¿Cómo pensar las “nuevas derechas” en la crisis de la democracia liberal?
La reconfiguración del mundo actual exige observar con atención el momento de inflexión política global que atravesamos. Nos encontramos ante una coyuntura histórica singular en la que diversos procesos políticos, sociales y culturales convergen para transformar profundamente el panorama mundial. En este contexto, destaca el ascenso acelerado y sostenido de proyectos políticos que se inscriben en la derecha radical, el populismo y el neoconservadurismo. Estas corrientes desafían los consensos democráticos liberales construidos y fortalecidos a lo largo de las últimas décadas del siglo XX y principios del XXI. No se trata simplemente de una alternancia política común o de la natural rotación del poder, sino de un giro sustantivo que pone en jaque los fundamentos mismos de los sistemas democráticos y las formas institucionales que han prevalecido en la posguerra fría.
Cambios en la percepción del “otro”, la redefinición de identidades nacionales y culturales, así como el aumento de la polarización política, se han convertido en fenómenos recurrentes y complejos que exigen nuevas herramientas de análisis y reflexión. Este giro en el escenario político global ha modificado el comportamiento de las sociedades y los individuos, impactando no solo en sus formas de participación, sino también en las dinámicas internas de los Estados modernos y las relaciones internacionales. Simultáneamente, la reconfiguración amenaza los grandes acuerdos políticos, económicos y sociales que han sustentado el modelo liberal democrático y ponen en riesgo principios fundamentales como la pluralidad, la igualdad ante la ley y el respeto a los derechos humanos.
Ejemplos concretos de este giro incluyen políticas que promueven agendas patrióticas y nacionalistas en un mundo crecientemente globalizado, una paradoja que evidencia tensiones profundas entre la integración económica internacional y el resurgimiento de reivindicaciones identitarias cerradas. Asimismo, se observa una lucha cultural intensa contra la resignificación del pasado, donde la historia y la memoria se convierten en campos de batalla simbólicos. La extrema derecha contemporánea ha mutado y adoptado nuevas formas, en ocasiones más sofisticadas, que combinan discursos de victimización con un marcado rechazo al progresismo y la diversidad. Este fenómeno tiene su máxima representación en liderazgos políticos y movimientos recientes asociados a la nueva derecha y al populismo radical, como los de Donald Trump en Estados Unidos (Norris, 2020), Giorgia Meloni en Italia (Garzia, 2023), Benjamin Netanyahu en Israel (Kaplan, 2025), Vladimir Putin en Rusia (Bluhm, & Varga, 2025), Javier Milei en Argentina (Ferre, 2025), Jair Bolsonaro en Brasil (Casarões & Farias, 2021) y Nayib Bukele en El Salvador (Luján, & Puig Lombardi, 2025).
Estos líderes y sus movimientos han contribuido a normalizar agendas políticas que promueven la exclusión, el autoritarismo, la deslegitimación de la oposición partidista y de las instituciones democráticas. Un ejemplo relevante es el caso del Reino Unido bajo el liderazgo de Boris Johnson y el Partido Conservador, que promovió políticas de corte nacionalista en el marco del Brexit y reformas legislativas polémicas que han sido criticadas por vulnerar derechos fundamentales (Wager, 2021). Paralelamente, la difusión masiva de ideas afines circula a través de medios digitales, think tanks, redes sociales y organizaciones religiosas conservadoras, lo que amplifica su alcance y capacidad de influencia en distintas regiones del mundo (Bennett y Livingston, 2018).
En este contexto, el libro editado por José Antonio Sanahuja y Pablo Stefanoni, Extremas derechas y democracia: perspectivas iberoamericanas, se presenta como una contribución imprescindible para comprender y mapear el fenómeno de las “nuevas derechas”. La obra se distingue por su esfuerzo por descentralizar los debates, tradicionalmente enfocados en Europa y Estados Unidos, y ofrecer un análisis comparado con el sur global, con especial atención a las particularidades locales y regionales. Esto permite no solo observar las traducciones del fenómeno en América Latina, América del Norte y Europa, sino también entender cómo se articulan estas derechas en contextos sociopolíticos diversos.
