Los efectos que Internet y las nuevas tecnologías han producido en la dinámica diaria de la seducción entre las personas han significado una gran revolución cultural en los últimos años; algunos grupos de la población experimentan estos cambios con mayor intensidad, por ejemplo, los hombres que se sienten atraídos por otros hombres. El propósito de este texto es centrar la atención en dos herramientas prácticoanalíticas que ayudan a comprender la dinámica de las redes sociales de encuentro, a saber, el capital erótico y la economía del deseo.
Este texto se basa en los resultados de la investigación de maestría, en ella se ha podido establecer contacto con 64 usuarios1 de redes sociales de “encuentro,”2 específicamente del sitio < http://www.manhunt.net >, creado en Estados Unidos en los años 80 como servicio telefónico para encuentros entre hombres, y el más utilizado en varios países de Latinoamérica en los años 90 y 2000 en su versión de sitio web.3
Esta investigación utilizó el enfoque constructivista de las prácticas y las subjetividades sexuales en función de la necesidad de situar a las personas entrevistadas en coordenadas históricas y geográficas precisas, tales se limitan a usuarios de Manhunt habitantes de la Ciudad de México,4 por lo que generalizar sus resultados a otras ciudades o estados de la república mexicana resultaría inadecuado.
Los resultados fueron obtenidos a través de entrevistas a profundidad y a partir de la observación etnográfica digital en el sitio Manhunt.net, los entrevistados fueron seleccionados a partir de dos métodos, el primero fue la formulación de un perfil teórico de usuario que privilegiaba la noción metodológica de la “discreción;”5 el segundo fue el método en cadena, o “bola de nieve”, a partir de la red de conocidos de los mismos usuarios entrevistados; si bien todos los entrevistados han utilizado el sitio Manhunt a partir de computadoras personales, actualmente la mayoría ha abandonado los sitios en Internet y prefiere el uso de aplicaciones en sus celulares; durante las entrevistas se buscó enfatizar sobre todo la significación de las prácticas homoeróticas manifestadas en un continuum entre la seducción “online” y la seducción “frente a frente”.6
Los estudios inspirados por las investigaciones en torno a la “desviación de la norma” (Broqua 2000, 2) han buscado analizar las prácticas homoeróticas entre aquellos hombres que no se identifican como homosexuales. Dentro de esta corriente teórica sobresalen los trabajos consagrados a las prácticas sexuales en el espacio público; se encuentran por tanto los trabajos en países como Bélgica (Bolton, Vincke y Mak 1994), Francia (De Busscher, Mendès-Leite y Proth 1999), Estados Unidos (Styles 1979, Corzine y Kirby 1977, Weinberg y Williams 1975), los cuales han buscado hacer explícitas las experiencias calificadas durante algún tiempo como “desviadas”.
Por su parte, entre los estudios sobre los sitios de encuentro en Internet realizados en distintos campos disciplinarios y contextos geográficos, encontramos por un lado aquellos enfocados en la descripción y análisis del funcionamiento mismo de tales redes sociales (Dakhila y Poels 2012; Beunet 2013; Bergström 2010, 2011), los tres en Francia ,y por otro, aquellos que analizan las prácticas sexuales entre personas heterosexuales u homosexuales dentro de tales sitios (McLleand 2002; Daneback 2006; Léobon y Frigault 2004). Entre estos últimos trabajos destaca la diversidad de contextos geográficos estudiados, de tal forma que encontramos desde los contextos más alejados de México como Japón (McLleand 2002), Suecia (Daneback 2006), Francia y Quebec (Léobon y Frigault 2004), como contextos más cercanos y próximos cultural y geográficamente, se ha estudiado en especial el caso brasileño (Miskolci 2013; Leal 2013; Teixeira 2015).
Respecto a los estudios sobre prácticas sexuales y eróticas entre hombres en México (Barry 1986; Carrillo 2002; Díaz 1998) la mayoría ha intentado contrastar las experiencias de los individuos en el contexto mexicano con las experiencias de personas en contextos diferentes, especialmente aquellos de la cultura anglosajona; sobresale entre estos el de Guillermo Núñez Noriega, quien ha analizado el “abuso del término homosexual” (1999, 2001) así como la reificación de la distinción “activo/pasivo” y “dominado/dominante” que ciertos textos reproducen en sus análisis (Taylor 1978, 1986; Carrier 1972, 1976).
A su vez, la línea de estudios críticos sobre colonialismo homoerótico sirvió a esta investigación para hacer evidente los esquemas de percepción y de evaluación de la realidad que imponen esquemas de análisis epistémico rígidos y unidimensionales en torno a las sexualidades y las prácticas eróticas; según Núñez Noriega, el “modelo dominante de comprensión homoerótica” que impera en los trabajos sobre el caso mexicano otorga a las subjetividades sexuales una apariencia de estabilidad, al mismo tiempo que naturaliza las posiciones de la identidad sexual. Por su parte, los trabajos de Gutmann (1996, 1997) y Prieur (1996, 1998) describen los efectos del orden simbólico de género a nivel local en México y analizan cómo las categorías de identificación sexual son retomadas y actualizadas de diferente manera según las distintas condiciones sociales, como la clase social o la situación geográfica.
Entre las condiciones que hacen interesante el estudio de los usuarios de redes sociales de “ligue” en la Ciudad de México puede encontrarse la acuciante influencia estadounidense de formas de vida gay, difundidas, en gran parte, gracias a los efectos de la globalización desde hace algunas décadas; Rodrigo Laguarda, en su trabajo sobre identidades gay en la Ciudad de México (2010), relata cómo tales efectos permitieron que el término gay comenzara a sustituir a otros términos locales como “joto”, “puto” o “maricón” entre los jóvenes de clase media y media alta que habitaban el centro de la Ciudad entre los años 60 y 70 particularmente (Laguarda 2010, 157).
Entre otras condiciones que enfrentan tales usuarios actualmente, la crisis económica internacional -que enfatiza la marginalización de sujetos ya estigmatizados como mujeres, jóvenes, entre otros-, el alto nivel de agresiones y crímenes por odio en México (CNDH 2015; Letra S 2015), así como el contexto político derivado de la aprobación del matrimonio entre personas del mismo sexo en la Ciudad en 2009, constituyen el mosaico de factores que influyen sobre las prácticas homoeróticas a analizar.
