Introducción
En todo el mundo, al año, se reportan 19.3 millones de casos nuevos de cáncer y 10 millones de muertes por esta enfermedad1. En México se cuenta con la Red Nacional de Registros de Cáncer (RNRC), reportando más de 195,000 casos nuevos y 84,000 muertes por esta enfermedad, cifras que la ubican como la tercera causa de mortalidad en el país2.
La pandemia de COVID-19 ha tenido alto impacto en la atención de pacientes con cáncer, en particular por la enorme carga de trabajo que repercute sobre los sistemas de atención sanitaria, provocando retrasos en el diagnóstico, en la administración de tratamientos y en el manejo quirúrgico, desencadenando la progresión de la enfermedad3,4. De acuerdo con el informe publicado por Colaterall Globall, es posible que nunca se sepa el verdadero alcance del impacto de estos retrasos5.
Debido al efecto inmunosupresor del cáncer subyacente y de los tratamientos, como quimioterapia, radioterapia y cirugía, se pensaba que los pacientes con cáncer activo eran más susceptibles a sufrir COVID-19 y, por tanto, al desarrollo de una enfermedad grave en comparación con la población general6,7. El cáncer no parece ser un factor de riesgo importante para susceptibilidad a la infección por SARS-CoV-2 o la exacerbación de la infección, al menos no de la misma manera que otra comorbilidad, como las enfermedades cardiovasculares, la diabetes y las enfermedades pulmonares crónicas. Sin embargo, cuando se adquiere la COVID-19, los pacientes con cáncer tienen mayor riesgo de complicaciones8.
Los pacientes con cáncer suelen ser mayores de 60 años y presentar comorbilidad, aumentando el riesgo de mortalidad asociada a COVID-19, debido a la inmunosenescencia y a su propensión a tener respuestas inflamatorias exageradas, provocada por una disminución de células T vírgenes. La proporción de células T vírgenes en comparación con células T de memoria es un factor determinante para decidir el grado de la respuesta inmunitaria adaptativa específica de COVID-19, por lo cual hay síntomas más graves en personas de 30 a 70 años9,10.
El elemento clave para disminuir la mortalidad en los pacientes con cáncer y COVID-19 ha sido el personal de salud, conformado por el equipo de enfermería, médicos, psicólogos e inhaloterapistas, quienes han actuado con estricta planificación desde el primer contacto del paciente en el triaje hasta su egreso hospitalario. La participación de los profesionales de la salud está presente en todas las etapas de atención del paciente con COVID-19. El objetivo durante la pandemia fue proteger al equipo de trabajo, así como priorizar la calidad del cuidado bajo procesos ya establecidos y la experiencia de otras instituciones11,12.
El objetivo de este estudio es describir las características clínicas y la mortalidad de pacientes con cáncer y COVID-19, así como las estrategias realizadas por el personal de salud para disminuir el impacto de la enfermedad en una unidad de cuidados respiratorios.
Método
Se realizó un estudio retrospectivo de 1752 expedientes de pacientes con SARS-CoV-2 determinado por prueba de reacción en cadena de la polimerasa positiva en la unidad de neumología del Hospital General de México Dr. Eduardo Liceaga, en el período comprendido del 1 de mayo de 2021 al 31 de enero de 2022. El análisis estadístico se llevó a cabo mediante estadística descriptiva según el nivel de medición de variables. Las variables categóricas se expresaron como frecuencias y proporciones, y las variables cuantitativas como media con desviación estándar o medianas con rangos intercuartilares, de acuerdo con la distribución de los datos. Para contrastar las variables categóricas entre los grupos (cáncer y sin cáncer) se utilizó la prueba de χ2. En la comparación de las variables cuantitativas continuas entre dos grupos independientes se emplearon la prueba t de Student o U de Mann-Whitney. Para el análisis de supervivencia se utilizó el método de Kaplan-Meier (log rank o Breslow). Las pruebas estadísticas se realizaron mediante SPSS v. 26.
Resultados
Se incluyeron 1752 expedientes clínicos, de los cuales el 58.7% (1028) correspondían a hombres y el 41.3% (724) a mujeres. La mayor frecuencia de edad fue 45-55 años, correspondiendo al 24.7% del total de pacientes hospitalizados, con un rango de edad desde los 18 hasta los 97 años; la edad media fue de 54.1 años, con una desviación estándar de ± 15.4 años.
De los 1752 pacientes estudiados, 88 (5%) contaban con el diagnóstico de neoplasia asociado a infección por SARS-CoV-2; el resto (95%), sin presencia de cáncer. Se diferenciaron entre neoplasia sólida y neoplasia hematológica, siendo el 60.2% neoplasias sólidas y el 39.8% neoplasias hematológicas.
