Esta no es la primera vez que un historiador se ocupa de contar la vida del general de división, de origen español, Pedro Celestino de Negrete y Falla. Un actor político central e indispensable para comprender lo que aconteció en la Nueva Galicia durante la lucha armada y en el movimiento trigarante que se expandió por toda la Nueva España. Además de algunos textos periodísticos de principios del siglo XX y de breves semblanzas biográficas que autores como Manuel Rivera Cambas, José María Miquel i Vergés, Ángel María Garibay K., Rogelio Álvarez y Humberto Musachio escribieron para diccionarios y obras enciclopédicas durante las dos centurias pasadas, recientemente se publicaron artículos y estudios biográficos más amplios, aunque no por ello exentos de contradicciones y vacíos informativos.
El primero en hacerlo fue el general auditor e historiador gaditano, José Ramón Cervera Pery, quien fue invitado a colaborar en el Diccionario Biográfico patrocinado por la Real Academia de la Historia, en Madrid, con un artículo titulado “Pedro Celestino de Negrete y Falla”, texto de acceso libre desde el 7 de abril de 2021; luego tenemos al historiador de la Universidad Rey Juan Carlos de España, Juan Ramón de Andrés Martín, especialista en las Guerras Carlistas del siglo XIX, y quien tituló su libro El mariscal de campo José de la Cruz en la encrucijada de la independencia de México como comandante general de la Nueva Galicia, editado por Dykinson en 2021; finalmente, el historiador mexicano Jaime Olveda Legaspi, uno de los mejores especialistas del proceso independentista en el Occidente de México, ofreció un primer acercamiento a la vida del personaje en su ensayo «Pedro Celestino Negrete, de realista a trigarante», texto publicado en agosto de 2021 en el número 125 de la revista Estudios Jaliscienses, patrocinada por El Colegio de Jalisco.
El hecho de que estos trabajos salieran a la luz pública en el año del bicentenario de la consumación de la Independencia de México, es lo que quizá impidió al autor de la obra que reseñamos nutrirse de los diversos hallazgos de sus contemporáneos y ampliar su horizonte de análisis sobre otros aspectos de la vida del general Negrete. El comentario también es válido para ambos autores españoles, porque, de haberse leído entre sí, o haber consultado otras fuentes en México, les habría ayudado a normar criterios, introducir matices en sus aseveraciones y aclarar, de una vez por todas, las dudas y confusiones que aún existen.
Por lo que toca a la historiografía mexicana, la obra de Olveda se suma a un conjunto de investigaciones que en las últimas décadas se han escrito sobre algunos jefes militares que, primero estuvieron al servicio del rey en Nueva España, luego se volvieron trigarantes y, finalmente, llegaron a desempeñar cargos importantes en los primeros gobiernos independientes. Varios de esos estudios han sido impulsados por el propio Jaime Olveda; como ejemplo, basta mencionar sus libros: De la insurrección a la independencia. La guerra en la región de Guadalajara (2011); Los comandantes realistas y la guerra de independencia (2011) y La independencia en las provincias de la América Septentrional (2021), editados todos ellos por El Colegio de Jalisco, su centro de adscripción. Esas publicaciones, junto con la que ahora me ocupa, se asocian a eventos conmemorativos de varios bicentenarios: el de la crisis política de la monarquía, el del inicio de la insurrección armada, el de la revolución liberal gaditana y, finalmente, el de la llamada consumación de la Independencia.
La obra, Pedro Celestino Negrete. El libertador de la provincia de Guadalajara, consta de dos partes: el estudio biográfico sobre el personaje y la reproducción de 11 números de la Gaceta del Gobierno de Guadalajara con sus respectivos Alcances. La primera se divide en cuatro subapartados: a) Su ascendente carrera militar, b) Su incorporación al movimiento trigarante —el más extenso—, en el cual Olveda aprovechó las fuentes hemerográficas que cita en su estudio; c) Después del Imperio de Iturbide, y d) El declive. Contiene, además, palabras preliminares y una bibliografía básica. A este respecto, se observan algunas ausencias de autores y obras que habrían enriquecido el activismo militar y político de Negrete en aquel tiempo. Pienso, por ejemplo, en Lucas Alamán, Manuel Rivera Cambas y Michael Costeloe.
En esta primera parte, el autor centró su atención en los años estelares de la vida del militar oriundo de San Esteban de Carranza, en las Encartaciones de Vizcaya, España, donde vio la luz el 19 de mayo de 1777; en la del oficial realista, la del jefe trigarante que libertó la capital de la Nueva Galicia y que promovió la independencia en toda esa provincia; en el miembro del triunvirato ejecutivo, uno de los poderes con el que se empezaron a sentar las bases institucionales de la naciente República, sin olvidar, desde luego, la causa que se le siguió por el tribunal militar, junto con sus años en prisión.
