Este primer número de Cuadernos de Lingüística de El Colegio de México consta de siete artículos de investigación sobre aspectos morfológicos, sintácticos y semánticos de la lengua purépecha. Los trabajos se escribieron originalmente como reportes de investigación para el curso Lingüística descriptiva, impartido dentro del programa de Doctorado en Lingüística en El Colegio de México. Los reportes de investigación tomaron la forma de artículos, fueron sometidos a dos dictámenes, y después de varias revisiones, conforman ahora este volumen, que trata de contribuir, en lo posible, a nuestro conocimiento de la gramática de la lengua de Michoacán.1
El volumen también contiene dos contribuciones de autores invitados: “Notas y Datos sobre la sufijación equipolente”, de Fernando Nava, y “El adjetivo y sus constituyentes en el náhuatl clásico”, de Leopoldo Valiñas Coalla. Nava muestra que el purépecha tiene pares de morfemas de voz activa/ voz media, tanto en el ámbito de los morfemas espaciales como en el de los de participante. Valiñas propone, basado en el análisis de la estructura morfológica de los adjetivos del náhuatl clásico, que éstos constituyen su propia clase de palabras, argumentando en contra de explicaciones previas que defienden la ausencia de una categoría de adjetivos en esta lengua. Ambos trabajos tienen una conexión obvia con el interés de este volumen, que es el de la descripción lingüística, con énfasis en la lengua purépecha.
Los siete artículos que se mencionan al principio tienen su origen en un proyecto colectivo de descripción lingüística. Se han elaborado en un mismo ambiente, consultando a los mismos hablantes y aplicando, en gran medida, los mismos métodos. Las páginas siguientes ofrecen una breve introducción a las características compartidas por estos trabajos, de modo que nuestros lectores tengan un acercamiento informado a las descripciones y generalizaciones aquí propuestas.
1. CARACTERÍSTICAS DE LA LENGUA PURÉPECHA
1.1. datos demográficos y áreas dialectales
Según el Censo Nacional de población y Vivienda del INEGI (2010), en México hay 124,494 hablantes de purépecha mayores de 5 años, de los cuales 112,131 hablan también español. Según los datos del inali hay 128,344 hablantes mayores de 3 años. La mayoría de los hablantes de purépecha residen en el noroeste del estado de Michoacán, aunque no hay que pasar por alto que miles de hablantes, no contabilizados en los censos nacionales, han emigrado a Estados Unidos, concentrándose sobre todo en la costa oeste -en los estados de California, Oregon y Washington- o en Carolina del Norte.
La zona de Michoacán en donde se habla el purépecha se divide en cuatro áreas geográficas: la sierra o Meseta purépecha, la ribera del lago de pátzcuaro, la Cañada de los Once pueblos y la ciénega de Zacapu (Chamoreau 2012a). Es común asociar cada una de estas regiones geográficas con una variante de la lengua, pero no ha faltado controversia en este punto. Friedrich (1971) concluye que la variación entre las hablas de las distintas comunidades lleva a proponer una dialectología de pueblos, y Chávez (2004), al no encontrar rasgos característicos de cada pueblo, sino solamente, acaso, de cada hablante, llega incluso a cuestionar la pertinencia de establecer áreas dialectales para el purépecha. En vista de estos desacuerdos, el estudio dialectológico más completo y más reciente es el emprendido por Chamoreau (2012a, 2012b), quien compara no sólo elementos léxicos y rasgos fonéticos, sino también narraciones y otros datos de ocurrencia natural, y construcciones sintácticas específicas, tanto desde el punto de vista diacrónico como sincrónico. Según los resultados de sus comparaciones, aunque hay ciertos cambios y rasgos que afectan a toda el área purépecha, hay ciertas construcciones sintácticas cuya variación se corresponde con dos grandes áreas dialectales y tipológicas: el área oriental, que comprende Zacapu y la región del lago de pátzcuaro, y la occidental, que comprende el valle nor-occidental de los Once pueblos y la Sierra (Chamoreau 2012b). para algunas construcciones, los lindes de estas dos grandes áreas no corresponden con los límites de las regiones (Chamoreau 2012a). Además, en dichos estudios se identifican sub-áreas con características lingüísticas particulares, probablemente atribuibles a condiciones históricas y sociales compartidas.