Las personas con cáncer requirieron en menor porcentaje de la unidad de cuidados intensivos (UCI) respiratorios (8 vs. 17.4%), además de tener una menor proporción de diagnóstico de diabetes mellitus (19.3 vs. 32.8%) y una menor proporción de enfermedad renal (3.4 vs. 10.8% de acuerdo con la prueba exacta de Fisher), en comparación con las personas sin algún tipo de cáncer (Tabla 1).
Tabla 1 Características sociodemográficas y clínicas de las personas hospitalizadas por COVID-19 sin y con cáncer
| Variable | Total (n = 1752) | Sin cáncer (n = 1664) | Con cáncer (n = 88) | p |
|---|---|---|---|---|
| Sexo, n (%) | ||||
| Mujer | 724 (41.3) | 684 (41.1) | 40 (45.5) | |
| Hombre | 1028 (58.7) | 980 (58.9) | 48 (54.5) | 0.228a |
| Tipo de cáncer | ||||
| Sin Cáncer | 1659 (94.7) | 1659 (100.0) | 0 (0.0) | |
| Sólido | 56 (3.2) | 0 (0.0) | 56 (60.2) | |
| Hematológico | 37 (2.1) | 0 (0.0) | 37 (39.8) | < 0.001b |
| Desenlace, n (%) | ||||
| Vivió | 1247 (71.2) | 1185 (71.2) | 62 (70.5) | |
| Murió | 505 (28.8) | 479 (28.8) | 26 (29.5) | 0.850a |
| Requirió UCI, n (%) | ||||
| No | 1448 (83.1) | 1367 (82.6) | 81 (92.0) | |
| Sí | 294 (16.9) | 287 (17.4) | 7 (8.0) | 0.013a |
| Gravedad clínica, n (%) | ||||
| Leve | 222 (12.7) | 201 (12.1) | 21 (23.9) | |
| Moderada | 1238 (70.7) | 1185 (71.3) | 53 (60.2) | |
| Grave | 267 (15.2) | 253 (15.2) | 14 (15.9) | |
| Crítica | 24 (1.4) | 24 (1.4) | 0 (0.0) | 0.012b |
| Diabetes mellitus, n (%) | ||||
| No | 1190 (67.9) | 1119 (67.2) | 71 (80.7) | |
| Sí | 562 (32.1) | 545 (32.8) | 17 (19.3) | 0.003a |
| Hipertensión arterial, n (%) | ||||
| No | 1218 (69.5) | 1152 (69.2) | 66 (75.0) | |
| Sí | 534 (30.5) | 512 (30.8) | 22 (25.0) | 0.089a |
| Enfermedad renal, n (%) | ||||
| No | 1570 (89.6) | 1485 (89.2) | 85 (96.6) | |
| Sí | 182 (10.4) | 179 (10.8) | 3 (3.4) | 0.008b |
| Edad, media (DE) | 54.1 (15.4) | 54.3 (15.2) | 50.8 (18.5) | 0.075c |
| Días hospital, media (DE) | 13.1 (11.5) | 13.0 (11.1) | 15.5 (17.2) | 0.161c |
| SatO2, media (DE) | 86.2 (14.8) | 86.4 (14.5) | 82.0 (18.8) | 0.053c |
| Dímero D, media (DE) | 3525.5 (7680.5) | 3525.3 (7734.1) | 3528.3 (6647.8) | 0.997c |
| Ferritina, media (DE) | 1173.4 (1678.8) | 1156.9 (1676.0) | 1505.3 (1712.3) | 0.103c |
| Troponina, media (DE) | 104.9 (935.5) | 108.7 (956.3) | 21.1 (50.3) | 0.501c |
| Mioglobina, media (DE) | 136.1 (220.6) | 137.6 (221.6) | 99.5 (194.8) | 0.227c |
| PCR, media (DE) | 143.4 (157.0) | 143.0 (159.0) | 150.8 (109.5) | 0.711c |
| Procalcitonina, media (DE) | 3.1 (28.3) | 3.3 (29.1) | 1.1 (2.9) | 0.511c |
| BNP, media (DE) | 191.6 (532.3) | 191.3 (530.4) | 197.8 (578.7) | 0.935c |
BNP: péptido natriurético cerebral; DE: desviación estándar; PCR: proteína C reactiva; SatO2: saturación de oxígeno.
aPrueba de χ2.
bPrueba exacta de Fisher.
cPrueba t de Student para muestras independientes.
