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Entreciencias: diálogos en la sociedad del conocimiento

versión On-line ISSN 2007-8064

Entreciencias: diálogos soc. conoc. vol.12 no.26 León ene./dic. 2024  Epub 31-Mar-2025

https://doi.org/10.22201/enesl.20078064e.2024.26.88491 

Ciencias Sociales, Humanidades y Artes

Violencia de pareja y sintomatología mixta en mujeres mexicanas durante la pandemia por COVID-19

Intimate partner violence and mixed symptomatology in Mexican women during the COVID-19 pandemic

Ana Leticia Becerra Gálveza*   
http://orcid.org/0000-0002-5075-6098

Alejandro Pérez Ortizb** 
http://orcid.org/0000-0002-1134-9190

*FES Zaragoza, UNAM

**FES Iztacala, UNAM


Resumen

Objetivo:

Comparar la violencia de pareja, la sintomatología de estrés, ansiedad y depresión en mujeres mexicanas por grupo de edad durante la pandemia por la COVID-19.

Diseño metodológico:

Por medio de un muestreo no probabilístico de tipo intencional, 165 mujeres completaron una batería psicológica online conformada por los instrumentos: Cédula de datos generales, DASS-21 y Cuestionario de violencia sufrida y ejercida de pareja.

Resultados:

Las mujeres de 45 a 59 años reportaron padecer mayor violencia de pareja, en comparación con otros rangos de edad (K = 9.488, p = .023), en tanto, las mujeres de 25 a 44 años presentan más síntomas de ansiedad y depresión (p < .05). El tipo de violencia más reportada fue la física, siendo el rango de 45 a 59 años que más la sufrió (K = 10.985, p = .012).

Limitaciones de la investigación:

En vista de que no se contó con una evaluación previa a la COVID-19, no es posible afirmar que se exacerbó la violencia de pareja sufrida y los síntomas asociados al estrés, la ansiedad y la depresión a causa de esta emergencia sanitaria.

Hallazgos:

Todas las mujeres reportaron experimentar algún tipo de violencia por parte de sus parejas, siendo la de tipo física la más común, además, experimentaron síntomas de al menos un trastorno del estado de ánimo, siendo el más recurrente el estrés.

Palabras clave: violencia de pareja; ansiedad; depresión; COVID-19

Abstract

Purpose:

To compare intimate partner violence, stress, anxiety, and depression symptomatology in Mexican women by age group during the COVID-19 pandemic.

Methodological design:

Through non-probabilistic purposive sampling, 165 women completed an online psychological battery consisting of the following instruments: a general data questionnaire, DASS-21 and a questionnaire on violence suffered and perpetrated by an intimate partner.

Results:

Women from 45 to 59 years of age reported suffering more intimate partner violence compared to other age ranges (K = 9.488, p = .023), while women aged 25 to 44 presented more symptoms of anxiety and depression (p < .05). The most reported type of violence was physical violence, with the 45 to 59 years of age range suffering the most (K = 10.985, p = .012).

Research limitations:

Due to the lack of an evaluation prior to COVID-19, it is not possible to state whether intimate partner violence, symptoms associated with stress, anxiety and depression were exacerbated by this health emergency.

Findings:

All women reported having experienced some type of violence from their partners, with physical violence being the most common; additionally, they experienced symptoms of at least one mood disorder, the most recurrent being stress.

Keywords: Intimate partner violence; anxiety; depression; COVID-19

Introducción

La violencia de pareja se define como cualquier daño físico, sexual y/o psicológico ejercido por la pareja o bien por el cónyuge actual o anterior, puede llegar a presentarse en todos los entornos y grupos socioeconómicos, religiosos y culturales. Es considerada como una de las formas más comunes de violencia contra la mujer y una violación a sus derechos humanos (Centers for Disease Control and Prevention [CDCP], 2024; Miller y McCaw, 2019; Organización Mundial de la Salud [OMS], 2013). De acuerdo con estimaciones mundiales realizadas por la OMS (2021), cerca del 30 % de las mujeres entre 15 y 49 años han sufrido violencia de pareja al menos una vez en su vida. Dichos comportamientos de violencia pueden ocurrir de manera aislada o como un patrón continuo de abuso, no solo contra la mujer sino también en contra de los hijos producto de esa relación (Medina y Medina, 2019; Sugg, 2015).

Si bien la violencia de pareja ha sido un problema histórico de salud pública, ésta tiende a incrementarse ante el surgimiento de un evento de gran magnitud que modifique la rutina diaria de los individuos. Por ejemplo, Connor et al. (2020) indican que durante la epidemia del ébola ocurrida en 2014 y del zika en 2016 este tipo de violencia incrementó debido al confinamiento en el hogar impuesto por el gobierno como medida para contener los virus, aunado a la disminución de ingresos monetarios y alteraciones en el estado de ánimo en los integrantes de la familia. Este fenómeno también se presentó durante la pandemia por la COVID-19, pues desde que se desató el brote se intensificaron los casos de todo tipo de violencia contra las mujeres y las niñas, particularmente, durante el confinamiento establecido para reducir los contagios (Barbara et al., 2020; OMS, 2022).

