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Revista pueblos y fronteras digital

versión On-line ISSN 1870-4115

Rev. pueblos front. digit. vol.21  San Cristóbal de Las Casas  2026  Epub 06-Mar-2026

https://doi.org/10.22201/cimsur.18704115e.2026.v21.823 

Artículos

Identidad, separatismo y clivaje oculto en Yucatán. La idea de «excepcionalidad» yucateca como fantasía permanente en el imaginario local

Identity, Separatism, and Hidden Cleavage in Yucatán: The Idea of Yucatecan Exceptionalism» as a Persistent Fantasy in the Local Imagination

Rubén Torres Martínez1 
http://orcid.org/0000-0001-7531-7756

Elia Haydée Carrasco Ortiz2 
http://orcid.org/0000-0002-2776-5965

1Centro Peninsular en Humanidades y Ciencias Sociales Universidad Nacional Autónoma de México, México rubentm@cephcis.unam.mx

2Facultad de Lenguas y Letras, Universidad Autónoma de Querétaro, México haydee.carrasco@uaq.edu.mx


Resumen

En el presente trabajo se explora la persistencia de la idea de «excepcionalidad» yucateca como una construcción histórica, política y cultural que se aparta del discurso nacional mexicano. A través del análisis de clivajes históricos no resueltos, se examina cómo esta excepcionalidad se reproduce en movimientos separatistas y en discursos identitarios contemporáneos. Se argumenta que no se trata de una característica innata de las personas yucatecas ni de un desarrollo aislado, sino del resultado de tensiones estructurales que han perdurado a lo largo del tiempo. El estudio se enmarca en la literatura sobre clivajes, identidades regionales y regionalismos en Yucatán, México y América Latina, y se propone una lectura crítica de la excepcionalidad como fantasía persistente en el imaginario colectivo yucateco.

Palabras clave: identidad regional; imaginario social; clivajes históricos; regionalismo

Abstract

This study explores the persistence of the idea of Yucatecan «exceptionalism» as a historical, political, and cultural construction that diverges from Mexico’s national narrative. Through the analysis of unresolved historical cleavages, it examines how this exceptionalism is reproduced in separatist movements and contemporary identity discourses. The paper argues that exceptionalism is neither an innate trait of Yucatecans nor the result of isolated regional development, but rather the outcome of enduring structural tensions. The research is framed within contemporary literature on cleavages, regional political identities, and regionalisms in Mexico and Latin America, offering a critical reading of exceptionalism as a persistent fantasy in the Yucatecan collective imagination.

Key words: regional identity; social imaginary; historical cleavages; regionalism

Introducción

La noción de «excepcionalidad» es recurrente en el imaginario colectivo regional yucateco cuando se hace referencia a los procesos históricos, políticos y culturales que han conducido a la construcción de identidades y discursos que se apartan del marco nacional en México. ¿Qué conlleva que una región del Estado-nación se considere diferente o que en determinado momento de la historia impulse una forma de autonomía o separación? En este trabajo se analiza la vigencia de los sentimientos de excepcionalidad a lo largo del tiempo, la identificación de sus causas y la reproducción de los clivajes, así como su manifestación en el presente. Se busca responder a la pregunta: ¿cuáles son los clivajes históricos y sociales que conforman la excepcionalidad yucateca y cómo se reproducen en los movimientos separatistas y en el discurso identitario contemporáneo?

Para analizar los clivajes históricos, se recurrió a la teoría de clivajes de Lipset y Rokkan (1967). Estos autores postularon que los clivajes son líneas divisorias institucionalizadas de la sociedad, y propusieron un modelo de clivajes institucionalizados capaz de captar la estructura más profunda de la política contemporánea y las bases de la política occidental a largo plazo. Pese a que esta teoría fue desarrollada sobre todo para el contexto europeo occidental, su adaptabilidad al análisis de largo plazo en América Latina, y en concreto en Yucatán, permite estudiar los conflictos y los alineamientos en su desarrollo histórico. La República de Yucatán (1840-1848), la Guerra de Castas (1847-1901) y la rebelión cerverista (1998-2001) en Yucatán demuestran cómo la autonomía, la identidad relativa y las narrativas regionalistas son el resultado de la instrumentalización de clivajes históricos por parte de las elites políticas locales, lo que a su vez se refleja y reproduce en elementos, situaciones y símbolos cotidianos.

En este trabajo se sostiene que la excepcionalidad yucateca no responde ni a una característica de las personas yucatecas, ni a un desarrollo aislado de Yucatán con respecto al resto del país, sino a clivajes históricos no resueltos o transformados. En este sentido, en el texto se tratará de demostrar cómo la excepcionalidad yucateca es resultado del proceso de reproducción de estos clivajes históricos -el peso de la lengua maya en la identidad cultural, la influencia de la elite henequenera en la economía y la política regional, los discursos separatistas, así como la generación de una economía relativamente autónoma- que continúan vigentes a través de la política, la cultura e, incluso, la identidad de la juventud. A través de un largo periodo de tiempo, es posible vislumbrar cómo el clivaje centro-periferia, así como el clivaje étnico-cultural, están más vivos que nunca, aunque en forma renovada.

Se empleó como metodología el análisis comparado de literatura y fuentes, a partir de la combinación de la teoría de clivajes de Lipset y Rokkan con estudios recientes sobre el tema. La interdisciplinariedad de las fuentes -ciencia política, antropología e historia- hace posible contrastar, de manera comparativa, las dimensiones estructurales de los conflictos tal como fueron institucionalizados, así como las diversas representaciones que tienen en la contemporaneidad.

La investigación se articuló con la literatura contemporánea sobre clivajes, identidades políticas regionales y regionalismos en México y Latinoamérica. El objetivo de entablar un diálogo crítico con algunos de estos estudios es señalar cómo pueden retomarse ciertos elementos centrales de la teoría de clivajes de Lipset y Rokkan para estudiar las dinámicas identitarias y políticas en el ámbito regional mexicano en general, y de Yucatán en particular. En relación con este último estado, si bien la literatura sobre la conformación de la identidad y los movimientos regionalistas es amplia, muy pocas obras contribuyen a explicar la conformación de los conflictos identitarios, cómo los actores reproducen los clivajes y sus diversas formas de institucionalización.

La estructura de este trabajo es la siguiente: en el segundo apartado se presenta la propuesta teórico-metodológica de Lipset y Rokkan sobre la institucionalización de clivajes históricos para analizar su vigencia en el caso yucateco; asimismo, se propone la pertinencia de este modelo para el contexto latinoamericano. En el tercer apartado se analiza la construcción histórica de la identidad yucateca, así como la trascendencia de la lengua maya como marcador de diferenciación entre la población yucateca y el resto del país. Posteriormente se analiza la historia de los movimientos separatistas en Yucatán, así como sus factores políticos y económicos. En el siguiente apartado se identifica la vigencia de los sentimientos de excepcionalidad entre la sociedad yucateca contemporánea, el papel del clivaje centro-periferia en la actualidad y, por último, se analizan los elementos que aún perviven del discurso regionalista. En la conclusión se presenta una síntesis de los principales hallazgos del trabajo, así como una valoración crítica del estudio en la que se explicitan algunas de las limitaciones del mismo, a la vez que se señalan posibles líneas de investigación futura.

La teoría de clivajes en el contexto yucateco

El análisis de los clivajes, o divisiones estructurales de la sociedad, muestra cómo las identidades regionales en Yucatán se formaron a partir de luchas y resistencias históricas. En este apartado se intenta, a través de dicha teoría, explicar cómo se forman estas separaciones sociales y políticas y entender cómo ciertos clivajes tienen particularidades culturales, étnicas y políticas en la región, para así alcanzar un primer objetivo de comprender cómo continúan afectando las dinámicas electorales actuales, en concordancia con el objetivo general de explorar la identidad y excepcionalidad regional.

Fundamentos teóricos de Lipset y Rokkan

Martin Lipset y Stein Rokkan elaboraron en 1967 un cuadro teórico-metodológico de los clivajes a partir de datos empíricos y observables en torno a los partidos políticos de la Europa Occidental desde finales del siglo XIX hasta mediados del XX. Con esta base, realizaron una categorización y una tipología de los clivajes que fueron encontrando a lo largo de su estudio; sin embargo, en general su teoría de los clivajes permite analizar la organización política y social en las sociedades contemporáneas. Las divisiones sociales originadas históricamente se institucionalizan por medio de partidos políticos, organizaciones y sistemas electorales, mediante procesos que establecen clivajes entre los individuos que comparten identidades políticas. De acuerdo con Torres Martínez (2016), este fenómeno ilustra el proceso de formación histórica de los clivajes contemporáneos. Estas líneas divisorias críticas entre individuos, en las que se institucionalizan valores, creencias e intereses, incluyen la clase, la religión, la etnicidad y la cultura. El concepto de clivaje, para Lipset y Rokkan, consiste en institucionalizar estas divisiones, las cuales son resultado de un conflicto histórico, lo que ilustra cómo estos factores forman un tipo de comportamiento y de actitud política en el tiempo. Con esta perspectiva, se define cuáles son las divisiones que terminan por concretarse históricamente en clivajes.

