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Diálogos sobre educación. Temas actuales en investigación educativa

versión On-line ISSN 2007-2171

Diálogos sobre educ. Temas actuales en investig. educ. vol.14 no.27 Zapopan jul. 2023  Epub 25-Nov-2024

https://doi.org/10.32870/dse.v0i27.1382 

Paisajes nítidos

Hilvanando mi camino por la investigación educativa

Stringing together my way through educational research

Itziar Scarlet Gallegos Ruiz* 

*Maestra en Ciencias Educativas. Doctorante en Educación. Líneas de Investigación: educación preescolar, la educación indígena y educación inclusiva. Universidad de Guadalajara. México. itziar.gallegos3763@alumnos.udg.mx


La escritura de mi ecuación personal, en un primer momento, responde a las siguientes preguntas: ¿por qué escogí dedicarme al ámbito educativo? ¿Por qué decidí ser licenciada en educación preescolar? ¿Cómo me aproximé a la investigación educativa? ¿Cómo llegué al servicio indígena? ¿Cómo arribé a Baja California? ¿Por qué me interesa trabajar con las docentes indígenas? ¿Por qué elijo la inclusión? En un segundo momento, refleja las habilidades que he forjado a lo largo de los años y cómo éstas han moldeado mi personalidad. En un tercer y último momento, expone las habilidades que me faltan por desarrollar para mejorar mis interacciones sociales.

He estado relacionada con el ámbito educativo desde mi nacimiento, porque provengo de una familia de docentes. Por una parte, mis abuelos maternos fueron maestros de primaria (abuelo) y de preescolar (abuela). Por otra parte, mis papás -hasta la actualidad- son docentes del nivel primaria. Desde que tengo memoria los acompañé a sus escuelas y fungí el papel de “oyente” en sus salones. Recuerdo que desde muy temprana edad quise seguir la línea familiar y ser maestra como ellos.

Si bien desde pequeña sabía que quería pertenecer al gremio magisterial, no definí si quería pertenecer al nivel primaria o preescolar hasta meses antes de presentar el examen para ingresar la Normal. Tomé la decisión gracias a que en el bachillerato en que estudié me permitieron observar e interactuar con docentes y niños de ambos niveles. Desde aquel momento de mi vida supe que quería ser maestra de educación preescolar.

Con claridad en mi futura carrera, presenté el examen de ingreso en la Benemérita Escuela Normal Veracruzana (BENV) “Enrique C. Rébsamen” para estudiar la Licenciatura en Educación Preescolar, y posteriormente fui aceptada. En mi último año de la carrera conocí la existencia de la investigación educativa mientras realizaba mi documento recepcional. Un pilar en mi acercamiento al ámbito académico fue mi hermano, quien en aquel entonces, cursaba sus estudios de posgrado. Él tuvo la paciencia de explicarme a grandes rasgos de qué se trataba la vida académica, me permitió acudir a algunas de sus clases y me enseñó por primera vez cómo utilizar una base de datos. Me interesé mucho más en la investigación cuando, al terminar mi tesis, fui motivada por mis maestras para presentar mis hallazgos en el Congreso Internacional de Educación de la Universidad de Tlaxcala. En el mismo periodo, fui invitada por el Cuerpo Académico Innovación Educativa en la Sociedad del Conocimiento de la BENV para exponer mi experiencia en el congreso anteriormente mencionado frente a estudiantes de tercer año de la licenciatura.

Gracias a aquellas primeras experiencias, un par de años después de graduarme decidí postularme para ingresar a la Maestría en Ciencias Educativas en el Instituto de Investigación y Desarrollo Educativo de la Universidad Autónoma de Baja California (IIDE-UABC). Llevé a cabo el proceso de selección y al poco tiempo fui aceptada. Para estudiar la maestría me trasladé de mi ciudad natal (Veracruz) a Ensenada, Baja California, en donde viví por casi dos años. Durante mi estancia y mi recorrido por la maestría me adentré en la educación indígena. Comencé a conocer acerca de las poblaciones indígenas, sus características y necesidades. Me informé también sobre las restricciones a las que históricamente se habían enfrentado y cómo éstas habían repercutido o, en el peor de los casos, continuaban reproduciéndose en la actualidad. Particularmente, en Ensenada noté el gran número de migrantes que se asentaban en la zona; descubrí que muchos de ellos provenían de poblaciones indígenas de diversos estados del país y que habían llegado al estado para emplearse como jornaleros migrantes. En mis primeros acercamientos al campo, vi las condiciones de marginación y pobreza que imperaban en la periferia de la ciudad, donde habitaban los pobladores indígenas migrantes.

Al involucrarme directamente con los preescolares indígenas, me percaté de que era un servicio educativo que sólo se brinda en 24 de los 32 estados del país -a pesar de que hay presencia de población indígena en todos ellos- y que existía una gran variedad lingüística y cultural en las aulas bajacalifornianas. Interactué con las maestras y descubrí su ardua labor educativa, la cual comprendía desde la fundación de las escuelas (sin aulas y ningún material educativo) hasta la actualidad (realizando una serie de gestiones para mejorar las condiciones para la enseñanza y el aprendizaje de sus estudiantes). Asimismo, supe que se les solicitaba dar clases en español y en la lengua materna de sus estudiantes, situación que se les dificultaba ante el multilingüismo. A partir de mi interacción con ellas descubrí que eran mujeres fuertes quienes, a pesar de sus historias llenas de carencias, luchaban por aportar un granito de arena a las poblaciones indígenas desde la educación; razón por la que les tengo un profundo respeto y admiración.