Al respecto, investigaciones y revisiones sistemáticas de la literatura revelan que mujeres procedentes de países de todo el mundo, ya experimentaban violencia de pareja, sin embargo, durante la pandemia por COVID-19 fueron víctimas de casi todo tipo de violencia con mayor intensidad y mayor frecuencia (Fawole, Okedare y Reed, 2021; Mojahed et al., 2021; Sediri et al., 2020; Thiel et al., 2022). Los tipos de violencia más reportados fueron violencia psicológica (13.3 % a 68.4 %), violencia física (6.5 % a 56 %) y violencia sexual (4.6 % a 50.8 %;) (Shoaei, Asadi y Salmani, 2022; Wake y Kandula, 2022; Yari et al., 2021).

En el caso de México, el ejercicio de la violencia contra las mujeres y las niñas también fue en aumento. A nivel nacional, el Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres, 2020) reveló un aumento del 53 % en las llamadas al 911 por incidentes de violencia contra las mujeres durante el primer cuatrimestre de 2020, en comparación con el año anterior. Por su parte, el Consejo Ciudadano de la Ciudad de México (2020) dio a conocer a través del informe Emociones y Seguridad a un Año de la Pandemia que 35 mil 357 personas fueron atendidas mediante la línea telefónica de apoyo psicológico, lo cual representó un aumento del 295 % de llamadas más en comparación con años anteriores. De estas llamadas, 65 % fue de mujeres víctimas de violencia, de las cuales 36 % de los casos el agresor fue el cónyuge, el 23 % fue el concubino y el 14 % fue su expareja.

Igualmente, en la investigación realizada por Rivera et al. (2023) durante la primera ola de la pandemia (febrero - septiembre de 2020), mediante una encuesta online aplicada a 47 819 mujeres mexicanas mayores de 15 años, se encontró que 11.5 % había experimentado algún tipo de violencia. Aunado a este hallazgo, la regresión logística señaló que ser una mujer joven, el desempleo, estar parcial o totalmente en confinamiento, ser cuidadora (niños, persona adulta mayor y/o enfermo crónico), perder a un integrante de la familia por COVID-19 y consumir alcohol son predictores de la violencia.

Por otro lado, las afectaciones psicosociales como el estrés, ansiedad, depresión causadas por la responsabilidad de estar a cargo del cuidado de un menor de edad, de una persona enferma o bien de un adulto mayor, como consecuencia de la emergencia sanitaria, figuraron como un problema paralelo a la violencia ejercida por la pareja, los cuales afectaron de forma considerable la salud mental de las mujeres (Nam, Nam y Kwon, 2021; Luo et al., 2020; Montes de Oca et al., 2021; Salcedo et al., 2022).

A la revisión de la literatura se identifica que, previo a la pandemia, las mujeres de nacionalidad estadounidense, australiana y española son las que han experimentado mayor violencia (de género, física, psicológica y/o sexual) a lo largo de su vida, particularmente desde su infancia, además, poseen mayor riesgo de desarrollar ansiedad, estrés, depresión y problemas con el consumo de sustancias (Rees et al., 2011 Torres et al., 2021; Walsh, 2015; 2016). Estos hallazgos sugieren que en las víctimas de violencia -aparentemente de cualquier tipo- aumenta sustancialmente la probabilidad de desarrollar un trastorno del estado de ánimo.

Ahora bien, en relación con la emergencia sanitaria por la COVID-19, estudios realizados por Frederiksen et al. (2020), Matud et al. (2022) y Matud et al. (2022) indicaron que, de todos los grupos poblacionales, las mujeres de diferentes grupos de edades reportaron peor salud mental, mayor temor al contagio y mayor pérdida de ingresos. Asimismo, la edad es un factor predictor de importancia cuando se habla de violencia y otras afectaciones en la salud mental, pues las mujeres jóvenes y de mediana edad presentan con mayor frecuencia episodios depresivos, ansiedad y estrés. Si bien el análisis de dichas variables es complejo cuando se trata de las mujeres, el reconocimiento de factores biológicos (enfermedades, cambios hormonales, entre otros), pero sobre todo sociales (roles de género, condición sociodemográfica y económica), se torna fundamental para prevenir y atender dichas problemáticas (Keita, 2007).

Continuando con el estudio de la violencia y este tipo de trastornos en tiempos de pandemia, la escasa literatura conducida se concentró mayoritariamente en grupos sociales específicos, tales como mujeres embarazadas o jóvenes en edad reproductiva, quienes al ser víctimas de violencia de género (psicológica, física y sexual), desarrollaron, como consecuencia, síntomas de estrés postraumático, ansiedad prenatal, depresión y consumo de sustancias psicoactivas (Chainé et al., 2023; Eapen et al., 2023; Wu et al., 2022).

