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Tzintzun. Revista de estudios históricos

versión On-line ISSN 2007-963Xversión impresa ISSN 1870-719X

Tzintzun. Rev. estud. históricos  no.81 Michoacán ene./jun. 2025  Epub 25-Abr-2025

https://doi.org/10.35830/treh.vi81.1805 

Artículos

La Deutsche Kolonie en México a principios del siglo XX. Nuevas notas sobre vida cotidiana y ámbito social

The Deutsche Kolonie in México beginning XX century. New notes about entertainment and social life

La Deutsche Kolonie au Mexique au début du XXeme siècle. Nouevelles notes sur divertissement et vie sociale

Beatriz Gutiérrez Mueller1 
http://orcid.org/0000-0001-7554-1838

1Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades Benemérita Universidad Autónoma de Puebla


Resumen

La presente investigación, ilustrada con ocho fotografías inéditas de un archivo privado, tiene como propósito ofrecer una nueva mirada sobre la comunidad alemana en México durante el Porfiriato: aspectos de su vida social, sus costumbres culturales, sus diversiones y su necesidad de afirmar su germanidad a partir de la generación de espacios propios de convivencia, lejos de su país.

Palabras clave Colonia Alemana en México; Porfiriato; Entretenimiento; Vida Social; Colegio Alemán

Abstract

This research, illustrated with eight unpublished photographs that belong to a private archive, aims to offer a new look at the German community in Mexico during the Porfiriato: aspects of their social life, their cultural customs, amusements, and their need to affirm their Germanness, recreating places and spaces to share their culture, trying to feel not so far away from home.

Keywords German Colony in Mexico; Porfiriato; Entertainment; Social Life; German School

Résumé

Cet article, illustrée de huit photographies inédites appartenant à des archives privées, vise à offrir un nouveau regard sur la communauté allemande au Mexique, pendant le Porfiriato: aspects de leur vie sociale, leurs coutumes culturelles, leurs divertissements et leur besoin d’affirmer sa germanité en créant des lieux et des espaces pour générer leurs propres espaces de coexistence, et se sentir le plus possible chez soi.

Mots clés Colonie Allemande au Mexique; Porfiriato; Divertissement; Vie Sociale; École Allemande

INTRODUCCIÓN

Desde la década de 1960, la vida, negocios e incursiones en la política mexicana de los alemanes establecidos desde el siglo XIX despertó mucho interés entre la comunidad académica. Particularmente, en el siglo XX destacaron las aportaciones de Friedrich Katz, hijo de un refugiado judío austriaco, quien vivió exiliado en México. Katz inició su profundización sobre los vínculos de Alemania con la Revolución mexicana con Deutschland, Diaz und die Mexikanische Revolution: Die Deutsche Politik in Mexiko 1870-1920, que sería la base para futuros libros en donde abordó las causas de la guerra civil, sus caudillos (en particular Emiliano Zapata y Francisco Villa) y las relaciones políticas entre ambas naciones.

Luis Miguel Díaz1 editó parte de lo discutido en la Comisión de Reclamaciones entre México y Alemania para el periodo 1910-1920. En esta comisión bilateral, cuyos trabajos concluyeron en 1928, personas físicas o morales de origen alemán buscaban el resarcimiento de daños causados a sus propiedades, empresas o negocios por las actividades revolucionarias de 1910 a 1920.

En 1979, Harmut Fröschle coordinó un volumen sobre los alemanes en Latinoamérica y, en particular, Marianne Oeste de Bopp elaboró el capítulo sobre de México.2 El interés en el tema fue creciendo. Brígida von Mentz, germanoparlante, consultó fuentes alemanas y publicó en 1980 un estudio, ya clásico, titulado México en el siglo XIX visto por los alemanes, basándose sobre todo en gacetas populares que circulaban en ese país europeo.3 En 1982, varios investigadores agrupados bajo su coordinación hicieron público el volumen Los pioneros del imperialismo alemán en México;4 y en 1988, la misma Mentz retomó el trabajo colectivo y como resultado salió Los empresarios alemanes, el Tercer Reich y la oposición de derecha a Cárdenas.5 En este repaso, no se puede dejar de mencionar el trabajo de Dietrich Rall y Marlene Rall, “Deutschland und Mexiko”.6

Otros estudios fueron los de Jean Meyer7, que se interesó por la cúpula económica alemana y su vinculación con Venustiano Carranza; Stefan Rinke8, quien analizó la relación bilateral entre la Primera Guerra Mundial y la Gran Depresión, de 1929, y Jesús Monjarás-Ruiz,9 el cual describió cómo fueron las relaciones diplomáticas entre ambas naciones durante la Segunda Guerra Mundial.

En lo que va del siglo XXI no ha mermado el interés. Se han publicado repasos con nuevos datos e investigaciones de temas más específicos y se ha acudido más a fuentes primarias. Ejemplo de ello, los bancos de alemanes fueron analizados por Thomas Passananti.10 Jesús Méndez Reyes,11 por su parte, se centró en sus negocios en el noroeste mexicano; Juan José Gracida Romo en los germanos cerveceros en Sonora;12 Arturo Román Alarcón13trabajó sobre los empresarios y comerciantes alemanes que prosperaron en Sinaloa; el caso de Jalisco, lo atendió Sergio M. Valero Ulloa;14 José Rafael Sáenz15 estudió a la colonia germana en Colima y Mónica Palma Mora16 en la Ciudad de México. En el volumen Mexiko: presencia y representación de las publicaciones en lengua alemana entre 1915 y 194517 hay asimismo varios estudios sobre escritos de alemanes en periódicos, libros o folletos de su país o de viajeros alemanes, con miradas ideológicas distintas, a raíz de la Revolución mexicana y la caída de los imperios alemán y austro-húngaro.

