Introducción
De acuerdo con el INEGI (2020), en México más del 79% del territorio corresponde a zonas rurales o comunidades, es decir, 185 243 comunidades rurales, donde 24.9 millones de mujeres y hombres viven en ellas. De tal manera, se podría considerar un tema de interés en el territorio mexicano el conocer tanto las bondades como las problemáticas de las comunidades, pues representan un porcentaje significativo de la población de este país.
Partiendo de una revisión documental sobre las comunidades rurales, se encontró que en pleno siglo XXI existen comunidades marginadas y olvidadas; este panorama se ve reflejado en los indicadores de marginación, la falta de acceso a los servicios básicos, las oportunidades que afectan el desarrollo económico y el desarrollo social debido a que conciernen en la calidad de vida de la sociedad (García et al., 2020). Por otra parte, la FAO (2018) describe que uno principales problemas de las comunidades rurales es que la población no cuenta con suficientes alternativas para promover un desarrollo local, tal como la creación de empresas y de fuentes de empleos; esta situación provoca que las comunidades envejezcan y disminuyan en número (FAO, 2018). Por su parte, la SDS (2018) explica que la falta de desarrollo local en las comunidades se da por las limitaciones de empresas generadoras de empleo, así como por la escasez de proyectos productivos rentables y la falta de oportunidades de mercados y cadenas productivas. Estos factores provocan bajos índices de desarrollo económico local que impactan en el desarrollo social y económico por la incapacidad de cubrir las necesidades básicas de las familias, lo cual induce la migración hacia otras áreas geográficas, ya sea a la capital o al extranjero (FAO, 2018). Por ende, resulta necesario buscar y plantear estrategias que ayuden a las comunidades a elevar su desarrollo local utilizando los recursos propios de la comunidad.
No obstante, en la actualidad hay escenarios comunales que están cambiando, los cuales deben de ser visibilizados. Algunas comunidades se han dado a la tarea de buscar estrategias para poder subsistir y fomentar su desarrollo local con el fin de evitar que su territorio quede sin habitantes debido a la migración y falta de oportunidades, como lo es el estado de Oaxaca. En 2021, Oaxaca fue uno de los principales centros turísticos (Trejo, 2021), derivado principalmente de su cultura, gastronomía, paisajes y naturaleza que muestran al mundo su identidad territorial. La capital oaxaqueña ha despuntado, pero también hay participación de las comunidades ubicadas en diversas regiones del estado, como aquellas que se encuentran en las periferias.
El estado de Oaxaca se divide en 570 municipios, 8 regiones, 30 distritos y más de 11 000 comunidades (Gobierno del estado de Oaxaca, 2020), las cuales se caracterizan por poseer una riqueza cultural, histórica, natural y social (CONACULTA, 2021). Procurar un desarrollo total en todas las comunidades, sobre todo en las de las periferias de la capital o de las cabeceras municipales, resulta una tarea difícil de cumplir. Y, si se considera la complejidad geográfica del territorio, este proceso se vuelve aún más complicado. Sin embargo, en la actualidad este escenario está cambiando en algunas comunidades oaxaqueñas gracias a la organización comunitaria y al uso de diversas estrategias territoriales que se están implementando internamente (Cultura, 2022). Al explorar las formas en las cuales se podría sostener una comunidad, se encuentra la promoción de su territorio como un atractivo visual y de productos locales, la construcción de centros turísticos como fuente adicional de ingresos y la creación de empleos, medidas que contribuyan a evitar la migración y a diversificar su economía, así como a arraigar su cultura (HCELSEO, 2020). Dichas estrategias territoriales se abordan en los siguientes párrafos, donde se exhiben los casos de éxito en diversas comunidades que han alcanzado un impacto positivo en el desarrollo local.
En cuanto a los atractivos turísticos de Oaxaca, se consideran principalmente las playas, pero en la actualidad los bosques, cañadas, cascadas y cultivos se han vuelto centros de atracción turística y ecoturística. Como se mencionó, los lugares que despuntaban en turismo son en especial las playas; entre las más destacables está la bahía de Huatulco y Puerto Escondido, que siguen siendo protagónicas. Sin embargo, la Secretaría de Turismo del estado de Oaxaca (SECTUR, 2019) declara un enfoque más integrador y, de acuerdo con sus estadísticas en los periodos 2016-2019, los lugares turísticos que despertaron mayor interés fueron ciudad de Oaxaca, Tuxtepec, Istmo de Tehuantepec, Mixteca, Juquila, Puerto Ángel, entre otros. Por su parte, en la categoría de “otros” destacan los Pueblos Mágicos como San Pablo Villa de Mitla, Mazunte, Capulálpam de Méndez, San Pedro y San Pablo Teposcolula, Huautla de Jiménez y, por último, las rutas turísticas. Cabe señalar que los lugares mencionados son de diversa naturaleza, pues se muestran playas, ríos, lagunas, bosques, cascadas, cañadas, cultura y gastronomía. De acuerdo con la SECTUR (2021), la derrama económica por parte del turismo para el estado de Oaxaca es del 59.52%. Sobre este particular, se sabe que la entidad oaxaqueña no cuenta con industrias, así que una estrategia para el desarrollo ha sido el turismo que valoriza la identidad del territorio, porque no solo venden un atractivo visual, sino también integran a la cultura que involucra sus saberes ancestrales, productos y gastronomía.
