La UAM está en modo celebratorio y ¡La revista Fuentes Humanísticas está también cumpliendo años!
Nuestra revista desde el principio fue concebida como departamental (punto de confluencia de las áreas de historia y literatura esencialmente), es carta de presentación de la investigación departamental ante el mundo universitario.
Fuentes Humanísticas no fue siempre así, tal como la conocemos en la actualidad, con un dosier, con formas bien precisas para presentar documentación para publicar… Ha pasado por algunas etapas que sin duda han sido pensadas y ejecutadas para perfeccionar el proceso desde la publicación de las convocatorias hasta la distribución de los ejemplares físicos. Hasta el número de ejemplares publicados en papel ha sido modificado, con la consabida plataforma digital en la que ahora se puede consultar todo el material publicado desde su fundación, algo verdaderamente portentoso, aspecto que ni siquiera se soñaba en el momento de su fundación. Han ocurrido muchas revoluciones que han modificado a este esfuerzo editorial tan importante para un Departamento que siempre ha estado dividido, cada vez más fragmentado (ni siquiera tiene un espacio unificado, digno), arrinconado en el ámbito universitario, lo cual es un síntoma del lugar de las humanidades en la sociedad actual.
Digamos para ser breves que Fuentes Humanísticas tuvo un antes y un después de que sobreviniera un impulso por la productividad y de la revolución digital.
Por supuesto, antes fue mejor. Y no lo digo por la gente que interviene en todo el proceso, que la dirige. NOOOO. Esos son nuestros héroes, nuestros Teseos, o Teseas nuestros Ulises o Ulisas que encuentran siempre mil y un escollos, mil y un detalles que deben resolver inmediatamente, remando con vigor y desoyendo el canto de las y los sirenxs. Porque dirigir una revista significa resolver de manera ágil y certera problemas de recepción de material, de dictaminación, disposición de los materiales, envío a imprenta, revisión, vuelta a revisar, y otro nuevo reconocimiento de galeras, hasta llegar al tírese y con esto no se acaba la gesta: hay que difundirla, repartirla entre los autores, presentarla en diferentes ferias de libros. Cada número exige vencer todos estos desafíos, uno por uno. Se necesita un perfil bien definido y sostener con mano firme al timón para llegar a buen puerto.
Sin duda ahora es mucho más difícil dirigir un proyecto tan complejo como lo es una revista.
Aunque estoy exagerando, antes era algo más familiar, más de la casa. Quizá había menos presión. Los problemas eran diferentes, en especial: conseguir material de calidad para publicar.
Y es que entre el antes y después han ocurrido grandes acontecimientos: El SNI se crea a mediados de 1984. Sus efectos se comenzarán a sentir en la década siguiente, Sin embargo, esos criterios conacitianos regirán la vida universitaria en este milenio
También se transformo la universidad con las becas y estímulos a la docencia; a la investigación.
Antes el problema de las revistas era la falta de material. Tanto iconográfico como artículos, reseñas y de “creación” para publicar.
De allí surgió la idea de formular un dossier para cada número. El coordinador del dossier sería el encargado de alentar la producción del material y al mismo tiempo de recopilara todo el material para que pudiera ser dictaminado.
Por ello es imposible afirmar que ahora o ayer fuera mejor. Son dos realidades tan diferentes a tal grado que lo único que permaneció fue el título.
El dosier surge como una solución a la falta de material, la realidad del dossier era convertir a la revista en un órgano multidisciplinario. Un mismo tema, De actualidad, observado desde diferentes perspectivas.
La supresión del material iconográfico para ilustrar la revista surge de la necesidad de dar a cada número su perfil necesario.
La convocatoria tuvo buena respuesta: Saul Jerónimo presentó abundante material de historia. Pero abarcaba toda la revista. Lo cual no era negativo para mí, preocupado siempre por encontrar material. Por el contrario: que bueno. ¡¡¡Ojalá así respondieran los diversos grupos de trabajo!!!
De todas formas, en el comité de la revista se rechazo todo el material. Era mucho.
Antes se producía sin las exigencias puntísticas de tener al menos dos artículos publicados anualmente. Se publicaba para dar a conocer los resultados de una reflexión, de un ejercicio de análisis.
Ahora es necesario producir. Hay un ritmo, comisiones dictaminadoras, evaluaciones.
El ahora todopoderoso imperativo de productividad vino a reemplazar el goce y la libre voluntad de escribir y publicar.
Con el aumento de material para publicar vinieron la profesionalización de los comités de la revista, la necesidad de responder a criterios de dictaminación más rigurosos, a exigencias de puntualidad en la publicación de cada uno de los números, a la necesidad de pasar por revisiones por comisiones externas del trabajo en su conjunto... Las aduanas han proliferado.
Hay algo muy positivo: muchas personas participan en la toma de decisiones. Desde el director del dossier, los miembros del comité, la directora de la revista. Y todo ese cúmulo de decisiones pasan por una revisión externa.
Sin duda hay que celebrar porque es largo el trayecto, pero también es preciso reflexionar colectivamente:
¿Acaso el departamento, el comité editorial, la comunidad de profesores-investigadores ha perdido autonomía a aceptar la imposición de reglas conacitiana? La pregunta está de más…
¿Qué nuevo lugar ocupan las humanidades en esta nueva dinámica, en favor de la burocratización?
¿De veras es posible el binomio humanidades y burocracia?
¿Cuáles son los materiales publicados por Fuentes Humanísticas que se han leído, que se siguen leyendo? ¿Cuáles han sido las formas de lectura de los materiales publicados? ¿Cuáles son las temáticas que obligatoriamente se tienen que proponer/enfrentar en Fuentes Humanísticas? ¿De qué manera FH perfila nuestra identidad Departamental?
Muchas gracias por su atención.










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