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Fuentes humanísticas

versión On-line ISSN 2007-5618

Fuentes humanist. vol.37 no.70 Ciudad de México ene./jun. 2025  Epub 07-Nov-2025

https://doi.org/10.24275/tzcj2122 

Artículos

Mapas del pensamiento en las cartografías literarias: relación dialógica entre el texto y su contexto

Maps of Thought in Literary Cartographies: A Dialogical Relationship Between Text and Its Context

Diana Erika Cruz Jiménez* 

* Consejo de Ciencia y Tecnología del Estado de Chiapas, México. Erika_Cr07@outlook.com


Resumen

El artículo busca visibilizar a la literatura como un espacio transfronterizo que conecta diversas disciplinas del conocimiento, superando las barreras entre ellas para ofrecer una comprensión integral de la realidad. La obra literaria se presenta como un legado que documenta no solo hechos y sucesos, sino también los procesos de interpretación y comprensión de los autores sobre su mundo.

Palabras clave: Mapeo; red intelectual; obras literarias; cartografía literaria

Abstract

The article seeks to make literature visible as a cross-border space that connects various disciplines of knowledge, overcoming the barriers between them to offer a comprehensive understanding of reality. The literary work is presented as a legacy that documents not only facts and events, but also the authors’ processes of interpretation and understanding of their world.

Key words: Mapping; intellectual network; literary works; literary cartography

El legado intelectual del autor en la cartografía literaria

Las obras literarias son, ante todo, manifestaciones culturales de su época, intrínsecamente ligadas al momento histórico en el que surgen. Los autores, al crear, plasman sus experiencias, su formación intelectual y sus intereses; de este modo, sus escritos revelan información sobre su trayectoria personal y su contexto social. Los artistas no ofrecen una visión aislada, sino que la construyen en comunidad.

Por ejemplo, autores como Alexander Von Humboldt en Cuadros de la naturaleza, Arthur Conan Doyle en El mundo perdido, John Ronald Reuel Tolkien en Trilogía del señor de los anillos y Yi Fu Tuan en Espacio y lugar muestran la presencia de sus intereses, cultura y tradición familiar. La riqueza de perspectivas que presentan en sus respectivas obras permite lecturas desde diversas disciplinas. Estos ejemplos demuestran que los mapas del pensamiento y de la historia de vida de los autores abren ventanas para descubrir las redes tejidas entre los mapas de la experiencia, la formación intelectual y las obras escritas.

Los mapeos intelectuales permiten rastrear las historias de vida de los autores: su formación académica, sus experiencias e influencias familiares e intelectuales. Al reconocer su impacto y repercusión en la obra, se puede identificar la presencia de una cartografía, ya sea imaginaria o real, y, además, la relación dialéctica que el ser humano ha establecido con la naturaleza y su entorno.

Los autores que expusieron en su obra un mundo ficticio o una región conocida y existente, representaron el mundo gracias a su habilidad para apreciar y aprehender el espacio geográfico que recorrieron y ficcionalizaron. A pesar de no ser todos geógrafos, sus dotes en la disciplina se reflejan en los mapas literarios que siguen ofreciendo a los lectores.

Pero para comprender mejor lo que es una cartografía literaria, es necesario definir el primer concepto que, de acuerdo con Andrea Natalia Barragán-León (2019, p. 140), se refiere a un “Lenguaje iconográfico” que comunica “formas de comprensión del mundo a través de un conjunto de imágenes, signos y símbolos”. La autora habla de formas de comprensión, ya que no son hegemónicas ni tampoco similares, pues el lugar desde donde se enuncia y las posiciones hacen que estas perspectivas sean plurales. Sobre estas imágenes que recrea la palabra escrita, Robert Tally Jr. puntualizó que las obras literarias cumplen una función cartográfica, ya que crean

una representación figurativa o alegórica de un espacio social, entendido en sentido amplio […] La narración es, por tanto, un acto simbólico espacial que establece una cartografía literaria para el lector (2011, pp. 3-4).

