En una ocasión, mientras compartíamos un almuerzo con John Marston en la cafetería de El Colegio de México, surgió el tema de un próximo tributo a una colega del Centro de Estudios de Asia y África en nuestra institución. Él comentó que estos homenajes eran muy merecidos, pero que desearía que los oradores también entablaran un diálogo crítico con la obra de los académicos homenajeados. Desde luego, no se refería a una crítica negativa, sino a tratar de arrojar nueva luz sobre el académico o la académica en cuestión y acercarse a su labor desde un ángulo diferente. En efecto, quizás éste sea el mejor tributo que alguien pueda rendir a un académico o a una académica. Con este ánimo, decidimos abordar la obra de nuestro colega a través de la lente de la localización. En el presente artículo, exploramos a un John Marston textual, un constructo que se relaciona con John Marston, la persona, pero que se distancia de él y que, por tanto, puede interpretarse de maneras que no necesariamente son atribuibles al segundo.
¿Por qué localización? Esto se debe a la fortuita coincidencia de que nuestro John Marston, el académico, comparte nombre con John Marston, el personaje de Red Dead Redemption, un videojuego popular. Ambos han vivido vidas memorables: John Marston dio clases en Filipinas y en Tailandia y trabajó para Naciones Unidas en Camboya, donde llevó a cabo trabajo de campo antes de convertirse en profesor en El Colegio de México (Marston y Guthrie 2004, 250). Por su parte, el John Marston ficticio recorrió el oeste de Estados Unidos a la caza de sus antiguos compañeros bandoleros. Para nuestros propósitos, ambos fueron adaptados para su consumo en el mundo de habla hispana. Sin embargo, la sabiduría convencional dicta que las obras académicas de nuestro John Marston están traducidas, mientras que la experiencia de John Marston en Red Dead Redemption (como se acostumbra en los videojuegos) está localizada, es decir, adaptada para un público local. Pero ¿qué pasaría si uno desdibujara los límites entre la “traducción” y la “localización” al aplicar esta última a nuestro John Marston? ¿Qué nuevas perspectivas obtendríamos para entender las transformaciones del corpus traducido de un académico angloparlante y las numerosas maneras en las que puede entenderse en su nuevo entorno? Entonces, ¿cómo opera la localización en John Marston y a través de él? ¿Qué implicaciones tiene esto para otros académicos del Sureste de Asia que viven en América Latina y escriben para públicos de habla inglesa e hispana?
Nuestro enfoque en la localización no pretende desmerecer la distinguida trayectoria de John Marston en los estudios del Sureste de Asia. De hecho, su trabajo ha estado a la vanguardia de los estudios del budismo camboyano, junto a las obras de Charles Keyes e Ian Harris, entre otros. En colaboración con la especialista en budismo Elizabeth Guthrie, Marston publicó History, Buddhism, and New Religious Movements in Cambodia, un volumen sobre la articulación de la religión, el nacionalismo y la identidad en el budismo camboyano. La publicación más reciente de Marston, Budismo y sociedad en el Sureste de Asia, amplía su alcance a lo que podría llamarse “theravadásfera” para analizar cómo los budismos de todo el continente asiático constituyen fenómenos sociales con trasfondos y alusiones político-nacionales (y político-nacionalistas) que son imposibles de ignorar (Marston 2020).
Varios de sus artículos o capítulos también arrojan luz sobre el monacato camboyano en los años posteriores a la caída de Kampuchea Democrática (KD, 1975-1979). Uno de ellos pone en primer plano un ritual funerario -una cremación retrasada- del cuerpo de un exabad en un wat de la Camboya rural para subrayar que este caso fue, al mismo tiempo, una práctica establecida más que una desviación de la norma, así como un medio para que los aldeanos camboyanos reforzaran la comunidad y la continuidad cultural previa al Partido Comunista de Kampuchea (PCK) después de la época de KD (Marston 2006, 491-505).
Otra obra que analiza construcciones de significado a nivel de las bases es el capítulo que Marston escribió sobre las ordenaciones de monjes que se llevaron a cabo en el este de Kampong Cham, la zona periurbana de Phnom Penh y Takeo, en septiembre de 1979, tras la caída del régimen de Pol Pot. Marston afirma que estas ordenaciones representaron un “espíritu creativo comunal que floreció” tras el derrocamiento del PCK (Marston 2014, 93). Asimismo, Marston innovó con sus análisis de las metáforas y las canciones del PCK que, según sostuvo, eran “evidencia de un marco conceptual dentro del cual funcionaba el Khmer Rouge [PCK] -parte de cuyo propósito era ocultarles a los mismos perpetradores la conciencia de las relaciones de poder-, un marco que relacionaba a los individuos con el Estado, se basaba en sistemas conceptuales pasados y estuvo sujeto a cambios con la evolución del periodo” (Marston 1994, 118). Canciones del PCK como “El campo de la nueva Kampuchea bajo la luz de la revolución brillante” e “Hijos de la nueva Kampuchea” destacan la “función de la ideología en el sentido más amplio de la palabra, la de un sistema simbólico negociado en su relación con temas de poder” (Marston 2002, 101). Una trayectoria notable que amerita muchos más estudios no obstante nuestro enfoque en la localización.
