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Anales de antropología

versión On-line ISSN 2448-6221versión impresa ISSN 0185-1225

An. antropol. vol.58 no.2 Ciudad de México jul./dic. 2024  Epub 11-Nov-2025

https://doi.org/10.22201/iia.24486221e.2024.58.2.87655 

Miscelánea

Turismo de adultos mayores en México: entre el envejecimiento exitoso y la continuidad

Senior tourism in Mexico: Between successful aging and continuity

Martha Marivel Mendoza Ontiveros* 
http://orcid.org/0000-0003-2492-0760

Carlos Monterrubio Cordero* 
http://orcid.org/0000-0002-3706-4644

María Verónica Ruiz Conde* 
http://orcid.org/0000-0002-7566-1570

*Universidad Autónoma del Estado de México, Instituto Literario núm. 100 Oriente, col. Centro, C.P. 50000, Toluca, Estado de México, México. Correos electrónicos: marivelmo@hotmail.com, jcmonterrubio@yahoo.com.mx, mvrc0107@gmail.com


Resumen

La población adulta mayor está experimentando un crecimiento significativo a nivel global, lo que demanda la atención a las diversas necesidades de este grupo demográfico. A partir de las teorías del envejecimiento exitoso y de la continuidad, el presente estudio tuvo como objetico explorar las experiencias turísticas de adultos mayores en México. A través de entrevistas en profundidad se observó que los viajes y las experiencias turísticas no están necesariamente condicionados por el éxito en el envejecimiento. Personas que envejecen sin contar con una pensión, sin gozar de plena salud y sin mantener niveles altos de productividad e independencia -características asociadas al envejecimiento exitoso-, también participan activamente en el turismo. Tanto aquellos que viajan con frecuencia en la edad adulta o aquellos que rara vez lo hacen reflejan una continuidad en sus patrones de vida desarrollados a temprana edad. Se discuten las implicaciones del estudio en relación con las teorías adoptadas y su aplicabilidad funcional en contextos de países en desarrollo.

Palabras clave: experiencias turísticas; tercera edad; personas mayores; envejecimiento activo y saludable; prolongación de la vida adulta

Abstract

The older adult population is experiencing significant global growth, demanding attention to the diverse needs of this demographic group. From the perspectives of successful aging and continuity theories, the aim of this study was to explore the tourism experiences of older adults in Mexico. Through in-depth interviews with older adults, it was revealed that travel and tourism experiences are not necessarily conditioned by “success” in aging. Individuals who age without a retirement pension, without enjoying full health, and without maintaining high levels of productivity and independence -characteristics associated with successful aging- also actively participate in tourism activities. Both those who travel frequently in adulthood and those who rarely engage in tourism do so as part of a continuity in their life patterns from an early age. The implications of the study are discussed in relation to the adopted theories and their functional applicability in contexts of developing countries.

Keywords: tourist experiences; senior; older people; active and healthy aging; extension of adult life

Introducción

Uno de los temas más apremiantes en la actualidad es el envejecimiento acelerado de la población mundial, fenómeno que impacta prácticamente todas las esferas de la sociedad. En el siglo actual, hemos presenciado una revolución en la longevidad, ya que la esperanza de vida ha aumentado en 20 años desde 1995. Se proyecta que, para el 2050, la población de adultos mayores alcanzará los 2,000 millones (CEPAL, 2023). Aunque existen notables disparidades entre los países desarrollados y en desarrollo, el Centro Latinoamericano y Caribeño de Demografía (CELADE, 2021) señala que, en América Latina y el Caribe, esta transición demográfica está ocurriendo a un ritmo más acelerado. En 2020, 8% de la población tenía 65 años o más, y se estima que esta cifra se duplicará para el 2050, llegando a 30% a finales de siglo (CEPAL, 2023).

Debido a esta transformación demográfica, en diciembre de 2020 la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó la Década del Envejecimiento Saludable 2021-2030 como una estrategia destinada a avanzar hacia una sociedad inclusiva para todas las edades. Este esfuerzo tiene como objetivo involucrar a los gobiernos, la sociedad civil, los organismos internacionales, los equipos de profesionales, los académicos y los medios de comunicación, con el propósito de colaborar para mejorar la calidad de vida de las personas mayores, así como de sus familias y comunidades (OPS-OMS, 2022).

El progresivo envejecimiento de la población mundial es un tema que requiere acciones urgentes en diversos aspectos de la vida pública y privada, tales como: la salud, el cuidado y las pensiones. Este fenómeno debe ser analizado y reconsiderado desde las perspectivas de los derechos humanos, el género y la interculturalidad. En este contexto, la ONU (1999) ha destacado el acceso a los recursos educativos, culturales, espirituales y recreativos de la sociedad constituyen un derecho fundamental de las personas mayores. Además, el turismo, por su capacidad para contribuir al bienestar de los adultos mayores (Kim et al., 2015), se posiciona como parte integral de dichos recursos.

En este contexto, se presentan los resultados de una investigación microsocial con enfoque cualitativo, que tuvo como objetivo comprender las experiencias turísticas de adultos mayores en México. A través de este estudio, se buscó proporcionar un rostro y una voz a este grupo demográfico con el fin de entender cómo viven y disfrutan del turismo, y, al mismo tiempo, atender la falta de investigación científica social sobre las prácticas turísticas de este segmento de la población.

Reconociendo la importancia de incorporar marcos teóricos en el estudio del turismo en adultos mayores, esta investigación integra dos teorías gerontológicas que han sido utilizadas en estudios sobre turismo sénior en países con mayor desarrollo económico: el envejecimiento exitoso y la continuidad. Sin embargo, puesto que el envejecimiento no es simplemente un proceso biológico y psicológico, sino también un constructo sociocultural, se desconoce el alcance de estas teorías para explicar las experiencias turísticas de adultos mayores en países con estándares de vida menos elevados.

