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Tzintzun. Revista de estudios históricos

versión On-line ISSN 2007-963Xversión impresa ISSN 1870-719X

Tzintzun. Rev. estud. históricos  no.82 Michoacán jul./dic. 2025  Epub 30-Sep-2025

https://doi.org/10.35830/fxe4t770 

Artículos

México y Francia: de la caída del Segundo Imperio al restablecimiento de las relaciones diplomáticas y económicas (1867-1886)

Mexico and France: from the fall of the Second Empire to the reestablishment of diplomatic and economic relations (1867-1886)

Mexique et France : de la chute du Second Empire au rétablissement des relations diplomatiques et économiques (1867-1886)

Roberto Hernández Elizondo1 

1Universidad Autónoma de Tamaulipas


Resumen

Este trabajo describe la historia de las relaciones franco-mexicanas desde la caída del Segundo Imperio mexicano y la ruptura de relaciones oficiales y económicas con Francia hasta el momento de la reconciliación franco-mexicana y la firma de un Tratado de Amistad, Comercio y Navegación en 1886. El estudio destaca el impacto de este proceso sobre la historia económica de México en el marco del auge y debilitamiento de la influencia europea en la economía mexicana, que convirtió a Francia e Inglaterra en actores secundarios en la economía de México.

Palabras clave México; Francia; Diplomacia; Relaciones Económicas

Abstract

This work describes the history of Franco-Mexican relations from the fall of the Second Mexican Empire and the rupture of official and economic ties with France until the moment of Franco-Mexican reconciliation and the signing of a Treaty of Friendship, Commerce, and Navigation in 1886. The study highlights this process’s impact on Mexico’s economic history within the framework of the rise and weakening of European influence in the Mexican economy, which turned France and England into secondary actors in the Mexican economy.

Keywords Mexico; France; Diplomacy; Economic relations

Résumé

Cet ouvrage décrit l’histoire des relations franco-mexicaines depuis la chute du Second Empire mexicain et la rupture des relations officielles et économiques avec la France jusqu’au moment de la réconciliation franco-mexicaine et de la signature d’un traité d’amitié, de commerce et de navigation dans l’année 1886. L’étude met en évidence l’impact de ce processus sur l’histoire économique du Mexique dans le cadre de la montée et de l’affaiblissement de l’influence européenne dans l’économie mexicaine, qui a fait de la France et de l’Angleterre des acteurs secondaires de l’économie mexicaine.

Mots clés Mexique; France; Diplomatie; Relations Économiques

los antecedentes: el segundo imperio y la economía mexicana

En este estudio omitiremos los acontecimientos militares y políticos que condujeron a la intervención francesa y a la instauración de un Imperio en México, hechos bastante conocidos. Desde el inicio de su reinado, Maximiliano de Habsburgo tuvo que recurrir al endeudamiento para cubrir los gastos públicos. El emperador recibió un primer préstamo de 174 millones de francos; un segundo, por 110 millones de francos, ambos en 1864; un tercero por 250 000 de francos en 1865, para una suma total de 534 millones de francos, equivalentes a 107 millones de pesos.1 En la deuda externa mexicana habrá que agregar el préstamo que recibió el gobierno de Juárez en el exilio por 2.9 millones de pesos, que después de las deducciones percibió un total de 1.9 millones.2 Aunque México quedó altamente endeudado, no se puede negar que una parte de estos recursos se invirtieron en infraestructura ferroviaria, navegación, puentes, exploración de los litorales y costas, todo esto como parte de un gran programa liberal burgués en preparación; mientras otro segmento se destinó a cubrir indemnizaciones a los franceses que presentaban reclamaciones antiguas por un total de 40 millones de francos.3

Napoleón III no tenía la intención de restablecer las tierras arrebatadas por los liberales locales a la Iglesia, asegurar privilegios exclusivos o sostener a una monarquía despilfarradora. Los propósitos de fondo eran recuperar los gastos de la campaña, mantener el control político del país y, a más largo plazo, promover la explotación económica de su territorio. En suma, el imperio mexicano, fue creado para obtener ventajas de todo tipo, fundamentalmente económicas. Francia buscaba además aprovechar la posición geográfica de México para extender su influencia en América del Sur y para comerciar con el sur estadounidense, su principal proveedor de algodón y otras mercancías. Durante las primeras etapas del conflicto norteño parecía que todo eso iba a suceder.

Si el norte perdía la guerra interna el gobierno francés reconocería de inmediato al sur, negociando con él una buena convivencia. La Confederación, por su parte, mostraba simpatías por la instauración de un imperio francés en México, se proyectaba a futuro como el gran abastecedor algodonero de los intereses textiles de México y Francia y como comprador nato de manufacturas de lujo francesas. Francia había sido la primera potencia extranjera en reconocer la independencia de Texas en 1839 y más tarde se convirtió en un gran cliente del algodón texano. Para aprovechar a la cabalidad la colonización económica de México y la relación con el sur confederado era imprescindible alcanzar la pacificación del país latinoamericano y adecuar las infraestructuras (caminos, vías ferroviarias, puentes, puertos, empresas fluviales), promover cambios legislativos e incrementar los intercambios fronterizos.

Sin embargo, el desafío no era fácil. Maximiliano heredó una economía mexicana en crisis. El crónico abatimiento de la minería de metales preciosos y de los establecimientos textiles, el proyecto ferroviario inacabado; el control de algunas aduanas por el enemigo; las confiscaciones y robos al transporte terrestre de mercancías…, describen en grandes líneas a una economía caótica. El imperio enfrentaba además una guerra civil y las resistencias guerrilleras en diferentes puntos del territorio que impedían alcanzar el control total. En los hechos había dos gobiernos, dos proyectos de nación enfrentados, con sus respectivas leyes y acciones políticas, comprendida la imposición de aranceles en el comercio exterior.

Maximiliano promulgó la Ley Imperial de Colonización; la Ley Imperial sobre Trabajo Libre, prohibió el peonaje y otorgó derechos a los trabajadores del Imperio; así como la ley para dirimir diferencia sobre tierras y aguas entre los pueblos. Por último, en 1865 intentó ganarse el apoyo de los campesinos indígenas suprimiendo las tiendas de raya.4 Estas disposiciones buscaban legitimar su proyecto de gobierno y sentar las bases para un desarrollo económico futuro con alguna base social.

Maximiliano proyectó la creación de un Banco con 7 millones de pesos sustraídos del empréstito de Miramar,5 y más tarde promovió una reforma arancelaria; e inauguró la Dirección de Caminos del Imperio, dedicada a abrir caminos, puentes y rieles. Para tal fin demandó la contratación de ingenieros franceses.6 En octubre de 1865 destinó 200.000 pesos a la compra de material, máquinas y rieles para la construcción de los caminos del imperio7 y solicitó a la marina francesa trasladar gratuitamente desde Francia rieles, maquinaria y otros utensilios destinados a la fabricación de caminos. A finales del año 1865 con la ayuda de ingenieros militares comenzaron los trabajos del ferrocarril entre Perote y Xalapa y se construyeron también cables submarinos entre el cabo San Antonio al Cabo Catoche y de este a Veracruz.8