1.2. Características gramaticales generales
El purépecha es una lengua aglutinante, polisintética,2 de alineamiento nominativo-acusativo y de objeto primario. No tiene filiación genética comprobada. Acerca del orden básico de constituyentes de la oración, el único estudio con el que contamos es el de Capistrán (2002), que basa sus observaciones en datos obtenidos en la región lacustre -que es la que está en mayor contacto con el español-. Según este estudio, el orden no marcado es SVO, aunque otras configuraciones son posibles dependiendo de las necesidades informativas. Es de notar, sin embargo, que el purépecha tiene múltiples rasgos característicos de lenguas de núcleo final, como la presencia de postposiciones, su carácter exclusivamente sufijal y, en algunas regiones, el orden sustantivo-determinante (Chamoreau 2012; Capistrán y Nava 1998). Villavicencio (2002) reporta que el orden más frecuente en textos del siglo xvi es SOV, que ha ido cambiando a SVO en el siglo xx. Además de un rico sistema de casos, el purépecha posee una cantidad considerable de clíticos de segunda posición que marcan persona y número, pero también otras funciones gramaticales, semánticas y discursivas, como foco, certeza y énfasis, entre otras (Villavicencio 2010). De estos clíticos, los de persona-número recientemente muestran un desplazamiento de la segunda posición hacia el núcleo verbal (Chamoreau y Villavicencio 2010).
1.3. Convenciones de escritura y estructura de los ejemplos
Existen varias propuestas de ortografía para el purépecha, todas ellas basadas en un alfabeto latino adaptado al inventario fonológico de la lengua. En las presentes descripciones se adopta parcialmente la propuesta de Hernández Dimas y Nava (2000). Cada ejemplo consta de cuatro líneas, como se ve a continuación.
| (1) | Jísïni úmantani jaká t’ irékwa | |||
| ji=sï=ni | umanta-ni | ja-ka | t’irekwa | |
| yo=FOC=1SG.SUJ | preparar-INF | ser-1/2IND | comida | |
| ‘yo soy la que está cocinando.’ | ||||
La primera línea consta de una representación ortográfica práctica, que tiene como fin acercar al lector a una pronunciación más o menos fidedigna de la oración. En este nivel se distinguen, por ejemplo, las oclusivas sordas de las sonoras, aunque, como sabemos, este contraste no tiene valor fonológico en la lengua, donde la ocurrencia de las oclusivas sonoras es predecible porque generalmente las antecede una nasal.
También se representa, con una tilde, el acento primario, siempre y cuando éste no caiga en la penúltima sílaba de la palabra. En caso de no haber un acento explícito, la palabra se leerá como grave. En este nivel, las semivocales en préstamos se representan como en la lengua de origen (por ejemplo Juanu), el resto de las semivocales se representan como tales (w y y). Además de la sonorización ante nasal, otro proceso característico en la lengua es la preaspiración de las oclusivas aspiradas en contexto intervocálico. En el primer nivel de representación hacemos explícita la preaspiración mediante una j precediendo a la oclusiva, es decir, la aspiración (representada con j ) y la oclusiva se representan en la secuencia en la que ocurren a nivel superficial, mientras que en la segunda línea las preaspiradas se representan como aspiradas. A pesar de que el purépecha tiene marcas morfológicas explícitas de interrogación, decidimos que en la primera línea marcaríamos la interrogación ortográficamente sólo con el signo de cierre.
La segunda línea corresponde a la representación morfo-fonológica de la oración. En esta línea, las grafías representan, no los valores fonéticos, sino fonológicos, que en los casos ya descritos son distintos en la superficie. En esta línea se presentan los cortes morfema por morfema. Cuando es pertinente para la descripción, en este nivel también se marcan los morfemas “cero”. Es menester aclarar que la segmentación morfológica en este nivel no pretende ser exhaustiva (por ejemplo, no se presentan todos los cortes que corresponden a una raíz verbal y los morfemas derivativos nominales), sino sólo de los segmentos relevantes para la discusión en turno, a menudo considerando toda una base, verbal o nominal, como una sola unidad. La tercera línea contiene las glosas.
La relación entre la segunda y la tercera líneas se adapta a las reglas de glosado de Liepzig.3 Al final del presente volumen se ofrece una lista de abreviaturas. por último, en la cuarta línea de cada ejemplo se ofrece una traducción libre al español. Obsérvese que en este nivel se trata de representar lo más cercanamente el significado de la oración purépecha con una oración en español, pero eso no implica que la estructura de la oración objeto y la de la traducción sean parecidas. por ejemplo, en (1), la traducción es una oración escindida en español, porque es la estructura que más cercanamente confiere el valor de foco contrastivo introducido por =sï, pero ello no quiere decir que la estructura en purépecha sea la de una oración escindida.
