Introducción
A partir del fin de la Segunda Guerra Mundial, se observó en Japón una fuerte tendencia migratoria caracterizada por oleadas de jóvenes que se dirigían a las grandes urbes. Este fenómeno migratorio vino acompañado por la transformación estructural de las industrias japonesas, que estaba directamente relacionada con el crecimiento vertiginoso de la economía japonesa. Desde esta etapa, la despoblación del campo comienza a llamar la atención del Gobierno japonés y la comunidad académica japonesa, quienes expresaron su preocupación por el fenómeno del abandono del campo con la palabra kaso, término que se ha utilizado constantemente para describir la situación de los pueblos rurales en Japón a partir de la década de los setenta3 (Kokudokōtsushō, 1969).
Esta despoblación del campo japonés comenzó a perder su impulso en la misma década de los setenta, sin embargo, como un fenómeno relacionado con la migración anterior, los pueblos alejados de las ciudades volvieron a experimentar una nueva fase de decrecimiento poblacional, causada esta vez por el fallecimiento natural de la población envejecida que optó por permanecer en el campo. En consecuencia, el saldo negativo debido a la migración de los jóvenes a las ciudades, sumado al hiperenvejecimiento de la sociedad japonesa, se traduce en la actualidad en el número de ciudades pequeñas y pueblos despoblados de 885 entidades (el 51.5 % del total de 1718), especialmente en las poblaciones más alejadas de las tres más representativas: Tokio, Nagoya y Osaka (Zenkoku Kaso Chīki Renmei, 2022).
No obstante, durante las últimas dos décadas se ha observado un movimiento contrario a la tendencia migratoria convencional, ya que cada vez más jóvenes buscan nuevos espacios de reproducción social fuera de las grandes urbes anteriormente mencionadas. Esta nueva orientación ha sido acogida por la academia japonesa bajo el concepto de “retorno rural” (Odagiri, 2014), en respuesta a otra vertiente de análisis demográfico conocida como la teoría de la “desaparición de las regiones rurales” (Masuda, 2014).
A partir de 2014, en el contexto de esta tensión teórica, se han publicado diversos estudios para comprobar la legitimidad de ambas corrientes. Pese a la novedad de ciertas situaciones a las que se enfrenta la ruralidad japonesa -como el sobreenvejecimiento-, el carácter doméstico de la migración ha mostrado la escasez de estudios que tomen en cuenta la comparación de estas experiencias con la tendencia migratoria mundial. En este sentido, el presente artículo analiza en primer lugar las características del fenómeno del retorno rural en comparación con los conceptos de “migración por estilo de vida”, “migración por amenidad” y “neorruralismo”. De este modo, se destacan tanto las similitudes como los aspectos particulares de la actual migración japonesa frente a otros conceptos que han sido estudiados con anterioridad.
En segundo lugar, estas diferencias pueden servir como guía para profundizar en el análisis y considerar el contexto histórico, social y económico de Japón, con el propósito de comprender mejor el desarrollo del fenómeno y ofrecer una visión general del medio rural japonés actual. Asimismo, este enfoque también ayuda a identificar los diversos factores de expulsión (push) que han llevado a los jóvenes a migrar fuera de las ciudades. Finalmente, esta investigación reconoce los antecedentes y los desafíos actuales de la ruralidad japonesa contemporánea frente a la llegada de nuevos actores a comunidades rurales despobladas en el marco del retorno rural.
1. ¿Qué se entiende por el retorno rural japonés?
El retorno rural es un concepto que surge como una contrapropuesta del actual fenómeno migratorio social japonés que no sigue el patrón urbanista de la migración convencional y unilateral desde el campo a la ciudad. Este término, en japonés, se escribe 田園回帰 (denen kaiki), lo que nos ofrece varias opciones de traducción como retorno rural, retorno al mundo rural y vuelta al campo, entre otras, pero siempre con un carácter aspiracional. Cabe mencionar que la palabra anterior, escrita en japonés como denen, está estrechamente vinculada con el imaginario rural que se comparte en general en el extremo oriente de Asia. Aquí es importante referirnos al poeta y literato chino Tao Yuanming, de los siglos iv y v, puesto que, según Watanabe (2003), el uso de esta palabra, denen, en poesía china no fue común hasta la aparición de Tao. En Japón, el poeta es conocido por sus obras que alaban la ruralidad y, a su vez, se le reconoce por su rol fundamental en la construcción del concepto de la utopía en la región.4
Por consiguiente, cabe destacar que la palabra denen, cuya referencia es recurrente en Japón,5 tiene per se una connotación del deseo de volver al campo en busca de una vida armónica con la naturaleza. Tal perspectiva es coherente con la actual tendencia migratoria mundial de una migración asociada al estilo de vida, donde se resalta una mejor calidad de vida en el campo. Esta direccionalidad está reflejada en las encuestas que fueron realizadas por el Ministerio de Asuntos Internos y Comunicaciones de Japón (Sōmushō, 2015), cuando el Gobierno japonés oficialmente acoge a esta palabra para comprender la movilidad de las generaciones jóvenes en el campo.
Según encuestas realizadas en 672 municipios y pueblos que experimentan despoblación por dicho ministerio, los encuestados han escogido las zonas rurales para vivir por las siguientes razones principales: “vivir en un lugar dotado de buen clima y entorno natural” (47.4 %), “cambiar su anterior forma de trabajar y vivir” (30.3 %) y, por último, “vivir en un lugar tranquilo lejos del ajetreo y el bullicio de la ciudad” (27.4 %) (Sōmushō, 2015, p. 16). Asimismo, como demuestran estas encuestas, hay un creciente interés por la migración rural entre la población joven de entre 20 y 40 años.
