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Península

versión impresa ISSN 1870-5766

Península vol.20 no.2 Mérida jul./dic. 2025  Epub 09-Dic-2025

https://doi.org/10.22201/cephcis.25942743e.2025.20.2.90940 

Reseñas

César Guzmán Tovar. Enfermedades ensambladas. Prácticas sociotécnicas en la Península de Yucatán. Mérida: unam, 2024: 213 pp.

Mitsuri Guadalupe Pacheco Zapata1 

1Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia Universidad Nacional Autónoma de México


“¿Para qué estudiar la experiencia de científicas y científicos?” nos pregunta César Guzmán Tovar en el libro Enfermedades ensambladas. Prácticas sociotécnicas en la Península de Yucatán, donde a través del seguimiento y caracterización de las trayectorias científicas se explora el pasado, presente y futuro como temporalidades que interactúan simultáneamente en el marco del estudio de las enfermedades emergentes.

Guzmán nos propone tratar a las “enfermedades emergentes” como “enfermedades ensambladas” que responden a “configuraciones materiales, cognitivas y sociales” (15) dándose en un tiempo y espacio definido, empleando diversidad de técnicas y metodologías necesarias para abordar la realidad social. En este ensamblaje que transmuta, pues se mantiene en constante cambio, se ubican las y los investigadores cocreando subjetividades científicas, que a su vez se materializan en acciones, decisiones y resultados en el contexto científico.

Además de centrarse en el análisis de las prácticas sociotécnicas donde lo subjetivo resulta ser nodal para el abordaje de la ciencia, Guzmán Tovar nos presenta cómo se ensamblan asociaciones diversas y conocimientos especializados a través de las prácticas y experiencias en el laboratorio, el trabajo de campo y la universidad.

Si bien de manera común entendemos “ensamblar” como la acción de unir o montar las partes de algo para formar un todo, desde los estudios de ciencia tecnología y sociedad, ensamblar se presenta como una “configuración temporal heterogénea, híbrida […] plural, producida en un lugar-tiempo específico” (15). Entonces, ¿qué implica el tiempo en la producción de conocimiento? Este elemento no sólo es fundamental en las trayectorias personales e institucionales, sino también en la producción y relaciones establecidas con los procesos de salud y enfermedad.

En esta misma línea, César Guzmán retoma de manera creativa una metáfora fantasmagórica para presentarnos la multidimensionalidad en el que convergen ciencia y enfermedades emergentes al estar existiendo al mismo tiempo. Mirar lo emergente y reemergente nos enfrenta no a un hecho concreto y desvinculado, sino que retoma la serie de interacciones y prácticas en cadena donde cada elemento tiene una función y razón de estar. Nos invita a pensar en los procesos históricos que han llevado a situar, determinar, nombrar y atender la enfermedad en el presente.

Desde la fiebre amarilla hasta el dengue, Enfermedades ensambladas da cuenta del largo trayecto de más de cien años que sigue siendo interés de estudio en la actualidad. Este acertado ensamblaje de estudios previos nos acerca a la historia de las enfermedades dejando entrever la constitución actual de los estudios sobre estos padecimientos emergentes.

¿Por qué resulta importante retomar estos antecedentes? Adame, en su texto La conquista de México en la mundialización epidémica, comparte que “los individuos se conocieron y enriquecieron, en términos epidemiológicos, efectiva y realmente como género humano en las interconexiones” (2000, 256). Estas interconexiones se hacen más presentes y palpables en el estudio de las enfermedades emergentes entre saberes, conocimientos, disciplinas, ciencias, experiencias, retos, desacuerdos y aciertos.

A lo largo de este trabajo, veremos cómo el esfuerzo conceptual y empírico resulta necesario para estudiar la salud y enfermedad como problemas sociales, y por qué son campos de investigación clave para la red científica en la Península de Yucatán. Observaremos cómo las enfermedades están “orientadas” por factores individuales, dinámicas culturales y la ciencia institucionalizada que constantemente interactúan entre sí.

Desde la introducción, a lo largo de los cinco capítulos del libro y hasta las conclusiones, podemos palpar una investigación cercana que se expresa en una meticulosidad cualitativa que retoma documentales, visitas a laboratorios, entrevistas a profundidad, múltiples acompañamientos a trabajo de campo y extensas inmersiones en espacios donde las y los investigadores se desenvuelven. Por otra parte, las entrevistas realizadas explicitan el sentir de las y los científicos, reflexiones profundas de quienes investigan, así como al pasado, sus sueños y el reconocimiento cara a cara de su realidad social.

Las trayectorias presentadas se convierten en un testimonio, similar a un mapa en el que podemos rastrear el proceso institucional de la ciencia. A través del análisis de la vida de cada investigador e investigadora es posible conocer el camino, los atajos, los espacios clave y las vías que han tomado para desarrollarse en su disciplina, así como para abordar el tema al que han dedicado sus esfuerzos.

La destreza del autor en el ensamblaje de entrevistas y testimonios con la teoría social y metodológica nos guía en la comprensión de la construcción epistemológica, cultural e individual que constituye la interrelación del binomio salud-enfermedad y hace sentido a través del seguimiento de las experiencias en la vida cotidiana de las y los investigadores.

Veremos cómo se presentan los relatos de las personas entrevistadas, retomando la noción de resonancia como una propuesta conceptual para comprender esta constante construcción racional (75). Esta perspectiva permite diferenciar el sentido armónico del mundo social, el contacto continuo y el apaciguamiento del caos. Se revela el impacto múltiple de las enfermedades, ya que su existencia interactúa no sólo en distintos campos sociales, sino también en la vida de diversos cuerpos humanos y no humanos evidenciando que la salud y la enfermedad tienen una carga ideológica, política y económica.

