidario (cf. holita; hola, hola o épale, entre otras). Como típicas estrategias de cortesía negativa, pueden parafrasearse con el dicho acuñado por Kerbrat-Orecchioni (2004, p. 43): “no te deseo el mal”.
En suma, las FFSS no son unidades discursivas espontáneas, sino elementos sumamente convencionalizados, cuyo empleo se rige por las estrictas pautas de la sociopragmática cultural que se establecieron en el seno de una comunidad lingüística en determinados momentos. En palabras de Ortega y Gasset (1983 [1921], p. 220), las FFSS son expresiones que “no tienen etimología porque sean palabras, sino porque son usos”.
3. Fórmulas de saludo en la historia del español
Si nos detenemos en uno de los pasajes anteriores, el que nos proporciona el tratado moralista que incluimos supra en (2a), no sólo vemos un abanico de expresiones mucho más variadas que las que conocemos hoy, sino también la clasificación diastrática que especifica Guevara. Asimismo, el fragmento nos da otra pista muy significativa sobre el carácter variacional de las FFSS en vías de desarrollo. Según las necesidades comunicativas o situacionales que requiera un encuentro social, el emisor puede resaltar ciertos componentes discursivos para incrementar la fuerza ilocutiva del acto de habla de saludo, variación que no se limita a cuestiones sintácticas y discursivas, sino que abarca también las léxicas (Lebsanft 1988, pp. 307-310; Lewicka 1976, pp. 501-503; Zieliński 2021, pp. 22-23). Esto explica, a su vez, la existencia de diferentes fórmulas semánticamente vinculadas, como, por ejemplo, el caso de las FFSS que remiten al amparo divino (7a-d):
(7) a. Mio Cid a sus fijas ívalas abraçar / besándolas a amas tornós’ de sonrisar: / ¡Venides, mis fijas, Dios vos curie de mal! (Cantar de mio Cid, ca. 1140).
b. La una le dixo: Dios vos dé salud, señor cavallero; si sois tan esforçado como fermoso, mucho bien vos fizo Dios (Rodríguez de Montalvo, Amadís de Gaula, ca. 1482).
c. E quando sant Alexo lo vio dixo [e]l siervo de Dios: “Ave de mí misericordia que só pobre e cuytado e albérgame en tu casa e dame del relieve de tu mesa, que Nuestro Señor te bendiga el alma e te dé el reyno de los çiellos e te guarde de mal e te cunpra de su misericordia e que aya piadat de hun fijo que tú as que es ydo en romería” (La vida de san Alejo, 1380).
d.…e presentáronle aquello quel trayén. Aquell ora les dixo él muy piadosamientre: Dios vos salve (Alfonso X, General estoria. Primera parte, ca. 1275).
El carácter variacional de las FFSS en vías de desarrollo y la clasificación diastrática elaborada por Guevara, expuesta en (2a), llevan a la conclusión de que la existencia de diferentes FFSS se debe, en realidad, a diferentes estrategias de cortesía negativa. Según la distancia y las posiciones sociales entre los interlocutores, el emisor puede emplear distintos recursos para aminorar la invasión de la autonomía del destinatario al abrir el canal comunicativo, sobre todo un emisor situado por debajo de la posición social de aquél, como queda patente en (8). Entra en juego, por lo tanto, el carácter volitivo de la cortesía (Moreno González 2003, p. 481):
(8) saludaçión, ésta es palabra natural que deue dezir vn omne a otro que ssea ssu amigo o lo deua sser, porque muestra grant ssignifficança de amiztat, diziendo que Dios le dé salut; ca el que la ha es omne conplido para beuir mucho e ssin enbargo de ssu cuerpo. Onde desta palabra ssalut es dicha ssaludaçión. Et commo quier que en los omnes cae esto comunalmiente, tan bien a los mayores commo a los menores, pero quanto más onrrada es la perssona a quien es dicho, tanto mayor onrra rreçibe por ella (Alfonso X, Setenario, ca. 1252-1270).
En Zieliński (2021) se delimitan cuatro categorías morfosintácticas diferentes en las lenguas románicas: interjecciones, vocativos, actos de habla desiderativos o actos de habla asertivos. En la figura de abajo (tomada de Zieliński 2021, p. 26) exponemos las direcciones de pragmaticalización más recurrentes hacia las unidades de apertura del español7. A la izquierda están las categorías que constituyen la fuente de la pragmaticalización de estas unidades discursivas y a la derecha sus resultados, que pueden desembocar en la categoría de interjección siempre y cuando 1) alcancen una alta frecuencia de uso y 2) lo requieran las necesidades comunicativas de una determinada lengua. Como se observa en la figura, no se han tenido en cuenta las preguntas rutinizadas orientadas hacia el destinatario, porque su recategorización discursiva hacia la FS, como se ha dicho supra, es contextual y no implica la pérdida de su función originaria en otros contextos. Por la misma razón, tampoco se ha tomado en consideración el acto de habla exhortativo del verbo venir, que en el Cantar de mio Cid resulta recategorizado como ritual de acceso, por medio del cual el emisor reconoce la presencia del destinatario (9a) (cf. Cruz Volio 2017, pp. 105-16; Romera-Navarro 1930, p. 218).
Por último, en el análisis se ha prescindido del vocativo (expresión nominal con función apelativa; cf. RAE-ASALE 2009, § 32.2g), ya que esta categoría en la lengua española no es muy recurrente, toda vez que no se llevan a cabo reajustes categoriales8.
Además, los vocativos españoles como FFSS suelen ceñirse a una clase abierta de formas y fórmulas de tratamiento nominales al remitir a títulos, honoríficos, nombres de pila, afectónimos, etc. (9b-d ), que en otros contextos adquieren una función meramente referencial: Señor Fernández, ¿cómo está? vs. El señor Fernández no ha podido venir (cf. Calderón Campos 2010, pp. 553-554).
(9) a. Recibiólo el Cid, abiertos amos los braços: / -¡Venides, Martín Antolínez, el mio fiel vassallo! (Cantar de mio Cid, ca. 1140).
b . Hermano amigo y querido: Reciuo tu carta de 26 con las que acompañan para el señor marqués de Olías, las quales quedan en mi poder para arreglarlas quando me remitas la zesión de el marqués de Castelrrodrigo (Carta de Pedro de Rogibal a Gabriel Joseph Bocángel, 1722).
c. Y luego el correo dixo: -Ilustríssimo señor, la señora Leonor, vuestra hija, y el buen cavallero, Arderique, y Alberto, con toda su gente y compañía, hos besan las manos y hazen saber a vuestra señoría cómo están buenos y sanos, a Dios sean hechas gracias (Molina, Libro del esforzado caballero Arderique, 1517).
d. El año dozeno, / a esta donzella / ángel de Dios veno, / saludó a ella, / Virgen bella (Arcipreste de Hita, Libro de buen amor, 1330-1343).
