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Historia mexicana

versión On-line ISSN 2448-6531versión impresa ISSN 0185-0172

Hist. mex. vol.74 no.1 Ciudad de México jul./sep. 2024  Epub 23-Ago-2024

https://doi.org/10.24201/hm.v74i1.4560 

Reseñas

Sobre Saúl Escobar Toledo, El camino obrero. Historia del sindicalismo mexicano, 1907-2017

Daniela Spenser1 

1Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social

Escobar Toledo, Saúl. El camino obrero. Historia del sindicalismo mexicano, 1907-2017. México: Fondo de Cultura Económica, 2021. 219p. ISBN: 978-607-167-020-5.


Cuando la historia de los obreros, del sindicalismo, de las luchas de los trabajadores ha casi desaparecido de las casas editoriales y de los encabezados de los periódicos, Escobar Toledo propone que volvamos nuestra vista a su trayectoria para entender el presente. Después de que este segmento de la población ha dejado de ser el factor productivo central en la era de la globalización, como tema de investigación y atención periodística fue reemplazado por temas como la violencia, la migración, la corrupción, el medio ambiente. No cabe la menor duda que necesitamos una síntesis de la historia obrera y de los múltiples caminos que ha recorrido para llegar al presente. El libro El camino obrero, en singular, pretende ser esa síntesis desde sus orígenes prerrevolucionarios hasta la reforma laboral en 2019.1

En la introducción al libro Escobar Toledo define el marco interpretativo que guía la recuperación de esa historia. Su punto de partida es la insurrección obrera en Rusia en 1917. La revolución bolchevique se proponía construir una sociedad y un Estado nuevos a nombre de la clase obrera. Y esa clase obrera, “oprimida o no, como clase gobernante o no” (p. 15), tuvo un papel fundamental en el proceso de la industrialización. La punta de llegada del proceso histórico delineado por el libro es el desmantelamiento del sindicalismo británico en los años ochenta, la caída del muro de Berlín en 1989 y la desaparición de la URSS en 1991. El autor pone énfasis en que el camino condujo a la derrota ideológica y la apropiación de la idea del cambio por la derecha neoliberal, “poniendo a la izquierda y al movimiento obrero en una crisis de identidad y de programa” (p. 20). Veamos cómo el autor interpreta la historia del movimiento obrero mexicano dado su marco conceptual general y económico de expansión creativa, madurez y cogobierno, y derrota y repliegue.

El libro fue publicado en 2021. La síntesis de la historia del movimiento obrero ameritaba una revisión historiográfica y conceptual. Sin embargo, lo que leemos es la recuperación de una historia tradicional que empieza con la constitución de la Casa del Obrero Mundial en 1912; nos reencontramos con los clásicos, como Barry Carr, Marjorie Ruth Clark y Anna Ribera Carbó, incluyendo al autor del libro. Escobar Toledo nos recuerda el nacimiento del Partido Comunista de México, de la Confederación General de Trabajadores y la Confederación Nacional Católica del Trabajo y el decaimiento de las dos últimas. El organizador de una alternativa sindical fue la Confederación Regional Obrera Mexicana (CROM), encabezada por su corrupto dirigente Luis N. Morones. La promesa comunista sindical con “un pensamiento obrero propio” no prosperó (p. 45) sin que los lectores se enteraran del porqué. No obstante, la tendencia comunista “se constituyó como una fuerza ideológica permanente” (p. 46).

Nos reencontramos con la discordia entre la CROM y Vicente Lombardo Toledano, su ideólogo. Hasta aquí, no hay polémica, no hay interpretaciones contradictorias o alternativas del camino obrero y de la gradual subordinación de los sindicatos al Estado. Igualmente importante es que no hay una actualización bibliográfica que hubiera permitido enriquecer la historia y su interpretación. Uno echa de menos, por ejemplo, el trabajo de Jeffrey Bortz Revolution within the Revolution (2008), una minuciosa investigación sobre la autonomía obrera entre los trabajadores textiles durante la Revolución. Picturing the Proletariat (2017), de John Lear, hubiera conducido la historia por el camino de la inspiración que el movimiento obrero produjo entre los artistas radicalizados por la revolución y por el comunismo. Inmortalizando a los trabajadores, los pintores contribuyeron a fortalecer la imagen de la revolución institucionalizada después de que el Estado desmantelara los brotes del sindicalismo autónomo. Y el género, en cualquier de sus modalidades, como experiencia y como categoría, está ausente de la reflexión.