De este modo, la biodiversidad del estado de Oaxaca ha permitido crear más espacios turísticos y ecoturísticos, esto es, surgen nuevos lugares turísticos que ofrecen atractivos gastronómicos, culturales y visuales (SECTUR, 2021). Los lugares turísticos que adoptaron como estrategia su gastronomía en el estado de Oaxaca son las comunidades dedicadas a la elaboración del mezcal, ya que ofrecen sus conocimientos ancestrales en cuanto a la siembra y producción, además de mostrar los ingredientes, técnicas e historia. Todo lo anterior es parte de su cultura, de su identidad territorial, la cual han valorizado porque obtienen un recurso económico al presentarla como atractivo turístico para la sociedad; un ejemplo es la ruta turística del maguey (Oaxaca Mío, 2020), que no la ofrecen como tal, como un atractivo visual, sino que muestran la esencia gastronómica y cultural de la comunidad y a su vez la promoción y venta de sus productos locales. En cuanto al desarrollo económico de Santiago Matatlán, de 2020 al 2021 fue del 84.3%, con una derrama económica de USD 21 300 000; respecto a la calidad de vida, el 80% de las viviendas cuenta con todos los servicios de luz, agua potable, drenaje, piso firme; referente a los servicios de internet, el 21.2% tiene acceso a internet, el 14.4% tiene acceso a computadoras y el 89% tiene un celular (Secretaría de Economía, 2021).
En este mismo sentido, al igual que los territorios mezcaleros, las comunidades que se dedican a la producción textil artesanal, tienen la Ruta Mágica de las Artesanías, donde su estrategia es mostrar su cultura a través del conocimiento ancestral sobre la elaboración de tapetes y bordados, que abarca desde la creación de colores para los hilos y termina en la enseñanza de cómo se teje en telar y a mano. Gracias a estas actividades, dan a conocer los productos propios de las comunidades, los cuales han sido realizados por manos artesanales, originarias de esas tierras, que se encuentran orgullosas de su cultura y demarcan su identidad territorial al reconocerse como textileros de Oaxaca, y así aprovechar para la promoción de sus productos locales (Martínez, 2021). En lo referente a su desarrollo económico, Teotitlán del Valle tuvo un 59% de incremento en su economía de 2020 a 2021, lo que implicó un aumento de 1.6 puntos porcentuales. En cuanto a la parte social, y con referencia a la migración, en los últimos cinco años las principales causas han sido familiares 37 personas, laborales 4 personas y por vivienda 12 personas; estos datos muestran que pocas personas han migrado del territorio. Correspondiente a la calidad de vida, el 83% de las viviendas cuenta con los servicios básicos de luz, agua potable, drenaje, piso firme; el 47.6% tiene internet, 28.8% dispone de computadora y el 79.2% tiene celular (Secretaría de Economía, 2021).
Por último, existen otras comunidades que como estrategia utilizaron su atractivo visual para promover el turismo, y que además se unieron por ser vecinas. Estas comunidades se encargaron de formar la Ruta de los Pueblos Mancomunados, la cual integra a ocho pueblos que se encuentran en la Sierra Norte de Oaxaca. Dicha ruta promueve el ecoturismo, el cual consiste en actividades como caminatas por senderos, ciclismo de montaña, tirolesas, disfrute de miradores, cabalgatas, senderismo dentro del bosque, interacción con la población a través de diversas actividades como la siembras, cosecha y recolección (Adventure México Travel, 2019). Esta unión de pueblos, que se promociona en su página en internet como Expediciones Sierra Norte, cuentan con su propia agencia de viajes. El hospedaje que ofrecen consiste en cabañas dentro de los bosques, las cuales fabrican con la madera de sus árboles. De esta forma, demuestran que dichas comunidades hacen uso de todo lo que poseen dentro de su entorno, lo transforman y crean oportunidades de desarrollo; utilizan sus recursos naturales, pero sin excederse. En este sentido, visibilizan a la sociedad como creativa y organizada, con una identidad territorial fuerte que les permite dar a conocer sus aspectos culturales, riqueza biocultural y organización de la comunidad, pues ofrecen experiencias únicas a los visitantes. En cuanto al desarrollo económico de estas comunidades, de acuerdo con datos de la Secretaría de Economía (2021), el comercio al por menor brinda a la economía el 43.1%, el 21.1% pertenece a los servicios de alojamiento temporal y de preparación de alimentos y bebidas, mientras que, otros servicios, excepto actividades gubernamentales, conceden el 13.5%; las industrias manufactureras, el 10.6%; los servicios de salud y asistencia social, el 4.11%; el comercio al por mayor, 2.05%; los servicios de apoyo a los negocios, el 1.47 por ciento
En resumen, las estrategias mencionadas son un ejemplo de valorización de la identidad territorial de las comunidades, donde es evidente el aprovechamiento de las tierras y de sus características específicas irrepetibles, ventajas comparativas y competitivas que tiene cada una de ellas y que aportan al desarrollo local (CEPAL, 2019), lo cual se ve reflejado en el desarrollo económico, que a su vez impacta en su calidad de vida. Así, las comunidades ofrecen su identidad territorial a los turistas a través de aspectos culturales, gastronómicos, naturales y sociales, además de que promueven y apoyan el talento y creatividad local para obtener un ingreso adicional, lo cual les ha permitido conservar y fomentar su identidad y a su vez sentirse orgullosos de sus expresiones culturales.
