En este libro, Karina Busto Ibarra presenta una versión madurada de su brillante tesis doctoral, presentada en El Colegio de México y dirigida por Marcello Carmagnani. Se trata de un trabajo original por su temática y marco temporal, y especialmente por el enfoque teórico que propone: estudiar los puertos del Pacífico mexicano como parte de un sistema, nodos de la integración marítima y terrestre de México, no sólo con el Pacífico global, sino con las regiones interiores del país, en un periodo de profundas transformaciones políticas, tecnológicas y económicas. Según sus propias palabras, el objetivo de su investigación fue “explicar el desarrollo de México en la segunda mitad del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX desde sus puertos” (p. 19). Tras leer el trabajo, podemos afirmar que la autora lo consigue, y en el camino ofrece una acabada propuesta teórica aplicable a otras regiones y latitudes.
A fin de demostrar su hipótesis, que consiste en la existencia del eje geohistórico San Francisco-Panamá, y la formación de un sistema portuario definido por este eje que contribuyó a una interrelación de regiones marítimas en la costa occidental de México (p. 24), la autora divide su libro en tres partes. La primera, titulada “La apertura del Pacífico”, se concentra en los cambios estructurales que afectaron a la costa occidental de México durante la segunda mitad del siglo XIX. Aquí estudia tanto la innovación tecnológica en materia de comunicaciones y transporte -haciendo un análisis diacrónico que aborda desde las diligencias hasta los cables submarinos, incluyendo el telégrafo, los ferrocarriles y la navegación a vapor- como la intensificación de los contactos entre el Atlántico y el Pacífico en el hemisferio norte a partir de la desintegración del dominio español. Para ello analiza las rutas terrestres, las interoceánicas, y especialmente el desarrollo de la infraestructura en Panamá: de la construcción del ferrocarril a partir de la fiebre del oro de California a la proyección, ejecución y funcionamiento del canal.
La segunda parte, que a nuestro criterio es el eje de su propuesta teórica, presenta lo que la autora ha definido como “El nuevo sistema portuario del Pacífico”. Aquí se sintetiza el marco conceptual que utiliza como herramienta para comprender y explicar el sistema de jerarquías y relaciones entre los puertos mexicanos occidentales y su articulación, tanto con puertos del exterior como con las economías nacional y regional: historia de los puertos desde una perspectiva global. Busto Ibarra se detiene especialmente en el surgimiento de San Francisco, de la mano de la fiebre del oro de California, y el impacto que este centro generó en las redes de intercambio. Pero también observa con detalle a Mazatlán, el nodo articulador que surge y florece en el siglo XIX, y Acapulco, que había tenido su tiempo de gloria gracias al sistema del Galeón de Manila y que volvería a despuntar a partir de la finalización de la carretera que lo conectó con la ciudad del México entrado el siglo XX. Contrario a lo que comúnmente se cree, el libro demuestra que este puerto fue estratégico en la navegación internacional a lo largo del siglo XIX, fundamentalmente debido a su rol en el reabastecimiento de carbón en las rutas de navegación a vapor.
La tercera parte, titulada “Dinámicas comerciales y navegación”, consiste en la aplicación de su propuesta teórica a los casos y la explicación del sistema a partir de fuentes empíricas originales. Para ello, primero ordena los capítulos en función de puertos agrupados por jerarquías: los primarios y estratégicos: Mazatlán, Acapulco y Salina Cruz, y los secundarios y de escala, entre los que están Guaymas, La Paz, Manzanillo, San Blas, Santa Rosalía, Bahía Magdalena, Ensenada, Altata, Topolobampo, Puerto Ángel, Tonalá y San Benito. Finalmente dedica el último capítulo al análisis de las mercancías intercambiadas y el sistema de fletes, ofreciendo datos en torno a los costos y mecanismos de transporte y su desarrollo a lo largo del periodo estudiado.
