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Inter disciplina

versión On-line ISSN 2448-5705versión impresa ISSN 2395-969X

Inter disciplina vol.12 no.34 Ciudad de México sep./dic. 2024  Epub 09-Dic-2024

 

Entrevista

Migrar para salvar su vida de la violencia y la pobreza. Entrevista con Herlinda, una mujer inmigrante de origen guatemalteco radicada en el Ejido de la Isla de la Piedra, Mazatlán, Sinaloa

Migrate to save your life from violence and poverty. Interview with Herlinda, an immigrant woman of Guatemalan origin who lives in the Ejido de la Isla de la Piedra, Mazatlan, Sinaloa

Mayra Alejandrina Hernández Gurrola* 

* Maestra en ciencias sociales con énfasis en estudios regionales por la Universidad Autónoma de Sinaloa. Correo electrónico: mayra.alejandrina.hernandez@gmail.com


EN EL PRESENTE ESCRITO se muestra un extracto de una entrevista realizada a una mujer inmigrante guatemalteca en el periodo de septiembre de 2018 a junio de 2020 para nuestra tesis de maestría Cambios y continuidades en la identidad de mujeres inmigrantes guatemaltecas residentes de la Isla de la Piedra, Mazatlán (2018-2020), en la cual indagamos sobre los cambios y continuidades acontecidos en la identidad tras un proceso migratorio. La población de estudio fue un grupo de mujeres inmigrantes provenientes de Guatemala con más de tres décadas residiendo en territorio mexicano; la comunidad, en el momento del trabajo de investigación, vivía en el Ejido de la Isla de la Piedra, Mazatlán, Sinaloa.

¿Cuándo llegó usted a México?

Llegué por primera vez [a México] cuando tenía diecisiete años, tenía diecisiete años, como ya no aguanté la pobreza, yo aprendí a trabajar a la edad de siete años, trabajaba en el campo.

¿Qué hacía en el campo usted?

En el campo cortaba algodón, así estaba yo cortando algodón, ahí estuve por un tiempo y después me dediqué a cortar el maíz, cortábamos maíz, después volvíamos a cortar algodón, era por temporadas, y acabando ese, sembrábamos el chile, el puro chile, terminábamos y ya nos íbamos para Chiapas, ahí en la frontera hay un lugar, hay un campo en el que cortábamos café. Puro café cortábamos, cortábamos el grano y lo echábamos en canastas, porque la pobreza ya no la podía aguantar, uno aprende a trabajar para llevar qué comer a sus casas… uno ni tiempo de estudiar tiene, ya no pude terminar mis estudios.

¿Qué estudió usted?

Estudié la primaria, allá la estudié, me traje un diploma, no me pude traer todos mis documentos, como no me alcanzaba todo el dinero para irme a Guadalajara con un primo, nos pasamos por ahí por Tapachula, por donde está el tren, nos cobraron veinte pesos, como no me alcanzó nos venimos en los ferrocarriles para que nos trajera hasta México, llegamos a México, teníamos hambre y de ahí agarramos el tren para llegar a Guadalajara, llegamos a Guadalajara y ahí nos quedamos, yo tenía un novio que lo conocí en Chiapas, mi esposo, bueno, venía trabajando y trabajando y trabajando, duré viviendo en Guadalajara como tres años en un lugar que se llama San Pedrito.

¿Y ustedes qué hacían ahí en Guadalajara, a qué se dedicaban?