Esta investigación, nutrida como se ve por investigaciones precedentes, quiere ofrecer una nueva mirada sobre la comunidad alemana en México, particularmente en la capital, donde se estableció la mayoría de sus integrantes durante el gobierno de Porfirio Díaz. Por razones de espacio no se pueden exponer aquí los muchos aspectos económicos, políticos o sociales de esta comunidad fuera de la Ciudad de México, aunque es un hecho que estaban enlazados y se ayudaban mutuamente. Tampoco es posible extenderse sobre lo acontecido al finalizar el Porfiriato y durante el periodo revolucionario, acerca de lo cual apenas se brindarán algunas notas como corolario, porque dicha colonia prácticamente se evaporó, si bien se mencionan algunos ensayos sobre estos últimos aspectos para quienes deseen hallar más información y fortalecer esta línea de investigación.

Nuestro estudio se basa en la información contenida en un archivo particular: el de Angela Mura (en adelante AAM), el cual consta de fotografías, libros, documentos, cartas (la mayoría en alemán gótico) y otros papeles. Las colecciones familiares siguen y seguirán siendo una fuente inagotable para repasar estas historias de inmigrantes. Para este trabajo, ha sido útil el respaldo de información documental de acervos tales como el Archivo Histórico de la Ciudad de México (en adelante, AHCM), el Archivo General de la Nación (AGN) y el Archivo General de Notarías de la Ciudad de México (AGNCM). Estos y otros fondos proporcionan los elementos para el análisis que aquí presentamos.

LOS PRIMEROS EN LLEGAR. SIGLO XIX

La comunidad alemana en México durante el XIX fue más bien pequeña.18 Hay datos divergentes: hacia 1870 apenas si se contabilizaban 200 miembros; en cambio, para 1891, podrían estimarse 1,500, que ascenderían a 2,420 de manera oficial en 1895.19 Sáenz, a su vez, informa que, por el contrario, desde 1871 sumaban 1,500 y hacia 1912, eran 4,100 los censados.20 Méndez Reyes habla de “medio millar” de residentes en México a finales del XIX;21 Burchard considera que para 1900 eran 2,564, de los cuales 2,000 radicaban en la capital del país y cree que sumaban unos 3,827 al estallar la Revolución mexicana en 1910.22 Para Mentz, sin embargo, en ese histórico año no pasaban de 2,000.23 Las colonias más numerosas eran la española y la estadunidense.

Las razones de su movilidad hacia México desde el siglo XIX estaban ante todo relacionadas con oportunidades de negocio; en mucha menor medida, un exilio o viajes de aventuras. Establecer negocios fuera del Imperio era, además, parte de una política de expansionismo comercial de los diversos estados alemanes. Incluso, muchos se trasladaban al continente americano sin el propósito de radicar en México. Si llegaban por Estados Unidos, primero probaban fortuna ahí y después decidían moverse al sur.

Tradicionalmente se ha considerado que casi todos los que llegaron a México se hicieron ricos, conformaron una élite o grupo cerrado, la Deutsche Kolonie. Los menos, y no necesariamente agrupados como la élite, se desempeñarían como sastres, zapateros, herreros, yeseros y cocheros, por ejemplo.24 Durán-Merk hace bien en aclarar que la migración germana al continente fue heterogénea y la investigación se ha enfocado más en los que formaron parte de las élites,25 pero en este trabajo se puede constatar que la mayoría siguió el patrón descrito inicialmente.

También había profesionales independientes que ejercían la medicina, la docencia, el arte o negocios pequeños tales como una farmacia o una librería. Es interesante ratificar, como en su momento señaló Mentz, que la mayoría no deseaba asimilarse a la cultura mexicana; para ello cita un fragmento traducido de un artículo publicado el 14 de febrero de 1885, que apareció en Deutsche Zeitung von Mexiko (cuyas oficinas estaban en Coliseo Viejo No. 16) en donde el autor anónimo describe cómo se asumían:

La mayoría no somos “alemanes-mexicanos” sino Reichsdeutsche (alemanes del Imperio) y no pensamos radicar para siempre en México ni nuestros hijos. Cuando se ha adquirido suficiente riqueza, nos retiramos a la Heimat (patria) y esto no nos lo pueden criticar los mexicanos, pues los más ricos entre ellos lo hacen igual.26

Burchard admite que prevalecía entre ellos un sentido de superioridad. Para ello, recuperó un fragmento tomado del libro de Heinrich Lemcke “where he expressed the importance for the German population in Mexico to “«necessarily conserve themselves in their cultural integrity, otherwise they would degenerate and sink to the low cultural level of the host country»”.27 Mentz coincide: eran muy germanistas y cerrados a culturas ajenas o a mezclas.28

Por ejemplo, el 20 de noviembre de 1897, la Sociedad Alemana de Beneficencia tuvo la noticia de que el Ayuntamiento de México donaba una fracción gratuita y por tiempo indefinido, del Panteón Dolores.29 Solo se le pedía a su presidente, Federico Melber, distinguir el predio en primera y segunda clases, cercarlo con cedros y cobrar, a nombre del Ayuntamiento, las cuotas por inhumación: por siete años, 60 pesos por adulto; a perpetuidad, 200 pesos.

Foto 1 El área en rojo fue la superficie cedida para la formación del Panteón Alemán, dentro del Panteón de Dolores, México, 1897. AHDF, Fondo Ayuntamiento GDF, sección: panteones en general, vol. 3459, exp. 809, año: 1897. Foto propia. 