Estos y otros proyectos formaban parte de un gran proyecto de corte liberal-burgués que se quería implantar en el país. Eduard Dalloz llevó a cabo encuestas en distintas provincias del Imperio para contabilizar y evaluar la importancia de los recursos naturales, productivos y sociales del país con propósitos de inversión.9 El plan de desarrollo impulsado por Francia seguramente no contemplaba una transformación general del país, en beneficio de sus habitantes, sino tan solo explotar áreas y regiones específicas en beneficio de sus intereses. Buscaba el desarrollo de enclaves mineros, agrícolas y forestales, la creación de focos industriales y la modernización de los transportes marítimos y ferroviarios. Perseguía también el rescate de los viejos centros mineros, productores de plata, oro, cobre, etc., algunos mal explotados o en total abandono. Para conseguir tales propósitos se esperaba la llegada de capital de origen francés, británico y de origen holandés.10

La transición mexicana al capitalismo necesitaba partir de focos de riqueza primitiva; construir infraestructura de caminos y transportes, promover la llegada de capitales externos, negociar con la clase productora y liberar o atraer contingentes de mano de obra, estrategias que fueron promovidas insuficientemente durante el Imperio. No hubo tiempo ni condiciones adecuadas para su realización, aunque se desarrollaron varias actividades que favorecieron la acumulación primitiva de capital, y cuyos beneficios quedaron guardados en las arcas privadas para ser reactivados en el futuro. Sobresalen el comercio interfronterizo, predominantemente algodonero; la importación y comercio interno de manufacturas europeas; y la producción y comercio de textiles, tabaco, palo de campeche y otros productos convertidos en fuentes de acumulación primitiva.

El comercio exterior se convirtió en una importante fuente de acumulación original de capital durante el imperio. En el noreste mexicano, Santiago Vidaurri, gobernador de Nuevo León, controló las aduanas tamaulipecas y coahuilenses y alentó el intercambio comercial con la economía texana durante la Guerra de Secesión. El movimiento inter- fronterizo empleó más de tres mil carretas para el transporte del producto, favoreciendo la circulación de dinero texano en México.11 El algodón iba desde Texas hacia Monterrey al ritmo de 2000 pacas mensuales, y el viaje de regreso incluía toneladas de pólvora destinadas a San Antonio.12 Por la frontera se importaba maíz, pieles y cueros, paños, azúcar, azogue, trigo, harina, maíz, pieles y cueros, medicinas de los Estados Unidos y Europa, los caballos, mulas y cuerdas.13 México exportaba al sur estadounidense, cobre, plomo, azufre, pólvora y nitrato, así como manufacturas francesas. A través de Matamoros se desarrolló un intenso tráfico legal e ilegal de mercancías.

La importancia estratégica de esta ciudad durante la guerra fue tal que se estableció un servicio regular de vapores entre esta población y Londres; y lazos estrechos con Nueva Orleans, Nueva York y las Antillas.14

Otra fuente de acumulación originaria fue el comercio de importación de manufacturas francesas a cargo de alemanes y franceses. La apertura de la ruta marítima-comercial entre Veracruz y Saint Nazaire en 1862, que redujo a 15 días el viaje trasatlántico. y la disminución del costo de flete alentaron este comercio. Los víveres y los vinos, los “artículos de Paris”, las máquinas de coser, los vestidos de seda, tejidos de algodón y lana, drogas, mercería, joyería, cristalería, vinos, champaña, etc. formaron el grueso de un gran tráfico que pagó impuestos y generó grandes ganancias a quienes lo controlaban.

La importación de productos franceses en México repuntó desde 1864 por la presencia de 25 000 soldados franceses que llegaron en apoyo del imperio de Maximiliano. Los oficiales y la tropa acantonadas en México, bien pagados, incrementaron el consumo de manufacturas francesas. Fue significativo también el consumo mercantil de los miembros de la corte. El emperador Maximiliano se asignó un sueldo anual del millón y medio de pesos y la emperatriz, de 200, 000 pesos,15 sumas exorbitantes que descubren una vida de alto consumo y derroche.

Las importaciones procedentes de Francia alcanzaron entonces los valores más altos de su historia: 57.7 millones de francos en 1865 (comerco especial) y 70.7 millones de francos (comercio general).16 Los principales beneficiarios de este boom fueron las grandes casas francesas, alemanas y españolas dedicadas a la importación y distribución de productos europeos; y la aduana del imperio que cobraba altas tarifas a los productos de importación.

Los enriquecimientos que produjo la actividad mercantil en el noreste mexicano y en el centro del país no desembocaron de inmediato en la creación de un proceso industrial, pero sentaron la semilla para el futuro. Habrá que esperar mejores tiempos, como los del gobierno de Porfirio Díaz, para que el capital primitivo acumulado en el noreste mexicano se convierta en inversión para el desarrollo industrial de Monterrey; y para que los beneficios obtenidos en el mercado de mercancías francesas o en la producción de textiles o tabaco, se inviertan en bancos, empresas mineras, tabacaleras, textiles y agrícolas en el centro y Golfo de México.

el final del Imperio. la ruptura y sus consecuencias

La resistencia mexicana, las presiones de Washington tras el final de la Guerra de Secesión y la inestabilidad europea provocaron la retirada de las tropas napoleónicas y la ulterior caída del Imperio de Maximiliano. La principal consecuencia de la ruptura franco-mexicana fue la interrupción drástica de un proceso capitalista en gestación. Los recursos provenientes de Francia en forma de préstamos públicos se cancelaron de inmediato al igual que los proyectos bancarios, mineros, educativos, ferroviarios y de colonización agrícola. Las encuestas que alentaban la inversión europea quedaron en el papel. Quedó suspendida la construcción del ferrocarril de Perote y Xalapa, donde el imperio ya había adelantado recursos; el proyecto de construcción de un banco; y la construcción de los cables submarinos entre Cabo San Antonio a Cabo Catoche y el de Cabo Catoche al puerto de Veracruz.

Los focos de acumulación primitiva de capital florecientes durante el Imperio agotaron también sus posibilidades de crecimiento: la economía pujante del noreste mexicano declinó al tiempo que el sur estadounidense perdía su guerra. Una parte de las remesas de algodón confederado se quedó en México para consumirse en sus fábricas; el resto se exportó a Europa. Las exportaciones algodoneras desde México, en declinación progresiva conforme avanzaba la guerra de Secesión, impactaron negativamente en los mercados europeos de la fibra. Alain Plessis atribuye parte de los efectos recesivos de la Banca de Francia en el año 1864 a la carestía de ese producto durante la guerra de Secesión.17 Francia se apresuró a cubrir esta deficiencia con algodón egipcio; Gran Bretaña con algodón hindú.

La ruptura entre México y Francia fue seguramente preocupante para los intereses de ambas naciones, especialmente para México, la parte más débil y vulnerable de la relación. El país latinoamericano rescataba su soberanía y dignidad, pero perdía a la vez sus lazos financieros y mercantiles con las potencias europeas. Al día siguiente de su triunfo sobre el Imperio, Juárez encontró las arcas vacías, las aduanas del Golfo con pocas mercancías y muy bajos ingresos fiscales. Al momento de claudicar el gobierno de Maximiliano Juárez solo encontró la aduana de Veracruz con “el producto [...] casi nulo”.18

Inglaterra, principal país dominante en la economía de México, así como España y otras potencias aliadas optaron también por el retiro. Entre los motivos que empujaron la ruptura británica se encontraban el cierre de algunas casas británicas, el debilitamiento relativo de los intercambios anglo- mexicanos durante el conflicto y la desaparición de la red de comerciantes ingleses, actividades que debilitaron las operaciones del Banco de Londres y México, el único banco del país, de capital inglés.19 Cabe destacar además el repudio juarista a los tenedores de bonos británicos, quienes, según Juárez, habían ayudado a Maximiliano a la “postración y aniquilamiento de México”. La suspensión del pago a los bonos afectó no solo a sus titulares sino también al BLYM, su principal agente en México.20