En una tradición hagiográfica, el autor hace una valoración de Vicente Lombardo Toledano por Lombardo Toledano mismo, con un resultado predecible sobre la Confederación General de Obreros y Campesinos que él creó en 1933, como “uno de los capítulos más brillantes de la historia del movimiento obrero mexicano” (p. 56). Y de la misma manera, la historia de la Confederación de Trabajadores de México, obra de Lombardo Toledano junto con otros dirigentes y sindicatos sin reflexión alguna. Los intérpretes de esta historia son Lombardo Toledano y Arnaldo Córdova y desaparece un revelador proceso de negociación entre los dirigentes, las empresas y el presidente Cárdenas.

Los obreros crearon un movimiento poderoso y el presidente no podía desconocer su fuerza, que se había establecido de modo independiente del gobierno, asevera el autor. Pero el estudio de las biografías de los dirigentes dice otra cosa. El poderoso movimiento obrero se pudo constituir porque fue apoyado por un presidente que simpatizaba con el mismo. Y el Partido Comunista rectificó su línea política adversa al Estado para aliarse con el gobierno porque era la tónica de los tiempos. De paso se subordinó los sindicatos a Lombardo Toledano, aliado del Estado.

Si la CTM, fundada en 1936, decidió participar en las elecciones y luego entrar al partido del Estado, selló el pacto con el diablo antes de que se consolidaran los gobiernos del Partido Revolucionario Institucional. Lombardo Toledano se consideraba presidenciable y en la alianza con el gobierno veía la posibilidad de sacarle ventaja para sí mismo y para un movimiento obrero que en parte había doblegado. Cárdenas percibió las intenciones de Lombardo y las paró antes de que avanzaran. El libro de Adolfo Gilly, El cardenismo. Una utopía mexicana (1994), ilustra las cavilaciones del presidente y su apoyo calculado a Lombardo.

Y así llegamos a los años cuarenta y a la consolidación del corporativismo como el mecanismo de sujeción de los sindicatos al Estado con el timonel Fidel Velázquez. La historia, a diferencia de otros campos del conocimiento, tiene como método estudiar los procesos para que entendamos las trayectorias sociales, políticas, económicas, culturales en el tiempo y para que no aparezcan como salidas del vacío. Es por ello que tenemos que preguntarnos ¿de dónde salió Velázquez? ¿Por qué expulsó a Lombardo de la CTM? ¿Cuál fue la relación entre ese acontecimiento, el corporativismo y la dominación de don Fidel en la CTM hasta su muerte? La historia es relacional y hay que buscar la explicación de los hechos en las articulaciones entre los fenómenos.

La insurgencia obrera de los años cincuenta deviene del intento de la sofocación de la energía obrera provocada por el corporativismo, exitoso gracias a varios factores, entre ellos el “milagro mexicano” y la distribución de sus beneficios por el Estado también entre los trabajadores. Las tendencias democráticas surgían una y otra vez. El libro de Robert Alegre, Railway Radicals in Cold War Mexico (2013) es uno de esos trabajos de investigación que ilustra la materia social de la cual brotó la energía de la oposición.

Muchas meticulosas investigaciones se han llevado a cabo desde los años setenta y ochenta de las que los lectores de El camino obrero no se enterarán. Valentín Campa y Vicente Lombardo Toledano seguirán siendo los epígonos de esas luchas que hubieran podido triunfar, pero no triunfaron porque apareció de la nada Fidel Velázquez, quien distorsionó el camino que ya no se pudo corregir. El proletariado siguió sin cabeza hasta que la automatización de la industria le quitó el trabajo, aunque no lo quitó del camino.

La resistencia obrera siguió aun en la época neoliberal con “salidas novedosas frente a la reestructuración productiva” (p. 146). Si bien se crearon nuevas agrupaciones, hubiera sido ilustrativo conocer el efecto que tuvieron sobre el rescate del espacio productivo. El siglo XXI está añadido como epílogo al libro.

Si el movimiento obrero se forjó durante el siglo XX al calor de la insurrección obrera en Rusia que se propuso construir un mundo nuevo, ¿a qué conclusión llegó el autor después de que la Unión Soviética desapareciera? Escobar Toledo nos debe esa reflexión final después de haberla introducido al principio. El autor nos recuerda los parteaguas que tuvieron lugar durante la travesía del movimiento obrero en México sin polemizar con la historia y sus intérpretes. Hacer una síntesis de un tema tan central para la vida de una sociedad no es una tarea fácil. Para lograrlo, hace falta actualizar los conceptos, la bibligrafía y la visión del mundo.

1El subtítulo del libro data la historia narrada hasta 2017.

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