El libro consigue articular una definición general del concepto “nuevas derechas” y subraya su variabilidad según contextos nacionales y regionales, lo que resulta fundamental para evitar generalizaciones. Además, abre un debate clave sobre si, junto con estas derechas emergentes, se está gestando también una reconfiguración paralela de las “nuevas izquierdas”. Esta pregunta es crucial para pensar los futuros posibles del escenario político mundial y la disputa por la hegemonía cultural y simbólica.
La obra sostiene que la noción de “nuevas derechas” no puede equipararse a las derechas tradicionales o a las corrientes neoliberales dominantes en la década de 1990. Más bien, remite a un campo de disputas ideológicas, culturales y simbólicas que giran en torno a valores, identidades y memorias históricas. Estas nuevas derechas articulan elementos heterogéneos como el neoconservadurismo, el posfascismo, el nacionalismo reaccionario y un discurso anti-establishment que cuestiona tanto a las élites progresistas como a las instituciones liberales y democráticas. Así, el concepto funciona como una herramienta analítica y política para intervenir en los debates públicos contemporáneos y entender los mecanismos de movilización y legitimación que emplean estos movimientos.
En este marco, el libro propone el concepto “nuevas derechas” como una construcción histórica, situada y en disputa constante, y por lo tanto su uso y entendimiento deben entenderse en razón del contexto en el que se emplea. Esta configuración sigue la perspectiva epistemológica de Pierre Bourdieu, quien argumenta que los objetos de conocimiento son construidos social e históricamente y no solo registrados pasivamente (Bourdieu et al., 2013). Esta postura se conecta también con las reflexiones de Carlos Altamirano en La invención de nuestra América, donde plantea que la historia conceptual no constituye un campo unificado, sino que los conceptos varían según los métodos, temáticas y contextos en los que se inscriben (Altamirano, 2021).
Desde esta perspectiva, la obra no solo describe las nuevas derechas, contribuye a reconfigurar el vocabulario político contemporáneo. La discusión conceptual no es un asunto secundario o meramente académico, forma parte de la lucha por el sentido legítimo de categorías fundamentales, como populismo, autoritarismo, hegemonía, democracia o “lo popular”. Además, la apuesta del libro por descentralizar el debate europeo y centrarse en experiencias iberoamericanas permite pensar también en el desarrollo de “nuevas izquierdas” en las sociedades actuales, desde un enfoque regional que reconoce especificidades y diversidad.
El concepto “nuevas izquierdas”, en particular el desarrollado en el debate académico sobre los movimientos sociales y políticos latinoamericanos de las décadas de 1960 y 1970, guarda paralelismos interesantes con la noción propuesta de nuevas derechas. Al igual que este último, el de nuevas izquierdas surgió de un entramado complejo de experiencias, movimientos y contextos, cuya definición dependía de su aplicación situada y concreta. Eric Zolov (2012) define las nuevas izquierdas como un “movimiento de movimientos”, una característica que podría aplicarse también al concepto de nuevas derechas. Esto implica que el fenómeno no debe entenderse como un hecho aislado ni homogéneo, sino como articulaciones ideológicas y políticas diversas que, si bien comparten ejes comunes, se manifiestan de formas variadas en todo el mundo.
Los gobiernos, partidos y expresiones de derecha no son idénticos unos a otros, pero comparten, tal como indica Zolov para las nuevas izquierdas, ciertos ejes conceptuales comunes. Son ideas centrales que se desarrollan y adaptan de formas distintas según los contextos nacionales, culturales y sociales. En este sentido, el libro invita a pensar las nuevas derechas como un campo dinámico y plural que exige análisis sensibles a las particularidades locales, pero que también debe considerarse dentro de tendencias globales y procesos transnacionales.
Otra similitud entre ambas categorías es su relación profunda con la cultura y las luchas simbólicas. En el debate académico sobre las nuevas izquierdas de la década de 1960, se destaca su carácter como movimiento de contracultura impulsado principalmente por jóvenes y estudiantes (Gitlin, 1987). De forma análoga, el libro sostiene que las nuevas derechas contemporáneas también están inmersas en una lucha cultural, en la que los discursos sobre identidad, patriotismo y valores tradicionales juegan un papel central. En el capítulo cinco, Sanahuja y Burian exploran cómo los imaginarios hispanoamericanos encuentran un punto común en el patriotismo frente a la globalización, entendido aquel como una amenaza a la identidad cultural nacional y regional. Asimismo, Cecilia Güemes explica en su capítulo sobre nuevas derechas y feminismo cómo estas derechas intentan reapropiarse del discurso feminista, al resignificarlo como una expresión de valores tradicionales y nacionales, en especial orientados hacia el público joven. Este fenómeno de apropiación y resignificación muestra las estrategias de las derechas para disputar espacios simbólicos y culturales que tradicionalmente han sido considerados parte de la agenda progresista.