En el presente artículo, “localizar” adopta varios significados en la lengua española y en la inglesa. En español, lo primero que el vocablo “localizar” evoca es la operación de encontrar o ubicar algo o a alguien. En inglés, localization se usa en relación con software (incluidos los videojuegos) al referirse al procedimiento que realizan los productores para traducirlo de un idioma a otro y, además, hacerlo funcional en una “locación” meta (Pym 2004, 2-4). Igualmente, la localización es el proceso mediante el cual los consumidores toman lo “extranjero” para interpretarlo y hacerlo suyo. En nuestro estudio del John Marston textual, buscamos ubicarlo en el espectro de la localización y dilucidar las maneras como se movió dentro de sus márgenes. Mostramos que la labor de localización es asintótica y continúa perpetuamente, sin un fin visible. Como proceso, es una dirección, no un destino. En este sentido, al igual que la localización de Camboya en otro mundo lingüístico es una entelequia, también lo es la de John Marston; y es en esas fisuras de correspondencias imperfectas donde pueden emerger nuevas configuraciones de significado, que los académicos y las académicas que trabajan en diversos entornos deben tener en mente en el ejercicio de su labor.
La localización como teoría y praxis en el Sureste de Asia y en los estudios del Sureste de Asia
El estudio de cómo se localizó en América Latina el trabajo académico de John Marston sobre el Sureste de Asia estaría incompleto si se soslayara el papel crucial que la localización ha desempeñado en la historia de esa región asiática, un tipo de localización en la que es clave la capacidad agentiva de quienes reciben, interpretan e interactúan con estos elementos y luego los practican en su propio medio, ya sea social, cultural, político o de otra índole. Según Arnd Schneider (2003, 224), en la localización debe analizarse de cerca el “proceso hermenéutico de apropiación […] de extraer algo de un contexto y colocarlo en otro”, lo que implica que a los elementos culturales “se les confieren nuevos significados [por parte de quienes los reciben]” (véase también Adams 2008, 616). Arjun Appadurai (1990, 295) elabora que tan “pronto como diferentes fuerzas de centros culturales y económicos [entran] a nuevas sociedades, tienden a vernacularizarse de una u otra forma[s]”, puesto que la gente no sólo reproduce materiales exógenos en masa, sino que les infunde una aceptación determinada localmente. Alguien que recibe e interactúa con elementos exógenos “siempre renegocia los significados que se le ofrecen”, y este proceso sitúa a los gobernantes y a las clases gobernantes que han localizado los elementos extranjeros en una posición desde la que proclaman aquello que los distingue, y a sí mismos como las mentes maestras que idearon su interpretación (Presthold 2007, 114; De Certeau 1984).
Sin duda, la localización se presenta de maneras variadas y complejas, pero las explicaciones de cómo funciona son importantes para descubrir los mecanismos mediante los cuales elementos de fuera adquieren formas locales en diferentes corporizaciones y manifestaciones. La localización es un elemento clave en el Sureste de Asia, la región a cuyo estudio John Marston ha dedicado su vida. Por ejemplo, en su estudio sobre la difusión de la religión índica al Imperio khmer (Jakrabhob Khmaer, 802-1431 e. c.), O. W. Wolters (1999, 55) sostiene que el hinduismo y el budismo, ambos repletos de complejidades, “tienen que localizarse de maneras diferentes” como requisito previo para “ajustarse” a nue-vos entornos y constituir “nuevas ‘totalidades’ culturales”.1 Una vez que los lugareños valoraron estos elementos exógenos en su localización parcial, los adoptaron en forma.
La localización atraviesa todos los periodos. Como un proceso dialógico de recepción, adaptación y praxis, ha asumido muchas formas en el Sureste de Asia recientemente (Galway 2022, 8-9, 18-19). En el Sureste de Asia archipelágico, las élites de inicios del siglo XX en Filipinas y las Indias Orientales Neerlandesas transformaron las noticias de la guerra ruso-japonesa en un medio para criticar a sus propios colonizadores (Bayona 2023). Los líderes del Partido Comunista de Indonesia (Partai Komunis Indonesia, PKI) obtuvieron inspiración práctica del líder del Partido Comunista de China, Mao Zedong, cuando “indonesizaron” el marxismo-leninismo (Lin y Galway 2023, 883, 886). Sus antepasados intelectuales en las Indias Orientales Neerlandesas interactuaron dialógicamente con productos intelectuales exógenos del mundo no islámico en búsqueda de un “islam progresivo” con participación política y social (Lin 2023, 31). Los marxistas de las Indias, en particular, “teorizaron una conciliación [entre el islam y el marxismo] de diversas maneras, y estas conciliaciones evolucionaron con el tiempo” (7, 10).
Asimismo, en el Sureste de Asia continental se presentó un proceso de “kampucheanización” (localización de un sistema ideológico extranjero para ajustarlo a las condiciones de Camboya) con marcadas similitudes. La brutal autocracia maoísta, encabezada por el genocida PCK, es un ejemplo, pues su liderazgo se inspiró ideológicamente en el pensamiento de Mao Zedong y en la forma en que el Partido Comunista de China implementó las ideas de Mao en su praxis de gobierno (Galway 2022, 159-199; 2017, 132-158). Como se vio, los localizadores tuvieron una capacidad agentiva considerable en su interpretación y práctica de estas ideas, pero en el caso de Camboya, rechazaron las ideas originales que los habían inspirado en la teoría y la praxis, y los receptores proclamaron una originalidad ideológica. Por lo tanto, en este caso, las ideas originales se distanciaron de aquellas que las inspiraron cuando el partido estaba en el poder (el maoísmo rechazó el centralismo burocrático soviético y el marxismo-leninismo de la era de Stalin) (Galway 2022, 2, 19, 161).