Si era posible, traían a su esposa o se casaban con una de la comunidad; sin embargo, otros se enlazaban con mujeres mexicanas (porque también se movilizaban hombres solos buscando fortuna) e, incluso, estas nupcias les permitían incursionar en ámbitos políticos o de poder. Un caso: George Grüning, fundador de la Cervecería de Sonora, se casó con la hija del director de la Casa de Moneda, Florencio Monteverde. La familia Monteverde, entre 1905 y 1907, estuvo posicionada en los tres poderes del estado Sonora (ejecutivo, legislativo y judicial). Francisco Monteverde era segundo Oficial de Gobierno del Estado; Carlos Monteverde, el quinto; Enrique y Alfredo Monteverde eran diputados del Congreso local y Gabriel Monteverde legislador suplente. En tanto, el Oficial Mayor de la Legislatura en curso, Antonio B. Monteverde, dirigía la Imprenta Oficial y el Periódico Oficial del Estado de Sonora. Para finalizar, otro miembro de la familia era magistrado del Poder Judicial local y uno más jefe de la estación del ferrocarril en Hermosillo.30

El gobierno del general Porfirio Díaz ofreció a los europeos, durante décadas, todas las facilidades para establecer sus negocios y prosperar. Si acaso, de acuerdo con el art. 3º de la Ley de Inmigración (1908), se impedía la entrada a México a personas con enfermedades contagiosas, locura y epilepsia, o a las que tuviesen alguna discapacidad para realizar un trabajo. No estaba permitido el ingreso a menores de 16 años sin la compañía de tutores ni a prófugos de la justicia, anarquistas, mendigos o prostitutas.31

La política porfirista hacia los inmigrantes europeos era recibirlos en el entendido de que aportaban mucho más que los sudamericanos o asiáticos. “Especialmente después de la creación del Estado alemán en 1871, esta idealización de los migrantes alemanes en México como una migración de élite, se vio reforzada por las actividades comerciales exitosas”,32 cuando menos hasta 1910, año en que estalló la Revolución mexicana. Para contrarrestar la “influencia estadunidense”, según Monjarás-Ruiz, Díaz permitió que franceses e ingleses se disputaran “los favores y las concesiones” que la élite gubernamental podía otorgarles; sin embargo, los alemanes “no se quedaban atrás, incluso en algún momento llegaron a alcanzar la supremacía en el comercio exterior y en otro tuvieron la preponderancia en las finanzas públicas”.33 Con el tiempo, incluso, la profesión de la religión católica dejaría de ser un requisito a cumplir, pero se reforzó la idea de que la inmigración proveniente de países industrializados contribuiría al fin de alcanzar los tan ansiados niveles de la civilización “occidental”.34 En fin, llegaron, hicieron sus fortunas cuando pudieron, abrieron sus centros de entretenimiento, editaron sus periódicos, se agremiaron y contaron hasta con el beneficio de asistir a sus propios templos y ser enterrados en su cementerio. Cuando los hijos crecieron, regresaron a sus ciudades de origen, sea con el inversor al frente o con un encargado. Con la guerra civil iniciada en 1910 partió la mayoría y una minoría se reubicó en otros lugares de México.

ENTRETENIMIENTO, DIVERSIÓN Y EDUCACIÓN DE LA KOLONIE

Como comunidad cerrada, más bien concentrada en los negocios y en la vida social entre los de su mismo idioma, no llegó el siglo XX sin que ellos comenzaran a crear sus propios espacios: sus escuelas, su club, sus actividades culturales y sociales y su panteón. Esto había sido posible porque, para esa última década y hacia 1910, cerca del ocaso del Porfiriato, sus giros eran variados y ofrecían grandes dividendos: bancos, minas, latifundios, haciendas y fincas, comercializadoras, exportadoras-importadoras, cerveceras, maquinara industrial y todo lo relacionado con la ferroviaria, por supuesto. Contaban asimismo en ocasiones con el respaldo del gobierno de México. En este sentido, está bien documentado que varios funcionarios estatales o federales hacían jugosos negocios con miembros de la comunidad, como lo fue la famosa firma “Scherer-Limantour”. La conformaban el alemán Hugo Scherer y Julio M. Limantour, hermano del influyente secretario de Hacienda de Díaz, José Yves Limantour. Giros menores pero relevantes en capitales de estados de la República eran los de fotografía, medicinas y consultorios, imprentas y litográficas, hoteles, restaurantes y tintorerías. Basta una ojeada al Deutsche Zeitung von Mexiko, también editado en alemán por la comunidad, para conocer a algunos de sus nombres y empresas. El 15 de septiembre de 1900 aparecen casas o particulares anunciantes: profesores privados, la agencia aduanal American News Agency, importadoras de vino y coñac, la imprenta Müller Hermanos (ésta comenzó a imprimir el Deutsche Zeitung von Mexiko desde 1907), la transportadora marítima que navegaba a Nueva York y Hamburgo desde Veracruz y hasta la lotería Hamburger Staats, por mencionar algunos.

Foto 2 Excursión de alemanes a las pirámides de Teotihuacán, c. 1906. AAM. 

Las bodegas podían surtirse de vinos de Burdeos o del Rhin con Carlos Dittmer en San Felipe Neri 123. Si se trataba de un visitante en esta capital, opciones para hospedarse bajo el servicio esmerado de alemanes, ni pensarlo mucho: dormir en el “Hotel Austria”, de Rosa Striech, y comer en el restaurante “Jedermann” en Coliseo Viejo 5, servido por su dueño, W. Jedermann. A unos pasos, en la misma calle, pero en el número 9, se podían comprar charcutería y enlatados: salchichas de Braunschweig, jamón de Westfalia, arenques, mantequillas y delicatessen germanas, elaboradas por Gerardo Meenen. No lejos estaba la tabaquería de Ricardo Fisher, en Gante 4, y en la esquina de Capuchinas y Calle del Ángel, quizá se podría pasar por una bebida o licores en “Café de la Paix”. ¿Unas clases de canto? La maestra Matilde Bruguiere ofrecía su experiencia. ¿Alguna enfermedad? Los doctores Mayer, Jacob Horsch, Engberg o Karl Pastchek podían atender a pacientes con medicina de nueva patente; pero si preferían la medicina naturista, atendían los médicos Max Hanff (“único discípulo del Dr. Kneipp”) o Lahmann, especialistas en herbolaria y homeopatía. De este gremio vendría a ser sumamente interesante la figura de Arnold Krumm-Heller, homeópata, y médico de Francisco I. Madero, quien montó su consultorio y botica en la capital entre 1903-1904, en la calle de Empedradillo (hoy Monte de Piedad). Krumm-Heller publicaría en la Imprenta Müller Hnos. un capítulo en el volumen que la comunidad alemana elaboró al cumplirse el Centenario de la Independencia de México, en 1910, del cual se hablará más adelante.