De igual forma, un factor fundamental dentro de las estrategias de las comunidades, que no debe de ser omitido, es la intervención de las autoridades estatales y federales. En los ejemplos anteriores se ha mostrado apoyo tanto del Gobierno Estatal como del Gobierno Federal a través del beneficio de proyectos económicos, lo cual les ha ayudado a fortalecer sus iniciativas sociales (SECTUR, 2021). Por ello, la participación de los diversos gobiernos es indispensable, pues son quienes cuentan con el recurso económico para ejecutar los proyectos propuestos.
Por último, una de las fortalezas y mecanismos más destacables en las comunidades es su forma de organización, ya que saben trabajar en equipo, poseen una riqueza biocultural y tienen un alto sentido de pertenencia con el territorio: se sienten parte de él y con orgullo muestran sus raíces ancestrales y sus expresiones culturales que, de igual forma, son apoyadas por los gobiernos municipales, estatales y federales. Como resultado, se refleja una valorización de su identidad territorial, lo cual se convierte en una estrategia clave dentro del desarrollo local en las comunidades debido a que impulsa la creatividad y el empoderamiento de la comunidad ante su cultura, organización comunitaria y riqueza biocultural. Cabe destacar que dicho empoderamiento ha evitado la gentrificación turística, un punto importante, dado que, al tener arraigada su identidad, no permite que otras personas que no sean nativas de las comunidades compren tierras e incorporen negocios dentro de ellas. Es crucial recalcar este factor, en vista de que la gentrificación amenaza con desplazar a las personas originarias de los lugares turísticos por otras que poseen el poder adquisitivo. Por otro lado, la demanda que se genera en dichos territorios turísticos atrae la inversión extranjera y por consiguiente la derrama económica a diversos puntos que, sin embargo, se queda en la comunidad; estos aspectos se reflejan en su crecimiento económico interno, en la infraestructura y en su calidad de vida.
Con base en lo descrito, resulta indispensable promover la valorización de la identidad de los territorios, en la medida que no solo les ayuda en el crecimiento del desarrollo local, sino también cuida sus intereses como sociedad, protege su cultura, territorio e intereses y con ello evita que sus habitantes sean desplazados por turistas o establecimientos extranjeros con mayor poder adquisitivo que quieran incorporarse. Estos pueblos son ejemplo de trabajo y de cuidado de su identidad y territorio. Con base en lo que se ha expuesto, el artículo tiene el objetivo de reconocer teóricamente las estrategias de la identidad territorial que se están llevando a cabo en algunas comunidades del estado de Oaxaca y así colaborar con su desarrollo local.
Para concluir, los criterios emitidos en este artículo se sustentan en un amplio abordaje teórico documental mediante herramientas como sistematización, vertebración y ramificación, que permiten delinear el objeto de estudio, así como construir relaciones entre diversos trabajos y premisas para distinguir los elementos que más se abordan.
1. Identidad territorial y su valorización
El concepto de identidad territorial comienza a incidir al término del siglo XX por la necesidad de integrar un enfoque cultural y geográfico que se centre en el análisis de la estructuración de los territorios (Castells, 2018). La identidad territorial se integra de diversos factores que, para esta investigación, se retoman de acuerdo con el enfoque comunitario, es decir, a partir de diferentes comunidades. En cuanto a esto, destaca la globalización, cultura y territorio como factores que integran a la identidad territorial (Ramón, 2019). El factor globalización tiene un papel sobresaliente porque enmarca una realidad histórica actual en relación con los procesos identitarios. Muchos ven la globalización como una amenaza; sin embargo, no hace que desaparezcan las identidades locales, sino que las fortalece al homogeneizar la localidad e integrarla en una dinámica autoidentificadora (Mac, 2014). La comunidad al integrarse a la dinámica autoidentificadora comienza a asociarse a la autenticidad y de este modo crear políticas de desarrollo que formen un ámbito para el desarrollo local, ya que las comunidades buscan crear sistemas económicos para generar ingresos y fortalecer sus instituciones locales; algunos modelos pueden ser copiados y adaptados a medida que no afecten sus formas culturales (Gil, 2015).
El siguiente factor que integra a la identidad territorial es la cultura, que tiene la función de marcar determinantes entre “nosotros” y “otros”. Una manera de distinguirnos de los demás es mediante una barrera de aspectos culturales, tales como “la lengua, música, literatura y arte, sitios arqueológicos, la arquitectura y el paisaje, en las tradiciones y el folclor” (Fonte y Ranaboldo, 2007: 10), que nos muestran las formas culturales de la comunidad. Ahora bien, los conceptos de cultura e identidad, de acuerdo con Delgado (2001), están estrechamente relacionados y asociados con la sociología y la antropología, y son inseparables porque la identidad se cimienta a partir de los elementos culturales. Es clave considerar la cultura como un pilar fundamental en la investigación porque la identidad es un reflejo de ella, de sus formas culturales, por lo que es relevante analizar su papel y la firmeza del territorio. Es decir, la sociedad crea valores dependiendo de su cultura y crea sus formas de organización y conocimientos que se transmiten generacionalmente a través de un proceso histórico (obras de arte, ritos, danzas, festividades etc.).