Se reconoce que el proceso de envejecimiento está condicionado por diversos factores, como la posición de un individuo en el ámbito productivo, su actividad laboral, sus ingresos y su lugar dentro de la estructura social. Esto remite a su clase social y a su contexto cultural, que abarca aspectos como el género, el tipo de sociedad en la que vive -moderna o tradicional, urbana o rural-, la concepción y significado de la vejez, así como la importancia de la familia. Por lo tanto, se sostiene que los resultados obtenidos en investigaciones realizadas en economías más desarrolladas no pueden asumirse como idénticos a la realidad de los adultos mayores en México.

Revisión de la literatura

Envejecimiento exitoso y turismo

En la actualidad, el modelo gerontológico más influyente como respuesta política a los desafíos asociados al envejecimiento de la población mundial es el envejecimiento exitoso, desarrollado por Rowe y Kahn en 1997.Basado en la teoría de la actividad, este modelo aboga por un envejecimiento saludable, activo, productivo e independiente, contrastando con los modelos tradicionales fundamentados en la teoría de la desconexión, los cuales concebían el envejecimiento como un declive inevitable, que cataloga a las personas mayores como dependientes, incompetentes y frágiles (Calasanti, 2016; Katz y Calasanti, 2015).

El envejecimiento exitoso se ha convertido en un paradigma teórico que ha influido en medidas para promover la salud, estilos de vida después de la jubilación, agendas políticas e ideales antienvejecimiento (Katz y Calasanti, 2015). Este modelo ha dado lugar a una industria de libros, revistas y sitios web centrados en maximizar las oportunidades para mantener el bienestar físico, mental y social de las personas mayores. En este contexto, el envejecimiento exitoso promueve para que personas mayores se mantengan activas, incluso participando en viajes, para ser aceptadas en una sociedad capitalista que valora la contribución continua, ya sea a través de su trabajo productivo o de su participación en el consumo (Hung y Lu, 2016; De Falco, 2016).

Las investigaciones sobre envejecimiento exitoso han adoptado la teoría de la actividad, también conocida como la ética ocupada. Esta teoría sostiene que cuantas más actividades realice una persona mayor, mayor será su satisfacción con la vida. En este contexto, el turismo se convierte en un elemento crucial en la búsqueda de un envejecimiento activo (Hung y Lu, 2016). La industria turística ha promovido el concepto de turismo sénior, que se refiere a los viajes de adultos mayores, principalmente desde perspectivas industriales, económicas y mercadológicas. Desde este punto de vista, el turismo sénior se presenta como una oportunidad para que las personas mayores tengan experiencias de viaje activas, satisfactorias y aventureras, que les proporcionen beneficios tanto psicológicos como físicos, contrarrestando la patologización de la inactividad (De Falco, 2016). En términos económicos y de consumo, los adultos mayores son considerados como potenciales turistas jubilados con un estilo de vida comercializable, que les permite mantener la cultura de consumo asociada con la juventud y con un estilo de vida activo. En resumen, se les considera consumidores pues cuentan con tiempo, dinero y salud, y son percibidos como un segmento que debe ser aprovechado por la industria turística.

Aunque el envejecimiento exitoso ha contribuido a reducir la discriminación por edad y promover una mayor inclusión en diversas esferas, incluido el turismo, este enfoque no tiene en cuenta las crecientes desigualdades estructurales que podrían llevar a la victimización y a una mayor exclusión de aquellos adultos mayores quienes no pueden cumplir con los exigentes requisitos de un envejecimiento exitoso, como aquellos que padecen enfermedades, dependencias o carecen de recursos económicos. La representación predominante en los anuncios de viajes de personas mayores blancas, saludables, activas, en forma y económicamente solventes implica que las oportunidades de unas vacaciones felices y un envejecimiento exitoso sólo están disponibles para un grupo limitado de personas mayores, exceptuando a todos aquellos que no han podido “envejecer con éxito” (Stončikaitė, 2021).

Adicionalmente, Katz y Calasanti (2015) argumentan que, para muchas personas mayores, la discapacidad y la enfermedad no se representan necesariamente un envejecimiento fallido o fracasado. Sostiene, además, que el envejecimiento exitoso no es una condición indispensable para envejecer bien y, por lo tanto, no debería considerarse un impedimento para acceder al turismo.

Por otro lado, la noción de envejecer con éxito ha sido adoptada de manera significativa en muchas economías desarrolladas, pero su reconocimiento y relevancia apenas han comenzado a ganar atención en los países en vías de desarrollo (Hsu et al., 2007).

Teoría de la continuidad y turismo

Otro enfoque utilizado para analizar la práctica turística de las personas mayores es la teoría de la continuidad. Esta teoría, formulada por Atchley (1989), parte de la premisa central de que los adultos mayores buscan preservar y mantener sus valores, motivaciones, actitudes, emociones, personalidad y comportamiento a través de la elección de estrategias que están conectadas con sus experiencias pasadas, independientemente de su estado físico, mental y social. En este sentido, los individuos mayores tienen una predisposición y motivación hacia la continuidad psicológica interna, así como hacia la continuidad externa de su comportamiento y las circunstancias sociales. Mantener las actividades desarrolladas en la edad madura o la adquisición de nuevas se consideran una garantía para experimentar una vejez satisfactoria. La seguridad y la autoestima construidas en el pasado sirven como base para generar estrategias que les permitan adaptarse en la vejez.

Esta teoría de la continuidad se opone a la teoría de la desconexión, la cual sostiene que las personas mayores inician un proceso gradual de retirada de la sociedad como preámbulo a la muerte (Gumming y Henry, 1961, cit. en Carstensen, 1992). En contraste, la teoría de la continuidad destaca la importancia de mantener la conexión con las actividades y experiencias significativas a lo largo de la vida como medio para lograr una vejez más satisfactoria.