¿Se descompuso su máquina de escribir? En Puente de San Francisco 5 la reparaban, y ahí mismo se encontraba la American News Agency. A propósito, muchos impresores eran también alemanes. En la capital, la imprenta más importante fue, sin duda, la Müller Hnos., de Max y Walter Müller que con Carl Remstedt35 eran a su vez, propietarios de la “Librería internacional”; brindaban los servicios de impresión, litografía, encuadernación, rayado, estereotipia y fotograbado.36 Desde su conformación, estampaban El Imparcial, el Deutsche Zeitung von Mexiko y el Directorio profesional, Industrial y Comercial de la Ciudad de México (de Ruhland, cuya primera aparición fue en 1888); también imprimían billetes de curso legal, estampillas, mapas carreteros, mapas de bolsillo, calendarios, formas de cálculo, papel membretado y recibos, entre otros papeles oficiales para el gobierno de la Ciudad o el federal.37 Las postales fueron destacadas y estaban muy de moda por el auge de la fotografía en blanco y negro.38 Müller Hnos. publicó ensayo, literatura e historia.39 La casa matriz estaba en Avenida Poniente 4 (hoy Avenida Juárez 816) y para 1906 en la sede del Casino Español; desde finales de 1910, el negocio se había trasladado a República de Uruguay 14. Los talleres imprimían en la esquina de Avenida Poniente 28 y Calle Sur 12 (hoy Doctor Carmona y Valle y Doctor Liceaga, colonia Indianilla, Ciudad de México). La sociedad se amplió con la participación de Max Ahlschier y Ludwig Franz Fritsche para fundar más tarde “Müller y Cía.”, que editó decenas de libros, directorios y memorias como la de las Fiestas del primer centenario de la Independencia organizadas por la Secretaría de Instrucción Pública y Bellas Artes (1910). Otras imprentas relevantes, propiedad de germanos, eran las de Francisco Díaz de León y S. Wuite y la de D. C. Smith. Los anteriores establecimientos ya utilizaban la linotipia de Thomas Mergenthaler.40

Una de las primeras decisiones que tomaron como comunidad en la Ciudad de México, a comienzos del siglo XX, fue abrir su escuela, con la intención de preservar esa reiterada germanidad. Así surgió el Schule der Deutschen Kolonie zu Mexiko, pronto conocido como “Colegio Alemán”, fundado en 1894 en la capital por Gustavo Strück, Augusto Hoth, Donato de Chapeaurouge y el médico P. Fichtner, justo por la necesidad de contar con su escuela. “En esta institución era donde continuaban con las prácticas y rituales propios de la infancia y la juventud en Alemania”.41 Como no muchos se matricularon, la escuela decidió abrir las puertas a alumnos mexicanos. Hasta el día de hoy, el Colegio Alemán continúa abierto y tiene dos planteles de calidad académica en la Ciudad de México; sin embargo, aunque al menos hasta 2005 recibía recursos del gobierno alemán, “su objetivo ya no es tanto la conservación de la germanidad como, más bien, inculcar valores de carácter pedagógico”.42

El primer plantel de este Colegio estuvo en la Calle de Canoa y, más tarde, a partir de 1904, en Calzada de la Piedad 81-93. Por el crecimiento en el alumnado, no mucho años después se mudaron al plantel de Xochimilco donde hoy continúa abierto. Los patrocinadores de estos cambios fueron, entre otros, Julio Albert y Cía., Diener Hnos., Beick, Felix y Cía., “Casa Boker”, Otto Wagner y Levien, Sommer Hermann y Cía., Korff, Hugo Scherer, Honsberg y hasta el Deutsche Sudamericanische Bank, más los recursos entregados por el propio imperio de Guillermo II. Se abrieron otros planteles como los de Puebla y Monterrey.

En los casos en que no era posible trasladar a los hijos a esta escuela, se contrataban maestros que venían desde Alemania o Austria a dar clases particulares.43 También, por necesidad, fueron abriendo colegios alemanes en otras ciudades como Puebla o Chihuahua. Fue una constante que, ya con una certeza financiera, enviaran a su esposa e hijos de vuelta a Alemania para proseguir allá su educación. Otros, incluso durante y después de la Revolución, mantuvieron el idioma alemán en casa, permitían el intercambio social en castellano y preservaban tradiciones religiosas o sociales, como celebrar Navidad.

Foto 3 Niños del Colegio Alemán, México, c. 1906. AAM. 