Al analizar la supervivencia mediante una gráfica de Kaplan-Meier en pacientes hospitalizados con COVID-19, no se observan diferencias estadísticamente significativas entre personas con y sin neoplasia. Después de 50 días de hospitalización, la probabilidad de supervivencia en ambos grupos es de aproximadamente el 20% (Fig. 1).

Figura 1 Análisis de Kaplan-Meier de supervivencia en pacientes con infección por SARS-CoV-2 con y sin neoplasia.
De acuerdo con el análisis de Kaplan-Meier con relación al tipo de neoplasia, se encontró que no hay diferencias estadísticamente significativas en la supervivencia de los pacientes con neoplasias sólidas y hematológicas e infección por SARS-CoV-2 (Fig. 2).

Figura 2 Análisis de Kaplan-Meier de supervivencia en pacientes con infección por SARS-CoV-2 y neoplasia, de acuerdo con el tipo de neoplasia.
En los análisis bivariados, se encontró una diferencia estadísticamente significativa en la presentación clínica entre los pacientes con y sin neoplasia, predominando en los pacientes sin cáncer la tos (p = 0.004), la fiebre (p = 0.006), las mialgias/artralgias (p = 0.006), la disnea (p < 0.001) y la odinofagia (p < 0.001) (Tabla 2).
Tabla 2 Síntomas de COVID-19 en pacientes sin y con algún tipo de cáncer
| Síntomas, n (%) | Total (n = 1752) | Sin cáncer (n = 1664) | Con cáncer (n = 88) | p |
|---|---|---|---|---|
| Tos | 1075 (61.4) | 1031 (62.2) | 44 (47.3) | 0.004a |
| Fiebre | 1014 (57.9) | 973 (58.7) | 41 (44.1) | 0.006a |
| Cefalea | 628 (35.9) | 606 (36.6) | 22 (23.7) | 0.400a |
| Mialgias/artralgias | 866 (49.5) | 833 (50.2) | 33 (35.5) | 0.006a |
| Disnea | 1308 (74.7) | 1253 (75.6) | 55 (59.1) | < 0.001a |
| Odinofagia | 371 (21.2) | 367 (22.1) | 4 (4.3) | < 0.001b |
| Rinorrea | 157 (9.0) | 152 (9.2) | 5 (5.4) | 0.213a |
| Dolor torácico | 233 (13.3) | 227 (13.7) | 6 (6.5) | 0.045a |
| Síntomas gastrointestinales | 368 (21.0) | 352 (21.2) | 16 (17.2) | 0.352a |
aPrueba de χ2.
bPrueba exacta de Fisher.
La gravedad de la enfermedad en los pacientes con cáncer y COVID-19 se clasificó como leve en el 23.9% (n = 21), moderada en el 60.2% (n = 53), grave en el 15.9% (n = 14) y crítica en el 0% (n = 0).
De acuerdo con el modelo de regresión logística múltiple se encontró que, por cada año que aumenta la edad en las personas con COVID-19, la posibilidad de morir es un 4.5% mayor, y que la posibilidad de morir por el hecho de ser varón es un 42% mayor en comparación con las mujeres. También se encontró que los pacientes graves y críticamente enfermos con COVID-19 tuvieron 2 y 3 veces más probabilidades de morir que las personas levemente enfermas (odds ratio [OR]: 2.4 vs. 3.6; p < 0.05) (Tabla 3).
Tabla 3 Modelo de regresión logística de morir por COVID-19
| Variable | OR | IC95% | p |
|---|---|---|---|
| Edad | 1.045 | 1.037-1.053 | < 0.001 |
| Cáncer | |||
| No | 1 | - | |
| Sí | 1.2 | 0.725-1.963 | 0.488 |
| Sexo | |||
| Mujer | 1 | - | |
| Hombre | 1.426 | 1.138-1.785 | 0.002 |
| Gravedad clínica | |||
| Leve | 1 | - | |
| Moderada | 1.423 | 0.975-2.075 | 0.067 |
| Grave | 2.347 | 1.515-3.636 | < 0.001 |
| Crítica | 3.635 | 1.456-9.074 | 0.006 |
IC95%: intervalo de confianza del 95%; OR: odds ratio.
Discusión
La aparición de la pandemia mundial de COVID-19 fue un detonante para mostrar las fortalezas y las debilidades de los sistemas de salud. Durante ella se vieron afectados pacientes con distintos tipos de comorbilidad, entre ellas el cáncer, llevando a un aumento en la mortalidad, en gran parte por el retraso en la atención médica oportuna, así como por el incremento de pacientes infectados.
La distribución de pacientes con COVID-19 en nuestro estudio es similar a la reportada en otras series, siendo el sexo masculino el predominante (58.7%) con respecto al femenino (41.3%), y el grupo de edad más frecuentemente reportado es el de 45-55 años (24.7%)13.