La caída del Segundo Imperio y el rompimiento diplomático con las grandes potencias de Europa provocaron el desplome abrupto de la endeble economía mexicana. En opinión de Sánchez Santiró, entre 1867 y 1877 la economía del país sufrió una gran desaceleración y estancamiento económico, ya que “...el PIB per cápita en ambos años estuvo por debajo del que disfrutó la economía mexicana en 1800-1810 o en 1839”.21

El desprestigio del país y de su imagen en los grandes centros financieros internacionales cerró toda posibilidad a la inversión europea y a otros negocios al tiempo que los mexicanos promovían el acercamiento con los Estados Unidos;22 y se fortalecía la presencia alemana en el país. De las casas inglesas que llegaron a México en los años cincuenta solo quedaban tres: las de Patricio Milmo en el Norte, Kelly en Mazatlán y la casa Barrón.23 Los bonos de deuda británicos y sus intereses, impagados por México desde el año 1867 seguían incrementándose indefinidamente cerrando al país deudor los canales crediticios internacionales. Según Bazant, los intereses adeudados a los tenedores de bonos hasta el 1 de julio de 1867 sumaban un total de £2 937 232 y 9 años después, en 1876, ascendían a 5 395 228 05 6.24 Los canales crediticios internacionales continuaban cerrados para México.

Pero no todo fue adverso: el comercio franco mexicano declinó sensiblemente pero no se interrumpió. Las actividades mercantiles de los “barcelonnetes”, un grupo inmigrante de origen alpino asentado en México desde la década de 1820, contribuyeron a mantener vivo el intercambio con Francia. Los principales miembros del grupo se abastecían de importadores alemanes y aprovecharon la intervención de su país y la nueva ruta marítima entre Saint Nazaire y Veracruz para enlazarse directamente con proveedores de Europa. La guerra entre Francia y Alemania en 1871 los empujó a romper con los proveedores germanos y a establecer en Paris casas especializadas en compras que luego exportaron sus mercancías hacia México.25

En el año 1870, tras la caída de Napoleón III, los nuevos gobernantes franceses manifestaron el deseo de renovar las relaciones con México. Hubo intentos y propuestas, pero no se llegó a un buen entendimiento. México se sentía la parte agraviada en el conflicto bélico entre ambas naciones y esperaba de Francia una propuesta tersa y adecuada que olvidara los agravios y las reclamaciones de antaño.26 El restablecimiento diplomático se pospuso entonces indefinidamente.

Francia pasaba por una crisis. La guerra contra Alemania en 1871 y las pérdidas de los territorios de Alsacia y Lorena debilitaron su comercio, incluyendo los productos destinados al consumo suntuario. Tras ocupar a mediados del Siglo XIX un lugar muy destacado en el comercio mundial, superada sólo por Inglaterra, Francia fue alcanzada por Alemania y los Estados Unidos, pasando del segundo al cuarto lugar en el comercio mundial. Francia transitó en las exportaciones planetarias del 12.8% en 1860 al 7.2% en 1913. Beltrán y Griset atribuyen este declive a carencias en materia de infraestructura (naviera, principalmente) y a una incapacidad para adaptar sus productos a las nuevas condiciones de la competencia internacional.27

Francia seguía siendo una potencia financiera, aunque en los años setenta su poderío empezó a declinar. En 1860 exportaba un tercio del capital mundial, pero a comienzos del Siglo XX manejaba apenas el 20% del total, nivel inferior al de Gran Bretaña y superior al de Alemania.28 Francia mostraba urgencia de abrir o renovar sus relaciones financieras y mercantiles con países no europeos. Desde el año 1873 sus capitalistas colocaron inversiones en el extranjero para compensar la depresión profunda que sufrían las tasas de interés en Europa occidental. Entre 1880 y 1890 la emisión de títulos latinoamericanos en la Bolsa de París alcanzó un promedio de 340 millones de francos al año.29

Sin embargo, las estructuras exportadoras francesas continuaban siendo débiles. Según René Girault el comercio exterior estaba mejor adaptado a la importación que a la exportación30 y le interesaba intercambiar mercancías con países que mantenían estructuras capaces de financiar las importaciones ultramarinas, como México, país donde residía una colonia francesa muy dinámica interesada en ampliar sus relaciones con la metrópoli. A diferencia de Gran Bretaña que tras la ruptura de relaciones retiró casi todas sus casas comerciales de México, Francia conservó las propias.

Alemania ocupó pronto el lugar que dejaron británicos, franceses y españoles en la economía de México. El país teutón firmó con México un Tratado de Amistad, Comercio y Cooperación en el año 1870 que garantizaba a los ciudadanos germanos residentes en el país latinoamericano la libertad comercial y de navegación; y a su comercio general un trato igual al de la nación más favorecida. Desafortunadamente, la guerra franco- prusiana provocó de manera indirecta que el intercambio germano- mexicano tardara varios años en regularizarse, aunque para mediados de los setenta, una gran parte del comercio mexicano estaba ya en manos de alemanes.31

El coloso del Norte se convertía rápidamente en el nuevo centro de influencia de la economía mexicana, por encima de Francia e Inglaterra. Los Estados Unidos reconocieron al Gobierno de Porfirio Díaz, y abrieron los cauces para la firma de un Tratado Comercial entre ambos países. Este acercamiento alentó de inmediato el crecimiento de los intercambios bilaterales, y la colocación de inversiones estadounidenses en la minería y los ferrocarriles mexicanos. Los Estados Unidos firmaron en 1882 un Tratado comercial con México32 que los convirtió, junto con Alemania, en la “Nación más favorecida” en el comercio exterior mexicano.

restablecimiento de las relaciones diplomáticas

La llegada de Porfirio Díaz al poder presidencial de México en el año 1876 produjo un cambio sustancial en la política del país y empujó un conjunto de iniciativas y acercamientos con las grandes potencias. La nueva imagen que el gobierno mexicano difundió sobre México, su vocación reformista y el interés en la inversión extranjera llamaron la atención de los principales centros financieros metropolitanos. Las negociaciones con Gran Bretaña y los Estados Unidos buscaron atraer a inversionistas interesados en nuevos campos de inversión, como los ferrocarriles y los puertos. El gobierno de Diaz buscó también el restablecimiento de relaciones diplomáticas con Portugal, Suiza, Suecia, Noruega, Bélgica y Francia. Los acuerdos con Alemania databan de una época precedente, pero encajaban perfectamente con la nueva política.

Para la diplomacia mexicana la reconciliación con Francia solo podría alcanzarse si este país tomaba la iniciativa y se mantuviesen insubsistentes los tratados celebrados anteriormente entre ambas naciones y cualquiera otra forma de reclamo. El partido republicano y el gobierno de Francia estuvieron de acuerdo con tal propuesta.33 Sin embargo, algunos partidos y grupos franceses se opusieron a la reanudación de las relaciones con México.34

Para Francia restablecer la relación con México era una oportunidad irrepetible para ampliar sus lazos externos, en mala situación desde la guerra con Prusia. México no se mostraba ahora ante los círculos financieros europeos como el país bárbaro y anticlerical de otros tiempos, hogar de liberales nacionalistas, pues era gobernado, por un régimen autoritario, elitista y ultraliberal favorable a la inversión extranjera. El país latinoamericano poseía además una gran riqueza petrolera, argentífera, aurífera y cuprífera, así como miles de kilómetros de costas, playas y selvas, lagos y ríos, montañas y valles, desiertos, climas diversos, e inmensos recursos agrícolas, ganaderos y forestales. Sus cualidades naturales y económicas, descubiertas por Dalloz, personaje antes mencionado, estaba en espera de emprendedores audaces. Aunque los Estados Unidos de América se habían adelantado y amenazaban con engullir a la economía mexicana, los europeos no estaban dispuestos a quedarse al margen.