Esta escuela de la capital siguió el modelo de enseñanza de Alsacia y Lorena, una vez proclamado el Imperio Alemán en 1871. Contemplaba nueve áreas que daban un peso fuerte a la educación religiosa. Se aprendía gramática alemana, cálculo, historia y geografía, ciencias naturales, escritura, dibujo, canto y gimnasia. A propósito, el 15 de noviembre de 1879, un grupo de pedagogos mexicanos consultados por la Secretaría de Instrucción Pública señalaba que, por supuesto, como en Alsacia, la educación para niños y jóvenes debía ser obligatoria pero no con los mismos contenidos: las clases de religión serían reemplazadas por las de moral; sin embargo, se debía aprender “historia sagrada” como “principio de la historia universal”, al estilo de los alemanes; también lectura, escritura, aritmética, gramática, dibujo, geografía e historia de México, además de gimnasia de salón y música.44

Por otra parte, en 1903 fundaron la Asociación de Ayuda Social de la Colonia Alemana (AASCA) con la misión de atender “a las personas de habla alemana” más necesitadas que, cuando menos hasta 2005, quedó reducida a ser un ancianato al sur de la Ciudad de México.45 Con la Revolución mexicana este tipo de organizaciones se vieron disminuidas o desaparecieron por la salida del país de sus patrocinadores o la quiebra de algunas empresas que las sustentaban.

El Casino o Club Alemán (Deutsche Haus) había abierto sus puertas en 1848 a una muy pequeña y selecta membresía en la Ciudad de México (en Veracruz hubo otro homónimo). Tuvo varios domicilios, pero el más famoso fue el del 2º Callejón de López, inaugurado por Díaz el 27 de enero de 1908. Dentro del gran salón destacaba un cuadro al óleo del general colocado frente a un busto del emperador Guillermo II. Los asistentes podían leer libros, revistas y periódicos, jugar al billar o a los bolos y otros entretenimientos, pero, sobre todo, bailar. En El Monitor Republicano, El Universal o en El Imparcial se pueden leer crónicas de los bailes que allí se celebraban, tanto para los colonos como para la alcurnia de la capital.

La mayoría de los asistentes era soltera;46 se trataba de varones que tenían como peculiaridad haber llegado para trabajar, acaudalarse y, en su momento, volver a su país. Mentz, al estudiar las empresas que conformaron en esa época, señala que eran por lo general herméticas a otras comunidades, pero abiertas a los compatriotas que llegaban. Un comerciante “alemán novato y sin recursos propios” era recibido por “un grupo fraternal que lo acogía y le daba empleo” con un buen sueldo, para poder independizarse más adelante.47 El Club Alemán había tenido su origen en un coro que, con asiduidad, se reunía a cantar las canciones de la patria: lo llamaban el Deutsche Liedertafel, mejor conocido como el “Orfeón Alemán”. Ya como miembros, algunos con sus familias, fueron formando varias asociaciones más para departir entre ellos aficiones particulares; por mencionar algunos, grupos de remeros, de gimnastas, nadadores y hasta la Asociación Científica Alemana (1890), además de concursos diversos como los de equitación. Incluso, formaron el Club Hípico Alemán que organizaba apuestas en carreras de caballos en el Hipódromo Condesa.

La Deutsche Haus también organizaba bailes muy concurridos y desde principios del siglo XX se creó la Deutsche Messe (Feria Alemana), la cual se llevaba a cabo a comienzos de marzo, día en que la nostalgia hacía montar sus locales conforme a sus lugares o regiones de procedencia, vestían trajes típicos, elaboraban sus comidas más degustadas y bebían sus vinos, licores y cervezas.

Foto 4 Con vestimenta típica de la Suiza alemana, chalé decorado con flores edelweiss. Feria Alemana, México, 1 de marzo de 1908. AAM. 

Cuando se registró una división en la comunidad, a principios del siglo XX, se creó el Círculo Alemán que, por su cuenta, organizaba también bailes, incluso, el mismo día y a la misma hora que el Club Alemán, pero en el Jockey Club. El onomástico de su emperador Guillermo II lo celebraban a lo grande cada 27 de enero. El clásico Oktoberfest del 23 de octubre permitía a la concurrencia de la comunidad ataviarse de nuevo con trajes regionales, degustar charcutería y vinos importados y bailar.

Unos y otros clubes lo mismo organizaban conciertos de música y convites que funciones de circo y obras de caridad. Por ejemplo, el 6 de octubre de 1901 celebraron la Deutschen Turnvereins con un menú preparado por Camille Malé, exchef de cocina del Palacio Royal de París.

Foto 5 Invitación al almuerzo del 6 de octubre de 1901, preparado por el chef Camille Malé, ex chef de la Cuisine du Palais Royal de París ofrecido por la Deutschen Turvereins y la Schule der Deutsche Kolonie. AAM. 

También se tiene el registro de que, del 22 al 30 de diciembre de 1906, los alemanes gestionaron la presentación de 17 funciones circenses de un paisano, Herbert S. Mady, en el Parque Porfirio Díaz.48

Los alemanes, aunque eran pocos fuera de la capital, actuaban de la misma forma. Los giros comerciales eran similares también.49 La información proporcionada por Grijalva Díaz demuestra el funcionamiento de estas redes fuera de la Ciudad de México y, por otra parte, los archivos estatales (en este caso, el Archivo General del Estado de Sonora) son una fuente muy útil para obtener datos sobre el desarrollo de estos negocios y otros temas, como en el caso que aquí presentamos, una reconstrucción a partir de archivos familiares.

En 1907, se publicó el Álbum-Directorio del Estado de Sonora, el cual fue recuperado en una edición facsimilar, en 2005. El volumen no tiene desperdicio alguno: es una vitrina de y para comerciantes, pero también un retrato de una clase política y económica a la que place alardear de sus negocios, sus posesiones y su poder. Una ojeada nos permite ver cómo el modelo de la Ciudad de México es semejante: para el enfermo, acabar en las profesionales manos del Dr. Vanneman, cuyo consultorio estaba en la calle de Celaya 1, en Hermosillo, era la mejor opción. En Guaymas, la mercería, ferretería, cristalería y juguetería de más prestigio era la de A. Bulle. En este puerto, “La constancia”, de Oton Rademacher y de Julio C. Müller, ofrecía mercancías varias lo mismo que representaciones o agencias como The Royal Insurance, The Almada Sugar Rig. Co., o la Cervecería del Pacífico, mientras que Gerardo Kuhlmann era un afamado anticuario con una vitrina para exhibir tabaco “para fumar y mascar” e instrumentos musicales.

