El libro de Carl Henrik Langebaek aborda desde otra perspectiva el tema de la Conquista española, en el entendido de que se han escrito sobre el tema múltiples obras que tocan el asunto de manera muy especializada o focalizada en las regiones de México y de Perú, donde como lo señala el autor “la Conquista tuvo características distintas a las del trópico donde vivimos”. Langebaek es un antropólogo, arqueólogo e historiador con una trayectoria académica destacable y cuyos esfuerzos investigativos han estado dirigidos hacia el estudio de las culturas precolombinas.
Langebaek busca en el libro Conquistadores e indios demostrar lo equivocado de los tres mitos generalizados sobre la Conquista española. Según el autor, la mayoría de los textos que abordan la Conquista “suelen presentar a los españoles como dueños de toda iniciativa, mientras que los indios y los negros fueron victimas pasivas, apenas espectadores incapaces de cualquier cosa” (p.13). Así mismo, el autor considera que “el segundo mito es que la Conquista solo se puede entender a partir del choque entre valores culturales rígidos, presentados por una cultura superior, la española, a la cual le quedaba imposible negociar con culturas supuestamente inferiores” (p.14). Finalmente, como tercer mito, el autor plantea que “la Conquista es que las sociedades indígenas son vistas, no solo como un conjunto homogéneo, sino también completamente carentes de historia” (p.14). Frente a todo ello, Langebaek pretende demostrar lo equivocado de los tres mitos mencionados, ya que “los indios y los negros no fueron siempre victimas pasivas de la Conquista y respondieron de la mejor manera al reto” (p.15).
Las inquietudes presentadas no son nuevas en la historiografía sobre la Conquista. El trabajo de Tzvetan Todorov, La conquista de América. El problema del otro, es un ejemplo entre otros, donde a través de una interpretación original, llena de nuevos desbordamientos reflexivos sobre el proceso de descubrimiento y conquista de América, se muestra la utilidad de este evento no solo para entender los nuevos procesos de globalización y penetración del capital en todo el mundo, sino también para reconocer la importancia del conocimiento etnográfico como instrumento de dominación.. En la línea de Langebaek, Sverk Arnoldsson trata de dar respuesta a las preguntas ¿Condujo la Conquista a algo malo o a algo bueno? ¿Fue la Conquista una acción salvaje, la cual, en interés de los conquistadores, sojuzgó o, de otro modo, perjudicó a los indios, o fue una cruzada, que, desde otro punto de vista, liberó o, de otra forma, benefició a los indios? . También la mirada crítica de los trabajos realizados por Silvio Zavala y Hanke Lewis a mediados del siglo pasado da testimonio de las discusiones alrededor del tema, pero este ha sido motivo de reflexión, análisis y discusión desde el mismo momento en que los europeos tocaron tierra americana.
La obra de Langebaek está dividida en doce apartados en los que trata de responder, entre otros, a los siguientes interrogantes: ¿Cómo se organizaba una hueste conquistadores? ¿Es cierto que algunos indígenas participaron en las expediciones del lado de los europeos?¿Cuál fue el papel de las mujeres?¿Se hubiera podido construir América sin esclavos negros?¿Lo único que buscaban los europeos era oro? Se trata de presentar una visión general que permita comprender cómo se dio el proceso de conquista en el trópico. En el primer apartado, Langebaek se pregunta por “las razones que en mayo de 2007 llevaron a los indígenas misak del Cauca a derribar la estatua de Gonzalo Jiménez de Quesada, en la plazoleta de la Universidad del Rosario, en pleno centro de Bogotá”. De este modo, inicia su disertación acerca de la sociedad conquistadora mostrando el contexto de la sociedad española del siglo XV, de tal manera que se pueda entender la Conquista como “una época de lealtades dudosas, desorden, insurrecciones y duros enfrentamientos entre los propios conquistadores”, un aspecto ya reseñado por Juan Fride..
En el segundo capítulo hace un análisis de la Conquista a través de fuentes secundarias y propone, en la medida en que avanza en su disertación, la revisión de dichas fuentes como complemento a su análisis. Las fuentes secundarias empleadas por el autor son abundantes y toman sentido cuando va construyendo los argumentos para darle peso a la reflexión. En este apartado los temas que pone en la palestra son El Darién, Cartagena, Santa Marta y la conquista de los muisca, foco de atención del investigador, no solo como arqueólogo sino como historiador..