Las mujeres en edad no reproductiva vivieron diversos eventos estresantes en su vida cotidiana, los cuales se agudizaron en diferentes etapas de la pandemia por la COVID-19; eso sin contar con la presencia de otros fenómenos económicos globales que se dieron como la pérdida de empleos masiva, aumento de la pobreza y estancamiento de la economía mundial (Gonçalves et al., 2022). En esta misma línea, Pérez et al. (2022) en una muestra de 1 062 mujeres portuguesas, encontraron que la percepción de dificultades económicas, el consumo de medicamentos para dormir o tranquilizantes, y el estrés percibido son factores que aumentaron el riesgo de que una mujer experimentara violencia de pareja durante la pandemia. Pese a los resultados obtenidos en las investigaciones, sigue sin explorarse cómo se comportan ambas variables psicosociales en mujeres que no estén en etapa de gestación o bien cómo se presentan en países en desarrollo como México.

Ahora bien, al entretejer la violencia de pareja y la salud mental de las mujeres durante la pandemia, quedan diferentes cuestiones por indagar. Primeramente, es indispensable identificar con claridad el rango de edad de las mujeres que experimentaron mayores afectaciones psicosociales derivadas no solo de la pandemia, sino también por la exposición prolongada a la violencia ejercida por la pareja, para así diseñar intervenciones multidisciplinarias que atiendan esta problemática. Como segundo punto, identificar la relación existente entre distintas problemáticas de carácter sociodemográficopsicológico y el riesgo de vivir violencia ejercida por la pareja. En virtud de las evidencias y los argumentos expuestos, surgen las siguientes interrogantes: ¿las mujeres experimentarán diferentes tipos de violencia en función de su edad?, ¿la sintomatología de algún trastorno del estado de ánimo diferirá en cuanto a la edad de las mujeres? y ¿existirán variables sociodemográficas y psicológicas asociadas a la salud mental y la violencia sufrida en las mujeres?

Es así como el estudio en conjunto de ambas temáticas resulta pertinente, dado que, de presentarlas pueden agravar considerablemente el estado de salud biopsicosocial de la mujer y afectar su calidad de vida, además de seguir expuesta a un ciclo de violencia que a través del tiempo pude empeorar y llevarle a la muerte (Oram, Khalifeh y Howard, 2017). Por tal motivo, el objetivo de la presente investigación fue comparar la violencia de pareja, la sintomatología de estrés, ansiedad y depresión en mujeres mexicanas por grupo de edad durante la pandemia por la COVID-19. Un objetivo secundario es conocer la asociación existente entre las variables sociodemográficas y psicológicas como el estrés, ansiedad, depresión y la violencia sufrida en este grupo de mujeres.

La presente investigación está estructurada en cuatro partes: en la primera se expone la estrategia metodológica, en la que se describen las principales características sociodemográficas de la muestra, la batería psicológica que se utilizó, el procedimiento y los aspectos éticos seguidos para la conducción del protocolo; en la segunda se presentan los resultados descriptivos de la muestra, en términos de tipos de violencia más sufridos y sintomatología con mayor frecuencia, análisis de comparación en función de grupos de edad y análisis de asociación entre las variables de estudio; en la tercera se discuten los hallazgos y las evidencias obtenidas de la asociación entre la violencia de pareja sufrida con la sintomatología de estrés, ansiedad y depresión en las mujeres, así como de las diferencias obtenidas en función de la edad; en la cuarta parte se exponen las principales conclusiones derivadas de los resultados.

Método

Se llevó a cabo un estudio cuantitativo no experimental, de tipo transversal y de alcance comparativo (Kerlinger y Lee, 2001). Esto debido a que no existió la manipulación de una variable independiente sobre una dependiente. Se aplicó una batería de instrumentos en una sola ocasión a un grupo de personas para efectuar análisis estadísticos de comparación.

Mediante un muestreo no probabilístico de tipo intencional participaron 165 mujeres mexicanas, cuyo promedio de edad fue 41.07 años (DE ± 11.65, Mdn = 42). Los criterios de inclusión para participar en el estudio fueron: ser mayor de edad (≥ 18 años), tener una relación de pareja igual o mayor a seis meses, contar con un dispositivo con acceso a internet (e.g. smartphone, Tablet, laptop o computadora de escritorio) y saber leer y escribir. Los criterios de eliminación consistieron en responder menos del 80 % de la batería psicológica y que se encontraran en tratamiento psiquiátrico o psicológico al momento de la aplicación, esto debido a que se quería identificar el efecto directo de la pandemia sobre el estado emocional de las participantes, y al encontrarse bajo un tratamiento psicológico y/o psiquiátrico se obtendría información sesgada por la probabilidad de sintomatología mitigada o paliada por la atención especializada. De las participantes, 86.8 % radicaba en la Zona Metropolitana del país (Ciudad de México y Estado de México), 49.7 % estaba casada, 30.9 % era empleada general y 73.4 % contaba con estudios universitarios o superiores. En la Tabla 1 se presenta el resto de las variables sociodemográficas.