Tan sólo con su función apelativa, los vocativos pueden adquirir la función de apertura del canal comunicativo. Con ellos, el emisor no sólo reconoce al destinatario, sino también pone de manifiesto sus capitales simbólico y social (Albitre Lamata 2023, pp. 306-308; Jucker 2011, pp. 235-237; Rossowová 2016).
3.1. Interjecciones
Una manera de abrir el canal comunicativo consiste en advertir al destinatario de la presencia del emisor, aunque ello suponga actuar directamente sin que le importe invadir la autonomía del destinatario. Precisamente, ahí se encuentra el origen discursivo de la FS hola, que hasta el siglo XIX está sociolingüísticamente estigmatizada, dado que sirve para llamar a un inferior (10a) (Faya Cerqueiro y Vila Carneiro 2013; Moreno González 2003, pp. 482-483). Lo vemos en (10b-c), ejemplos en los que la interjección ¡Hola!, puesta en boca de un señor, presupone automáticamente que quiere algo de su criado o de un inferior, de ahí la respuesta interrogativa ¿qué manda?9 (10b). En la entrada correspondiente del Diccionario de Autoridades se indica expresamente su clara estigmatización sociopragmática (10d).
A juzgar por las pruebas disponibles (10e), hasta la segunda mitad del siglo XIX la FS no empieza a perder su estigmatización sociopragmática y se convierte en la fórmula de saludo de las relaciones simétricas (10f), sin que ello implique la pérdida de su función originaria de llamada de atención, como prueba 1) la posibilidad combinatoria de unir dos FFSS actuales con un orden fijo (10g) y 2) la imposibilidad de emplearla como una despedida (cf. saludos, buen día, etcétera):
(10) a. ¿Cómo me querés llamar: hao, hao, oys oys, escuchá escuchá!? (La corónica de Adramón, ca. 1492).
b. Indiano: ¡Hola!
Criado: Señor, ¿qué manda vuesa merced? (Aguado, El platillo, 1599).
c. Guzmán: ¡Hola! ¿Está ahí algún paje?
Paje: ¡Señor! (Diálogos de John Minsheu, 1599).
d.…modo vulgar de hablar usado para llamar a otro que es inferior (NTLLE, 1726-1739, s.v. “hola”).
e…se emplea para denotar extrañeza placentera o desagradable, para llamar a los inferiores, o a modo de salutación familiar (NTLLE, 1884, s.v. “hola”).
f. ¡Hola, tío Lucas! -le dijo, rascándose la cabeza para excitar en ella la vena de los embustes-. ¿Cómo va de salud? (Alarcón, El sombrero de tres picos, 1874).
g. Hola, buenos días vs. # Buenos días, hola.
En cuanto a su origen, aunque Corominas y Pascual (19801991, s.v. “hola”) insisten en la procedencia onomatopéyica y Covarrubias (2006 [1611], s.v. “hola”) remite al adverbium vocandi latino heus, empleado para advertir de un peligro, no se puede descartar la hipótesis del germanismo indirecto (cf. al., hol. hallo; ingl. hello, hi, etc.), que pudo haber entrado al español por la lingua franca de los marineros atlánticos desde el imperativo de halōn ‘tomar, agarrar’ (Grzega 2008, pp. 180-182; Pfeifer 2005, s.v. “hallo”). Nótese que su presencia se atestigua únicamente en lenguas habladas en zonas que tienen acceso a la costa atlántica (cf. port. olà; esp. hola; ant. fr. holà ‘interjección que sirve para detener’; Machado 2003, s.v. “olà”; Picoche 2009, s.v. “holà”).
El mismo origen paradigmático se atestigua en la FS epa o épale (11a), propia del español de Bolivia, México y Venezuela (DLE, s.v. “epa”), que se pragmaticaliza en función del ritual de acceso a las relaciones sociales solidarias desde el valor interjectivo originario de ‘avisar de algún peligro’ (11b):
(11) a. No importándole la hora, llamó a su abogado. -¡Manuel! -¡Épale, hermano!, ¿cómo estás? (Celis, Dos zafiros y un rubí, 2001, Venezuela; CORPES XXI).
b. Imagínese que esos muchachos del carajo se bañaron desnudos a media noche y el Pelón Álvarez gritaba, epa, Raquel, no entren que estamos desnudos (Morón, El gallo de las espuelas de oro, 1986, Venezuela; CREA).
El proceso se vio favorecido por la estrategia de la cortesía negativa abierta con reparaciones y con elementos de cortesía positiva, como demuestra la presencia en épale del dativo intensificador le: ándale, órale, etc. (Company 2004, pp. 52-54).
3.2. Enunciados desiderativos
La intromisión del emisor en la autonomía del destinatario puede atenuarse mediante algunos elementos socioculturales que los protagonistas del encuentro comparten, como la religión, las partes del día o el punto del camino en el que se encuentran casualmente dos viajeros. No debe sorprendernos, por tanto, que el acto de habla desiderativo sea la mejor estrategia de cortesía negativa para abrir el canal comunicativo emergente. Es también la senda evolutiva más recurrente en la mayoría de las FFSS en el mundo románico y probablemente en todas las lenguas del mundo (Arnovick 1999, pp. 106-108; Cybulski 2003, pp. 17-30; Zieliński 2021, pp. 29-33, entre muchos otros). La razón estriba en que la proposición de los deseos augurales y de las bendiciones, en cuyo contenido originario el emisor introduce elementos socioculturales comunes, no sólo beneficia claramente al destinatario, sino que también, al evitar que se produzca una posible tensión, le proporciona la seguridad de que el emisor no tiene malas intenciones con respecto al destinatario que, por casualidad, (re-)encuentra en su camino (cf. Moreno González 2003, p. 484). Esto queda perfectamente reflejado en la estructura argumentativa: al concentrarse en favorecer al destinatario del saludo, el emisor opta por omitir su papel: Dios vos dé..., Vos ayades… (Zieliński 2019, pp. 163-164).
Componen este grupo oraciones exhortativas en las que las expectativas del emisor constituyen el contenido proposicional (Sánchez López 2020, p. 175). Según la naturaleza del acto desiderativo, podemos hablar de 1) bendiciones en las que el destinatario desempeña el papel semántico del beneficiario del ritual de acceso (12a) y 2) deseos en los que el destinatario desempeña la función de sujeto paciente con los predicados atélicos ser, estar, aver o tener (12b). Si bien muchos estudios, sobre todo del ámbito anglosajón, suelen distinguir estos dos tipos de enunciados desiderativos en función de saludo (Arnovick 1999, pp. 106-108; Jucker 2011, p. 235), por lo menos en la lengua española ambos pueden entrelazarse discursivamente según lo requiera la necesidad comunicativa del encuentro emergente, como aclara Nebrija con respecto a la elipsis (12c).