Del total de pacientes, 88 contaron con diagnóstico de neoplasia y COVID-19, correspondiendo al 5% con respecto a los que no tenían neoplasia (95%). Se ha encontrado que el tipo de neoplasia predominante es la sólida, la cual se reportó en el 59.1% de los pacientes con cáncer, siendo el cáncer de pulmón el más frecuente, seguido del gastrointestinal, mamario y tiroideo; posteriormente se encuentran los cánceres hematológicos, que representaron el 40.9% de las neoplasias en nuestra serie14.
La sintomatología en pacientes con cáncer fue, principalmente, disnea (59.1%), tos (47.3%) y fiebre (44.1%), coincidiendo con lo reportado por Zhang et al.15, cuyos hallazgos más frecuentes asociados a COVID-19 en pacientes oncológicos fueron fiebre (82,1%), tos (81,0%), adinamia (64,3%) y disnea (50,0%), así como niveles altos de proteína C reactiva y de lactato deshidrogenasa, linfocitopenia, anemia, hipoalbuminemia y leucocitopenia. Si bien se ha reportado que los síntomas no difieren entre los pacientes con y sin cáncer, la adinamia y la disnea están más asociados a los pacientes con cáncer, en especial los que tienen cáncer o metástasis pulmonares. En nuestro estudio, los pacientes sin cáncer fueron los que presentaron mayormente síntomas como disnea, tos, fiebre, mialgias/artralgias y mayor ingreso a la UCI. Nuestros hallazgos pueden estar relacionados con que los pacientes sin cáncer presentaban también más comorbilidad, como diabetes mellitus y enfermedad renal, condicionando una mayor admisión hospitalaria, neumonía grave y mortalidad15-17.
La mortalidad global en nuestro estudio fue del 28.8% (505), siendo en los pacientes sin neoplasia del 28.8% (479) y en los pacientes con neoplasia del 29.5% (26). Al realizar el análisis de los pacientes con COVID-19 no se obtuvo una diferencia estadísticamente significativa entre los pacientes con y sin neoplasia en cuanto a aumento de la mortalidad (OR: 1.2; intervalo de confianza del 95% [IC95%]: 1.037-1.053; p = 0.97), lo que no se observó en una cohorte reportada en Francia, cuya tasa de mortalidad hospitalaria fue dos veces mayor en los pacientes con cáncer que en aquellos sin cáncer18. El hecho de tener cáncer y COVID-19 sí se asoció con mayor gravedad clínica (OR: 2.347; IC95%: 1.515-3.636; p = 0.012). La disminución de la mortalidad puede estar asociada a las medidas sanitarias tomadas por el personal de salud, entre las cuales se encuentran una entrada específica para pacientes oncológicos sin síntomas respiratorios para facilitar el acceso para su atención y tratamiento, reducción del tiempo de permanencia en el hospital, acceso a la sala de espera limitado a pacientes para evitar el hacinamiento, información y educación continua a los pacientes y los familiares sobre las medidas preventivas (lavado de manos, protocolo al toser, distanciamiento entre personas, uso de cubrebocas), así como conocimiento de los signos y síntomas de COVID-1919.
En cuanto a la estructura de trabajo del personal de salud, también se vio sometida a reajustes, basados fundamentalmente en la alternancia de los profesionales con el objetivo de evitar un mayor número de bajas y la desatención del servicio en caso de contagio, incidiendo además en las medidas de precaución y protección que se establecieron al principio de la pandemia. Desafortunadamente, según los datos publicados por la Secretaría de Salud, en México hubo 251,237 trabajadores de salud contagiados. De ellos, el 62% eran de sexo masculino y con un promedio de edad 37 años, el 32% enfermeras y el 25.7% médicos, y se produjeron 4127 defunciones.
Conclusiones
Aunque los pacientes con cáncer presentaron mayor gravedad clínica, no hubo diferencias en la mortalidad. Por otro lado, se registró un menor ingreso a la UCI en los pacientes oncológicos. La información que resulta de este estudio es solo una aproximación a las características del paciente con COVID-19 y su asociación con cáncer en México. Hace falta realizar más estudios e identificar factores que empeoran el pronóstico de estos pacientes. Parte de los resultados se debe al trabajo del personal de salud, que se encargó en todo momento de disponer las medidas sanitarias adecuadas. Nuestros resultados refuerzan la necesidad de poner en marcha una organización en las unidades para prevenir la infección no solo por SARS-CoV-2, sino cualquier infección nosocomial en los pacientes en tratamiento contra el cáncer, así como la importancia de todas las medidas de prevención física y de vacunación.










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