Las cartografías literarias son pruebas de cómo a través del tiempo se ha venido configurando la lectura del mundo y nuestras prácticas espaciales y culturales que definen nuestra forma de leer nuestro entorno, de construir imaginarios, escenarios y dar significados a cada elemento del lugar en el que nos encontramos. Los escritores, al representar, evidencian estas dimensiones de la vida en su esencia, plagada de signos y significaciones que permiten comprender mejor el mundo y los cambios que se han realizado no solo en él, sino también en la perspectiva y el conocimiento humano.

La literatura es una extensión de la realidad colectiva e individual de un territorio, de un pueblo, de la vida y formación del autor y, a la vez, de un conjunto de factores, dimensiones y elementos asociados denominados “realidad”. El autor toma conciencia del entramado de realidad que reconstruye mediante la escritura, tal como lo considera Salvador Reyes Nevares: “Las obras literarias llevan el sello de su tiempo y este sello es tan manifiesto cuanto mayor sea la autenticidad del artista que las escribe” (1960, p. 91). El autor participa en el mundo que habita como intérprete y testimonio de lo que documenta en papel, o bien es un agente de cambio desde su trinchera que le permite dejar huella de su paso por el mundo.

Estas ideas se hallan presentes en la discusión sobre las obras literarias catalogadas como novelas históricas, sociales, geográficas o antropológicas, debido al énfasis en sus contenidos, o porque quienes las estudian tienen una afinidad con estas áreas; no obstante, los autores representan el mecanismo de operar de una colectividad; puesto que las obras dialogan con el tejido de la realidad, revelan el mejor ejemplo de lo que se denomina transdisciplinariedad.

Realidad y ficción en los mapas literarios

En los escritos se hallan las características temporales y espaciales de la sociedad percibida por el autor: una espacialidad y temporalidad reconstruida y representada a través de la palabra. Ahí se documentan las circunstancias humanas, los fenómenos sociales y naturales, las situaciones y cambios de una época. Los textos son consecuencias del trabajo de quienes han observado y reflexionado sobre los factores que se conjugan y crean escenarios en los que la humanidad va construyendo su historia. Desde la perspectiva literaria, la ficción es una manera de incorporar la realidad, de recrear escenarios: se ficcionaliza a partir de un hecho de acuerdo con la forma en que el escritor organiza su experiencia. Por estas razones, algunas obras literarias se consideran valiosas aproximaciones históricas de sucesos que no se hallan registrados.

Las motivaciones internas de los autores se revelan a través de las leyes y puntos que esclarecen la configuración de su narrativa y su labor social; sin la cartografía intelectual, sólo se podría captar una parte limitada del contexto que influyó en sus formas de abordar problemas y de relacionarse con sus tiempos históricos. Mediante la cartografía intelectual se profundiza en el conocimiento de los escritos y de su regionalización. No se trata simplemente del lugar donde se publica la obra, del personaje, del lugar de origen del autor o del escenario que describe, sino de una evaluación integral que considera todos estos factores.

Es de suma importancia no solo volver al texto, sino también al contexto histórico y social, tanto en su dimensión macro como en la familiar, para comprender las razones detrás de las afirmaciones del autor; por ello, desde la perspectiva sociológica, también se halla presente la discusión sobre la forma en la que algunas obras literarias dan cuenta de las habilidades sociológicas del autor y de la realidad contenida en ellas. Uno de los valores de estas narrativas consiste en que captan bien las estructuras sociales, aunque no sea el propósito principal del autor, y brindan al lector datos susceptibles de aproximarlo a los vestigios de una sociedad, de un pueblo, su pasado y su presente:

La narrativa ha podido ir más allá que cualquier tratado de antropología o estudio sociológico (…) Gracias al esfuerzo de la comprensión imaginativa que ha propiciado la ficción, se ha podido sintetizar la esencia de una cultura y ha sido posible proyectar una visión integral de la realidad que ningún estudio sociológico podía equipar (Ainsa, 2010, p. 394).

