“Hay que hacer un gesto para que se entienda que el rey está desnudo, dar señales de que algo está mal”.1 Con esas palabras Dora Barrancos anunció su renuncia, en 2019, al directorio del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) de Argentina. Entre sus razones estuvieron el recorte presupuestario a la institución y la demora en la incorporación de nuevos miembros elegidos para esa instancia. Su denuncia de la desnudez del rey, como metáfora de la verdad evidente y negada, no fue coyuntural. Donde hay un poder desigual que recorta derechos, un orden de las cosas que reproduce la desigualdad, ha estado la voz de Barrancos, por décadas. Es eso lo que verifica Devenir feminista. Una trayectoria político-intelectual, la antología esencial publicada por el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso) también en 2019.
Dora Barrancos es un nombre prominente en el campo que ensambla la historia y lo que hoy conocemos como estudios de género en América Latina. Ocupa ese lugar por el abanico amplio de temas que ha tratado, por la hondura con la que lo ha hecho, y por el tejido denso de análisis sobre historia y presente que se derrama de su obra. Y es que Barrancos se compromete con la indagación máxima hasta para escribir, como ella misma ha expresado, las historias mínimas.
Quienes lean la antología editada por Clacso encontrarán conceptos, marcos de análisis, referencias, problemas prolijamente formulados, para tratar una variedad amplísima de temas. Entre ellos: las sujeciones y la moralidad sexual en el mundo del trabajo y de los sectores populares; los dilemas éticos históricos en torno a la maternidad; el desarrollo del movimiento obrero; análisis sobre el socialismo y el anarquismo, con una indagación filosa de la cuestión de género y la sexualidad en esas coordenadas; el desfase entre los derechos civiles y los derechos políticos para las mujeres en el proceso de ciudadanización latinoamericana; el matrimonio como institución disciplinadora de los cuerpos y los límites del proceso de modernización en clave de género; el encierro doméstico, literal o simbólico; el divorcio; la irrupción de las mujeres en el campo universitario, en clave histórica, y las transformaciones institucionales y políticas que ello ha implicado en nuestra hora; las condiciones de posibilidad de las sexualidades disidentes; el goce sexual; la reproducción tecnomediada y la maternidad subrogada; el papel de la medicina y la psiquiatría en la patologización de la homosexualidad, y muchos más.
Las exploraciones de Barrancos son metodológicamente muy cuidadas y, a la vez, verifican el vínculo fundamental entre conocimiento y política, entre academia y poder, entre ciencia, humanidades y orden de las desigualdades. Además, resitúa sistemáticamente en los primeros planos el lugar de las agencias, las resistencias, las luchas desplegadas anteayer, ayer y hoy, frente a la ausencia o escasez de libertad. Y libertad, en la obra de Barrancos, significa algo específico: ausencia de dominación.
Por lo anterior, no es sólo temático el interés de esta antología de textos escritos a lo largo de treinta años (entre 1987 y 2018). Hay algo más. El conjunto de la obra cristaliza, y permite analizar, cómo se construye y despliega una intelectual pública. Eso ha sido, y es, Dora Barrancos. Una intelectual en el sentido más denso y político del término; una que se mueve como pez en el agua en la academia y las calles porque sabe que la formulación y conquista de los derechos están en ambos lados.
También por eso, su obra y su biografía están trabadas. La cronología personal de Barrancos no puede entenderse sin su trabajo intelectual y académico, ni viceversa. Devenir feminista no esconde ese hecho, más bien lo exhibe: sus análisis sobre derechos civiles de las mujeres se juntan con su obligado exilio sin sus hijas; sus reflexiones sobre la ciencia y la universidad con sus roles de directora, coordinadora de proyectos y de multiplicidad de espacios académicos, y así. Las décadas críticas en las cuales se elabora la obra que recoge la antología (y que incluyen nada menos que la dictadura argentina, la vuelta a la democracia, el neoliberalismo) no son el contexto de los textos sino sus motivos y sus resortes.
Los treinta artículos del libro muestran a la socióloga, la historiadora, la política, la militante. Por eso el registro de los artículos es tan distinto: autobiográficos, estrictamente históricos, manifiestos e intervenciones políticas, análisis sociológicos y otros más conceptuales. Y ese fluir disciplinar, institucional, político, se transforma enfáticamente en un devenir feminista. Pero enseguida hay que anotar algo más. “Feminismo” siempre es un plural y una trama. Por eso, el devenir feminista de Dora Barrancos ha dado a la luz un libro coral: otras ocho autoras conversan con ella en la página plana, después de haberlo hecho por décadas en la interacción social cara a cara, en la política contenciosa, en el magisterio de las aulas.
