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Estudios de Asia y África

versión On-line ISSN 2448-654Xversión impresa ISSN 0185-0164

Estud. Asia Áfr. vol.60 no.1 Ciudad de México ene./abr. 2025  Epub 06-Mayo-2025

https://doi.org/10.24201/eaa.v60i1.e3074 

Reseñas

Elsa Cross. 2022. El Lejano Oriente en la poesía mexicana. Ciudad de México: Universidad Nacional Autónoma de México. 824 pp. ISBN 9786073070201

Rodolfo Mata Sandoval1 
http://orcid.org/0000-0002-9566-3098

1Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Filológicas (Ciudad de México, México) rmata2009@yahoo.com.mx

Cross, Elsa. 2022. El Lejano Oriente en la poesía mexicana. Ciudad de México: Universidad Nacional Autónoma de México, 824p. ISBN: 9786073070201.


Tal vez una de las primeras impresiones que suscita la antología El Lejano Oriente en la poesía mexicana es la riqueza y la amplitud que se refleja en su título. “¿Dónde empieza el Lejano Oriente?”, se pregunta Elsa Cross al inicio de su prefacio, pues las enciclopedias y los libros de geografía no se ponen de acuerdo acerca de sus fronteras y en el fondo se escuchan las resonancias románticas de esta persistente designación de poderes evocativos proteicos. “¿Dónde acaba la poesía mexicana?”, se vuelve a preguntar la compiladora en alusión a aquellos poetas que, nacidos en otras tierras o con distinta nacionalidad, han formado parte de la vida cultural de nuestro país. Éstas son las dos coordenadas que orientan (valga el eco de la palabra) el nutrido volumen de más de ochocientas páginas en que el pensamiento de la compiladora, su curiosidad y su amor por la poesía fueron concentrando -desde 2001, cuando concibió el proyecto, hasta 2016, cuando estuvo listo para impresión- un vasto panorama de distintas regiones y culturas vistas a través de perspectivas que convergen en México, afinadas por diversas sensibilidades poéticas. Elsa Cross da una semblanza plástica y ágil de esta colección:

Los poemas aquí reunidos visitan desiertos, selvas y montañas, ruinas y jardines, templos y burdeles; se hunden en la introspección o se desbocan en la extroversión. Obedecen a diferentes ideas de la poesía y poseen incontables estilos, así como muy distintos grados de refinamiento y de logro poético. Hay sonetos lo mismo que poemas visuales, recreaciones épicas y plegarias, palíndromos y recetas de coctelería; hay tonos solemnes, sarcasmo corrosivo, lirismo puro, reflexión filosófica y crítica social y política. Hay poetas que escriben en prosa y narradores que escriben poesía. Aquí han tenido cabida lo mismo las instantáneas de viaje que poemas surgidos de largas residencias en otros lugares; algunos brotan del sueño o la fantasía y otros del impacto que han dejado en el poeta obras plásticas y literarias, teatrales, musicales y cinematográficas de aquellos lugares del mundo; y hay también poemas surgidos de la meditación o la visión interior (10).

Algunas otras precisiones son indispensables. Como subraya la compiladora, no se trata de una investigación minuciosa, pues a pesar de su extensión, que pareciera forzosamente estar signada por las exigencias académicas del “agotar el tema”, del consultar y citar “lo más actualizado”, del rigor en la organización con perspectiva de crítica literaria, el tiempo no lo permitió. Confiesa que le hubiera gustado realizar un trabajo así, pero que no sólo el tiempo fue insuficiente, sino que la vida no le hubiera alcanzado. En descargo suyo, agrega que su formación académica no es en letras sino en filosofía y que no está familiarizada con los enfoques en boga en el área.

Podría criticarse esta obra en tanto no emplea una perspectiva metodológica concreta. ¿Habrá oído Elsa Cross hablar de los “estudios transpacíficos”? Mientras redondeaba la idea de El Lejano Oriente en la poesía mexicana, seguramente escuchó, en los eventos académicos a los que haya asistido, alguna mención de este campo de estudios que surgió en la década de 1980 en el ámbito económico (la llamada “cuenca del Pacífico”), y de ahí confluyó con los discursos en torno al concepto de “orientalismo” desarrollado por Edward Said, y los enriqueció. Si se ensaya una definición, se diría que se trata de un campo interdisciplinario que busca comprender las complejas relaciones políticas, económicas, sociales y culturales entre Asia y América en el Pacífico, con una consideración crítica del colonialismo imperialista que incluye interpretaciones del otro y sus estructuras de poder. Sólo menciono el caso como ejemplo de la complejidad de estos abordajes. ¿Le habrían sido útiles?