Así pues, como se representa en la Figura 1, hay un creciente interés de las personas que buscan oportunidades de mudarse de las grandes urbes hacia el campo. En este contexto, surgen distintas organizaciones en apoyo a la migración de retorno rural, entre las cuales se destaca el Centro de Apoyo para el Retorno Rural, una organización sin fines de lucro que busca facilitar la movilidad hacia regiones rurales. La Figura 1 demuestra que el número total de consultas por información para mudarse a un entorno rural durante 2022 fue más de 20 veces superior al número de 2008. En este contexto, los gobiernos nacional, regional (a nivel prefectura) y de municipios locales de Japón, en el marco de las leyes, han impulsado este tipo de migración a través de distintos subsidios para facilitar la repoblación de las comunidades rurales.

Fuente: Elaboración propia con datos de Furusato Chīki Kaiki Shien Center (2023).
Figura 1 Número de consultas en el Centro de Apoyo para el Retorno Rural
Entre las diversas políticas experimentales para repoblar el campo, destaca la iniciativa del Ministerio del Interior y Comunicaciones denominada “Programa de Cooperadores para la revitalización regional”6 (2009-actualidad). En este programa, los participantes se comprometen a permanecer en las comunidades rurales y a integrarse en ellas, generalmente buscando empleo en la región asignada. En este sentido, se espera que estas personas sean actores clave para las comunidades locales, realizando actividades económicas y sociales, más allá de ser simples consumidores de productos y servicios locales, lo cual representa una de las características comunes de los sujetos que suelen tratar los estudios del retorno rural japonés.
Por otro lado, algo importante que caracteriza a estos jóvenes es su creciente interés por sectores como la agricultura, la pesca y la silvicultura. Asimismo, este retorno rural es de carácter nacional, puesto que, como marco de referencia, aborda solamente la migración nacional dentro del territorio japonés. En la Figura 2 se puede observar un aumento tanto de los municipios como de las personas que participan en el Programa de Cooperadores. Mientras que en 2009 participaron 89 personas y 31 municipios, para 2023 estos aumentaron a 7,200 y 1,164 respectivamente; un crecimiento superior al 1,000 % en trece años en cuanto al número de los cooperadores.

Fuente: Elaboración propia con datos de Sōmushō (2024).
Figura 2 Número de municipios y participantes del Programa de Cooperadores regionales
La tendencia y el creciente número de participantes indica el interés de los jóvenes japoneses por descubrir nuevos espacios en el medio rural, que en las últimas décadas ha experimentado un proceso de intensa despoblación. Sin embargo, la reconsideración del valor del campo como espacio de vivienda se ha convertido en una tendencia en distintas regiones del mundo, por lo cual se podría decir que dicha movilidad no es particular de Japón. De hecho, una de las corrientes que han estudiado la migración rural es la “migración por estilo de vida”, que abarca muchas de las recientes formas de movilidad humana.
1.1. Migración por estilo de vida
En general, los países industrializados con experiencia en migración a las grandes urbes comparten una narrativa común: este fenómeno se aceleró en el contexto de la posguerra en la segunda mitad del siglo XX. Tras este periodo, en la década de los setenta surgió un movimiento contrario a esta oleada de urbanización, llamado “antiurbanización” o “neorruralismo”, motivado por el deterioro ambiental o causas políticas. Posteriormente, en el caso de Europa occidental, la población rural comenzó a aumentar de nuevo a partir de la década de 1990. Esto se debe a la revalorización de las zonas rurales como lugares para vivir, así como a los crecientes problemas de seguridad, ruido y contaminación ambiental en las ciudades, el aumento significativo de los precios del suelo en las zonas céntricas y el desarrollo de la suburbanización (Woods, 2010).
De acuerdo con Ishikawa (2018), la movilidad migratoria denominada “retorno rural” podría incluirse en la categoría de “migración por estilo de vida”, que engloba una amplia gama de migraciones contemporáneas. Tradicionalmente, la migración se ha analizado desde la perspectiva de los factores de empuje (push) de las sociedades de origen de los migrantes y los factores de atracción (pull) de los países de destino. Por el contrario, la migración por estilo de vida se considera una tendencia migratoria alternativa a la migración convencional, que tiende a estar ligada a problemas económicos, políticos y religiosos del lugar de origen (Benson, 2009).
En este sentido, este tipo de migración puede considerarse una forma migratoria contemporánea en la que las aspiraciones de las personas respecto a su modo y calidad de vida influyen significativamente en sus decisiones migratorias, que en muchas ocasiones están determinadas por experiencias turísticas previas de corta o media duración (Ishikawa, 2018). Además, en las últimas décadas, la movilidad nacional e internacional de los migrantes que obedece a dicho patrón de migración ha sido impulsada por diversos factores, como el desarrollo de los medios de transporte y de las tecnologías de la información y la comunicación en el contexto de la globalización. Con el telón de fondo de estas innovaciones tecnológicas, cada vez más personas tienen aspiraciones de vida distintas a las generaciones anteriores, lo que les permite elegir dónde vivir y trabajar, no solo por razones económicas, sino también por motivos de realización personal y calidad de vida (McIntyre, 2009).
En el marco de la migración por estilo de vida, O’Reilly y Benson (2009) identifican distintas modalidades que abarcan este concepto: la migración por jubilación, la migración por ocio, la antiurbanización, la propiedad de viviendas vacacionales y la migración estacional, entre otras. La amenidad del espacio rural, a menudo relacionada con la abundancia de la naturaleza, es un foco importante de esta tendencia migratoria que se promueve a escala nacional e internacional, sobre todo en el contexto de la flexibilización del espacio laboral debido a la digitalización.