De esta manera, la teoría de clivajes permite hacer visibles las «tensiones» primigenias que se encuentran en el origen de muchos de los conflictos actuales y de muchas de las contradicciones que se advierten en la sociedad. Los cambios profundos que tuvieron lugar durante los siglos XIX y XX en Europa llegaron tarde al subcontinente latinoamericano y a México. En este país, las revoluciones burguesas y nacionales, la emergencia del Estado-nación moderno, así como la industrialización, aparecieron tardía y parcialmente. Aunque la instauración de un sistema de «partido hegemónico» permitió ocultar todo tipo de conflictos en aras de la Revolución mexicana, desde finales del siglo pasado algunas líneas de división o clivajes tendieron a volverse visibles.

Un punto importante de esta teoría radica en la diferencia entre los clivajes derivados de la revolución nacional y los correspondientes a la Revolución Industrial. Los nacionales están conformados por los clivajes centro vs periferia y Estado vs Iglesia, mientras que los industriales representan la dicotomía entre propietario y trabajador (Torres Martínez, 2016). Los clivajes de la revolución nacional tienen su origen en el antagonismo entre la cultura central base de la nación y la periferia sometida -centro vs periferia-, y la emergencia del Estado-nación vs los privilegios de la Iglesia, reconocidos en el proceso de secularización. Los de la Revolución Industrial son los antagonismos entre terratenientes y empresarios industriales -propietarios-, y entre propietarios y trabajadores. El cuadro 1 ayuda a esquematizar la propuesta de Lipset y Rokkan (véase cuadro 1).

Cuadro 1 Los cuatro clivajes fundamentales de Lipset y Rokkan 

Revoluciones Ejes Nacional Agroindustrial
Funcional

Territorial

Iglesia vs Estado

Centro vs periferia

Empresarios vs trabajadores

Campo vs ciudad o tierra vs industria

Fuente: cuadro tomado de Seiler (2004: 36) . Traducción propia.

La utilidad de esta teoría radica en que ilustra algunas contradicciones, disputas y conflictos que no se toman en cuenta cuando en los discursos apologéticos se habla del Estado o la nación y de las estructuras que los gobiernan. La institucionalización del clivaje de las identidades regionales o étnicas, por ejemplo, sirve para identificar cómo se materializan en la conciencia colectiva y forman la vida política y cultural de los pueblos. De este modo, permite comprender mejor la lógica y el contenido de los intereses en la competencia política y en el modo en que se forman y reproducen (Torres Martínez, 2016). También debe considerarse que no todas las divisiones de la historia terminan institucionalizadas en la vida cotidiana. Las que se manifiestan de manera sistemática son las que se convierten en clivajes.

Desde una perspectiva teórica y metodológica, este planteamiento puede ser analizado en diversos contextos, incluyendo los latinoamericanos. Es importante recordar que la teoría de clivajes fue pensada para explicar la estructura de algunos países de Europa Occidental. Sin embargo, se ha demostrado que existe un amplio margen para analizar algunos clivajes estructurales en América Latina que responden a situaciones particulares. No obstante, en esta región los clivajes centro-periferia, étnico-culturales y socioeconómicos se presentan de una forma diferente a la europea. Esta situación permite evidenciar las combinaciones y la coexistencia de identidades fragmentadas; por ejemplo, las identidades indígenas y mestizas yuxtapuestas son distintas a las que se presentan en sociedades en las que no hay coexistencia y donde las combinaciones son más fluidas. Torres Martínez (2019) afirma que en América Latina existe un clivaje vinculado a las diversas formas de colonización y al racismo, con estructuras de dominación social y económica que se combinan con la centralización política. En estas situaciones, la lengua o la etnicidad puede representar también el clivaje de la religión o de la clase.

Estos clivajes permiten comprender mejor la conformación electoral en algunas zonas del continente americano. Hurtado Ramírez (2023) demuestra cómo en Argentina, Colombia, México, Uruguay y Venezuela las preferencias ideológicas entre votantes presentan una asociación con su nivel educativo. Esta diferencia tiende a ser más radical en países como México, donde los votantes con educación superior suelen identificarse con un perfil ideológico de izquierda, a diferencia de países como Argentina, donde votantes con el mismo nivel educativo prefieren un perfil más de derecha. En relación con la ruralidad, la educación básica y las regiones deprimidas, el partido Morena muestra gran apoyo para los grupos indígenas y campesinos. Este fenómeno sugiere la presencia de clivajes étnico-culturales y centro-periferia y demuestra que estos han logrado permanecer en la vida política.

En la península yucateca, el clivaje centro vs periferia ilustra las tensiones entre la identidad regional, las experiencias de autonomía y el poder central mexicano, las cuales tienen su origen en eventos como la República de Yucatán y la Guerra de Castas, que reflejaron las luchas políticas y las diferencias étnico-culturales e institucionalizaron esta identidad. Flores Escalante (2017) señala que este desarrollo histórico se concretó en lo que se conoce como «regionalismo yucateco», cuya particularidad se difunde mediante experiencias culturales que recuerdan la lejanía del Estado central mexicano y la resistencia que opuso la entidad yucateca. Estas experiencias marcaron imaginarios que refuerzan una cultura y símbolos propios que fortalecen la identidad de la población yucateca.

Algunos procesos electorales ocurridos en Zacatecas, México, pueden compararse con la situación en Yucatán y muestran cómo los clivajes de cada uno de estos estados pueden comprenderse a partir del análisis del comportamiento electoral. Ibarra Reyes y Amador Márquez (2019) señalan que, en Zacatecas, el sistema electoral, la ruralidad dominante y las dinámicas migratorias acentúan las características propias de su clivaje.

Por otra parte, según Torres Martínez (2019), los clivajes en Yucatán se manifiestan de la siguiente manera: en la sociedad de este estado existen aún niveles de segmentación social, socioeconómica y en la dinámica política, así como fronteras sociales, de poder, culturales y simbólicas. Las cifras indican que esta entidad no escapa a los contrastes sociales y que existen zonas que permanecen excluidas en cuanto al acceso a derechos básicos, lo que contradice el mito yucateco del buen vivir, caracterizado por la seguridad, la prosperidad y la tranquilidad. Este antagonismo deja en evidencia cómo existen divisiones entre quienes tienen derechos básicos y quienes no, lo que reproduce este clivaje en la sociedad contemporánea. Así, a pesar del aumento del índice de desarrollo humano en Yucatán, los estudios muestran que no desaparecen las diferencias sociales, sino que simplemente se adaptan y transforman.

En cuanto al clivaje étnico-cultural, el estado no se libra del racismo ni de la diferenciación de clases por origen étnico, aunque cada día disminuya el uso de la lengua maya, el idioma que representa a la región peninsular. Las prácticas culturales en resistencia también constituyen un elemento importante, pues dan cuenta de este clivaje y de las dificultades de integrarse a la nación, ya que aún predominan formas de identidad más locales o étnicas. En ese sentido, es posible retomar las preguntas que surgen ante esta teoría: ¿por qué se reproducen los clivajes?, ¿a qué fenómenos se refiere esta idea y en qué lugar conviene situar el análisis de los clivajes?, ya que las condiciones en las que fueron postuladas no son las mismas que en el contexto de Yucatán.

La teoría de clivajes de Lipset y Rokkan constituye una útil herramienta de análisis si se utiliza partiendo de un contexto particular, donde se evidencian diferencias y coincidencias, lo cual permitirá, en nuestro caso, una comprensión más profunda del contexto yucateco.

Aplicación en Latinoamérica

La teoría de los clivajes de Lipset y Rokkan se ha adaptado para el contexto latinoamericano, lo que ha permitido identificar divisiones estructurales específicas. Tal es el caso del clivaje campo-ciudad en Argentina, es decir, la confrontación entre Buenos Aires y las provincias. Este ejemplo muestra que la teoría no puede aplicarse a rajatabla, sino que debe adaptarse a la fractura territorial y a la centralización, que siguen otra lógica en América Latina. Torres Martínez (2016) considera que, en el caso de Argentina, esta teoría pone en evidencia las desigualdades geográficas y económicas que se vienen construyendo desde la época colonial en ese país.

En el caso latinoamericano, el clivaje campo-ciudad se explica a través de la historia del continente, ya que la centralización que ha existido desde la colonia es un factor importante para la configuración de las divisiones políticas y sociales. La preponderancia de la economía primaria en América Latina y el arraigo de identidades regionales hace que la teoría de Lipset y Rokkan no se aplique de manera literal, ya que esta se basa en las revoluciones nacionales y en la Revolución Industrial como puntos importantes en la configuración de los clivajes. Retomando el caso de Argentina, la histórica lucha por el federalismo contra el centralismo que se desarrolló en ese país muestra que la geografía condiciona las dinámicas sociales, y que la economía agraria marca las bases del clivaje campo-ciudad, de tal modo que este último solo es viable si se consideran ambas dimensiones.

A lo largo de la historia argentina se puede observar una serie de ejemplos del clivaje campo-ciudad, en los cuales la figura de los caudillos regionales representa la antítesis del poder centralizado. Torres Martínez (2016) sostiene que, en ese país, la repetición de los ciclos de centralización y federalización ha sido un reflejo evidente del clivaje campo-ciudad.