Sin duda, si nos aproximáramos así a esta antología, encontraríamos hilos sueltos y, con lupa, propondríamos nuevos puntos de vista, reacomodos, inclusiones y exclusiones, o una selección distinta de autores. Esa perspectiva, sin embargo, no sería la mejor para sacar provecho del enorme trabajo que hay en ella. ¿Hubo capricho personal en su preparación? No, tampoco es el caso. Si la compiladora nos advierte que el volumen no sigue una elaboración sesuda, sistemática y -repito su adjetivación- minuciosa, también aclara que no obedece a sus preferencias personales. Es más, en realidad no es una antología sino una compilación. Si he insistido en llamarla antología ha sido porque, inconscientemente, me negué a aceptar que una selección de poemas recibiera el nombre de compilación. Es una designación poco común, al tratarse de poesía. Tal vez la acción compiladora de reunión llevada a cabo por Elsa Cross se da en la categoría de “autor”, y la acción antológica de selección sucede en la categoría “poema”. Es decir, el gusto de la compiladora se trasluce en la selección de los poemas de cada autor y no en inclusión o exclusión de los autores. Bueno, ésa ya es una hipótesis y he entrado en sutilezas, mejor vuelvo al terreno de la poesía y al volumen.

Elsa Cross define su trabajo así: “es una compilación más que una antología ceñida; alguien podrá realizar después un volumen más crítico y selectivo”. Entonces queda claro que su enorme labor compiladora será la base inseminadora de muchos trabajos y reflexiones posteriores, éstos sí minuciosos y detallados, pero que no podrían existir sin los cimientos que ella generosamente entrega y para cuya elaboración recibió numerosos apoyos. Por eso la cantidad de agradecimientos en el prefacio es copiosa. Elsa Cross reconoce a muchos de los autores incluidos no sólo haber permitido la publicación de sus poemas, sino también haber compartido con ella conocimientos sobre el tema, pistas diversas, lecturas y recomendaciones variadas. No menciono a ninguno porque tendría que elegir y no me parece justo. Dejo al lector con la curiosidad de conocer esa larga lista directamente de las palabras de la compiladora. Antes de continuar, quiero subrayar que coincido con ella en privilegiar la lectura sobre el discurso crítico y los pormenores clasificatorios. Cito su intención expresada en pocas líneas: “dejar una constancia de esa sorpresiva mirada con que los poetas nos acercan a algunos de los sitios más alejados de nosotros en este planeta” (10).

Ante las posibilidades de organización del volumen, Elsa Cross eligió la disposición cronológica y generacional, pues la temática, regional o relativa a características de orden literario haría que se perdiese la perspectiva evolutiva del tema. Eso impediría, por ejemplo, percibir los efectos de la guerra de Vietnam, el surgimiento y el impacto generacional de la cultura hippie y, más recientemente, la multiplicación de aproximaciones irónicas -como sucede con los irreverentes cocteles orientales de Dulce Chiang o las sacrílegas vacas sagradas de José Eugenio Sánchez- que podrían relacionarse con el paso del misterioso exotismo de Oriente al aplanamiento de la posmodernidad y la globalización, ante el cual la compiladora muestra su justificada preocupación: “Ante las extensas y repetidas evocaciones, e incluso recreaciones, que hacen los poetas de esos mundos tradicionales del Oriente, cabe preguntarse si éstos van a desaparecer por la globalización devorante o si, por el contrario, ante ese desafío se aferrarán a sus propias raíces (o lo que quede de ellas) y se preservarán como islas de excepción” (55).

En la organización elegida por Elsa Cross destaca un glosario de términos orientales. Se podría pensar que es prescindible dados los recursos de internet disponibles para el lector, pero es una apreciación errónea. El glosario dialoga con el vocabulario de los poemas, y si Cross buscó no complicar su grafía con acentos de otros idiomas y respetar las decisiones generalmente simplificadoras de los autores, decidió asentar esos detalles en el glosario con la ayuda de especialistas consumados en transliteración del chino, japonés, sánscrito e hindi. Queda la mención de estos generosos amigos en el prefacio, donde la compiladora celebra el lujo de contar con esta bella y erudita peculiaridad.

