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Estudios de Asia y África

versión On-line ISSN 2448-654Xversión impresa ISSN 0185-0164

Estud. Asia Áfr. vol.61 no.1 Ciudad de México ene./abr. 2026  Epub 23-Feb-2026

https://doi.org/10.24201/eaa.v61i1.e3106 

Reseñas

Pedro Iacobelli Delpiano. 2023. De cara al Asia: pautas en la relación chilena con el Japón y China, 1880-1940. Santiago de Chile: Centro de Investigaciones Diego Barros Arana. 160 pp. ISBN 9789562446006

Gonzalo Andrés Maire Palma1 
http://orcid.org/0000-0003-2087-3696

1Universidad Adolfo Ibáñez, Facultad de Artes Liberales (Santiago de Chile, Chile) gonzaloandres.maire@edu.uai.cl

Iacobelli Delpiano, Pedro. 2023. De cara al Asia: pautas en la relación chilena con el Japón y China, 1880-1940. Santiago de Chile: Centro de Investigaciones Diego Barros Arana, 160p. ISBN: 9789562446006.


En la conferencia inaugural del 11.o Congreso Futuro del año 2022, el filósofo chileno Sergio Rojas abordó una provocativa reflexión en torno a la experiencia del tiempo y la historia: el pasado es aquello que no cabe en la historia; se trata de un acontecimiento que desborda las posibilidades formales -documentales- de ser inscrito en el relato de la historia.

A colación, Reinhart Koselleck (Los estratos del tiempo: estudios sobre la historia, 2001) propuso el concepto de “estratos del tiempo” para debatir en torno a los modos en que se configura el relato de la historia: a partir de la ficción de la “unicidad” del acontecimiento y la temporalidad, los historiadores trabajan con modelos lineales. Pero, el pasado, sostiene Koselleck, es una experiencia de la temporalidad que se agita en distintos niveles de sedimentación; esto es, de recurrencia, organización y vigencia que articulan la contingencia de los sujetos.

Parafraseando la lectura de Giorgio Agamben (Desnudez, 2011) sobre la cuestión de la contemporaneidad, es posible añadir que, si bien el pasado es lo “ajeno” a la historia, no lo es para quien puede ver en ello las fisuras y los claroscuros de su propio tiempo como crisis del relato. Para el ser contemporáneo, el “habitar contemporáneamente” -en cuya conciencia se hace de historiador frente al tiempo- es interpelar los umbrales, los márgenes, los pliegues y los extramuros que deja la historia.

A partir de esta mínima obertura, es posible expresar -al menos como indicio- que Asia ha sido un acontecimiento (entre tantos otros) que orilló los bordes del relato de la historia de Chile, y el lugar generacional y discursivo de una experiencia que configuró desde finales del siglo XIX las relaciones chilenas actuales con la región.

Esta doble premisa juguetea activamente en el trabajo del historiador Pedro Iacobelli titulado De cara al Asia: pautas en la relación chilena con el Japón y China, 1880-1940, publicado por el Centro de Investigaciones Diego Barros Arana, en Santiago de Chile, en 2023.

En consideración a la enorme incidencia comercial y diplomática de Asia en el Chile del siglo XXI, la obra se despliega en torno al fenómeno de producción -y, hasta cierto punto, de reiteración- de lo asiático como un lugar tejido por ideas, representaciones, alusiones e imágenes variopintas que dan forma a una relación epocal -continente- con la región; un Asia entendida, en lo medular, con referencia a Japón y China.

De cara al Asia… se despliega en cuatro grandes segmentos que aglutinan un mosaico de ensayos en virtud de perfilar las tramas de enunciación -y de repetición- de lo asiático en la sociedad chilena de la época: una introducción que concentra la declaración conceptual y el hilo conductor de la obra y tres capítulos que abordan el tópico de los viajeros chilenos a Asia, las relaciones entre empresarios locales y asiáticos, y la configuración de Asia en la prensa chilena de la época, donde se remata con un epílogo.

De especial interés resulta la introducción del texto, tanto por la declaración de conceptos que trazan el enfoque y el propósito de la obra como por la preparación de los antecedentes que desembocan en el problema de estudio.

El tema de la memoria (19) es el punto de inicio de este trabajo hacia una crítica de la historia como narrativa del pasado: la tesis economicista-diplomática que ha sustentado la visión hegemónica chilena sobre Asia debe ser puesta en discusión, al menos desde tres horizontes: por su relato reduccionista, su sustento histórico y las condiciones de posibilidad que ha ejercido en la producción de un saber uniforme y acotado acerca de Asia.

El punto de atención en que el autor unifica estas tres coordenadas epocalmente es el impacto del orientalismo a partir de dos fenómenos: el afrancesamiento de la sociedad chilena y el enfoque eurocéntrico en los modelos educativos nacionales (24).

En la introducción se sacude el pasado como desplazamiento del relato histórico sobre Asia -de carácter, más bien, totalizante- hacia una maquetación de exploraciones singulares.

Así, el primer capítulo versa sobre los contactos con la región asiática de viajeros chilenos. Dos casos de estudio de finales del siglo XIX e inicios del XX sobresalen en el análisis: Pedro del Río Zañartu y Alejandro Vicuña Pérez. De contextos y motivaciones diferentes, Del Río y Vicuña son exponentes de un contacto poco recurrente -de cuando el destino preferido para el viaje transcontinental era Europa, y Oriente se encajonaba, generalmente, en torno a Tierra Santa-, pero sí prolífico con el Oriente asiático: un tipo de testimonialidad que tensa por contraste la experiencia de la alteridad (41).

