La obra que a continuación reseñamos reúne seis estudios particulares de carácter regional en torno a la construcción de la religión y religiosidad en la Nueva España. Como es común en los libros colectivos, una de sus riquezas se encuentra en la diversidad de objetivos de estudio y de metodologías de análisis, pues en este caso encontramos planteamientos muy clásicos, así como algunos realmente originales.
Con el uso de muy variadas fuentes, como tratados, crónicas, imágenes, arquitectura y pintura, pero con un eje temático que consiste en la construcción de la religión y la religiosidad a lo largo del periodo virreinal, el trabajo es una contribución al conocimiento del proceso histórico que ocurrió durante la implementación y el desarrollo del cristianismo en el Nuevo Mundo, aludiendo a los elementos que conformaron esas prácticas creadas como producto de este proceso y que perviven hasta nuestros días. Es importante hacer notar que estos estudios cubren vacíos historiográficos asociados a la actividad misionera, pero logran propuestas innovadoras frente a la historiografía tradicional.
De los seis capítulos, el que podemos considerar como más original es el de Antonio Ruiz Ceballos sobre el compelle intrare en Michoacán, donde se deja ver la influencia en el pensamiento de Vasco de Quiroga del grupo de clérigos que lo acompañaron, entre los que se encontraba Cristóbal Cabrera, quien en su tratado De solicitanda infidelium conversione usó por primera vez la frase compelle intrare, “obligar a entrar”.
Por su parte, el capítulo escrito por Shamed Yair Maciel Valle, dedicado a las juntas eclesiásticas que se realizaron en la primera mitad del siglo XVI y que trataron temas relacionados con las prácticas sacramentales, nos deja claro que tanto el clero regular como el secular intervinieron en la organización del adoctrinamiento para reglamentar la administración masiva de los sacramentos, particularmente los del bautismo, matrimonio y confirmación, así como las dificultades que implicaban por el gran número de población existente y, sobre todo, por no contar con los instrumentos litúrgicos necesarios para poder llevarlos a cabo. En este capítulo también se ve la importancia del uso de recursos didácticos como las imágenes, la música, los dibujos, las representaciones teatrales, las hagiografías y la narración de los milagros, la crucifixión y muerte de Jesús, los que más se usaron para atraer a los indígenas, propiciando con ello la práctica de rituales que continúan en uso hoy en día.
El capítulo de María de Lourdes López Camacho es un estudio de caso y, usando un método comparativo, nos muestra cómo los franciscanos establecieron una capilla dedicada al Santo Entierro en el Sacromonte de la ciudad española de Granada, modelo que fue reflejado en algunos territorios recién conquistados por los primeros frailes, como sucedió con el llamado Sacromonte de Amecameca, en la cima de un cerro localizado en el actual municipio de Amecameca de Juárez en el Estado de México. De esta manera se fue fomentando desde los inicios del siglo XVI el culto al Cristo Negro cuya veneración continúa particularmente el Miércoles de Ceniza. Con este trabajo, la autora deja ver que en un principio la imposición de la fe cristiana exigió la extinción de la religión profesada en aquel entonces, implicando la destrucción de adoratorios prehispánicos y la construcción de capillas en lugares estratégicos para enseñar la nueva doctrina y atraer a la población cercana.
Por otro lado, María de Guadalupe Suárez Castro, en un texto de arquitectura religiosa virreinal, reconstruye el devenir histórico de la comunidad tributaria de Teacalco, desde el periodo prehispánico hasta después de la conquista, describiendo el templo de la comunidad como el más antiguo y único en su género al disponer de un doble atrio conocido como el corredor del Santísimo Sacramento, comunicando por medio de un pasillo procesional a cada una de las capillas posas. Con una característica arquitectónica, la autora nos deja ver que el conjunto religioso con advocación a San Pablo a pesar de no haber sido una cabecera religiosa, cuenta con capillas con características de los conventos del siglo XVI, construidas para responder a la necesidad de implementar el culto a una imagen.
En el siguiente capítulo Bertha Pascasio Guillén, al hablar de la Virgen de Izamal, nos muestra la importancia de la imagen en una región de la península de Yucatán. A principios de la conquista en algunos lugares se dio la doble existencia del culto prehispánico y el colonial. Con este estudio, podemos ver más allá del origen y devenir histórico de la advocación mariana más importante de esta región, pues este ícono dio cohesión a las diferentes poblaciones yucatecas durante ciertos hechos históricos como las epidemias y la Guerra de Castas, ayudando a sus fieles a sobrellevar los cambios, rupturas y reestructuraciones sociales que se presentaban, mostrándonos cómo la religiosidad popular llegó a tener gran impacto entre la población virreinal, combinando aspectos prehispánicos y coloniales.
Finalmente, el trabajo de Teresa Eleazar Serrano Espinosa nos muestra la importancia de la ceremonia de profesión en la Orden del Carmen Descalzo durante el virreinato, describiendo el proceso por el cual debía pasar todo novicio para profesar los votos religiosos. En este texto, de manera particular la autora describe los casos de dos carmelitas descalzos, fray Francisco de Santa Ana y fray Mariano de la Santísima Trinidad, mostrando el proceso y destacando que ambos frailes eran hijos de un prominente comerciante que formó parte del Tribunal del Consulado del Comercio de México, que utilizó sus lazos de parentesco y sus relaciones sociales para influir social, económica y políticamente en todos los sectores de la población novohispana reafirmando con ello su estatus. Dentro de la historiografía relacionada con la Orden del Carmen, esta investigación es pionera al referir los diferentes lazos sociales que llegó a tener la orden.
Como puede verse en el libro, las prácticas de religión y religiosidad durante el periodo virreinal propiciaron cambios culturales que, con particularidades a nivel regional, prevalecen hasta nuestros días, y son ejemplificadas con la celebración de rituales católicos y prehispánicos. Estas contribuciones son interesantes tanto por las aportaciones específicas de algunos de sus capítulos como por ilustrar de manera más general un conjunto de tendencias recientes en la historiografía sobre las practicas religiosas en la Nueva España. Ojalá la historiografía mexicana se siga enriqueciendo con nuevos estudios monográficos, el uso de otras fuentes, así como con reflexiones generales y esfuerzos comparativos sistemáticos.










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