En este sentido, en la migración contemporánea, la clase social desempeña un rol fundamental, ya que la innovación tecnológica y la flexibilización laboral han sido privilegios de los sectores favorecidos, como ocurre con el actual “nomadismo digital”, mientras que, por otro lado, existe una crisis migratoria mundial provocada por causas convencionales que dificultan la reproducción social de los migrantes procedentes de las regiones económicamente menos favorecidas. Esta tendencia es aún más clara en la categoría de migración conocida como la “migración por amenidad”.
En relación con la migración por estilo de vida, se podría decir que en la academia japonesa todavía hay escasas investigaciones. Nagatomo (2015) hizo un resumen sistemático sobre esta tendencia migratoria mundial y menciona que la transformación de la estructura social japonesa a partir de la década de los noventa ha reforzado la liquidez del modelo de vida en la clase media sin referirse al “retorno rural” japonés como parte de esta migración. Posteriormente, Tanigaki (2017) e Isikawa (2018) categorizan el “retorno rural” dentro de la migración por estilo de vida. Sin embargo, esta categoría de migración, al menos en el caso japonés, tiende a tratar únicamente la movilidad hacia el extranjero (Nagatomo, 2013), aunque son fenómenos similares que reevalúan la ruralidad como un nuevo espacio para habitar.
1.2. Amenidad en cuestión
En la actualidad, se han llevado a cabo también diversas investigaciones acerca de la migración por amenidad, sobre todo en el ámbito de la geografía rural. Dichas investigaciones analizan a los migrantes que buscan bellos paisajes y entornos naturales en los pueblos rurales (Moss, 2006; Nelson, 2006). La migración por amenidad se caracteriza también como un proceso migratorio “ultra suburbano” (Cadieux & Hurley, 2011), que tiende a producirse en zonas rurales, complejos turísticos y distritos residenciales de lujo alrededor de las grandes ciudades. Al igual que la migración por estilo de vida, la migración rural y la migración por amenidad son fenómenos difíciles de separar claramente, ya que se producen en zonas rurales y tienen en común que los migrantes buscan la naturaleza y el paisaje como metas fundamentales de esta movilidad.
Por otra parte, la dinámica de la migración por motivos de ocio se está analizando actualmente no solo en Norteamérica y Europa, sino también en diversos países y regiones de Asia y América Latina (Moss & Glorioso, 2014). A diferencia del marco del retorno rural japonés, cuando se destaca la amenidad, la relación entre estos migrantes y la población local cambia drásticamente. En la migración por amenidad, la tendencia más común es que estos nuevos actores no se integran en las comunidades receptoras, sino que se convierten en sujetos consumidores que aportan económicamente a las localidades rurales (Ishikawa, 2018).
El establecimiento de sistemas socioeconómicos neoliberales, la transformación de las estructuras industriales, el desarrollo de las tecnologías de la información y la comunicación han aumentado la movilidad y, a la vez, han afianzado estilos de trabajo flexibles, lo que ha dado lugar a un número cada vez mayor de personas con formas de trabajo basadas en internet que persiguen sus propios ideales de vida (Flognfeldt, 2006). En este contexto de digitalización y flexibilización del espacio de trabajo asalariado, la crisis de la pandemia de COVID-19 promovió aún más la movilización de los habitantes de las grandes ciudades hacia el campo o incluso hacia el extranjero (Teng, 2021).
Tras los años de la pandemia, nuevas plataformas como Starlink hacen que el lugar de trabajo sea cada vez menos relevante. Así, vemos el flujo migratorio de los nómadas digitales con capacidades económicas y condiciones favorables para este modo de vida laboral. Sin embargo, la nueva oleada de migración, que se supone que complementa la economía local a través de su consumo, también está causando problemas en algunas regiones receptoras. Tal es el caso de la aceleración de la gentrificación rural.7 Asimismo, es necesario mencionar otras plataformas como Airbnb, que promueven el mismo proceso de gentrificación en distintas regiones, correspondiendo a las demandas migratorias específicas en esta nueva era digital.
Respecto al retorno rural japonés, existen pocos estudios que abordan el concepto de amenidad, ya que esta movilidad hacia el campo, como lo señala Nishino (2024), a diferencia de las migraciones rurales en el extranjero, no se destaca por su clase social. No obstante, como se señala más adelante, los estudios de Tsunakawa (2021) y Suzuki (2023) sobre la migración hacia la zona lujosa de Karuizawa,8 en la prefectura de Nagano, representan la posibilidad de que aumenten más casos de gentrificación rural que podrían simplemente extender los alcances de las grandes urbes hacia el campo.
1.3. Antiurbanización y neorruralismo
La antiurbanización fue un fenómeno reportado por Beale (1975) en los años setenta en Estados Unidos, en el que la población experimenta un flujo migratorio reverso de las zonas urbanas al campo. Posteriormente, otros estudios han demostrado que este flujo inverso de población es un nuevo fenómeno social, completamente distinto del fenómeno convencional de la suburbanización y el retorno migratorio a su origen.
Al respecto, Mitchell (2004) clasifica esta nueva movilidad en tres categorías según los motivos de los hogares que emigran: la primera es la exurbanización. En este caso, los residentes urbanos con mayores recursos económicos trasladan sus hogares a las afueras de una gran ciudad en busca de un estilo de vida rural, aunque siguen desplazándose a la gran ciudad diariamente para trabajar. La segunda es la urbanización deslocalizada, la cual trata de un desplazamiento en busca de nuevas oportunidades laborales y costes de vida más bajos, y que regresa a la metrópoli si las condiciones son las mismas en la zona urbana que en la rural. La tercera es la antiurbanización, que consiste en orientarse hacia el trabajo en zonas rurales y menos pobladas en lugar de disfrutar de las comodidades urbanas.