Trabajaba en el centro, en un lugar lavando los trastes, trabajaba para tener que comer, ahí en Guadalajara me encontré a mi novio, el que tenía en Chiapas, desde que estaba allá [Chiapas] él se quería casar conmigo pero yo no quise, le dije que se esperara un tiempo más, yo estaba trabajando con una señora en un lugar, él me dijo que se tenía que ir para su tierra y que no se podía ir sin mí, porque me amaba como yo a él así, lo conocí en Puerto Madero, Chiapas, en un lugar en el que yo trabajaba pelando camarón en una congeladora, ahí hay muchas congeladoras, él me invitó a bailar y bailamos, así fue como conocí a mi esposo. En el camino para Guadalajara sufrí mucho, me enfermé, solo le pedí a Dios que me llevara a mi destino a donde yo quería llegar, bueno así pasó… y por fin llegué a Guadalajara, ahí estuve en San Pedrito trabajando y trabajando por tres años, ahí en el centro, ni me acuerdo cómo se llama, pero me acuerdo que la calle se llama Pedro Moreno, ahí él me encontró, fue por mí y me trajo pa’ acá, cuando llegamos aquí vivíamos, en una colonia de la Montuosa, y no me gustó para nada el ambiente porque había muchas dificultades con los vecinos, ahí tenía unos vecinos, y empecé a tener problemas con ellos, ellos decían que no querían que yo viviera ahí que porque no era de aquí y un día me echaron “la migra”, y ese día yo me eché a correr, no me dejé y me vine pa’ la Isla,1 yo estaba embarazada, yo sabía que iba a tener a mi bebé y pensé que me iba a poner mala, ellos no sabían con quién se estaban metiendo, si le hacían algo a mi bebé yo no me iba a dejar, porque yo soy fuerte, esos fueron mis problemas allá en la Montuosa y para evitar esos problemas él me trajo pa’ acá [Isla de la Piedra] y me vine, sabíamos que aquí estaban invadiendo, agarramos un terrenito y puse la propiedad a mi nombre y ya empezamos a trabajar vendiendo pulpa [de jaiba], hicimos un cuarto. No teníamos lanchita, pero teníamos una tarraya porque él [su esposo] sabía pescar, porque él es pescador.

Pero, ¿su esposo es de aquí?

Es de Concordia, es de Pánuco (Sinaloa) tengo como treinta… treinta y cinco años con él y bien que nos llevamos. Me enteré de que estaban invadiendo la Isla y le dije a mi esposo que nos íbamos a venir para estar trabajando, así trabajando ha sido mi vida y vivimos así vendiendo pulpa, echando la tarraya y sacando camarón para vender, esa es nuestra vida, porque no podemos hacer más. Cuando llegué aquí a la Isla también tuve problemas con la vecina de aquí de enfrente, duró molestándome siempre mucho tiempo, hasta que un día me enfrenté con ella allá por la marisma, le dije que me dejara en paz, que yo no le hacía nada para que me molestara porque yo vivía mi vida sin molestar a nadie.

¿Cómo se acuerda que era su vida allá en Guatemala?

Si, bueno, en Guatemala trabajaba en el campo, cuando estaba de vacaciones, allá no son las vacaciones como aquí, allá sale uno en octubre, el diecinueve de octubre y ahí era donde uno tenía que trabajar en octubre y entrabamos hasta en enero [a clases] lo que trabajábamos era para sacar dinero pa’ los estudios, pa’ los uniformes, volvíamos temprano pa’ volver a la escuela, yo no hablo bien porque cuando estaba niña me tumbó un burro y me pegó en la mandíbula, no podía hablar pero ahora ya hablo bien, yo me quedé con una hermana mayor porque mis papás murieron, nos dejaron chiquitos y nosotros tuvimos que luchar para salir adelante, yo me hacía cargo de mi hermana la más chiquita, yo la estuve manteniendo, ella se casó con un muchacho de allá, mi hermana está aquí [en la Isla de la Piedra] por mí, vive pa’ allá en una casa rosa.

¿Ella es menor o mayor que usted?

Ella es la más chica, yo soy más grande que ella, si la hubiera dejado allá [Guatemala] ya la hubieran matado, está aquí por mí, aquí nomás estamos tres, allá yo no aguantaba la pobreza, porque a veces no teníamos ni qué comer, a veces no había ni trabajo en el campo y ahorita está igual, aquí estamos mejor, allá están matando a la gente, ese es el peligro, la última vez que fuimos pa’ allá [Guatemala] nos dimos cuenta de eso, le dimos gracias a Dios porque no vivimos allá, porque nos alejó de todos esos males, decidimos venirnos de allá porque estaba muy feo, bien violento, aquí donde vivimos estamos a gusto, tenemos qué comer y en qué trabajar, allá sufríamos mucho por ser pobres.

¿Cuál es su mejor recuerdo que tiene aquí en la Isla?