Tabla 1 Características sociodemográficas de las participantes 

Característica f %
Residencia
Ciudad de México 87 52.7
Estado de México 48 29.1
Oaxaca 13 7.9
Morelos 3 1.8
Querétaro 3 1.8
Guerrero 2 1.2
Otros estados de la República Mexicana 9 5.4
Estado civil
Casada 82 49.7
Solteraa 47 28.5
Unión libre 25 15.2
Separada 5 3
Divorciada 5 3
Viuda 1 .6
Escolaridad
Primaria 2 1.2
Secundaria 8 4.8
Preparatoria 34 20.6
Licenciatura 91 55.2
Posgrado 30 18.2
Grupo de edad
18 a 24 años 16 9.7
25 a 44 años 82 49.7
45 a 59 años 57 34.5
60 años y más 10 6.1
Ocupación
Empleada general 51 30.9
Actividad profesional 42 25.5
Estudiante 29 17.6
Desempleada 28 17
Comerciante 12 7.3
Pensionada 3 1.8

Nota: a = Entiéndase a una mujer soltera o soltería como el estado civil en donde no se ha contraído matrimonio o bien no se vive en pareja bajo las condiciones de concubinato (ConceptosJurídicos.com s.f.).

Fuente: elaboración propia

Los instrumentos que conformaron la batería psicológica se describen a continuación:

Cédula de datos generales. Cuestionario elaborado ex profeso constituido por dos secciones: 1) datos sociodemográficos, cinco preguntas que recaban información sobre la edad, escolaridad, estado civil, ocupación y residencia; 2) Necesidades psicosociales percibidas durante la pandemia, recupera información sobre situaciones que las participantes consideran que les produce estrés, ansiedad y/o depresión.

Escala de Depresión, Ansiedad y Estrés 21 (Depression Anxiety Stress Scales [DASS-21]). Es un instrumento con escala tipo Likert auto aplicable que consta de 21 reactivos con cuatro opciones de respuesta que va desde 0 (no se aplica en nada a mí) a 3 (se aplica mucho en mí la mayor parte del tiempo), la cual, consta de tres subescalas que miden depresión, ansiedad y estrés. La adaptación a México fue realizada por Gurrola et al. (2006) en una muestra no clínica de 200 sujetos (100 hombres y 100 mujeres) mayores de edad (18 años o más). Obtuvieron un Alfa de Cronbach total de 0.86, de 0.81 para la subescala de depresión, 0.79 en la de estrés y 0.76 en ansiedad. En el presente estudio se efectuó un análisis factorial confirmatorio con la muestra, los reactivos 1, 4, 17 y 19 fueron eliminados debido a que presentaban carga residual y más de dos errores asociados, por lo que el modelo resultante obtuvo índices aceptables (χ2 (113) = 201.110, p = .000; χ2 / gl = 1.780, RMSEA = .057, [IC = .044-.070]; CFI = .963; TLI = .955), con 17 reactivos que explican 53.56 % de la varianza, con un α Total = .934, α Estrés = .892, α Ansiedad = .683, α Depresión = .851; y ω Total = .948, ω Estrés = .898, ω Ansiedad = .712, ω Depresión = .885.

Cuestionario de violencia sufrida y ejercida de pareja (CVP). Este cuestionario evalúa la violencia sufrida y ejercida en la situación de pareja en los aspectos de frecuencia y daño. Para fines de esta investigación, sólo se retomó la dimensión de violencia sufrida de pareja (también denominada violencia de pareja). Está compuesto por 27 reactivos en escala tipo Likert de cinco valores (de 1 “nunca” a 5 “siempre”). Cada reactivo se responde dos veces, primero se presenta una columna para evaluar frecuencia, posteriormente se presenta una columna para evaluar daño sufrido. La escala fue creada por Moral de la Rubia y Basurto (2015), quienes obtuvieron un Alfa de Cronbach total de .95 para el constructo de violencia sufrida, dicha subescala está conformada por cuatro factores: violencia psicológica/social, violencia física/intimidación/agresión, violencia sexual y violencia económica. En el presente estudio se realizó un análisis factorial confirmatorio con la muestra, los reactivos 1, 4, 5, 6, 13, 14, 15, 17, 21 y 23 se eliminaron debido a que presentaban carga residual y más de dos errores asociados, por lo que el modelo resultante obtuvo índices aceptables (χ2 (109) = 207.201, p = .000; χ2 / gl = 1.901, RMSEA = .074, [IC = .059-.089]; CFI = .962; TLI = .953), con 17 reactivos que explican 70.55 % de la varianza, con un α Total= .970, α Violencia psicológica/social = .882, α Violencia física/intimidación/ agresión = .921, α Violencia sexual = .778, α Violencia económica = .939; y ω Total = .948, ω Violencia psicológica/social = .851, ω Violencia física/intimidación/agresión = .960, ω Violencia sexual = .836 y ω Violencia económica = .925.

