Señor Editor:
Desde el primer reporte de oxigenación por membrana extracorpórea (ECMO) transoperatoria durante un trasplante pulmonar, en 1978, la ECMO ha sido una parte importante de los protocolos de trasplante1. Existen dos escuelas: la que tiene la intención de, en lo posible, no tener al paciente en circulación extracorpórea en ningún momento, y la que tiene el protocolo de iniciar la ECMO antes de comenzar el trasplante2.
Los grandes centros con amplia experiencia que privilegian la ECMO en los trasplantes argumentan cuatro grandes ventajas3, como puede verse en la figura 1. Es preferible realizar el trasplante de pulmón sin ningún tipo de asistencia extracorpórea4, pero esto limita mucho los casos, al excluir pacientes con alto riesgo de falla de ventrículo derecho y tener que trabajar contrarreloj en situaciones de riesgo durante el acto quirúrgico. El empleo de técnicas extracorpóreas amplía el espectro de pacientes que pueden beneficiarse del trasplante. La ECMO tiene muchas más ventajas que la bomba de circulación extracorpórea, al causar menor inflamación y poder ser utilizada antes y después del quirófano, así como por la suspensión de la heparina durante el acto quirúrgico. En un registro mundial de 800 pacientes, el 50% fueron casos de trasplante sin asistencia extracorpórea, el 20% con bomba de circulación y el 30% con ECMO; si bien los casos sin bomba son los de mejor pronóstico, los casos con apoyo extracorpóreo fueron más complejos, y al comparar por complejidad, el pronóstico de los casos que se llevaron con ECMO fue mucho mejor que el de aquellos con bomba4.
El empleo de ECMO perioperatoria disminuye la incidencia de disfunción primaria del injerto, posiblemente al no requerir bomba extracorpórea, lo que provoca menor respuesta inflamatoria sistémica, así como controlar los niveles de hipoxia y reperfusión. El tratamiento de elección para la disfunción moderada a grave es colocar al paciente en ECMO5, siendo esta su principal indicación postrasplante; retrasar esta terapia más de 48 horas aumenta considerablemente la morbimortalidad. Por otro lado, el empleo perioperatorio de ECMO vuelve complicada la clasificación del grado de disfunción, al no tener el criterio de hipoxemia.
En conclusión, ambas escuelas tienen ventajas. No emplear ECMO disminuye la complejidad del proceso y sus costos, si bien limita el número de candidatos a pacientes con bajo riesgo de falla del ventrículo derecho y buena reserva oxigenatoria funcional. Emplear ECMO permite el ingreso al programa de pacientes más complejos y es una mejor opción comparada con la bomba de circulación extracorpórea. También es muy útil en complicaciones como la disfunción primaria del injerto. Los grandes programas de trasplante pulmonar deben considerar el uso de ECMO como una opción en el pre-, el trans- y el posoperatorio.










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