Si pasamos a las localizaciones latinoamericanas de artefactos materiales o inmateriales del Sureste de Asia, el campo es más estrecho, pero el caso más espectacular es también el más extraño. Bayona y Lin han estudiado la estrambótica entrada del blog de un misionero protestante radicado en Honduras que afirmó que, de la noche a la mañana, Singapur había pasado de ser un violento infierno azotado por las drogas en 2004 a ser un país de primer mundo gracias al simple recurso de instituir la pena de muerte, todo lo cual representa una impactante desviación de la historia real del país. El peculiar contenido de esta publicación se ha reproducido ampliamente en el mundo de habla hispana y se ha convertido en un punto clave entre los defensores de la pena de muerte en América Latina (Lin y Bayona 2018a; Lin y Bayona 2018b). Aunque la localización de la obra académica de John Marston no ha sufrido una transformación tan extraña y nociva como la historia moderna de Singapur, sus cambios de significado aún son objeto de interés para el desarrollo de los estudios del Sureste de Asia en el mundo hispanófono.
Localizar el estudio académico localizado
Retomando a los dos John Marstons, ¿por qué las obras del académico se traducen mientras que las proezas del vaquero ficticio se localizan? La localización de programas informáticos como el que protagoniza John Marston, el vaquero, implica la adaptación de su funcionalidad e incluye cambios en referencias e imágenes, un amplio proceso de “culturalización” (O’Hagan 2022, 447-448). A primera vista, esto puede ser suficiente para distinguir la localización de John Marston, el vaquero, de la traducción de John Marston, el académico. Parecería que la traducción de obras académicas es un asunto más sencillo. No se tiene la expectativa de localizar un texto académico de manera que, por ejemplo, The Religion of Java de Clifford Geertz pudiera transformarse en La religión de Java de Claudio Gutiérrez, con un texto reimaginado como si lo hubiera escrito un antropólogo mexicano en lugar de uno estadounidense. Si bien éste sería un ejercicio alucinante, la mayoría de los académicos recularían sólo de pensarlo.
En lugar de ello, la traducción de la labor académica se parece a una escucha casual (overhearing), es decir, se asemeja a un fragmento de una conversación académica -aun si tal fragmento es una monografía del tamaño de un libro- que el traductor entrega al lector en una lengua inteligible, al tiempo que respeta su “forma original” lo más posible. Al parecer, la localización que se realiza en el ámbito de los videojuegos es innecesaria al trabajar con la obra académica, pues a primera vista su expresión del conocimiento es perfectamente apropiada para la labor de traducción. Sin embargo, esta perspectiva depende de nuestra invisibilización colectiva, ya sea consciente o inconsciente, de las operaciones de comunicación con nuestro público. Escribimos en una lengua en particular para dirigirnos a una comunidad específica de académicos, con presunciones sobre los autores con los que público y autor están familiarizados, con las referencias culturales extraacadémicas que entendemos y los juegos de palabras que cobran sentido para los lectores atentos.2
En este sentido, toda la labor académica ha pasado por un proceso de localización, incluso en su expresión original. Por ejemplo, una historia ambiental de Perú publicada en Estados Unidos afirma: “El terremoto destruyó 65 000 kilómetros cuadrados de Perú, un área mayor a la de Virginia Occidental” (Carey 2010, 130). El texto original se “localizó” para un público académico estadounidense, para el cual el tamaño de Virginia Occidental era un referente efectivo. No hubo un texto “original” que después se localizara para incluir esta referencia, sino que se localizó implícitamente desde su creación. La traducción (o localización) del fragmento para la edición peruana implicó la “deslocalización” del original en inglés, pues se eliminó la referencia a Virginia Occidental (Carey 2014, 195). Además, en combinación con la deslocalización, una mayor localización opera como localización por adición, es decir, añade nuevo material que localiza el texto para su nuevo público. Éste es el caso de un prólogo escrito expresamente para la edición en el nuevo idioma, aun cuando el “cuerpo” de un texto pase por una traducción sin cambios. Este tipo de prólogos específicos explicitan el proceso de localización, un proceso que puede ser más sutil, pero aún presente en textos que parecen no hacer uso de él.
Tal como se mostró al hablar de cómo los habitantes del Sureste de Asia han localizado varios artefactos del “extranjero” a lo largo de los siglos, algunas de las operaciones de localización más interesantes se realizaron después de que los productores del artefacto original lo terminaron y la obra entró en circulación. Esto también sucede cuando una obra académica llega a un nuevo grupo de consumidores, aun (o especialmente) si se ha buscado una traducción más directa del original. Éste es el caso de los estudios sobre Camboya en México, donde no forman parte de la labor académica dominante. La traducción como escucha casual significa que un intercambio intelectual con cierto significado en el contexto original puede asumir uno diferente en su nuevo medio. Los lectores que acceden a estas traducciones se encuentran en una posición similar a la de los tagálogs de Vicente Rafael, que “pescan” significado de un sermón en español que no comprenden del todo, excepto por algunas palabras aquí y allá, y que después recontextualizan en significados nuevos e innovadores (Rafael 2017, 1-12). Sin conocer el corpus de estudios y exploraciones de Camboya en traducción al español, los textos se recontextualizan en nuevas configuraciones. Como analizaremos a continuación, los textos de John Marston pasaron por un proceso de transformación significativa al localizarse, ya fuera antes o después de su traducción.
El John Marston textual localizado
¿Cómo fue que la obra de John Marston pasó de un medio anglófono a uno hispanoparlante? ¿Los traductores le dieron a su obra un tratamiento apegado al original? ¿O se localizó de manera significativa? ¿Las versiones en español de su obra reenmarcan y resignifican los textos? ¿O toda la localización se realiza en la mente de sus lectores de habla hispana? Un análisis más detallado de las versiones inglesa y española responde estos cuestionamientos.