En los últimos años, el escenario político mundial ha estado marcado por el retorno vigoroso de las derechas radicales, mientras las izquierdas enfrentan el reto de redefinir sus estrategias y narrativas frente a un adversario que ya no es solamente el neoliberalismo, sino un proyecto civilizatorio reaccionario que apuesta por revertir avances sociales y democráticos. En este sentido, el libro ofrece herramientas analíticas para pensar cómo las izquierdas contemporáneas responden a esta ofensiva política y cultural: desde la recuperación de la agenda de derechos humanos y sociales hasta la disputa en el terreno digital y la construcción de nuevos relatos contrahegemónicos que buscan contrarrestar la influencia de estas nuevas derechas.
Por ello, trabajos como el de Sanahuja y Stefanoni resultan fundamentales para ampliar, matizar y complejizar el concepto de “nuevas derechas”. Más que presentar un bloque homogéneo, los distintos capítulos muestran la diversidad de formas que adoptan estas derechas según sus contextos específicos. Se destaca, por ejemplo, el peso del catolicismo político en países como Polonia o España, el rol de las iglesias evangélicas en Brasil y la función creciente de las redes digitales en la articulación y movilización de comunidades de extrema derecha a nivel global.
Además, se aborda la relación ambivalente de estas derechas con la democracia. Muchas veces, estas fuerzas utilizan mecanismos democráticos, como elecciones y referendos, para socavar el pluralismo político, atacar a las minorías y debilitar los contrapesos institucionales. Esto revela una paradoja inquietante: el uso de herramientas formales del sistema democrático para promover agendas autoritarias y exclusivas, poniendo en riesgo la estabilidad y calidad de las democracias contemporáneas.
En esta línea, el concepto “posfascismo”, propuesto por Enzo Traverso (2019), resulta especialmente útil para entender estos movimientos y partidos como herederos deformados del fascismo clásico, adaptados a la lógica democrática y mediática contemporánea. El tratamiento del concepto de nuevas derechas en la obra de Sanahuja y Stefanoni es plural, transnacional y crítico. Se reconoce su dimensión global, nutrida por redes internacionales, vínculos ideológicos comunes y la circulación de discursos afines, pero también su anclaje y expresiones nacionales específicas. En el libro, los autores emplean marcos teóricos diversos, como el “populismo de derechas” (Mudde, y Rovira Kaltwasser, 2017), la “reacción cultural” (Forgacs, 2000) o la “guerra cultural” (Hall, 1986), para analizar cómo estas derechas no solo disputan el poder institucional, sino también los imaginarios colectivos, las narrativas históricas y las formas de identidad nacional y social. Finalmente, la participación de Pablo Stefanoni como editor y como autor vincula este trabajo con sus reflexiones previas, en especial en ¿La rebeldía se volvió de derecha? (2021), donde plantea que las nuevas derechas han adoptado una estética antisistema y provocadora que anteriormente caracterizaba a ciertos sectores de la izquierda.
No obstante, una de las críticas centrales al libro es la falta de una delimitación temporal clara del concepto “nuevas derechas”, lo que dificulta la sistematización y continuidad futura del debate académico y político. Aunque el libro analiza algunos de los gobiernos más recientes a nivel global y logra salir del marco regional europeo, no establece un periodo definido para el surgimiento y desarrollo del fenómeno. Una posible delimitación temporal podría situarse entre 2015 y 2024, lo que ayudaría a clarificar y delimitar los objetos de estudio y facilitar comparaciones y análisis longitudinales.
El valor de Extremas derechas y democracia reside en su vocación de articular debates globales con estudios empíricos situados en contextos locales y regionales. Es una obra que no solo contribuye a la comprensión del fenómeno de las nuevas derechas desde una perspectiva multidimensional, sino que también representa una intervención activa en el campo de la disputa teórico-política contemporánea al ofrecer herramientas para comprender y responder a uno de los desafíos más importantes de nuestro tiempo.










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