La literatura, contraria a la forma en que ofrecen información otras disciplinas, con datos, esquemas, citas y terminología especializada, expone de manera integrada las dimensiones de los distintos órdenes de la vida en una lectura accesible y amena, no exclusiva de un grupo de especialista. Otra ventaja es que se torna atractiva la forma de narrar los hechos, ya que el lector va siguiendo la historia que se cuenta y en donde lo social, histórico, económico, político y cultural están ensamblados con la crítica, la descripción, el sentido y significado que le ha otorgado el autor a ese conjunto de sucesos que son parte de la realidad observada, estudiada, analizada y recreada por él.

Urs Jaeggi (2021) se interrogó sobre la realidad que representan las obras literarias, señalando que estas trascienden los simples datos empíricos para convertirse en una expresión pura de la realidad transformada. En ellas se reflejan ideologías, imaginarios y concepciones de las sociedades. La realidad representada en una obra va más allá de su contenido literal; es la interacción entre el contexto, la vida del autor y su presentación en el texto lo que revela la intención del autor y su manera de exponer la realidad social en que vivió, observó, interpretó y comprendió.

Aunque las obras literarias no son un espejo o una fotografía exacta, están fundamentadas en la realidad; además, pueden influir en la vida. Ofrecen a los lectores una visión crítica que busca generar conciencia, razón por la cual algunas han sido censuradas, atacadas o criticadas. Rosa María Lince Campillo (2013) afirmó que la

literatura permite traspasar los límites de nuestro horizonte y nos autoriza (en la medida en que nos compenetremos con los otros) a acercarnos en un acto de comprensión, o de intercambio de sentido (p. 12).

Esto es así porque las obras literarias no brindan una visión reducida del mundo; ofrecen perspectivas diversas, revelan lo oculto y proporcionan significados y explicaciones sobre las formas de pensar y actuar de los humanos.

La construcción de los espacios en las obras literarias: la geografía humana y la obra como narrativa testimonial

Robert Tally Jr. sostiene que

La condición humana es la de estar en el mar, al mismo tiempo lanzado al mundo y un tanto perdido en él- y, como el navegante, empleamos mapas, bitácoras, nuestras propias observaciones e imaginación para dar sentido a nuestro lugar (2011).

Metafóricamente Tally hablaba de esa necesidad de salir, de conocer, de migrar que tiene el ser humano, espíritu libre que ejerce en ocasiones esta condición. Su ser y estar en el mundo no solo lo trastoca en la dimensión filosófica, sino en la espacial, en la de ubicarse, sentirse identificado y parte del espacio que le rodea, o el de buscar para encontrar el lugar al cual dote de un significado. En ese encuentro o búsqueda, algunos autores se han visto en la necesidad de hablar de los espacios recorridos o imaginados a partir de su experiencia, dejando así en su escritura, huella de sus andanzas y de sus experiencias.

Los espacios representados en la literatura dan cuenta de las percepciones que se hacen del espacio, de las múltiples regiones tangibles e imaginarias que se han creado, de sus complejidades, similitudes y particularidades. Las regiones representadas en la literatura recuperan las dimensiones geográficas, políticas, económicas, culturales, sociales e históricas de los territorios donde se desarrollan los personajes, los cuales son descritos en sus prácticas, creencias, cargas simbólicas e identitarias. Los acontecimientos que allí se describen coadyuvan a comprender los sentidos y significados otorgados y construidos a partir de él; así como la relación espacio-humano, en el que las modificaciones al paisaje natural se han puesto en escena tal y como se ha hecho patente la influencia que el paisaje tienen en el ánimo y la óptica del hombre.