De hecho, otra de las virtudes del libro es que las voces que acompañan a la principal han sido sus discípulas, sus compañeras. Ellas no son lectoras exteriores de Barrancos sino sus cómplices. En la conversación, la antología se organiza en cinco partes que a veces se cruzan y otras se solapan. Primero, un registro biográfico de la pluma de la misma Barrancos y de Ana Laura Martín y Adriana Valobra. A ello le siguen cuatro partes adicionales: un conjunto de textos sobre los ensamblajes entre género y política que Barrancos va tejiendo en sus indagaciones de historia política; otra que examina y politiza la historia de los derechos civiles y el ámbito de la “vida privada”, incluidas las instituciones del matrimonio y el divorcio; una potente cuarta parte que combina textos históricos y sociológicos sobre moral sexual, derechos y sexualidades; y una última sección sobre debates relacionados con la producción de conocimiento como instancia de la política misma. Cada parte inicia con un estudio introductorio a cargo de Adriana Valobra, Verónica Giordano, Nadia Ledesma Prietto y Ana Laura Martín, respectivamente.
Los textos, integralmente, están nutridos de -y a la vez nutren- marcos de interpretación que provienen de distintas geografías intelectuales. Dora Barrancos se reapropia críticamente de ellos para dar su propia versión de la historia argentina y latinoamericana. Lo hizo en distintos registros, pero este volumen incluye uno en el que Barrancos fue pionera y hoy es referente: la historia de las mujeres y de las relaciones de géneros y sexualidades. Dora Barrancos ha hablado de su devenir feminista y eso mismo pasa con la antología: deviene feminista a medida que pasan las páginas. Eso implica pensar en el sujeto mujer, politizar las reconvenciones antibiologicistas de la perspectiva de género, e indagar en las condiciones de posibilidad de las mujeres como sujetos históricos. Barrancos no asume que el significado “mujeres” está dado. No le otorga un uso fijo. Antes bien, conserva, reinventa y afirma el filo crítico que tienen los análisis de género y los géneros como instancias de la política.
Pero a la Dora Barrancos de Devenir feminista le interesa tanto analizar la historia como preservar la memoria. Para ella, la preservación de la memoria es un derecho que tenemos las feministas. La antología registra ese esfuerzo, texto a texto, en un trenzado de procesos, actores, voces, que hacen de la Historia, también, memoria viva.
En su búsqueda de las estructuras y dinámicas patriarcales en la historia y el presente, Barrancos se ocupa de asuntos típicamente políticos al tiempo que avanza en la politización de la mayoría de las cuestiones. Sobre ese suelo intercede, con pulso firme, en problemas de nuestro tiempo.
El texto corto de su intervención en el debate por el aborto legal en el Congreso de la Nación Argentina, que aparece en la cuarta parte de la antología, es una síntesis potente de la voz de Dora Barrancos. Allí dice: “ustedes con ese voto legalizando y despenalizando el aborto, van a aumentar, extraordinariamente, la vida digna de ser vivida de las mujeres, y van a incrementar, esencialmente, con este nuevo derecho una vida mucho más justa, más equitativa, y más democrática” (p. 539). Y es que Barrancos busca interceder, tenazmente, en las condiciones de posibilidad de la justicia y en las instancias de coordinación política, dignificándolas. Devenir feminista es también el trazo fino de esa ruta. Por eso, casi setecientes páginas después de la primera letra, cierra: “No es tarea del Estado democrático decidir qué es bueno y qué no lo es en materia sexual, porque solamente un régimen autoritario puede albergar tal pretensión” (p. 690). Para buena parte de los feminismos contemporáneos esa idea continúa siendo una demanda y una guía.
Es usual que Dora Barrancos termine sus textos con una sección que llama coda, que viene siendo un epílogo. Pero, en la carpintería, coda es también un prisma de madera pequeño y triangular que se encola en el ángulo entrante formado por la unión de dos tablas. La coda está ahí para que el conjunto quede más seguro. Visto así, Devenir feminista podría ser, integralmente, una coda; esa pieza que une y asegura partes distintas para ensamblarlas poderosamente. Y en ese ensamblaje queda dicho, en alta voz, que el rey sigue desnudo.










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