Redes sociales, o el imperio de la imagen
Una de las características funcionales de los sitios de encuentro es la exposición de imágenes de la persona en un perfil7 a fin de ganar el interés de los demás; la predominancia de la imagen respecto de los demás elementos de información del perfil, como el texto o las características descritas en el mismo, puede observarse en la misma organización espacial de los sitios: la forma de catálogo en que la imagen es lo primero y más sobresaliente de un perfil, son raros los perfiles que no muestran ninguna imagen. Para la mayoría de las personas entrevistadas -quince de veintidós-, las fotos del perfil tienen mucha más importancia que todos los demás elementos mostrados en él.8
El sitio Manhunt posee una característica particular interesante para analizar: es uno de los pocos sitios de encuentro para hombres que permite la exposición de fotografías explícitas de cualquier parte del cuerpo, sobre todo los genitales, como foto de perfil; otros sitios como PlanetRomeo,9 o aplicaciones telefónicas como Grindr10 restringen la exposición de fotos de genitales, ya sea permitiéndolas sólo como fotos “privadas” o “bloqueadas”, ya sea permitiendo su acceso únicamente a los usuarios con membresía.11
Entre los entrevistados, quince dicen tener en sus perfiles fotos privadas de diferentes partes de su cuerpo, diez de ellos dicen tener fotos de sus genitales, seis de su torso, cuatro de sus glúteos, un entrevistado tiene una foto de sus brazos y otro una de su abdomen. Esta segmentación del cuerpo en partes fotografiadas y expuestas en Internet, o compartidas a través de los aparatos móviles, se yuxtapone a su vez a una jerarquización de órganos y extremidades que otorga un valor y una prioridad distintos a ciertas partes que a otras.
El cuerpo segmentado y jerarquizado es sometido a un performance continuo de erotización; de esta forma, el usuario Corso12 afirma que “a veces sus caras no son tan interesantes pero sus cuerpos sí”. Por otra parte, tal segmentación del cuerpo responde a una lógica particular de evaluación de posibilidades sexuales o afectivas que ofrecen estos sitios; el mismo usuario declara que prefiere mostrar como foto de perfil una foto de su pene a una de su rostro, puesto que cuando ha puesto foto de su cara dice no tener “tanto éxito” para lograr un encuentro sexual:
Cuando me meto al Manhunt […] ven mi pito y dicen: “Va, voy”; en Manhunt yo ligo rapidísimo porque se ve mi pene, y en los otros [sitios de encuentro] no, porque primero se ve mi cara […] En Manhunt yo no pongo [foto de] cara, o sea mi pito, mi cola, todo […] me contactan y, este, “Ay ¿no tienes foto de cara?” Cuando me piden foto de cara […] les digo: “No, no tengo aquí, pero ¿qué quieres saber? Tengo dos ojos, una nariz, y tengo boca, dos cejas, pestañas un chingo, me crece un poco de vello” […] No busco el anonimato ni nada, más bien es como [decir]: “Güey, quiero coger, y cojo con esto, ¿quieres?” Y te digo que funciona muy bien en Manhunt, en Hornet y en Grindr es un pedo, es lo contrario, o sea mi rostro mata.
El funcionamiento del sitio responde a una lógica de pragmatismo sexual, donde la exposición de partes del cuerpo figura como herramienta esencial para satisfacer las expectativas de los usuarios; tal como muestra el caso de Corso, el cuerpo queda reducido a una función mecánica, un medio para “coger”, en su máxima expresión -“mi verga y mi culo”.
Durante el trabajo de campo en las entrevistas, pude observar la manifestación de una lógica particular de la exposición y la evaluación de las fotos de perfil por parte de los usuarios; la motivación13 de cada entrevistado al usar el sitio puede variar según el momento en que se conecta al sitio, va a determinar, en la mayoría de los casos, el tipo de imagen que seleccione como foto de perfil; de esta forma, para un usuario en busca únicamente de un encuentro sexual su foto de perfil será más sexualmente explícita, mientras que para aquellos que busquen entablar otro tipo de encuentro, como la búsqueda de una relación de pareja, la foto de perfil se mostrará menos sexualizada.
Tal lógica de la imagen revela una economía del deseo que se traduce por una parte en el uso mecánico del cuerpo y, por otra, en la producción fantasmática14 de las expectativas hacia el otro. Puede observarse entonces una tendencia entre los perfiles que muestran una foto de genitales, o alguna foto sexualmente explícita, y aquellos usuarios inscritos en el sitio con el fin de tener encuentros sexuales; esta relación la encontré en siete casos. Por otra parte, pude constatar cinco casos donde hay una relación entre los usuarios que desean “conocer a la persona”15 y los perfiles que muestran una foto de rostro como imagen de perfil.
Sin embargo, hubo casos en que la relación foto de genitales = encuentro sexual y foto de perfil de rostro = encuentro no sexual no coincidía con tal lógica: tres usuarios, José,16 ,Gabriel17 y Rider,18 muestran su rostro en su foto de perfil, indicando al mismo tiempo que buscan un encuentro sexual;19 al mismo tiempo, otros dos, Rex20 y Vlad,21 muestran como foto de perfil su torso desnudo sin mostrar su rostro, indicando buscar “conocer personas”.
De manera que, incluso si la lógica tipo de imagen de perfil = tipo de interacción buscada aplica para doce casos, tal lógica no muestra una rigidez en la motivación de los usuarios en relación con las expectativas ligadas al encuentro. Existe un doble estándar presente en la evaluación de imágenes y perfiles que funciona gracias a la fragmentación del cuerpo, este se separa en pedazos que son erotizados, cada uno de ellos activa un mecanismo diferente de interacción, que va a coincidir con la lógica del imperio de la imagen expuesta.
El capital erótico
Punto de convergencia de las normas de género, el cuerpo materializa lo simbólico y actualiza la inversión normativa que el sujeto realiza constantemente. La relación inseparable entre el cuerpo y los efectos que produce en el espacio social puede analizarse a través del capital erótico en tanto forma de capital cultural (Bourdieu 1979b, 3); esta forma de capital es el resultado constante del reconocimiento de ciertos atributos físicos y psicológicos que otorgan el acceso a diferentes bienes materiales y simbólicos, en el caso de las redes sociales de encuentro este tipo de capital otorga el acceso a otros cuerpos o a cierto tipo de interacciones.
Propuesto en tanto que herramienta analítica en las investigaciones de Martin y George (2006), de Adam Green (2008), y de la antropóloga Catherine Hakim,22 el capital erótico sirvió en esta investigación para desentrañar la compleja trama de relaciones de poder en torno al cuerpo. Esta forma de capital simbólico se ve imbricada con la noción bourdiana de hexis corporal que descubre las dimensiones materiales y simbólicas del género y las sexualidades; según Bourdieu: “La hexis corporal es la mitología política concretizada, incorporada, convertida en disposición permanente, en manera perdurable de sostenerse, de hablar, de caminar, y por tanto, de sentir y de pensar” (Bourdieu 1980, 117).23
En los encuentros a través de las aplicaciones “de ligue”, la exposición del cuerpo permite a los usuarios interactuar y evaluar tanto el deseo producido en los otros, a través de la exposición del propio cuerpo, como el deseo experimentado en sí mismo, a través del placer de observar el cuerpo de los demás; en este proceso, la masculinidad es movilizada por la gran parte de los usuarios,24 tal como señala Núñez Noriega, esta es “un objeto de disputa cotidiana” (2007, 149).