En cuanto a México, un clivaje que se ha mantenido es el étnico-cultural. En las elecciones presidenciales de 2018, según Márquez Romo y Martínez-Hernández (2022), quienes se autoidentificaron como indios, negros o mulatos mostraron mayor apoyo al candidato triunfador en comparación con quienes se identificaron como blancos. En cambio, estos últimos mostraron mayor apoyo a los candidatos que no obtuvieron el puesto, lo que puede interpretarse como la persistencia de la división étnico-cultural.

A lo largo de la historia de México se ha observado que sectores culturalmente segregados ofrecen mayor apoyo a los partidos políticos más afines a su estructura social y cultural. Si bien la teoría de los clivajes es útil para analizar al electorado y a las bases sociales de los partidos políticos en este país, la división étnico-cultural debe considerarse un clivaje fundamental para comprender la configuración política nacional. Por otra parte, Márquez Romo y Martínez-Hernández (2022) resaltan que las divisiones identitarias no son estáticas, sino que más bien se modifican según las políticas de identificación e inclusión, lo que se volvió relevante durante las elecciones de 2018.

En el marco de este tipo de clivaje se encuentran los indígenas en la región maya. Song (2025) manifiesta que más del 13 % de la población mexicana pertenece a pueblos mayas. En Yucatán, la lengua maya tiene gran peso en la identidad regional, e incluso marca los procesos políticos, educativos y sociales del estado. Aspectos como el analfabetismo y la fragmentación lingüística evidencian, por otra parte, las fracturas internas, lo que pone de relieve la dificultad de la integración a un proyecto nacional más amplio.

En Yucatán, el interés y la inversión en la preservación y el mantenimiento de la lengua maya por parte de los gobiernos en turno hacen que esta se vea como un indicador fundamental en las fracturas internas de la identidad cultural del pueblo maya, y así se pueda utilizar como estrategia para su preservación. La incorporación de la enseñanza de la lengua maya en el currículum escolar de los tres primeros años de primaria en algunas escuelas estatales, de manera obligatoria, es una clara muestra de ello (Boffil y Ortiz, 2019). En esta dirección, la existencia del reconocimiento de la lengua maya en Yucatán, como parte de la identidad regional, hace más evidente la fractura entre las culturas maya y no maya, lo cual sigue siendo una muestra de la segmentación interna regional.

En el pasado, en la región peninsular fueron numerosas las sublevaciones de indígenas en contra de las grandes haciendas. Estos movimientos sociales muestran cómo las fracturas étnicas son un factor de construcción social a partir de elementos de la historia y la cultura. En relación con la institucionalización del clivaje étnico-histórico, el estudio realizado por Barabas (1981) es de gran utilidad, ya que describe de qué manera la tradición mesiánica en la península de Yucatán canalizó los resentimientos sociales hasta crear al líder indígena que lucha por los derechos del pueblo maya. A partir de la historia que describe Barabas (1981) se concibe a la pesona maya como parte de la concepción de la excepcionalidad dentro de México, en la que ella tiene la legitimidad de rebelarse contra el gobierno en turno, sin que sea descalificada por el pueblo. Los levantamientos ocurridos, aunque a veces insurrectos, dejan entrever que el clivaje étnico-histórico no solo puede quedar en la configuración política a raíz del cambio de gobierno, sino que la experiencia se hace extensiva, y los conceptos de identidad, clase social y resistencia son las armas para construir las historias. La reflexión sobre los casos históricos de clivaje étnico-histórico muestra cómo los conflictos por el poder y la riqueza desembocan en la institucionalización de este clivaje a través de prácticas sociales y símbolos.

El concepto de clivaje tiene como finalidad servir de herramienta para analizar las rupturas estructurales en las sociedades y así lograr un mejor entendimiento de la forma en la que estas se encuentran configuradas en una determinada época y en un determinado espacio. Debido a ello, existen distintos clivajes y sus configuraciones pueden variar entre un país y otro, e incluso entre regiones y grupos étnicos dentro de un mismo país. Algunos de estos clivajes se pueden institucionalizar. Sin embargo, debido a que no existe una teoría única de la institucionalización de los clivajes, a continuación, se realiza un esfuerzo teórico para explicar este proceso en el caso de clivajes territoriales y centro-periferia. En este sentido, entender la relación entre el centro y la periferia es de suma importancia para la comprensión del desarrollo de las fracturas sociales, así como para entender la formación del Estado-nación, puesto que tales fracturas conforman en el territorio un clivaje centro-periferia que permite interpretar la organización estatal y el control de los recursos en un lugar determinado. En un clivaje territorial, es necesario identificar quiénes controlan un determinado territorio y quiénes están sometidos. En el caso del centro y la periferia, el primero controla la economía, el poder y las bases del territorio. En el caso de México, a partir de esta teoría se podrá interpretar la organización estatal, en la cual centro y periferia determinan la capital, el interior del país, la identidad nacional y la conformación del poder.

Además del control territorial que ejerce el centro con respecto a la periferia, los procesos identitarios se crean a partir del contraste entre la cultura «culta» y la cultura «popular». Por una parte, la clase dominante impone su cultura, sus valores y sus reglas, mientras que, por otra parte, se encuentra el pueblo, que recibe los valores del grupo dominante. Esto no quiere decir que este se comporte de manera pasiva, sino que acepta esos códigos sin dejar de hacer contrapesos a los proyectos nacionales.

Así pues, la dualidad cultura «culta» y «popular» refiere al proceso de construcción de la identidad, en el cual a su vez se generan procesos para definir al «nosotros» y al «otro» (Todorov, 1991). Esto sucede dentro del clivaje territorial, en el espacio que se entiende como «nuestro» y donde todos los integrantes del mismo comparten la cultura (Anderson, 1993). La construcción de la identidad se configura a partir de la diferencia con el otro, por lo que este último debe situarse fuera de la cultura «nuestra», es decir, en la «cultura del otro», en el clivaje territorial del otro, pero conteniendo características culturales similares y aludiendo a diferencias que remiten a la cultura «culta», sin necesariamente establecer jerarquías en ese orden. En este sentido, el concepto de diferencia alude a aquello que no es lo «nuestro», a lo diferente.

En el marco del clivaje centro-periferia del territorio, la dimensión de las diferencias culturales muestra la formación del grupo dominante que detenta el poder sobre el territorio y todos los demás grupos. Lo anterior se logra a partir de la conformación de una cultura, la «nuestra», en la cual el resto, sin pertenecer a ella, se aglutina en un solo conjunto que se define por ser diferente. En México, la idea del mexicano y del «no mexicano» es la base identitaria que enmarca esta fractura, siendo el clivaje territorial el sustento de los clivajes étnico-culturales (Torres Martínez, 2012). Sin embargo, es importante destacar que, si bien el clivaje territorial del centro-periferia es fundamental, este a su vez se construye a partir de una diversidad cultural, social y política sobre la cual se forman los distintos clivajes étnico-culturales. Así pues, no solo el clivaje de clase influye sobre el centro-periferia, sino que este eje es, a su vez, la matriz social en la que las identidades y los clivajes étnico-culturales se institucionalizan.

Identidad y excepcionalidad regional

La construcción de la identidad yucateca es resultado de procesos históricos de resistencias, autonomías y narrativas de excepcionalidad, lo que ha fortalecido la idea de Yucatán como una región con cualidades propias. Esta concepción favorece la comprensión del peso que tienen las memorias del pasado, las tradiciones culturales y los símbolos en la percepción social y política de la península. El análisis de las raíces históricas y culturales permite identificar la peculiaridad de esta entidad peninsular, así como las permanencias y los cambios a lo largo del tiempo.

Construcción histórica de la identidad yucateca

La identidad yucateca es una construcción histórica que se definió a través de la dicotomía entre proyectos centralistas y proyectos de autonomía. Al respecto, y a manera de ejemplo, en la época de la instauración de las Siete Leyes -1836-, la región de Yucatán, encabezada por una elite, se rehusó a perder sus competencias autonómicas y reclamaba la restitución de la Constitución de 1825, lo que demuestra una clara conciencia regional diferenciada (Zuleta Miranda, 1995). La ruptura con la metrópoli española propició una tensión con el gobierno central mexicano que culminó con la proclamación de la independencia de Yucatán y su transformación en la República de Yucatán, lo cual constituyó un referente que sustentó una narrativa regionalista en la que la autonomía se ubicó como un valor fundamental dentro de la identidad regional (Zuleta Miranda, 1995).

Así, a partir de la experiencia histórica de Yucatán como provincia autónoma se construyó un imaginario, aún vigente en la actualidad, sustentado en la excepcionalidad yucateca, la cual fue propiciada en gran medida por la idea, acuñada por la elite local, de que la instauración de un gobierno centralizado ocasionaba desequilibrio y la injusta distribución del poder nacional, hecho que a su vez legitimaba los proyectos alternos de soberanía y sustentó las ideas separatistas, así como las de identidad y conciencia regional (Zuleta Miranda, 1995).

Esta construcción simbólica de lo yucateco, que se realiza a partir del uso selectivo de hechos del pasado regional por parte de los sectores sociales y políticos de la península, ha sustentado a lo largo de los siglos la idea de la excepcionalidad local, ya que los discursos históricos de autogobierno y de resistencia fueron resignificados de tal manera que dan continuidad a las actuales demandas regionalistas (Zuleta Miranda, 1995).

