En el lejano año de 1959, pisó por primera vez tierras americanas una joven historiadora española de 24 años, quien nunca imaginó que llegaba para quedarse. Había estudiado la licenciatura en Historia de las Américas en la Universidad Complutense de Madrid y, con una beca del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, comenzó el doctorado teniendo como propósito el estudio del continente americano. Fue entonces cuando se le presentó la oportunidad de viajar a Guatemala para participar en el IV Congreso Indigenista Interamericano. Terminado el congreso, permaneció unas semanas en Centroamérica, aunque su objetivo estaba en México. Sorteando los obstáculos que se le presentaban y apoyada por Ernesto de la Torre Villar y Wigberto Jiménez Moreno, Pilar consiguió no sólo el permiso para entrar a México, sino un trabajo en el Departamento de Investigaciones Históricas del INAH, instalado en el Anexo al Castillo de Chapultepec. Ahí se incorporó a varios proyectos y, para completar sus ingresos, dio algunas conferencias en el Club España donde conoció al que en poco tiempo se convirtió en su marido y con el que tuvo cuatro hijos a los que se dedicó en cuerpo y alma. Andando el tiempo, la familia creció y le sobreviven, además, diez nietos y tres bisnietos.
Su carrera académica quedó en un impasse, y cuando sus hijos crecieron, retomó el camino que había dejado pendiente. Regresó a la historia y no paró hasta los últimos momentos de su vida. Convalidó los estudios que había hecho en España para poder inscribirse en la maestría en Historia de México de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Al terminarla, continuó con el doctorado. Fue entonces cuando la conocí, pues compartíamos algunos cursos que a mí me valían para la maestría y a ella para el doctorado. De inmediato hicimos buena conexión, y aunque nuestros temas de investigación todavía estaban muy alejados entre sí, más adelante se integrarían y enriquecerían.
Poco tiempo antes, en 1980, Pilar se había incorporado al Centro de Estudios Históricos de El Colegio de México, gracias al apoyo de Josefina Z. Vázquez a quien había conocido años atrás. Llegó para formar parte del Seminario de Historia de la Educación y en esa corriente se insertan tanto su tesis de maestría como la de doctorado. Sin embargo, muy pronto, sus intereses empezaron a encaminarse hacia el estudio de la vida cotidiana. Las razones me las explicó alguna vez con estas palabras: “Yo no me puedo identificar con batallas, ni con héroes, ni con teólogos, pero sí me puedo identificar con madres de familia, con hijas rebeldes, con viajeros arriesgados, con aventureros, con esos sí me puedo identificar y eso es lo que me da la vida cotidiana”. Esos aspectos se completan con estudios sobre los sentimientos, el amor, el miedo, la vida material, las familias, la religión, los estados morales, el honor, las tradiciones, los espacios, la convivencia, la movilidad, la integración de los indígenas a la sociedad novohispana, las ideas y otros temas que se insertan también en la historia cultural. Estos problemas se fueron planteando y resolviendo mediante una relectura de fuentes documentales, pero también con el aprovechamiento de otros registros a los que se les buscaba extraer respuestas a preguntas poco relacionadas con la tradicional historia política o económica. Y para el estudio de estas vertientes, a fines de los ochenta Pilar empezó a trabajar en el Seminario de Historia de la Familia, junto con Cecilia Rabel. Poco después convocó al Seminario de Historia de la Vida Cotidiana en el que, desde 2002, nos reuníamos mensualmente. En esta vasta aventura participamos medio centenar de académicos, algunos sólo de paso para incorporarse a alguna de las actividades o libros, y otros con mayor permanencia. Las sesiones estaban dedicadas al comentario de lecturas, discusiones y análisis de cuestiones aplicables a nuestras respectivas investigaciones, elaborar propuestas y textos, discutir sus avances para llegar a hacerlos públicos en algún congreso. Las ponencias eran enriquecidas y convertidas en capítulos de libros coordinados por la propia Pilar junto con algunos de los participantes del seminario. Los libros fueron publicados por El Colegio de México y también en coedición con otras instituciones. De estos grupos de investigación y reuniones han visto la luz La familia en el mundo iberoamericano (1994), Familia y vida privada en la historia de Iberoamérica (1996), Familia y educación en Iberoamérica (1999), Familias iberoamericanas. Historia, identidad y conflictos (2001), Gozos y sufrimientos en la historia de México (2007), Tradiciones y conflictos. Historias de la vida cotidiana en México e Hispanoamérica (2007), Los miedos en la historia (2009), Una historia de los usos del miedo (2009), Amor e historia. La expresión de los afectos en el mundo de ayer (2013), Espacios en la Historia. Invención y transformación de los espacios sociales (2014), Conflicto, resistencia y negociación en la historia (2016), La historia y lo cotidiano (2019) y Honor y vergüenza. Historias de una pasado remoto y cercano (2022).