Un par de detalles más. Cuenta Elsa Cross que en su investigación se topó con tal cantidad de haikús que decidió agruparlos en la sección “Poemas sintéticos, tankas y haikús”. Desde luego, la designación “poemas sintéticos” proviene de Tablada, que así resolvió el enfrentamiento entre orientalismo y vanguardia en el título de su primer libro de haikús: Un día…, con los suspensivos decimonónicos a manera de puente con Poemas sintéticos, aclaración que apuntaba al futurismo y a toda la prole de las vanguardias. Hoy nadie escribe “poemas sintéticos”, pero sí haikús y tankas porque son géneros de la lírica japonesa aclimatados a nuestro país y al mundo entero. La sección cuenta con alrededor de 150 páginas, precedidas de un breve prólogo titulado “El haikú”. El tema del haikú en México ha sido motivo de diversos abordajes, y su colindancia con lo que Samuel Gordon llamó “estéticas de la brevedad” (en su libro Poesía mexicana reciente. Aproximaciones críticas, de 2005) puede ser problemática. Entre las características originales del género, su adaptación al español y las concesiones realizadas en este paso, se han suscitado múltiples controversias. Sin duda la contribución de Elsa Cross al tema, tanto por su selección como por su prólogo, es valiosa. El segundo detalle es que la compilación incluye algunas traducciones que la autora juzga excepcionales. Menciono dos que llaman la atención: fragmentos de las Inscripciones de la Montaña Amarilla, traducidos por Arturo González de Cosío, y una selección de Canciones de Vidyapati llevada a cabo por Gabriel Zaid.

Acerca de la introducción, de alrededor de 50 páginas, a pesar de la modestia con que la investigadora la describe, como un mero contexto para los poemas, quiero destacar que se trata de un recorrido cronológico que tiene las virtudes de la amenidad y la ilación fluidas, las cuales entregarán a cada lector alguna sorpresa. Sin duda Octavio Paz, a quien el volumen está dedicado como homenaje, ocupa con justeza un lugar preponderante en este panorama. A Tablada y a Rebolledo también les dedica un buen número de páginas. Hay un apartado interesante sobre las “tradiciones espirituales” y su presencia en México, en el que desfilan, entre otros temas, la teosofía, los intereses de Vasconcelos por el pensamiento oriental, la editorial argentina Kier, la cultura hippie, la expansión de la conciencia, el I-Ching y hasta María Sabina. Otros apartados tratan de las generaciones posteriores a Paz, organizados a partir de figuras y revistas, como Sergio Mondragón y El Corno Emplumado, José Vicente Anaya y Alforja, y El Zaguán, donde destaca la participación de Alberto Blanco y Luis Roberto Vera. Otras secciones están dedicadas a la experiencia de los viajes -incidentales o de largo aliento- a Japón, China e India, en los cuales Elsa Cross va acomodando a varios de los poetas participantes.

Para terminar, diré que El Lejano Oriente en la poesía mexicana puede parecer un abrumador volumen que amenaza con aplastarnos con sus más de 800 páginas, pero en realidad es una gran “caja de sorpresas” -designación que Paz utilizó para referirse a la obra de Tablada- y una invitación a realizar múltiples viajes. Al final de su introducción, Elsa Cross levanta la siguiente pregunta y la deja por momentos en vilo: “¿Hay una invención mexicana del Lejano Oriente?”. Su impresión es que el conjunto de nexos e interrelaciones con el Oriente presente en el libro es de una naturaleza más bien aleatoria. Sin embargo, desde el punto de vista de la poesía -continúa-, esta serie de intuiciones y vislumbres es lo único indispensable para que el poeta plasme la impronta de su palabra. La pregunta sigue en pie para los lectores de El Lejano Oriente en la poesía mexicana.

Recibido: 07 de Febrero de 2024; Aprobado: 28 de Mayo de 2024; Publicado: 16 de Diciembre de 2024

Rodolfo Mata Sandoval es investigador en el Instituto de Investigaciones Filológicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Es autor de una antología, cuatro ediciones facsimilares y varios ensayos sobre José Juan Tablada. Fundó en 2003 el sitio José Juan Tablada: vida, letra e imagen (Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM). Sobre literatura, ciencia y medios digitales, publicó Las vanguardias literarias latinoamericanas y la ciencia (UNAM, 2003), el ensayo “Divulgación de la ciencia: traducción, surrealismo y (auto)biografía” (en Narrar la ciencia, coordinado por Aquiles Negrete Yanquelevich, UNAM, 2014) y, en coautoría con Leonardo Flores y Claudia Kozak, la Antología Lit(e)Lat Volumen 1 (Red de Literatura Electrónica Latinoamericana, 2020; antologia.litelat.net). Es coautor (con Regina Aída Crespo) de Ensayistas brasileños: literatura, cultura y sociedad (UNAM, 2005) y de Alguna poesía brasileña. Antología (1963-2007) (UNAM, 2014). Ha publicado siete libros de poesía. Es autor del blog Qué decir y coautor, con Diego Bonilla, del sitio Bio Electric Dot, donde se ubica el poema electrónico “Big Data” (2019), nominado al Robert Coover Award 2021.

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