Aunque no llegaron al absurdo de replantear a John Marston como Juan Márquez, hay indicios de localización deliberada en sus obras traducidas al español. Quizás en el volumen que coeditó con Elizabeth Guthrie, El budismo en Camboya: historia y etnografía (Marston y Guthrie 2006), no se haya realizado localización por adición a través de un prólogo específico para la edición española, pero difiere significativamente del original en inglés por la ausencia de dos capítulos que los editores agruparon en la categoría de “El transnacionalismo de la religión camboyana”. ¿Qué motivó esta exclusión? ¿Podemos pensar en ella como un caso de localización por sustracción?
Uno de los dos capítulos eliminados, “The Spirit Cult of Khleang Moeung in Long Beach, California”, resulta particularmente interesante en este sentido (Marston y Guthrie 2004, 213-225). Desde cierto punto de vista, la inclusión de este capítulo “asiáticoestadounidense” podría verse como una localización intrínseca del original, es decir, de contenido transnacional relevante específicamente para lectores estadounidenses de habla inglesa. Una referencia a Virginia Occidental del tamaño de un capítulo, por así decirlo. Esta elisión podría verse como una deslocalización, pues la presencia del capítulo habría quebrado la ilusión de una localización cabal para un público hispanoparlante. Para afianzar aún más el borrado de la borradura, la introducción del volumen integra un párrafo que reconoce las brechas presentes. Este párrafo no se amplía en la edición en español para hablar de aquello que se excluyó deliberadamente de esa edición (Marston y Guthrie 2004, 5; Marston y Guthrie 2006, 15-16). Esto significa que, mientras que el elemento camboyanoestadounidense se consideró suficientemente importante para incluirse en el original, su ausencia no ameritó un comentario en la traducción al español. De cierto modo, la “Cambodia” del título original en lengua inglesa fue más amplia que la “Camboya” de la traducción (y la localización) en lengua española.
Sin embargo, la operación de localización es más evidente para el lector de habla hispana por las referencias explícitas al idioma que por las ausencias que sólo descubriría si tuviera una copia del original en inglés. La introducción de History, Buddhism, and New Religious Movements in Cambodia incluye el siguiente pasaje: “Al comentar nuestras ideas con los otros miembros del panel, llegamos a ver la necesidad de contar con un volumen en inglés que mostrara algunas de las investigaciones actuales y emocionantes que estaba realizando una nueva generación de académicos” (Marston y Guthrie 2004, 1; énfasis nuestro). En este caso, la referencia a la lengua inglesa evoca otros cuerpos de estudios sobre Camboya que no se mencionan, posiblemente en francés o en khmer, pero casi con certeza no en español. El traductor o la traductora cambió ligeramente este pasaje en su contraparte en español, El budismo en Camboya: historia y etnografía, de la siguiente manera:
Mientras discutíamos nuestras ideas con otros miembros del grupo, llegamos a la conclusión de la necesidad de contar con un volumen que mostrara algunas de las estimulantes investigaciones realizadas por una nueva generación de especialistas; asimismo, consideramos que una edición en español tendría una excelente acogida al dar a conocer estos temas a un público más amplio (Marston y Guthrie 2006, 9-10; énfasis nuestro).
La eliminación de la referencia al inglés y la añadidura de una frase que se refiere a la edición en español es un intento por localizar el texto, más allá de traducirlo. En un volumen que evidentemente está impreso en español, referirse al mismo como “volumen en inglés” echaría por la borda toda ilusión de localización. La identidad del traductor o la traductora del volumen no se encuentra con facilidad en la edición en español, lo cual simula tácitamente que se trata de un original en este idioma. La contraportada del libro opera en armonía con esta ilusión: “[E]xisten muy pocos libros escritos en español acerca de [la] religión camboyana. Este libro trata de llenar ese vacío” (Marston y Guthrie 2006, contraportada). Puesto que no es un libro “traducido al español”, la traducción queda borrada, mientras que la localización se vela a sí misma tras una cortina de su propia ausencia.
Paradójicamente, incluir una referencia a una edición en español rompe la ilusión al tiempo que la evoca. Una edición en español implica la existencia de una edición en otro idioma, de la cual la presente es una variante, no la original, mientras que un público más amplio significa que sus lectores de habla hispana son un complemento de otro público (que no se especifica, pero se distingue fácilmente como angloparlante) que fue su audiencia principal. Ésta es la paradoja de la localización: el acto mismo da existencia a lo extranjero del texto.3
Esta extranjeridad mediante localización perturba las presunciones usuales sobre la mayor parte de las traducciones de trabajos académicos al español -si se dejan de lado los libros para el público general sobre la Segunda Guerra Mundial u otros temas “universales”-, que es de obras que se centran en América Latina, con el objetivo de circular el libro en esta región. Los académicos hispanoparlantes no se consideran a sí mismos un público complementario, sino que le asignan dicha suplementariedad a la obra traducida, que complementa un robusto corpus producido en español. Lo que se traduce del inglés equivale tan sólo a una fracción del total disponible en español. Uno podría ver las traducciones como un complemento agradable, pero prescindible en última instancia. En contraste, se criticarían duramente los trabajos que operan en la dirección opuesta -es decir, aquellos que hablan sobre América Latina en inglés, pero tratan la producción hispanófona como si fuera suplementaria-, como sucedió con una reseña de The Fifth Sun de Camille Townsend (Ferri 2020). La percepción general de los académicos hispanófonos es que sus contrapartes anglófonas deberían sentirse honrados de que los primeros se hayan dignado a leerlos traducidos, mientras que los últimos deberían sentirse avergonzados de no leer a los primeros, ni traducidos ni en original. Por otro lado, los académicos de habla inglesa se enfrentan a pocas consecuencias negativas en su carrera si se limitan principalmente a citar a sus pares anglófonos y no traducir sus libros al español. Así, la economía del orgullo y la vergüenza en la traducción opera de maneras asimétricas.