Otros viajeros procedentes de Alemania, pero no del mundo de los negocios, han sido más o menos reconocidos por sus aportes a las artes o las ciencias. Por ejemplo, con 24 años, en 1905 llegó el fotógrafo Hugo Brehme. En 1912, abrió su estudio en San Juan de Letrán 3 pero, desde su arribo a Veracruz y hasta su fallecimiento, fotografió el México rural, con aires románticos y costumbristas. También destaca el trabajo fotográfico de zonas arqueológicas realizado por Franz Meyer, quien a la postre dejó una valiosa colección de arte. Otras figuras destacadas, sin duda, fueron Guillermo Kahlo, Teobert Maler y los hermanos Kaiser. La importancia de la imagen era creciente. Algunas de las fotografías del AAM aquí publicadas (en particular las que tienen tipografía impresa sobre la misma) pertenecen a Müller Hnos. pero, para infortunio del curioso no están firmadas; no es aventurado sugerir que se trate de alguno de los fotógrafos mencionados.

EL INICIO DE LA REVOLUCIÓN MEXICANA Y LOS ALEMANES

Todavía para 1910, sin saber con certeza lo que iba a ocurrir con las elecciones presidenciales, las comunidades de extranjeros se aprestaban a participar en la conmemoración del centenario del inicio de la guerra de Independencia de México, durante todo el mes de septiembre.

Los alemanes, por su parte, conformaron la Comisión Alemana para el Centenario, presidida por Carlos Dissing. Cuando se aproximó el 15 de septiembre y comenzaron a llegar delegaciones extranjeras invitadas, muchos de ellos ofrecieron sus casas para hospedar a los comisionados por Guillermo II ante la insuficiente infraestructura hotelera. El personal de la Embajada Especial, por ejemplo, se alojó en la casa de Jorge Parada, en Paseo de la Reforma 114. Los oficiales del buque “Freya” se quedaron en la casa del banquero Hugo y Clara Scherer, en la misma avenida.50

Fue célebre la develación de la estatua del barón de Humboldt, hecha con mármol blanco y pedestal de granito, el mediodía del 13 de septiembre (su natalicio, el 14), aparejada a la fiesta del 15 (el Centenario de la Independencia), en el atrio de la Biblioteca Nacional, que estaba en el antiguo convento de san Agustín.51 Cantó el Orfeón del Club Alemán, luego se escucharon los elogiosos discursos de Porfirio Díaz y del embajador alemán Karl Bünz y, para cerrar, la orquesta Jordá-Rocabruna ejecutó La gruta de Fingal, de Mendelssohn y una fantasía de Bach. Ese día por la noche, la colonia alemana ofreció un banquete al general Díaz en el Deutsche Haus, presidido por el doctor Pagenstecher, quien cerraba su vibrante bienvenida con un “¡Que viva México!, ¡Que viva el Caudillo!” La víspera habían organizado también un concierto de gala en el Teatro Arbeu con la ópera Lohengrin, de Wagner. Y para rematar, la embajada alemana convidó, el 24 de septiembre, otra cena de gala para el gobierno mexicano, adonde acudió en representación de Díaz el vicepresidente Ramón Corral.52

Foto 6 Casa de la familia Scherer, dañada por los bombazos de la Decena Trágica, febrero de 1913. AAM. 

Todo iba viento en popa hasta el derrocamiento de Díaz, en mayo de 1911. Es cierto que la presencia económica de Alemania era superada, con creces, por la inglesa o la estadunidense: el 6% de la inversión extranjera en México era del Imperio hacia 1910, las importaciones rondaban del 13% y tan solo un 3% de la producción nacional iba para allá.53 Pero también es cierto que la mayoría de la comunidad vivía, en todo el país, como una auténtica élite.

Según Katz, en un principio los alemanes vieron con buenos ojos al gobierno de Francisco I. Madero (1911-1913) quien, incluso, recibió financiación para su movimiento con capitales del Deutsche Südamerikanische Bank, que desde antes mantenía relaciones con la familia del revolucionario. El investigador piensa que este banco pudo formar parte del contrabando de armas que desde Europa enviaban a México para los alzados.54 Ya en el gobierno, para Madero, aliarse con los alemanes supondría un contrapeso frente al poderío de Estados Unidos. Sin embargo, “la visión que se tuvo en Alemania del gobierno de Madero fue de desilusión creciente”.55

La aparente quietud de la Ciudad de México, aún de la colonia alemana, y casi el resto del país se vio intempestivamente alterada durante la llamada Decena Trágica, en febrero de 1913, tras la que el presidente Madero fue asesinado.

Foto 7 Elementos de la Cruz Roja y del Ejército frente a la Fábrica Nacional de Armas, febrero de 1913. AAM. 

Estas tomas pertenecen al AAM. Aunque algunos fotógrafos registraron algunas parecidas, como la del reloj chino quebrado, estas fueron capturadas por profesionales de la litográfica Müller Hnos. Los destrozos de la casa de la familia Scherer se aprecian muy bien. Las tres revelan como un miembro de la comunidad miraba atribulado la afectación al patrimonio de otro integrante (Clara Scherer) y cómo fue para el personal del negocio pasar de un día para otro de retratar paisajes muy bellos de México (el AAM cuenta con más de cincuenta) al impulso de fotograbar los sucesos e inmortalizar la Decena Trágica a través de imágenes con un gran valor histórico. Todas ellas siguen el procedimiento de colocar, en el fondo de una cámara oscura, hojas de papel emulsionadas con sales de plata, las que se ennegrecen bajo la acción de la luz.

Foto 8 El Reloj chino, donado por la comunidad china en México para los festejos del Centenario de la Independencia, destruido durante la Decena Trágica. AAM. 