En los países hispanohablantes, la palabra “neorruralismo” se asocia con la definición de antiurbanización que se expuso anteriormente, ya que, por ejemplo, Rodríguez y Trabada (1991) exponen que la repoblación de las zonas rurales comenzó en la década de los setenta en España y adquirió una importancia cualitativa y cuantitativa en términos de crítica al desarrollismo convencional. Asimismo, en Francia también se produce el éxodo de los jóvenes hacia la ruralidad a partir de la misma década, coincidiendo con la crisis energética, el movimiento estudiantil y otros factores (Graff, 2021).
Ahora bien, en el caso japonés, la aparición de movimientos de población de las regiones urbanas a las rurales en la década de los setenta suscitó el debate sobre la antiurbanización, con el fin de comparar con los casos de los países occidentales (Morikawa, 1988). Sin embargo, la legitimidad de este marco teórico para aplicar el caso japonés siempre ha estado en duda (Yamagami, 2003, p. 196), aunque, a partir del siglo XXI, la tendencia migratoria de la generación actual se ha reforzado y algunos teóricos, como Isoda (2017), la consideran un nuevo inicio de la antiurbanización en la sociedad japonesa contemporánea.
En resumen, la migración tradicional se ha analizado desde la interacción entre los factores de empuje de la sociedad emisora (como razones económicas, religiosas o políticas) y los factores de atracción de la sociedad receptora. Sin embargo, en la actualidad, la migración de la clase media moderna no representa necesariamente un medio para satisfacer las necesidades básicas. Como se observa en la migración tras dejar el trabajo o los estudios en el extranjero, se trata más bien de las aspiraciones e ideales propios del individuo acerca de su modo de vida que finalmente determinan su decisión de migrar.
Para comprender estas nuevas migraciones se han acuñado varios términos en los estudios sobre migración, como migración por estilo de vida, migración por amenidad y antiurbanización. Sin embargo, a pesar de la realidad del acelerado fenómeno migratorio que podría ser categorizado en estos, sigue faltando una acumulación de teorización, ya que estos conceptos son ambiguos y a menudo no permiten distinguir las diferencias entre ellas. Además, la cantidad y la naturaleza de los migrantes están cambiando de forma más fluida en la era de la digitalización, por lo que el problema de la división entre quienes pueden y no pueden emigrar debido a las ventajas de la clase social es evidente desde la perspectiva de la gentrificación rural y puede seguir siendo una fuente de nuevos conflictos en los nuevos contextos rurales.
Asimismo, existen similitudes y diferencias entre el retorno rural en Japón y la tendencia migratoria mundial. Una de las similitudes es que los residentes urbanos, tanto japoneses como extranjeros, han empezado a valorar positivamente la vida en el campo, que en el pasado solía ser vista negativamente, lo que ha llevado a reconsiderar la relación entre las zonas urbanas y rurales (Ishikawa, 2018). Por otro lado, la primera diferencia estriba en que, mientras que en las regiones extranjeras que acogen la migración por estilo de vida se espera que los nuevos inmigrantes sean consumidores activos de la zona, en el retorno rural japonés se espera que los migrantes participen en el desarrollo regional como trabajadores. En segundo lugar, mientras que el análisis de la migración por estilo de vida se centra en la percepción de los propios migrantes, el retorno rural japonés se centra en describir la interacción entre los migrantes y los habitantes originales de la región y los cambios que se producen entre ambos a nivel micro.
2. Análisis del fenómeno del retorno rural japonés
Tras una breve revisión de distintas modalidades de migración contemporánea, en este apartado se analiza el contexto histórico y social de Japón, para comprender el constante vaivén de los japoneses entre el campo y la ciudad, desde la modernización del país en el siglo xix. Así, esta investigación pretende analizar la actualidad del retorno rural japonés, que ha cobrado importancia en las dos últimas décadas.
2.1. Análisis histórico y social del retorno rural japonés
En Japón, después de la Segunda Guerra Mundial, los jóvenes campesinos comenzaron a emigrar a las grandes ciudades en busca de nuevas oportunidades laborales. Según Masuda (2014), esta movilización puede dividirse en tres etapas hasta 2010 debido a la tendencia de la movilidad demográfica. La primera etapa coincide con el periodo de rápido crecimiento de la economía japonesa entre 1960 y 1973, cuando se registró la mayor cantidad de migración histórica desde el campo. Los jóvenes campesinos se incorporaron a la mano de obra de las industrias pesada y química de las tres áreas metropolitanas (Tokio, Nagoya y Osaka) mediante el empleo colectivo.
Sobre esta tendencia de intensa despoblación, Matsuo (1971) presenta el caso de estudio de la prefectura de Shiga, en el que se exponen las dificultades de la reproducción económica y social de una comunidad debido a la difícil naturaleza del terreno, las deficientes bases de producción agrícola, el descenso significativo del número de agricultores y silvicultores, la falta de instituciones educativas cercanas, entre otras razones. En el Nuevo Plan Nacional de Desarrollo Integral (Kokudokōtsushō, 1969), la despoblación rural (kaso) aparece como una de las principales preocupaciones del Gobierno japonés con el diagnóstico de hiperconcentración continua de la población en las grandes urbes, como Tokio, Nagoya y Osaka.