La prensa literaria y los discursos separatistas que circularon en Yucatán durante el siglo XIX construyeron un imaginario visual del paisaje yucateco que resaltaba la abundancia de los recursos naturales y el alto nivel de civilización de sus habitantes como elementos para sustentar las posturas separatistas y su autosuficiencia (Loza Álvarez, 2012). El paisaje yucateco evocado en las narrativas de la prensa, que abarcaban los aspectos natural, histórico y económico, cumplió el papel de representación de la identidad y la excepción yucatecas al señalar la abundancia de recursos como un elemento que permitía la subsistencia de la región sin necesidad de pertenecer a México, valiéndose de la belleza del paisaje, las ruinas antiguas y la actividad económica para mostrar el desarrollo y el alto nivel de civilización de la región (Loza Álvarez, 2012). En estas publicaciones y discursos, las razones para elegir los motivos paisajísticos respondían a una clara función ideológica de exaltación de la identidad regional y de la tradición de su cultura como expresión de la grandeza de la raza maya, ello aunado a la riqueza y a la civilización de la población de Yucatán, que hacían justificable su autoexclusión del resto de la nación (Loza Álvarez, 2012). De esta forma, mediante la exaltación y evocación del pasado la prensa de la época construyó imaginarios que perpetuaron la idea de la excepcionalidad yucateca y difundió una cultura distintiva que, desde el siglo XIX, legitimó la diferenciación y justificó las acciones del separatismo (Loza Álvarez, 2012).

Por otro lado, el rechazo de los mayas a incorporarse al sistema hacendario -que no les garantizaba los derechos laborales que solicitaban-, la reproducción del idioma y la resistencia a las costumbres extranjeras reforzaron la diferenciación de esta población y permitieron el surgimiento de una frontera simbólica ante las elites peninsulares (Álvarez Cuartero, 2012). El miedo y la admiración frente a la cultura maya, dos sentimientos que caracterizaron el trato de los criollos y mestizos peninsulares hacia los indios mayas, se reflejaban en los discursos racistas de la época, por lo que la alteridad se desarrolló en términos étnico-culturales (Álvarez Cuartero, 2012).

La institucionalización de la marginación y la segregación durante el siglo XIX consolidó un imaginario en el que los discursos que exaltaban la resistencia indígena se articularon con un sistema de alteridad, lo que contribuyó a construir un simbolismo de rechazo a la diferenciación étnico-cultural. En este marco, la alteridad se asocia con el concepto de maya, así como con todos los elementos que se relacionan con este símbolo, y en la cultura yucateca se vinculan y refieren a quienes no son considerados individuos integrables a lo civilizado (Álvarez Cuartero, 2012).

La Guerra de Castas, en la que los mayas yucatecos tomaron la casi totalidad de la península, junto con las relaciones jerárquicas y asimétricas que se generaron entre los mayas yucatecos y los criollos y mestizos a lo largo de la historia, ello aunado a las diferencias económicas, sociales y raciales, fueron factores que promovieron la persistencia de clivajes identitarios en el interior de la sociedad yucateca (Alejos García, 1968). La conservación del idioma maya y de las costumbres rurales y la autoidentificación étnica refuerzan esta identidad diferenciada entre los mayas yucatecos con respecto al resto de la nación y de la sociedad peninsular (Alejos García, 1968).

De esta forma, y mediante la construcción de clivajes al interior de la sociedad, la memoria colectiva local se nutre, por un lado, de narrativas separatistas que fortalecen la identidad regional y, por otro, de las experiencias de las diferencias y las exclusiones de los mayas yucatecos. La resistencia maya se relaciona con una identidad diferenciada que se transmite generacionalmente. Las migraciones obligadas y los intercambios asimétricos a lo largo de la historia han configurado la experiencia identitaria, por lo que la apropiación por parte de la sociedad yucateca de los elementos culturales y el discurso identitario se realizan de manera selectiva, aunque sin renunciar a las prácticas ni a los valores originarios (Alejos García, 1968).

Actualmente, la excepcionalidad yucateca se hace manifiesta a través de múltiples mecanismos de propaganda turística promovida en foros internacionales, así como en folletos, guías y publicaciones institucionales destinados a promover la imagen de Yucatán como la tierra de la paz, sustentada en historias de vida y narrativas históricas que mitifican la región (Ayora Díaz, Vargas Cetina y Fernández Repetto, 2010). En la promoción turística de la identidad yucateca se destacan tanto los elementos del paisaje maya y colonial como los modernos, en un intento de integrar y apropiarse de la cultura local con miras al consumo turístico de esta identidad diferenciada y al reforzamiento del mito de Yucatán como un mundo aparte (Ayora Díaz, Vargas Cetina y Fernández Repetto, 2010).

Estas iniciativas de publicidad y de marketing turístico constituyen procesos de instrumentalización histórica de la identidad regional, en los que la excepcionalidad forma parte de esta identidad construida artificialmente y utilizada selectivamente para atraer al turismo, legitimar a las elites gobernantes y generar consenso y cohesión sociales (Ayora Díaz, Vargas Cetina y Fernández Repetto, 2010).

La lengua maya como elemento distintivo

El idioma maya se posiciona como referente fundamental en la construcción de la identidad yucateca puesto que, más allá de fungir como instrumento de comunicación, se muestra como un elemento de resistencia y diferenciación cultural frente al resto del país. El hecho de que más de la mitad de los habitantes en la región tengan algún apellido maya, según Guzmán Medina (2013), exhibe una historia enraizada con la cultura nativa y, a partir de ella, un clivaje étnico-cultural que distingue a la población yucateca de otros grupos sociales del país. Asimismo, el hecho de que el idioma maya se conserve a pesar de los grandes avances del idioma español en la región demuestra que en Yucatán el proceso de asimilación nacional fomentado desde el siglo XIX por el Estado mexicano no ha terminado de cuajar. Este clivaje étnico-lingüístico ¿es capaz de mantenerse con el paso del tiempo a pesar del centralismo?

En 2020, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI, 2020) reportó alrededor de 800 000 hablantes de maya en la región, por lo que se afirma que en Yucatán hay una continuidad en el habla maya. Esta gran presencia del idioma maya conduce a una marcada división étnico-cultural en las dinámicas diarias, e incide en su uso como elemento cohesionador y diferenciador frente a otros grupos sociales en el país. El elemento simbólico del idioma proporciona a los habitantes mayas la posibilidad de diferenciarse en su interacción diaria de quienes no pertenecen al pueblo maya, lo cual refuerza, simultáneamente, la concepción que tienen acerca de su excepcionalidad. En este sentido, debe cuestionarse si la cifra de mayahablantes mencionada se mantendrá o tenderá a disminuir a medida que el tiempo avance, tomando en consideración que actualmente existe una alta movilidad social y migratoria en el país; además, se ha observado un crecimiento y predominio de las instituciones educativas que utilizan el español y de los medios de comunicación centralizados.

Asimismo, el lenguaje maya también se distingue como un instrumento que articula acciones políticas y de organización social. La utilidad de este idioma se extiende a la posibilidad de vincular intereses políticos y culturales, lo que contradice las políticas públicas diseñadas desde la perspectiva estatal nacional. En este sentido, ¿se puede afirmar que los mayas se organizan y cohesionan a pesar del centralismo?

Sin embargo, aun cuando esta organización refuerza la identidad colectiva, así como la participación y el sentido de comunidad, es importante reconocer que existen tensiones internas. Algunas comunidades mayas carecen de medios suficientes para atender sus necesidades de preservación del lenguaje, lo cual puede atribuirse a la marcada inequidad de clase social en México.

La lengua maya también se distingue por ser un vehículo de transmisión de la práctica cultural y la difusión de saberes a los más jóvenes, lo que garantiza que su uso se perpetúe. En el núcleo familiar, en la comunidad y en la interacción diaria con el entorno, la lengua maya es uno de los principales instrumentos de socialización para los miembros de la sociedad yucateca más jóvenes, lo cual, según Herrera Figueroa (2024), guarda una relación de causalidad con la forma en que las personas construyen su identidad y su resistencia ante la centralización educativa, por lo que debe cuestionarse cómo los jóvenes mayahablantes sobrellevan su práctica en la escuela, un espacio institucional construido a través de un modelo de administración y educación centralizada.

El rol que cumple la lengua maya en el interior de las familias y de la comunidad maya propicia una mayor capacidad de resiliencia y ofrece la posibilidad de mantener los valores y las prácticas culturales frente a los procesos acelerados de aculturación que se suscitan en México. La capacidad de resiliencia de la cultura maya reafirma la importancia del clivaje étnico-cultural y, en este caso, del clivaje étnico-lingüístico dentro del país. Este clivaje se expresa no solamente como un elemento de identidad, sino también como una práctica cotidiana del pueblo maya, por lo que es importante preguntarse cómo es posible que, aun con el aumento de centros urbanos y centros turísticos que se caracterizan por la multiculturalidad, siga existiendo este clivaje étnico-cultural y no se disuelva la transmisión del idioma maya a las nuevas generaciones.

La lengua maya, con más de 800 000 hablantes, como se ha mencionado, tiene una presencia destacada en México. El hecho de que en el sistema educativo en Yucatán sea obligatorio el aprendizaje de esta lengua en la escuela primaria constituye un logro de la lucha de la cultura maya en favor de su reconocimiento institucional. Sin embargo, la implementación de esta política ha encontrado dificultades técnicas y logísticas importantes, como la de asegurar el número de docentes capaces de enseñar en maya. Por otro lado, Song (2025) establece que es importante recalcar problemas aún existentes, como el analfabetismo en las mujeres y la inequidad de clase, así como la preponderancia de los espacios urbanos y centrales.