Además de estos, Pilar convocó a 79 autores para la realización de la obra colectiva de mayor trascendencia: la Historia de la vida cotidiana en México, publicada en 6 tomos por El Colegio de México y el Fondo de Cultura Económica entre 2004 y 2006. Los textos se agruparon en volúmenes dedicados a distintos periodos de la historia de México, donde se da cuenta de aspectos de la historia vinculados a los hábitos, comportamientos, rutinas, formas de vida, muerte, sociabilidad, ocio, jerarquía y ritual experimentados por el común de los habitantes, etcétera.
Asimismo, desde 2017 aparecieron una serie de textos dentro de la colección llamada La Aventura de la Vida Cotidiana, de la que han visto la luz 15 títulos en los que se han dado a conocer resultados de investigaciones serias contadas de una forma amena, a fin de dirigirse a los estudiantes y al público en general. Y también para ese gran público, participamos desde 2019 en la elaboración de artículos para la revista Relatos e Historias en México.
Hay que destacar que Pilar ejerció como Maestra, con M mayúscula. Desde las primeras clases que impartió en España, fueron muchos años en las aulas y numerosos los alumnos que formó dentro y fuera de ellas. Aunque impartió cátedra en la Universidad Iberoamericana, la Escuela Nacional de Antropología e Historia, la Faculta de Filosofía y Letras de la UNAM, el CIESAS, y la Universidad Pedagógica Nacional, además de algunos cursos breves dentro y fuera de México, para ella siempre resultó mucho más gratificante trabajar con grupos reducidos de alumnos, por lo que se volcó a formar a los estudiantes del doctorado en Historia de El Colegio de México, en cuyo programa dirigió varias tesis desde 1995. Tuve la oportunidad de volver a compartir un salón de clases con ella, aunque en esa ocasión como su discípula.
Por si fuera poco, se encaminó a buscar otras formas de compartir sus conocimientos, sus propuestas, sus hallazgos y darle una mayor difusión a su propuesta historiográfica. En 2010, a través de las estaciones del IMER, se transmitió una serie radiofónica titulada “Historia de la vida cotidiana” en la que participamos medio centenar de historiadores coordinados por la propia Pilar. Y luego llegaron las “Tertulias”, los “Encuentros y debates de la vida cotidiana”, las “Jornadas iberoamericanas”, “Hablando de Historia de la vida cotidiana” y algunos más que se encuentran en YouTube. Todavía fue más allá grabando podcasts que se escuchan en Spotify. Incluso participó en cursos en línea @prende.mx en la plataforma MexicoX. Lejos estaba de temer acercarse a los avances tecnológicos; más bien buscó aprovecharse de ellos al máximo, rasgo no muy común entre los que llevamos muchas décadas en la tierra. Así que en sus últimos meses se enfrascó en una nueva aventura: la creación de una página web titulada, “Historia de la Vida Cotidiana. Textos, conferencias, entrevistas, investigaciones y más” https://vidacotidiana.pilargonzalbo.com/. Ahí se recopila buena parte de su legado para que sea conocido y aprovechado por generaciones presentes y futuras. Y, por último, vale la pena mencionar su intento de difundir la historia en comics, proyecto que apenas alcanzó a ver un primer libro titulado Te voy a contar la historia, que por ahora ha quedado en edición privada y que, según apuntó Pilar, “nació de un fracaso y ese fue su destino”. No tuvo tiempo de verlo convertido en uno más de sus éxitos, pues seguramente lo tendría, porque formaba parte de su compromiso de divulgar la historia con materiales accesibles al público en general.
Pilar Gonzalbo se convirtió en un verdadero Pilar de nuestra historia al proponer una nueva manera de acercarse al pasado e impulsar una novedosa corriente historiográfica en México e Iberoamérica. Fue una incansable investigadora, paciente lectora, generosa comentarista, aguda, aunque gentil crítica, afectuosa a su manera, con una pluma -o teclado- prolijos y siempre ávida de aprender y emprender nuevas aventuras. Es indudable que su recuerdo vivirá intensamente en la memoria de los que tuvimos la fortuna de estar cerca de ella.










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