La localización de la obra de John Marston sobre Camboya es contraria a estas respuestas más prevalentes. Al ser prácticamente inexistente la producción sobre Camboya en español, la traducción y la localización de John Marston no complementa el corpus en español, sino que es el trabajo académico existente. Sería absurdo etiquetarlo como un académico del norte global que aprovecha lo que los latinoamericanos han producido durante décadas y luego lo reempaca en inglés sólo para volver a presentarlo traducido al español. Tampoco se le puede acusar de “colonialismo epistemológico”, como se acusó a Camille Townsend por no citar la obra de los latinoamericanos sobre el tema. Aun si los traductores trabajaron estos textos con una estricta equivalencia, el significado y la importancia del escrito resultante no son los mismos del original. Esto es más claro en el festschcrift dedicado a May Ebihara que John Marston editó en inglés y que se publicó traducido al español.
Los significados de los libros Anthropology and Community in Cambodia: Reflections on the Work of May Ebihara y Antropología y comunidad en Camboya y Tailandia: reflexiones sobre la obra de May Ebihara son diferentes entre sí, a pesar de que uno pareciera ser la traducción directa del otro. La comprensión de la mayor parte del público sobre el original en inglés coincidía con la del mismo John Marston: se trata de una celebración de la vida y la obra de May Ebihara, la antropóloga especializada en Camboya cuyo trabajo pionero fue un pilar para los estudios de sus sucesores. Después de todo, John declara que la labor de Ebihara es tan fundamental para la antropología sobre Camboya en inglés como David Chandler lo es para el estudio académico histórico de Camboya en dicha lengua (Marston 2011a, 7), lo cual es un gran halago.
Sin embargo, una vez traducido, el libro se localiza de diferente manera. Más que retomar la trayectoria conocida de su colega y los caminos de investigación que crecieron a partir de ella, Antropología y comunidad es la primera exposición de muchos de sus lectores hispanohablantes al impacto de la obra de esta autora fundamental, pues no hay traducción al español de la etnografía de Ebihara sobre la aldea de Svay.4 El libro les brinda vistazos a los frutos de su labor, pero el desconocimiento de su trabajo los lleva a un significado diferente: una afectuosa mirada al pasado en inglés se convierte en una emocionante perspectiva de futuro en español, así como un portal hacia lo preternatural y lo poco conocido.
La potencia del libro yace precisamente en su extranjeridad y su localización incompleta. Al igual que El budismo en Camboya, se abstiene de una localización por adición, pues no incluye un prólogo hecho específicamente para la edición en español. Un pasaje clave de la introducción de John Marston menciona la controversia entre los antropólogos Robert Redfield y Oscar Lewis por el pueblo de Tepoztlán, que se tradujo prácticamente al pie de la letra al español (Marston 2011a, 13; 2011b, 32). Al permanecer igual, su significado cambia. El Tepoztlán de Anthropology and Community es un lugar distante, un “pueblo mexicano” que en cierta forma es extranjero, pues es ajeno a un estudio de caso comparativo para los estudiosos de Camboya que lean el original en inglés. No se menciona que Tepoztlán se encuentra a sólo una hora en auto del centro de labores de John Marston. La relación con el autor está descorporizada. Al quedarse igual en Antropología y comunidad, lo familiar se vuelve lejano para los lectores hispanófonos (y probablemente mexicanos) de la traducción al español. El pueblo cercano, gentrificado por los hipsters que lo inundan durante los fines de semana largos, parece tan ajeno como Camboya para estos lectores, estudiado por académicos cuyos apellidos no suenan mexicanos, como Redfield y Lewis. En la página no se menciona a antropólogos mexicanos vinculados con Tepoztlán, lo que vuelve desconocida esta localidad familiar. Como anotó Rafael, lo extranjero en el habla vernácula puede actuar como refuerzo en la lengua, como un elemento de prestigio (Rafael 2005). Lo conocido que se vuelve extraño por su traducción exacta acentúa el prestigio del libro. Los lectores hispanoparlantes trazan una relación entre el espectáculo de los extranjeros que exploran Tepoztlán y la aldea camboyana de Svay. El misterio de ambas aldeas promete que éste no es un libro mexicano más, precisamente por el hecho deliberado de que no localizarlo también promete lo extranjero al lector.
Localizar grafías, localizar sonidos
Los ejemplos de escritura y sonidos de la lengua khmer son, quizá, los elementos más ajenos que el libro de John Marston aporta al público hispanófono. La escritura aparece en adaptación al alfabeto latino con su pronunciación aproximada. ¿A través de qué procesos estas adaptaciones se ven doblemente extranjeras, con el khmer mediado a través de otras lenguas europeas para los lectores de habla hispana?
Como cualquier idioma en el mundo globalizado de hoy, el khmer moderno es ecléctico y adaptativo. El khmer adoptó muchos préstamos del francés durante los años de la Cambodge francesa (1863-1954), y en las décadas posteriores a su independencia como protectorado de ese país ha seguido tomando vocablos prestados de su lengua, pero también ha adaptado y localizado palabras inglesas en respuesta al predominio de este idioma (Phal 2005, 53-61). La ausencia de un sistema de romanización estandarizado para la lengua austroasiática khmer ha derivado en diversos métodos de transcripción que los académicos de Camboya han aplicado hasta ahora en sus investigaciones.