Por último, el factor territorio tiene una influencia en la formación de la identidad, ya que cada identidad, historia y cultura se desarrolla dentro de un territorio, el cual está integrado por tres subsistemas: el primero es el natural, el segundo es el social y el tercero es el económico. Por ello, se dice que el territorio es un sistema de cohesión, con sustento cultural, valor patrimonial, identidad, soporte, con historia y memoria, donde el reconocimiento colectivo de los valores, estrategias, paisajes dan referencia a la identidad (Flores, 2017). Se puede ver que el territorio con una identidad cultural tiene una perspectiva multiculturalista. Por su parte, Haesbart (citado en Juárez et al., 2018) refuerza que el territorio es una construcción territorial “culturalista”, donde la identidad sobresale con base en las relaciones histórico-culturales locales.
Ahora bien, partiendo del desglose sobre los factores que la integran, podemos analizar que la identidad territorial se construye de premisas sustentadas teóricamente, las cuales permiten crear nuevos sistemas económicos que coadyuven a obtener ingresos en los territorios; en este sentido, nuevas estrategias dan oportunidad para producir modelos de desarrollo que reflejen la esencia cultural y la organización de la comunidad mediante la integración de los sistemas naturales, sociales y económicos del territorio. Esto se puede apreciar en los ejemplos anteriores del estado de Oaxaca, ya que son comunidades que están diseñando modalidades de trabajo comunitario a partir de la valorización de su identidad territorial, esto es, muestran su diversidad biocultural y cultural a través de una organización comunitaria, la cual debe de ser expuesta para brindar mejores oportunidades a más territorios.
Se puede añadir que la identidad territorial, además de articular los beneficios individuales en colectivos, aprovecha los recursos naturales y profundiza sobre los conflictos comunales que interfieren en el ambiente natural, lo cual tiene una relación con el desarrollo local (Espinoza, 2017). Por ello, es imprescindible resaltar que la identidad territorial tiene gran peso en las comunidades, pues aparte de representarlas y fortalecer el desarrollo social aporta al proceso de su desarrollo económico; solo necesita una valorización, la cual sucede cuando se aprovechan adecuadamente los aspectos sociales, culturales, las raíces ancestrales y la forma de organización política local (Flores, 2017).
De acuerdo con Rozas et al. (2007), la valorización de la identidad territorial tiene atributos que promueven el desarrollo de capacidades estratégicas de alto desafío. Se puede decir que cada territorio va a tener una preferencia o identidad en relación con las singularidades de su patrimonio, ya sea este cultural o natural. Haudry (2013) escribe que si se llegan a utilizar las singularidades del territorio, esto les favorece a las comunidades: a) uno, porque permite al territorio distinguirse y desafiar sus ventajas competitivas, ventajas únicas sobre el producto o servicio; b) dos, crea un desarrollo económico local; c) tres, crea mecanismos de resistencia ante la globalización, los cuales permiten conservar la cultura original y a su vez potencializar los territorios.
En suma, es necesario valorizar las entidades en cuanto a su identidad territorial, ya que esto permite crear nuevas estrategias de desarrollo local, así como conocer la forma de trabajo de las comunidades a través de los productos que elaboran, las pequeñas empresas o unidades productivas que posean y el capital social como una forma de solidaridad y cooperación (Flores, 2017). Todo esto, en su conjunto, es un paso para fomentar el trabajo en comunidad. Ahora bien, Flores (2017) habla sobre cuatro puntos fundamentales para lograr una valorización de las identidades territoriales. A continuación, se mencionan:
Expresiones culturales: es lo que nos distinguen de otros, tales como la historia, música, lengua, arte, arquitectura, paisajes, fiestas, bailes, tradiciones, sitios arqueológicos, gastronomía y productos artesanales, los cuales dan un reconocimiento y puesta de valor al territorio al impulsar la imagen local y todo lo que posee.
Riqueza biocultural: de acuerdo con FAO (2018), es innovación, conocimiento, prácticas de los pueblos indígenas, abarca todos sus recursos sociales, culturales y naturales, donde es necesario generar conocimientos sobre el territorio para reconocer sus potencialidades, ya sean económicas, culturales, sociales y naturales con el propósito de ayudar a mejorar el desarrollo local a través de una exclusividad/tipicidad, tipos e intensidad de interacción de actores locales.
Organización de la comunidad: debe ser coherente, sistemática, estratégica, dinámica, orientada al logro de metas y objetivos. La organización en las comunidades depende de una cultura que da una esencia y tiende a ser dinámica. Cuando una comunidad tiene sentido de pertenencia, sus manifestaciones culturales aportan al proceso económico y social a través de su organización comunitaria, planifica bienes y servicios ofreciéndolos con un valor económico a los mercados. Se puede decir que ese territorio está valorizado, pues busca la promoción de sociabilidades y la acción colectiva.
Ante lo expuesto, el valorizar un territorio en cuanto a su organización comunal, riqueza biocultural y raíces ancestrales implica distinguir a la comunidad de las demás, esto es muestra sus diferencias que la hacen única. Cuando se valoriza al territorio se aporta al proceso económico y social y fortalece la identidad ante los cambios de la globalización; un territorio que se valoriza abraza sus formas y estilos de vida, por lo que ya no es fácil cambiarlas y se refuerzan las identidades ante los cambios. Castells (2018) llama a este fenómeno identidad de resistencia, donde esta identidad hace fomentar el rescate de creencias, formas, cultura, valores que se han formado por años y se resisten a cambiar por designaciones políticas o institucionales.