Las secuencias agramaticales se preceden por un asterisco. Dado que una secuencia agramatical no tiene interpretación como oración, se ofrece como traducción la lectura buscada. El símbolo de número “#”, marca a las oraciones que, aún siendo gramaticales, no son adecuadas en el contexto en el que se presentan.
Las grafías que no tienen una interpretación obvia se enlistan a continuación:
| (2) | a. ï es una vocal central anterior, [ɨ]; î es su correspondiente acentuado. |
| b. el apóstrofo ‘’’ después de una oclusiva marca aspiración.
c. la secuencia nh corresponde a una nasal velar. d. la secuencia rh representa una líquida retrofleja. e. x está por una fricativa alveolar f. j es una fricativa velar y, si precede a una oclusiva en la primera línea, es una aspiración. |
2. EL MÉTODO
Los datos en los que se basan los análisis aquí presentados fueron obtenidos, en su mayoría, a través de elicitación directa de juicios de aceptabilidad, aunque también se consultaron textos glosados por otros autores. Metodológicamente se distinguen dos grandes clases de juicios de aceptabilidad: los juicios de gramaticalidad y los de aceptabilidad semántica.
Los juicios de gramaticalidad son muy bien conocidos: consisten en presentar al hablante una estructura en su lengua nativa y preguntar si esa estructura está bien formada o no lo está. Tanto los juicios positivos, es decir, aquellos que consideran a la estructura aceptable, como los negativos, -aquellos que la rechazan-, constituyen datos para la descripción lingüística. Esto tiene como fundamento la idea de que, al describir el conocimiento que un hablante tiene de su lengua, es tan crucial dar cuenta de las secuencias aceptables como de las que no lo son, pues la inaceptabilidad también es efecto de las reglas del sistema.
Los juicios de aceptabilidad semántica, por su parte, se dividen en dos subtipos: los juicios de valor de verdad, y los juicios que llamaremos, a falta de un mejor nombre, de felicidad contextual. Los primeros consisten en presentar al hablante con una situación (que se puede exponer verbal o visualmente) y una oración. Dada la situación presentada, se le pregunta al hablante si la oración describe la situación adecuadamente, es decir, si es la oración es verdadera en esa situación.
Los juicios de felicidad contextual también consisten en presentar al hablante una situación y una oración gramatical, y en preguntar si la oración podría ser empleada satisfactoriamente en esa situación (sin atender a su posible verdad o falsedad). Cuando una oración es rechazada en determinado contexto, pero no se considera falsa (ni, por supuesto, agramatical), se presume que la inaceptabilidad se debe a algún factor semántico o pragmático -por ejemplo, una presuposición no satisfecha o el disparamiento de una implicatura no deseada-. Si bien los juicios de felicidad contextual no nos permiten obtener respuestas categóricas sobre la fuente de la inaceptabilidad, ayudan a distinguir entre el contenido aseverado (que es detectable mediante los juicios de valor de verdad) y otros tipos de contenido semántico o pragmático.
En suma, la elicitación de juicios de gramaticalidad consiste en presentar al hablante una oración y pedir que juzgue su buena formación; la elicitación de juicios semánticos consiste en presentar al hablante un par contexto-oración y pedir que juzgue la verdad o la adecuación de la oración en relación con el contexto presentado.
Además de estas dos estrategias de recolección de datos, se ha echado mano de cuestionarios de traducción. En ellos, se presenta al hablante una oración en el metalenguaje (en este caso, en español) y se le pide que proporcione un equivalente en la lengua objeto. La tarea se puede hacer a la inversa, presentándole una estructura en la lengua objeto y pidiéndole un equivalente en español. Las oraciones obtenidas como resultado de una traducción son gramaticales (de otra manera, no habrían sido producidas por el hablante). De la misma manera, las oraciones en purépecha que se pueden traducir al español también deben ser gramaticales, pues de lo contrario no podrían ser interpretables. por lo tanto, las traducciones se pueden considerar como evidencia indirecta de gramaticalidad, y por ello pueden servir como datos para el análisis sintáctico o morfológico. Las descripciones semánticas, en cambio, no se pueden basar en cuestionarios de traducción, pues si bien las traducciones son pistas para formular hipótesis sobre posibles significados, una traducción no constituye un dato semántico (Matthewson 2008).