En cuanto a su origen, las fórmulas latinas ya remitían etimológicamente al acto exhortativo, inscrito en el acto de habla desiderativo, mediante el cual se deseaba buena salud al destinatario: salve10, dirigida a un destinatario particular, salvete, a un destinatario colectivo, y salveto, futuro de imperativo, poco frecuente en textos clásicos (Miller 1914, pp. 2-17; Murray 1917, pp. 5-17), que, motivada por la FS griega análoga γεια σας ‘deseos de salud’, pudo haber suscitado la creación del nuevo tipo de enunciado con el predicado optare ‘desear’ (12d ), utilizado como ritual de acceso en cartas a partir de la época carolingia (Lanham 2004, p. 36; Poccetti 2010, p. 125). Establecido el paradigma de saludo desiderativo, se difunde culturalmente por medio del latín medieval, entendido como espacio comunicativo de la Europa de ese tiempo, y puede someterse a diferentes variaciones formales para acomodarse mejor a la situación contextual que lo requiera:
(12) a. La una le dixo: Dios vos dé salud, señor cavallero; si sois tan esforçado como fermoso, mucho bien vos fizo Dios (Rodríguez de Montalvo, Amadís de Gaula, ca. 1482).
b. Por cierto, dueña -dixo la Reina-, mucho me plaze & seáis mucho bien venida (Libro del cavallero Zifar, 13001305).
c. Eclipsi es defecto de alguna palabra necessaria para hinchir la sentencia: como diziendo “buenos días” falta el verbo que allí se puede entender & suplir: el cual es “aiáis” o “vos dé Dios” (Nebrija, Gramática castellana, 1492).
d. Clarissimo in Christo atque sanctissimo fratri illo episcopo itemque ille indignus archiepiscopus in Deo salutem optat [‘Al clarísimo en Cristo y santísimo hermano y obispo le saluda en nombre de Dios el humilde arzobispo’] (Formulae Merowingici et Karolini aevi, Formulae Turonenses vulgo Sirmondicae dictae: Additamenta Formulae, s. x; BREPOLIS).
En este grupo se pueden encontrar cuatro tipos principales según el elemento sociocultural documentado: deseos de protección divina, deseos de salvación y de salud, deseos de buen viaje/buena venida y deseos temporales11.
3.2.1. Deseos de protección divina. Por remitir directamente al latín medieval, los deseos de protección divina parecen ser los más antiguos (13a). Dadas las circunstancias violentas que se originaban en la Edad Media, no debe sorprender que, con el fin de mitigar la intromisión del emisor en la autonomía del destinatario, se escogieran los enunciados desiderativos cuyo contenido proposicional remite al amparo divino del destinatario (13b-c):
(13) a. Mio Cid a sus fijas ívalas abraçar / besándolas a amas tornós’ de sonrisar: / ¡Venides, mis fijas, Dios vos curie de mal! (Cantar de mio Cid, ca. 1140).
b. …díxoles en ebray[co]: “Adonay himuem”, ço es: “Dios con vos”; e respondieron ellos: “Ymaem Adonay”, “Dios vos benediga” (Almerich, La fazienda de Ultramar, ca. 1200).
c. Fabló Alfonso Ferrández que llamaron Coronel: “Reys, señores por natura, ¡que Dios vos guarde de mal!” (Poema de Alfonso Onceno, ca. 1348).
3.2.2. Deseos de salvación y de salud. Estudiamos juntamente las fórmulas de deseo de salvación y de salud porque remiten etimológicamente a la fórmula nominal salutem ‘salud’, ‘salvación’ (Ernout y Meillet 1951, s.v. “saluus”). A causa de su ambigüedad semántica, predomina en concreto en las cartas del llamado latín cristiano, como en (14a-b), ejemplos en los que aparece obligatoriamente con referencia a la divinidad (Lanham 2004, pp. 24-25). Hasta la época tardía de los carolingios, no se acomoda al acto de habla propiamente desiderativo, sin que ello implique la pérdida de sus valores originarios (14c):
(14) a. Celerino Domino… in Christo salvtem (Epistulae ad Cyprianum et alios, XXII, 2, s. III; BREPOLIS).
b…archiepiscopo… in Domino salutem optat [‘Al arzobispo le desea salud/salvación en nombre de Dios’] (Formulae Merowingici et Karolini aevi, Formulae Augienses, s. x; eMGH).
c. Salutate, id est, salutem optate [‘El saludo, esto es, el deseo de salud/salvación’] (Dionysius Cartusianus, Enarrationes in omnes beati Pauli Epistulas, s. XIV; BREPOLIS).
d. E así se bolvió ante el Rey e salvolo como si lo no conosciese e díxole dos veces: -Dios vos salve, señor cavallero, e os dé buena fin en vuestro pensar, ca me paresce que no sois muy alegre (El baladro del sabio Merlín con sus profecías, ca. 1400-1498).
e. …fablan muy a espaçio: “¡Loado sea Jesuchristo! ¡Dios vos salve, hermano! ¡Pas sea conbusco! ¡Nuestro Señor vos conserve! ¡Deo graçias!” (Martínez de Toledo, Corbacho, 1438).
f. La una le dixo: Dios vos dé salud, señor cavallero; si sois tan esforçado como fermoso, mucho bien vos fizo Dios (Rodríguez de Montalvo, Amadís de Gaula, ca. 1482).
La mencionada ambigüedad semántica que caracteriza estos usos en latín medieval se resuelve en romance con dos rituales de acceso diferentes: Dios vos salve y Dios vos dé salud (14d-f ).
3.2.3. Deseos de buen viaje/buena venida. Si dos viajeros se encuentran casualmente en un camino -real o metafórico-, uno de ellos puede abrir el canal comunicativo con los deseos augurales de buen viaje (15a), con lo cual asegura que no tiene malas intenciones.
Cuando el viajero llega a la meta deseada, la apertura del canal comunicativo puede llevarse a cabo con una expresión de calurosa bienvenida. Se trata, probablemente, de la FS calcada del germánico wilcuman (ant. ingl. Willcuman; alem. Willkommen, de wille ‘querer’ y kommen ‘venir’; Grzega 2008, p. 169; Pfeifer 2005, s.v. wille), término en el que la felicitación por haber llegado a la meta -como ritual de apoyo- se transfirió conceptualmente al predicado latino en pasado (15b). Hasta finales del siglo x no se acomoda a la estructura exhortativa (15c), y llega al castellano en la primera mitad del siglo XIII desde el francés, probablemente gracias a la influencia de los juglares o de los peregrinos galos (Zieliński 2024, pp. 517-518). Nótese que, en su primera documentación, bienvenido aparece junto a la expresión bientrobado (lit. ‘bienhallado’), también de la misma procedencia (cf. Lebsanft 1988, pp. 199-201 ).