Como parte del procedimiento de la investigación, se diseñó un formulario en la página Google Forms, el cual se diseminó a través de las redes sociales Facebook y WhatsApp entre el 10 de marzo y 22 de octubre de 2021. En el formulario se explicó el objetivo y riesgo del estudio, se presentaron los derechos como participante y se proporcionó el correo de la investigadora principal, en caso de que alguna quisiera recibir una retroalimentación sobre su participación.

En relación con las consideraciones éticas, las participantes completaron el formulario tras ofrecer su consentimiento informado, en el cual se utilizó un lenguaje razonable y comprensible. Si estaban de acuerdo en participar, hacían clic en la opción “Sí, acepto”, con lo que aparecía una nueva ventana con las preguntas del cuestionario. Por el contrario, si elegían la opción “No acepto”, aparecía una nueva ventana en la que se agradecía su tiempo y se finalizaba el formulario. Al final se indicaba que el tratamiento de los datos personales sería confidencial, anónimo y con fines de investigación científica. Esta investigación fue aprobada por la Entidad de las Naciones Unidas para la Igualdad de Género y el Empoderamiento de las Mujeres (ONU Mujeres) y formó parte de una consultoría especializada sujeta a revisión metodológica y ética con el número de registro SSA/IC 010-21 E.1. Además, se siguieron los lineamientos para el desarrollo de investigaciones científicas que establece el Código de Ética para Psicólogos (Sociedad Mexicana de Psicología, 2014) y las pautas que dicta de la Guía para la Práctica de la Telepsicología (Joint Task Force for the Development of Telepsychology Guidelines for Psychologists, 2013).

Una vez que se completó el levantamiento de los datos de manera online, se descargaron en una hoja Excel del formulario creado en Google Forms, posteriormente, se transfirieron al programa estadístico SPSS, versión 25 para Windows. Primeramente, se efectuaron análisis estadísticos descriptivos de la muestra, mediante pruebas de normalidad con en el estadístico KolmogorovSmirnov-Lilliefors (Luzuriaga et al., 2023) se identificó que la distribución de las variables no era normal p > .05 (Ghasemi y Zahediasl, 2012). En consecuencia, se optó por emplear pruebas no paramétricas como la prueba Kruskal-Wallis (Bautista-Díaz et al., 2020) para analizar las diferencias entre las variables psicológicas en función del estado civil, ocupación, escolaridad, residencia y grupo de edad. La significancia estadística se determinó a partir de p < .05. Para el análisis por grupo de edad se retomó la siguiente clasificación: juventud (18-24 años), adulto joven (25-44 años), adulto maduro (45-59 años) y adultos mayores (60 años y más), (Consejo Nacional de Población, 2000). En tanto, para determinar el nivel de severidad en las variables psicológicas se obtuvieron cuartiles. Pese a que la distribución de las variables de estudio fue libre, considerando el tamaño de la muestra, es viable retomar el coeficiente r de Pearson para evaluar el grado de asociación entre las mismas (Hernández, Fernández y Baptista, 2010).

Resultados

Las mujeres de 25 a 44 años (adultas jóvenes) concentraron el mayor número de casos de violencia de pareja y sintomatología de estrés, ansiedad y depresión con nivel de severidad moderado en todas las variables. En tanto, las mujeres de 60 años y más presentan la menor frecuencia de severidad en las problemáticas psicosociales (ver Tabla 2).

Tabla 2 Frecuencia del nivel de severidad de violencia de pareja, estrés, ansiedad y depresión por grupo de edad 

Grupo de edad Variable
Violencia de Pareja Estrés Ansiedad Depresión
Leve Moderado Grave Leve Moderado Grave Leve Moderado Grave Leve Moderado Grave
18 a 24 años 7 9 0 4 8 4 4 7 5 5 6 5
25 a 44 años 20 44 18 18 44 20 18 46 18 16 47 19
45 a 59 años 13 24 20 19 29 9 28 21 8 25 23 9
60 años y más 3 4 3 7 2 1 4 5 1 8 1 1

Nota: los grupos de edad se crearon en función de lo propuesto por el Consejo Nacional de Población (2000)

Fuente: elaboración propia

Tras analizar y considerar a toda la muestra del estudio, y de acuerdo con los niveles de severidad en las variables psicológicas, cerca de la mitad de las participantes sufrió un nivel moderado de violencia por parte de su pareja (49.1 %), así como en la sintomatología de estrés (50.3 %), ansiedad (47.9 %) y depresión (46.7 %). El tipo de violencia que más reportaron fue la física (M = 8.38), seguido de la económica, psicológica y sexual (M = 5.82, 5.75, 4.38; respectivamente).

En apego a los resultados reportados por las participantes, las situaciones generadoras de estrés, ansiedad y depresión en todos los grupos de edad fue la sobrecarga de trabajo en casa y escuela seguida de la dificultad de organizar el tiempo y distribuir las tareas en casa. En el grupo de las mujeres adultas jóvenes se observó lo siguiente: los problemas económicos (ingresos insuficientes, alza en los precios de la canasta básica, deudas) es la principal situación generadora de estrés (52.43 %); desconocer el avance de la pandemia y las fechas para la aplicación de vacunas (69.5 %) fue la principal causa de síntomas de ansiedad, mientras que el desempleo fue la razón principal por la que se presentaron síntomas de depresión (35.3 %).