La teoría gerontológica de la continuidad ha sido aplicada en diversos estudios sobre el turismo de personas mayores (You y O’Leary, 2000; Lohmann y Danielsson, 2001; Hsu et al., 2007; Nimrod, 2008; Chen y Shoemaker, 2014). Desde esta perspectiva, Chen y Shoemaker (2014) presentan evidencia según la cual sugiere que los motivos, actitudes, criterios de selección de destinos y actividades durante los viajes de los turistas mayores no experimentan cambios drásticos a lo largo de las etapas del ciclo de vida. Este hallazgo es consistente respecto de otros estudios que indican cómo los cambios en las preferencias de viaje, actitudes y comportamientos entre las personas mayores pueden ser mínimos (Lehto et al., 2008). En este sentido, se observa una consistencia en las elecciones de viaje basadas en experiencias anteriores, y a partir de la jubilación el turismo se percibe como una oportunidad para preservar los intereses antiguos o realizar sueños postergados.

El envejecimiento en México

México, al igual que el resto del mundo, está experimentando una transición demográfica que ha evolucionado durante varias décadas, impulsada por el incremento de la población de edad avanzada. Los factores que influyen en este cambio incluyen la reducción de la mortalidad y la fecundidad, así como el aumento en la esperanza de vida. Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI, 2022), en México la esperanza de vida ha experimentado un notable aumento. En 1930, las personas vivían en promedio 34 años; para 1970, este indicador se incrementó a 61 años; en el 2000, alcanzó los 74 años, y en 2019 se situó en 75 años.

En este contexto, según el Censo de Población 2020 se registraron 15.1 millones de personas de 60 años y más viviendo en México, lo que representa 12% del total de la población (INEGI, 2022). Este incremento ha sido constante a lo largo de las tres últimas décadas. Las proyecciones indican que, para el 2030, las personas adultas mayores constituirán aproximadamente 15% de la población en México, y se estima que alcanzarán alrededor de 23% en 2050. Esto implica que la población de adultos mayores podría llegar a 33.3 millones para dicho año (Kánter Coronel, 2021).

Es crucial tener en cuenta que el proceso de envejecimiento varía en cada país y está determinado por las condiciones específicas del lugar. La vejez adquiere características distintivas según las condiciones socioeconómicas y culturales prevalecientes. No todas las personas envejecen en las mismas circunstancias ni disfrutan de los mismos derechos; el proceso de envejecimiento está condicionado por la posición que cada individuo ocupa en la estructura social, la cual determina su acceso a oportunidades de educación, salud, alimentación y recreación. En México, se observa una amplia diversidad entre las personas mayores que incluye diferencias de género, nivel socioeconómico, origen étnico (blancos, mestizos e indígenas) y de ubicación, ya sea en poblaciones urbanas y rurales (Bruno y Alemán, 2016).

Por otra parte, en 2018 la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y la Organización Internacional del Trabajo (OIT) destacaron que, debido a la falta de ingresos por jubilación, muchos hombres y mujeres mayores de 60 años en la región se ven obligados a continuar en el mercado laboral. En México, en particular, se ha observado que resulta particularmente difícil reintegrarse en el ámbito laboral al llegar a la tercera edad. Para aquellos que aspiran a no trabajar durante su vejez, se vuelve crucial ahorrar durante sus años más productivos. Este ahorro se realiza, preferentemente, en bienes no monetarios, como bienes raíces (Vázquez Guzmán y Barbosa Rangel, 2021).

En México, un país con una economía en desarrollo, la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) del INEGI (2023) reveló que casi tres de cada 10 personas de 65 años y más se encuentran trabajando. Los motivos por los cuales los adultos mayores persisten en el mercado laboral -a pesar de haber alcanzado la edad de retiro-, pueden ser variados; sin embargo, es probable que la insuficiencia de ingresos o la falta de una fuente de sustento sean factores determinantes. Según datos del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL), en 2020 63.5% de los adultos de 65 años y más buscan empleo sin éxito, se encuentran en situación de pobreza. Incluso, 44.6% de ellos que tienen un empleo no perciben ingresos suficientes para cubrir sus necesidades básicas de vida.

En México, la edad para jubilarse oscila entre los 60 y 65 años, aunque en algunos casos puede darse anticipadamente a los 55 años. Sin embargo, en la actual reforma de pensiones deben haberse cumplido los 65 años. Por lo tanto, la edad de jubilación también dependerá del sistema de pensiones al que se pertenezca. El INEGI reveló que, en 2022, sólo 31% de los adultos mayores estaban pensionados y jubilados; de ellos, 58% correspondía a la población masculina, 42% a la femenina (Infobae, 2022). Asimismo, el sistema de pensiones en México está fragmentado con reglas y requisitos dispares entre ellos y beneficios desiguales para la población. Es un sistema complejo que incluye, a nivel federal, siete instituciones que ofrecen beneficios tanto en esquemas contributivos como no contributivos, además de otros que han sido creados por entidades federativas, municipios y universidades. Como resultado, la coexistencia de distintos sistemas de pensiones dificulta la obtención de una pensión, particularmente para quienes cambian de empleo entre diferentes esquemas de pensión (Villarreal y Macías, 2020).

En México actualmente existe un programa social llamado “Pensión para el Bienestar de las Personas Adultas Mayores”, a través del cual las personas de la tercera edad reciben una pensión de 6,000 pesos mexicanos (aproximadamente 300 dólares) bimestralmente. Según reportes oficiales, en 2024 se beneficiarán, con este programa, algo más de 11 millones de personas mayores (Programas para el Bienestar, 2023).