Si bien la institucionalización de la lengua maya es un logro, también genera procesos de folclorización y romantización, así como presiones en el desarrollo de las identidades lingüísticas de los hablantes. Por un lado, constituye un logro que los procesos de revitalización del idioma maya formen parte del entramado en el que la lengua cumple la función de referente cultural para las regiones. Sin embargo, por otro lado, la necesidad de establecer un límite frente a la folclorización representa una de las paradojas a las que se enfrentan este tipo de esfuerzos, puesto que no se quiere institucionalizar el lenguaje, sino el clivaje y la resistencia de los pueblos indígenas.

Con respecto a las ambigüedades en cuanto a la identidad lingüística que enfrenta el pueblo maya en Yucatán, estas se deben a que el español tiene el monopolio del mercado laboral, de la educación y de la cultura. Hasta hace muy poco el lenguaje maya no ofrecía ningún beneficio económico ni de desarrollo, por lo que a las personas jóvenes y adultas de esta región no les resultaba rentable invertir esfuerzo en desarrollar y mantener su lengua (López Santillán, 2007). Esto implica un debate frente a la sostenibilidad lingüística y cultural de la lengua maya.

Se puede constatar el uso de la lengua maya tanto en algunas comisarías de Mérida, como en las comunidades rurales de sus alrededores, donde el bilingüismo sigue vivo y se utiliza como sistema comunicacional cotidiano. Pinkus Rendón, Pacheco Castro y Lugo Pérez (2012) argumentan que la movilidad laboral entre el espacio rural y el urbano conlleva escenarios bilingües que exhiben una apropiación diferenciada del idioma maya en los distintos contextos del campo y de la ciudad. ¿Es posible que, al incorporarse a un entorno bilingüe, la lengua maya vaya perdiendo su significación identitaria? Es importante reconocer que la presencia del maya y del español implica un bilingüismo defensivo que se contrapone al monolingüismo del campo; este último favorece la integración de las personas a nivel socioeconómico y, a la vez, incrementa la tensión del clivaje étnico-cultural que existe en Yucatán.

Las tensiones entre ambos clivajes permiten mostrar cómo la división étnico-cultural estructuró las relaciones sociales en Yucatán, cómo a través de los esfuerzos de conservación lingüística se genera un aislamiento dentro de la cultura maya, y cómo al conservar las distancias étnico-culturales también se propician la resistencia y el clivaje en relación con los otros. Estrada Ochoa (2008) destaca que, al difundir a través de la oralidad los procesos identitarios, es posible sostener las visiones mayas del mundo, las cuales constituyen la legitimación de la diferencia cultural frente al dominio nacionalista. Asimismo, este autor establece que el pueblo maya se refugia en el saber y en el discurso en pro de una identidad distinta para así defenderse del centralismo y la uniformidad cultural, lo que propicia el afianzamiento de los clivajes étnico-culturales, ya que se refuerza la construcción identitaria diferencial frente a la imposición de procesos estandarizados a nivel nacional (Estrada Ochoa, 2008).

Este discurso oral y el esfuerzo por contar con libros y registros históricos en maya confirman la importancia de esta lengua como símbolo de identidad y resistencia cultural. A partir de estos esfuerzos también es posible determinar cómo la lengua maya no ha dejado de ser parte de las líneas de continuidad de la cultura maya, es decir, cómo se mantiene presente la identidad de una cultura que, en su particularidad, aún no ha sido absorbida o asimilada dentro del imaginario nacional.

El movimiento separatista histórico

El análisis de las raíces históricas del separatismo en Yucatán ilustra cómo las causas políticas y económicas de los episodios históricos han sustentado las exigencias separatistas aún vigentes. Por medio de estos episodios, se expone la intersección entre clivajes internos y externos que han influido en la identidad y la relación centro-periferia en Yucatán. A su vez, se ponen en contexto la sensación de excepcionalidad y la lucha por la autodeterminación en Yucatán.

Factores políticos y económicos

La resistencia de Yucatán al centralismo mexicano tiene su base en una larga historia de autonomía forjada a partir de los constantes conflictos políticos en la zona. Las leyes del proyecto centralista eran perjudiciales para los intereses de la elite yucateca, de tal forma que fue necesario oponerse al gobierno central. El federalismo, por tanto, se concibió como una manera de defender las competencias de las regiones y garantizar su autodeterminación (Zuleta Miranda, 1995). Esta resistencia al centralismo, ¿se presentaba en todo Yucatán o únicamente entre la población criolla y mestiza?

Los factores económicos facilitaron el separatismo yucateco, en particular la producción del henequén, que reforzó la imagen de autosuficiencia económica del estado. A finales del siglo XIX, esta región aportaba el 59 % de la producción henequenera nacional. De esta forma, en Yucatán se creó la idea de que el estado podría sostenerse por sí solo y que sería económicamente rentable constituirse en un estado independiente (Iturriaga Acevedo, 2019). Esta creencia de autosuficiencia económica se vio reforzada por los discursos de la excepcionalidad económica de la región.

El sentimiento de agravio ante el centralismo mexicano también se consolidó por la división territorial que Yucatán sufrió en el siglo XIX, hecho que, en la percepción de los habitantes de Yucatán, solo fortaleció la idea de que el gobierno central los trataba injustamente (Iturriaga Acevedo, 2019). La importancia de controlar las rutas comerciales y la producción henequenera fueron factores que justificaron el separatismo y la necesidad de no ser controlados por el centro del país.

Las tensiones entre el centro y la periferia evidencian los clivajes de Yucatán. El clivaje criollo-maya, que está relacionado con el clivaje centro-periferia, evidencia la desigualdad política y la marginalidad económica del grupo maya. Además, la administración desigual en cuanto a privilegios económicos, como la autonomía comercial otorgada en el siglo XVIII, revela las tensiones centro-periferia en la región (Flores Escalante, 2017; Oehmichen-Bazán, 2019). Se demuestra, por tanto, que las demandas separatistas responden a un sector específico de la población. Además, las contradicciones observadas reflejan cómo los clivajes en el interior de Yucatán se relacionan con los clivajes a nivel nacional.

En términos institucionales, la elite yucateca tenía la capacidad de negociar directamente con el gobierno federal. En los primeros años de la República mexicana federal, Yucatán tenía la facultad de elegir su propio gobierno (Flores Escalante, 2017). La capacidad de la elite para negociar con el gobierno central demuestra que también existen clivajes dentro del estado y que estas divisiones determinan quiénes se ven beneficiados de las decisiones. Asimismo, esta negociación evidencia el instrumentalismo del grupo criollo, que buscaba, a través de una vía institucional, defender los intereses de la región sin la intervención del centro. El gobierno central aceptó la demanda de Yucatán, pero este no ingresaría como territorio, sino como estado de una República federada.

En un primer momento, el federalismo permitió que Yucatán preservara cierta autonomía regional. De esta manera, se puede afirmar que este estado peninsular siempre defendió su soberanía y aspiró a ser un estado libre; así, en 1824, en el Acta Constitutiva de la Federación se afirma que solo bajo condiciones de soberanía podrían unirse voluntariamente al centro y se asegura el bienestar de todos los yucatecos (Galeana, 2022). Esta percepción de autonomía ayuda a entender por qué el proyecto centralista mexicano no fue bien visto en Yucatán. Derivado de lo anterior, la experiencia del federalismo en el siglo XIX facilitó la aparición del separatismo por las aspiraciones de soberanía del estado.

Las interacciones entre factores políticos y económicos promovieron una dinámica de negociación entre Yucatán y el centro. La memoria de la República de Yucatán -esta memoria del pasado separatista de la región- reforzó el instrumentalismo de los clivajes políticos y económicos y, por tanto, el clivaje centro-periferia se vio fortalecido (Iturriaga Acevedo, 2019). Estos hechos demuestran que la aparición de clivajes, tanto en el interior del estado como en la relación de la región con el resto del país, permitió la reproducción de ideas del pasado separatista que continúan vivas hasta la actualidad. Con esto se evidencia que los factores políticos y económicos fueron los más determinantes para la consolidación del separatismo en Yucatán.

La República de Yucatán

La proclamación de la República de Yucatán en 1841 significó la culminación de un largo proceso de desencuentros entre esta región y el centro de México. La oposición al modelo centralista impuesto por las Siete Leyes, en las que se suprimían las facultades autonómicas y constitucionales que había otorgado a Yucatán la Constitución de 1825, aunada a la lucha por el federalismo como forma de gobierno idónea para el autogobierno (Zuleta Miranda, 1995), constituyó el común denominador que llevó a las elites de la región a declararse independientes.

La independencia respondió a que Yucatán no figuraba entre las prioridades del gobierno centralista y a que no compartía el interés de las elites respecto a la guerra contra Texas. Desde la colonia, Yucatán contaba con recursos autónomos a nivel económico y con gran independencia en el manejo de su comercio exterior, factores que influyeron en que el clamor por la soberanía estatal fuera intenso; en este sentido, la viabilidad económica fue una razón más que suficiente para erigirse como república (Zuleta Miranda, 1995; Flores Escalante, 2017).