A saber, construir una comunidad con una valorización en la identidad territorial resulta en un proceso beneficioso para cualquier localidad, pero involucra el trabajo de diversos elementos, como los actores sociales, organizaciones, identificación de unidades, el conocimiento del territorio y la construcción de servicios, que puedan consolidarse en los mercados (Ramírez et al., 2015), sin perder la identidad y tradición, además de llevar la cultura como un estandarte. Por último, las comunidades están llenas de valor: poseen recursos naturales y humanos que al aprovecharlos se convierten en mecanismos económicos, tal como lo describe el enfoque del desarrollo endógeno. Este enfoque respalda los procesos de crecimiento y es capaz de impulsar una dinámica económica interna que descanse sobre los factores endógenos y permita a las comunidades aprovechar los recursos internos y fortalecerse social y económicamente, siempre cuidando que preserven la conservación de sus recursos naturales.
Finalmente, se puede decir que la identidad territorial puede ser una estrategia para incentivar un desarrollo local, pues brinda elementos para su desarrollo económico. Sobre esto, la identidad territorial trata de planificar y gestionar los bienes y servicios particulares con identidad y los ofrece al mercado con un valor económico de autenticidad y originalidad haciéndolos más competitivos y de este modo fomentar los ingresos dentro de su territorio aprovechando sus potencialidades, además de generar empleo (Molano, 2017). De acuerdo con este marco, se tendrá un desarrollo local en los aspectos económicos, sociales y ambientales, así como un reforzamiento en la parte cultural (Fonte y Ranaboldo, 2007), al mismo tiempo que evitaría pérdidas de conocimientos ancestrales y la migración del territorio.
2. Desarrollo local e identidad territorial
Hablar sobre el desarrollo local, de acuerdo con Salazar, es marcar límites territoriales, los cuales poseen una
identidad colectiva expresada en valores y normas interiorizados por sus miembros, y que conforma un sistema de relaciones de poder constituido en torno a procesos locales de generación de riqueza. Dicho de otra forma, una sociedad local es un sistema de acción sobre un territorio limitado, capaz de producir valores comunes y bienes localmente gestionados (Salazar, 2016: 21).
En función de este concepto, se observa que la organización de un territorio es fundamental para comenzar cualquier proceso de desarrollo, pues provoca la acción de producir con bienes locales y gestionarlos de formas adecuadas. Es ahí donde el desarrollo local se relaciona con el desarrollo endógeno porque ambos se dan en un espacio determinado, constituidos por tiempo, sociedad, cultura, valores y normas (Cruz et al., 2019), que busca aprovechar los recursos internos de la comunidad con equilibrio cuidándolos para las generaciones futuras. Grosso modo, se puede decir que el desarrollo local se centra específicamente en un nivel local y trabaja en equipo con el desarrollo endógeno, pues ambos se apoyan en los modelos de crecimiento de abajo-hacia arriba, de donde destacan los factores económicos, sociales y ambientales.
Ahora bien, la valorización de la identidad territorial también trabaja a favor del desarrollo local, puesto que al planificar y gestionar los aspectos culturales, riqueza biocultural y la organización de la comunidad que posee el territorio puede crear bienes y servicios con identidad, que suman al desarrollo económico local. Y la pregunta recae en pensar: ¿Por qué se crea un desarrollo económico y social en las comunidades valorizando las formas culturales, la organización comunitaria y la riqueza biocultural? Bien, de acuerdo con el INDAP (2017), que se ha dedicado al estudio de las comunidades y su transformación en el desarrollo local, explica que el desarrollo económico local se genera cuando la comunidad es capaz de impulsar una dinámica económica interna que descanse sobre los factores endógenos, lo cual permite a la vez aprovechar los recursos internos y fortalecer la parte social, siempre cuidando que cualquier acción prime la conservación de sus recursos naturales. Por ello, el desarrollo económico local propone impulsar los procesos de crecimiento internos mediante la acumulación del capital de una comunidad o territorio haciendo uso de la “cultura e instituciones que le son propias y en las que se basan las decisiones de ahorro e inversión” (Vázquez citado en Quispe, 2016: 1). Con base en esto, el desarrollo local es visto como un “proceso de transformación y promoción social, económica, cultural” (Juárez, 2013: 10), el cual busca un crecimiento, evolución y progreso local y siempre sitúa al ser humano como punto central.