El cúmulo de situaciones que se presentaban en la vida cotidiana de los preescolares indígenas bajacalifornianos me llenó de interés y motivación para trabajar en el servicio y en el nivel desde la resiliencia en lo cotidiano. Posteriormente, me percaté de que era un ámbito poco estudiado, a pesar de que el preescolar es un nivel fundamental para el desarrollo futuro de quienes lo cursan y de que las poblaciones indígenas son patrimonio cultural, razón por la que creció aún más mi interés por el binomio educación preescolar-población indígena.

Al culminar la maestría fui contratada por los miembros del Cuerpo Académico Discurso, Identidad y Prácticas Educativas del IIDE-UABC para trabajar en el proyecto titulado: “Otras realidades de la educación indígena. Baja California: grupos nativos, indígenas migrantes, no indígenas y retornados internacionales”, en donde llevé a cabo trabajo de campo con observación etnográfica a las actividades de primarias adscritas al subsistema de educación indígena del estado. En este trabajo no pude abordar temas relacionados con la educación preescolar; sin embargo, me permitió ampliar mi conocimiento sobre las comunidades educativas del servicio indígena. Además, conocer las experiencias educativas de dos docentes indígenas durante la emergencia sanitaria.

Renuncié al trabajo antes mencionado porque tuve la fortuna de ser aceptada en el Doctorado en Educación de la Universidad de Guadalajara. En el posgrado, he tenido la oportunidad de abordar nuevamente el tema de los preescolares indígenas de Baja California, pero ahora mi interés está dirigido hacia la inclusión. ¿Por qué estoy eligiendo la inclusión? Porque, a partir de lo que he leído, me he percatado de que la política pública la plantea desde diversos aspectos, entre los que se encuentra la población indígena. En los documentos oficiales se propone como una meta alcanzable que contribuirá en el cumplimiento del derecho a la educación de todos los infantes; no obstante, desde mi experiencia en las comunidades indígenas, me surge el interés por averiguar si es posible o no llevarla a cabo en los contextos en los que se desenvuelven, en muchas ocasiones permeados por las carencias y la desigualdad.

Como he intentado explicar, a lo largo de mi trayectoria educativa he tomado ciertas decisiones que han guiado mi ecuación personal hacia un interés genuino por la educación preescolar indígena en Baja California. Asimismo, en esta trayectoria he tenido la oportunidad de formarme como investigadora no sólo en el ámbito académico, sino también en el personal. He adquirido habilidades que me han permitido congeniar con las maestras de educación indígena, supervisores de las zonas 715, 711 y 717, apoyos técnicos escolares, secretarias del servicio, padres de familia, estudiantes y con el coordinador de Educación Indígena del estado.

Cada etapa de mi vida me ha brindado habilidades específicas. Mi experiencia en una familia de maestros y mi formación docente me han permitido tener conocimiento de primera mano de lo que significa la labor docente, la cual va más allá de las aulas. Por ejemplo, el tiempo dedicado a las planeaciones, la elaboración de materiales didácticos, la organización de festivales o el llenado de documentación oficial requeridas por las autoridades.

Mi experiencia como docente e investigadora me centró en qué cosas hacer y no hacer durante la observación participante en las escuelas. Por ejemplo, no permanecer sentada todo el tiempo, acomedirme en las actividades escolares, ser puntual y respetuosa, tener una actitud positiva, entablar relaciones de confianza con los docentes antes de tratar de hacer algún tipo de entrevista, no tener miedo a ensuciarme o a hacer el ridículo, escuchar atentamente a quienes dialogan conmigo, jugar con los niños si así lo desean, responder a los imprevistos que se susciten, entre otros.

El compartir con los colectivos escolares indígenas de Baja California, que mi padre sea oaxaqueño y se mudó a Veracruz por cuestiones laborales, o que yo soy una persona originaria de Veracruz que migró a Baja California para estudiar, y que posteriormente se trasladó a Guadalajara con el mismo propósito, me ha permitido conectar con la población migrante. Principalmente, compartir esas experiencias me ha abierto las puertas a conversaciones en las que he podido conocer las razones por las cuales, docentes, autoridades educativas y padres de familia decidieron trasladarse a Baja California. Algunos miembros de los colectivos escolares han compartido conmigo sus motivos para migrar, en sus propias palabras: “porque yo entiendo lo que significa dejar tu lugar de origen”.

De manera general, quiero destacar que aspectos de mi personalidad, como la tenacidad, el respeto, la empatía, la comunicación, la capacidad de adaptación, entre otros, han sido catalizadores en mi desempeño dentro del ámbito de la investigación educativa. Así como tengo aciertos en mi personalidad, tengo otros por trabajar, como mis nervios, por ejemplo. Soy una persona nerviosa, especialmente cuando me presento ante personas nuevas o al exponer frente a un público (como en los coloquios de investigación o congresos). Cuando esto me ocurre, comienzo a hablar muy rápido, tanto que en muchas ocasiones las personas con las que estoy dialogando no entienden lo que quiero decir. Mantener la calma es una habilidad en la que estoy trabajando y que espero desarrollar en su totalidad antes de concluir el programa doctoral.

Quiero cerrar este escrito destacando que el redactar mi ecuación personal me permitió ser consciente de que lo que me interesa estudiar se relaciona directamente con mi historia de vida y mis experiencias pasadas. Inconscientemente, las decisiones que he tomado -por muy aleatorias que parecían en su momento- hilvanaron mi camino en la investigación educativa.

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