Los datos recabados indican que el repunte de bienvenido a partir del siglo XVI ha de vincularse al éxito del género literario de los libros de caballerías (15f), cuyos protagonistas encuentran a lo largo de sus hazañas a diferentes damas y caballeros en situaciones de apuro que suelen dar una calurosa bienvenida a sus liberadores. De hecho, en el Amadís de Gaula “apenas hay una página sin un bien venido” (Romera-Navarro 1930, p. 220).
Con su pragmaticalización, a diferencia de otras FFSS, esta expresión no se blanquea semánticamente, de modo que en el plano discursivo queda restringida a situaciones en las que el destinatario llega al lugar en el que se halla el emisor:
(15) a. Cuando vi un viejo pescador sentado a su puerta, que estaba adobando unos ñudos de una red rompida, y llegándome a él le dije: -Estéis en buena hora, buen hombre.
¿Sabríadesme decir dónde podría hallar por aquí alguna posada? (Mena, Traducción de la “Historia etiópica de los amores de Teágenes y Cariclea de Heliodoro”, 1587).
b. Gratus mihi est multum aduentus tuus, et bene uenisti [‘Me es muy grata tu venida y que seas bien venido’] (Beda Venerabilis, Historia ecclesiastica gentis Anglorum, s. VII; BREPOLIS).
c. Mi Domine bene venias! [‘Mi señor, bienvenido seas’; lit. ‘mi señor’, ‘que vengas bien’] (Ekkehardo IV, Casus Sancti Galli, ca. 971; eMGH).
d. Metíme por la puente, maguer estrecha era, / passé tan sin embargo como por grand carrera, / recibiéronme ellos de fermosa manera, / veniendo contra mí por media la carrera. “Fraire, plaznos contigo”, dixo el blanqueado, “tú seas bienvenido e de nos bientrobado” (Berceo, Vida de santo Domingo de Silos, ca. 1236).
e. Por cierto, dueña -dixo la Reina-, mucho me plaze & seáis mucho bien venida (Libro del cavallero Zifar, 1300-1305).
f. ¡Ay cavallero, vos seáys el bienvenido! E jamás otro más que vos tanto bien fizo (Palmerín de Oliva, 1511).
A su vez, esto promueve a finales de la Edad Media la creación de una serie de rituales de apoyo entre el anfitrión y el huésped, como paz sea en esta casa, documentado ya en La Celestina (16a). Se trata de un giro de procedencia bíblica (16b-d)12 que, puesto en boca del huésped, constata su llegada y, justo después, el anfitrión le da la bienvenida13:
(16) a. Lucrecia: ¿Quién es esta vieja que viene haldeando? Celestina: Paz sea en esta casa.
Lucrecia: Celestina, madre, seas bienvenida. ¿Cuál Dios te trajo por estos barrios no acostumbrados? (Rojas, La Celestina. Tragicomedia de Calisto y Melibea, 1499-1502).
b. In quamcumque domum intraveritis primum dicite pax huic domui (Vulg., Lc 10:5, apud Biblia Medieval).
c. E en qual qujer casa que entrardes | primera mente dezjd paz sea a aquesta casa (Lc 10:5, manusc. BNM, s. xv, apud Biblia Medieval).
d. En qualquier casa que entráredes dezid primero, paz sea en esta casa (García de Santa María, Evangelios e epístolas con sus exposiciones en romance, ca. 1485).
3.2.4. Deseos temporales. El (re-)encuentro no sólo se lleva a cabo en el espacio, sino también en un determinado momento del día, de modo que mitigar la apertura del canal comunicativo puede realizarse mediante el deseo del emisor de que el destinatario tenga buen día a partir de ese punto. Surgido el saludo, se ancla discursivamente en el origo, hecho que contribuye a su éxito (Halliday 1973, p. 76).
El carácter fluctuante del tiempo provoca que las FFSS de este grupo resulten particularmente propias del registro oral y, por ende, no aparezcan representadas en los textos antiguos. Ello explica por qué no se encuentra ninguna documentación del saludo en textos latinos aunque, a juzgar por las pruebas indirectas, tuvo que existir, como se registra en el libro de conversaciones flamenco-francesas del siglo XIV (17a) o en la comedia francesa La farce de maître Pathelin de la primera mitad de la centuria siguiente (17b). El primer registro de la FS, en singular e inserto incluso en la estructura exclamativa, se documenta en castellano en el Cantar de mio Cid (17c) y dos siglos más tarde ya en plural14 (17d):
(17) a. On dist en latin, quant on salue aucuin au matin: “Bona dies sit vobis!”; “c’est en rom vous soit!”. Vous sachiez bien que en romans on dist: “Diex vous doinst boin jour!” mans le diroit ou latin, on diroit: “Deus det vobis bonam diem!” (Gesprächbüchlein, romanisch und flämisch, ca. 1360, apudLöfstedt 1978, p. 199).
b. Et bona dies sit vobis, magister amantissime, pater reverendissime (La farce de maître Pathelin, ca. 1456, apud DMF, s.v. “dies”).
c. Quando llegó Avengalvón, dont a ojo lo ha / sonrisándose de la boca ívalo a abraçar / en el ombro lo saluda, ca tal es su usaje: / -¡Tan buen día convusco, Minaya Álbar Fáñez! (Cantar de mio Cid, ca. 1140).
d. Fue ver a Tristán & dixo: “(Ç)auallero, Dios vos dé buenos días & señor Dios vos dé buena vida” (Cuento de don Tristán de Leonís, ca. 1313).
A tenor de los datos disponibles, hasta el siglo XVI la dicotomía funcional se basaba en el factor de la luz solar (18a). La inserción del tercer elemento a lo largo de la centuria siguiente provoca su reorganización por partes del día (18b), que se mantendrá, al menos en el español de España, hasta el siglo xx, cuando este constituyente cultural quede sustituido por las horas de la comida (cf. 5b; Zieliński 2020, pp. 468-469):
(18) a. Según eso, si había de ser conforme al tiempo, si fuese por la mañana, diríades “Buenos días”, como en la Aquilana, y “Buenas noches” si fuese de noche; y si fuese por Pascua, diríades “Buenas Pascuas”, como nuestro amigo (Arce de Otálora, Coloquios de Palatino y Pinciano, ca. 1550).
b. Muy buenas tardes, patrona. Mientras llegan o no llegan, puedes merendar si quieres y descansar (Cruz, El mesón de Villaverde, 1768).