En las sociedades en desarrollo, el proceso de envejecimiento se caracteriza por el hecho de que, a medida en que las personas envejecen, la mayoría se vuelve dependiente de sus hijos para su sustento. En México, se ha señalado que existen diversos mecanismos que funcionan para garantizar la seguridad económica de los adultos mayores, entre ellos los ingresos derivados del trabajo, los ahorros en activos físicos o financieros, el apoyo obtenido a través de los sistemas de seguridad social y las redes de apoyo familiar (Garay Villegas y Montes de Oca Zavala, 2011). Este enfoque multidimensional es esencial para analizar las complejas necesidades económicas y de apoyo social de la población mayor en México. Esta situación se ve favorecida por la importancia que se le otorga a la familia en la cultura tradicional mexicana y al papel que ellos desempeñan dentro de ella. De acuerdo con Robichoux (2004), las familias mexicanas constituyen un ámbito de relaciones sociales íntimas; en el hogar conviven e interactúan personas emparentadas, de género y generaciones distintas. En su interior se forjan lazos de solidaridad, existen relaciones de poder y autoridad, se coopera y se distribuyen los recursos necesarios para satisfacer las necesidades básicas de sus integrantes. Asimismo, se instituyen obligaciones, responsabilidades y derechos de acuerdo con las normas culturales, la edad, el género y la posición relativa de parentesco.

Las estrategias económicas que subyacen en el modelo de familia tradicional mexicana tienen un trasfondo cultural específico, representan formas de organización y valores socialmente transmitidos. Las relaciones familiares implican intercambios que se derivan del concepto de persona social, es decir, persona que coopera y participa en redes de reciprocidad, lo que le asegura prerrogativas y obligaciones (Robichoux, 2004). Como lo han aseverado Quilodrán y Puga (2011) y Bazo (2008), en la sociedad mexicana el apoyo durante la vejez se basa fundamentalmente en las redes familiares. Esta institución social es básica en el apoyo de las personas, en su interior circulan bienes y servicios (como cuidados) entre las generaciones. En su mayoría, los adultos mayores en México viven con su familia, ya sea con alguno de sus hijos casados o con nietos, lo que genera una relación intergeneracional recíproca. Las personas de la tercera edad sienten la responsabilidad de contribuir financieramente al sostén de sus hijos y, a su vez, esperan recibir apoyo de ellos, dependiendo de quién esté en una mejor situación económica. Existe una expectativa social y una obligación mutua entre padres e hijos: los jóvenes están obligados, y así lo espera la sociedad, a velar por el bienestar de sus padres en la vejez, continuando así un ciclo de reciprocidad. En muchas familias mexicanas prevalece la idea de la obligación filial, donde los hijos tienen la responsabilidad de cuidar a sus padres como agradecimiento por el cuidado recibido durante la infancia (Robles Silva y Rosas García, 2014).

A pesar de esta norma cultural, también es posible encontrar casos de ancianos que viven en situaciones de olvido por parte de sus familias, resaltando la complejidad y diversidad de las dinámicas familiares en la sociedad mexicana. El abandono en la vejez se finca en ideologías individualistas que hacen énfasis en la autorrealización en detrimento del deber de cuidar a las personas anciana en la familia (Bazo, 2008).

Sin embargo, Bruno y Alemán (2016) señalan que es importante tener en cuenta que la reciprocidad en las familias, que forma la base de los cuidados hacia los ancianos, está experimentando cambios debido a la disminución de la natalidad. Esto resulta en familias cada vez menos numerosas, donde habrá menos familiares disponibles para brindar recursos económicos y cuidados a los ancianos. Además, en las zonas urbanas ha comenzado a surgir un cambio cultural hacia un tipo de hogar donde la pareja de mayores vive sola, manteniendo sus redes sociales tanto familiares como no familiares. Estos hogares suelen contar con autonomía financiera y sus habitantes con buenas capacidades físicas y

3. Métodos de estudio

Este estudio se basó en las teorías del envejecimiento exitoso y de la continuidad, y tuvo como objetivo explorar las experiencias turísticas de adultos mayores en México. Se adoptó un enfoque cualitativo de perspectiva microsocial, que buscó comprender de manera personal la forma en que los sujetos experimentan su entorno social, sus emociones y los significados sociales que atribuyen a sus vivencias.

Para llevar a cabo este estudio, se realizaron entrevistas en profundidad con una muestra intencional de 16 personas mayores, compuesta por 9 hombres y 7 mujeres con edades que oscilan entre los 61 y los 85 años, residentes en el Estado de México. Siete de ellos están jubilados y reciben una pensión, mientras que el resto trabaja o recibe ayuda económica de sus hijos. Siete de los participantes están casados, mientras los demás son viudos o divorciados. Respecto a su educación, la muestra incluyó a personas con una variedad de niveles educativos: desde aquellos sin estudios, hasta quienes cursaron estudios de posgrado (véase Tabla 1). El muestreo fue intencional y se buscó diversidad para abarcar un amplio mentales (Montes de Oca y Hebrero, 2006). rango de perfiles y experiencias.

Tabla 1 Perfil de los participantes 

Nombre* Edad Residencia
(municipio)
Nivel
educativo
Ocupación Estado civil Dependencia
económica
Vive con… Problemas de
salud
Homero 75 Chimalhuacán Primaria (inconclusa) Comerciante Soltero Propia y apoyo gobierno Pareja VIH y problemas de próstata
Luis 68 Texcoco Ninguno Albañil Casado Propia e hijos Esposa e hijos Ninguno (dolor de rodilla)
Félix 69 Texcoco Primaria Almacenista, agricultor y comerciante Casado Propia Esposa e hijas Ácido úrico
Ana 85 Chicoloapan Primaria Ama de casa y catequista Casada Propia Vive con esposo, hijos y nietos Ninguno (molestias en huesos por una caída)
Lulú 62 Texcoco Técnico en Enfermería Enfermera Pensionada Viuda Pensión propia. de esposo y renta de casas Sola Cáncer
Laura 70 Texcoco Secundaria Jubilada Viuda Pensión propia y de esposo Empleada doméstica Problemas de hombro por fractura
Irma 65 Texcoco Superior Jubilada Divorciada Pensión propia y rentas Sola Ninguno
Diana 72 Texcoco Primaria Estilista Viuda Apoyo de su hijo Hijo divorciado Ninguno
Mónica 66 Texcoco Superior Profesora y bibliotecaria Divorciada Propia Sola Hipertensión (problemas de rodilla)
Javier 66 Texcoco Doctorado Profesora e investigadora Casado Propia Esposa e hijo Ninguno
Roberto 62 Amecameca Superior Jubilado Casado Pensión propia Esposa e hijas Hipertensión
Ernesto 63 Amecameca Preparatoria Jubilado y taxista Divorciado (en proceso) Pensión Mamá de sus hijos y nieta Ninguno
Rogelio 68 Texcoco Secundaria Personal de limpieza Casado Propia Esposa e hijos Hipertensión
Adriana 77 Texcoco Primaria Jubilada Viuda Pensión propia, de esposo y apoyo social Sola Hipertensión y diabetes
Paco 73 Texcoco Maestría Jubilado y profesor Casado Pensión, ingresos propios Esposa e hijos Ninguno
Camilo 61 Texcoco Superior Estudiante Divorciado Personal Solo Ninguno (se recupera de cirugía del corazón)