El capital erótico visibiliza los efectos de varias relaciones de dominación, entre ellas la étnica/racial (a través del color de la piel, las facciones del rostro, la estatura, entre otros atributos físicos), la de clase social (a través de la enunciación de la preferencia por marcadores de diferencia específicos, como los gimnasios, spas, medios sociales frecuentados, o formas de vestir), entre otras como el colonialismo estético que se observa en el modelo local de belleza hegemónica en México.
Entre los elementos tradicionales de este canon simbólico de belleza local en México, con variaciones regionales y etarias dentro del país, pueden observarse atributos del cuerpo que son los más valorados: la estatura (superior a 1.75 m), la piel “blanca” o poco pigmentada, el cabello color castaño claro o “rubio”, los ojos de color claro (azules, verdes, etc.); tales elementos son bastante apreciados en tanto que capital erótico tanto en hombres como en mujeres, y particularmente en los círculos sociales gay de clases medias urbanas, en los que además se valoran los cuerpos esbeltos o musculados, así como también es apreciada la “juventud”, en tanto apariencia corporal, más que en tanto cifra del periodo vital de un organismo.
El colonialismo estético dominante en México produce y reproduce un canon de belleza heredado de la cultura occidental, que se reproduce en muchas sociedades no occidentales gracias a la profusión de los medios de comunicación en un proceso de globalización. Es a través de este modelo de belleza que una imposición cultural despliega una descalificación simbólica del otro (el cuerpo que “no es bello”); el cuerpo que “no es atractivo” no puede ser considerado como dotado de un gran capital erótico pues no ha sido socialmente constituido como tal, sufre así una imposición simbólica de ilegitimidad en la lucha por el reconocimiento social.
El capital erótico funciona en sinergia con otros tipos de capitales, como explica Bourdieu con las preferencias estéticas de las diferentes clases sociales;25 de igual forma, la existencia de un cuerpo masculino “legítimo” como objeto discursivo de deseo se manifiesta en cada uno de los entrevistados, cada uno se posiciona respecto a tal objeto de deseo en dos dimensiones: en relación con su propio cuerpo, y en relación con el cuerpo del otro al que desea.
Según los datos recabados, un indicador de los efectos del capital erótico de los usuarios entrevistados podría ser el número de mensajes que reciben en los sitios de encuentro, la Tabla 1 muestra la comparación de este indicador entre ellos, siguiendo tal hipótesis podría decirse que el usuario David,26 que recibe en promedio 100 mensajes diarios, tendría un capital erótico mayor que el de Manuel, con sólo 2 mensajes; no obstante, limitar el capital erótico a los efectos producidos únicamente por la foto de perfil caería en un reduccionismo en el que sólo se toma en cuenta el físico inmediato observado en los sitios, mientras que algunos usuarios relatan cómo el capital erótico puede ser mayor en el encuentro cara a cara, incluso en razón de factores como la personalidad, el tono de voz, u otros factores, como la empatía que sus historias de vida despiertan en ellos.
Tabla 1 Relación Perfiles visitados/Mensajes recibidos/Mensajes enviados
| Perfiles visitados (promedio al día) | Mensajes recibidos (promedio al día) | Mensajes enviados (promedio al día) | |
|---|---|---|---|
| Vlad | 20 | 25 | 20 |
| ACTIF | 3 | 20 | 6 |
| José | 50 | 3 | 5 |
| Machomec | 0 | 40 | 40 |
| David | 20 | 100 | 20 |
| Javier | 20 | 3 | 2 |
| Charles | 20 | 10 | 15 |
| Gabriel | 20 | 12 | 12 |
| Antonio | 20 | 3 | 2 |
| Manuel | 2 | 2 | 5 |
| Rex | 10 | 15 | 6 |
| Mario | 20 | 5 | 20 |
| Cubiste | 40 | 20 | 15 |
| Oscar | 20 | 10 | 20 |
| Corso | 20 | 50 | 20 |
| Neptuno | 20 | 20 | 20 |
| Demian | 30 | 10 | 4 |
| Rider | 30 | 8 | 30 |
| Íñigo | 20 | 5 | 20 |
| Erick | 50 | 10 | 20 |
| Alain | 20 | 20 | 20 |
| Arturo | 20 | 100 | 20 |
Campo: Usuarios habitantes de la Ciudad de México con una cuenta en Manhunt que aceptaron la entrevista (N=22).
Lectura: Relación entre el promedio de perfiles visitados, el promedio de mensajes recibidos y el promedio de respuestas, todo en un periodo de un día.
Cierto capital erótico, instrumentalizado gracias a los medios digitales, puede ser aprovechado para la interacción en los sitios de encuentro ya que subordina todo tipo de motivaciones; esto se observa en las entrevistas realizadas, pues algunas personas afirman que desbloquean27 sus fotos, o que aceptan el chat con cámara, únicamente si los usuarios que lo solicitan “están guapos”; en esta misma lógica, la mitad de los entrevistados afirma que la mejor “estrategia de ligue” en Manhunt es mostrar la foto de un “buen” cuerpo.
El cuerpo se descubre como el material más inmediato de cada persona, sobre el que puede materializar y trabajar -capitalizar- sus deseos; cada sujeto es capaz de moldearlo y explotarlo a través de múltiples tecnologías y técnicas disciplinarias -como dietas, actividades deportivas, e incluso cirugías estéticas-, y de aprovechar sus atributos o sufrir sus carencias. Un cuerpo trabajado conforme a la lógica del reconocimiento legítimo se ajusta a la lógica del capital en sus diversas presentaciones, en tanto capital social, cultural, simbólico e incluso político.
Estudiar el capital erótico permite indagar sobre las formas en que los diferentes tipos de capitales convergen en uno o más grupos sociales, o sobre cómo se posiciona cada cuerpo en torno a la hegemonía de una élite; su análisis nos permite preguntarnos si resulta una coincidencia el hecho de que ciertas élites, en distintos campos de poder, coincidan con formas de capital corporal, con formas de blanqueamiento corporal, con prácticas y tecnologías del cuerpo, como gimnasios, deportes de élite, etc., o a su vez preguntarnos ¿de qué manera y en qué condiciones de existencia varias formas de capital, cultural, social, económico, fluyen en una dirección, se estancan en ciertos grupos sociales, y a la vez atraen un flujo continuo de capitales? Y también ¿qué mecanismos de revuelta, de reformulación y revolución pueden ocurrir para los desposeídos de ese capital? ¿Cómo es que un cuerpo “bello” en condiciones carentes de capital social o cultural puede lograr “irrumpir” gracias a y, a través de, su cuerpo en otros medios sociales? En suma, preguntarnos sobre las reglas del capital erótico, en tanto materialización constante de los efectos de poder que emanan del cuerpo, arroja luz sobre un amplio rango de fenómenos sociales.