A la vista de los escasos datos disponibles, podría pensarse que la consolidación del subsistema tripartito de las FFSS actuales en español se vio favorecida por algún modelo extranjero, como afirma Antonio de Guevara en (19)15:
(19) En Italia es costumbre que en un solo día se saludan de tres maneras, a saber: que a la mañana dicen en cuanto se topan: “Bon matin”, que quiere decir que le dé Dios buena mañana. Después de comer, si se topan, se dicen: “Bon jor”, que quiere decir que le dé Dios buenos días. Ya que quiere anochecer y encender candelas, dicen “Bon vespre”, que quiere decir que les dé Dios buenas noches. Acá, en esta nuestra Castilla, es cosa de espantar, y aun para se reír, las maneras y diversidades que tienen en se saludar, así cuando se topan como cuando se despiden, y aun cuando se llaman (Guevara, Epístolas familiares, 1521-1543).
Ahora bien, independientemente del tipo que representan, hasta la primera mitad del siglo XVI las FFSS procedentes paradigmáticamente del acto de habla desiderativo son propias de las relaciones solidarias (20a-c), pero el carácter del eje paradigmático asimetría-simetría (condición social del destinatario, grado de intimidad entre los protagonistas del encuentro, etc.) se expresa únicamente con la fórmula de tratamiento correspondiente (20d-e) (cf. Moreno González 2003, p. 484). Ello quiere decir que la carga deferencial no recae, en principio, en la elección de una fórmula de apertura de este grupo, sino en el tratamiento escogido en función del sujeto pasivo para las oraciones exhortativas o del complemento indirecto-beneficiario de las bendiciones. Lo corroboran fuentes extralingüísticas de la época (20f), que ponen el signo de igualdad de los saludos de caballeros entre Mantenga Dios a vuestra merced y Beso las manos de vuestra merced:
(20) a. E así se bolvió ante el Rey e salvolo como si lo no conosciese e díxole dos veces: -Dios vos salve, señor cavallero, e os dé buena fin en vuestro pensar, ca me paresce que no sois muy alegre (El baladro del sabio Merlín con sus profecías, ca. 1400-1498).
b. La una le dixo: Dios vos dé salud, señor cavallero; si sois tan esforçado como fermoso, mucho bien vos fizo Dios (Rodríguez de Montalvo, Amadís de Gaula, ca. 1482).
c…díxole: “Señor Dios vos dé buenos días”. Enesto dixo el rrey: “así faga a vos, Tristán” (Cuento de don Tristán de Leonís, ca. 1313).
d. E después encontrole sant Machario e díxole: -Dios te salve, labrador (Sánchez de Vercial, Libro de los exemplos por A.B.C., ca. 1400-1421).
e. …encontré una serrana vestida / de buen bermejo e buena çinta de lana; / díxele yo ansí: “Dios te salve, hermana” (Arcipreste de Hita, Libro de buen amor, 1330-1343).
f. Cuando encontrares en la calle algunas personas conocidas, harasles cortresía y hablarles has según el merecimiento de cada uno, quitándole el bonete y haciéndole reverencia, si tal fuese la persona, y dirasle: Beso las manos de vuestra merced o Manténgaos Dios (González, Libro de doctrina moral, 1526, apudRomera-Navarro 1930, p. 222).
La moda por el ceremonial que, a partir de la segunda mitad del siglo XVI cae en terreno abonado, como el de la sociedad áurea, enriquecida económicamente con el oro y las especias traídas de América, provoca su estigmatización sociolingüística (cf. Hernández Alonso 1996, p. 97; Lapesa 1970, p. 146), como se ilustra en el pasaje de (21a), en el que Lazarillo reprende al artesano por haberlo saludado con un pasado de moda Mantenga Dios a vuestra merced, que no le corresponde. También corroboran esta deriva sociopragmática varios testimonios de la época (21b; 2a-c); por ejemplo, en muchas obras teatrales de ese período se ponen en boca de protagonistas de clase social baja (21c-e), de manera que caen finalmente en desuso (cf. Cruz Volio 2017, p. 107) o restringen su empleo a los sociolectos rurales, en los que, a juzgar por las observaciones de Beinhauer (1963)), sobrevivieron hasta la primera mitad del siglo XX16:
(21) a. Acuérdome que un día deshonré en mi tierra a un oficial y quise ponerle las manos, porque cada vez que le topaba me decía: “Mantenga Dios a vuestra merced”. “Vós, don villano ruin -le dije yo-, ¿por qué no sois bien criado? ¿«Manténgaos Dios» me habéis de decir, como si fuese quienquiera?” De allí adelante, de aquí acullá me quitaba el bonete y hablaba como debía. -¿Y no es buena maña de saludar un hombre a otro -dije yo- decirle que le mantenga Dios? -¡Mira mucho de enhoramala! -dijo él-. A los hombres de poca arte dicen eso; mas a los más altos, como yo, no les han de hablar menos de “Beso las manos de vuestra merced”, o por lo menos “Bésoos, señor, las manos” (Lazarillo de Tormes, ca. 1554).
b. Por menosprecio dezimos a uno: “En hora buena vays”, “vengáis enbuena ora”,“guárdeos Dios”; y si no es a nuestros criados o a personas vaxas y humildes que no tienen cuenta con ello, no osaríamos dezirlo, siendo tanto mejor y más provechoso que lo que dezimos a otros, quanto podrá entender qualquiera que bien quisiere considerarlo (Torquemada, Coloquios satíricos, 1553).
c. Frondoso: Pues lleguemos. -Dios os guarde, hermosas damas.
Laurencia: ¿Damas, Frondoso, nos llamas? (Vega Carpio, Fuenteovejuna, 1612).
d. Claudio: Dios os guarde.
Justino: Claudio amigo, ¿qué hay nuevo? (Ruiz de Alarcón, El desdichado en fingir, 1613-1615).
e. Martín: Ve’n buen ora. ¿Has menester algo? Estudiante: Dios te dé salud. No agora (Rueda, Pasos, 1545-1565).
No toman esta deriva las FFSS temporales y bienvenido, que, a expensas de las otras del mismo grupo, consolidarán su uso en épocas posteriores. Si bien la suerte de bienvenido está ligada a una situación comunicativa muy concreta (la llegada del huésped al lugar donde está el emisor), el sino de buenos días se vincula a su carácter oral porque se requiere saber en qué momento exacto del día fue empleado para descodificarlo de manera adecuada, razón por la cual se encuentra infrarrepresentado en los textos antiguos. El carácter oral de la expresión queda perfectamente ilustrado en la definición lexicográfica de saludar que ofrece Covarrubias (2006 [1611], s.v.): “darse los buenos días los unos a los otros”.