Este libro expone, de manera audaz y precisa, las relaciones entre asimetría y creatividad. La asimetría siendo reflejada en las relaciones entre centros y periferias, y la creatividad emergiendo para navegar entre estos contextos. El análisis de los centros y periferias revela que tanto el conocimiento como las enfermedades son históricos y situados. Por lo tanto, no es sorprendente que el conocimiento sea el resultado de complejas relaciones de poder y del posicionamiento de ciertos intereses sobre otros.

¿Este entramado complejo impacta en las capacidades científicas y tecnológicas de la Península de Yucatán? ¿Cómo se sitúa en relación con el resto del país y del mundo? ¿Qué nos dice la oferta institucional existente sobre la producción de conocimiento y la realidad social, económica y política? En respuesta, Cesar Guzmán nos expone las relaciones asimétricas en el quehacer científico, donde la hegemonía del conocimiento se impone y la resistencia de las y los científicos se manifiesta.

Entonces, ¿cuáles son las pautas de acción? ¿Qué margen de movimiento laboral y técnico es posible? Este libro nos ofrece observar en la división social de trabajo y en la distribución de prácticas, tanto en el laboratorio como en el trabajo de campo, las interacciones entre los países del norte y sur global en el proceso de producción de conocimiento. ¿Quién hace qué? ¿En función de qué? ¿Y de acuerdo con quién? Esta escritura cruda y directa nos remonta a la historia conocida de la ciencia y al análisis de dispositivos de control (Foucault 1975), que muchas veces descansan en subjetividades y de pronto no resultan tan sencillas de nombrar o visibilizar sin una mirada crítica y enfocada.

Como bien se detalla en este texto, al mirar las relaciones sociales en el campo de la ciencia desde la asimetría, pasamos de largo por la serie de recursos, estrategias y respuestas creativas que se desarrollan para interactuar con la realidad del día a día en el trabajo científico. Ya sea a través de diversas vinculaciones entre investigadoras e investigadores o produciendo “hechizos” como lo expresa el autor (15).

Estas aparentes fortalezas, aunque también pueden interpretarse como “debilidades”, César Guzmán las analiza como “punto de quiebre y potencia” (122). Es claro que para este proceder la objetividad no debe perderse de vista, sin embargo, veremos que las trayectorias de cada investigadora e investigador no sólo se encuentran marcadas por sus historias de vida, sino que también impactan en los procesos científicos y sus respectivas áreas de trabajo.

¿Cómo se manifiesta esto en el quehacer cotidiano del laboratorio, el trabajo de campo y la universidad? ¿Qué efectos tiene en la práctica diaria científica y en los resultados a largo plazo? Danièle Dehouve (2016), por ejemplo, retoma lo cotidiano para subrayar la relevancia del estudio de lo ordinario como campo fértil para comprender las representaciones sociales en el estudio de las amenazas. En este sentido, veremos cómo el quehacer científico no se limita a un suceso único o acontecimiento extraordinario, sino que se desenvuelve en la vida cotidiana del laboratorio o práctica de campo donde la vida científica cobra sentido para las y los científicos. César Guzmán nos presenta estos espacios como territorios vivenciales dado el “alto interés simbólico para los científicos” que dota sentido e identidad en el día a día de cada persona (101). Es en este proceso, se hacen visibles las prácticas sociotécnicas del trabajo de campo, laboratorio y escritura, las cuales, como menciona el autor, involucran materia, cognición, sociabilidad y emoción (159).

Enfermedades Ensambladas. Prácticas sociotécnicas en la Península de Yucatán nos recuerda lo siguiente: los hechos científicos emergen de la imbricación de los experimentos y las experiencias. La necesidad de ver más allá de una sola perspectiva nos ha llevado a dialogar entre disciplinas y campos de acción, algo que la [hiper] especialización había difuminado (Hernández 2014) y que las “enfermedades emergentes” nos han exigido. Sin embargo, en el balance, seguiremos viendo que la llamada validez científica tendrá sus hijos pródigos o predilectos. En otras palabras, sistemas de medición del conocimiento que automatizan la producción académica, pero a su vez permiten al científico “permanecer” (147).

Este trabajo, además de resultar pertinente, enriquece las discusiones sobre los significados y el estado de la actual política científica en la Península de Yucatán. Su lectura no sólo es fluida y clara sino también ofrece a distintas ciencias un punto de encuentro dónde dialogar a través de la memoria, la empatía y la construcción del futuro. Sin duda es un texto apremiante cuyo estudio alienta y reivindica la labor científica.

Mitsuri Pacheco Zapata mitsupacheco@gmail.com

Referencias

Adame Cerón, Miguel Ángel. 2000. La conquista de México en la mundialización epidémica. México: Taller Abierto. [ Links ]

Dehouve, Danièle. 2016. Antropología de lo nefasto en comunidades indígenas. San Luis Potosí: COLSAN. [ Links ]

Foucault, Michel. 1975. Vigilar y castigar: el nacimiento de la prisión. México: Siglo XXI. [ Links ]

Hernández Mora, Luis Humberto 2014. “Consideraciones filosóficas sobre el fenómeno de la especialización en las ciencias”. Praxis Filosófica, 39: 41-66. [ Links ]

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