Los especialistas en humanidades y ciencias sociales que tradujeron términos del khmer para su trabajo han tendido a basarse en tres sistemas de romanización. El primero es el de la epigrafista francocamboyana Saveros Lewitz (cuyo nombre de soltera era Pou Saveros, 1929-2020), quien sintetizó el sistema de fonética khmer del lingüista Khuon Sokhampu (1939-1975) con la transliteración del khmer (incluidas palabras en pali y sánscrito) de su mentor, el arqueólogo e historiador francés radicado en Camboya Georges Cœdès (1886-1969) (Mikaelian 2020, 187-188; Khuon 1969; Lewitz 1969; Jenner y Pou 1982). Más recientemente, los historiadores Ian Harris, Theara Thun y Matthew Galway, entre otros, han usado el sistema de transliteración de Saveros Lewitz en sus investigaciones y escritos (Harris 2005, 2013; Galway 2022; Thun 2024).
El segundo, que puede verse en la obra del historiador Henri Locard, es algo así como un sistema de transliteración híbrido que mezcla el de Saveros Lewitz con el tercer sistema, aunque se asemeja al primero en términos de estilo y sustancia. El lingüista Franklin E. Huffman, profesor de lingüística en las universidades de Yale (1967-1972) y de Cornell (1972-1985), creó el tercero, el sistema de transcripción franco-khmer, en 1970, y continuó desarrollándolo en sus siguientes libros del idioma (Huffman 1970, 1972). Prácticamente todos los académicos especialistas en Camboya de lengua inglesa optan por el sistema franco-khmer, desde el “padre” del estudio académico anglófono de la historia de Camboya, David Chandler, y quienes alguna vez fueron sus alumnos, Ben Kiernan, Penny Edwards y Kate Frieson, hasta los antropólogos culturales Alexander L. Hinton, May Ebihara, Judy Ledgerwood, y el mismo John Marston.
A pesar de que Antropología y comunidad (Marston 2011b, 17) incluye una tabla de transcripción bien organizada, lo extranjero no se acerca ni se localiza completamente hasta un punto que se sienta cómodo para el lector de habla hispana. La mayoría de los lectores entenderán que entre el khmer y el español está presente tácitamente una capa adicional de lenguas intermedias, pues la explicación que Marston proporciona del sistema deja claro que él no lo desarrolló específicamente para el español. Un juego de predicciones emerge cuando se transcriben palabras en khmer para lectores extranjeros (presumiblemente anglófonos), tras lo cual los lectores hispanófonos deben hacer una conjetura fundada sobre cuál es el sonido “correcto” de la palabra impresa. En el pasado, esto llevó a una retranscripción común en español: “jemer”. Es de suponer que ésta se debe a una lectura errónea con inflexión eslava de la transcripción de “khmer”, en la que se relee la partícula “kh” como una representación anglófona de la letra rusa “x”, que en español sería una “j”. “Jemer” es la traducción oficial de “khmer”, según el Diccionario de la Real Academia Española, lo que hace del error un elemento intrínseco al entendimiento de Camboya en el mundo de habla hispana. Sin embargo, en la obra de Marston se usa la forma correcta “khmer” de manera uniforme, incluso en español.
La duda sobre la pronunciación permea la experiencia del hispanohablante que lee el trabajo de John Marston. En numerosas ocasiones, las versiones transcritas de originales en lengua khmer se acompañan de guías de pronunciación que hacen que el lector se pregunte si la guía debe leerse con fonotáctica inglesa o española. Por ejemplo, El budismo en Camboya incluye un pasaje que se refiere a la “construcción central del wat, o brah vihara (pronúnciese ‘preah vihea’)” (Marston y Guthrie 2006, 216). Esta pronunciación podría hacer que el lector dude si debe aspirar la “h” de “vihea”, como en inglés, o si ésta debe ser muda, como en español; al encontrar “los acary (pronúnciese ‘achar’, del sánscrito acarya, ‘maestro’, ‘profesor’)” (Marston y Guthrie 2006, 217), se pregunta si debe hacer vibrar la última “r” como en español o dejarla como una vocal neutra para igualar su uso en inglés. Después, los lectores de habla hispana se enfrentan a un estado de inestabilidad en relación con la “verdadera” pronunciación de estas palabras -o tan “verdadera” como sería para quienes no tienen contacto con el khmer-. Si accedieran al original en inglés, verían más claramente que los lineamientos de pronunciación han permanecido en su forma anglófona. Una vez más, en referencia al trabajo de Rafael, lo extranjero que no se acerca ni se localiza infunde prestigio a un objeto cultural.5 Para un libro publicado en México que habla sobre Camboya, una localización perfecta podría hasta resultar contraproducente para sus lectores.
A través de estas operaciones de predicción y duda, la obra de John Marston asume funciones que estaban ausentes en sus versiones originales. Agreguemos la palabra “wat” a “khmer”. En Antropología y comunidad (que es básicamente una traducción directa de Anthropology and Community), Marston anota: “decidí que la palabra ‘wat’ ya existía en inglés con esa ortografía (proveniente del tailandés) y la representé en el texto como tal, sin cursivas, aunque según el sistema, la representación de la palabra en khmer sería vatt” (Marston 2011b, 16). En el texto original en inglés, él se propuso seguir la convención, pero en la localización al español, John Marston se convierte más bien en quien establece la norma. Como el académico especializado en el Sureste de Asia continental más calificado en el mundo hispanohablante, sus palabras tienen peso, y si él prefiere wat a vatt o khmer a jemer, debemos hacerle caso. Lejos de ser un asunto simple y sencillo, localizar grafías y sonidos implica reorganizar normas y entendimientos en un nuevo medio académico.
