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Península

versión impresa ISSN 1870-5766

Península vol.17 no.2 Mérida jul./dic. 2022  Epub 10-Sep-2024

https://doi.org/10.22201/cephcis.25942743e.2022.17.2.83575 

Reseñas

Marta Lamas. Dolor y política. Sentir, pensar y hablar desde el feminismo. México: Océano, 2021: 264 pp.

Irazú Gómez García1 

1Universidad Nacional Autónoma de México, México. irazu_gomez@comunidad.unam.mx

Lamas, Marta. ., Dolor y política. Sentir, pensar y hablar desde el feminismo. ., México: :, Océano, ,, 2021. : 264 pp.


¿Ser feminista o hacerse feminista? La diferencia implica ciertos matices. Ser es condición, naturaleza de pensamiento. Una especie de horizonte dado a las personas, que les otorga algún tipo de propiedad ontológica. Hacerse, en cambio, se asocia a la capacidad de acción, se trata de un aprendizaje. Una construcción social interindividual en relación con otros. Es un ejercicio de prueba y error que hace visible la necesidad de reflexionar acontecimientos a posteriori, con el fin de revalorar causas, efectos y emociones, para situarnos y proponer nuevas alternativas frente a la persistencia de obstáculos. Es precisamente el cruce de emociones en los caminos interminables del hacer feminista lo que convoca a Marta Lamas para escribir Dolor y política. Sentir, pensar y hablar desde el feminismo. Una reflexión que busca abrir la posibilidad de diálogo entre la pluralidad que define a los feminismos actuales en la Ciudad de México.

¿Por qué sentir y pensarse en relación con otras después de 51 años de hacer feminismo?,

¿cómo entender y hablar de las transformaciones que han tenido los feminismos mexicanos en las últimas décadas? La autora, con la lucidez que la caracteriza, responde a esta pregunta desde el inicio del texto. Explora su experiencia desde el dolor: haber sido repudiada por feministas jóvenes al señalar los peligros de la victimización y los conflictos que pueden desprenderse de un orden punitivo frente al acoso. Ser calumniada por las oportunistas morales del feminismo. El dolor de presenciar una fuerza de mujeres sin precedente, pero con poca capacidad de organización para una transformación social incluyente a largo plazo.

La catarsis, sin embargo, no es personal, sino política. Lamas establece mediante la escritura un vínculo entre el dolor propio y el dolor de otras feministas. Este es el punto de encuentro que la lleva a tejer el hilo conductor desde donde intenta esclarecer sus argumentos y definir los disensos en la pluralidad de los feminismos de la cdmx.

Para comenzar a situar su dolor frente a otras, la autora se reconoce como activista de una protesta que se ha transformado durante cinco décadas. Ella, que se adscribe a la segunda ola del feminismo, es consciente de que las olas son una abstracción cronológica que también ha terminado por modificarse para explicar las genealogías del movimiento. Empero, usa la metáfora para referirse a la transición de un feminismo entusiasta, de finales de la década de los sesenta, a los múltiples posicionamientos que han terminado por transfigurarse, ante un panorama que supera toda ficción prevista.

El contexto de violencias por el que atraviesa un país como México ha sido el caldo de cultivo perfecto para el cambio en los sentires feministas. Millones de mujeres, en su mayoría jóvenes, expresan rabia y dolor, en tiempos de circunstancias aberrantes, frente a instituciones que parecen poco sensibles. Estos feminismos, nos dice Lamas, también cuentan con otras características, algunos han concentrado su lucha en contra de la violencia sexual, tienen acceso a internet y redes sociales para difundir posturas, prácticas políticas vinculadas al sentido del humor, una estética novedosa y una perspectiva interseccional. “[Es necesario observar que, si bien,] existen cuestiones que las jóvenes comparten generacionalmente, cada una encarna las marcas de su clase social, pertenencia étnica [y geografía]” (26).

Al definir a los feminismos en un espectro de propuestas de emancipación, la autora hace un clivaje respecto al fenómeno del estilo de vida posfeminista, el “empoderamiento de las mujeres”, e incluso algunos tipos de protesta como elementos impulsados desde la refuncionalización cultural que se relaciona al proceso de mercantilización de la imagen y el consumo, producidos en la economía neoliberal.