*Con el propósito de proteger la identidad de los participantes, los nombres reales han sido remplazados por pseudónimos.

Las entrevistas fueron de naturaleza semiestructurada y se llevaron a cabo entre octubre de 2022 y febrero de 2023. La mayoría de las entrevistas se realizaron en los hogares de los participantes, pero algunas se llevaron a cabo en sus lugares de trabajo o en espacios públicos como restaurantes, según la preferencia de los entrevistados. La duración promedio de las entrevistas fue de aproximadamente 1 hora con 20 minutos.

El instrumento de entrevista incluyó preguntas sobre aspectos fundamentales de la vida de los participantes como el trabajo, la familia, las relaciones sociales y sus experiencias turísticas. Cada vez que se mencionaba una situación relacionada con sus experiencias de viaje, se profundizaba más mediante preguntas adicionales, con el objetivo de obtener un conocimiento más detallado y enriquecedor.

Las entrevistas fueron registradas en formato de audio con la debida autorización de los participantes y, posteriormente, transcritas de manera verbatim. Puesto que el objetivo del estudio era comprender las experiencias y comportamientos turísticos a la luz del contexto más amplio del cual surgieron, la información recopilada de cada entrevistado se dividió en tres categorías principales: datos personales (estatus laboral, ingresos, situación familiar y de salud, especialmente aquellos relacionados con el envejecimiento exitoso), participación en el turismo y viajes (incluyendo detalles sobre los lugares visitados, frecuencia, duración, motivaciones, acompañantes y financiamiento) y, por último, preguntas sobre el significado de envejecer para capturar la edad subjetiva, en línea con el enfoque de Patterson y Pegg (2009).

Las transcripciones fueron sometidas a técnicas de análisis de datos cualitativos, utilizando el análisis de casos cruzados y el método de comparación constante entre los miembros del equipo de trabajo. Los investigadores identificaron y compararon temas centrales, a partir de los cuales se derivaron categorías analíticas. Se empleó la codificación abierta para identificar las variaciones encontradas dentro de cada categoría y la superposición entre categorías (Borda et al., 2017; Escalante, 2011).

Posteriormente, se llevó a cabo una lectura cuidadosa de las transcripciones completas para identificar el contexto amplio del envejecimiento exitoso y las circunstancias generales que caracterizan la vida de cada participante, de esa forma se creó creando así un perfil para cada uno. Se asignó un seudónimo a los participantes y se eliminó información personal considerada irrelevante con el propósito de garantizar su anonimato. La organización de los datos permitió que surgieran los temas relacionados con las percepciones o realidades expresadas por los entrevistados.

El análisis llevado a cabo permitió identificar tres categorías principales: a) el envejecimiento exitoso y el turismo, b) el envejecimiento no exitoso y el turismo, y c) la continuidad en el turismo. Estas categorías se presentan a continuación.

Resultados

El envejecimiento exitoso y el turismo de adultos mayores

En los estudios sobre el envejecimiento exitoso o activo, subyace el supuesto de que la cantidad de actividad que una persona realiza está directamente relacionada con su satisfacción con la vida. Según esta perspectiva, las personas que experimentan un envejecimiento exitoso son aquellas que se sienten satisfechas, son activas, independientes, autosuficientes y desafían las narrativas tradicionales de la decadencia. En este contexto, el turismo se percibe como un componente crucial en la búsqueda de una vida activa durante la vejez. Por lo tanto, en el ámbito del denominado turismo sénior, un número creciente de personas mayores buscan experiencias de viaje activas, satisfactorias y aventureras al jubilarse. Estas personas a menudo consideran el turismo como el premio que se merecen por sus vidas llenas de sacrificios. Un ejemplo de esto es Lulú, una enfermera jubilada y viuda de 65 años, que afirma realizar viajes cada tres meses:

Sí, sí lo son [importantes los viajes], me gusta y sí los planeo a principios del año. A ver a dónde podría ir, por ejemplo, ahorita tengo pendiente un viaje a Durango y a Ciudad Victoria, porque somos locas mis hermanas y yo, entonces cuando nos jubilamos, las dos que somos enfermeras dijimos: “la meta es conocer las capitales de todo el país. Entonces en este momento solamente nos falta conocer Durango y la capital de Tamaulipas que es Ciudad Victoria, entonces sí, más o menos nos organizamos”.

La teoría del envejecimiento exitoso, la cual postula que la actividad constante está relacionada con una mayor satisfacción con la vida, se contrapone con la teoría de la desconexión. Esta última sostiene que las personas mayores inician un proceso gradual de retirada de la sociedad, considerado como un preludio a la muerte (Gumming y Henry 1961, cit.en Carstensen, 1992).

La situación económica de Lulú, incluye una pensión propia, la pensión de su difunto marido y los ingresos generados por algunos departamentos que posee, todo eso le permite realizar viajes al extranjero:

Fui de Europa a España, Londres, Bruselas, París, Roma, en ese viaje fuimos a Venecia, Florencia y después a Estados Unidos, fuimos a unas seis ciudades, Chicago, Washington, Nueva York, Florida, San Antonio… hace dos años íbamos a conocer Jordania y con la pandemia se canceló, pero fuimos a Estambul, a Egipto y se canceló ya la ida a Israel y a Jordania, y de aquí del continente solamente, Perú, Colombia, Costa Rica y nada más (Lulú, 62 años).