Como resultado de esta concentración urbana y semiurbana, el medio ambiente de estas ciudades comienza a deteriorarse significativamente, lo que, aunado con el freno económico causado por la primera crisis petrolera (1973), provoca que la movilidad migratoria campo-ciudad comience a estabilizarse. Sin embargo, la segunda oleada no se hizo esperar mucho tiempo a raíz de la burbuja financiera entre los años 1980 y 1993. En este periodo, mientras Tokio y su región aledaña experimentaron un notable crecimiento económico, sobre todo en los sectores de servicios y financiero, las industrias pesada y química, situadas en las zonas rurales, sufrieron el efecto de la apreciación del yen, por lo que perdieron competitividad. Como consecuencia, se amplió la brecha interregional en el poder económico entre las zonas urbanas y rurales, y se produjo una importante afluencia de población de las zonas rurales al área de Tokio (Masuda, 2014).
Tras la quiebra de esta burbuja, la migración interna japonesa entre campo-ciudad se estabiliza por un periodo breve. No obstante, a partir del año 2000 dará inicio el tercer periodo de migración debido a la situación económica y laboral de las zonas rurales, donde la situación empeoró por impacto de la fortaleza del yen en la industria manufacturera, el declive de los proyectos de obras públicas y el descenso de la población. Esto provocó una nueva movilidad de población de las zonas rurales al área de Tokio, sobre todo de jóvenes, afluencia que se ha mantenido hasta la actualidad. Esta tendencia se mantuvo hasta la pandemia de COVID-19, cuando se observó un aumento de la emigración desde Tokio (Sōmushō, 2024), aunque esto volvió a la normalidad cuando se controló la pandemia.
Según Masuda (2014), mientras que los primeros dos periodos fueron de atracción debido al “aumento de la capacidad de absorción de empleo” de las áreas metropolitanas, el tercer periodo representa un factor de empuje debido al declive de la economía y la capacidad de empleo del campo y de las ciudades regionales. En las áreas metropolitanas no se ha producido necesariamente un aumento del empleo atractivo, ya que se han incrementado los empleados no permanentes o informales. Por tanto, esto significa que la base económica y de empleo del campo se está hundiendo, lo que indica que estas regiones están entrando en un “proceso de extinción” (p. 31).
Frente a esta situación, para detener la tendencia a la concentración de la población en las áreas metropolitanas, el informe de Masuda (2014) defiende la importancia de reconstruir las “líneas de defensa y reversión” con el fin de frenar la migración de la población de las zonas rurales a las urbanas (p. 48) y, como medida para lograrlo, recomienda reforzar el rol de los centros regionales y los municipios más pequeños para que se conviertan en “ciudades compactas” (pp. 51-55). Todos estos elementos mencionados apuntan hacia la direccionalidad que sigue vigente desde la segunda y la tercera administraciones de Shinzō Abe, como primer ministro de Japón (2013-2021), representada por la palabra “elección y concentración”.9 Masuda fue, de hecho, una de las personas clave del Gobierno japonés de aquel entonces, quien influyó directamente en la toma de decisiones de algunas políticas relacionadas con la “recreación regional” o la “revitalización regional”.
Actualmente, esta perspectiva de la desaparición del campo ha sido heredada por los nuevos actores empresariales. La “multipolaridad poblacional” (Tomiyama, 2022), que propone un conjunto de concentraciones de habitantes en las ciudades regionales en busca de la eficiencia con el desarrollo de la tecnología digital, es una de estas visiones. Esta estrategia nuevamente representa la resignación y el abandono de los pueblos en proceso de despoblación, lo que trae consigo un crecimiento económico que, según esta ecuación, podría llegar con la concentración poblacional en las urbes regionales digitalizadas. Así pues, el gradual abandono del campo es una tendencia latente en la planificación política de estas décadas del Gobierno japonés. En el fondo de estas visiones subyace el principio neoliberal, que procura la eficiencia en la gestión de las políticas estatales, y que ignora por completo el fenómeno del retorno rural que ha tenido lugar en distintos momentos de la historia japonesa. Sin embargo, en realidad, en la configuración del Estado-nación moderno japonés, la urbanización y el retorno a la ruralidad son elementos que se han ido combinando y alternando.
Por ejemplo, en la historia posterior al aislamiento en el periodo Edo, la sociedad rural japonesa comienza a experimentar transformaciones modernas desde la era de Meiji (periodo entre 1868 y 1912). Al respecto, Yanagita (2000), uno de los investigadores del folclore japonés más importantes, junto con su oficio como agrónomo, mostró su preocupación por estas transformaciones desde la temprana etapa. Siguiendo su perspectiva, la dicotomía entre la ciudad y el campo es el producto directo de la modernización de Japón, que hizo que los campesinos perdieran la autoestima y el orgullo ante la desigualdad que se intensificó en aquella época entre estos dos espacios. Como una respuesta ante esta situación, Yanagita planteaba que el número de agricultores tenía que reducirse para crear “agricultores medianos” con acceso a más tierra, mientras que, por otro lado, proyectaba la creación de pequeñas industrias aledañas para absorber a la mano de obra que dejó la práctica agrícola a raíz de la anterior modificación. La propuesta de Yanagita no se tuvo en cuenta en el contexto de aquel entonces, en el que el Estado japonés se inclinaba por proteger el sector primario con políticas de subvenciones estatales (Sato, 2023).
En consecuencia, la perspectiva liberal de Yanagita fue rechazada por el agrarismo militarista y nacionalista de Japón de aquella época, en la que algunos intelectuales a escala pequeña reivindicaban incluso la necesidad del retorno a la vida campesina, sobre todo en la era de Taishō (periodo comprendido entre 1912 y 1926). Al respecto, Muramatsu (2017) menciona que la motivación del retorno rural de estos intelectuales fue producto del conflicto entre las tradiciones confucianas y la modernización occidental apresurada del periodo Meiji. Sin embargo, cabe señalar que la perspectiva ruralista de esta época era sumamente individualista, ya que estos migrantes no buscaban construir una comunidad con los habitantes originales de las aldeas rurales (pp. 174-175).