COROLARIO

Hasta antes del Revolución, el Porfiriato fue un tiempo de prosperidad y facilidades para la colonia alemana residente en México, donde los trámites burocráticos corrían con velocidad, las exenciones a impuestos y multas eran lo usual y la celeridad para el otorgamiento de licencias para todo tipo de negocios se verificaban con más diligencia que hoy. Pero, a la muerte del presidente Madero, una buena parte de los alemanes radicados en México, en particular en los estados del Norte, emigró a Estados Unidos.

El Imperio alemán reconoció el gobierno de Victoriano Huerta, no obstante, los miembros de la comunidad sufrieron las mismas vicisitudes que otros inmigrantes extranjeros: allanamiento de terrenos y fincas, préstamos forzosos de los bancos que administraban, secuestro y más. Ello provocó que, tras la Decena Trágica, los pocos alemanes que vivían en México procuraran apartarse o huir; sea a Estados Unidos o definitivamente retornar a su natal país. La Deutsche Kolonie emigró o se aisló lo más que pudo.

La caída de la dictadura huertista y el triunfo del Ejército Constitucionalista en el subsiguiente conflicto entre las distintas facciones de la familia revolucionaria dieron el poder a Venustiano Carranza. No pocos han apuntado que la política de éste fue germanófila, primero ante las intervenciones en México de Estados Unidos de América en 1914 y 1916, y después para financiar al nuevo régimen posrevolucionario y ampliar el mercado de México hacia países europeos.56 La progresiva estabilización del país tras la promulgación de la Constitución de 1917 favoreció que un pequeño número de los alemanes que habían emigrado retornara a las ciudades de donde habían salido.

Los que permanecieron en México forzaron la creación de la Comisión de Reclamaciones México-Alemania (como la hubo con España, Italia, Bélgica, Estados Unidos…) que tuvo la intención de solicitar indemnizaciones a empresas o particulares de origen alemán. En total fueron 139 demandas.57 Por otra parte, el 31 de enero de 1921, el presidente Álvaro Obregón publicó la Ley de desincautación de los bancos privados de emisión, algunos de ellos propiedad de capitalistas alemanes, como el Banco de Sonora. En casi ningún caso, el gobierno mexicano resolvió a favor de los dueños. Era indispensable comprobar su nacionalidad y esa fue la razón por la que el fallo les fue desfavorable.58 La verdad es que el gobierno mexicano estaba quebrado.

Hacia los años veinte del siglo XX, el gobierno de México buscó regularizar, por primera vez, a los migrantes extranjeros. Se les pidió que acudieran al Instituto de Migración para registrarse, se dejasen tomar una fotografía, proporcionaran sus datos personales e indicaran cuándo entraron a México, por dónde, dónde vivían, quiénes eran sus referencias, a qué se dedicaban, etcétera. Este registro arroja que se establecieron sobre todo en Sonora, Coahuila, Sinaloa, Chihuahua, Veracruz, Chiapas y, por supuesto, la ciudad de México, como ya se ha escrito.

El censo poblacional de 2000 arrojó que los alemanes representaban el 0.4% del total de inmigrantes (492,617). Diez años después, la cifra total casi fue duplicada: de 961,121 extranjeros los germanos eran el 0.5%. Como hace más de un siglo, Estados Unidos es el país con más residentes en México. En estos años ya no existe una élite germana en México ni lugares exclusivos para ellos, si bien están de pie los colegios que crearon en México y otras ciudades como Puebla, el cementerio y una larga lista de empresas antiguas, como Siemens (desde 1894) y la Casa Boker. El Casino Alemán dejó de funcionar en la década de 1930. Este no es el mismo que hoy se llama Club Alemán de México, fundado en 1958, lugar para el deporte y la recreación. Años antes, en 1951, se creó el Instituto Goethe; ahí se dan clases de alemán y se llevan a cabo actividades culturales. Ambos están en la Ciudad de México. Ya no hay tiendas especiales para productos germanos. Es muy sencillo encontrar en cualquier almacén charcutería, vinos, máquinas, linotipias y hasta la flor edelweiss importada, por ejemplo, en el “Mercado Jamaica” en la Ciudad de México.

Las notas y fotografías de este artículo proceden en buena parte del archivo particular de Ángela Mura, una alemana radicada en Roma cuya familia vivió, como muchas de las aquí nombradas, en la Ciudad de México. Como se acostumbraba, su madre y hermanos regresaron a Alemania hacia 1906 para asistir a las escuelas de su pueblo nativo. Su abuelo falleció en febrero de 1910 de tuberculosis y el archivo que conserva contiene un registro de décadas de sus ancestros migrantes. Los archivos personales son historias mínimas que nos llevan casi siempre a historias completas de una generación, de un tiempo, de una época. Aquella familia adinerada, que había logrado un considerable éxito económico durante el Porfiriato, sobrevivió con penurias las dos guerras mundiales. Con los años, fallecido el patriarca, los socios de Müller Hnos. no pudieron sostener la imprenta más allá de los años de 1930. Ninguno de sus descendientes regresó a México.

ARCHIVOS Y PERIÓDICOS

Archivo Histórico de la Ciudad de México, México. [ Links ]

Archivo General de Notarías de la Ciudad de México, México. [ Links ]

Archivo Angela Mura (AAM), Roma. [ Links ]

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Notas

4MENTZ et al., Los pioneros del imperialismo. Los diferentes ensayos del libro brindan información sobre los capitales y finanzas de alemanes en México, entre los que estaban comerciantes y prestamistas, sobre todo en puertos del Golfo y del Pacífico. El capital industrial se hallaba invertido en fundidoras, minas (plata, cobre y bronce) y haciendas (azucareras y aguardientes, por ejemplo). Beatriz Scharrer, en particular, presenta el caso de la familia Stein-Sartorius en el Estado de México, con diversidad giros en la industria productiva. Verena Radkau explora cómo se involucraron en asuntos políticos de México y Brígida von Mentz enlista sus actividades recreativas.