En 1843 los pueblos yucatecos, liderados por Mérida, Campeche y Valladolid, declararon su voluntad de adherirse nuevamente al pacto federal, pero bajo los términos de soberanía estatal, y no bajo un esquema de simple centralismo, pues solo así se garantizarían la paz y el orden en la región (Flores Escalante, 2017). Si bien la República de Yucatán solo existió de manera oficial durante un breve tiempo, las negociaciones siempre fueron bilaterales. El regreso de Yucatán al pacto federal se realizó bajo un modelo de plena autonomía interna y solo se integró al proyecto de nación en los términos de la Constitución nacional de 1857 (Galeana, 2022).

El clivaje centro-periferia es importante en la articulación y legitimación de un proyecto republicano. Al considerarse que el centro es el núcleo del gobierno y la economía, se concibe entonces que la periferia, al encontrarse distante, no es contemplada en estos dos sentidos, pues de forma permanente se le exige, pero no se le otorgan beneficios equivalentes. Así, la articulación con la elite regional se logra mediante un discurso que recuerda a Yucatán la importancia del proyecto autonomista como vía para evitar la sujeción al centro. Además, el discurso autonómico permea porque lo que se busca no es alejarse del proyecto de nación, sino alejarse de este proyecto en el centro. En tal sentido, los autores ya citados (Flores Escalante, 2017; Zuleta Miranda, 1995) mencionan que Yucatán se consideraba el centro de la periferia, por lo cual se valoraba que resultaba importante la unión al proyecto nacional siempre que el modelo federal permitiera autonomía regional.

Durante el siglo XIX Yucatán fue dividido en tres territorios con administraciones diferenciadas, lo que tuvo un gran impacto porque la península dejó de ser considerada como un territorio unitario. El sentimiento de separación alimentó la ideología local de un territorio alejado y constantemente vejado por México (Iturriaga Acevedo, 2019). En este marco, la noción del clivaje centro-periferia se tornó importante porque en Yucatán se articuló en contraposición a un Estado-nación percibido como lejano e impositivo de sus propios intereses; ante ello, las elites yucatecas debieron negociar su incorporación al proyecto nacional siempre que no implicara la pérdida de la soberanía regional.

El texto legal en el que se reconoce a Yucatán como parte de la República Federal, en calidad de entidad libre, independiente y soberana bajo el principio federal, se erige bajo el concepto de Estado y no de gobierno central. La propuesta en este sentido partió del gobierno de Yucatán, el cual contaba con una posición privilegiada en cuanto a la toma de decisiones sobre el desarrollo local. Si bien a partir de la Constitución de 1857 Yucatán aceptó la federación con la República, esto no significó la adopción plena de las directrices del poder central, sino que se integró bajo condiciones pactadas para mantener el desarrollo estatal sin comprometer los objetivos de la República (Galeana, 2022).

Actualmente, el periodo republicano está muy presente, pues en el discurso de los actores políticos y sociales aparece la figura de la república como un proyecto autonómico en el que Yucatán fue el modelo que permitió llevar a buen término la defensa de la soberanía estatal, y no el sometimiento a la República centralista. Por último, se puede concluir que Yucatán es un caso interesante, en primer lugar, porque muestra lo importante que es el concepto de clivaje en el interior y el exterior de las regiones en cuanto al establecimiento de identidades. Por ello, no puede dejarse de lado la manera en que se configura el discurso autonómico frente a las exigencias de la nación.

Manifestaciones contemporáneas

Las expresiones actuales del regionalismo yucateco reflejan cómo las identidades y los símbolos históricos se reinterpretan y utilizan en el presente para fortalecer la cohesión regional y diferenciarse del ámbito nacional. Desde el discurso político y cultural hasta las prácticas sociales y mediáticas, estas manifestaciones dan cuenta de la pervivencia de clivajes históricos en un contexto global. Este análisis contextualiza las formas en que se reavivan y reinventan las memorias del pasado con el propósito de construir una narrativa de excepcionalidad que aún incide en las dinámicas sociales y políticas de Yucatán.

El discurso regionalista actual

La apropiación cotidiana de símbolos de identidad regional, como la bandera yucateca, refleja cómo el regionalismo yucateco contemporáneo se reproduce en la cotidianidad local. Iturriaga Acevedo (2019) encontró que en el año 2001 ocho de cada diez automóviles en Mérida portaban esta bandera. Aunque no se ha llevado a cabo un estudio serio que valide el dato, sí es posible afirmar que dicho fenómeno fue un efecto directo de las campañas estatales encaminadas a la cohesión de la entidad. Esto significa que existe una resignificación del periodo republicano que diferencia el regionalismo local del nacionalismo mexicano. Es importante mencionar que esta apropiación cotidiana de una narrativa promovida por el estado contribuye a la consolidación simbólica de un clivaje identitario en la cotidianidad. Si bien el Estado puede fortalecer este proceso simbólico, también vale la pena preguntarse a qué intereses responde esta apropiación de una memoria histórica específica y cuán representativa es del conjunto de la sociedad local, o si la reproducción de símbolos como la bandera se limita a la sociedad meridana.

La resignificación de símbolos como la bandera responde a una necesidad de cohesión regional, de sentirse únicos ante otros grupos. No existe una añoranza de la República de Yucatán como tal; más bien, la resignificación del pasado republicano responde a intereses políticos actuales sobre la construcción de lo yucateco. Esta estrategia deriva de un deseo colectivo de sentirse diferentes al resto de la población mexicana, con una identidad única (Iturriaga Acevedo, 2019). Sin embargo, resulta necesario reflexionar sobre qué tipos de exclusiones se generan a partir de estas resignificaciones. La estrategia de reproducción simbólica tiene la posibilidad de alimentar un orgullo identitario colectivo que diferencia a la sociedad regional del resto del país; sin embargo, las dinámicas que permiten la construcción del clivaje regional por parte de las elites regionales, aunque pueden ser exitosas en cuanto a la cohesión regional, reproducen al mismo tiempo clivajes internos. Esto significa que los esfuerzos del Estado y de las elites pueden ser muy exitosos a la hora de alimentar la identidad regional y el orgullo local, pero son más exitosos en unos sectores que en otros. Esto sucede, en gran medida, porque los esfuerzos de homogenización de la identidad regional, al centrarse en las elites de la ciudad y reproducir el modelo occidental de región, dejan de lado las identidades de personas de las comunidades, quienes comparten su condición de identitaria yucateca, pero no los intereses económicos ni los esquemas de representación del clivaje regional reproducidos por las elites.

La rearticulación identitaria del Estado también está ligada a la instrumentalización política por parte de las elites locales. Iturriaga Acevedo (2019) menciona que la referencia a la República de Yucatán ha sido utilizada por algunos sectores de la elite con deseos de autonomía política como argumento en campañas mediáticas y discursos públicos, sin que se haya trascendido el ámbito de la fantasía; sin embargo, sí ha sido útil a la hora de negociar con el centro político nacional. Lo interesante de la información que proporciona la autora es que identifica que estos sectores de las elites tienen intereses económicos y cuentan con capacidad para negociar con el centro nacional, más allá de si los demás sectores sociales se identifican como yucatecos. Esto no significa que no se manejen discursos inclusivos del centro local hacia la periferia y viceversa, sino que existen procesos que promueven y, a la vez, contradicen un esfuerzo por la inclusividad del clivaje regional.

Además del clivaje centro-periferia que se reproduce en el regionalismo yucateco y está ligado a las movilizaciones populares contemporáneas, el clivaje también persiste en las votaciones. Iturriaga Acevedo (2019) menciona que se alude a agravios históricos para persuadir al pueblo y para despertar en las personas votantes agravios relacionados con el centralismo y la dependencia regional. Sin embargo, esta movilización solo incluye a los sectores de la población que creen ser objeto de un agravio acorde con el discurso propiciado. Asimismo, es importante saber cómo se presenta este fenómeno hoy en día, ya que es posible que su utilización en las elecciones pueda perpetuar clivajes internos y no se lleve a cabo en beneficio de todos los sectores de la población local, sino que, al no considerar las identidades, ni las desigualdades y desigualdades que existen en el estado, las movilizaciones políticas reproduzcan las mismas estructuras.

En el humor local yucateco se reproducen narrativas racistas y clasistas, pues el discurso cómico que por lo general utilizan las personas mestizas de Yucatán refleja referentes físicos, del lenguaje y de la vestimenta vinculados históricamente con la cultura maya (Torres Martínez y Hau Uribe 2024). Esto se relaciona de manera directa con las características específicas que definen los clivajes étnicos y de clase en la sociedad local y con cómo se manifiestan en el sentido del humor local. Es importante conocer cómo, en función de la comedia y el discurso de las personas mestizas yucatecas, se reproducen relaciones que perpetúan un clivaje local.

Desde los escenarios de la comedia local, el humor normaliza las jerarquías en el seno de la sociedad yucateca, lo cual, a su vez, significa que la audiencia local está dispuesta a legitimar o a cuestionar este tipo de mensaje humorístico. Es en los espacios de la comedia regional -que se produce sobre todo para jóvenes de niveles populares, quienes se sienten incluidos e identificados con esta identidad mestiza- donde se negocian las identidades y clivajes en el seno de la sociedad de Yucatán (Torres Martínez y Hau Uribe, 2024).