En 1879 el gobierno mexicano envió a Francia al barón Gustave Gotskowsky para promover la inversión de capital en México entre los círculos financieros de ese país. Sus diligencias y las de Emilio Velasco, representante del gobierno mexicano, encontraron eco en Jules Grévy, el presidente de Francia, identificado con una estrategia que buscaba expandir la economía francesa en el exterior. Emilio Velasco dialogó primero con sus contrapartes las condiciones de la reconciliación. En sus entrevistas y cabildeos con agentes diplomáticos franceses, obtuvo acuerdos importantes, como la no reclamación de los empréstitos de la época de Maximiliano, concluyendo ambas partes que este último era “el único responsable de tal deuda, junto con Napoleón III, a quienes los acreedores debían cobrar”.35 Es evidente que los republicanos franceses no tenían la intención de poner escollos a la reconciliación con México, atribuyendo los viejos agravios a la Francia imperialista de antaño.

Culminadas las negociaciones, Francia designó al barón Boissy d’Anglais, como enviado extraordinario y ministro plenipotenciario ante el gobierno de México, quien llegó al puerto de Veracruz en noviembre de 1880, siendo trasladado a la Ciudad de México en un tren especial. Las misivas intercambiadas entre el diplomático e Ignacio Mariscal, secretario de Relaciones Exteriores de México, reconocen las intenciones de ambos gobiernos en mejorar la nueva relación bilateral y sepultar las diferencias del pasado, renunciando ambas partes a cualquier tipo de reclamación “sea cualquiera su naturaleza, basada en hechos anteriores al restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre nuestros dos países.36

Ambos gobiernos intentaban evitar que las reminiscencias del pasado fueran un obstáculo en la nueva etapa. México y Francia recuperaban así, después de 13 años de ruptura, las relaciones oficiales. Los representantes mexicanos llevaron a cabo enseguida un intenso cabildeo con financieros franceses para concretar proyectos de inversión y comercio. Algunas fuentes mencionan propuestas tempranas como la intención de establecer empresas agrícolas con capital belga; y la garantía para industriales franceses con sus marcas de fábricas.37 Sin embargo, las fuentes no permiten saber si tales negocios se concretaron.

las negociaciones económicas

En los medios financieros franceses México era considerado una zona de inversión capitalista, aunque también se reconocía que las condiciones actuales para el inversionista extranjero en este país no eran las mejores. El proceso de modernización de la economía mexicana estaba ahora fundamentalmente en manos del gran capital estadounidense; y las reglas jurídicas y políticas del país las imponía un Estado nacional autoritario y fuerte. Francia tampoco conservaba el poderío militar y económico de antaño. El camino hacia la nueva conquista de México exigía superar nuevos obstáculos y condiciones.

En los años que siguieron al restablecimiento de las relaciones diplomáticas México y Francia intentaron incrementar el intercambio económico. El Gobierno de Manuel González (1880-1884) impulsó cambios legislativos en materia bancaria y comercial. Sin embargo, el tráfico mercantil creció con lentitud. El cónsul de Francia en Veracruz atribuye esta declinación “a la falta de iniciativa y actividad de los fabricantes franceses”.38 Los esfuerzos negociadores no se limitaron entonces a los asuntos comerciales. Los negociadores tenían miras ms ambiciosas.

Las gestiones de los agentes del gobierno de Porfirio Díaz en Paris para promover a México como zona de inversión en los años setenta del Siglo XIX, lograron finalmente dos importantes acuerdos con banqueros parisinos: el primero, con los directivos de la Banca Franco-Egyptienne(convertida más tarde en la Banca Internacional de Paris) para crear en México una banca privada, con funciones de banca de Estado, dotada del monopolio en la emisión de billetes. El banco parisino envió más tarde a Edouard Noetzlin y a Jacques Kulp para estudiar el proyecto, culminando sus gestiones en 1881, con la creación del Banco Nacional Mexicano, el más grande del país. Una segunda negociación se llevó a cabo con Mirabaud & Co., empresa parisina vinculada a la Alta Banca Francesa que mantenía nexos muy estrechos con los intereses Rothschild, quienes también manifes- taron su interés en invertir capitales en la minería cuprífera de México.

En este texto nos limitaremos a describir las propuestas y acciones iniciales de los emprendedores extranjeros y sus tempranas negociaciones con el Estado mexicano. Las gestiones efectuadas con el Banco Franco- Egipcio se concretó en el año 1881. El primero en viajar a México fue Noetzlin, director del Banco, quien se contactó con el Barón Gustave Gostkowsky y con el representante del gobierno porfiriano en las primeras negociaciones celebradas en París. Semanas después, Jacques Kulp llegó al puerto de Veracruz y más tarde a la Ciudad de México en ferrocarril, según lo relata él mismo en su autobiografía Mis recuerdos. 39 Al llegar a la estación ferroviaria de la Ciudad de México lo esperaban Noetzlin y Gostkowsky. El primero lo puso al tanto de la situación: la concesión de la Banca no había sido aún obtenida. Noetzlin le informó que era necesario redactar los estatutos de la concesión que luego debían ser firmados por el presidente de la república y enseguida sometidos a la ratificación del Congreso. No se negociaría ya ni con el presidente ni con el ministro de finanzas, pero si con dos “delegados” del presidente: Ramón Fernández, gobernador del Distrito Federal, y el “general” Jesús Lalanne, “gobernador del Palacio” (las entrecomillas son de Kulp). Según este funcionario, ambos personajes no conocían una sola palabra de la concesión, debiendo para tal fin designar a Manuel Payno, viejo senador y profesor, reputado por sus conocimientos.

Con ayuda de un traductor, ambos funcionarios franceses entablaron un diálogo prolongado con Payno, descubriendo que éste no sabía nada del asunto y que fue necesario explicarle el sentido de cada artículo. En estas condiciones la redacción de la concesión y de los estatutos duró más de dos meses. París se impacientaba.40

Luego de redactar el documento, Noetzlin y Kulp lo enviaron a la presidencia de la República y solicitaron audiencia personal con el presidente Manuel González, quien los recibió en su casa de campo de Tacubaya. Durante la entrevista, González los escuchó con paciencia, pero nada resolvió, solo les dijo que el Congreso se reuniría el 16 de septiembre, es decir, dentro de un mes.

La entrevista fue considerada un fracaso. Noetzlin, quien llevaba ya cinco meses en México, no podía concluir aún la negociación. Desesperado, acudió a Gostkowsky. El barón, muy conocedor de la cultura política mexicana, encontró pronto la solución: para obtener la firma del ministro de Finanzas era necesario indemnizar al Sr. Ramón Fernández y al general Jesús Lalanne, por “concepto de sus gastos”. Se acordó entonces la suma de 50 000 piastres (cada piastre valía entonces 4.5 francos). Paris estuvo de acuerdo y emitió pronto un cheque por tal cantidad. Reunidos con Lalanne, los banqueros franceses le extendieron sin más preámbulo el cheque, pero el mexicano lo rechazó: “¡Nada de papeluchos. Pesos fuertes!”41

La sesión concluyó. En los días siguientes, los franceses debieron reunir la misma cantidad, pero en pesos plata, en talegas de 27 kilogramos cada una. Montados en tres carruajes taxi tirados con caballos, Gostkowsky, Noetzlin y Kulp, llegaron a palacio y entregaron al general, al pie de los carruajes, con ayuda de los guardias, todas las talegas. La operación concluyó en pocos minutos.