El análisis por grupo de edad en cada variable reveló que la sintomatología de ansiedad mostró diferencias significativas (K = 11.430, p = .010), tras realizar análisis post hoc se identificó que las mujeres de 25 a 44 años (M = 93.54) presentaron más síntomas de ansiedad que las mujeres de 45 a 59 años (M = 68.52; p = .014). Resultados similares se encontraron en los síntomas de depresión, debido a que también mostraron diferencias significativas (K = 20.259, p = .000), los análisis post hoc indican que las mujeres de 25 a 44 años experimentan más síntomas de depresión (M = 95.59), en comparación con las mujeres de 45 a 59 años.

Respecto a la violencia de pareja, ésta también mostró diferencias significativas en función del grupo de edad (K = 9.488, p = .023), mediante los análisis post hoc se encontró que las mujeres de 18 a 24 años (M = 50.16) experimentan menor frecuencia de actos de violencia por parte de sus parejas, en comparación con las mujeres de 25 a 44 años (M = 84.05; p = .049) y de 45 a 59 años (M = 90.53; p = .014). En cuanto a los tipos de violencia que pueden llegar a padecer las mujeres, la violencia física demostró tener diferencias significativas por grupo de edad (K = 10.985, p = .012), en relación, los análisis post hoc sugieren que las mujeres de 45 a 59 años (M = 93.5) identifican mayor violencia física, al compararse con las mujeres de 18 a 24 años (M = 51.47, p = .007). El segundo tipo de violencia que mostró diferencias significativas fue la económica (K = 11.786, p = .008), tras realizar análisis post hoc se halló que las mujeres de 18 a 24 años (M = 49.5) sufren menos violencia económica, en comparación con las mujeres de 45 a 59 años (M = 90.38; p = .004) y de 25 a 44 años (M = 84.37; p = .016). La información completa se puede visualizar en la Tabla 3.

Tabla 3 Comparación entre variables sociodemográficas y las puntuaciones obtenidas en la escala DASS 21 y CVP 

Variable
sociodemográfica
Estrés Ansiedad Depresión Violencia
K p K p K p K p
Estado civil 6.978 .222 10.913 .053 9.924 .077 17.282 .004*
Ocupación 14.952 .011* 13.652 .018* 12.028 .034* 16.691 .058
Escolaridad 7.120 .130 8.654 .070 5.761 .218 4.760 .313
Residencia 17.771 .217 17.070 .252 20.314 .121 13.723 .471
Grupo de edad 6.921 .074 11.430 .010* 20.259 .000* 9.488 .023*

Nota. *p < .05. DASS = Depression Anxiety Stress Scales (Escala de Depresión, Ansiedad y Estrés), CVP = Cuestionario de Violencia de Pareja.

Fuente: elaboración propia

Por último, se obtuvieron las comparaciones entre las variables sociodemográficas (estado civil, ocupación, escolaridad y residencia) y las puntuaciones totales obtenidas en la batería psicológica de la muestra total. Las características sociodemográficas en las que se encontraron diferencias significativas fueron el estado civil y la ocupación. En relación con la primera, mostró diferencias sobre la violencia de pareja que experimentan las mujeres (K = 17.282, p = .004), los análisis post hoc evidencian que las mujeres casadas experimentan más violencia por parte de sus parejas (M = 93.10), en contraste con las mujeres solteras (M = 60.36; p = .002). En cuanto a la ocupación, tuvo un efecto sobre los síntomas de estrés (K = 14.952, p = .011), ansiedad (K = 13.652, p = .018) y depresión (K = 12.028, p = .034). Mediante análisis post hoc se determinó que las estudiantes presentaron más síntomas de estrés (M = 105.53), en relación con las empleadas (M = 71.10; p = .028) y las profesionales (M = 71.39; p = .045). Por otro lado, tras realizar la corrección de Bonferroni para efectuar los análisis post hoc entre los síntomas ansiedad, depresión y la ocupación, resultaron ser no significativos (p > .05).

Se llevó a cabo la asociación entre las variables de estudio violencia de pareja, estrés, ansiedad y depresión considerando las puntuaciones totales obtenidas en las escalas, se encontraron correlaciones estadísticamente significativas y positivas entre la violencia sufrida y los síntomas de estrés (r = .305, p < .01), ansiedad (r = .283, p < .01) y depresión (r = .293, p < .01), aunque con una magnitud leve. Se encontraron también, correlaciones de magnitud moderada y positiva entre los síntomas de estrés y ansiedad (r = .776, p < .01), estrés y depresión (r = .772, p < .01) y ansiedad y depresión (r = .741, p < .01). Del conjunto de variables sociodemográficas, la edad también mostró tener una correlación negativa y de magnitud débil con el estrés (r = -.235, p < .01), ansiedad (r = -.280, p < .01) y depresión (r = -.318, p < .01).