En parte de la introducción y en el primer capítulo, Marta Lamas entrelaza los planteamientos de Wendy Brown, Chantal Mouffe y Judith Butler con el contexto de manifestaciones feministas de la cdmx. Las posiciones de este movimiento y sus expresiones están atravesadas por pasiones y por discursos construidos desde las fronteras identitarias de cada grupo, de modo que esta es la primera dificultad para una posible alianza.

Otro obstáculo se da en el tema de la violencia, tanto la que se experimenta, como la que se produce desde la impotencia. El desborde violento en las protestas feministas encuentra sus razones en los distintos atropellos que viven las mujeres, esta es “la energía afectiva que mueve a las activistas” y que ha permitido visibilizar y dimensionar el problema. No obstante, las posiciones respecto a su uso y los límites de su posible eficacia provocan posturas disímiles.

El análisis del dolor, la rabia y la violencia corresponde al tercer capítulo del libro. En este apartado, Lamas rememora la “aparición de feministas anarcas en las manifestaciones”. Para la autora, señalar las acciones de estos grupos como violencia significa un primer problema de racionalización conceptual, debido a la polisemia del término. Alrededor de este tipo de prácticas identifica dos posturas. La primera corresponde a quienes las explican como expresiones de autodeterminación y agencia, adscripción identitaria e incluso como una ruptura con los mandatos tradicionales de feminidad. Para otras personas, en cambio, las acciones de las encapuchadas son actos vandálicos sin legitimidad.

Con el propósito de establecer una posición al respecto, la autora señala la manera como las violencias de la realidad mexicana han hecho eco en los discursos feministas de la dominación, cuyos argumentos colocan a las mujeres como víctimas vulnerables a partir de su condición sexual, lo que a su vez da lugar a una espiral de significación que convierte a todos los hombres en potenciales victimarios. La inseguridad que persiste en el país, los feminicidios, las violaciones, las desapariciones, el discurso de la vulnerabilidad y el peligro hacen crecer el dolor y la rabia. Por estos motivos se exige un “cambio político, no solo de las autoridades sino también de la sociedad” (64).

Al explorar los debates dentro de los propios feminismos, alrededor de la utilización de prácticas que se califican como violentas, Lamas hace un recuento de las acciones llevadas a cabo por las sufragistas inglesas a principios del siglo xx. A partir de ello, se pregunta “¿cuál es la comprensión política que se debe desarrollar ante […] jóvenes cuyas heridas estallan en el espacio público como violencia política?” (77).

Frente a la realidad del contexto mexicano, es necesario no perder de vista que el dolor y la impotencia se expresan en la rabia de las acciones denominadas como violencia feminista. Desde esta perspectiva, propone dos cuestionamientos centrales para la discusión, más allá de juzgar la moralidad de los hechos: ¿cómo defender la legitimidad de ciertos reclamos aún cuando generan destrozos?, ¿cómo explicar los daños colaterales que resultan de las “acciones violentas”? La rabia, comprendida como emoción política, contiene una potencia catalizadora es una “válvula de escape”. Al mismo tiempo, tampoco debe olvidarse “que la violencia no te permite pensar” (88).

De acuerdo con Lamas, algunos de los desacuerdos de las feministas frente a las acciones denominadas “violencias”, provienen de la agudización en las posiciones identitarias que ostentan. Por ello, en el capítulo cuatro analiza en forma detallada los pros y contras del pluralismo en las identidades a la hora de hacer política feminista. Los feminismos provienen de un razonamiento autorreferencial que hace necesario señalar la posición de subordinación de las mujeres, pero se debe evitar caer en esencialismos que obstaculicen pensar y actuar de forma amplia, dentro del marco de la pluralidad, para lograr una modificación de prácticas sociales. En las disputas de los feminismos deben considerarse, además, la psique y la subjetividad que, muchas veces, provocan emociones antagónicas en lugar de agonismo político.