Sin embargo, en las horas siguientes, Noetzlin se preocupó pues por tal indemnización no se firmó ningún documento. Acudieron a Gostkowski, quien les pidió no preocuparse. En efecto, a la mañana siguiente, la concesión fue firmada y Noetzlin pudo hacer sus preparativos para regresar a Francia. El negocio estaba concluido. La narración de Kulp termina con una sentencia: “No hemos sabido nunca en qué proporción el presidente de la república, el gobernador Ramón Fernández, el general Jesús Lalanne y el barón Gostkowsky habían sido indemnizados”.42

Este caso nos impele a la reflexión: la modernización capitalista instaurada durante el porfiriato, pese a ser el fruto de un sofisticado proyecto económico-político, negociado entre las elites políticas y los círculos financieros de las potencias extranjeras, se instauró en la práctica de manera irregular y contradictoria, pasando por el tamiz de los elementos endógenos, como la autocracia y la corrupción gubernamental. Los extranjeros aprendieron pronto la lección. Sus privilegios en México tenían un costo y los foráneos debían adaptarse a la cultura política y empresarial de México, con sus corruptelas, alianzas, compra de influencias y favores, entre otras linduras. También debían adaptarse al intervencionismo estatal en sus negocios. El estado mexicano era generoso con los extranjeros, pero se adjudicaba para sí privilegios exclusivos.

El Banco Nacional Mexicano fue fundado en el año 1882 por la Banque Franco-Egyptienne, convertida más tarde en la Banque Internationale de Paris, con capital de 8.000 000 pesos mexicanos dividido en 80 000 acciones de 100 pesos liberados y 30 000 partes de fundador.43 El BNM, representado por Noetzlin, buscó actuar con prudencia y ventaja en el medio político y financiero mexicano, no tardando en incorporar a Antonio de Mier y Celís, alto funcionario de la Secretaría de Hacienda, nombrado presidente; y a Nicolás de Teresa, amigo de Porfirio Díaz, designado vicepresidente. Más tarde se formó otro Consejo donde participaron personajes distinguidos, como Luis Elguero, Pablo Macedo, Miguel S. Macedo, y otros. Limantour colocó desde el principio a la gente de su confianza en el Consejo de Administración del BNM, entre ellos ocho funcionarios de diferentes nacionalidades, de los cuales solo tres eran franceses. Esta estrategia siempre dio buenos resultados: el gobierno mexicano mantuvo un gran control y participación directa en el manejo del banco. A cambio concedió al BNM privilegios exclusivos, como el derecho de emitir billetes con la única restricción de que el monto de estos últimos no excediera del triple de sus depósitos.44 Le concedió también la denominación “nacional” y la dispensa de pago de contribuciones hasta por treinta años.

En 1884, la fusión entre el BNM y el Banco Mercantil Mexicano dio origen a la creación del Banco Nacional de México (BANAMEX). En tal acto el capital de la empresa se elevó de 8 a 20 millones de pesos por la creación de 100 000 nuevas acciones liberadas igualmente de 40% sobre las cuales 40 000 fueron suscritas en especie y 60 000 remitidas al cambio de las acciones del banco mercantil.45 El nuevo banco mantuvo en adelante el control de todas las operaciones financieras del gobierno, el manejo de la deuda interna y externa y la preferencia en todas las operaciones de deuda de corto plazo. Marichal y Riguzzi describen algunas operaciones y destacan el papel de las casas europeas que avalaban las operaciones internacionales del BNM, como la Banque Franco Egyptienne, la Societé Genérale y varias casas británicas y alemanas.46 En el año 1890 el BNM pasó a control de la Banca de París y los Países Bajos (PARIBAS) y en 1905 recibió de ésta un incremento de capital que representaba 60 000 acciones nuevas que aumentaron su capital de 26 a 32 millones de piastres.47

En las postrimerías del porfiriato el BNM. el principal banco del país controlaba 60 sucursales en igual número de ciudades mexicanas; y parcialmente el portafolio de otros grandes bancos del país: 70% de las 573 100 acciones cotizadas por el Banco de Estado de México; 70% de las 1 874,860 acciones del Banco Peninsular; y participaba además en el portafolio de 8 compañías industriales.

El segundo negocio pactado por los representantes de México y Francia fue en el ámbito de la minería. En el marco de las negociaciones franco- mexicanas, la casa Mirabaud, de Paris, propiedad del banquero francés Louis Henri Mirabaud, personaje muy vinculado a la alta banca, decidió invertir capitales en la minería de México, alentado seguramente por las facilidades ofrecidas por el gobierno mexicano a su proyecto, por las prerrogativas que otorgaba el nuevo código minero a los inversionistas y por la imagen que proyectaba México como una zona inmensamente rica en recursos minerales. El nuevo proyecto buscaba cubrir las crecientes necesidades de este metal en el mercado europeo, en una época en la que la extracción y aprovisionamiento de cobre en el continente viejo era todavía insuficiente.48

En 1885 se fundó en Paris la Compagnie du Boleo, destinada a explotar yacimientos de cobre en Santa Rosalía, Baja California, México. Su capital se fijó en 12 000 000 de francos y 24 000 acciones de 500 francos cada una, más 92 partes del fundador, fraccionadas más tarde en céntimas de partes, luego en cinco céntimas de partes.49 Entre sus accionistas destacaba la Maison de Rothschild Fréres, quien retuvo el 37% del capital. El fundador llevó a cabo todas las gestiones necesarias para la creación de la nueva empresa.50 La nueva sociedad recibió del Gobierno de Porfirio Díaz amplias concesiones fiscales a través de un contrato otorgado el 7 de julio de 1885, modificado luego el 31 de mayo de 1892, ampliándose de nuevo la concesión el 21 de agosto de 1905. Entre las prerrogativas destaca la dispensa de todo gravamen a las exportaciones minerales durante 50 años, contados desde el 17 de diciembre de 1885.51

La empresa inició sus actividades con la apertura de tres pozos y la instalación de la maquinaria necesaria; instaló una fundición de 8 hornos, capaz de pasar a fuego cada uno 45 toneladas de mineral por día. Tras varios años de trabajos preparatorios, El Boleo se convirtió en la principal empresa cuprífera de México. La nueva compañía minera recibió del Gobierno de Porfirio Díaz un contrato —concesión que fue otorgado el 7 de julio de 1885, modificado luego el 31 de mayo de 1892 y el 21 de agosto de 1905—. Entre las prerrogativas, destaca la dispensa de todo gravamen a las exportaciones minerales de la compañía durante 50 años, contados desde el 17 de diciembre de 1885. Estas exenciones garantizaron la supervivencia y rentabilidad de la empresa. La concesión exigía la condición de trabajar cada uno de los 11 fundos mineros con 6 hombres al menos durante 180 días por año; o en su defecto, la obligación de pagar anualmente al Estado un total de 15 000 piastres. A diferencia del BNM el estado mexicano no intentaba controlar el manejo directo de esta empresa, pero en cambio instalar una aduana marítima en Santa Rosalía dedicada al control del tráfico marítimo y sus ingresos.