Las industrias del turismo y la hospitalidad tienen el potencial de atender a este mercado lucrativo y marcar diferencias significativas en la calidad de vida de las personas quienes participan en lo que se ha denominado turismo sénior. Irma, una profesora jubilada y divorciada de 65 años, ha incrementado sus viajes ahora que ya no tiene responsabilidades laborales. Ella mencionó que, al tercer día de su jubilación, viajó a Cancún para visitar a su hijo. Actualmente, junto con sus hermanos también jubilados, están atentos a las ofertas y promociones de viajes en temporadas bajas para empacar y salir. Irma afirma que, cuando estaba casada y sus hijos eran pequeños, no podían permitirse viajar debido a limitaciones financieras. Ahora, con una pensión contributiva, el viajar se ha convertido en una actividad fundamental en su vida.

[Empecé a viajar más] después de jubilarme, porque tengo tiempo libre, podemos ir en el tiempo en el que se trabaja, ya ahorita no hay problema por el tiempo ni el horario, cuando sale una oferta, vámonos, [antes no podía por] mi trabajo, los hijos y más o menos la economía, pero más por el trabajo, vacaciones siempre en temporada alta, no nos alcanzaba para cuatro que éramos, nada más viajaba aquí en la República, ya empecé a salir al extranjero cuando me jubilé (Irma, 65 años).

Paco, un profesor universitario de 73 años que se ejercita diariamente y goza de buena salud, representa otro caso de envejecimiento exitoso y activo. Él enfatiza en la importancia de los viajes en su vida y comenta: “Me gusta viajar bastante, programo mis vacaciones con mi esposa para irme, ya sea al interior de la República Mexicana o fuera de la República”. Paco busca tener experiencias que le permitan conocer nuevos lugares:

Voy a museos fundamentalmente, si hay un evento folclórico también voy, en lo rural me fijo en qué tipo de actividades desarrollan ellos [la gente local], qué importancia le dan ellos, y me han contestado que con que ellos tengan nada más para lo indispensable para sostenerse son felices de la vida, en algunas ocasiones les pregunté por el número de hijos que tienen y sí algunas familias exageran, tienen de cuatro a seis hijos (Paco, 73 años).

Adriana, empleada pensionada y viuda de 77 años, viaja primordialmente con su hija. Al preguntarle con qué frecuencia viaja, respondió:

Más o menos, bueno, ahorita, por ejemplo, [mi hija] que descansaba los sábados y domingos me llevaba casi cada mes a Xochimilco, a Yecapixtla, a lugares cerca, pero me sacaba, y ahora como ya no descansa, pues ya no me saca, pero aun así voy a ver a mi tía a Matamoros o me voy a mi pueblo, pero no dejo de salir. [Cuando mi hija tuvo vacaciones viajaba] llegamos a Chiapas, y de Chiapas nos fuimos a Palenque y luego a las Aguas Azules y bajamos a Tuxtla, Tuxtla tiene unos paisajes muy bonitos, y de Tuxtla nos fuimos a Veracruz y de Veracruz ya nos venimos para acá (Adriana, 77 años).

En este contexto, una persona anciana exitosa se define como aquella mayor de 60 años con ingresos significativos, buena salud física (pues considera que para conocer es necesario caminar), un buen nivel en el manejo de lo relacionado con lo digital para aprovechar promociones y ofertas de viajes en línea, así como un estilo de vida activo y con gustos hedonistas (interesada en conocer y relacionarse con personas de otros lugares).

Como se puede observar, para estas personas, viajar significa obtener experiencias con el objetivo de recuperar el tiempo perdido. Por ejemplo, Irma practica yoga, camina y anda en bicicleta, mientras que Lulú hace ejercicio y camina regularmente. Roberto, un ingeniero jubilado de 62 años, expresa que “Tiene una de las mayores experiencias en la vida, si no viaja uno, no conoce y todo se lo cuentan a uno, no hay nada como viajar y conocer realmente cómo son algunas partes del mundo”. Sin embargo, Roberto, a pesar de estar jubilado y tener tiempo para viajar, no puede hacerlo con la frecuencia que le gustaría debido a que aún vive con dos de sus hijas y el dinero no le alcanza para viajar con regularidad.

Javier, de 66 años con un posgrado, buenos ingresos y buena salud que lo mantiene activo haciendo ejercicio todos los días, no viaja con frecuencia debido a que aún no se ha jubilado. Sin embargo, cuando lo hace, son viajes cortos de dos o tres días, generalmente a destinos nacionales y durante temporadas altas:

[Disfruto] conocer nuevos lugares, no he viajado mucho realmente, me he confinado mucho al trabajo, pero sí disfruto ver nuevos entornos […] generalmente como son desplazamientos de tres o cuatro días, pues [hago viajes largos] hasta que haya vacaciones, entonces una o dos veces por año y se acabó, nomás, y cuando estoy en clases me dedico totalmente [al trabajo], y solamente salgo en verano o en diciembre, pero ahorita apenas fui a Tolantongo, al balneario La Caldera del Diablo, cosas así cercanas, dos o tres horas máximo de distancia […] sí espero salir, espero jubilarme y ¡vámonos! (Javier, 66 años).

Jubilarse para tener tiempo y viajar es una aspiración a la que algunos adultos mayores exitosos pueden acceder y lo hacen con grandes expectativas. Como menciona Javier, de 66 años: “Ya llevo años sin subirme al avión, porque son viajes cortos y cercanos, Dios mediante, espero la jubilación porque ya estoy en ese proceso, entonces ya pensaré en viajes largos, en la mochila al hombro”.