Junto a la exacerbación de las fronteras identitarias y el peligro del esencialismo, la autora retoma, para el contexto mexicano, el riesgo de la influencia de los discursos del feminismo de la dominación que, con exponentes como MacKinnon, promueven los reclamos proteccionistas y el punitivismo, en detrimento de la libertad de las personas. Desde su perspectiva, cada uno de estos elementos entorpece el avance político feminista. Al finalizar este apartado reconoce todos los posicionamientos y haceres feministas como una aportación valiosa, el reto, nos dice, se encuentra en conciliar acuerdos para lograr una escucha que facilite el diálogo en la diferencia.

En el último capítulo del libro, la autora reflexiona alrededor del desafío de construir una articulación de feminismos capaces de hacer frente a la precariedad y a las violencias del mundo actual. En su opinión, el reto se encuentra en distinguir la ideología y las emociones que acompañan a los procesos identitarios, de la responsabilidad de hacer política. Tomando como punto de partida a Weber, Lamas elabora una diferenciación entre la ética de la convicción y la ética de la responsabilidad. Esta última categoría implica considerar las consecuencias que produce aquello en lo que se cree. Para ejemplificar ambas nociones, la autora reflexiona alrededor del trabajo sexual. Señala las razones por las que un amplio sector de los feminismos considera la urgencia de prohibir los servicios sexuales al equipararlos a la trata de personas. Esta acción, nos dice, coloca en una mayor precariedad a las propias trabajadoras sexuales, sin darles la oportunidad de tomar decisiones autónomas sobre su propia vida, o bien, sin ofertar mejores opciones de trabajo. Para Lamas, debatir sobre trabajo sexual hace necesario comprender que las trabajadoras sexuales se enfrentan a diferentes circunstancias, oponerse a su única fuente de ingresos, sin pensar en las consecuencias de esta acción, es colocar a muchas de ellas, y a sus familias, en una situación de mayor vulnerabilidad.

Al hacer explícita su postura respecto al trabajo sexual, la autora asume las consecuencias de su posicionamiento. Catalogada como cómplice del patriarcado y con amenazas de expulsión del movimiento feminista, insiste en escuchar a las propias implicadas en el tema, en unir esfuerzos para lograr espacios con mayor seguridad para el ejercicio de este tipo de trabajo y, sobre todo, en continuar el diálogo “para desarrollar acciones políticas feministas [que erosionen] los esquemas de dominación y subalternidad de la lógica de género” (147). Como parte del epílogo, Marta Lamas plantea que la manera de accionar de los activismos feministas obedece a vulnerabilidades en resistencia, capaces de “agencia política, prácticas de autodefensa, tomas de espacios, duelos compartidos, declaraciones transgresoras, actos de solidaridad e intervenciones en espacios públicos que movilizan los afectos y la memoria y exponen problemas políticos” (149). El reto ante las fronteras identitarias, las emociones y la ideología de cada grupo es lograr una voluntad colectiva que permita llevar a cabo objetivos comunes contra el capitalismo patriarcal y racista, que es el enemigo a vencer. Unir los reclamos del ecofeminismo con la exigencia de un sistema de salud adecuado y el fin de la violencia hacia las mujeres, implica una praxis política a partir de un feminismo crítico. Son necesarios haceres en “continuo aprendizaje y tránsito” para interpretarnos, aceptar nuestros puntos ciegos y, al mismo tiempo, contribuir a la emancipación.

Sin duda, Dolor y política. Sentir, pensar y hablar desde el feminismo es una lectura necesaria para pensar dentro de los feminismos y hablar entre nosotras. Considero que una de las aportaciones centrales de la obra es la transparencia con la que la propia autora aborda sus emociones en relación con su propio hacer, mostrándonos cómo la práctica política feminista implica una continua reformulación. Por otro lado, me parece que delimitar el análisis a la cdmx ensombrece en alguna medida la posibilidad de pensar escenarios políticos feministas de manera amplia y sus posibilidades respecto al resto de los contextos locales que conforman las distintas realidades mexicanas. En tal sentido, el reto es sumar a la propuesta de la autora otras narrativas feministas que contribuyan a la posibilidad de proyectos en común.

REFERENCIAS

Marta Lamas. Dolor y política. Sentir, pensar y hablar desde el feminismo. México: Océano, 2021: 264 pp. [ Links ]

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