El tercer apartado pretende dar respuesta a la pregunta ¿cómo se organizaba una hueste? Para ello se vale de diferentes ejemplos, indicando la suerte de contar con la fuente primaria del encomendero Bernardo de Vargas Machuca,. contemplando aspectos singulares como el miedo, el reparto y la comparación entre los pueblos indígenas y las ciudades españolas. Llama la atención la pregunta que hace el autor sobre ¿qué tienen que hacer los conquistadores para poblar una región?, cuya respuesta encuentra en el relato de Vargas Machuca.
En un cuarto bloque, titulado “El lado español”, Langebaek continúa con el tema de la migración española a América a lo largo del siglo XVI, con el propósito de mostrar la imagen de estos españoles al margen de los mitos y aclarando que la mayoría de los migrantes no formaron parte de las huestes conquistadoras. Los dos siguientes capítulos los dedica al análisis de las sociedades indígenas, donde refuta la idealización de las sociedades nativas de América, pero también la idea de que los indígenas eran gente ingenua o imbécil y hace hincapié en el trauma que representó para ellos la Conquista. Ello permite a Langebaek adentrarse en la medula de la Conquista y profundizar en la conjugación de las etnias y el surgimiento del mestizaje como proceso natural de la interacción de dos culturas que comienzan a convivir, poco a poco. Describe el proceso de mestizaje a partir de abundantes fuentes que muestran mestizos exitosos, caciques mestizos, mestizos conquistadores. También están presentes las mujeres españolas, las mujeres indígenas y la llegada de los esclavos negros y su papel en la Conquista.
Un interés especial reviste el séptimo capítulo, titulado “Los renegados”. La pretensión de Langebaek es mostrar la desobediencia abierta del Nuevo Mundo frente a ciertas decisiones de la Corona. El autor hace un estudio comparativo con varias de las reflexiones de la obra de Robinson Crusoe y cierra el capítulo reflexionando sobre las circunstancias de los españoles ante la aceptación de las costumbres y rituales, reconociendo de alguna manera la superioridad de los conquistadores alrededor de las creencias y la fe.
En el octavo apartado, “Alimentación y Paisaje”, Langebaek analiza la manera en que la conquista y colonización de América transformó el mundo, a la vez que el Viejo Mundo trasformaba de manera significativa al “nuevo continente”. El autor se centra especialmente en el trasvase de plantas y animales. Es importante considerar que la reflexión esta cargada de fuentes secundarias que visibilizan la trascendencia del intercambio cultural y sus efectos, no solo sobre la sociedad primitiva, sino en el mundo en general. Este proceso también fue mostrando sus implicaciones en el diseño de las nuevas estructuras sociales, de manera que el estatus o la clase social se determinaban también por los alimentos que las personas consumían. Se destaca el aporte que, desde la arqueología, hace el autor, en donde es visible la complementariedad de las disciplinas y el dialogo que el autor entabla para dar a entender al lector que la conjugación de las culturas europeas y americanas llegó a ser crucial para la conformación del mundo actual.
El noveno capítulo, “Lo feo de las cosas bellas”, está dividido en tres partes que hacen referencia a la explotación de las perlas, las esmeraldas y los metales. La pretensión de Langebaek es mostrar la ambición de los conquistadores, buscando comprender lo que la explotación de las nuevas fuentes de riqueza significó para los europeos, pero también para los negros y los habitantes autóctonos del territorio.
En los últimos capítulos de la obra, Langebaek explica las consecuencias derivadas de un descubrimiento que no se esperaban los europeos, la manera como se interpretó el descubrimiento por todos los actores y quienes fueron realmente los beneficiarios de esta empresa magna, como China, que acumuló gran parte de la plata americana por medio del comercio de productos de lujo a Europa y América.
En resumidas cuentas, el libro contiene muchos elementos que contribuyen a la discusión que se ha presentado desde el mismo momento del descubrimiento, trata de dirimir a partir de nuevas fuentes primarias, complementadas con la literatura especializada sobre el tema, la leyenda negra del descubrimiento, sus matices e impacto en el mundo, concluyendo el autor que “la conquista [… ] fue un acto de barbarie, pero representó el preludio de un proceso más largo y doloroso, consistente en la imposición de una vida civilizada basada en la idea de que los “unos” y los “otros” son, y serán siempre, categorías absolutas en las que no caben las dudas ni el desorden”. La investigación que reseño constituye, por lo tanto, un aporte de primer orden al conocimiento de la Conquista, sus consecuencia e impacto, pero también destaca por la metodología y el análisis de las fuentes empleadas. Conquistadores e indios. La historia no contada es una obra de referencia para comprender los avatares de la Conquista.










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