Los primeros años de la empresa minera fueron deficitarios, a causa de problemas técnicos, escasez de mano de obra y fluctuaciones en el precio del cobre, pero a partir de 1892 la explotación minera empezó a ser rentable, y el primer dividendo se reparte en el año 1906.52 Hubo incrementos productivos hasta alcanzar en 1910 un total de 13.000 toneladas, producción que se repitió en 1913. El Boleo fue la principal productora de cobre en el país hasta antes de que dos compañías estadounidenses le arrebataran el liderazgo.

el banco nacional de méxico y la deuda externa

En el año 1883 el Congreso mexicano autorizó al gobierno de Manuel González a solicitar un préstamo exterior de 20 millones de pesos, elevado más tarde a 30 millones. Sin embargo, México no tenía acceso a los canales crediticios externos por incumplimiento con los tenedores británicos y los empréstitos de Maximiliano, que nunca fueron reconocidos por los gobiernos liberales de México. El gobierno acudió entonces al crédito interior: demandó recursos en préstamo de corto plazo del recién establecido Banco Nacional Mexicano, el Banco Mercantil Mexicano (antes de su fusión con el primero) y el Nacional Monte de Piedad, quienes facilitaron en conjunto la suma de 8.5 millones de pesos, pagados con certificados emitidos en aduana como parte de los derechos de la importación e internación. Sin embargo, la cantidad obtenida fue insuficiente. El gobierno pidió entonces que el préstamo se incrementara a 30 millones y para tal fin acudió al BNM para que en su nombre gestionara nuevos recursos en el exterior. Sus gestiones fracasaron en Estados Unidos. El gobierno mexicano decidió entonces reestructurar las deudas del país, y para tal fin pidió ayuda a los franceses Noetzlin y a Jaques Kulp, altos ejecutivos del BNM.

Kulp, subalterno de Noetzlin, narra con detalle la forma en la que ayudó al gobierno de Diaz a reestructurar la deuda externa del país, impagada desde años atrás. En su obra autobiográfica Mis recuerdos, —antes citada— narra el encuentro personal con Diaz cuando éste le expuso el problema de la deuda mexicana. El funcionario francés dice al respecto: “Yo le propuse hacer un plan de reorganización y de unificación de las deudas. El presidente aceptó”. Kulp asegura que durante tres meses desarrolló un plan sofisticado de reorganización y planificación que definía los pasos a seguir. Noetzlin se encontraba en Paris y entonces Kulp tuvo que emprender el trabajo sin su ayuda. En un parágrafo de Mis recuerdos el funcionario anota lo siguiente:

No era un asunto pequeño. Para la deuda exterior era bastante simple: un préstamo había sido emitido regularmente en Londres, en 1851 donde el servicio estaba suspendido desde 1856; había cotizado 4 o 5 % de su valor nominal. Otro préstamo había sido contratado en Paris por el Emperador Maximiliano. Después de su caída, el gobierno de Juárez lo declaró nulo. Napoleón había hecho reembolsar los dos tercios a los portadores franceses, pero el tercer tercio, representado por certificados conocidos por “pequeños azules” se trataban en la bolsa de Paris a precios ínfimos. En fin, un tercer préstamo había sido solicitado en Nueva York en 1866, por un agente de Juárez, para financiar su lucha contra el Imperio; se trataba de tres millones de dólares aproximadamente, reembolsables capital e interés, en el transcurso de veinte años, es decir, en 1888. Los bonos de este préstamo, conocido bajo el nombre de “Bonos Carbajal” se negociaban en Nueva York a 15 o 18 %. Los intereses por supuesto, nunca fueron pagados.53

El último de los préstamos mencionados, por cierto, el único a favor de la facción de Juárez en plena guerra contra el Imperio tuvo un monto total de $2 925 450 con una emisión real del 67%, o sea menos de dos millones, recurso que fue suficiente a los mexicanos liberales para ganarle la guerra al Imperio, “quien empleó cincuenta veces más en perderla”.54

En el alba del año 1884 Kulp le envió al general Díaz un reporte de sus conclusiones, donde enfatiza sus estrategias comerciales con los bonos de la deuda inglesa: “Para la deuda inglesa que era del 3% había que reducir aproximadamente la mitad del nominal demasiado alto y aumentar el interés a un 4%. Para los “pequeños azules” se necesitó esconderlos y comprarlos nuevamente sobre el mercado de Paris en su curso despreciado; para la deuda americana, se intentó comprar lo que se pudo y enseguida pagar el resto a plazos, capital e intereses”.55

En fin, Kulp debió unificar las deudas anteriores luego de haber reducido su nominal y repartirlos en dos series: los indiscutibles y los discutibles. Los primeros serían intercambiados contra un título el 5%, los segundos contra un 3%. En fin, la deuda exterior se garantizaba con las aduanas.56 El funcionario ofreció comprar y vender los títulos viejos ahora baratos y depreciados. Escribió a sus colegas en Francia para consultar sobre la estrategia a seguir. El BNM no podía operar en dicho asunto siendo un banco de emisión. Inmovilizar sus recursos en la compra de títulos iría en contra de sus estatutos. Kulp organizó entonces en París un sindicato que tenía por objeto comprar y vender por cuenta común los títulos de deuda mexicana, exterior e interior. Dice al respecto:

Nuestra asociación compró la deuda inglesa en Londres del 6% hasta el 9 %, y unos bonos Carbajal en Nueva York a un 30%, bonos interiores diversos desde el 3%, todo eso en sumas nominales considerables […]. Algunos meses después, en el momento de regresar a Europa yo revendí mi deuda inglesa en aproximadamente el 27%, mis bonos Carbajal a más del 100% y la deuda interior a precios que representan alrededor de tres o cuatro veces lo que había costado. Me quedaban solamente una parte de mis bonos Carbajal y revendí los últimos después de mi regreso, como ellos tenían cerca de su plazo y los intereses se capitalizaban a más del 200 %.57

Estas operaciones se llevaron a cabo gracias a las buenas relaciones y componendas que desde tiempo atrás acercaban a los tenedores de bonos ingleses con miembros de la oligarquía mexicana, interesados en gestionar un pronto arreglo de la deuda.58 Kulp reconoce abiertamente que obtuvo beneficios en estas transacciones, efectuadas aparentemente en representación de Noetzlin y permiso de González. Según Costeloe, los bonos de 1864 fueron convertidos a los nuevos bonos de un 3% de 1886 a un 50% de su valor nominal, arrojando por lo tanto un buen beneficio. Es decir, se recibían dos bonos de £100 a un 3% de 1864 al cambio de uno nuevo de un 3% de 1886. Para septiembre de 1887 se habían canjeado 28,133 bonos con un valor nominal total de £3817 000.59 Más tarde, las transacciones fueron duramente criticadas en el Congreso mexicano al ser consideradas un negocio particular del presidente González y Ramón Fernández, ministro en París, quienes habían comprado con bajo precio un gran paquete de bonos.60

Pero la conversión de la deuda mexicana propiamente dicha todavía estaba pendiente. Noetzlin, en representación del gobierno mexicano acudió a Londres para negociar dicha conversión con los tenedores de bonos; y tras muchos cabildeos, altibajos y fracasos, logró que el débito se clasificara como deuda consolidada, se fijaron los pagos de intereses vencidos, y se designó al BNM como encargado del servicio de la deuda nacional.61 En la negociación se incluyeron los bonos de Maximiliano, que no representaban más que los intereses insolutos de los bonos de 1851, del 1 de julio de 1854 al 1 de julio de 1863, capitalizado a un 60%. Se acordó que los tenedores recibirían nuevos bonos del 50% de su valor nominal.62 El Banco Nacional de México quedó a cargo de dar servicio a la deuda consolidada, buscando obtener fondos para el pago de intereses. “Estos fondos se recaudarían en las aduanas de Veracruz y el pago de dividendos en Londres estaría a cargo de Glyn, Mills, Currier y Co, agentes del Banco”.63