3.3. Enunciados asertivos
Otra manera de abrir el canal comunicativo es destacar la relación de sumisión y humildad del emisor con respecto a un destinatario situado socialmente por encima de su posición. El emisor evita así la posible tensión que podría surgir en un encuentro con la persona que más capital simbólico y social ostenta (Areiza Londoño y García Valencia 2004, pp. 50-54). Con este propósito, en su actividad de imagen, el emisor opta por concentrarse principalmente en destacar su relación de mansedumbre en lo que concierne a un destinatario que ostenta más poder. Con base en lo anterior, los enunciados asertivos en presente de indicativo, que reflejan un estado de cosas desde la perspectiva hic et nunc, parecen ser la mejor estrategia para abrir el canal comunicativo de las relaciones asimétricas (Sánchez López 2020, pp. 223-224).
Esto queda perfectamente reflejado en la estructura argumentativa: si en el grupo de las FFSS procedentes paradigmáticamente de los enunciados desiderativos el emisor se concentra en beneficiar al destinatario del saludo por medio de deseos augurales (vos ayadades/estades...) o de bendiciones (Dios vos dé…), en los saludos procedentes de los enunciados asertivos se observa la situación inversa. Como la actividad de imagen propende a destacar la relación de fuerte dependencia social del emisor, éste es quien desempeña un papel central, con autorreferencia obligatoria: el de sujeto, en su mayoría agentivo, mientras que el destinatario del saludo no desempeña en la estructura argumentativa ningún papel fundamental, por lo que puede omitirse (22b) o situarse en un segundo plano sintáctico (22c). Obsérvese que el contenido proposicional originario de los ritos de acceso en este grupo remite siempre a la actitud de humildad (22a), de sumisión (22b) o a la inclinación física del emisor (22c-d) ante el destinatario que más capital simbólico y social tiene, en términos de Bourdieu (1980, p. 3):
(22) a. Don Johán dixo así: “Omíllome, rey onrado” (Poema de Alfonso Onceno, ca. 1348).
b. …yo, dona Vetaça, vuestra cormana fija de la infanta de Grecia, beso vuestras manos e me encomiendo en vuestra gracia e en nuestra merçet (De doña Vataça al rey de Aragón, sobre la paz entre Castilla y Aragón, 1303).
c. Yo, Pero Martines Calviello, alcayd del Alcázar de Lorca por mio sennor el rey et adelantado del regno de Murcia por don Ferrando fijo de don Johán, vos beso las manos... (Credencial de un mensajero enviado al rey de Aragón por el adelantado de Murcia, 1340).
d. …yo, el vuestro leal provado, / beso los pies e las manos a vos, / luz de castellanos, / de virtudes muy dotado (Villasandino, Poesías, 1379-a.1425).
En cuanto a su origen, se remonta a las cartas de época carolingia (23a-c), en la que los ritos adquieren un carácter sumamente interactivo, toda vez que destacan de manera indefectible el papel social que desempeñan los dos participantes en el marco comunicativo emergente (cf. Althoff 2003, p. 21):
(23) a. Vestre gracie me commendo [‘Me encomiendo en vuestra gracia’] (Ludewicus IV et Fridericus III, Constitutiones, 6, 1, s. XIV; eMGH).
b. Domino clementissimo et a Deo electo et sublimato Pippino regi quam magnificentissimo ill. humilis servulus et clientulus vester… [‘Al clementísimo señor y al magnificísimo rey Pipino, elegido y elevado por Dios. Vuestro humilde servidor y vuestro protegido…’] (Formulae Merowingici et Karolini aevi, 18, 505, 27, s. x; eMGH).
c. Tunc pontifex elevans se dat manum dexteram duobus presbiteris et illi, osculatis manibus ipsius, procedunt cum ipso substentantes eum, precedentibus antes eos diaconis septem [‘Entonces el pontífice, levantándose, da la mano derecha a los dos presbíteros, y ellos, habiéndole besado las manos, proceden con él sosteniéndolo, mientras que siete diáconos les preceden’] (Ordo processionis ad ecclesiam siue missam secundum Romanos, 15, 211, s. IX; BREPOLIS).
En ese momento histórico aparecen los primeros paradigmas de rituales de acceso que suelen preceder a las peticiones dirigidas a las personas más privilegiadas (Lanhman 2004, pp. 66-67).
3.3.1. Omíllome. Esta FS, acompañada con el gesto de inclinación física, se documenta ya en el Cantar de mio Cid (24a-b), obra en la que sirve para saludar a los destinatarios ubicados en una posición feudal más alta que la de los emisores, con independencia del sexo que tengan (Menéndez Pidal 1969, t. 2, p. 774). Se registra únicamente en textos hasta finales del Medievo para codificar la apertura del canal comunicativo por un emisor dependiente en gran manera del destinatario (24c-d). Por tanto, su presencia no sorprende en la lírica del amor cortés (24e-f), de ascendencia provenzal, en la que el amor entre una noble dama y un caballero presupone una clara transposición de las relaciones feudo-vasalláticas; de ahí que el enamorado, al saludarla, exprese su total sumisión a la enamorada. Tampoco es de extrañar su presencia en el Libro de buen amor (24e-f), obra en la que los términos tan sublimes del amor cortés van dirigidos a una doncella de un estamento más bajo:
(24) a. Don llegan los otros, a Minaya se van homillar (Cantar de mio Cid, ca. 1140).
b. Decido es Minaya, a San Pero va rogar / cuando acabó la oración a las dueñas se va tornar: / Omíllom’, doña Ximena, Dios vos curie de mal (Cantar de mio Cid, ca. 1140).
c. Et desque el moro pudo fablar fue por besar las manos al Çid. Et el Çid non gelas quiso dar. Et el moro cuydaua que gelo fazié por desdennar le et desque entendió quelo fazié por onrrar le fue mucho alegre et començó adezir Omíllome, Çid Ruy Díaz (Alfonso X, Estoria de España, II, ca. 1270-1284).
d. Fue luego por’ el rey, qual ora fue passado: “Omíllom’ -dixo- rey, el mi señor onrado” (Poema de Fernán González, ca. 1250).
e. Señora doña Venus, muger de don Amor, noble dueña, omíllome yo, vuestro servidor (Arcipreste de Hita, Libro de buen amor, ca. 1330-1343).
f. Dixe yo a ella: “Omíllome, bella” (Arcipreste de Hita, Libro de buen amor, ca. 1330-1343).
g. -¿Quién es aquí el señor gobernador? -¿Quién ha de ser -respondió el secretario-, sino el que está sentado en la silla? -Humíllome, pues, a su presencia -dijo el labrador. Y, poniéndose de rodillas, le pidió la mano para besársela (Cervantes, Quijote, 1615).