De acuerdo con la CEPAL (2019), los países, regiones y comunidades atraviesan por problemas sobre el abordaje de la economía interna, ya que dentro de los territorios existe un bajo desarrollo económico interno y uno de los objetivos del desarrollo local es buscar gestores locales que ayuden a incrementarlo a través del fortalecimiento de núcleos locales; precisamente, un gestor que es compatible con este desarrollo es la identidad territorial, ya que trabajan sobre el mismo enfoque. Aghón et al. (2011) señalan que “los gestores locales se plantean la necesidad de mejorar la respuesta local ante los desafíos que significan la globalización, el aumento de la competencia y los cambios de la demanda”. Por ende, la identidad territorial y el desarrollo local participan en el proceso de crecimiento de las comunidades, pues buscan reactivar la economía y dinamizarla en la sociedad local por medio de un adecuado aprovechamiento de los recursos internos del territorio, capaz de estimular el “crecimiento económico, crear empleo y mejorar la calidad de vida en la comunidad local (Sarzosa, 2014: 17). Desde este punto de vista, ese crecimiento económico y social lograría a través de la valorización del potencial que tienen los territorios y la capacidad de coordinación de la comunidad para liderar los procesos de transformación en la comunidad, puesto que los territorios tienen diversas potencialidades como la cultura, la organización, la riqueza biocultural, que en conjunto, o separados, fomentan el desarrollo económico a la comunidad, siempre y cuando se tenga una buena organización de la sociedad y se involucre el gobierno estatal y federal (Lee y Delgadillo, 2018).
Retomando la idea anterior, la valorización de la identidad territorial aporta a los procesos de crecimiento del desarrollo económico con iniciativas básicas que promueven el desarrollo interno en la creación de microempresas y cooperativas para transformar los recursos naturales sin comprometer a las futuras generaciones. Se puede decir que ambos enfoques teóricos buscan el aprovechamiento de los recursos endógenos del territorio al impulsar procesos de crecimiento con impacto en el desarrollo económico, político, cultural y ambiental (Quispe y Ayaviri, 2017). Sosa et al. (2020) son autores que enfatizan que la identidad territorial y el desarrollo local se adaptan mejor en las comunidades, ya que se parte de una visión territorial donde el soporte lo da la comunidad con sus actividades diarias, con el manejo de los recursos naturales para su economía, el trabajo en equipo de la sociedad, los aspectos culturales y la forma de organización. Por lo planteado, se puede decir que la comunidad tiene toda la capacidad de ser autónoma porque potencializa el desarrollo de su localidad.
Ahora bien, los nuevos modelos de desarrollo local tienen la finalidad de generar procesos de crecimiento capaces de impulsar una dinámica económica interna, con pilares sobre los factores endógenos, los cuales permitan a las comunidades aprovechar los recursos internos, fortalecerse social y económicamente, pero siempre cuidando la conservación de sus recursos naturales (Santana et al., 2018: 702). Dichos procesos de crecimiento también son multidimensionales debido a que impactan en los aspectos económicos, sociales y ambientales con la puesta en marcha de nuevas formas de organización en la comunidad, creación de empresas y cooperativas dentro de las comunidades y transformación de los recursos sin comprometer a las futuras generaciones.
Para ir finalizando, se puede decir que la comunidad tiene toda la capacidad de ser autogeneradora, en vista de que potencializa el desarrollo de su localidad y crea un papel sobresaliente en los territorios con lo cual logra su bienestar económico, social y cultural. Por ello, se debe valorizar la identidad territorial de cada comunidad que, en consecuencia, traería beneficios para todo un estado en su conjunto; aunque la riqueza y principal atractivo por lo regular se centra en las capitales de los estado y deja a un lado a las periferias, cada una suma o resta en los índices de desarrollo. La valorización de la identidad territorial es una estrategia que se puede implementar tanto en centros como en periferias, ya que se acopla a la cultura del territorio. De igual forma, es importante recordar que el territorio mexicano es muy rico en cultura y recursos naturales. Si bien la mayor riqueza natural se concentra en el sur de la República Mexicana, se trata de estados con los mayores niveles de pobreza. Aunado a que no cuentan con grandes industrias como la zona norte del país, son los estados con gran número de comunidades rurales (INEGI, 2020) . En este sentido, el fin del desarrollo local es crear procesos reactivadores de la economía y
dinamizador de la sociedad local mediante el aprovechamiento eficiente de los recursos endógenos existentes en una determinada zona, capaz de estimular y diversificar su creciente economía, crear empleo y mejorar la calidad de vida de la comunidad local, siendo el resultado de un compromiso en el que se entiende como espacio de solidaridad activa (Comité Económico y Social de las Comunidades Europeas, citado por Juárez, 2013: 14).
El caso del estado de Oaxaca se estudió a partir de un análisis documental, el cual considera que el crecimiento turístico no solo ha beneficiado a la capital, sino también a la periferia, es decir, a las comunidades que han puesto a disposición su identidad territorial para el turismo tanto nacional como internacional. Las masas turísticas ya no solo se quedan en la capital, sino que están saliendo a las comunidades del estado a conocer sobre la riqueza cultural, exploran la naturaleza, viven la experiencia de manera diferente, pero sobre todo las comunidades están enseñando que la identidad no se desplaza, ya que no permiten que otras personas no originarias lleguen a vivir en el territorio y, en consecuencia, evitan la gentrificación en sus espacios gracias al arraigo cultural que tienen.
Prospectiva
Este análisis teórico sobre la identidad territorial y el desarrollo local pretende analizar la teoría y contrastarla con la realidad y resalta una posible estrategia para fomentar el desarrollo local en las comunidades que carezcan de una economía estable con el objetivo de aportar a la reflexión teórica sobre las estrategias de la identidad territorial que se están llevando a cabo en algunas comunidades del estado de Oaxaca, aunado a que es importante visibilizar el aporte que la identidad territorial tiene sobre todo en el crecimiento económico y social. Cada territorio es rico internamente, solo basta incentivar algunos factores. Para lograrlo, es necesario mostrar el papel que juegan las economías locales y en cómo pueden generar sus propios empleos y empresas locales –no hablando de grandes empresas, sino más bien unidades económicas diversas– que promuevan los procesos de crecimiento y sumen tanto al desarrollo local como al desarrollo del estado y así combatir la migración y el desempleo en las comunidades.