Todas las participantes recibieron información sobre atención psicológica gratuita a distancia para atender su sintomatología de estrés, ansiedad y/o depresión. También se brindó información sobre centros de atención a la mujer víctimas de violencia doméstica y/o de pareja.

Conclusiones

El objetivo de esta investigación consistió en comparar la violencia de pareja, la sintomatología de estrés, ansiedad y depresión en mujeres mexicanas por grupo de edad durante la pandemia por la COVID-19. Como objetivo secundario, conocer la asociación existente entre las variables sociodemográficas y psicológicas como estrés, ansiedad y depresión y la violencia sufrida en este grupo de mujeres.

En apego a los resultados y bajo el análisis descriptivo de las respuestas reportadas por las participantes en la batería psicológica, cerca de la mitad de la muestra experimenta sintomatología de las tres variables psicológicas estudiadas, así como algún tipo de violencia ejercida por la pareja. Estos hallazgos coinciden con lo señalado por Nam et al. (2021) y Luo et al. (2020), respecto a que desde el inicio de la pandemia por la COVID-19, las mujeres han sido más vulnerables a alteraciones en el estado de ánimo, situación que conlleva al desarrollo de algún trastorno mental. Esto puede deberse en gran medida a la suma de los eventos estresantes de la vida cotidiana y que obedecen -la mayoría de las veces- a los estereotipos sociales, pero también a condiciones propias de la pandemia como el confinamiento prolongado, pérdida de empleos, disminución de los ingresos y estar lejos de la familia y otras redes de apoyo (Barbara et al., 2020; Connor et al., 2020; Frederiksen et al., 2020; Keita, 2007; OMS, 2022; Matud et al., 2022).

En relación con la violencia de pareja, nuestros resultados superan la prevalencia de violencia del 13.3 % reportada por Rivera et al. (2023) en su estudio en población mexicana, al igual que en la frecuencia del 14.5 % reportada por Sediri et al. (2020) en mujeres tunecinas. En dichas investigaciones se evaluó la violencia de pareja durante la primera y segunda ola de la COVID-19 (abril y diciembre de 2020), en tanto que, en este estudio, se evaluó durante la tercera y comienzos de la cuarta ola (julio de 2021 y enero de 2022). Esta situación, a su vez, pudo haber exacerbado la sintomatología asociada al estrés, ansiedad o depresión y, -al menos este estudio- no pudo corroborarlo al no tener una meta de valoración longitudinal.

Las manifestaciones de violencia de pareja que más reportaron las mujeres fueron de tipo física, seguido de la económica, psicológica y sexual. Concuerda con lo señalado por la literatura sobre las formas en las que una mujer es violentada por su pareja (Sugg, 2015), pero difiere en cuanto a la frecuencia, dado que en los estudios realizados por Shoaei et al. (2022), Wake y Kandula (2022) y Yari et al. (2021) durante las dos primeras olas de la pandemia, la violencia más frecuente es la psicológica, seguido de la física y la sexual. La magnitud de esta disparidad radica en que la violencia física es más identificada en poblaciones latinoamericanas y pone en mayor riesgo la salud integral y la vida de la víctima, ya que, al encontrarse bajo un círculo de violencia prolongado, de manera gradual van intensificándose los golpes y/o contactos físicos del agresor a la víctima (CDCP, 2024; Miller y McCaw, 2019; OMS, 2013). Lo anterior no supone que las mujeres de esta muestra no hubiesen sufrido algún tipo de violencia psicológica o económica, sino que es probable que aun se tengan dificultades en su identificación, esto considerando que la normalización de la violencia en general es un hecho y muchas de las formas de interacción verbal en la pareja son visualizadas como adecuadas por cuestiones culturales y tradicionales, razón por la cual se deben crear más estrategias de prevención y de atención jurídicapsicológica.

Los análisis de correlación revelan que a mayor violencia de pareja hacia la mujer mayor sintomatología de estrés, ansiedad y depresión, ubicándose la asociación de mayor magnitud en violencia de pareja y síntomas de estrés (r = .305, p < .01). Si bien es cierto, el estrés ha sido la problemática psicológica más reportada durante la pandemia en mujeres (Connor et al., 2020; Matud et al., 2022; Sediri et al., 2020), los hallazgos de esta investigación destacan que ser víctima de violencia de pareja contribuye al desarrollo de síntomas de estrés, ansiedad y depresión, y no sólo de estrés.

