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Historia mexicana

versión On-line ISSN 2448-6531versión impresa ISSN 0185-0172

Hist. mex. vol.74 no.3 Ciudad de México ene./mar. 2025  Epub 27-Ene-2025

https://doi.org/10.24201/hm.v74i3.4660 

Reseñas

Sobre Gonzalo Andrés García Fernández, ¿Qué historia enseñar y para qué? Historia, educación y formación ciudadana. Dos estudios de caso: Chile y España (2016-2017)

José Fernando Ayala López1 

1Colegio de Estudios Científicos y Tecnológicos del Estado de Michoacán

García Fernández, Gonzalo Andrés. ¿Qué historia enseñar y para qué? Historia, educación y formación ciudadana. Dos estudios de caso: Chile y España (2016-2017). Madrid: Marcial Pons, 2022. 307p. ISBN: 978-841-381-397-4.


Desde que los sistemas públicos de enseñanza se hicieron masivos y universales, la historia enseñada ha estado irremediablemente ligada a lo que los Estados quieren decir de sí mismos, de sus historias, surgimiento y bases de conformación. Las famosas historias nacionales y su enseñanza en los sistemas escolares tuvieron, entre otras funciones, la de construir ciudadanos.

Esta función, natural a la consolidación de los Estados-nación durante el siglo XIX, fue modificándose conforme el mundo también se fue transformando a lo largo del siguiente siglo -tal y como lo comenzaron a esbozar Bourdieu y Passeron en los años setenta-, pero en donde la idea de construir ciudadanía o ciudadanos pasó a segundo plano como principal función de los sistemas educativos.

En este orden de ideas, Gonzalo Andrés García Fernández se pregunta precisamente por el papel actual de la historia enseñada en dos sistemas educativos: chileno y español. Partiendo del conocimiento profundo y exhaustivo de las diferencias y similitudes entre sistemas (nivel, currículo, práctica pedagógica), nuestro autor nos presenta un trabajo que además armoniza analíticamente tres dimensiones del problema: contenidos, profesores y alumnos, sin obviar las características económicas, políticas y socioculturales de ambos países.

Se nos presenta en el libro un estudio novedoso desde varios puntos de vista y en distintos niveles a propósito de un fenómeno relativamente nuevo en cuanto a objeto de estudio de la historiografía, como lo es la enseñanza de la historia, pues desde nuestro punto de vista transciende el tradicional interés por definir, aclarar o establecer cuál es la relevancia social de la Historia (con mayúscula), hacia el análisis de cómo las prácticas y las didácticas de la enseñanza de ésta repercuten de manera indeleble en las percepciones sociales, políticas y culturales de los estudiantes.

Otro aspecto novedoso de la obra radica en el método con el que el autor identifica un problema, hipotetiza sobre él, cómo éste es problematizado y, particularmente, cómo construye sus fuentes de información. Como historiador que es, el doctor García Fernández conoce la historia de España y Chile, pero su interés de investigación lo obligó a conocer además los planes de estudio de esta materia en dos realidades nacionales diferentes, con lo cual, al intentar saber qué papel tiene la enseñanza de la historia en la construcción de ciudadanía, se hizo necesario plantear un estudio comparativo, en donde el principal insumo para la investigación fue un exhaustivo trabajo de campo etnográfico.

Como nos lo explica el autor en los tres primeros capítulos, la universalización de la educación pública en Europa y América es un elemento clave para entender la consolidación de los Estados nacionales en el siglo XIX; las comunidades imaginadas de las que nos habla Anderson (1983) son construidas a través de narrativas históricas mítico-fundacionales en donde el sistema educativo se encarga de darles a los nuevos ciudadanos asideros para diferenciarse respecto del “otro”, y para identificarse con un Estado y tener una patria. Desde entonces y hasta nuestras contemporáneas sociedades de la información, podríamos preguntarnos, ¿ha cambiado el uso del relato histórico en las escuelas de educación básica y media superior?, ¿qué tanto los planes y programas educativos influyen en qué historia se enseña y para qué?, ¿cuál es el papel de las y los profesores de historia en la formación ciudadana? Todas ellas, cuestiones de fondo que el autor usará como hoja de ruta y a las cuales dará respuesta, con un fino sentido crítico, pero también siendo precavido con las odiosas generalizaciones.

Encontraremos en la obra el análisis de dos formas, de dos sistemas de enseñanza-aprendizaje, aparentemente diferenciados y contrapunteados, uno más rígido e institucional, el español, y otro más flexible, el chileno. La distinción o diferenciación a nivel presupuestal, organizacional e incluso en la infraestructura educativa, sin embargo, no evitará la apreciación sutil, fina, estructurada y fundamentada del autor respecto de sus similitudes en cuanto a la Historia enseñada, es decir, respecto de la historia que efectivamente se enseña en ambos espacios.