El uso de las redes como productoras fantasmáticas
Durante la observación etnográfica digital, y gracias a los relatos de los entrevistados, pude constatar la recepción y el desbloqueo de fotografías privadas, la mayoría de genitales, con invitaciones directas a tener encuentros sexuales; esta práctica, al parecer recurrente y cotidiana, despertó en mí la curiosidad sociológica en torno a las condiciones y tendencias del proceso de seducción a través de las nuevas redes sociales; me preguntaba cómo podía explicarse una práctica tan reveladora, literalmente, en tanto que forma inicial de interacción entre dos desconocidos.
Si una función de la exposición de fotografías en las redes de encuentro es permitir una primera aproximación a una persona que hasta ese momento era desconocida, la posibilidad de desbloquear o enviar las fotos a otros usuarios supone una nueva forma de interacción; las fotos de genitales, acompañadas del mensaje “¿cogemos?” enviadas como forma inicial de interacción es el claro ejemplo de estas nuevas formas de interacción. Este tipo de aproximación rompe con la esfera tradicional de la intimidad, a ello se suma la posibilidad que permiten los perfiles del sitio de conocer de forma inmediata características específicas de la persona (entre otras están su “rol sexual”,28 el tamaño de sus genitales, las fantasías y prácticas sexuales preferidas),29 además de la posibilidad de “cortar” la comunicación o “bloquear” a un usuario sin mayor problema.30
Según la teoría de los scripts31 sexuales de Gagnon y Simon (1973), el comportamiento sexual debe explicarse sobre todo por el contexto en el que tienen lugar las prácticas más que por una pulsión interna o por determinismos biológicos;32 siguiendo esta teoría, Kristian Daneback afirma a partir de sus estudios que: “las características específicas de Internet producen nuevos scripts sexuales que no se encuentran en concordancia con el comportamiento sexual condicionado por marcos de interacción más tradicionales fuera de las aplicaciones de encuentro” (2006, 179), en efecto, esto puede constatarse a través de las nuevas prácticas como el envío de fotos de genitales, que desatan nuevas formas de comunicación, seducción y explotación del capital erótico.
Por otra parte, en su texto Looking to play? Les technologies de drague en ligne dans la vie gay (2014), Kane Race analiza las redes sociales de encuentro a partir de la perspectiva de la “especulación sexual”, en tanto pragmatismo que permite un tipo particular de transacciones; apunta cómo “el chat puede constituir también una forma de juego en sí mismo, en la medida en que flota en un espacio precario que oscila entre el intercambio gratuito y el intercambio instrumentalizado” (2014, 56); esto coincide con el placer experimentado por ciertos entrevistados al interactuar a través del sitio sin buscar siquiera llegar al encuentro cara a cara.
Cinco entrevistados me relatan el placer que les provoca el solo hecho de observar las fotos de los demás usuarios en el sitio, sin buscar necesariamente pasar al encuentro en persona. Corso afirma: “Me gusta ver los cuerpos desnudos […] a veces yo solo quiero ver culos y vergas […] la imagen me prende, cómo se muestran, qué parte de sí muestran; soy muy poco pudoroso entonces a todo mundo le abro [desbloqueo] mis fotos”, en efecto, su foto de perfil es una foto de su pene. El intercambio de fotos -ya sean reales, ficticias,33 o fragmentadas-, la sexualización de las conversaciones, y la posibilidad de seducir a otros hombres, constituyen ya un fin que satisface los deseos y los fantasmas de algunos usuarios.
En este juego fantasmático, los sitios de encuentro devienen una forma de diversión, de pasatiempo, donde se obtiene placer al ver y ser visto;34 se trata según Kane Race de “una práctica erótica que se basta a sí misma” (2014, 56), la experiencia visual convierte al sitio en
un espacio en el que los fantasmas pueden tomar una forma más concreta, aquella de las oportunidades, de los deseos y de las intenciones, o quizá permanecer en el espacio del chat y del fantasma. Los fantasmas co-construidos en línea pueden modelar las expectativas del encuentro cara a cara, ya sea que le den forma, o que engendren una posible decepción, en la medida en que el encuentro cara a cara no logre estar a la altura de la versión preconstruida y del fantasma.35 (2014, 57).
Puede observarse entonces que la exposición de fotos de todo tipo en el sitio crea un uso fantasmático de las redes sociales, en donde el capital erótico -propio y del otro- establecerá las bases de una transacción sexual en un continuum donde lo digital y lo fantasmático se confunden; el conjunto de transacciones y negociaciones entre dos o más usuarios revela la existencia de una gestión intersubjetiva de las expectativas y las disposiciones eróticas, en suma, de una economía del deseo.
Economía del deseo y el proceso de negociación
Siguiendo a Erving Goffman (1959, 1977) y a Paola Tabet (2004), Mélanie Gourarier analizó la seducción en tanto relación transaccional en un sitio de encuentro para hombres y para mujeres, ella encuentra que “las transacciones de seducción son una manera de significar y actualizar el valor diferencial de los deseos masculinos y femeninos” (Gourarier 2013, 427); por mi parte, el estudio de la seducción analizado en mis entrevistas permite observarla como proceso de gestión del deseo en los entrevistados.
Dos ventajas del uso de las aplicaciones aparecen claramente en las entrevistas de mis informantes, la primera es la gran facilidad para abordar personas desconocidas, la segunda es la reducción del proceso de la seducción. De tal forma, hubo un objeto discursivo que surgía en prácticamente todas las personas, se trata del “salto” que permiten los nuevos sitios de encuentro en relación con el marco de interacción habitual de seducción entre dos personas desconocidas (la frase “que te permiten saltarte varios pasos” aparecía una y otra vez al preguntar sobre las ventajas del uso de estos sitios, apelando a la posibilidad de omitir ciertas etapas en la interacción del cortejo); esto me condujo a pensar la seducción en los sitios de encuentro en tanto economía del deseo que se propaga en un espacio digital a partir del uso fantasmático que hacen los usuarios, en función de las expectativas y las motivaciones de cada uno.
El proceso de seducción homoerótico se estructura y se desarrolla gracias a la gestión y la organización de los deseos, este andamiaje entre gestión y organización descubre una administración, una economía, que no es del todo consciente, y que no se advierte lineal; de acuerdo con los resultados de esta investigación, tal economía estaría estructurada en dos dimensiones de la interacción:
En tanto negociación externa del sujeto con los demás usuarios la economía del deseo estructura la búsqueda de otros usuarios en función de la identificación de posibles objetos de deseo entre una multiplicidad de perfiles, en un espacio consagrado a la presentación de sí y a la explotación del capital erótico, y a partir de la posición que la persona asume respecto a la heteronorma.
