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Fuentes humanísticas

versión On-line ISSN 2007-5618

Fuentes humanist. vol.35 no.67 Ciudad de México jul./dic. 2023  Epub 07-Nov-2025

https://doi.org/10.24275/ymac5205 

Ensayos

Vladimiro Rivas Iturralde, académico de la lengua

José Hernández Prado* 

* Universidad Autónoma Metropolitana, Azcapotzalco. johprado@azc.uam.mx


Desde su fundación en 1974 y el inicio de sus actividades en 1975, Vladimiro Rivas Iturralde ha sido una presencia relevante primero, e imprescindible después en la vida de la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Azcapotzalco. Y para mí ha sido un gran honor atestiguar su brillante trayectoria de ya casi medio siglo en esta institución, porque pertenezco a la primera generación de estudiantes que ingresara en 1975 y pude ser uno de sus afortunados alumnos en la asignatura de Redacción e Investigación Documental del Tronco General de Asignaturas de la División de Ciencias Sociales y Humanidades, donde cursé hasta el año de 1979 la licenciatura en Sociología.

Luego de recibirme y unos años después tuve la feliz oportunidad de sumarme en 1984 a mi alma mater como profesor-investigador de tiempo completo en el Departamento de Sociología, por lo que desde entonces he sido también colega de Vladimiro Rivas, adscrito al Departamento de Humanidades, quien no sólo ha sido siempre un magnífico profesor y un excelente investigador de temas humanísticos, sino además un entregado y talentoso escritor. El primer libro que poseo autografiado por él, con fecha del año 1976, es Historia del cuento desconocido, publicado en 1974, y el último es su bellamente editado en Ecuador -país del que es originario-, Navegaciones. Ensayos escogidos, del año 2023.

Nuestro querido colega Vladimiro Rivas Iturralde ha sido, pues, no sólo una presencia indispensable en nuestra universidad, sino además un compañero ejemplar por su incansable y muy eficaz labor docente, su en extremo valioso trabajo de investigación humanista -a través del cual ha nutrido para muy bien el conocimiento y la crítica de la literatura ecuatoriana, mexicana, latinoamericana y mundial- e, inclusive, por su muy entusiasta actividad como difusor cultural, pues, en virtud de que es también un consumado melómano y un enorme conocedor del género operístico, impulsó y condujo durante muchos años en la Unidad Azcapotzalco de la UAM los ciclos vespertinos intitulados “La ópera como en la ópera”, en los que proyectaba, comentaba y analizaba para una curiosa y al final embelesada audiencia, principalmente estudiantil, videograbaciones del vastísimo repertorio de la ópera en sus versiones históricas y recientes más destacadas, interpretaciones que él mismo tuvo el cuidado de descubrir y conseguir para compartirlas con la comunidad universitaria.

En consecuencia, me alegró muchísimo, tanto como no me sorprendió en lo absoluto, que el pasado 15 de diciembre de 2022 Vladimiro Rivas fuera admitido como miembro de la Academia Ecuatoriana de la Lengua en Quito, la capital de ese querido país que él dejó en 1973 para venir a radicarse en México. Como muchas veces lo ha señalado, sus dos patrias son Ecuador y México: la primera, por nacimiento y la segunda, por adopción. Y su nombramiento fue como “miembro correspondiente”, lo que, en rigor, significa que la persona así honrada no reside en el país que hospeda a la Academia en cuestión, como acontece con las y los llamados “miembros de número”, sino que despliega su actividad en un país extranjero. En definitiva, esta elevadísima distinción representa la merecida culminación de una muy larga y perseverante, pero también gozosa carrera dedicada a las letras, las humanidades, la academia universitaria y los valores que mayormente dignifican a los seres humanos. Quien comenzara como un singular y entusiasta profesor de redacción en la naciente universidad de un país diferente al suyo, terminó, muy justa y merecidamente, como académico de la lengua española, el idioma que en mayor medida se habla en las dos naciones que contribuyeron a forjar la gran y afable personalidad del recién nombrado integrante de la Academia.

Sin embargo, es notable que el discurso de aceptación de Vladimiro Rivas como académico de la lengua versara sobre dos artistas, uno literario y otro cinematográfico, que no fueron ecuatorianos o mexicanos y ni siquiera se conocieron o tuvieron contacto entre sí, procedentes, el primero, del Perú, y el segundo de ese país tan distante cultural y geográficamente de la lengua española, como es Rusia. Ellos son César Vallejo (1892-1938), el gran poeta peruano y Andréi Tarkovski (1932-1986), el destacado cineasta ruso -pues Vladimiro Rivas es también un profundo conocedor del arte cinematográfico-, a los que el nuevo miembro de la Academia Ecuatoriana de la Lengua relacionó certeramente en su alocución, recurriendo al tema de la nostalgia, personificada y expresada de un modo muy rico y universal por ambos personajes: la nostalgia del primer hogar y también por la madre, la infancia, la patria chica e inclusive nuestro planeta Tierra como Naturaleza virgen.