Lo que esta obra en términos macro nos propone y pone en cuestión, desde nuestro punto de vista, es el grado en el que en el mundo occidental, al menos en la curricula de la educación básica y media-superior, sigue predominando la explicación del hecho histórico de matriz positivista decimonónica, más allá de que en general la ciencia histórica se haya desprendido desde hace ya varias décadas de esa especie de camisa de fuerza metodológico-conceptual.

El libro es de una redacción amena, clara y fluida, la cual ayuda para su comprensión porque el tema es denso, sobre todo en los momentos en que el autor describe, analiza y explica los resultados arrojados por la etnografía realizada en el trabajo de campo. Su estructura, sin embargo, nos sigue recordando una suerte de rigidez académica, la cual también es perfectamente entendible si tenemos en cuenta que lo que en éste se presentan, son los hallazgos obtenidos en una tesis doctoral.

Luego del prólogo, el libro se estructura en nueve capítulos, los tres primeros, como ya se hizo mención, nos introducen al tema principal y nos hablan del importante papel que la educación tuvo en la construcción nacional tanto en España como en Chile. El cuarto de estos capítulos nos habla de la Historia que efectivamente se enseña, haciendo también una caracterización de los sistemas educativos en los dos casos, aunque el estudio esté centrado en estudiantes de entre 16 y 18 años. El libro de texto como evidencia de los contenidos efectivamente transmitidos por el profesor, así como la figura específica del profesor y el currículo, serán los elementos claves explorados en esta parte del libro.

Los estudios de caso, la etnografía hecha en ellos y el estudio comparativo, es decir, el grueso de la investigación, están contenidos en los capítulos que van del quinto al séptimo. Es aquí donde nuestro autor nos expone los resultados de su labor como observador participante del fenómeno. A través de las notas recogidas en el manual de campo, García Fernández desgrana lentamente -a veces de forma repetitiva- las percepciones en torno de la política, lo político, la participación, el papel social del estudiante, y en particular su autoidentificación o no como agente activo integrante de su propia historia.

Ahora, se infiere en esta parte, al menos ésa es nuestra apreciación, una suerte de incomodidad que al autor le causa la pasividad de gran parte de los alumnos analizados y su falta de sentido crítico, su falta de una consciencia social, como si la carencia de ésta fuera resultado de cómo les enseñan historia sus profesores, de cómo les enseña historia su sistema educativo todo; la enseñanza de la historia de corte positivista influye en la ausencia o presencia del desarrollo de habilidades de análisis críticos en los estudiantes como queda claro en los casos presentados en el libro pero quizá habría sido necesario en esta parte también preguntarse por qué es indispensable que a los 18 años los estudiantes deban ser críticos, cuándo se adquiere el sentido crítico, cuándo es buen momento para esto y si es indispensable desarrollarlo en todas las personas.

En el capítulo octavo se discute sobre el tipo de ciudadanía que se busca en contextos y proyectos supranacionales, una suerte de apreciaciones críticas que nuestro autor construye suponiendo e inter pretan do, pero no construyendo castillos en el aire, puesto que la propia investigación lo ha dotado de elementos y herramientas conceptuales difícilmente obtenidas en las fuentes tradicionales de la historia, como el documento o el libro.

Finalmente, en el capítulo noveno de la obra se exponen las conclusiones generales, en donde dentro de un cuerpo expositivo amplio, en particular resaltaríamos cómo el doctor García Fernández encuentra que la enseñanza de la Historia es en la actualidad, quizá contraintuitivamente a lo que pudiéramos pensar, “una herramienta fundamental para limitar ciudadanos, para configurar una sociedad dependiente de ciertas conceptualidades, narrativas y lógicas.” (p. 227). Si bien hay que tomar con la precaución necesaria sus conclusiones y no extrapolar automáticamente sus resultados a realidades sociales diferentes, pues éste no deja de ser un estudio de caso, comparativo y que da cuenta de dinámicas globales, sí, pero que atiende una particularidad específica; este apotegma es algo que desde la práctica docente nos encontramos cotidianamente y la lectura de esta obra del doctor García Fernández nos ayuda a comprender en sus dinámicas más recónditas la importancia y la repercusión de la pregunta que da título al libro: ¿qué historia enseñar y para qué?

En relación con la edición, es preciso decir que no es del todo cuidada, pues presenta errores ortográficos y de dedo -que, aunque no sean graves ni especialmente numerosos, entorpecen la lectura en algunos momentos- esta se compone de 307 páginas, corre a cargo de Marcial Pons y forma parte de una colección que desde 2009 se edita junto con el Instituto Universitario de Investigación en Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Alcalá.

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