En tanto negociación interna del sujeto consigo mismo a partir de la cual el usuario gestiona sus deseos en el curso de la interacción procediendo a un ejercicio de autoanálisis, donde la inteligibilidad de su propio deseo y su disposición a respetar el acuerdo establecido con otro usuario hacen posible el encuentro cara a cara; tal ejercicio toma en cuenta la imbricación de fantasmas y expectativas que estructuran la interacción, y se apropia de las herramientas digitales, como la flexibilidad del perfil y la conversación digital en tiempo real, para satisfacer un gran abanico de deseos en un corto periodo de tiempo.
Se analizan a continuación ambas dimensiones de la economía del deseo.
Economía del deseo en tanto que negociación externa
Para muchos usuarios, el espacio público heteronormado supone una barrera para la seducción entre hombres que el espacio digital puede rebasar,36 muchos de los entrevistados observan en esta “facilidad” ofrecida por las aplicaciones un medio para esquivar algunos efectos de la heteronorma y permitirse mayores posibilidades de “encontrar a alguien”.
Desde los años 60, en su estudio sobre la comunidad gay de Los Angeles, Evelyn Hooker utilizó la metáfora del “mercado sexual” para designar “las transacciones entre homosexuales y la puesta en marcha de un marco para negociar el intercambio de servicios sexuales” (Hooker 1965); por su parte, el sociólogo Michael Pollak, quien estudió la seducción gay a finales de los 70, en la misma línea de investigación, se refiere al “(…) mercado sexual que busca maximizar las ganancias en términos de placer al mismo tiempo que minimizar los costos temporales e inversiones racionales (etapas de la seducción, riesgos de rechazo) asociados a esta búsqueda” (Pollak 1982).
Para estos dos autores, la idea de “mercado” supone un conjunto de negociaciones que busca obtener el mejor resultado en una transacción, al mismo tiempo que una racionalización del esfuerzo por obtenerlo, cuya finalidad reside únicamente en el placer. Durante la realización de esta investigación, pude constatar que el éxito del uso de redes sociales de encuentro reside en gran parte en la excitación experimentada por los usuarios, quienes disponen de un número incalculable de parejas potenciales -independientemente de la motivación que tengan en el sitio-, que los hace fantasear con la idea de “encontrar” a alguien.
Para algunos entrevistados es difícil resistirse a una forma de incitación sexual permanente37 en las aplicaciones, encontré relatos que mencionaban la sorpresa que sentían al inscribirse en tales sitios y descubrir la cantidad de perfiles, esta desataba la sensación de que entre tantos usuarios ellos “encontrarían al bueno”, a tal grado que algunos aseguran: “No podía salirme del sitio durante horas hasta encontrar a alguien” (David). La impresión de explorar una lista “infinita” de personas que también se encuentran en la búsqueda de “alguien” o “algo”, estimula en ellos una necesidad de permanecer conectados; incluso algunos están inscritos en más de una red social o aplicación al mismo tiempo, al menos trece entrevistados han utilizado más de un sitio.38
Si para la mayoría de los entrevistados el sitio sirve sobre todo para “ahorrarse los pasos” de la seducción, para aquellos que no se asumen como homosexuales ni gays (cuatro casos entre los entrevistados), esta ventaja significa más que eso, es una necesidad. Es el caso de Demian,39 quien afirma que en su vida diaria “hay puros heteros [heterosexuales]”, mientras que “frente a la pantalla es más fácil [encontrar a hombres atraídos por hombres]”. Para Gabriel, usar el sitio significa liberarse del peso de perder el tiempo buscando identificar a los hombres a quienes les gustan los hombres; el sitio le permite suponer que todos los usuarios se encuentran en la búsqueda de otros hombres, “porque ya sabes que vas a la segura, ya no tienes que andar explicando a la persona que ‘soy gay’, porque ya lo saben, y entonces es muy fácil soltar las cosas como las siento”.
Los usuarios aprovechan igualmente de una maximización de las oportunidades gracias a la cantidad de personas conectadas: “En un antro puedes intentar ligarte a dos y los dos te pueden batear [rechazar]. En un sitio puedes intentar con cincuenta, y alguno te va a decir que sí. En un antro si besas a alguien más, [él] se puede dar cuenta, en las redes nadie se da cuenta (que estás ligando con alguien más), entonces puedes hacer sentir especiales a todos”(Manuel);40 los relatos como el de Manuel, o el de Corso, muestran que ciertos usuarios desarrollan cierta inteligencia estratégica de la seducción, que les permite “jugar” varias “cartas” a la vez sin arriesgar demasiado. Los entrevistados parecen ser conscientes de que toda “pérdida” puede ser rápidamente compensada por otras “ganancias” eventuales.
Como expusimos anteriormente,41 la lógica de la imagen muestra que son las expectativas de los usuarios las que estructuran la racionalización de la interacción: a motivaciones diferentes corresponden por tanto estrategias diferentes en la puesta en escena de sí mismo en los sitios de encuentro. El reconocimiento del capital erótico parece ser evidente para la mayoría de los entrevistados; Corso, Charles,42Demian y Alain43 consideran que el tamaño del pene es una gran ventaja cuando se expone en el perfil de los usuarios, ya sea de forma visual o en la descripción escrita. Como indica Rivière en su estudio: “En este tipo de economía fantasmática, el cuerpo ofrecido y/o poseído es instrumentalizado en beneficio del placer de la negación del/y en el otro” (Rivière et al. 2015, 179).
Las fotos de genitales expuestas como foto de perfil de un usuario atraen la atención de entrada, y dan la impresión de que se trata de un usuario que tiene necesariamente “más éxito” en la seducción. Sin embargo, el caso de Corso muestra cómo la ruptura de ciertas barreras, la cualidad de “ser directo”, son la clave del “éxito” de este tipo de imágenes:
Entrevistador: - ¿Cuáles son las estrategias de ligue que crees que son las más utilizadas en el sitio?
Corso: -Hay de todo. Está el guarro directo, el que abre tu ventana y [dice]: “¿Quieres coger?” o “Qué rica verga ¿me la metes?” Hay otros que son como más suaves: “Hola, ¿cómo estas ?” […]
Entrevistador: -¿Cuál crees que es la que más tiene éxito?
Corso: -Las fotos y lo guarro, creo que es lo que más pone. A mí.
Si los sitios y las aplicaciones de encuentro como Manhunt o Grindr favorecen una “‘economía excitativa’ del instinto o del deseo sexual” (Riviere et al. 2015, 163), tal economía es puesta a prueba al momento del encuentro cara a cara. El paso del encuentro digital al encuentro en persona ha sido estudiado en algunos trabajos (Hardey 2002; Lawson y Leck 2006), para algunos usuarios tal paso significa el momento decisivo en que las expectativas son confrontadas con los cuerpos y la personalidad “verdaderos”, la corporalidad se materializa y sustituye a la imagen creada a partir de las fotos. Sin embargo, como podemos observar en la Tabla 2, la relación entre la interacción en el sitio y los encuentros cara a cara se revela bastante desequilibrada, en ella se muestra que el encuentro “real” es todo menos fácil para la mayoría de los usuarios.