Posteriormente, en la época temprana de Shōwa, hubo un periodo en el que el Gobierno animó a la ciudadanía a volver a los pueblos en medio del creciente desempleo urbano tras la Gran Depresión (1929). Esto coincidió también con el periodo en que se recomendó la colonización de Manchuria10 en respuesta a la difícil situación económica de las zonas rurales (Hayamizu, 2018). Después de la Segunda Guerra Mundial, como se ha descrito anteriormente, muchos campesinos se dirigieron a las grandes urbes en proceso de industrialización.
En los setenta, inmediatamente después de la derrota del movimiento estudiantil de 1968, los jóvenes volvían a sus pueblos natales en pequeña escala o, como representan la lucha de Sanrizuka11 (a partir de 1966) o algunas iniciativas ecologistas de la época, migraban a espacios que no eran de su origen. Esta década, en este sentido, con la crisis medioambiental y la quiebra de la perspectiva desarrollista convencional, representa una época en la que surgieron diversas iniciativas relacionadas con la revalorización del campo. Al respecto, Mitsuda (1987) categoriza estos tipos de movilidad de los jóvenes japoneses dentro del marco del neorruralismo. Para él, el neorruralismo es una noción hipotética que representa una regresión poblacional hacia el campo. Estos actores poseen valores y comportamientos que revalorizan el entorno confortable y el estilo de vida sencillo de las comunidades rurales, así como el valor no económico de la agricultura y la silvicultura. El impacto del retorno rural en Japón aún no se veía como en la actualidad, pero Mitsuda (1999) retoma algunas etnografías de personas que decidieron vivir en el campo en los setenta y que, por ciertas convicciones políticas, fueron conducidos para redireccionar sus miradas hacia la vida rural.
Así, en los años ochenta hubo un boom turístico hacia el campo hasta el periodo de la burbuja financiera. En esa época surgió la moda de vivir en pensiones rurales como vía de escape de la vida urbana e hiperconsumista. Esta tendencia se acentuó en la década de los noventa,12 cuando la economía japonesa se vino abajo y un creciente número de personas buscó el enriquecimiento espiritual en lugar de la opulencia económica a raíz de la decadencia pos burbuja financiera. Después, en la década de 2000, con la jubilación masiva de la generación de los baby boomers (llamada Dankai en japonés, generación nacida entre 1947 y 1949), se impulsó por el Gobierno nacional una segunda vida en los pueblos rurales dirigida a personas de mediana edad y mayores, con expresiones como “migración de la tercera edad” y “volver a la agricultura al jubilarse”. Así pues, durante estos diversos periodos de cambio social en Japón se produjo un movimiento desde las ciudades hacia el campo que dio lugar al fenómeno conocido como retorno rural (Kasami, 2018).
No obstante, a partir de la mitad de la década del año 2000, esta tendencia migratoria del retorno, que inicialmente se esperaba que afectara solo a las personas de la tercera edad, comienza a extenderse también a las personas de entre 20 y 40 años, sin importar su género o estado civil (Zushi, 2022, p. 69). Bajo este crecimiento del interés de la juventud por el retorno, el terremoto de Chūetsu de 2004 causó grandes daños en las zonas de deslave de las regiones montañosas, donde muchos jóvenes entraron como voluntarios y posteriormente fueron asignados por la prefectura de Nīgata como portadores de las medidas de apoyo a los recursos humanos de las zonas afectadas mediante la colocación de trabajadores regionales de ayuda a la reconstrucción, cuyos modelos se convirtieron en referencias para proyectos posteriores.
Además, la crisis financiera mundial de 2007-2008 tuvo un gran impacto en el entorno laboral y los estilos de trabajo de los jóvenes japoneses, y al año siguiente el Gobierno puso en marcha el Programa de Cooperadores para la revitalización regional. Así, la atención se centró en la agricultura, la silvicultura y la pesca en las aldeas de zonas montañosas e islas remotas, sentando las bases para que los jóvenes regresaran al campo. En este contexto social, Japón entra en una nueva fase con el Gran terremoto de 2011, que causó un devastador balance social y económico, y el accidente nuclear de Fukushima, cuyas consecuencias siguen presentes sin que se haya alcanzado un consenso social sobre el destino final de la contaminación. Esto desencadenó un movimiento hacia la “migración por evacuación”, principalmente entre las familias que buscaban seguridad y protección ante la posible contaminación nuclear, sobre todo en la zona oriental de Japón.
Los puntos anteriormente mencionados podrían ser razones de empuje para los migrantes jóvenes hacia la ruralidad; sin embargo, los teóricos neoliberales que promueven el abandono gradual de las regiones poco habitadas mediante nuevas concentraciones poblacionales suelen omitir consideraciones sobre diversos factores que impulsan a la población joven hacia el campo. Relacionado con ello, hay una nueva generación de teóricos japoneses que se está volcando en la revalorización de los bienes comunes con el objetivo de crear un espacio que funcione con una lógica distinta a la de las mercancías y el dinero (Saitō & Matsumoto, 2023). En este sentido, el campo japonés tiene una larga tradición de gestión de sus bienes comunes mediante un sistema asambleario que proviene del manejo conjunto del agua de los arrozales, el uso de los bosques y los recursos marinos como caladeros colectivos, cuyas formas de organización hace tiempo han sido estudiadas y, a la vez, olvidadas.