En el año 1886 concluyeron las negociaciones, pero las cosas no mejoraron para el gobierno de México. La bolsa francesa continuaba cerrada para las obligaciones públicas mexicanas, y los mercados de Inglaterra y Holanda seguían siendo hostiles hacia México. El gobierno mexicano acudió entonces al BNM para obtener adelantos que le permitieran salvar sus compromisos internacionales más urgentes.64 Acudió también ante su representación diplomática para impulsar un nuevo tratado que diera mayor seguridad y certidumbre a los negocios celebrados por nacionales de ambos países.

el tratado de amistad, comercio y navegación de 1886

El “Tratado de Amistad, Comercio y Navegación” fue firmado el 27 de noviembre del año 1886. Este pacto, ratificado al año siguiente por el Senado de México buscaba consolidar la amistad entre ambos pueblos, garantizar la libertad de comercio, industria y residencia, y la compraventa de bienes, así como facilitar la entrada y salida de los buques de un país en territorio del otro; respetar los derechos mutuos de los ciudadanos de ambos países; la protección judicial, adquisición o traslación de dominio; la sucesión de bienes inmuebles, etc. El acuerdo reconoce además las garantías necesarias para la inversión de capital y los negocios de los mexicanos en Francia y también para los franceses en México. Las cláusulas garantizan beneficios y prerrogativas extraordinarias a compañías del país asociado, destacando la cláusula de nación más favorecida.65 Este derecho reconoce para Francia un estado de igualdad con otras potencias en sus tratos con México; y a nuestro país, igual libertad en sus transacciones con Francia. Estas prerrogativas especiales se distinguen radicalmente de las cláusulas inequitativas de los acuerdos signados entre Francia y México en el pasado.66

El Tratado de Amistad, Comercio y Navegación de 1886 buscaba mejorar no solo las relaciones políticas y económicas bilaterales sino facilitar el entendimiento cultural entre ambos países. En este contexto México envió a Francia a ingenieros y profesores interesados en estudiar sobre minería, electricidad, telegrafía terrestre y submarina, aspectos de la instrucción primaria, bellas artes y manufacturas.67 México aceptó celebrar en 1895 una edición del Congreso Internacional de Americanistas, un evento académico internacional promovido regularmente por intelectuales e instituciones francesas. El tono amistoso con México se mantuvo abierto durante el gobierno de Sadi Carnot y los gobiernos que le sucedieron.

En el año 1889 México mostró interés en participar en la Exposición Internacional de París, proyecto al que se oponían Alemania y Gran Bretaña. El gesto fue aplaudido por Lockroy, ministro de Comercio francés, quien “estima la buena disposición de la primera república hermana resuelta a secundar los esfuerzos de la república francesa”.68 El presidente Carnot y varios ministros Plenipotenciarios asistieron a la inauguración del pabellón mexicano en la Exposición. Carnot envió regalos personales a Porfirio Díaz y a su esposa, entregó condecoraciones a mexicanos distinguidos que residen en Francia; y puso el nombre de “Miguel Hidalgo” a una calle de París.69 La alianza política llegó para quedarse. Dos actos simbolizan la amistad de ambos gobiernos: en las fiestas del Centenario de la independencia mexicana el gobierno francés devolvió las llaves de la Ciudad de México que se encontraban en Poder del Museo de Ejército de Francia.70 Las muestras de amistad facilitaron los entendimientos de los dos gobiernos en otras materias. México importó varias remesas de fusiles, metralletas y cañones franceses destinados a la Armada mexicana;71 al tiempo que varios oficiales mexicanos recibieron entrenamiento en la escuela de aviación de Pau.72 El Gobierno francés concedió varias condecoraciones a ciudadanos mexicanos: destacando la Cruz de Gran Oficial del Orden de la Legión de Honor otorgada al licenciado Francisco León de la Barra.73 La Cie. Transatlantique fue autorizada para el transporte internacional de mercancías en la ruta mensual Saint Nazaire, Santander, La Coruña, Habana, Veracruz, Le Havre, Nueva Orleans y Tampico, haciendo escala en Saint-Thomas y Antillas Danesas.74

declive comercial y ausencia de inversiones

Pese a los acercamientos políticos y culturales y el alargamiento de la vigencia del Tratado los propósitos más prioritarios del acuerdo no pudieron cumplirse en el corto plazo. Los beneficios económicos que se esperaban del TACN tardaron años en fructificar o avanzaron muy lentamente. La gráfica 1 describe los intercambios franco-mexicanos del periodo 1886-1892, en millones de francos. Las exportaciones francesas crecieron con lentitud, aunque luego declinaron, y las exportaciones mexicanas en cambio se mantuvieron exiguas y casi inalterables. En el año 1890 las exportaciones francesas con destino mexicano no igualaban todavía en valor a las remesas de 1864. ¿Fracaso del Tratado de 1886? No directamente. La lentitud de este comercio tuvo que ver seguramente con situaciones de coyuntura y condicionamientos internacionales y con situaciones inesperadas propias de la fase. depresiva de la economía francesa.

Fuente: AMEF, basada en el “Tableau Géneral, Mexique. Importations en France. Exportations de France”. 1887-1892.

Gráfica 1. Intercambios franco-mexicanos, 1887 a 1892 

Asselain reconoce en el origen de la depresión francesa a la guerra de Secesión norteamericana que interrumpió los aprovisionamientos algodoneros y frenó las exportaciones, la influencia del Tratado librecambista anglo-francés, el decrecimiento de las exportaciones industriales y el crecimiento del déficit agrícola.75 Tuvo que ver también, seguramente con la debilidad relativa de la flota naval de Francia frente a la competencia del mercado estadounidense y la lentitud de su construcción durante el periodo 1880-1913. Marsella, Bordeaux, Dunquerque y Le Havre, enfrentaban en efecto carencias tecnológicas y una reducción considerable del tráfico externo, siendo superadas por Amsterdam, Amberes, Liverpool y Hamburgo.76 Como resultado, la participación de Francia en el comercio mundial experimentó una declinación relativa, de 11,6 % en 1870 a 9,7% en 1890. Pese a todo el TACN mantuvo su vigencia durante todo el porfiriato porque sus prioridades eran otras, por ejemplo, asegurar el futuro de las inversiones y el éxito de las primeras empresas francesas en México.

Desafortunadamente, tras la creación y ampliación del BNM y el establecimiento de la compañía minera El Boleo, no hubo más inversiones francesas en México. El vacío capitalista habría de durar hasta el segundo lustro de la última década del siglo XIX cuando aparezcan nuevas inversiones francesas y préstamos públicos y privados que suman juntos en la Bolsa de Paris en el año 1910 la cantidad de 1. 953, 762, 676 francos,77 la tercera cifra de inversión extranjera más importante de México. El vacío financiero tuvo que ver con los grandes problemas experimentados por la metrópoli tras la guerra contra Bismarck, agravados por las pérdidas materiales, el costo de las operaciones militares y la pérdida de los territorios de Alsacia y Lorena, y el consecuente descenso de las ganancias industriales y bancarias a partir del año 1883. Alemania tomó entonces ventaja: en 1880 controlaba el 16% de la producción industrial mundial y Francia se contentaba con el 9%.78