Tabla 2 Relación interacción online/offline (dentro del sitio/cara a cara).
| Promedio de usuarios encontrados en persona (offline) | Promedio de usuarios con los que ha interactuado en el sitio (online) | |
|---|---|---|
| Vlad | 20 | 200 |
| ACTIF | 200 | 300 |
| José | 70 | 500 |
| Machomec | 300 | 500 |
| David | 25 | 1000 |
| Javier | 10 | 1000 |
| Charles | 100 | 800 |
| Gabriel | 12 | 150 |
| Antonio | 20 | 50 |
| Manuel | 50 | 500 |
| Rex | 40 | 200 |
| Mario | 4 | 300 |
| Cubiste | 25 | 600 |
| Oscar | 0 | 25 |
| Corso | 500 | 1000 |
| Neptuno | 50 | 1000 |
| Demian | 4 | 50 |
| Rider | 70 | 1000 |
| Íñigo | 100 | 1000 |
| Erick | 100 | 2000 |
| Alan | 4 | 50 |
| Arturo | 500 | 2000 |
Campo: Usuarios habitantes de la Ciudad de México con una cuenta en Manhunt que aceptaron la entrevista (N=22).
Lectura: Relación entre el promedio de usuarios que se han encontrado cara a cara y el promedio de usuarios con los que se ha interactuado de alguna forma a través del sitio de encuentro (conversación, intercambio de fotos, videollamada, masturbación en línea, etc.).
En tanto investigador, es por demás complicado saber si las prácticas se desarrollan de manera automática al momento del encuentro en persona entre dos usuarios, y pude encontrar entre los testimonios versiones muy distintas al res pecto, hay usuarios que me han relatado un automatismo casi inmediato en el encuentro cara a cara, incluso sin la mínima interacción verbal; hay otros que me han contado cómo su motivación ha cambiado, o desaparecido en tal momento. Si bien los sitios de encuentro son percibidos como un acceso casi automático a encuentros sexuales, las declaraciones de ciertos entrevistados revelan que el encuentro en persona puede terminar frecuentemente en un fracaso.
Según el trabajo de Eva Illouz, “el Internet acrecienta la instrumentalización de las interacciones sentimentales, al privilegiar el ‘valor’ que la gente atribuye a sí misma y que atribuye a los demás en un mercado estructurado” (2006). No obstante, tal valor atribuido a sí mismo puede no ser fijo, pues varía en función del objetivo prestablecido y del proceso de negociación, cada persona parece evaluarse a sí misma de acuerdo con la persona con la que interactúa, lo cual genera una escala fluctuante multifacética en que el sujeto no deja de otorgarse un valor a sí mismo creciente o decreciente, cuyas consecuencias afectarán su interactuar con los otros y su estima propia. A pesar de la creencia general sobre el automatismo de las aplicaciones de encuentro, en las entrevistas se observa que el proceso de la seducción digital es mucho más complejo de lo que parece (Cfr.Tabla 2).
Incluso los entrevistados que usan los sitios solo con el fin de tener encuentros sexuales me han descrito el ligue como un proceso de negociación que puede no lograr satisfacer sus expectativas; frecuentemente sucede que alguno de los dos usuarios no “cumple” con los atributos que “prometió”, o que el acto sexual no logra concretizar los fantasmas que se tienen, o que la persona conocida no satisface alguna expectativa considerada esencial por el otro, es entonces cuando el encuentro cara a cara no va más allá, y es el análisis de la negociación interna del deseo el que ofrece algunas respuestas que ayudan a comprender mejor el mosaico de dimensiones de la economía del deseo en el proceso de seducción.
Economía del deseo en tanto que negociación interna
Una característica recurrente en los relatos de las entrevistas me aportó elementos para explorar la dimensión de la negociación interna del deseo en el proceso de seducción, se trata de la exigencia que los usuarios manifiestan hacia los demás de ser “claros” y “coherentes en lo que buscan”; tal exigencia me condujo a formular una categoría analítica que podría servir para demostrar la complejidad de las negociaciones, por naturaleza cambiantes y lábiles; para efectos teóricos denominé a esta herramienta analítica como binomio “inteligibilidad del deseo/respeto del acuerdo”.
La necesidad de relacionar ambas partes de esta fórmula resulta del hecho de su condición de dependencia ontológica, la exigencia de “ser claro” apunta a una presentación de deseos y expectativas constreñidos a devenir explícitos al momento del intercambio en el sitio de encuentro. Exigir la “coherencia” en el otro hace referencia, en cambio, a respetar el acuerdo con el momento del encuentro cara a cara, mismo que ha sido negociado anteriormente, incluso si el trato inicial había sido esperar a “lo que se dé”. Será la coincidencia entre las dos partes del binomio la que hará posible la concretización de los deseos en el encuentro cara a cara. El usuario Corso señala, por ejemplo:
Me gusta que la gente tenga claro qué es lo que busca […] De hecho, hay algunos [usuarios] que hacen todo lo contrario de lo que dicen [buscar]; ellos creen saber qué es lo que quieren, pero de hecho no lo saben. Hay unos que te dicen: “Sí, lo que quiero es coger y nada más”, pero después cuando ya [cuando] te encuentran les gustas, y entonces te vuelven a llamar, tienen ganas de más, y después, de pronto comienzan a subir el volumen y luego ¡ya hasta te hacen escenas de celos!
Para Corso “subir el volumen” es más que una metáfora, significa una escala de interés en el proceso de la seducción que condiciona un cambio en la interacción de la seducción. Otro entrevistado, Neptuno,44 que utiliza el sitio y las aplicaciones únicamente para tener encuentros sexuales, alguna ocasión intentó “hacer amigos” a través de ellas, sin gran éxito, pues los usuarios con los que interactuaba continuaban preguntándole informaciones de índole sexual como el tamaño de su pene o su “rol sexual”, a los ojos de los usuarios su intención momentánea de “hacer amistad” resultaba “incoherente” con su perfil claramente sexualizado, el tono de la búsqueda de encuentros sexuales no podía pasar desapercibido (su perfil muestra como foto principal una foto de su torso desnudo sin rostro, mientras que su headline45 dice: “Guarro directo para plan bareback”),46 sin embargo, según él:
[Los usuarios] tienen que ser coherentes en lo que están diciendo, porque a veces ponen [en sus perfiles] “activo/pasivo entrón”, y después ponen “busco relación”, entonces tú dices: “A ver güey, ¿buscas una cosa o buscas otra?”.