El envejecimiento no exitoso y el turismo de adultos mayores

El estudio reveló que los viajes turísticos no siempre están supeditados a un envejecimiento exitoso. Se encontraron casos donde los entrevistados no encajarían en la categoría de vejez exitosa, ya sea porque no tienen una pensión contributiva, trabajan o trabajaron en la informalidad, o no tuvieron empleo, incluyendo a las mujeres que se dedicaron al cuidado del hogar. También se incluyen aquellos que padecen algún problema de salud importante.

Diana, viuda de 72 años, actualmente vive con un hijo divorciado del cual depende económicamente. Ella comentó:

Ahora con el que viajo es con mi hijo, le gusta el ciclismo, entonces él ahora se va y ya casi cumple un mes de vacaciones, ya está en proceso de su jubilación y en octubre fuimos, me dijo: “mamá, voy a Villahermosa, te paso a dejar con Rosy”, una comadre que yo quiero mucho […] estuvimos ahí creo que dos semanas (Diana, 72 años).

Dentro de un envejecimiento no exitoso se encuentra Homero, un hombre de 75 años con sólo un año de educación básica, tiene un trabajo informal que le genera ingresos apenas para subsistir. Sus viajes son primordialmente para visitar a su familia la cual vive en otro Estado de la República mexicana. Va a pasar con ellos las fiestas de su pueblo natal y, aunque le gusta viajar, afirma que no le alcanza el dinero. Los viajes de Homero no dependen de un ingreso alto o permanente, ya que no demandan mucho gasto debido a que se hospeda y se alimenta con su familia. Homero aprovecha su estancia para ayudar en las actividades y esto representa su retribución a la hospitalidad recibida.

Una situación similar es la de Luis, de 68 años, quien no tuvo estudios y se dedica a la albañilería. Aunque sus ingresos pueden ser insuficientes para viajar por sus propios medios económicos, eso no ha sido un impedimento: “Sí me gusta [viajar], afortunadamente contamos con el apoyo de nuestros hijos, nos ponemos de acuerdo y jalamos parejitos […], he tenido la oportunidad de viajar, y el apoyo siempre lo hemos tenido de los otros hijos”.

Es evidente que, en el caso de Diana, Homero y Luis, la importancia de la familia tanto para ofrecer hospedaje y alimentos fuera del domicilio habitual, como para solventar los gastos que conlleva hacer turismo. De esta forma, deja ver que sus viajes turísticos no siempre dependen de un ingreso propio o permanente asociado al envejecimiento exitoso.

Padecer una enfermedad geriátrica crónica-degenerativa tampoco es un obstáculo para participar en el turismo; varios de los entrevistados sufren de hipertensión, diabetes, osteoporosis y aun así viajan. Camilo, de 61 años y quien tuvo una cirugía de corazón, expresó:

A pesar de que tuve un evento cardíaco, me siento bien, me siento con ánimos de seguir viviendo y conociendo, con la mentalidad de querer viajar, pues tan solo lo que esté cerca de aquí. Yo creo que uno nunca acaba de conocer los lugares, si no conoces a la gente, conoces la gastronomía, o conoces la arquitectura, más costumbres o los antecedentes culturales, como el caso de Guanajuato; no he podido ir a un Festival Cervantino, aunque he ido a Acapulco, no he podido ver nunca torneo de tenis, conozco parte de Sinaloa y no he podido ir a ver un partido de béisbol allá, todo eso yo creo que te motiva para seguir conociendo otras cuestiones.

La experiencia de Lulú, de 62 años quien padeció cáncer, revela que un envejecimiento no exitoso en cuanto a la salud no es una imposibilidad para viajar:

Volver a salir al extranjero cuando terminé las quimios, yo le tenía prometido a mi nieta que la iba a llevar a Disney en Florida, ya teníamos pagado todo y dos veces tuvimos que posponer el viaje por las quimios y demás, entonces allí a Florida fui muy debilucha por las quimios, pero como quiera dije: “yo se lo prometí a mi nieta y ni se si le pueda cumplir… vámonos”.

En el caso de Mónica, de 66 años, quien todavía trabaja, vive y viaja sola. A pesar de enfrentar problemas de rodilla debido a la artritis, mantiene una gran actividad en sus viajes, demostrando que su envejecimiento no exitoso no representa un obstáculo para disfrutar de sus experiencias de viaje:

Siempre viajamos a Aguascalientes, sobre todo Guanajuato, al Cervantino, muchas veces fuimos, porque me llama mucho la atención la cultura, entonces ahí también íbamos, pero cuando viajo es más a conocer, a relajarme y a convivir, me gusta sentarme en un portal, por ejemplo de Veracruz, a tomarme un café y a disfrutar a la gente, cómo camina, cómo anda, cómo te atienden, cómo te ve, soy muy observadora, entonces eso me encanta, los callejones que son pesados para subir y bajar por mi problema de rodillas, pero le doy, me llevo un bastón y me encanta.

Esta crítica resalta una importante limitación de la teoría del envejecimiento exitoso, al señalar que las opciones y comportamientos individuales están condicionados significativamente por factores económicos y sociales. La posibilidad de mantener un estilo de vida exitoso a menudo está relacionada con factores como el estatus económico y el acceso a servicios esenciales como la salud. En este sentido, las opciones y la voluntad personal están inherentemente limitadas por las condiciones materiales que acumulan ventajas y desventajas a lo largo de toda la vida.