Las inversiones francesas se ausentaron de México, pero en cambio, casi simultáneamente hubo una escalada de inversiones estadounidenses en el país, en ferrocarriles, minería, comercio, petróleo…, así como una ola de inversiones domésticas colocadas por colonos franceses, como las de CIDOSA en el año 1892 y otras grandes empresas.79 En el contexto del acercamiento con Francia, el gobierno mexicano dio facilidades a los barcelonnettes más acaudalados para invertir en industrias textiles, papel y tabaco. Porfirio atrajo inversiones domésticas a través de incentivos a la importación de máquinas, materiales para construcción y otros objetos a las industrias nuevas cuya inversión mínima era de 250 000 pesos. Ernest Pugibet, Enrique Tron, Louis Bougnon, Paul Crétenier, Honoré Reynaud, Joseph A. Signoret, Antoine Olivier y A. Guenin, ciudadanos franceses formados en el viejo comercio mexicano aventuraron capitales en proyectos industriales, aprovechando la coyuntura política de un régimen que les brindaba protección a sus productos textiles contra la competencia extranjera e imponía gravámenes a productos importados de los Estados Unidos. Los propietarios de cuatro de cinco tiendas departamentales construidas antes del año 1900 fundaron CIDOSA: Joseph Tron y Cía. (El Palacio de Hierro), J. B. Ebrard y Cía (El Puerto de Liverpool); Signoret y Honnorat (El Puerto de Veracruz); M. Lambert y Cía (El Correo francés).80 CIDOSA, Industrial Veracruzana y el Palacio de Hierro, siendo privadas, crecieron a la sombra del Estado y junto con la cigarrera El Buen Tono, obtuvieron ganancias superiores a la norma. Las inversiones mexicanas en manos de franceses no deben ser confundidas con las propiamente francesas, aunque ambas están enmarcadas en las disposiciones del TACN. Es evidente que una parte al menos de los capitales primitivos acumulados antaño en el comercio francés de importación o en la producción artesanal de textiles, o en el cultivo y venta de tabaco, emergieron dos décadas más tarde, convertidos en empresas modernas de tipo capitalista.

conclusiones

El intervalo que corre entre 1864 y 1886, época que abarca desde el Segundo Imperio Mexicano hasta el restablecimiento de las relaciones diplomáticas y económicas, posterior a la caída de aquel, forma un ciclo completo en las relaciones exteriores de México. El movimiento muestra con nitidez el auge y debilitamiento de la influencia europea en la economía mexicana, sustituida más tarde por un vigoroso impulso proveniente de América del Norte. El ciclo convirtió a Francia e Inglaterra, otrora los centros dominantes, en actores secundarios en la economía de México, posición que coincide con sus nuevas posiciones en el cambiante contexto internacional.

Tras la caída de Maximiliano, Francia sucumbió militarmente ante Alemania y fue superada pronto por este país en materia comercial. La creciente influencia de los Estados Unidos y Alemania en nuestro país preocupó sobremanera a los franceses. Francia optó entonces por la reconciliación y el acercamiento a México, aunque fracasó en sus primeros intentos. Al final, el restablecimiento de las relaciones diplomáticas franco- mexicanas en 1880 fue apenas el primer paso en un proceso de acercamiento paulatino. Al concluir las negociaciones se alcanzó una reconciliación feliz, sin reclamos ni presiones; una oportunidad histórica para colocar inversio- nes; y para fortalecer a la colonia francesa y sus proyectos de inversión. Sin embargo, no significo un regreso cabal al pasado. Francia ya no estaba en condiciones de imponer posiciones hegemónicas en estas latitudes; ni México era el mismo país de antaño. Las aspiraciones francesas eran ahora notablemente de carácter financiero. La Patria de Víctor Hugo seguía siendo una potencia financiera y en esta calidad mostraba su mejor oferta. La creación del Banco Nacional Mexicano, convertido luego en el Banco Nacional de México; y la compañía El Boleo, dedicada a explotar un gran yacimiento cuprífero en México. fueron experiencias exitosas que enlazaron los intereses de dos naciones pero no significaron el comienzo de una gran corriente inversionista de origen galo porque la economía francesa entraba en recesión; y porque los intereses estadounidenses dominaban ya el escenario económico de México.

La firma de un Tratado de Amistad, Comercio y Navegación en 1886 fue el soporte jurídico y político para una alianza durable entre ambos gobiernos; que colocó a la relación bilateral en igualdad jurídica respecto a otras potencias. El instrumento dio condiciones de certidumbre, promovió políticas públicas, sirvió de marco a los acuerdos militares y educativos, dejó abierta la puerta a la inversión y estableció tarifas de comercio pertinentes. No sirvió empero, para aumentar en el corto plazo el volumen de las exportaciones de ambos lados ni el de las inversiones francesas en México. En cambio, garantizó la seguridad y reciprocidad en el ámbito de tales actividades. Como instrumento político-económico sirvió para consolidar como nunca la paz y la amistad entre dos pueblos y para proteger los derechos e intereses de la colonia francesa de México; y la de algunos mexicanos en Francia.

ARCHIVOS

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Archives Diplomatiques du Ministère des Affaires Étrangers, Nantes. [ Links ]

Archives du Ministré d’Economie et Finances, París. [ Links ]

Archives de la BANQUE BNP-PARIBAS, París. [ Links ]

Archivo Histórico Diplomático Mexicano, Secretaría de Relaciones Exteriores, México. [ Links ]

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Notas

9“Empire du Mexique. Questionaire avant por objet favoriser le mouvement industriel et commercial de l’ Empire en renseignant plus d’ exactitude posible les émigrants et les capitalistes europées sur les avantages que presente ce pays et les relations que pourraient fructueusement y être établies”, (20 de noviembre de 1864). ARCHIVO DIPLOMÁTICO DEL MINISTERIO DE ASUNTOS EXTRANJEROS, Nantes, Francia (en adelante, AD-MAE,Nantes).

16“Tableau decennal de commerce de la France avec ses colonies et les puissances etrangéres, 1857-1866”. Archives du Ministré d’Economie et Finances (en adelante AMEF), París.

22Véase el trabajo de RIGUZZI, “México próspero”.

26 Sobre los debates y propuestas francesas para la reconciliación con México, véase ROBINA, Reconciliación de México y COSÍO, Historia Moderna de México .

33 Sobre los debates franceses en torno a la eventual reconciliación francesa con México, véase COSÍO, Historia Moderna de México ; ROBINA, Reconciliación .

36 Diario Oficial de México, el 29 de noviembre de 1880. Fragmento del discurso dictado por Boissy en la ceremonia de entrega de cartas credenciales. AD-MAE. Nantes.

49 Más tarde, las 92 partes se dividieron en 5 céntimas de partes, sumando en el año 1938, 46,000 cinco céntimas de partes. AD-MAE, París “Amerique 1918-1940, Mexique, vol. 63, “Compagnie du Boleo”, París, le 17 Mars 1921.

50Documento: Compagnie du Boleo, 30-08-1936, núm. 203, AHSG.

51 AD-MAE, París, Mexique. Travaux Publiques-Mines (V) carta del 3 de octubre de 1916. El Boleo a MAE, pp. 144-148.

65El Senado de la República, Tratados ratificados y convenios ejecutivos celebrados por México, Tomo II (1884- 1889), 1972, “Francia. Tratado de Amistad, Comercio y Navegación”, art. 12a. AD-MAE. Paris.

66 En los años treinta Francia acordó con México tres tratados comerciales en 1831, 1832 y 1836 que no fueron ratificados por los congresos de ambos países. En 1839, tras la Guerra de los Pasteles, México fue obligado a firmar un nuevo tratado, igual de injusto que los anteriores, véase AVELLA, “Dos momentos”.

74 AD-MAE, Nantes. “Note pour monsieur le Vicecompte Dejean, Ministre de France a México”, México,11 de julio de 1913.

Recibido: 19 de Junio de 2023; Aprobado: 28 de Julio de 2023

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