Yi Fu Tuan, geógrafo chino, exprofesor emérito de la Universidad de Wisconsin y pionero de la geografía humana, escribió en 1977 Espacio y lugar: la perspectiva de la experiencia, libro que plantea la necesidad de desarrollar nuevas formas de tratamiento, reconocimiento y análisis geográfico que tomara en cuenta al sujeto y su experiencia frente a las dimensiones territoriales, a esto le denominó: geografía humana, a la percepción subjetiva que los humanos tenemos de nuestro entorno. La perspectiva fenomenológica de Tuan privilegió la experiencia y las percepciones del espacio, de lo que sucede dentro de él; personajes y regiones serían puntos medulares en los estudios que propuso. La literatura como soporte, la oralidad y todas formas de expresión (como canciones, leyendas y poemas) serían fundamentales para comprender todo aquello que aludía a la percepción del paisaje. Tuan propuso la revaloración de las obras literarias en otras disciplinas que se auxiliaban de esta como fuente de información. En esencia, Tuan no sólo recuperó el sentido humanista para introducirlo en los estudios geográficos, sino que también propuso una metodología enfocada a lo “descriptivo-narrativo”, a partir de esta metodología la obra literaria tendría un valor fundamental para reconocer la forma en la que el territorio es interpretado y presentado en el discurso literario.

Los artistas escriben las ideas e imágenes que han construido conjunta e individualmente del espacio que habitan. En la literatura no es difícil encontrar este sentido de apropiación del lugar y su representación cartográfica como expresión artística producida en un determinado contexto que expresa las circunstancias de la condición humana, los conflictos, los malestares y las ideologías. Este sentido se acentúa cuando los autores oriundos de una región aluden a ésta en sus obras desde una perspectiva que muestra las emociones y sentimientos que despierta ese lugar, imaginan, experimentan y en el que son testigos de lo que allí aconteció. Es por ello que algunas obras literarias son consideradas fuentes de información no sólo para la geografía, sino también para la historia, la antropología y la sociología.

Tal vez, sin ser el propósito o tener mayor conocimiento de otras disciplinas, los autores lograron tejer en las obras parte de los postulados de la geografía humana. Así, se podía percibir la relación entre espacio y personajes, los autores expresaban el sentir y el valor que tenía el lugar en quienes lo habitaban. Al “escribir sobre segmentos de la sociedad que no habían sido parte central de la historia” estaban escribiendo la historia de los pueblos desde abajo, desde la voz de la gente común. Por añadidura, al prestar especial atención a la dimensión cultural y social emparentaban dichas obras literarias con los estudios sociales y antropológicos, sin serlo propiamente. Martín Fierro, La vorágine, Don segundo sombra, Sab (1841) y Aves sin nido (1889), Los de abajo, Cuentos de amor, locura y de muerte, son ejemplos de obras en los que se exaltan los elementos naturales del paisaje, la relación del hombre con su entorno, los sectores campesinos, indígenas y en sí los grupos étnicos de los países y sus problemas sociales. Asimismo, se explora la diversidad y la historia propia de cada lugar, y en el que sus autores fueron testigos de algunas de las situaciones que describieron y de las experiencias que vivieron en esos territorios.

Además, en las obras el espacio no es representado solo en su dimensión geográfica, pues aparecen la gente que lo habita, sus prácticas y acciones, las ideas de sus inquilinos, la historia de sus calles, de los pueblos; todo se conjuga en el relato; por ello, analizar las cartografías literarias es importante pues ofrece información que atañe a otras disciplinas.

Las obras literarias, al ser escritas por sujetos históricos pertenecientes a cierto grupo social con marcada cosmovisión, no están deslindadas del contexto sociohistórico y de las significaciones que el autor ha atribuido a sus vivencias y prácticas. Bartolomé Valle Buenestado (2015, p. 1262) dice que tanto el ejercicio literario como la práctica geográfica son actividades antiguas que han guardado relación. La literatura ha ofrecido un valioso servicio a la geografía, por lo que el estudio y reconocimiento de las obras como fuentes ha cobrado relevancia en el siglo XX.

Así es como la literatura ha logrado un lugar en los estudios de las regiones, pues los escritores no sólo se ciñen a presentar los aspectos geográficos del espacio o del paisaje, sino que se refieren, asimismo, a lo que se encuentra dentro de él: a la sociedad de la que forma parte. Las interacciones sociales y las situaciones que en el espacio se gestan también son tomadas en cuenta; por estas razones, las obras literarias han comenzado a considerarse como documentos de análisis para sociólogos e historiadores, entre otros.