Pero es interesante no sólo hallar temáticas comunes a un lite- rato o poeta y un director y creador cinematográfico, ambos de orígenes y contextos histórico-culturales muy distintos. Eso Vladimiro Rivas lo descubrió y explicó con toda facilidad y claridad. Lo que llama más la atención es que el nuevo académico haya subrayado en su discurso que a ciertas realidades trascendentales para los seres humanos -como la lacerante y a la vez consoladora nostalgia que podemos experimentar en nuestras vidas-, realidades que, por fuerza, son aludidas y examinadas con auxilio de al- guna de las lenguas producidas por los integrantes de nuestra especie, en este caso el español, se las pueda revelar y analizar también con diferentes lenguajes y no solamente el humano hablado, sino además con aquel otro lenguaje que viene a ser el de la percepción sensorial, referente a los hechos con los que entramos en contacto; aquellas imágenes visuales y auditivas que, en lo principal, somos capaces de generar al percibir tanto los humanos, como también otros seres vivos. Esto implica que la lengua o el lenguaje no sea sencillamente uno, en concreto el utilizado por cierta porción de la humanidad, sino todos aquellos idiomas hablados o no, existentes en la naturaleza, tales como los lenguajes de los animales en general o, inclusive, las percepciones de muchos tipos que pueden ser posibles gracias a los variados órganos sensoriales y perceptuales.

Algo que yo siempre he admirado en Vladimiro Rivas es que él no sólo ha estudiado y domina a cabalidad el idioma español, con una vasta producción literaria personal de enorme calidad y con su penetrante conocimiento de la literatura de ciertas regiones del mundo, en las que dicha lengua es materna o bien empleada en forma muy extendida. Siempre he celebrado el cosmopolitismo de nuestro amable colega, mismo que se manifiesta en el hecho de que no sólo sabe de literatura española, ya sea alguna nacional o, en particular, la latinoamericana. Vladimiro Rivas ha buscado de manera constante adentrarse en diversas literaturas, con el fin de disfrutarlas hasta en su propio idioma; verbigracia, la alemana, la francesa o la anglosajona, sobre todo. Es bastante conocida por sus colegas y lectoras y lectores, por ejemplo, la fascinación y aun la asombrosa erudición que ha desarrollado en torno al escritor estadounidense Herman Melville (1819-1891) y su portentosa novela, Moby Dick, publicada en 1851. Y tampoco hay necesidad de abundar aquí en su envidiable melomanía, la cual implica amplios conocimiento y amor por el arte musical más excelso. No únicamente sabe y disfruta mucho acerca de ópera el nuevo académico de la lengua y no sólo es su predilección el lenguaje literario, sino también el musical, en general, y el cinematográfico.

Lo anterior sugiere y pone en evidencia en el iluminador, reflexivo y bello discurso que Vladimiro Rivas Iturralde leyera el día de su incorporación en la Academia Ecuatoriana de la Lengua, que él no es, con propiedad, un respetable académico de la lengua española, sino que en verdad lo es de toda lengua y no únicamente de la que tuvo su origen en el castellano. Me agrada mucho pensar que es además un académico de las lenguas humanas en general y no solamente de ellas, sino asimismo de otros idiomas o lenguajes implicados en las percepciones y sensaciones humanas y anima- les en la naturaleza, o bien de las infinitas expresiones de ese lenguaje natural que los seres vivos hemos propiciado en el universo.

Si como es de alguna fama, el escritor y profesor oxoniense Clive Staples Lewis (1896-1963) dijo de su gran amigo y colega -al comentar sus legendarias clases de inglés literario medieval en la Universidad de Oxford-, que John Ronald Reuel Tolkien (1892-1973) había estado “dentro de la lengua inglesa”, yo estoy convencido a plenitud de que Vladimiro Rivas Iturralde, amante y cultivador de la buena literatura y de la gran música y el mejor arte cinematográfico, habita a la perfección “dentro de todo el lenguaje” y es, en consecuencia, con muy sobrados méritos, un académico de la lengua.

Y por añadidura es un inmenso orgullo para nuestra universidad.

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