Los últimos ejemplos, documentados en el Quijote, muestran que la expresión ha adquirido un valor claramente irónico (24g).
3.3.2. Encomendarse en la gracia/en la merçed. La apertura del canal comunicativo con un destinatario que detenta más poder puede llevarse también a cabo mediante el acto locutivo que expresa su total subordinación y la dependencia de su destino en cualidades del destinatario estrechamente vinculadas a su estamento (gracias, merced, etc.). Se trata de una FS que por lo general se documenta en el género diplomático: en él se origina (25a-c). Hasta el siglo XVI no se refuncionaliza discursivamente como expresión de despedida en el género epistolar (25d) (Zieliński 2019a, p. 173).
(25) a. Yo, Alfonso Días de Toledo, chanceller del infant don Enrique, me encomiendo en vuestra gracia (Carta del canciller del infante don Enrique a don Juan Manuel, 1303).
b. Al muy alto e muy noble sennor don Alfonso, por la gracia de Dios, rey de Aragón. Yo, don Johán, fijo del infante don Manuel Adelantado, mayor de la frontera et del regno de Murcia, me encomiendo en la vuestra gracia e en la vuestra merçed (Embajada de don Juan Manuel al rey de Aragón, 1331).
c. Muy santo padre..., humillmente me encomiendo en vuestra santidat (Don Fernando al Papa, sobre el maestre Enguera, 1500).
d. No más, sino que en merced de la señora doña Inés me encomiendo y en la de todos sus hijos me recomendo. De Granada, a IV de deziembre. Año de MDXXXI (Guevara, Epístolas familiares, 1521-1543).
Al quedar relegada a este género discursivo, no se somete ni a la extensión sociopragmática ni a la evolución formal que se llevó a cabo en friulano, lengua en la que la FS en cuestión oracional desembocó finalmente en mandi (Zieliński 2021, p. 37).
3.3.3. Besar las manos/los pies. El acto de besar como ritual de acceso tiene una simbología muy especial en la época del Medievo porque remite al ceremonial de encomendación de un vasallo que se colocaba bajo la protección de su señor feudal a cambio de servirlo. Este acto tiene carácter individual y no requiere, por lo general, que quien lo recibe participe activamente en él (Huizinga 2005, pp. 65-69).
Según la parte del cuerpo que el agente bese (boca, mano o pies), su cuerpo va a mostrar una postura de inclinación diferente con respecto a la figura del destinatario (26a-b). Si besar las manos, en lat. osculum manum, definido por Du Cange (1883-1887, s.v. “osculum”) como “in signum honoris et venerationis”, es un acto cortés, besar los pies, en lat. osculum pedis, “formula usitata in Chartis, quæ sacramenta fidelitatis regi a civitatibus jurata exhibent”, según Du Cange (s.v.), lo es todavía más.
La importancia de este ritual de acceso se atestigua ya en las Glosas silenses (26c), ejemplo en el que aparece como sinónimo de salutatione la palabra osculum -en rojo-, quizá incluida por algún clérigo estudiante de latín (Menéndez Pidal 1956, p. 16, n. 2):
(26) a. Al muyt alto seynor don Jayme, por la gracia de Dios, rey d’Aragón... yo, fray Sancho de las Caynas, de la orden de los frayres predicadores del convento de Huesca, beso vuestras manos humilment et comiendo me en la vuestra gracia (Documento, 1305).
b. Muy sancto padre..., beso vuestros pies, etc. (Fernando al papa, notificándole la muerte de su sobrino, Felipe de Aragón, 1488).
coſculum [ſalutatione] (Glosas silenses, s. xi, apud Menéndez Pidal 1956, p. 16).
d. Al señor Verdugo beso las manos, i a todos esos señores i mis amigos (Ordás, Carta de Diego de Ortdaz, 1529).
Hasta finales del siglo XV, las FFSS de este grupo codifican una profunda deferencia entre el emisor y el destinatario, inscrita en la relación feudo-vasallática. ¡Quién sabe cuál habría sido su destino sin ese acendrado gusto por el ceremonial de la sociedad renacentista! Es justamente entonces cuando la estructura de esta FS se somete a un cambio formal con el propósito de asimilarse morfosintácticamente a los saludos procedentes del acto de habla desiderativo, de modo que el destinatario del saludo -hasta entonces prescindible en la actividad de imagen de marcar la deferencia- cobra una relevancia discursiva y queda relegado a la posición topicalizada a partir del siglo XVI (26d).
3.3.4. Le beso las manos/los pies. La variante de la FS medieval así creada goza de una enorme popularidad en el español áureo a expensas de la expresión de la que procede. Lo corroboran muchos testimonios extralingüísticos de la época (27a-b):
(27) a. Los que después de haber oído misa y cuando recen las avemarías, a la campana de alzar, o a cualquiera, al entrar en la iglesia, se hace señal, en acabando las oraciones, dicen: “Beso las manos de vuesa merced”, aunque se suponga se den rendimiento de gracias, habiendo de dar la cabeza de ellos los buenos días o noches, los condenamos por hermanos, y los [mandamos] que abjuren de la que siempre traerán consigo, siendo señalados con su necedad, pues en más estiman un “beso las manos” falso y mentiroso (que ni se las besarían aunque los viesen obispos, y más las de algunos, que las traen llenas de sarna o lepra, y otros con uñas [caireladas], que ponen asco mirarlas), que no el “Dios os dé buenas noches” o “buenos días” (Quevedo, Premática de aranceles generales, ca. 1604-1614).
b. …el “beso las manos” se puede comer a todas horas, y jamás da en rostro, porque si lo da en las manos, el beso se lo quita de privilegios y exenciones contra algunos que hasta hoy se les han guardado, y es precepto afirmativo entre gramáticos que por el caso que se pregunta por el mismo se responda. Paresce el Beso las manos: a vuestro padre hablé en Medina del Campo; beso las manos: buenas noches os dé Dios; beso las manos. Si estornudáis, beso las manos, y aun si parís, beso las manos (Carta de las setenta y dos necedades, 1530).
