Este libro se conforma por doce apartados, considerando la presentación, las conclusiones, las obras consultadas (por cierto, desagregadas por la naturaleza de los textos referidos) y los nueve capítulos que son el corazón de la obra, acompañados por tablas y figuras con información cuantitativa y gráfica, precedido todo por un prólogo de Sonia Pérez Toledo. El estudio comienza describiendo el escenario donde se desarrolla la vida y obra de los trabajadores que son los protagonistas de su historia. Solano explica la geografía de la ciudad de Cartagena de Indias y la distribución de sus habitantes en ese espacio urbano. Se trató nada menos que de una de las ciudades portuarias más importantes del sistema comercial y defensivo del imperio español en una época -los años que corren de 1750 a 1811, el último tramo que vivieron bajo la soberanía de la Monarquía española- en el que el estado de guerra contra las otras grandes monarquías europeas fue prácticamente una condición permanente, guerras a las que después se sumarían los combates internos por la independencia. Así que, si bien, desde el siglo XVI Cartagena de Indias fue uno de los nodos principales de las redes construidas por la Monarquía católica en América, porque fue la puerta de comunicación del virreinato de Perú con el Atlántico, de donde zarpaban los galeones de Tierra Firme con la plata del Potosí, en la segunda mitad del xviii el sitio cobró una nueva dimensión debido a que las amenazas bélicas continuas tensaron mucho la vida en esa ciudad portuaria, baluarte fundamental del sistema español.
En esa época, naturalmente, los costos para mantener en pie y trabajando la maestranza de la artillería y el apostadero de la marina, en Cartagena, aumentaron notablemente y esto repercutió necesariamente en la gente de a pie -como hemos dicho, los protagonistas de esta historia- porque tuvieron más dificultades para seguir adelante con sus vidas en el nivel más básico; también les costó más alimentarse, vestirse y habitar con cierta dignidad. El libro trata precisamente de cómo la vida de esas personas se desenvolvía de manera cotidiana, quiénes eran esos trabajadores, dónde, cómo y en qué condiciones laboraban.
Después de exponer el espacio urbano en el que se desarrolla esta historia, Solano dedica el segundo capítulo a la gente que trabajaba en la ciudad, pero fuera del sistema defensivo: artesanos, pequeños comerciantes y quienes se ocupaban de otros servicios y manufacturas, fueran libres y asalariados, o bien esclavos, distinguiendo si se trataba de hombres o mujeres. Y esto es uno de los aciertos más grandes de este libro, ya que incluye a las mujeres trabajadoras, un grupo casi siempre silenciado e invisibilizado en la historia, y por ello muy difícil de estudiar, pero, desde luego, no imposible si se sabe dónde averiguar, como ha demostrado Solano, quien las buscó en todos los espacios posibles, encontrando uno que fue fundamental para su investigación, la Real Fábrica de Tabacos, una empresa que funcionaba básicamente con la mano de obra de mujeres libres y asalariadas.
El tercer capítulo de este libro se ocupa de estudiar a los que trabajaban dentro del sistema defensivo: una mano de obra que incluía hombres libres, hombres forzados que cumplían sentencias y aquellos esclavos que fueron propiedad tanto del rey como de particulares. Ya en los siguientes capítulos, Solano enfatiza, con sumo detalle, las condiciones materiales de la vida de esos trabajadores, sus niveles salariales, el acceso a la comida y la calidad del abasto, las condiciones de sus viviendas y vestidos, para construir con toda esa información una suerte de matriz que le permite analizar, posteriormente, la complejidad de las jerarquías y formas de estratificación de la sociedad en Cartagena de Indias. Simultáneamente, examina su organización y división sociales en las que influyó la raza, pero no de manera determinante, pues, de igual manera, incidió el estilo de vida, el nivel económico, el prestigio, la ideología, la consideración social, y no sólo la que los “otros” tenían por “uno”, sino también la que éste tenía por sí mismo, es decir, factores materiales e inmateriales, objetivos y subjetivos. Y éste es otro de los grandes aciertos del estudio de Solano, el haber superado las concepciones binarias establecidas a partir de la raza y la economía que limitaban todo a distinguir entre negros y blancos, pobres y ricos, esclavos y libres.
Solano abandona ese esquema estrecho y ofrece, en cambio, un cuadro en el que la realidad social es mucho más compleja y llena de niveles y diversos matices, con una estructura un tanto más rica, porque además no fue rígida, estática, sino más bien dinámica y cambiante, puesto que en ésta se permitió la movilidad social. Entonces, para lograr esta concepción, el autor parte de la siguiente consideración teórica: sostiene que el orden social es un campo relacional multicausal y que la vida social se construye por las relaciones entre las acciones humanas y la realidad material.
Por último, remata su estudio ofreciendo al final de su obra, en el último capítulo, un acercamiento a otro ámbito fundamental: el de la vida política de los trabajadores de Cartagena de Indias y su participación en la lucha por la independencia respecto de España, que consiguen en 1811. En suma, Solano realizó un minucioso trabajo de uno de los nodos principales del sistema defensivo y comercial del imperio español que nos debe servir de modelo para estudiar otras de las ciudades portuarias de ese sistema -ciudades, por cierto, escasamente estudiadas a este nivel-, pues esto nos permitirá entender mucho mejor la compleja red imperial que tejió la Monarquía católica en sus dominios ultramarinos.










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