Los escritores utilizan sus experiencias, ideas y técnicas para ficcionalizar y transformar la realidad a través de sutilezas lingüísticas. Así, el universo literario puede albergar diversas versiones y visiones de la vida. Estudios como el de Juan Avilés Farré, en “La novela como fuente para la historia: el caso de Crimen y Castigo” (1996), y el de Fernando Fuster, en “La novela como fuente para la Historia Contemporánea: El árbol de la ciencia de Pío Baroja y la crisis de fin de siglo en España” (2011), reivindican las narrativas en su calidad de fuentes, puesto que poseen referencias y perspectivas que otros documentos no revelan.

En “La novela como documento histórico de la cultura: ideas para un consenso” (2015), Andrés Rodrigo López Martínez dice que las narrativas revelan lo profundo del ser, en ese proceso de narrar se encuentra la experiencia e interpretación en vías de comprender la realidad. También señala que “la novela no ha recibido la atención adecuada. Ello tal vez suceda porque, como fuente, es común que se le mire como demasiado subjetiva y ficticia”, no obstante

son estas cualidades las que constituyen gran parte de su riqueza […] del recurso de la novela como referente, para profundizar en el conocimiento, la comprensión de nuestro pasado y de lo que somos actualmente (López Martínez, 2015, p. 2008).

El escritor emplea sus artificios, códigos y fundamentos para reconstruir y representar el mundo y las estructuras sociales, culturales, políticas y económicas. Cada obra es un reflejo de la cultura del autor y de la sociedad con la que está en diálogo, funcionando al mismo tiempo como prueba y legado del contexto en que se produce. El escritor no nace siendo escritor; se convierte en uno a través de su propia experiencia y la de aquellos con los que comparte los lugares en los que crece.

Hacia nuevos mapeos intelectuales desde las obras literarias

De acuerdo con Alejo Carpentier (1991), el escritor actúa como novelista, cronista y crítico de la realidad en la que vive, mientras que al lector e investigador les corresponde la tarea de rastrear y buscar las verdades expresadas en la literatura, así como proponer cambios en esa realidad. Las obras reflejan todas las dimensiones de la vida humana, y el contexto del autor queda plasmado en su producción, lo que otorga al texto una legitimidad literaria. José Luis Vara Muñoz dice que

el análisis de textos se convierte en un campo privilegiado de desarrollo (geografía de la percepción) cuyo objeto es el espacio subjetivo porque no hay más espacio que ése (el que es para él/los sujetos) (2010, p. 140).

La obra literaria brinda no sólo la perspectiva del autor, sino que representa la forma en la que la sociedad percibe la realidad, la vida y la manera en la que ha establecido un diálogo con el mundo. La literatura y geografía humana han construido puentes cada vez más estrechos que permiten ver las interrelaciones transdisciplinares que se configuran a partir de los estudios que tienen una escala amplia de análisis.

Actualmente se habla de espacios fronterizos en la literatura y de la literatura como espacio fronterizo que conecta varias disciplinas, que integra la visión de las ciencias sociales y de las ciencias exactas. Los espacios fronterizos son los puentes que se levantan entre literatura y otros campos de conocimiento; ahí la literatura tiene límites observables Es en ese límite donde se establecen puntos de encuentro con un “más allá” que es posible vislumbrar, precisamente porque la frontera alude a algo que concluye con una línea imaginaria, aunque invita a imaginar que hay algo que comienza después de ese confín.

Es más viable y pertinente hablar de espacios transfronterizos en lugar de fronterizos, ya que el objetivo es superar las limitaciones impuestas por las fronteras imaginarias asignadas a las disciplinas, el arte y la literatura. Este enfoque busca trascender la tendencia de priorizar ciertos campos de conocimiento sobre otros y superar las barreras entre especialidades. Se pretende establecer una nueva forma de estudio integral en el campo literario que permita una lectura conjunta de las obras literarias, reconociendo su capacidad para modificar ideologías, transformar estructuras y documentar hechos relevantes. De este modo, se puede comprender mejor tanto el pasado como la realidad presente, situando la literatura en un contexto más amplio dentro de las ciencias y el arte.