La enorme popularidad de la que goza la nueva variante del saludo -de la que se quejan los moralistas- se debe a que el reajuste formal que experimentó la FS originaria corre parejas con un cambio sociopragmático, de modo que como nuevo ritual de acceso ya no es propio de las relaciones asimétricas, sino que, tras su refuncionalización, se da exclusivamente entre los protagonistas del (re-)encuentro que pertenecen al mismo estamento; en concreto, el más privilegiado, en el que se acostumbra a saludarse de esta manera (Zieliński 2019a, pp. 24-25). Como destaca Iglesias Recuero (en prensa), su nuevo empleo se inscribe en la cortesía jerárquica y reverencial, propia del Siglo de Oro (28) y basada en el reconocimiento de la condición y de las posiciones sociales17:
(28) a. A mi señora doña Inés beso las manos, con las de los señores don Juan y don Rodrigo (Góngora y Argote, Epistolario, 1613-1626).
b. Ansí no me puedo alargar más de que a esas mis señoras beso muchas veces las manos (santa Teresa de Jesús, Carta a Dª Luisa de la Cerda, 1571).
c. A Su Ecelencia beso mil veces las manos (santa Teresa de Jesús, Carta a don Fadrique Álvarez de Toledo en Alba de Tormes, 1581).
d. Por tanto, beso las manos de vuestra merced por tan gran cuidado, de lo cual no reciba pena vuestra señoría pues, como ya le he dicho, no la siento (Bernal, Floriseo, 1516).
Se convierte, pues, en propia de las relaciones simétricas y solidarias de la clase social más alta, y perdura -tanto en su función de apertura como en la de cierre- hasta el siglo XIX (Albitre Lamata 2023, p. 283). La relativa frecuencia de uso entre iguales contribuye a su refuncionalización, y pasa del saludo a la formulación del agradecimiento (28d ), valor que no supera el siglo XVIII (Iglesias Recuero, en prensa).
3.3.5. (Soy) su servidor. Por último, el emisor puede ser también el sujeto paciente en ciertas oraciones copulativas, por medio de las cuales pretende resaltar la mansedumbre y la dependencia social del destinatario. En su actividad de imagen opta por manipular sus capitales simbólico y social para ubicarse en el escalón más bajo de la sociedad feudal (29a). A juzgar por los datos disponibles, parece que su entrada en suelo español se logró mediante la lírica del amor cortés (29b-d), de ascendencia provenzal (cf. § 3.3.1). Hasta el siglo XVI, por la moda del ceremonial antes mencionada y por los ritos de la sociedad áurea, no se alcanza su clara refuncionalización. Se garantiza entonces su éxito como FS, particularmente en el género epistolar (29e-f), para expresar relaciones solidarias y simétricas del sociolecto alto, como sostiene Antonio de Torquemada en su Manual de escribientes (29g):
(29) a. Domino clementissimo et a Deo electo et sublimato Pippino regi quam magnificentissimo ill. humilis servulus et clientulus vester… (Formulae Merowingici et Karolini aevi, 18, 505, 27, s. x; eMGH).
b.…yo, vuestro humil servidor, vos juro a Dios, senyora (Álvarez de Villasandino, Cancionero de Palacio, ca. 13691440).
c. …yo, un vuestro servidor, vos beso sin ser presente pies e manos omilmente, como a mi rey e señor (Álvarez de Villasandino, Cancionero de Baella, ca. 1379-1424).
d. “Señora doña Venus, muger de don Amor, / noble dueña, omíllome yo, vuestro servidor (Arcipreste de Hita, Libro de buen amor, 1330-1343).
e. Mayor amigo y servidor de Vm., que besa su mano (Nicolás Antonio, Cartas, ca. 1663).
f. Muy excelente señor, besa las manos a V.E. su servidor don Juan de Guzmán (marqués de Villamanrique, Carta del virrey, marqués de Villamanrique, a Antonio de Eras, 1586).
g. Pero si el que esto pidiere es amigo, o persona de quien ha reçebido buenas obras, o de quien espera reçibirlas, obligaçión tendrá a contentarle y satisfazerle, fauoreçiéndole y ayudándole con palabras y con ruegos, y quando fuere neçesario, con obras. El porqué es porque lo haze por su amigo, o por deudo, o por criado, o por otras causas justas que le obligan a aventurarse y procurar el remedio (Torquemada, Manual de escribientes, 1552).
h. Italiano ciao! < it. véneto schiavo suo ‘su esclavo, su servidor’ < servus humillimus [sum] (cf. alem. Servus!, Diener! ).
i. Hasta aquí no hay cuestión de gabinete, es sólo cuestión de buena crianza. El uno dice: “Servidor de usted”, y el otro contesta: “Muy señor mío” (Larra, Buenas noches, 1836).
A diferencia de las FFSS análogas en italiano y en alemán (25h), la española no ha experimentado una extensión sociopragmática, de modo que los últimos ejemplos datan del siglo XIX (29i); cf. Boer 1999, pp. 433-437, y Zieliński 2021, p. 39.
4. Conclusiones
La procedencia paradigmática de las FFSS españolas remite claramente a diferentes estrategias de cortesía negativa para atenuar la apertura del canal comunicativo.
Según la distancia social entre los interlocutores, el emisor opta por emplear 1) interjecciones, 2) vocativos, 3) actos de habla desiderativos o 4) actos de habla asertivos.
Si bien los vocativos sirven para reconocer al destinatario y el capital simbólico que su posición social implica, las interjecciones se emplean para advertir al destinatario, situado socialmente por debajo de la posición del emisor, de su presencia. El carácter paradigmático de la función originaria de llamar la atención se comprueba con 1) la posibilidad de combinar en orden fijo la actual FS hola, de procedencia interjectiva y de carácter informal, con las del tipo buenos días (hola, buenos días), de carácter más formal, y 2) la imposibilidad de emplear las de este grupo paradigmático como fórmulas de despedida.
El acto de habla desiderativo, como mera estrategia atenuante, garantiza al destinatario que el emisor, que quiere entrar en una dinámica de interacción, no tiene malas intenciones.
Su empleo -sea en forma de bendiciones, sea en forma de deseos augurales- beneficia al destinatario, de ahí el “sentido mágico” que les atribuye Ortega y Gasset (1983 [1921], p. 221), en virtud del cual mitiga la posible tensión que pueda surgir en el (re-)encuentro.
De este grupo, hay cuatro tipos principales de FFSS, en consonancia con el elemento sociocultural predominante: deseos de protección divina, deseos de salvación y de salud, deseos de buen viaje/buena venida y deseos temporales.
Independientemente del tipo y del contenido proposicional, las FFSS procedentes paradigmáticamente del acto de habla desiderativo son propensas a las relaciones solidarias y la carga deferencial recae en la forma de tratamiento seleccionada por el emisor.
Las FFSS procedentes del acto de habla asertivo aluden claramente a la relación feudo-vasallática. Su contenido proposicional originario remite a 1) la actitud de humildad, 2) la actitud de sumisión o 3) la inclinación física del emisor ante el destinatario que más capital simbólico y social detenta










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