8RINKE, “Alemania y México”, pp. 35-67.

18Es importante aclarar desde el principio que, aunque la mayoría provino del recién formado Imperio Alemán (1871), algunos otros eran austriacos o suizos. Méndez Reyes informa que los primeros inmigrantes fueron bienvenidos en México porque sus monarcas o jefes de Estado habían reconocido la emancipación de México, consumada en 1821. Desde 1823, se tiene registro de al menos 44 emigrantes provenientes de la Confederación Germánica. La palabra Deutsch, explica el autor, se aplicaba en aquel tiempo a todos los germanoparlantes, fuesen de Prusia, Sajonia, Germania, Austria o Alemania. Véase MÉNDEZ REYES, Jesús, “Alemanes en el noroeste”, p. 57.

29AHCM, Fondo Ayuntamiento GDF, sección Panteones en general, vol. 3459, exp. 809, año 1897. La escritura tiene como fecha el 13 de mayo de 1898.

35AGNCM, Notaría 46, escritura 1463, 14 de mayo de 1907. Müller Hermanos, de acuerdo con los materiales observados en este archivo y otros, se distinguía por su alta calidad de impresión; uno de los dueños era grabador, dibujante y diseñador. En otros acervos, como el del Banco de México, también consta el diseño de billetes, aún de timbres para el correo.

37En el AGN se encuentran folletos y en el AHCM muchos materiales como boletos para pagar rentas de los mercados.

38Con detalle, Raúl Aceves localizó en 2005 estos productos y las editoriales en donde los imprimían. Véase ACEVES, “La tarjeta postal” pp. 1-20.

39Algunos de los títulos publicados fueron: ACERETO, Evoluciones históricas; AZUELA, Los fracasadosy Sin amor; ESPINO BARROS, México en el centenario; GODOY, Porfirio Díaz; MALLERN, Mexico; PARLEY, Voz de la amonestación; Álbum geográfico; MARROQUÍN Y RIVERA, M., Memoria descriptiva y Directorio general, entre otros. El más importante quizá sea WITTICH, Memoria científica. En esta última obra, se conjuntaron autores alemanes como el Dr. Ernst Wittich (México), Carl. C. Hofman, Hermann Beyer (México-Berlín), Ernesto Wittich, Paul Waitz, Federico C. Damm y Palacio (Durango), Carlos C. Hoffmann, el mencionado Krumm-Heller, Paul Henning y Otto Peust. Todos ellos abordaron los aportes del científico en el campo de la antropología, la botánica, sus viajes, la zoología y la volcánica. Krumm-Heller tradujo buena parte de las colaboraciones, y su artículo se tituló “Esbozo biográfico del barón Alejandro de Humboldt”. Se encuentra disponible en el portal Cervantes Virtual file:///C:/Users/HP%2019LA/Downloads/memoria-cientifica-para-la-inaguracion-de-la-estatua-de-alejandro-de-humboldt-obsequiada-por-s-m-el-emperador-aleman-guillermo-ii-a-la-nacion-mexicana-con-motivo-del-primer-1051369.pdf [consultado el 20 de diciembre de 2022]. Como se observa, resulta muy relevante la variedad de temas y autores que imprimía el sello editorial, con obras ilustradas con viñetas, fotografías y grabados, innovadoras para su época. Destacan los trabajos para distintas instancias gubernamentales.

44AHCM, Fondo Ayuntamiento GDF, Sección: Instrucción Pública en general, vol. 2489, exp. 1426, año 1879. Para el interesado en los planes y programas de estudio en el Porfiriato, es llamativa la argumentación que formuló tal comisión para dictaminar que la educación primaria debe ser obligatoria: “la instrucción ha ido adquiriendo incremento y ensanche, conforme a las ideas de progreso y luz que han venido á sustituir á las del retroceso”. O que “nuestro pueblo” se divide en tres fracciones: “la aristocracia, la clase media o la clase baja o ínfima”.

46En una carta enviada por Federico Albert, presidente del Casino Alemán, al gobierno municipal, el 6 de noviembre de 1903, pide la exención de impuestos para sus lugares de esparcimiento. Albert señala cuáles son los propósitos del club y por qué no deben sujetarse a la Ley de Juegos, vigente desde el 20 de enero de 1897. Su argumento es que los juegos de la comunidad no se realizan con fines de “especulación” sino para “solaz de los dueños” de las casas que ofrecen las fiestas y de sus “relaciones privadas”. Participan, agrega, alemanes “en su mayoría solteros” que “encuentran un centro común de reunión que sustituye al de la familia”. La respuesta del Ayuntamiento fue positiva y se determinó no cobrar impuestos. AHCM, Fondo Ayuntamiento GDF, Sección Gobierno de Distrito, Juegos permitidos, Vol. 1661, exp. 143, año 1903.

48AHCM, Fondo Ayuntamiento GDF, Sección: Gobierno del Distrito: diversiones, vol. 1383, exp. 249, años 1906-1907.

56MEYER, “¿Fue México germanófilo”, pp. 71-84. La misma formulación hace Jesús Monjarás-Ruiz, quien señala que, de ser contrarrevolucionarios, los integrantes de la comunidad alemana en México, al iniciar la Primera Guerra Mundial, “buscaron utilizar a revolucionarios y contrarrevolucionarios para sus propios fines” y lograron entenderse con Carranza “desde mediados de 1916 hasta su caída”. MONJARÁS-RUIZ, “México entre 1910 y 1920”, p. 342.

Recibido: 27 de Febrero de 2023; Aprobado: 05 de Julio de 2023

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