El flujo de localización revertido
Las publicaciones posteriores de Marston mostraron signos de una mayor localización deliberada del lado de la producción, e incluso un cambio de sentido de sus flujos. Un ejemplo es La antropología de las fronteras de Tailandia como espacios de flujo, que se publicó en 2016. En cierta medida, se parece a Ethnicity, Borders, and the Grassroots Interface with the State: Studies on Southeast Asia in Honor of Charles F. Keyes, que es otro festschrift en honor del prominente académico del Sureste de Asia. Sin embargo, y a diferencia del volumen en honor a May Ebihara, éste presenta grandes cambios en comparación con el material de origen. En términos de contenido, sólo cuatro de los nueve capítulos originales permanecen en la adaptación al español, que a su vez se complementan con tres capítulos nuevos. Si bien es innegable que se trata de una reconfiguración significativa, ¿podría decirse que en La antropología de las fronteras de Tailandia como espacios de flujo se realizó un esfuerzo de localización deliberado?
Para empezar, Charles F. Keyes se desvanece en la localización al español. Keyes, una figura eminente en la antropología de Tailandia, y mentor de John Marston, no es conocido en México (Carlos Mondragón, comunicación personal, 2024). La divergencia de significado que rodea el festschrift para Ebihara se sortea con esta adaptación traducida: los lectores hispanohablantes que carecen de una traducción al español de la obra de Keyes ya no están desconcertados por un libro que honra a un académico desconocido. En cambio, para ellos éste es un volumen original y los rastros de su versión original se desvanecen junto con el(los) traductor(es), cuya identidad se desconoce. En este caso, Tailandia asume el primer plano en el título y la estructura. La introducción a la localización en habla hispana del volumen explicita esta justificación: “Al centrarse en un determinado país, Tailandia, y en un tema específico -la antropología de las fronteras fluidas-, el presente volumen intenta lograr una unidad temática mayor, y tal vez generar más interés entre los lectores de habla hispana” (Marston 2016, 10; énfasis nuestro). Este reenfoque logra que un volumen que analiza el Sureste de Asia a través de la mirada de un Charles Keyes incognoscible se convierta, más bien, en un tomo sobre un país y un tema específicos gracias a la localización deliberada del texto para cumplir mejor las expectativas de un público lector hispanohablante en México.
En esencia un texto nuevo, la introducción en español constituye un caso de localización por sustitución y asume un tono muy diferente al de la original en inglés. Esta última inicia con una descripción general de las aportaciones de Keyes al campo y continúa con un análisis de la terminología que usaron los autores de los diversos capítulos del volumen (Marston 2014, 1-19). La introducción en inglés no hace concesión alguna a quienes no están familiarizados con el Sureste de Asia continental. A la inversa, la introducción en español, que es más reciente, adopta un enfoque más pedagógico, más acorde con una audiencia que probablemente aún no tiene conocimientos sólidos sobre el contexto cultural que se analiza en sus páginas. Explica lo siguiente: “Para referirnos a la variedad de grupos que hablan las lenguas daicas que están relacionadas, utilizamos el término tai en lugar del término ‘tailandés’, que se refiere a la población dominante de Tailandia y a su idioma en la época actual” (Marston 2016, 11). Prosigue con una cronología abreviada de la historia de Tailandia y una narrativa de algunos autores clave para entender el tema de estudio. Por ejemplo, mientras que para los especialistas en Tailandia de habla inglesa el solo nombre Thongchai Winichakul invoca una obra académica que todos conocen, en la versión localizada, John Marston explica pacientemente el argumento de Thongchai a lo largo de más de una página.6 Un texto dirigido a los académicos anglófonos de Tailandia podría haber mencionado a un gran número de autores, pero esta introducción considera a su público y nombra (y explica) sólo a unos cuantos. La localización por sustitución implica eliminar un texto que se refiere a un autor y un contexto cultural desconocidos y remplazarlo con otro que asume un enfoque más apropiado para el objetivo de hacer que una Tailandia desconocida sea un tema más digerible para un nuevo público.
Además, las transformaciones entre el festschrift en inglés y el libro sobre Tailandia en español generan una fascinante inversión en el flujo de la localización. Uno de los capítulos que no llegaron al volumen localizado en español es “Reestablishing the Cambodian Monkhood”, en el que John Marston analiza las implicaciones de los mecanismos mediante los cuales los monjes budistas volvieron a ordenarse tras el derrocamiento del Partido Comunista de Kampuchea en 1979. En la superficie, fue simple y llanamente cuestión de eliminación debido a que el volumen localizado se centra en Tailandia, pero hay otro factor en juego: el capítulo del libro de 2014 en realidad es una adaptación de un artículo anterior que se publicó en español en Estudios de Asia y África en 2013, titulado “El restablecimiento del monacato camboyano” (Marston 2013). Ésta fue una ocasión en la que el público académico de habla hispana tuvo acceso al trabajo de John Marston antes que sus contrapartes angloparlantes, un notable cambio de dirección.