3. LOS HABLANTES
Para la elicitación de datos se contó con la colaboración de Ana Elena Erape y Guillermo Alejo, ambos jóvenes originarios de Carapan -uno de los once pueblos de la Cañada-, hablantes de purépecha como lengua materna y de español como segunda lengua. Tanto Ana Elena como Guillermo residen en la Ciudad de México y tienen estudios universitarios. puesto que los consultores no residen en su comunidad de origen, nos parece aventurado caracterizar al purépecha aquí descrito como “variante de Carapan”, o “variante de la Cañada”. No es el objetivo de las descripciones aquí compiladas el hacer comparaciones que nos permitan establecer algún tipo de variación entre el habla de estos consultores respecto de su comunidad de origen, ni mucho menos entre el habla la comunidad de Carapan y la de otras comunidades o áreas. por lo tanto, una vez que dejamos clara su condición de hablantes originarios de Carapan y residentes fuera de su comunidad, empleamos el término “purépecha” o “purépecha de Carapan”, como una etiqueta para los datos aquí analizados, sin atrevernos a generalizar que pertenezcan a toda una variante ni, mucho menos, a todas las posibles variantes del purépecha.
Los estudios en lenguas indígenas a menudo prefieren contar con informantes residentes en su propia comunidad, de edad avanzada y sin instrucción formal. Las características demográficas de los hablantes consultados para los estudios que conforman este volumen no son, pues, las más prototípicas de los informantes en estudios de lenguas sub-representadas. Un hecho que no podemos soslayar es que en las comunidades de hablantes de las lenguas mexicanas hay diversidad y movilidad social, y que el hecho de que alguien no pertenezca a un grupo social determinado no implica necesariamente que haya perdido el conocimiento de su lengua materna.
Más allá de las características demográficas del consultor, que pueden ser variadas, lo que consideramos crucial para la confiabilidad de los datos es la consistencia en los juicios, tanto en un mismo hablante como entre hablantes distintos. Otro elemento que consideramos clave en la recolección de juicios es la capacidad de desarrollar un vocabulario común, entre el hablante y el analista, que permita identificar, por lo menos, distintos tipos de inaceptabilidad (gramatical y semántica). Tanto Ana Elena como Guillermo son personas involucradas en la enseñanza y revitalización de su lengua, por no mencionar su interés en la historia y cultura purépechas. Quizás debido a ello, han desarrollado habilidades de reflexión metalingüística muy finas que permitieron siempre una comunicación muy clara con los descriptores.
Con esta advertencia, los datos aquí descritos no pretenden imponerse como representativos de toda una variante, ni mucho menos, de toda una lengua. probablemente otros hablantes de purépecha residentes en la comunidad de Carapan no estén de acuerdo con cada uno de los juicios de los hablantes residentes en la Ciudad de México, pero esa variabilidad parece ser la norma y no la excepción en cualquier lengua. En la medida en que los juicios probaron ser consistentes al ser elicitados en múltiples ocasiones, se trata de datos que merecen ser descritos y analizados, independientemente de que se pueda o no afirmar que constituyen la norma lingüística de toda una comunidad o área.
4. LOS TEMAS
Gracias a los trabajos de Marie L.Foster (1969),. Alan C Wares (1974), Paul de Wolf (1989), Cristina Monzón (1997, 2004), Frida Villavicencio (2002), Claudine Chamoreau (2010, 2003), Fernando Nava (2004), y Alejandra Capistrán (2010) -por mencionar sólo algunos autores y apenas unas muestras de su extenso trabajo-, el purépecha contemporáneo ha sido objeto de una minuciosa descripción gramatical y semántica (dejando de lado, por el momento, los múltiples estudios históricos, sociolingüísticos y etnológicos que hay sobre la lengua y sus hablantes). Contamos, pues, con un buen conjunto de investigaciones que dan cuenta de la estructura y los procesos gramaticales más comunes en la lengua, por lo menos en algunas de sus variantes. Del mismo modo que los temas de estudio en lenguas indoerupoeas no se agotan en las descripciones existentes -pues éstas abren pautas para investigaciones más extensas o más profundas-, la descripción de las lenguas sub-representadas, como el purépecha, no se acaba con las decenas de gramáticas y estudios particulares, teóricos o descriptivos, con los que contamos hasta ahora. por el contrario, creemos que el conocimiento que hasta ahora ha generado la comunidad de estudiosos del purépecha ha cumplido su papel de abrir nuevas vetas de investigación, de plantear nuevas preguntas y de abonar un terreno que se torna tanto más fértil cuanto mayor producción académica emerge de él.