Como suele suceder en la generalidad de los estudios biográficos de este tipo, los primeros y los últimos años del individuo resultan poco visibles, son los menos investigados y, por lo mismo, los más desconocidos. Sabemos el reto que esto representa. Por fortuna, existen algunos trabajos que pueden ayudar a subsanar estos vacíos. Pablo Ortega del Cerro, en su estudio “Crecer en la Armada: modelos de conducta y forja de valores entre los cadetes navales (siglos XVIII-XIX)” (Cádiz, 2020), demostró la importancia que tuvo la formación de los infantes de marina educados en las Academias de Guardias Marinas, y Negrete, aunque no nació en el Ferrol como afirmó en su momento Vito Alessio Robles1 —generando confusión—, sí sentó plaza en la Real Compañía de Guardia Mariana que ahí se estableció desde 1776. Por su parte, la historiadora estadounidense Linda Arnold destacó en su ensayo “La política de la justicia militar mexicana: Nombramientos de la corte militar de apelaciones, 1823-1860” (México, 2005), el relevante papel que desempeñó la justicia militar en México durante la primera mitad del siglo XIX, justicia a la que Negrete fue sometido cuando se le vinculó con la conspiración del padre Joaquín Arenas.
La segunda parte es igual de valiosa e interesante, porque puso al alcance del público el prospecto y los primeros 11 números de la Gaceta del Gobierno de Guadalajara, dirigida por el secretario de Gobierno, Antonio José Valdés, y editada en la Imprenta de Mariano Rodríguez. Olveda señala que tuvo “la fortuna de encontrar once ejemplares consecutivos en el Archivo Histórico de la Arquidiócesis de Guadalajara en muy buenas condiciones, de los cuales se obtuvo una copia para incorporarlos en este volumen” (p. 10), destacando el primer número que era desconocido; el hallazgo incluye, además, seis ejemplares del Alcance a la Gaceta de Gobierno subtitulados con el lema “Viva la Independencia”, con fecha distinta y diferente asunto. El autor no dice a quién perteneció este conjunto de papeles impresos, mismos que fueron cuidadosamente ordenados y cocidos por uno de sus lados, hasta formar un pequeño legajo. Por las iniciales J. M. R. P. y la rúbrica que le acompaña, parece que se trata de José María Ramos Palomera, diputado al Congreso Constituyente mexicano por la provincia de Guadalajara a partir de febrero o marzo de 1821, quien, radicado ya en la capital del Imperio, por marzo de 1822, estableció una oficina de imprenta que llevaba su nombre. Estamos ante una obra que podría considerarse un libro-fuente por la información periodística que, de manera directa, proporciona al lector interesado en el estudio de esta época.
A pesar de su carácter oficial, la Gaceta del Gobierno de Guadalajara es un venero muy poco aprovechado por los estudiosos de la historia y de los medios de comunicación en México. Solo algunos especialistas como Juan B. Iguíniz, Celia del Palacio y Carmen Castañeda, entre otros, la habían utilizado en sus investigaciones relacionadas con la historia del periodismo en Guadalajara. Al igual que los demás libros de Jaime Olveda que he mencionado, la obra Pedro Celestino Negrete. El libertador de la provincia de Guadalajara forma parte de la colección Temas Históricos, una de las más regulares y constantes editada por El Colegio de Jalisco, esta última en el marco de los 40 años de vida de la institución.
Con este estudio, Olveda confirmó lo que ya otros historiadores que se ocupan de este período habían advertido: la declaración de Independencia en las provincias, mucho antes de que Agustín de Iturbide ocupara la Ciudad de México el 27 de septiembre de 1821. En ese sentido, el título de “Libertador” dado a Negrete y Falla está plenamente justificado. Por mi parte, agregaría algo más: el que se dirijan a él en la documentación oficial como “Primer Jefe del Ejército de Reserva”, haciéndolo competir con el título de “Primer Jefe” con el que los oficiales trigarantes habían investido a Iturbide en el pueblo de Iguala unos meses atrás. Pese a todo, es esta última fecha la que está presente en la memoria de los mexicanos y no el 13 de junio de aquel año, cuando Negrete proclamó la Independencia en San Pedro Tlaquepaque y por la tarde repitió el acto en Guadalajara. Mucho influyó para ese olvido la centralidad de la Ciudad de México; el hecho de tratarse de la capital y cabeza del reino más floreciente de la monarquía católica y, desde luego, el peso político heredado de las antiguas instituciones civiles, militares y eclesiásticas que ahí se establecieron.