El análisis que aquí se presenta se suma a los esfuerzos por comprender los procesos sociales de identidad y clivajes, más que dedicarse a construir categorías que puedan excluir o reproducir relaciones jerárquicas internas en el grupo regional. Los autores mencionados a lo largo de esta sección nos recuerdan que este clivaje ha cambiado de forma, pero permanece presente en la contemporaneidad. Torres Martínez y Hau Uribe (2024), por ejemplo, expresan que la comedia local evidencia la vigencia de estos clivajes internos y cómo los discursos identitarios también pueden resignificarse en la contemporaneidad. No obstante, hace falta evaluar si la representación identitaria de los distintos discursos abordados a lo largo de este trabajo puede invisibilizar procesos simultáneos en los sectores subordinados de la sociedad local.

A pesar de que, como se ha mencionado, las personas mayahablantes en el estado representan un importante porcentaje de la población, las transmisiones radiales en maya que promueve el gobierno de la entidad no se encuentran proporcionalmente distribuidas (Castells i Talens 2008). Esta información muestra un aspecto contradictorio con respecto al discurso regional, ya que, si bien un porcentaje elevado de la población habla esta lengua, la promoción que lleva a cabo el gobierno no va de la mano con este porcentaje, es decir, no alcanza la totalidad de mayahablantes que existen. Esta podría ser una estrategia de homogenización de la identidad regional impulsada por el gobierno estatal que perpetuaría clivajes internos.

Los medios de comunicación del gobierno que emiten en lengua maya y la reproducción de iconografía maya en edificios e instalaciones estatales son ejemplos de las tensiones que existen en el discurso regional, en el que lo maya es apropiado como identidad y, al mismo tiempo, es útil porque presenta lo maya y a las personas indígenas como parte integral de la región. El lenguaje mediático en dos idiomas y la presentación visual de la cultura maya no son más que estrategias políticas para fomentar una pertenencia; estas estrategias, a pesar de formularse como universales, no se aplican para toda la población. Castells i Talens (2008) expresa que los medios del estado han utilizado la lengua maya como método para asegurar y promover una identidad regional. Sin embargo, esta forma de comunicación no se relaciona de manera directamente proporcional con la cantidad de personas mayahablantes, como se mencionó anteriormente, lo cual puede deberse a varias razones, como el control de los medios de comunicación, su manejo, o al hecho de que se otorgue mayor difusión a las políticas del centro estatal que promueven el clivaje regional.

Un ejemplo de cómo las empresas y el estado instrumentalizan la identidad indígena es el proyecto Mundo Maya. Según Alejos García (2004), la identidad maya se ha transformado en mercancía, a tal grado que el personal de las agencias de viajes atiende al turismo vistiendo trajes típicos. En este proceso mercantil es importante considerar la asimetría estructural que condiciona el mercado global para la integración económica. Dicha asimetría permite que las empresas locales se vinculen con los segmentos de menor ingreso en el sector turístico y no con los de mayores ingresos, donde se concentra el capital. En cambio, en el gobierno local sucede al revés: los niveles más altos de capital tienen relación con los más altos puestos de mando y decisión, lo que revela una desproporción en términos de poder y capital. En este proceso de apropiación, según el autor la identidad maya no se incorpora en un esquema de producción de acumulación de capital, sino que es asimilada a través de un proceso de producción y venta de mercancías y servicios que, mediante estrategias publicitarias, construyen y manipulan una imagen atractiva y competitiva de las personas indígenas y de lo indígena.

Esto sugiere que el posicionamiento de la identidad maya en el mercado del turismo internacional refleja la condición estructuralmente desventajosa de los sujetos de dicho grupo. Estos individuos dependen, en gran parte, de los recursos que obtienen a partir de su trabajo en empleos promovidos por el gobierno estatal o por empresas que lucran mediante la reproducción de la cultura maya y de los servicios vinculados a lo maya. Además, demuestra que los esquemas de regionalismo construidos por la elite local pueden perpetuar una dicotomía entre las personas de la capital y las de las comunidades en términos de ingresos monetarios.

La información sobre la instrumentalización y la reproducción de la identidad y el clivaje regional en Yucatán puede sugerir que el estudio sobre los procesos de este tipo puede quedar limitado al análisis de los discursos de la elite meridana. En respuesta, es importante considerar algunos ejemplos de movilidad social y profesional en la juventud maya que se distancian de las narrativas hegemónicas, las cuales no incorporan la diversificación de clivajes. Como Ramos Arcos (2023) sugiere, esta falta de incorporación de personas de otras diversidades en las narrativas regionalistas sobre el estado se relaciona con el uso discursivo del clivaje generacional. A esto se suma que los clivajes regionales, en su mayoría, se expresan como una dicotomía entre el centro y la periferia, en la que los hombres mayas son representados como quienes se adaptan a la cultura del centro y las mujeres mayas en lo que respecta a las jornadas de trabajo. Estos temas se vinculan con el estudio de los clivajes de género y clase, lo cual puede generar debates interesantes sobre si las estructuras de los sistemas capitalista, racista, moderno, heteropatriarcal y colonial se contradicen unas con las otras. En cualquier caso, la evidencia sugiere que, a pesar de los límites del discurso del regionalismo hegemónico, entre la juventud maya existe una diversificación de clivajes en cuanto a identidades y subjetividades.

Un ejemplo de las nuevas identidades regionales surge en torno a un evento anual llamado el Gran Desayuno del Terno, el cual se lleva a cabo con fines de apoyo a niños y niñas en condiciones de vulnerabilidad. Según Fernández Repetto y Medina Várguez (2019), el uso del terno,1 durante este evento no solo constituye una forma de promover el traje típico yucateco en la actualidad, sino que también reproduce y refuerza el sentimiento de pertenencia a un lugar específico. Esto indica que la resignificación del clivaje regional ofrece la posibilidad de conectar el pasado con la contemporaneidad para reforzar un proyecto identitario incluyente en la sociedad actual, y no solo apela a quienes tienen nostalgia del pasado.

Al mismo tiempo, este evento refuerza un discurso sobre la elegancia asociado con el terno, el cual termina siendo apropiado por una clase social en específico, la superior, y limita la riqueza cultural a una prenda típica. Sin embargo, la realidad económica y social regional implica el análisis de todas las clases sociales, y la elite solo es una parte de este espectro. Si bien las celebraciones de este tipo perpetúan el clivaje regional a través del resurgimiento del terno, dejan de lado a los sectores que no utilizan esta vestimenta, por ejemplo, a las personas que provienen del sector rural, donde el empobrecimiento resulta bastante evidente.

Según Rodríguez Martínez y Jouault (2021), en el sitio arqueológico de Ek Balam las personas de comunidades mayas se involucran como guías de turistas para obtener beneficios económicos. Aunque su participación en el mercado laboral les da voz en procesos de desarrollo local y en el mercado económico, reproducen la división social del trabajo capitalista. Esto, al mismo tiempo, perpetúa la exclusión económica, ya que únicamente podrán desempeñar los trabajos que les permitan, pero no podrán acceder a puestos superiores con mayor potencial de ingreso y participación debido a que el sistema responde a la lógica de acumulación de capital.

Para cerrar esta sección, fue necesario identificar y caracterizar el clivaje regional a través de los clivajes que, desde diferentes aristas, refuerzan, redefinen y transforman el concepto. En las siguientes páginas se da paso a la revisión de las relaciones centro-periferia en Yucatán.

Relaciones centro-periferia

Las relaciones centro-periferia en Yucatán, aunadas a la defensa de los intereses de la región frente a la centralización mexicana a través de la resistencia a las Siete Leyes y la proclama del Federalismo de 1840, tienen su base en la percepción de una distribución inequitativa del poder nacional que justificó la demanda de autonomía para la región e incluso legitimó proyectos separatistas en el siglo XIX (Zuleta Miranda, 1995). Si bien estas demandas reflejaron los agravios que recibió la región ante el centro, es importante señalar que las elites yucatecas utilizaban tales discursos para reproducir su poder político y económico, por lo que es trascendental conocer hasta qué punto la sociedad en su totalidad se apropió de esas ideas separatistas. Finalmente, también es relevante observar que el clivaje centro-periferia influyó directamente en las dinámicas internas de la región, a la vez que legitimó no solo su resistencia frente al centro, sino también la exclusión social y la marginación interna.

Los privilegios comerciales concedidos a Yucatán, como el derecho al libre comercio con el Caribe y la autonomía en la administración de los impuestos portuarios en los siglos XVIII y XIX, otorgaron poder a las elites yucatecas frente al centro del país. Si bien esta cierta autonomía económica permitió a Yucatán resistir a la centralización impuesta por el gobierno nacional e institucionalizó el clivaje centro-periferia, a nivel político y económico estos privilegios no gozaron de una distribución equitativa entre la población yucateca (Flores Escalante, 2017). Las comunidades indígenas y rurales se vieron beneficiadas en menor medida que la población criolla y mestiza. Por ende, aunque la autonomía económica y la autosuficiencia de la que presumían las elites yucatecas les resultaba útil en las negociaciones con el centro, no reflejaba la realidad que vivía una gran parte de la población.