Los temas de investigación presentados en este volumen fueron seleccionados de entre varias opciones de tópicos relativamente poco estudiados en el purépecha. En morfosintaxis, se describió la estructura de las cláusulas relativas, las cláusulas adverbiales y las oraciones interrogativas. Dos estudios se centran en la expresión de la modalidad: uno de ellos en la expresión de distintos valores modales en verbos y otro aborda la interpretación de clíticos evidenciales y de certeza. También se incluye un artículo sobre los valores de los clíticos de foco y la morfología verbal de las oraciones en las que aparecen, y por último, un trabajo describe el sistema de orientación de los demostrativos adnominales y pronominales.
Samuel herrera Castro confirma en “Las cláusulas relativas del purépecha de Carapan” algunas descripciones previas relativas a las marcas modales y aspectuales de las cláusulas relativas. Describe una posible marcación de caso en el núcleo de la cláusula relativa que parecería apoyar un análisis según el cual esta frase nominal recibe su caso directamente del verbo subordinado, antes de “subir” a su posición de superficie en la oración principal. La descripción de herrera Castro también abre la posibilidad de que el purépecha tenga vestigios de oraciones relativas de núcleo interno. Si bien estas estructuras son sólo marginalmente aceptables, se sumarían a otros rasgos característicos de lenguas SOV que han sido identificados en el purépecha.
En “Las cláusulas adverbiales de tiempo, lugar, causa y propósito en el purépecha de Carapan, Michoacán”, Erik Franco Trujillo describe un patrón de marcación de aspecto y modo que distingue a las oraciones subordinadas adverbiales de tiempo y lugar de las subordinadas de causa. Mientras las primeras dos tienen formas verbales “reducidas” o “degradadas”, las subordinadas de causa pueden alternar entre éstas y las formas verbales plenas. También describe las oraciones de propósito, que se introducen por un nexo para y siempre llevan un verbo en flexión no finita.
En su artículo “La interrogación en el purépecha de Carapan, Michoacán”, Alejandra Aranda herrera revisa la forma de las oraciones interrogativas, tanto las cerradas como las de contenido. Describe una lista de los alomorfos de modo interrogativo que dependen de la flexión tempo-aspectual precedente, y reporta la posibilidad de que, bajo condiciones pragmáticas específicas, las oraciones interrogativas muestren formas aspectuales “reducidas”, es decir, propias de oraciones subordinadas o con foco.
Dos trabajos sobre semántica se centraron en la expresión de la modalidad. El de Aarón Caldera Segovia “Verbos de modalidad en purépecha de Carapan, Michoacán”, reporta la existencia de dos verbos, uni y jatsini, que además de su sus usos léxicos como “hacer” y “tener”, tienen usos como verbos modales, un rasgo poco esperado en las lenguas indoamericanas, tomando en cuenta que en el área es más común expresar la modalidad mediante afijos o clíticos. Carlos Gil Burgoin describe en “Una revisión de tres clíticos adverbiales en purépecha y su relación con las categorías de evidencialidad y modalidad epistémica” el valor evidencial del clítico =nha y el valor modal de dos clíticos: =xeru y =mindu, y muestra que éstos últimos se contraponen en una escala de certeza. Luis David Meneses, en “Sistema de demostrativos del purépecha de Carapan, Michoacán”, muestra, a través de una serie de pruebas, que este sistema deíctico está orientado a la persona; es decir, que la selección del demostrativo depende no sólo de la distancia del referente respecto al hablante, sino también de la distancia entre el referente y el interlocutor. Aunque otros trabajos habían sugerido análisis similares (Cervantes 1987; Chamoreau 2004); éste en particular basa su análisis en los resultados de pruebas controladas que muestran los usos aceptables e inaceptables de los demostrativos en distintas configuraciones espaciales.
Por último, en el ámbito de encuentro entre la morfosintaxis, la semántica y la pragmática, el trabajo de Glenda Lizárraga Navarro, “Clíticos de foco en purépecha” describe la forma y la interpretación de las oraciones con las partículas de foco =sï, =k’u y =t’u, cuya característica común es la de destacar una alternativa de entre un conjunto de posibilidades. A la vez que muestra que =t’u es un clítico de foco aditivo, =sï corresponde propiamente a un foco de contraste y =k’u a un foco de exclusión. Aunque estos dos últimos están asociados a una inferencia de exhaustividad, Lizárraga argumenta que esta inferencia se deriva del contenido semántico del foco de exclusión, mientras que en el caso del foco contrastivo, la inferencia de exhaustividad es el efecto de una implicatura, lo que se muestra en la posibilidad de cancelarla.










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