La crónica de viaje es un documento especialmente atractivo para el estudio de las relaciones culturales con Asia por su condición histórica de “cuerpo pesquisable”; quiero decir, de lugar de precipitación y cruce de imaginarios epocales, micronarrativas personales, espacios de divergencia y rotura de paradigmas contextuales.

El segundo capítulo analiza las relaciones, en términos de enfoques y (re)descubrimiento de zonas de interés comercial, entre los empresarios chilenos y los asiáticos a comienzos del siglo XX con el fin de incentivar una ampliación de mercados internacionales y consolidar la minería del salitre y el cobre. Hay tres vectores cruciales en que se ancla, como punto de partida, el abordaje del tema de estudio: por una parte, la desestabilización económica en las relaciones con Europa en el contexto crítico de la Primera Guerra Mundial; por otra, una política económica nacional centrada en la producción y la exportación minera, cuyo efecto, según el autor, fue atar “el erario fiscal a los vaivenes de la economía mundial” (65) y, finalmente, la diversidad de productos que, en la década de 1930, eran importados hacia Chile desde China y Japón (principalmente), lo que ya suponía, al menos en términos comerciales, una proximidad con la región.

Un tema notable que se esgrime es la ligadura entre el progresivo descubrimiento de Asia con la necesidad de su fortalecimiento diplomático; la proyección económica de Chile con la región asiática es, también, un tipo de apertura hacia la formación de un relato que debe ser institucionalizado (mediante campañas políticas o desde la prensa). Si bien la intención no es adelgazar la problemática de este capítulo, es posible detectar tres lugares vitales en la lectura: i) la descripción de formas discursivas orientalistas que prevalecen en ciertos sectores de la sociedad nacional, es decir, de narrativas que interiorizan Asia a través de una ontología por contraposición, y desde la negación respecto de un pretendido proyecto de nación y sociedad; ii) los alcances y las sensibilidades de corte nacionalista que cruzan la inmigración asiática en Chile; iii) la progresiva construcción de percepciones, categorías y cualidades entre los países de Asia Oriental como un proceso continuado de escritura sobre “lo otro”, cuyo concepto guía en Iacobelli es la “etnorracialización” (87).

El tercer y último capítulo corresponde a un estudio en detalle que aúna la historia de los medios de comunicación en Chile durante el siglo XX, en cuanto proceso de modernización y transformación en la información, y los tipos de “disponibilidad narrativa” en que Asia es dado a conocer. Una tesis trascendental que se despliega es que, en los medios de comunicación locales, acontece un tránsito georreferencial desde “la geografía bíblica al centro y oriente asiático” (98).

Finalmente, el epílogo propone una reflexión sintética sobre los resultados del trabajo, que también pueden leerse desde una firma crítica sobre lo consabido de la imagen de lo asiático en la historiografía chilena; una mirada atenta a aquel pasado que es inapropiable por el relato oficial: “da la impresión de que cada generación de chilenos ‘descubre’ el Asia y sostiene expectativas inverosímiles sobre dicho hallazgo” (107).

De cara al Asia… es un trabajo absorbente que irrumpe en la escritura episódica y epocal de la historia de Chile, esto es, de ver en el pasado una “sistematicidad histórica” que repite una narrativa sobre lo asiático anclada en la proyección política o económica. Se puede dar cuenta de la labor de Pedro Iacobelli en este libro como de “descomposición” de lo consabido, postura próxima a la crítica de Michel Foucault (La arqueología del saber, 2017) sobre los grandes relatos historiográficos y de observación de las hendeduras y los vacíos, las discontinuidades y las rupturas en la historia.

El abordaje de este asunto es uno de los enormes valores de la obra: Asia es un objeto que ha excedido su circunstancia territorial o de puro suceso histórico, en cuanto proliferación de imágenes, testimonios o registros que se anexan a un tiempo ya “narrativizado” (Sergio Rojas, Materiales para una historia de la subjetividad, 2003) por los grandes discursos epocales. A contrapelo, Iacobelli sitúa Asia dentro de la lógica del pensamiento: el lector verá en esta publicación que la labor historiográfica y la rigurosidad en el manejo de fuentes se hace cargo del “quién piensa” y “desde dónde” se piensa, y hace de Asia una relación de lecturas cruzadas con sujetos históricos y sus discursos.

Recibido: 18 de Junio de 2024; Aprobado: 11 de Octubre de 2024; Publicado: 03 de Noviembre de 2025

Gonzalo Andrés Maire Palma es doctor en Filosofía, mención Estética y Teoría del Arte por la Universidad de Chile; docente en la Facultad de Artes Liberales de la Universidad Adolfo Ibáñez (Chile), e investigador asociado en el Centro de Estudios Históricos de la Universidad Bernardo O’Higgins (Chile). Posee un posdoctorado del Fondo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico de Chile (2019-2022), y obtuvo fondos de investigación de The Japan Foundation en la Kyōtogeidai (KCUA) (2023) y de coinvestigación con fondos del Korean Studies Promotion Service y la Academy of Korean Studies (2022-2024). Además, fue presidente de la Asociación Latinoamericana de Estudios de Asia y África, capítulo Chile, entre 2017 y 2019. Su línea de investigación integra los estudios del museo y el patrimonio, los estudios asiáticos sobre arte y el coleccionismo asiático en Chile.

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