Además, la península de Yucatán terminó siendo dividida en tres territorios administrativamente diferenciados en el transcurso del siglo XIX. Este hecho, aunado al predominio de la industria henequenera y al auge de la misma a nivel mundial, legitimó aún más las demandas autonomistas y separatistas frente a México. Por ende, las elites yucatecas recurrieron a la narrativa del agravio y la pérdida para justificar su excepcionalidad y autonomía económica y política frente al centro. Sin embargo, como se mencionó anteriormente, gran parte del éxito de la industria henequenera se basó en el despojo de tierras y en la explotación de la mano de obra de las comunidades indígenas y campesinas, por lo que la narrativa de la excepcionalidad regional solo benefició a ciertos grupos sociales.

En cuanto a los valores sociales y culturales, Yucatán posee una configuración muy diferente a la del resto del país, lo que influye en la reproducción de un perfil regional distinto al de la cultura nacional. Estos rasgos valorales pueden ejemplificarse a partir de los resultados de una investigación realizada entre estudiantes universitarios yucatecos, en la que se reveló que los valores morales y estéticos eran los más importantes para ellos, lo que muestra que en Yucatán la reproducción de una identidad cultural diferenciada y separada del resto de México, a través de una configuración valoral particular, sigue cumpliendo una función de resistencia ante el país (Quijano Magaña, Lorenzo Quiles y Alegre Benítez, 2016). Sin embargo, es relevante preguntarse hasta qué punto esta reproducción valoral, que se reproduce principalmente en las escuelas y los hogares, abarca a las comunidades indígenas y rurales que quedan alejadas de las urbes donde se generan estas prácticas culturales y estos valores.

Asimismo, el fortalecimiento de la identidad étnica entre la población yucateca y las prácticas de aculturación diferenciada en jóvenes son también indicios de clivajes identitarios. Como se observa en diferentes investigaciones, como la realizada por Ana Cristina Espín et al. (1998), los adolescentes y jóvenes muestran una fuerte afirmación de la identidad regional, acompañada de una aculturación selectiva. Esto quiere decir que la juventud tiende a fortalecer la identidad regional, pero simultáneamente se apropia de determinados elementos ajenos a la cultura regional, como la música y el idioma inglés. Por otro lado, la cultura yucateca impone fronteras identitarias entre Yucatán y el resto del país, lo que limita y obstaculiza la integración del estado al territorio nacional. En este sentido, aunque el fortalecimiento de la identidad local y regional sirve como estrategia frente a la expansión del país, los diferentes tipos de aculturación están estrechamente ligados al acceso a la educación y a las oportunidades laborales y económicas, lo que plantea interrogantes acerca de los factores que facilitan el afianzamiento de la identidad étnica y la selectividad aculturativa en determinadas comunidades, como las rurales e indígenas, en comparación con las ciudades.

Otro punto clave en el que se manifiesta el clivaje centro-periferia en Yucatán se observa en los flujos migratorios de estudiantes de otros estados a la región. Esta nueva dinámica está transformando a las universidades, como la Escuela Nacional de Estudios Superiores (ENES) con sede en Mérida, que pasan a ser espacios de encuentro y negociación entre la integración nacional y la reproducción de elementos diferenciadores de la cultura local. Si bien estas dinámicas complejizan la composición de la población estudiantil y promueven la reproducción de diferentes valores y expresiones culturales, la distribución demográfica del estudiantado yucateco según edad y género, así como el género y la procedencia de otros estados, siguen marcando características propias (Suárez Zozaya y Torres Martínez, 2025). Por ende, es imprescindible analizar si estas características influyen en la inclusión social de ciertos grupos frente a otros, como la población que procede de la clase media urbana frente a la indígena o campesina.

A partir de estos factores se concluye que las relaciones centro-periferia en Yucatán están marcadas por tensiones centro-periferia que no solo reproducen las resistencias regionales ante el centro, sino que también reflejan clivajes internos que aún modelan las dinámicas sociales y políticas de la región en la actualidad.

Consideraciones finales

El objetivo principal de esta investigación fue analizar la persistencia y la transformación de los clivajes históricos y contemporáneos en Yucatán y su influencia en la construcción de una identidad regional caracterizada por la excepcionalidad y la diferenciación con respecto al resto de México. En el trabajo se examinaron las formas en que la operacionalización de los clivajes -centro-periferia y étnico-culturales- descritos por Lipset y Rokkan han servido en el pasado y el presente para la articulación de proyectos de resistencia y separatistas, así como para la resignificación de símbolos e identidades en la región yucateca. El análisis se enfocó en indagar acerca de la vigencia de los clivajes centro-periferia y étnico-cultural y su resignificación en los discursos y prácticas sociales y políticas contemporáneos para alcanzar el objetivo propuesto y responder al planteamiento inicial acerca de las bases históricas, simbólicas y políticas del sentimiento de excepcionalidad yucateca.

En síntesis, la aplicación de la teoría de los clivajes permitió identificar y comprender las estructuras de conflicto y diferenciación que se han presentado a lo largo de la historia yucateca desde la colonia hasta nuestros días. La contextualización y la adaptación del modelo de Lipset y Rokkan al caso yucateco muestran la necesidad de tener en cuenta las particularidades socioculturales, económicas y políticas que estructuran la región. El clivaje centro-periferia, que inició en el siglo XIX a través de las experiencias de resistencia al centralismo y el nacimiento de la República de Yucatán, demostró que esta división fue instrumentada por las elites para reivindicar el autogobierno regional con el fin de asegurar el control económico del henequén. A su vez, el clivaje étnico-cultural, expresado en la persistencia de la lengua maya, en la resistencia indígena y en los imaginarios paisajísticos construidos, se mostró como fuente importante de diferenciación con respecto al resto de México y frente a otros grupos internos.

En cuanto a las características del regionalismo contemporáneo, se identificó cómo los clivajes históricos no solo continúan presentes en el plano de la memoria, sino que se actualizan en procesos de resignificación e instrumentalización política y cultural. La elaboración de la bandera de Yucatán, la publicidad de la excepcionalidad yucateca en espacios turísticos, el uso de la cultura maya como commodity en el mercado global y la exclusión de la población maya son ejemplos de las formas en que el regionalismo yucateco ha sabido negociar con el nacionalismo mexicano, aunque al mismo tiempo ha evidenciado los límites que la identidad regional construye para integrar y representar a los sectores subalternos. Por lo tanto, se demostró que el espacio y la identidad regionales están marcados por clivajes diversos y dinámicos que se manifiestan en las relaciones tanto internas como con el resto del país.

Este trabajo permite complementar y actualizar las investigaciones realizadas en la región, así como aportar mayor claridad sobre los límites y las potencialidades del modelo clásico de Lipset y Rokkan en el contexto poscolonial latinoamericano, especialmente con respecto a sociedades multiétnicas. Además, contribuye a pensar los clivajes latinoamericanos en perspectiva comparada, y a demostrar que la persistencia de las divisiones y los procesos de resignificación cambian según el periodo histórico, las formas de resistencia y las prácticas sociales de los grupos.

En cuanto a las limitaciones, es necesario recalcar la carencia de investigaciones empíricas propias realizadas en el territorio yucateco, además de la parcialidad que se observa repetidamente en textos y documentos. A su vez, es preciso indicar que la aplicación comparada de la teoría de los clivajes al caso europeo exige una readecuación de las variables y estrategias analíticas para poder captar la riqueza y la complejidad de las realidades yucateca y mexicana. Por lo tanto, es necesario llevar a cabo trabajos empíricos más específicos sobre la (re)producción de clivajes a nivel comunitario, las diferentes formas de resignificación de la identidad regional por parte de la juventud o los efectos de las políticas públicas en la (re)construcción de la diversidad étnica y cultural y en el reconocimiento de la lengua maya.

Es necesario, asimismo, reflexionar y profundizar en la construcción de la excepcionalidad yucateca para comprender la diversidad de México, así como los dilemas y retos que implica la construcción de cohesión nacional en un contexto regional donde la persistencia de clivajes sigue estructurando imaginarios y prácticas sociales. Por ello, consideramos que el estudio realizado permite complementar y revitalizar los análisis sobre la región yucateca, a la vez que demuestra la relevancia y vigencia del regionalismo como laboratorio de reflexión para la teoría de clivajes y como un campo fructífero de estudios sobre la construcción de la identidad, el conflicto y la diferencia.

Agradecimientos

Este trabajo es resultado del proyecto PAPIIT IN406125 «Universidad y diversidad. Identidades y contacto socio-cultural de los estudiantes de la ENES Mérida. ¿Clivaje centro vs periferia o regionalismo yucateco contemporáneo?».

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1 De acuerdo con los autores citados, el terno es el traje de gala de las mujeres mestizas, un símbolo de identidad y una etnomercancía con un alto grado de elaboración que refleja la historia y la integración social en Yucatán.

2Cómo citar este artículo:Torres Martínez, Rubén, y Carrasco Ortiz, Elia Haydée. (2026). Identidad, separatismo y clivaje oculto en Yucatán. La idea de «excepcionalidad» yucateca como fantasía permanente en el imaginario local. Revista Pueblos y Fronteras Digital, 21, pp. 1-34 DOI: https://doi.org/10.22201/cimsur.18704115e.2026.v21.823

Recibido: 17 de Octubre de 2025; Aprobado: 20 de Enero de 2026

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