El envejecimiento y la continuidad en el turismo de adultos mayores

La evidencia presentada muestra que, a pesar de no experimentar un envejecimiento exitoso, los adultos mayores participan en viajes para visitar a familiares los cuales residen en lugares diferentes o realizan viajes acompañados por su familia con el objetivo de fortalecer la unión. En general, se observó que la mayoría de los participantes del estudio ha estado involucrada en viajes desde su juventud. Esto se alinea con la teoría de la continuidad, la cual sugiere que las motivaciones, actitudes, comportamientos, elección de destinos y actividades de viaje no experimentan cambios significativos al llegar a la vejez. Esta teoría sostiene que no hay una ruptura radical entre la edad adulta y la tercera edad, considera a la vejez como una prolongación de experiencias, proyectos y hábitos de vida, manteniendo la personalidad y el sistema de valores prácticamente intactos. Los testimonios siguientes respaldan esta idea:

[Viajo] para conocer, porque en mi pueblo nada más nacían, crecían, se casaban y se morían, no conocían otro lugar, no podían ir a otro lugar y yo dije: “No, yo cuando sea grande, aunque sea caminando, voy a ver a dónde llego”. O sea, me crie con esa de idea de conocer más, pues ahí en mi pueblo nada más nacer, se casaban y nunca salían de ahí, nunca conocían el mar. “¡Ay no!, yo sí quiero viajar y conocer más pueblos” (Adriana, 77 años).

Sí, puede ser una parte importante en mi vida el salir, para divertirme, distraerme, conocer y, a parte, porque mi mamá, una mujer muy trabajadora, siempre nos dijo “no ahorren, no mantengan a otro, no compren en abonos, disfruten, viajen, conozcan, tráguense todo lo que se les antoje, porque el día que nos muramos, no nos vamos a llevar nada”, y ella sí fue muy paseadora (Irma, 65 años).

A pesar de la continuidad en la experiencia turística para muchos participantes, también se identificaron casos donde unos entrevistados han mantenido una casi inexistente experiencia turística. Algunos relataron haber viajado poco desde su juventud, y sus recuerdos son limitados. Por ejemplo, Rogelio, un trabajador de intendencia casado de 68 años, expresó que le gustaría viajar, pero ha pasado más de diez años desde su último viaje, eso como consecuencia, principalmente, a la pandemia y a las responsabilidades de arreglar su casa. Homero, un comerciante de 75 años, solía viajar una vez al año para regresar a su pueblo natal y visitar a su familia; sin embargo, incluso en su vejez los viajes continúan siendo eventos poco frecuentes en su vida, revelando una continuidad en la falta de experiencia turística.

Conclusiones

Una de las principales objeciones a la teoría del envejecimiento exitoso es su aplicación generalizada y su falta de consideración a las diversas circunstancias y desafíos que enfrentan las personas mayores. Es esencial reconocer que las experiencias de envejecimiento son heterogéneas y están profundamente influenciadas por factores socioeconómicos, culturales y de salud. Las perspectivas antienvejecimiento, como la teoría de la actividad, a menudo pueden pasar por alto las desigualdades estructurales y las condiciones que afectan a las personas mayores, tales como la discriminación, la falta de recursos y el acceso limitado a servicios y oportunidades.

Además, es importante considerar la diversidad cultural y contextual al analizar el envejecimiento, ya que las experiencias pueden variar significativamente entre países en desarrollo y desarrollados. La noción de turismo sénior, centrada en personas mayores con recursos económicos, jubilación y buena salud, tiende a excluir a quienes enfrentan desafíos económicos o de salud, lo que refuerza la importancia de adoptar enfoques más inclusivos y sensibles a la diversidad en la investigación sobre el envejecimiento.

En la intersección de la teoría del envejecimiento exitoso y el turismo, surge el turismo sénior como una subcultura o minoría independiente, basada en la premisa de que las personas mayores desarrollan su propia cultura; la cual implica normas, valores, patrones de conducta, creencias, intereses comunes y comportamientos específicos, priorizando estas características sobre otras variables como el género, la etnia y la clase social. Además, esta perspectiva tiende a pasar por alto las interacciones con otros grupos etarios.

La teoría de la continuidad parece ser más adecuada para comprender las experiencias turísticas y de viajes de las personas mayores mexicanas en la actualidad. Aunque se identificó la teoría de la actividad en México al encontrar adultos mayores que envejecen con éxito a través de acciones para mejorar su bienestar físico y mental como los viajes de placer, la mayoría de los entrevistados ha practicado el turismo desde etapas anteriores de su vida. En este estudio, se observan pocos cambios en la práctica turística de los adultos mayores, independientemente de si viajan ahora o si ya no lo hacían antes de la vejez.

Por otra parte, al comparar a los adultos mayores mexicanos con sus contrapartes en países más desarrollados, parece que los mexicanos tienen un mayor apego emocional a sus raíces. Los viajes de nostalgia a sus pueblos natales, así como los viajes en familia o para visitar a sus parientes, tienen mayor importancia. No obstante, la disparidad socioeconómica entre los habitantes urbanos y rurales sugiere que los adultos mayores urbanos, con niveles educativos más altos y con mejores ingresos económicos, tienden a vivir solos debido a que su condición de salud se los permite. En contraste, la población rural tiende a vivir con sus hijos casados y nietos, participando activamente de las actividades familiares y viajando de esa manera. Aunque estos hallazgos no deben generalizarse a toda la población de adultos mayores, representan un avance en la comprensión de las diferentes formas de envejecimiento y la participación de los adultos mayores en el turismo.

Antropológicamente, la vejez se concibe como un proceso no sólo físico, sino también cultural. Como parte de la cultura, su concepción es mutable y está sujeta a cambios. En una sociedad capitalista, la vejez se defina cuando se deja de ser productivo, convirtiendo la edad cronológica en un asunto intrascendente; su determinación se convierte en una cuestión social, vinculada a la edad legal para jubilarse. En esta misma sociedad capitalista, se insta a las personas a envejecer manteniendo independencia y autonomía, tanto en lo económico como en lo físico. Sin embargo, se olvida que en última instancia los seres humanos son inherentemente dependientes, pues siempre necesitan de los demás. La solidaridad intergeneracional entre las personas jóvenes y mayores aparece como un aspecto esencial que debe considerarse parte integral de la experiencia turística de las personas adultas en sociedades como la mexicana.

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Recibido: 24 de Enero de 2024; Aprobado: 29 de Julio de 2024; Publicado: 08 de Noviembre de 2024

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