Con todo, se echa de menos la incorporación del Pacífico sudamericano en el análisis. Si bien se menciona someramente, la ruta del Cabo de Hornos fue un elemento articulador de los puertos del Pacífico americano con el mundo del Atlántico, especialmente antes del desarrollo de infraestructura en Panamá, como ha señalado Mariano Bonialian.1 La desarticulación de esta ruta, así como las continuidades del comercio con el Perú, Chile o Ecuador, podrían haberse considerado en el esquema explicativo. Asimismo, en futuras investigaciones se podrían establecer comparaciones con el desarrollo de los puertos del Atlántico mexicano para dimensionar el impacto concreto del mercado occidental en el comercio nacional. Pero tal como se presenta, el estudio ofrece aproximaciones concretas y creativas al problema de cómo afectó la globalización a las regiones no centrales del mundo.
Tal vez otro punto bajo del libro sea la falta de series anuales de importación y exportación de cada uno de los puertos estudiados, que podría haber sido realizada a partir de los registros de aduanas locales. Pero a pesar de que el análisis cuantitativo podría enriquecer la propuesta, la base empírica parece suficiente para probar sus hipótesis. De hecho, Karina Busto Ibarra recurre a una gran variedad de fuentes para construir su propuesta. Se apoya en registros consulares, periódicos, guías, informes oficiales y documentos originales de Archivos de México y Estados Unidos, los que complementa con una actualizada bibliografía especializada.
La autora, al utilizar un enfoque novedoso para estudiar a México en este periodo, logra demostrar que el territorio estaba más integrado a nivel nacional de lo que generalmente se ha pensado, y explica las lógi cas internas que hicieron que algunos puertos crecieran y se de sarro lla ran más que otros: afirma que la clave estuvo en el control político y económico de cada lugar. El único que realmente fue favorecido por estas circunstancias fue Mazatlán, ya que el grupo de poder logró mantener su hegemonía regional durante el tiempo del estudio, lo que brindó continuidad a políticas públicas y estabilidad en la defensa de sus intereses (p. 398). Pero su principal aporte es, a nuestro juicio, ofrecer una explicación que atiende a los puertos como parte de un sistema y no como puntos desconectados entre sí. Ello requiere un gran trabajo de erudición, síntesis y reflexión teórica, alcanzado de manera exitosa.
Por otro lado, el juego de escalas, desde la historia global del Pacífico a la geografía económica regional, de las políticas públicas a la acción individual de comerciantes o cónsules, del sistema portuario San Francisco-Panamá a las relaciones de Manzanillo con Colima por medio del ferrocarril, se presenta inteligible gracias al orden expositivo pero también al apoyo en 20 mapas, 32 cuadros, 15 figuras y 42 gráficas, que acercan al lector a un mundo complejo pero estructurado, dinámico pero lógico. En ellos, se ilustran circuitos mercantiles marítimos y terrestres, listas de comerciantes y cónsules extranjeros, planos urbanos de los centros estudiados e información estadística de la actividad económica y crecimiento demográfico. La autora estudia el comercio, pero también el desarrollo del sistema bancario, el papel del Estado como impulsor del desarrollo a partir de la cooperación con empresas privadas mediante la gestión de subsidios, y de los comerciantes extranjeros que buscaron fortalecer sus negocios a partir de la participación en la vida política local.
Es por todo lo anterior que podemos afirmar que la obra que reseñamos no sólo es un gran aporte a la historia de México de la segunda mitad del siglo XIX y las primeras décadas del XX, sino que también ha de ser material de referencia en los estudios de cualquiera de las localidades incluidas en el trabajo. Pero, sobre todo, es un aporte fundamental a los estudios sobre el Pacífico global, que en general han relegado a la América Latina republicana de su análisis. Tanto la propuesta teórica como la metodología son aplicables a otras latitudes, y en tiempos de hiperespecialización disciplinar, la vuelta a los esfuerzos de síntesis y explicación de procesos amplios, tanto a nivel temporal como geográfico, no son sólo bienvenidos, sino que también necesarios.










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