Por tanto, no es casualidad que recientemente haya una tendencia a revisar los modos de vida tradicionales desde el estudio del folclore japonés, entablando un diálogo incluso con las experiencias de otras disciplinas como la antropología (Wakabayashi & Hatanaka, 2023), que se suma a la actual tendencia del retorno rural y la reevaluación del campo como un nuevo espacio de reproducción social.
2.2. El campo como nicho: nuevas construcciones espaciales en el retorno rural
En el contexto ideológico y social descrito anteriormente, quizá nos inquieta la siguiente pregunta: ¿qué hacen los jóvenes cuando emigran a las zonas rurales? Al respecto, Sakuno (2016) presenta las motivaciones de estos jóvenes a través de los resultados de las encuestas y las entrevistas realizadas en la prefectura de Shimane. Según esta encuesta, Sakuno propone una tipología con cinco categorías de personas que se han mudado a las zonas rurales de la región (p. 336). La primera es el emprendedor social, quien crea modelos sociales para la región con un sentido de contribución social, por ejemplo, para la revitalización de pueblos agrícolas y pesqueros o para el mantenimiento de funciones económicas y sociales regionales. El segundo tipo de migrantes busca las industrias ligadas con la naturaleza, estos se trasladan a pueblos agrícolas y pesqueros, puesto que quieren trabajar en industrias naturales como la agricultura, la silvicultura, la guía de ecoturismo, la industrialización de especialidades locales, los restaurantes que utilizan productos de la granja local y los servicios de alojamiento. Como tercer tipo, hay migrantes con talentos particulares que pueden ejercer sin importar su lugar de residencia, como informáticos, diseñadores, artistas, osteópatas, etc., que buscan zonas con naturaleza para vivir. El cuarto tipo de personas busca un entorno adecuado para criar a sus hijos. En la actualidad, los municipios locales cuentan con diversos proyectos de apoyo para las parejas jóvenes, con el objetivo de evitar la despoblación progresiva de sus localidades. En este sentido, un número considerable de migrantes opta por trasladarse a zonas rurales, aprovechando las políticas de atención a la infancia que ofrecen beneficios tales como subsidios para gastos médicos, gastos de guardería y regalos por maternidad. Por último, en la quinta categoría se ubican aquellos migrantes que deciden regresar a sus pueblos de origen, donde sus familiares han vivido y heredan los negocios locales.
Las entrevistas realizadas por Sakuno demuestran que la razón directa de la migración de estos cinco tipos de migrantes a menudo ha estado determinada por las políticas locales de promoción de la migración y por el contacto personal con personas locales o con los promotores que encontraron en medio de la búsqueda (2016, p. 338). Con ello, se puede comprender que actualmente la relación social desempeña un rol principal en el retorno rural, pero se requieren más estudios de casos para continuar con el análisis del perfil y la razón de la migración y comprender así las motivaciones que pueden verse influidas por factores de empuje y atracción.
Para el asentamiento de los jóvenes en la zona rural, los desafíos más importantes son el empleo, la vivienda y la comunidad (Odagiri, 2014, p. 211). Respecto al primer punto, hay cambios en las perspectivas laborales de las nuevas personas que integran las zonas rurales, ya que algunos no creen que cobrar por un único puesto de trabajo sea la única forma de trabajar. En la práctica, en los pueblos agrícolas y de montaña a menudo no es posible sobrevivir con un solo trabajo, incluida la agricultura o la silvicultura, por lo que es necesario realizar diversos trabajos menores (Itō, 2012).
A partir de la naturaleza del campo, también se han creado nuevos puestos de trabajo en las zonas rurales mediante el agriturismo, la utilización de la biomasa para generar energía renovable y la promoción del consumo de carne de animales silvestres, etcétera (Odagiri, 2024, p. 112). Los casos exitosos de aprovechamiento de los recursos locales permiten crear los empleos que complementan los trabajos esenciales como la agricultura, la pesca o la silvicultura. Asimismo, el paisaje rural, la historia, la reutilización de casas o escuelas abandonadas para el uso común, la herencia y la renovación de industrias tradicionales, están creando nuevas oportunidades laborales en las zonas rurales en la actualidad.
Para ello, como señala Sakuno (2016), la experiencia de los jóvenes en el Programa de Cooperadores para la revitalización regional del Ministerio de Asuntos Internos y Comunicaciones, diseñado y gestionado por distintos niveles del Gobierno y la sociedad civil, posibilita la comprensión integral de los recursos de cada pueblo y su potencial para generar nuevos empleos en las zonas rurales. Los participantes del programa tienen la obligación de trasladar su registro del permiso de residencia al lugar al que sean enviados. En este sentido, el programa demanda un compromiso social para estos jóvenes, al mismo tiempo que les facilita su inserción en las comunidades rurales con las que en muchos casos no tienen relaciones previas.
Por tanto, se puede comprender que esta migración en el marco del programa es bastante particular, puesto que, como menciona Nishino (2024), los elementos como el compromiso social con la sociedad local y el perfil de migrantes que no son de clase alta ni de baja, difieren de las características de migración rural en los países extranjeros. Sin embargo, a la par, Nishino considera que este programa tiene ciertas contradicciones, porque estos jóvenes a menudo carecen de conocimientos específicos para la administración empresarial y, por tanto, el efecto de las políticas implementadas en las comunidades rurales por ellos mismos a veces genera dudas sobre su efectividad (p. 16). Además, a medida que aumenta el número de participantes, el ministerio no solo los envía a las zonas con un avance significativo de despoblación, sino también a las ciudades regionales que no están experimentando un descenso demográfico, lo que genera cierta incertidumbre sobre el alcance de este programa.