Otro aspecto interesante para discutir es el papel que juega el estado civil sobre la violencia de pareja, en vista de que los resultados de este estudio señalan que las mujeres casadas experimentan más violencia que las mujeres solteras. Wake y Kandula (2022) indican que estar casada es un factor de riesgo para padecer violencia por parte de sus parejas, aunque cabe destacar que están presentes otra serie de elementos disposicionales que contribuyen a que esto suceda, tales como tener menor edad, baja autoestima, menor escolaridad, menor nivel socioeconómico y consumo de sustancias psicoactivas por parte de la pareja (Pérez et al., 2022; Matud et al. 2022; Sugg, 2015). Vivir en pareja y bajo el yugo del matrimonio en la cultura mexicana, conlleva no solo a la compartición del hogar, sino también que las mujeres “acepten” la mayoría de las veces las formas y los tratos que dispone el marido durante la convivencia, mientras que en el noviazgo o en las relaciones en donde no se comparte domicilio, las formas de convivencia varían y pueden reducir la probabilidad del ejercicio de conductas violentas por la deseabilidad social y el proceso de cortejo (Medina y Medina, 2019). Futuros estudios pueden dirigirse directamente a atender las necesidades psicosociales de mujeres casadas, dado que pueden ser las que presenten mayor malestar psicológico y riesgo de vivir violencia.

Los resultados de esta investigación aportan evidencias de que la edad podría ser considerada como una característica de vulnerabilidad frente al desarrollo de algún trastorno mental y de ser víctima de violencia, lo cual coincide con Pérez et al. (2022), Matud et al. (2022) y Wake y Kandula (2022). Aunque hasta el momento no se ha ahondado lo suficiente sobre la edad y estas variables psicológicas, sí hay que considerar que en las últimas dos décadas ha aumentado la información sobre la manera de identificar los actos de violencia en las distintas relaciones sociales y afectivas; razón por lo cual, es entendible que las mujeres más jóvenes, y que han estado expuestas a esta información, identifiquen más tipos de violencia en su cotidianeidad en contraste con las mujeres de mayor edad (Medina y Medina, 2019; OMS, 2021). Es así que la edad resulta ser otra característica sociodemográfica para considerar en futuros estudios, pues a pesar del acceso a este tipo de información, aún no se disponen de mecanismos de protección para las adolescentes y mujeres jóvenes que inician la vida en pareja (Gonçalves et al., 2022).

Algunas de las limitaciones de este estudio son: contar con una muestra limitada de participantes y optar por un diseño no experimental de tipo transversal que impidió evaluar la evolución en la sintomatología de los trastornos del estado de ánimo y cambios en la frecuencia de violencia de pareja a lo largo del tiempo. Futuros estudios podrían evaluar de manera longitudinal a un grupo cautivo de mujeres, considerando la situación actual de la pandemia por la COVID-19 y la dinámica social en la “nueva normalidad”. Indagar con mayor profundidad los antecedentes de trastornos psicológicos y psiquiátricos en las mujeres y conocer su evolución, esto debido a que dichas problemáticas pueden verse descompensadas o amplificadas condicionando un mayor riesgo sobre ellas y otras personas a razón de las condiciones de pareja, sociales y económicas producto de la pandemia.

Sugerimos que se lleven a cabo nuevas investigaciones en torno a la violencia (no solo la ejercida por la pareja) en entornos digitales, pues otra condición que surge como producto de la pandemia es el incremento de las actividades académicas, laborales y de recreación en modalidad virtual, además de que, en la actualidad, el tiempo de exposición e intercambio de información por medio de las redes sociales es mucho mayor en las mujeres jóvenes. También se considera necesario llevar a cabo un análisis de regresión lineal múltiple o un modelo de ecuaciones estructurales, en el que se indague la relación “causal” entre violencia de pareja y trastornos del estado de ánimo.

La violencia de pareja es un fenómeno sociológico cuyas bases están enraizadas en condiciones históricas, políticas, religiosas y económicas. Durante la pandemia de COVID-19, el mayor contacto de la víctima con el agresor, el alejamiento de las redes de apoyo de la víctima, la profundización de las disparidades económicas y el ambiente estresante son algunos de los factores que contribuyeron a explicar las tasas de violencia contra las mujeres jóvenes. Deben desarrollarse tratamientos psicológicos que atiendan las necesidades de las mujeres, ya que gradualmente puede deteriorarse aún más su salud mental y calidad de vida.

Referencias

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Recibido: 01 de Mayo de 2024; Aprobado: 03 de Septiembre de 2024

Autora de correspondencia bega@comunidad.unam.mx

Notas de autor

a Doctora en Psicología por la Universidad de las Américas, actualmente es profesora Titular “A” Tiempo Completo Definitiva en la Facultad de Estudios Superiores Zaragoza de la Universidad Nacional Autónoma de México. Sus principales líneas de investigación son: medicina conductual y oncología, y diseño y evaluación de intervenciones psicológicas. Es miembro del SNII nivel 1. Correo electrónico: bega@comunidad.unam.mx. Autora de correspondencia.

ORCID: https://orcid.org/0000-0002-5075-6098

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bDoctor en psicología, actualmente es profesor de asignatura “A” Interino de la Facultad de Estudios Superiores Iztacala de la Universidad Nacional Autónoma de México, sus principales líneas de investigación son: enfermedades crónicas, adherencia terapéutica y calidad de vida, trastornos de la alimentación y el estado de ánimo, y psicometría. Correo electrónico: aleperezortiz@iztacala.unam.mx.

RCID: https://orcid.org/0000-0002-1134-9190

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