En este caso, la versión inglesa es la que muestra signos de haber pasado por un proceso de localización. En consonancia con su inclusión en un festshcrift para Keyes, “Reestablishing” incluye referencias que no estaban en el original en español (las cursivas indican lo que se añadió):
Un artículo de Charles Keyes que se publicó en 1994, “An Account of Cambodian Political History as It Relates to Buddhism in Recent Times” [Un recuento de la historia política de Camboya en relación con el budismo en épocas recientes], incluye una descripción de cuando, en septiembre de 1979, una delegación de monjes theravada de Vietnam reordenó a siete hombres camboyanos que habían sido monjes antes del periodo de Pol Pot, y cómo fue que ellos después restablecieron el linaje en Camboya. Conforme he profundizado en mi propio estudio del budismo camboyano, recordé este pasaje una y otra vez, en parte porque estuve presente cuando Keyes realizó la entrevista con los monjes camboyanos de alto nivel para escribir su artículo, pero también porque percibí que Keyes había entendido mejor que yo la importancia de este evento en la historia del budismo camboyano. Yo diría que esta ceremonia puede, además, considerarse como uno de los rituales de creación más importantes del nuevo Estado, la República Popular de Kampuchea (RPK) (Marston 2014, 65; énfasis nuestro).
En La antropología de las fronteras de Tailandia como espacios de flujo encontramos la operación inversa. La ausencia de Keyes en español cambia a un mayor énfasis en inglés, lo cual refleja los contornos de la academia en cada lengua. De este modo, la versión en inglés muestra que no todas las localizaciones tienen que ser traducciones. La versión en español se tradujo del inglés y se reconoce al traductor Diego Barreyra al final del artículo (Marston 2013, 94). “Reestablishing the Cambodian Monkhood” no es una retraducción al inglés de “El restablecimiento del monacato camboyano”, sino una versión editada del texto original, lo que también explicaría las mayores libertades que se tomaron en su localización. “El restablecimiento del monacato camboyano” apareció una vez más en el libro más reciente de John Marston, Budismo y sociedad en el Sureste de Asia, en una versión en español que corrigió algunos errores del original que habían sido arreglados para “Reestablishing”. Un mismo texto puede tomar varias direcciones.
Cabe destacar que Budismo y sociedad en el Sureste de Asia es lo más cercano a una localización total y, aun así, paradójicamente, es notable por la ausencia de localización. A diferencia de sus obras anteriores, que básicamente fueron traducciones o reconfiguraciones de volúmenes en inglés, este libro más reciente en español no tiene un predecesor en esa lengua. Como su público objetivo es exclusivamente hispanohablante, la introducción asume un rumbo similar al de La antropología de las fronteras de Tailandia, pues Marston brinda un contexto general del trabajo académico en torno al budismo y su naturaleza, además de explicar su abordaje del estudio del budismo (Marston 2020, 9-20). Su primer capítulo, “El budismo y el Estado en el Sureste de Asia”, en el que afirma que “un trabajo de este tipo puede ser especialmente provechoso para México y para el mundo de habla hispana como una introducción al budismo del Sureste de Asia continental”, es de interés particular en términos de localización. Si bien en etapas anteriores de su carrera John Marston dejó vislumbrar a los lectores hispanófonos atisbos de indagaciones académicas en otra lengua (similar a entregarles algo “escuchado por casualidad”), acá se dirige a ellos directamente con materiales creados específicamente para tal propósito.
Conclusiones
Luchar contra la imperfectibilidad de la localización es inevitable para los académicos que trabajan en más de un mundo lingüístico, como sucede con los especialistas en estudios de área que operan fuera del área a cuyo estudio se dedican. La naturaleza inherente de la investigación hace necesario traducir y localizar diversos elementos y argumentos culturales cuando uno se dedica a los estudios de área en un contexto como el latinoamericano. Los académicos en estos países deben interactuar con un gran corpus de estudio en otras lenguas, principalmente en inglés y en las de las regiones que estudian, lo que añade una capa más al proceso. Tratar de escribir estudios originales sobre el Sureste de Asia con base exclusivamente en los trabajos en español puede ser un ejercicio curioso, pero su utilidad general es cuestionable. Siendo realistas, la investigación siempre será multilingüe. En efecto, la multiplicidad de idiomas coloca particularmente a los latinoamericanos especialistas en estudios del Sureste de Asia en una lucha de dos frentes: uno que surge de las presiones institucionales de publicar en inglés para interactuar con un cuerpo de académicos más nutrido, incluidos los que provienen del Sureste de Asia, y el otro, del imperativo de publicar en español para establecer un corpus de trabajo en esta lengua (Bayona 2024). Al igual que los hablantes bilingües, cuya personalidad difiere según el idioma en el que hablan en un momento determinado, los académicos solemos enfrentar el dilema de escribir obras diferentes para el público de cada lengua, y la notable trayectoria de John Marston no es la excepción.
La tarea de escribir textos que sean verdaderamente locales para su público lleva a extraños resultados. De hecho, los autores del presente artículo sobre la localización al español de un académico angloparlante lo concibieron y lo dirigieron a un público de habla hispana. Sin embargo, los mismos autores lo escribieron originalmente en inglés, artículo que después se tradujo al español, lo que dio lugar a la versión que el lector tiene ante sus ojos. Más que nada, un estudio cuidadoso del corpus de John Marston a través de la lente de la localización muestra lo que está en juego para los especialistas en el Sureste de Asia radicados en América Latina. Los autores que publican en un solo idioma con frecuencia lo dan por sentado y lo ven como una transmisión de significado uniforme, pero quienes operan en más de un mundo lingüístico deben analizar con cuidado la dimensión adicional que conlleva la interacción entre lengua y público, y cómo estas elecciones influyen en nuestra escritura. Como pionera de los estudios del Sureste de Asia en América Latina, la obra de John Marston sirve como una especie de mapa que ilustra de qué manera equilibrar nuestros deberes multilingües en la academia.
Traducción del inglés: María Capetillo Lozano










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