Aparentemente la inteligibilidad del propio deseo procede de la identificación de las expectativas personales que el usuario quiere satisfacer (“Si tú sabes lo que quieres hay una inmediatez, ahorras ciertos pasos. Antes era más compli cado” dice Íñigo).47
Las expectativas deben permanecer “coherentes” durante el desarrollo de dos momentos específicos: en la exposición y puesta en escena digital de sí, y en la concretización del acuerdo a la hora del encuentro en persona. Si se logra la coincidencia entre “eso que se desea” y “eso que se expone como deseado”, entonces eso que es “propuesto” y eso que es “encontrado” van a concordar. La metáfora del mercado donde “se busca” un producto específico deviene pertinente, salvo por el carácter inestable del deseo, ya que aquello que es encontrado es otro sujeto deseante.
Respetar el acuerdo tal y como ha sido establecido entre las dos partes será el corolario de la inteligibilidad del deseo. Manuel precisa que en los encuentros cara a cara él permanece en el marco de lo acordado sin intentar cambiarlo, él afirma poner atención a no traspasar el límite que separa el tono del encuentro sexual de aquel de la “relación seria”:
Pues nomás que especifiquen, si dicen “nada más quiero sexo” ¡Ah bueno!, pues no voy a intentar otra cosa. Si está una foto como normal y escribe algo tranquilo y sí me gusta mucho [entonces] sí pues como que le busco de otra manera.
Manuel, como otros entrevistados, procede a un autoanálisis automático de sus propias expectativas cuando interactúa con otros usuarios, esto porque evita cualquier tipo de confusión entre la búsqueda de un encuentro sexual y la búsqueda de un encuentro de otro tipo, en concreto busca no invertir emocionalmente en una persona cuyo único objetivo termina justo después del encuentro sexual. No obstante, para otros casos como Cubiste48 o Vlad, tal separación es casi imposible, pues una inversión relacional y afectiva es necesaria para que ellos tengan un encuentro sexual.
Como señala Marie Bergström: “La separación hace eco de la representación social de una distinción neta entre dos tipos de relación cuyas premisas, el desarrollo, el contenido y más generalmente el sentido, son supuestos como distintos, incluso opuestos” (Bergström 2011, 244). Esta distinción -entre la búsqueda de una relación afectivo/emocional y la búsqueda de una relación erótico/ sexual- debe ser cuestionada en tanto que principio de evaluación previo de la interacción: ¿Se trata de una distinción racionalizada como un binomio que facilita la concretización de las motivaciones en la seducción digital? ¿O bien, es impuesta como forma que estructura una predisposición a la acción (en tanto que fórmula única de la interacción)? Una respuesta durante una entrevista me aportó indicios que mostraban el grado de internalización de tal distinción:
Entrevistador: - ¿Qué significa para ti el hecho de ser gay?
Rex: -Para mí significa involucrarme con una persona, tanto sentimentalmente como físicamente.
Es interesante notar que para algunos entrevistados la separación entre una dimensión “sentimental o afectiva” y otra “puramente física” aparece como clara y evidente; la internalización de esta distinción parece ser la razón de las tentativas recurrentes de los entrevistados de actualizar el binomio inteligibilidad del deseo/respeto del acuerdo en su interacción con los usuarios, es decir, de su afán incansable por discernir “qué es lo que el otro quiere”, para ajustarlo a “qué es lo que yo deseo”, y viceversa.
A pesar de esto, hay casos como aquellos de Charles y Gabriel, en que esta actualización crea conflictos internos causados por la ausencia de una coincidencia perfecta entre las dos partes del binomio, ambos usuarios exponen siempre de forma clara en sus perfiles que buscan un encuentro sexual, a la vez respetan el acuerdo establecido y no buscan “ir más allá”, y sin embargo, afirman que la mayoría de las veces, los encuentros cara a cara no les procuran realmente satisfacción. Lo que explica la no coincidencia entre las dos partes de la fórmula y la insatisfacción en ellos es de hecho la expectativa de encontrar a alguien para formar una pareja, situación de la que son perfectamente conscientes, pero que la dinámica de las aplicaciones les obliga a ocultar.
El espacio digital y de las aplicaciones deviene un terreno de interacción sumamente pragmática para los usuarios capaces de diferenciar las expectativas exclusivamente sexuales, de todo otro tipo de expectativas. El laberinto de tácticas y de estrategias de seducción hace que cada uno aproveche diferentes atributos y sufra ciertas insuficiencias. Mientras que para algunos investigadores, como Illouz (2006), los sitios de encuentro representan una “ruptura con el amor romántico tradicional”, entre los entrevistados puede observarse cómo algunos continúan buscando “el amor” en el proceso de la seducción (Manuel, Cubiste, Javier,49 Charles, Gabriel, Antonio,50 Rex). Incluso en aquellos que sólo utilizan el sitio para encuentros sexuales, como Charles y Manuel, hay siempre una esperanza de “encontrar al bueno”; para ellos la idea de pareja continúa siendo el horizonte afectivo ideal, presente constantemente en sus relatos durante las entrevistas.
En sentido contrario, los usuarios que buscan sólo encuentros sexuales pero que se encuentran con alguien, que les atrae bastante, que no busca un encuentro sexual, al menos de entrada, se ven obligados a “seguir el juego” y a recorrer toda la trayectoria que implica una interacción no sexualizada, todo con el fin de lograr el encuentro sexual en un punto ulterior. De tal forma, Corso afirma: “Los que quieren saber cómo estás, a qué te dedicas, si tienes foto de cara, los que te hacen todo un interrogatorio para coger, esos me dan un poco de hueva, a menos que sus fotos estén increíbles digo ‘bueno’”; Corso acepta tal “interrogatorio” -marco de interacción al que comúnmente rehúye- para lograr un encuentro cara a cara y entonces tener acceso al cuerpo que él desea, sin garantía certera de tener éxito. Una subordinación y jerarquización de los deseos y las motivaciones, junto a una racionalización de la seducción son puestos en marcha. Manuel relata una situación similar: “Cuando lo considero guapo -a quien le habla por la aplicación- casi todo lo que diga es bueno, mientras no sea grosero. Si lo veo y está lindo, cualquier cosa que me diga es buena estrategia, entonces todo lo que diga va a servir”.
Estas pequeñas contradicciones en su decir y en su actuar, en realidad revelan el gran poder del capital erótico que se manifiesta en aquellos que otorgan una gran importancia a la “belleza” física y al cuerpo como fuente de placer, tal tipo de capital puede subordinar no sólo el deseo inmediato -aquellos que buscan un encuentro sexual pueden aceptar no tenerlo, mientras que aquellos que rehúsan cualquier práctica sexual inmediata suelen aceptarla-, sino que también dan forma al conjunto de deseos y expectativas futuras, es decir, a la disposición que tengan de someter o no sus deseos, de satisfacerlos y negociarlos; el conjunto de negociaciones al que el sujeto logra someter sus deseos coloca sobre la mesa la cuestión del constante esfuerzo, el trabajo, la inversión, que cada persona se ve obligada a gestionar ante contextos cotidianos.