¿Cuándo llegué a la Isla? Tengo muchos recuerdos de cuando llegué a la Isla, pero tengo más cuando con mi familia, aunque yo creo que lo mejor fue cuando me vine de mi pueblo porque yo dije “Me voy a ir, me voy a ir porque no aguanto la pobreza” y dije que iba a llegar a un lugar en el que estuviera bien, en donde pudiera trabajar y tener qué comer, aquí estoy re a gusto, no hay estrés, hay qué comer, también recuerdo que cuando llegué una señora me regaló ropa, y algunos trastes para cocinar, también una vez reuní un dinerito y tuve dinero para comprarme una ropita, allá, ¡cómo sufrí! Aquí he ganado y he tenido lo que no imaginé allá, tengo un techito que me cubre, tengo trabajo, tengo qué comer, vivo a gusto con mi esposo, tuve dinerito para comprar zapatos, chamarritas pa’ mi hija, pa’ mí, pa’ mi esposo, si me enfermaba de la gripa tenía dinero para ir al médico, cosa que allá no tenía [Guatemala], incluso me metí a estudiar aquí en la Isla, en la primaria, para aprender algunas palabras porque como uno viene de allá uno tiene que cambiar, a veces también las cosas cambian, solo la primaria estudié y la pasé.

¿Cuál es su momento más feliz que tiene de aquí y de allá?

Se me fueron todos mis recuerdos, solo de allá me acuerdo de mis maestros, solo me acuerdo de mi escuela y de mis maestros cuando iba a tomar clases, me acuerdo que ellos lloraban por mí, porque me iba a venir por un tiempo, y de aquí de la Isla tengo que cuando me reúno con mi hermana para comer… cuando nos sentamos a comer mariscos, ceviche, campechana, un pescado tatemado, a veces nos vamos en su carrito a pasear, cuando hay mucho qué comer, yo quisiera que nuestra familia de allá se viniera para acá, pero ellos no tienen dinero para pagar su pasaporte, el otro día nos invitaron a una fiesta, aquí a la vuelta, aquí a la vuelta tenemos muchas amistades, son buenas personas conmigo…

Ya me tengo que ir… les agradezco la atención…¿Cuándo puedo venir a verla otra vez?

¡Qué Dios te guarde! Y cuando guste venir, porque Dios me manda a las personas para que las ayude y cuando yo puedo las ayudo… ¡Qué Dios te guarde en su camino! ¡Y que te cuide en el estudio!

Nos vemos después, con permiso y hasta luego.

Por medio de esta entrevista que se le realizó a Herlinda, mujer inmigrante de origen guatemalteco, se tuvo la oportunidad de conocer distintos aspectos de su vida, por ejemplo: por qué migró, por qué llegó a la Isla de la Piedra, qué la hizo quedarse a vivir en la Isla de la Piedra, cómo se compone su familia, etc. Puntos que nos dieron la oportunidad de comprender el porqué se dieron los cambios y las continuidades en la identidad de ella y de su familia que la acompaña.

** Entrevista realizada el 19 de agosto de 2019 en el Ejido de la Isla de la Piedra, Mazatlán, Sinaloa.

1 Con la Isla se refiere al lugar en donde vive que se llama Ejido de la Isla de la Piedra, Mazatlán, Sinaloa.

Mayra Alejandrina Hernández Gurrola

Licenciada en sociología y maestra en ciencias sociales con énfasis en estudios regionales por la Universidad Autónoma de Sinaloa. A lo largo de su vida académica se ha enfocado en abordar temáticas como migración, mujeres migrantes, cultura, identidad, otredad, entre otros. De trabajar estos temas han surgido varios productos como una reseña titulada “Género, migraciones y derechos humanos”, publicada en la revista INTER DISCIPLINA y un capítulo de libro intitulado “Atención y protección a niños, niñas y adolescentes migrantes en su paso por Sinaloa: albergue ‘Un ángel en el camino’ en la Ciudad de Mazatlán, Sinaloa” del libro Migración de tránsito por la Ruta del Pacífico Mexicano: analizando al fenómeno y a sus actores. También ha realizado estancias académicas en importantes centros de investigación del país como la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), el Colegio de México (Colmex) y el Colegio de la Frontera Sur (Ecosur) Unidad San Cristóbal de las Casas.

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