Escrita con una prosa ágil y sencilla, sin términos técnicos ni rebuscados y un aparato crítico que no interrumpe la secuencia de los argumentos, la obra puede leerse con facilidad. No obstante, su lectura plantea nuevas interrogantes que, de resolverse, contribuirían a aclarar las dudas que comenté en un inicio. Señalo tres preguntas de la vida de Negrete, antes de octubre de 1810, que me parecen importantes: ¿Qué tanto se puede reconstruir su entorno familiar, educativo y social en la España de finales del siglo XVIII? ¿Qué motivos lo llevaron a dejar el Seminario de Vergara para convertirse en guardia marina de la Real Armada? ¿Qué fue de su vida, previo a desembarcar en el puerto de Veracruz?
La obra también invita a reflexionar sobre otros temas ocurridos en tiempos de guerra, por ejemplo, la manera en que algunos jefes y oficiales realistas alcanzaron fama y prestigio, logrando amasar fortunas por distintos medios, como parece que ocurrió con el militar vizcaíno (p. 16) y con otros jefes; ya Juan Ortiz Escamilla en su libro Calleja. Guerra, botín y fortuna (Veracruz, 2017) dio pruebas de esta práctica. De igual modo, la correspondencia entre Negrete y el padre José Antonio Torres en 1814, permitiría profundizar en las negociaciones políticas que ambos entablaron con el objeto de restablecer la paz por medio del indulto (p. 19). Llama particularmente mi atención, la conciencia de Negrete de percibirse más como un militar que como hombre político; este tema debe analizarse a detalle porque puede constituir un rasgo característico de la gente de armas de aquel tiempo. Por otro lado, ¿qué tipo de colegio militar habría pensado Negrete, cuando en junio de 1821 propuso su creación a Agustín de Iturbide? ¿Cómo fue la ruptura de los oficiales trigarantes frente a sus antiguos jefes superiores? ¿Cuáles fueron las razones que esgrimieron para no ser tildados de traidores al rey y a la patria? ¿Dónde quedó el honor y la lealtad de los militares hacia el soberano?
Otro tema pendiente es el de las pugnas al interior de la propia institución castrense. Son conocidos —aunque no suficientemente explicados— los conflictos que llegaron a tener los comandantes Félix María Calleja y José de la Cruz por la sucesión en el virreinato; sin embargo, nada sabemos de las diferencias políticas e ideológicas entre Pedro Celestino Negrete y Miguel Barragán. Finalmente, estamos lejos de conocer lo que significó para muchos generales y oficiales españoles no regresar a su país de origen y ser condenados a vivir y morir en el exilio. Negrete terminó así sus días en Burdeos, Francia, el 11 de abril de 1846, a los 69 años de edad.
En cuanto a la colección de periódicos, considero que representa un primer paso para comenzar a reunir los ejemplares faltantes, dispersos en distintos archivos y bibliotecas del país y del extranjero. Urge completar la colección y escribir la historia de la Gaceta de Gobierno de Guadalajara, sin desligarla del editor ni de la imprenta que le dio vida. Como apunta Laurence Coudart en uno de sus trabajos (“Nacimiento de la prensa poblana”, México, 2001), debemos concebir al periódico no solo como un “mediador cultural”, sino “como género específico, como medio de expresión y como objeto de consumo colectivo” (p. 120).
Por último, el retrato del general Pedro Celestino Negrete que se muestra en la portada y luego se reproduce al interior de la obra, también puede ser motivo de interesantes estudios. Ya Patricia Massé, en su libro Fotografía e Historia Nacional. Los gobernantes de México 1821-1884 (México, 2017), había destacado el significado social del retrato en formato de tarjeta de visita, así como la manera en que la fotografía, analizada como “artefacto impreso”, permite explorar “una narrativa del devenir histórico mexicano, reconocido en la figura de la autoridad política del siglo XIX” (p. 33).
¿Cuántos retratos se conocen de Pedro Celestino Negrete? ¿Qué técnicas usaron los artistas para representarlo? ¿En qué momento se hicieron y con qué objeto fueron publicados? En la obra de Olveda, el general Negrete figura en edad madura; está de perfil, mirando a su izquierda y, por lo mismo, no se aprecia la herida que sufrió en el lado derecho de su rostro. Viste traje militar, el cuello del uniforme está decorado con un entorchado y sobre su hombro izquierdo luce la charretera con sus canelones, propios de su grado, mientras cuatro botones de la chaqueta prenden de su pecho. Valdría la pena averiguar en qué momento se hizo este retrato y qué se usó de modelo para su reproducción.
Para concluir, debo decir que el lector interesado en la historia militar, y particularmente en la vida de los actores de la contrainsurgencia, la trigarancia y los primeros años de vida independiente, hallará en esta obra un estudio maduro y sereno, escrito por un autor reconocido en el ámbito de su especialidad que entrega, además, una colección de periódicos de la época para que los interesados los lean de manera directa y les ayude a comprender mejor lo que significó aquel momento crucial para la historia de México.










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