Es fundamental destacar cómo algunas comunidades están creando estrategias para mejorar el desarrollo local, las cuales comienzan como una iniciativa local que es fortalecida con la ayuda del gobierno estatal y federal; estos últimos juegan un papel fundamental para el desarrollo de los territorios, ya que se encargan de impulsar las estrategias locales a través del financiamiento económico de sus proyectos. Cabe mencionar que este tipo de desarrollo es más lento porque no permiten inversiones de otros entes nacionales o extranjeros. Sin embargo, es interesante analizar cómo las comunidades diseñan estrategias de identidad territorial con la promoción de su cultura, de su organización y de su riqueza biocultural sin perder sus usos y costumbres, valores y recursos naturales.
Las comunidades mencionadas han ocupado su cultura como una estrategia para llamar la atención del turismo con la exposición de sus tradiciones, festividades y gastronomía; en cuanto a la riqueza biocultural, en los recorridos muestran su conocimiento ancestral y las prácticas de los pueblos indígenas, esto es, ocupan sus recursos naturales o prácticas ancestrales como atractivo visual. Con estas acciones las comunidades demuestran que son generadoras de etnos conocimientos; este trabajo se ve reflejado en la organización de la comunidad, ya que sus habitantes son quienes se agrupan y buscan estrategias para beneficio de su territorio. Es importante resaltar que una comunidad no organizada difícilmente podrá crear estrategias para crecer; la buena organización siempre será un elemento clave para alcanzar los objetivos. Para algunos este tipo de estrategias se ve como un proceso de lento crecimiento; sin embargo, aseguran un desarrollo que protege sus recursos naturales, evita la explotación indiscriminada, así como la gentrificación, que es lo que está sucediendo en muchos centros turísticos: llegan personas con mayor poder adquisitivo a construir hoteles, restaurantes y servicios de lujo y desplazan a la población originaria; por ello, se rehúsan a cambiar sus normas y leyes, que consisten en prohibir la venta de las tierras a personas que no sean nativas, pues no tendrían presente la identidad indígena y el cuidado de la naturaleza sobre cualquier otro interés. Este punto sería clave para su aboraje en futuras investigaciones para conocer qué tanto la gentrificación beneficia o no a los territorios originarios, si en verdad provoca un crecimiento económico dentro o solo es desterrado por el poder económico de otros.
Por otro lado, se sabe que México posee muchas comunidades con bajos índices de desarrollo. Es bueno comenzar a observar las buenas prácticas y estrategias que ejercen en otros estados de la República, como el caso de Oaxaca y otros estados. No solo en la República Mexicana se ven este tipo de estrategias, sino también en países cercanos. América Latina tiene la mayor literatura en estudios sobre la identidad territorial y el desarrollo local, así como estudios de comunidad, puesto que están en la búsqueda de generar estrategias que impacten en el desarrollo de sus territorios. De acuerdo con este panorama, es interesante fomentar estudios que integren nuevas estrategias creativas para que puedan ser adoptadas en las comunidades con rezagos económicos. Aun así, son pocos los estudios sobre comunidades, por lo que una de las causas podría ser que no son considerados de impacto; sin embargo, existen y es necesario que se visibilicen y este modo mejorar su crecimiento económico, social y ambiental, pues también suman al desarrollo de todo un estado.
Ahora, en cuanto a algunas acciones sugeridas, es necesario realizar un diagnóstico para identificar las condiciones de las comunidades en cuanto a su cultura, riqueza biocultural y organización. Este diagnóstico debe de ser acompañado de un análisis FODA (Fortalezas, Oportunidades, Debilidades y Amenazas) de la comunidad y así saber qué aspectos se deben mejorar.
Para concluir, este estudio se sigue analizando, pero ahora, en la práctica, esta teoría es la base y parte de la investigación cualitativa. Se pretende, a través del uso de una metodología mixta, medir el grado de influencia que tiene la identidad territorial en el desarrollo local a partir de una muestra de diversas comunidades con identidad territorial valorizada en el estado de Oaxaca, las cuales están contribuyendo al crecimiento en su desarrollo local.
Conclusiones
México se integra por 32 entidades federativa, cada una se dividida en municipios. Se tienen registrados más de 2 471 municipios con sus comunidades en toda la República Mexicana (INEGI, 2020). Muchos de los municipios al encontrarse en pobreza o pobreza extrema restan al desarrollo del estado, por lo que una estrategia para mejorar las condiciones es valorizar la identidad territorial; de esta forma, se fortalece la economía interna (Giménez, 2018). Uno de los estados de la República Mexicana que ya la están implementando es Oaxaca, que aprovecha la identidad territorial a través del manejo de sus recursos culturales, riqueza biocultural y la organización de la comunidad para desarrollar diversos proyectos basados en sus potencialidades, como los turísticos, que permiten conocer la gastronomía, tradiciones, fiestas, vestimenta, sitios arqueológicos (aspectos culturales), la arquitectura colonial, recursos naturales, raíces ancestrales, medicinas naturales, paisajes (riqueza biocultural) (Muñoz, 2021). Estas actividades potencializan las comunidades en periferias y no solamente a la capital oaxaqueña, donde la organización comunitaria ha sido fundamental, pues son quienes se organizan estratégicamente con objetivos en conjunto.