De esta forma, cuando un usuario que regularmente busca encuentros no sexuales con personas bellas, esto es, con gran capital erótico, decide subordinar este deseo a cambio de aceptar un encuentro sexual con una persona por el hecho de que esta posee un gran pene, carente, sin embargo, de un cuerpo constituido legítimamente como bello, no quiere decir, ni que la persona deseada carezca de todo tipo de capital erótico, ni que el usuario deseante deje de “buscar” materializar su expectativa de encontrar alguien “guapo”, puesto que tal deseo no cambia, sino que permanece, un deseo no sustituye a otro, sino que ambos coexisten, solo se deslizan, se reacomodan y se desplazan hacia el capital erótico del órgano sexual del otro; en ese preciso momento, la persona subordina su deseo mediato por el placer inmediato que le producirá un órgano sexual de grandes dimensiones.
De igual forma, quien busca sólo encuentros sexuales va a privilegiar satisfacer su deseo con los cuerpos, más que con los usuarios, que él reconoce como más placenteros, lo que le obliga en ciertas ocasiones a subordinar su deseo de inmediatez, y a desarrollar estrategias de seducción más tradicionales, como el marco de interacción de las “citas” que alargan el tiempo de espera para el encuentro sexual, lo que no quiere decir tampoco que no busque establecer otro tipo de relaciones e interacciones, sino que el deseo de los encuentros sexuales es privilegiado en las transacciones eróticas en el sitio de encuentro.
Consideraciones finales
El capital erótico es una forma de capital cultural somatizado; al ser el cuerpo mismo el que encarna un poder simbólico de “belleza”, de reconocimiento legítimo de un canon estético particular, este no solo se potencia en un espacio donde el imperio de la imagen es indiscutible, sino que se fragmenta y logra erotizar cada pedazo, cada órgano, y cada parte del cuerpo creando nuevas formas de relación e interacción humanas que describen relaciones de dominación creativas, inteligibles gracias a un análisis de la economía del deseo.
La heteronorma subyace en casi todos los discursos de los entrevistados, incluso en aquellos que por sus trayectorias escolares conocen sobre estudios queer y feminismos; este aspecto hace falta estudiarlo más, pues al parecer la internalización de la heteronorma reside en un inconsciente performático que actúa como mecanismo de placer en cada encuentro en los sitios y las aplicaciones, incluso en aquellos encuentros que no pasan más allá de las pantallas el fantasma de “la pareja ideal” puede ser más intenso que el de los encuentros cara a cara.
La gestión de la interacción en los sitios de encuentro va a depender de las motivaciones precisas al momento de la conversación en las mismas, donde la negociación va a estructurar el proceso de la seducción. Para la gran mayoría de entrevistados, con la única excepción de Oscar51 que dice nunca haber encontrado a nadie en persona, el paso del encuentro digital al encuentro cara a cara es el resultado de un proceso de seducción donde intervienen dos dimensiones de la negociación.
Estas dos dimensiones, externa e interna, que despliegan y enmarcan la economía del deseo, no aparecen como separadas de manera contundente y absoluta, ambas se encuentran relacionadas por una red compleja de transacciones fantasmáticas que coloca a los usuarios de este tipo de sitios y aplicaciones en un plano discontinuo de deseo, en el que ocupan distintas posiciones a la vez, en tanto que objetos y sujetos deseantes.
La dimensión de la negociación de las expectativas consigo mismo precede regularmente a aquella de la negociación con el otro, cuando el usuario “sabe lo que quiere”; no obstante, el orden de las negociaciones puede ser invertido cuando un usuario que sobrepasa las expectativas, o que posee un gran capital erótico, propone un “plan” distinto que subordina el deseo de su interlocutor, tal puede ser el caso de un usuario que busca una relación de pareja pero acepta un encuentro sexual con alguien que solo busca tal, simplemente porque se sintió atraído por un cuerpo “bello”.
Hay usuarios que son capaces de marcar la distinción entre la expectativa de un encuentro sexual y la expectativa de otro tipo de interacciones. Estos son aquellos que, como Neptuno o Corso, utilizan el sitio con la sola motivación de los encuentros sexuales. Cuando pedí a los entrevistados que comparasen la seducción dentro los sitios y de las aplicaciones con la seducción fuera de ellos, me señalaron que la interacción a través de estos no es tan fácil como suele pensarse.
El proceso de la seducción, denominado por muchos de ellos como “ligue”, puede devenir por demás complejo, y todo menos “directo”. Intervienen toda una secuencia de negociaciones y acuerdos donde los marcos de interacción puestos en marcha sirven de ventajas, pero también de barreras de diferente tipo y en diferentes contextos. La dificultad de movilidad espacial que una urbe como la Ciudad de México padece, la dificultad temporal que deja un escaso tiempo libre en el día a día a las personas, y, finalmente, la dificultad producida por el binomio propuesto como herramienta analítica en este texto, inteligibilidad del deseo/respeto del acuerdo forman un conjunto que obliga a los usuarios a desarrollar una dinámica específica de seducción, misma que puede parecer “reduccionista” para algunos.
Lo que es cierto es que los marcos de interacción percibidos como claros y distintos por algunos entrevistados devienen difusos y ambiguos para otros quienes, como Javier o Gabriel, poseen sus propios principios de evaluación del otro -características con mayor capital erótico para ellos como la personalidad o incluso la ortografía de las personas-; esto resulta igualmente cierto tanto para aquellos que utilizan el sitio para “ver qué se da” o “lo que surja”, como para los que buscan únicamente encuentros sexuales; Arturo52 y Mario,53 por ejemplo, han establecido relaciones de amistad con otros usuarios con los que ocasionalmente tienen encuentros y prácticas sexuales.
En la seducción a través de las redes sociales entre hombres atraídos por hombres hay toda una imbricación de etapas y motivaciones, el “ligue” es experimentado como un proceso de negociación bidireccional que puede crear nuevas formas de socialización, como el intercambio de fotos de partes del cuerpo, formas que son apropiadas por varios entrevistados, quienes buscan adaptarse a los nuevos marcos de interacción en un espacio fluctuante como el de los sitios y las aplicaciones de encuentro. El laberinto de estrategias y tácticas de seducción que construyen cotidianamente los usuarios en estas redes es atravesado por múltiples relaciones de dominación, que hacen del mundo virtual un rico terreno para estudiar los efectos de poder del deseo, el género, y la(s) sexualidad(es).










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