Algunos escritores se han dado a la tarea de plasmar en papel los hechos que atestiguaron, las prácticas socioculturales del pueblo, e incluso destacaron el valor de la tradición oral como medio de información; son estas filiaciones las que el historiador, el antropólogo y el sociólogo necesitan saber para ampliar el horizonte de análisis y reconocer en la literatura una suerte de apoyo de otras visiones e informaciones.

Las obras literarias se construyen con diversos discursos, sean orales o escritos, observados o escuchados, vividos o contraídos. Tienen, pues, referentes, autores, sociedades y culturas de su tiempo; voces que narraron historias que marcaron a los escritores quienes fijaron lo ocurrido. Todo autor es efecto de una época; la obra puede ser un mayor reflejo de la realidad o de la interpretación de un autor que busca comprender lo que sucede y lo que va marcando la historia social, económica, geográfica y cultural de una región o un país; por ello, las obras son fuentes validas sobre sucesos, coyunturas y estructuras de una sociedad en determinada época, y son más válidas cuanto más se acercan sus lectores e investigadores al contenido que revelan, a la radiografía de su configuración.

Imaginemos mapas, aquellos que algunos autores nos brindan a través de sus obras; experimentemos las imágenes que nos regalan con palabras. Después, acerquémonos a mapear la historia de vida del autor que nos permita ver cómo fue su formación, cuáles fueron sus influencias y experiencias, y así obtendremos trazos de un mapa de la vida intelectual que revela una radiografía del contexto del autor y una parte más íntima de su vinculación con el mundo, de su lectura de la realidad y de cómo ese panorama se conecta con nosotros y con nuestro presente.

Al rastrear los mapas del pensamiento de los autores o de un campo de autores, se abren ventanas a la transdisciplinariedad, permitiendo que los estudios literarios se conecten con otras áreas como la geografía, la historia, la sociología y la antropología. Esto ayuda a entender mejor las estructuras sociales y los cambios en la sociedad que se reflejan en los textos literarios. Por lo tanto, los mapas del pensamiento en la cartografía literaria no solo enriquecen la lectura de las obras, sino que también proporcionan herramientas para analizar y reconstruir las ideas y las realidades que dieron forma a esas obras.

Los mapas del pensamiento nos permiten representar gráficamente las ideas que prevalecían en una sociedad a partir de los autores de la época, de sus preocupaciones, temas e intereses literarios. A través de estos, podemos conocer las huellas de un contexto y tiempo determinados, en los que ciertas ideologías, corrientes o situaciones estaban en boga. Esta representación permite reconocer cómo dialogaban entre sí, pues a pesar de vivir realidades no siempre comunes, la vida intelectual y cultural de un determinado periodo buscaba vías para comunicar y visibilizar determinados tópicos desde las artes, o para cuestionar y refutar el sistema político mediante el discurso literario, pictórico, cinematográfico, escénico o musical.

Tal como señaló Antonio Cornejo Polar (1986), la obra no propone una imagen del mundo “ni individualmente gratuita ni socialmente arbitraria”, no se trata de una visión aislada o individual, sino de la representación de un mundo compartido, una realidad construida en lo colectivo, por ello: humano, sociedad e historia están concatenados, el pensamiento camina de manera transversal, la lectura de la vida, de la realidad, es compleja. Por ello toda representación literaria refleja los sentidos conferidos a cada elemento de la realidad y del contexto del autor que comparte espacio y tiempo con otros con los que construye y da significados a los hechos, eventos, situaciones y a cada cosa, espacio y persona que lo rodea. Por ello la cartografía literaria de la manera en la que se definió, no solo brinda un atlas de representaciones literarias de lugares ficcionalizados por el autor, sino que visibiliza mapas del pensamiento de los autores e intelectuales de una determinada época y contexto.

Referencias:

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Recibido: 16 de Diciembre de 2023; Aprobado: 06 de Mayo de 2024

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