Para concluir, el valorizar la identidad territorial provoca efectos positivos en el desarrollo económico local; sin embargo, también ayuda en el desarrollo social al mejorar las condiciones de vida de la población y contribuye a combatir la migración. De acuerdo con Castillo et al. (2020), lo anterior provoca que las personas de las comunidades no quieran migrar hacia otros lugares debido a que dentro de ellas existe trabajo y recurso económico. Esta situación fomenta nuevas estrategias de desarrollo que les permitan trabajar en su propia tierra y generar fuentes de empleo para los locatarios (FAO, 2018). Al respecto, el gobierno mexicano actual está promoviendo diversos programas económicos para el fortalecimiento de las comunidades, siendo las primeras en el Plan de Desarrollo al igual que el apoyo al fomento de proyectos turísticos, ecoturísticos, o microempresas, así como caminos de pavimento para las comunidades con el fin de beneficiar a los pobladores y visitantes.
Por su parte, la CEPAL es una organización que promueve el desarrollo local para mejorar la respuesta local ante la demanda de las necesidades de economía interna de las comunidades, además de que busca el incremento del desarrollo económico local y el fortalecimiento de los núcleos locales. La CEPAL resalta la creciente importancia de analizar a las economías locales; se propone crear rutas metodológicas para el desarrollo económico local en los municipios y localidades de América Latina promoviendo la cultura, la creación de cooperativas, microempresas, iniciativas locales y de promoción empresarial, que surgen gracias al aprovechamiento endógeno de sus recursos naturales y riqueza biocultural (CEPAL, 2019). Así, se combaten las carencias económicas que tienen las comunidades a través del uso de su potencial territorial.
Ahora bien, la búsqueda de crecimiento económico para las comunidades es un tema primordial. América Latina ha sido precursor sobre el abordaje de estos temas, donde la identidad territorial tiene un papel fundamental para aportar al desarrollo local, puesto que le apuesta a la cultura, la riqueza biocultural, la organización de la comunidad, o sea, la identidad como eje principal del desarrollo (Molano, 2017). Los estudios explican que “el desarrollo local se ha convertido en el nuevo activador de las políticas de patrimonialización […] parece como si los lugares se hayan involucrado en una obra de construcción identitaria, que privilegia la dimensión local o ciudadana por encima de las nacionales, estatales y globales” (García, 2017: 66). De acuerdo con lo explicado, se retoma que llevar a cabo estrategias de identidad territorial y desarrollo local podría revivir a las comunidades y despertar el interés de la población para evitar la migración y lograr la cohesión social, “además puede desencadenar actividades económicas y con ello mejorar los ingresos y la calidad de vida de la colectividad” (Molano, 2017: 74). En cuanto a las actividades económicas, Molano (2017) hace alusión a la oferta de bienes y servicios que ofrece la comunidad, los cuales forman parte de la identidad territorial, así como la creación de productos se coloquen en el mercado, clave para el desarrollo económico y la promoción del turismo en su territorio.
Se puede decir, de acuerdo con la literatura, que la valorización de la identidad territorial podría ser un factor que propicie el desarrollo local para sus comunidades (Molano, 2017), dado que cualquier territorio tiene alguna de las características descritas, las cuales servirían para la construcción de microempresas, iniciativas económicas, turísticas y ecoturísticas que promuevan los atractivos visuales y culturales del territorio. Y, de igual forma, la valorización de la identidad territorial provoca que las personas se arraiguen culturalmente y busquen el bienestar en comunidad cuidando tanto sus tierras como su población (Muñoz, 2021. Este tipo de valores se están perdiendo en la actualidad, lo cual contribuye a la aparición de un factor: la gentrificación. En este proceso se van desplazando las personas nativas de los lugares por desarrollos urbanísticos nuevos y de alto nivel, que tienen mayor poder adquisitivo y tienen la posibilidad de elaborar proyectos más grandes que no van dirigidos a los locales, quienes no pueden costearlos. Este fenómeno sucede a menudo cuando se ve que un territorio tiene potencial de crecimiento turístico, pero, gracias a su organización política, las comunidades de Oaxaca, proponen sus propias leyes y normas que no permiten que personas extranjeras o que no hayan nacido en la comunidad tengan derecho a comprar tierras o establecer un negocio. Estas medidas ayudan a proteger su identidad y dan un ejemplo más del trabajo en comunidad y cuidado de sus recursos, lo cual motiva la identidad con arraigo y donde el recurso económico no interfiere en su visión de cuidar al territorio y su patrimonio.
Por último, para que cualquier iniciativa o estrategia funcione en una comunidad es necesario considerar la voluntad colectiva y la participación del gobierno estatal y federal, ya que son aspectos claves para potencializar un desarrollo; por ende, se debe de trabajar en equipo y resaltar el papel central que desempeña el gobierno al intervenir en proyectos de las comunidades.










nueva página del texto (beta)