Otro asunto importante que atender frente al fenómeno del retorno rural es la vivienda de las nuevas personas que se incorporan al campo. En general, hay un número creciente de casas abandonadas en diversas zonas de Japón, cuya renta antes no era muy común debido a la escasez de información y a que los propietarios suelen mostrarse reacios a alquilar viviendas vacías por tener sus pertenencias dentro del predio (Odagiri, 2014, p. 212). Frente a esta situación, los municipios, junto con las ong y las empresas privadas, han creado bancos de viviendas abandonadas. Además, algunos municipios apoyan a los nuevos habitantes para que puedan rehabilitar estas casas, aunque los casos de reutilización de las viviendas vacías todavía son pocos frente al creciente número de casas abandonadas.
Por último, la creación de nuevos sentidos comunitarios es un reto para los migrantes y las personas originarias de las zonas rurales. La densidad de las relaciones humanas en el campo es algo con lo que no han tenido experiencia los migrantes que han vivido toda su vida en las grandes ciudades. Asimismo, a veces, estas comunidades pueden resultar muy cerradas para los nuevos integrantes. Sin embargo, hay pueblos como el de Nachikatsuura, en la prefectura de Wakayama, donde los migrantes llegan continuamente y aproximadamente la mitad de los habitantes son originarios de fuera del pueblo (Nishimura et al., 2015).
En fin, los municipios rurales están acumulando experiencias de reconstrucción comunitaria a través de ensayos y errores. No obstante, las investigaciones sobre el retorno rural requieren más registros y estudios, sobre todo cualitativos, de casos que nos permitan comprender el impacto que esto supone para los nuevos migrantes y la población local.
Conclusiones
A partir de 2015, el año en que se comenzó a adoptar el concepto de retorno rural en el ámbito gubernamental, las investigaciones sobre la eficacia de las políticas a escala nacional y local han visto un avance, especialmente en el marco de las teorías políticas y migratorias. Sin embargo, en términos de la acumulación de investigaciones cualitativas que analizan el grado de integración de estos migrantes, todavía parece ser insuficiente para entender la complejidad de este fenómeno migratorio. Se espera que, en los próximos años, con el aumento de la población que busca nuevos espacios en el campo, se profundice en los estudios para vislumbrar el futuro del campo japonés, que ha estado despoblado durante décadas.
Para ello, es necesario obtener una perspectiva más detallada mediante entrevistas con los nuevos integrantes de la comunidad rural. Los registros etnográficos serán fundamentales para ello, y a partir de la acumulación de estudios de casos y entrevistas habrá que investigar las razones de la migración y cómo cambian los sentimientos de los migrantes a medida que trabajan en la agricultura, la silvicultura o la pesca, si los nuevos campesinos están recuperando formas tradicionales de trabajo comunitario o si están surgiendo relaciones sociales completamente nuevas que se basan, o no, en los apoyos mutuos.
Por otro lado, este artículo expone también la existencia de otra vertiente del desarrollo rural que busca reducir el campo no eficiente, como es el caso de la propuesta de Masuda (2014), cuya perspectiva revela la falta de consideración sobre la población que puede llegar a vivir en la ruralidad. Para esta corriente, el retorno rural no es un fenómeno importante, por lo que no se toman en cuenta diversos factores de empuje de las grandes urbes, por ejemplo, en qué medida influye el empeoramiento general de las condiciones laborales en las ciudades para la migración rural o la ausencia de servicios pertinentes de bienestar para la generación joven que cría a los hijos. Esta perspectiva, fundamentalmente neoliberal, está estrechamente vinculada con la política estatal, en la que la revitalización del campo se lleva a cabo mediante el desarrollismo convencional de industrias, como es el caso de la apuesta por la fabricación de semiconductores en Japón.13
Además, en el contexto de la digitalización, el entorno laboral de las personas que migran a una vida rural está experimentando transformaciones. En este sentido, cabría decir que el aumento de la población joven que busca establecerse en las ciudades regionales o las zonas rurales refleja la nueva tendencia en el fenómeno del retorno rural, que se relaciona más bien con la migración por amenidad. Suzuki (2023) menciona que cada vez más se identifican migrantes en zonas rurales agrícolas y montañosas con un buen entorno natural y paisajístico cercanas a las áreas metropolitanas, especialmente en zonas de vacaciones con buen acceso al transporte público.
Al respecto, Suzuki señala la existencia de migrantes en edad laboral en Karuizawa, en la prefectura de Nagano, que han desarrollado sus propios estilos de vida, haciendo uso del tren bala y aprovechando la flexibilidad horaria laboral. Los migrantes que se han visto en Karuizawa y sus alrededores en los últimos años son distintos a la imagen prevista por la teoría del retorno rural, ya que no están necesariamente comprometidos con las causas locales de los municipios y comunidades. Es decir, existe la posibilidad de que el retorno rural japonés, cuya causa inicial estaba ligada al compromiso local, se convierta en la gentrificación rural.14
En cualquier caso, a mediano y largo plazo serán necesarias nuevas políticas de asentamiento y estabilidad, a medida que se normalice y madure el fenómeno del retorno. En áreas rurales donde se ha experimentado un declive poblacional, que ha resultado en la desarticulación de ciertas infraestructuras, se torna indispensable la generación de entornos rurales sostenibles, evitando tanto la superpoblación como el despoblamiento. Este propósito puede lograrse mediante la implementación de innovaciones tecnológicas en los campos médico y educativo, entre otros. Con todo, se evidencia la necesidad de una mayor cooperación entre la administración estatal, la municipal, y las comunidades locales, sobre la que se cuenta en la actualidad.










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