La publicación en español de Foucault en California: Un viaje filosófico y lisérgico establece una conexión entre distintas temporalidades. En este libro, Simeon Wade relata una serie de episodios ocurridos en 1975, cuando, aprovechando una de las visitas académicas de Michel Foucault a Estados Unidos, logró persuadir al célebre filósofo de emprender un viaje por los valles californianos. Durante ese recorrido, Foucault experimentó con una sustancia psicodélica junto a Wade y su pareja, el músico Michael Stoneman. El manuscrito de Wade permaneció inédito durante décadas, hasta que llegó a manos de Heather Dundas a mediados de la década de 2010. Tras la muerte de Wade en 2017, Dundas recibió una serie de cartas intercambiadas entre Wade y Foucault, las cuales confirmaron que, al menos en lo esencial, los eventos narrados realmente habían ocurrido. Finalmente, en 2019, el libro fue publicado de manera póstuma bajo el título Foucault in California: A True Story - Wherein the Great French Philosopher Drops Acid in the Valley of Death, acompañado de un prólogo escrito por Dundas que contextualiza la historia detrás de esta obra.
Para ofrecer una evaluación justa resulta pertinente distinguir dos aproximaciones complementarias al texto: primero, como una obra literaria que oscila entre la ficción y la no ficción; y segundo, como un documento biográfico que arroja luz sobre aspectos del itinerario filosófico-político de Foucault. Desde una perspectiva literaria, el libro se configura como una narrativa cautivadora. Para aquellos lectores interesados en las road stories de estética beatnik, el espíritu psicodélico, los relatos al estilo Gonzo o la “figura” de Foucault, esta obra ofrece momentos ciertamente atractivos. Sin embargo su valor como material biográfico y filosófico plantea retos interpretativos más complejos, sobre los cuales centraremos nuestra atención.
De manera consciente o no, Foucault en California se inscribe dentro de un debate más amplio sobre la existencia de un “Foucault de California”, noción que, según Zimmerman (2014), responde a un momento particular en el pensamiento del filósofo francés, definido por un giro tanto político como filosófico:
La característica central de este ‘Foucault californiano’ es, [...] un giro desde el ‘poder en sí mismo’ hacia la ‘historia de la subjetividad moderna’ [...]. En resumen, el ‘Foucault californiano’ es Foucault en un momento muy específico de crisis, marcado por un cambio de postura hacia el liberalismo que lo hizo parecer, al menos, más cercano al liberalismo de lo que podría haber parecido en otras circunstancias. (Zimmerman, 2014, pp. 225-228)
El vínculo entre los acontecimientos narrados por Wade en Foucault en California y la hipótesis de un “Foucault californiano” trasciende lo meramente geográfico. Autores como Miller (1994) y, más recientemente Dean y Zamora (2021), han señalado la experiencia psicodélica de Foucault como un momento epifánico que habría transformado su pensamiento. Según estos comentaristas, desde una perspectiva filosófica, Foucault habría reconocido el peso excesivo que atribuía a las “instituciones totales” en la producción de subjetividad, lo que lo llevó a revalorizar la “agencia individual” frente a las estructuras sociales. Este cambio se traduciría en un giro temático hacia el mundo griego y el estudio de técnicas de subjetivación, centradas en cómo los sujetos se gobiernan a sí mismos y hacen uso de los placeres. En el ámbito político, se ha sugerido que estas experiencias, junto con el contexto francés de la época, alimentaron una supuesta “simpatía” de Foucault por las propuestas neoliberales norteamericanas, particularmente en lo referente a la desarticulación de categorías antropológicas tradicionales. Discutir la pertinencia o no de la “seducción neoliberal” como tópico en el Foucault de finales de los años 70 excede los alcances de este texto. No obstante, se considera relevante contextualizar la hipótesis de que la experiencia psicodélica de Foucault constituyó una suerte de epifanía, que catalizó su giro ético, su retorno al mundo griego y, si no una seducción, al menos un interés por el problema del neoliberalismo.
En línea con lo anterior, resulta interesante un detalle de traducción entre las ediciones en inglés y en español del libro. El subtítulo original reza: A True Story - Wherein the Great French Philosopher Drops Acid in the Valley of Death (Una historia real: donde el gran filósofo francés toma ácido en el Valle de la Muerte), mientras que la versión en español opta por: “Un viaje filosófico y lisérgico”. La decisión de omitir el adjetivo “real” y de desplazar de forma sutil el foco hacia la experiencia del viaje parece una elección editorial prudente, dado que, como se discute más adelante, algunos hechos son más difíciles de establecer que otros. Aunque Dundas se muestra cauta al adoptar una postura firme sobre la validez del texto como material biográfico, su relato evidencia cómo su percepción sobre la veracidad del manuscrito de Wade evolucionó con el tiempo. Inicialmente, Dundas describe las narraciones de Wade como “historias difíciles de creer” (Dundas, 2023, p. 13), y admite no estar “del todo convencida de que su manuscrito fuera algo más que el producto de una imaginación extremadamente fértil” (p. 18). Sin embargo, al revisar una serie de diapositivas y fotografías en las que Wade aparece junto a Foucault, concluye aliviada que estas imágenes “probaban, al fin, que aquella aventura había tenido lugar […] Estas instantáneas demostraban lo que Wade siempre había defendido” (p. 19). Más aún, como mencionamos previamente, Dundas señala que, tras la muerte de Wade, el hermano del autor le entregó la correspondencia entre Wade y Foucault, lo que terminó por consolidar, desde su perspectiva, la credibilidad de la historia.
¿Qué confirman realmente las cartas y fotografías? Sin duda, es razonable aceptar que en 1975 Michel Foucault, Simeon Wade y Michael Stoneman emprendieron un viaje por los valles californianos y que en una desértica noche experimentaron juntos con una sustancia psicodélica. También es posible afirmar que la relación entre Foucault y Wade fue más allá de esa experiencia puntual, consolidándose en una amistad duradera. Sin embargo, otras afirmaciones permanecen en un terreno más difuso. Según relata Dundas, Wade le aseguró que “Foucault le escribió para contarle que había quemado un primer manuscrito completo de uno de sus volúmenes de Historia de la sexualidad como resultado directo de su experiencia en el Valle de la Muerte” (Dundas, 2023, p. 13). En esta línea, autores como Miller (1994) han señalado que, al llegar a Berkeley en 1975, Foucault estaba profundamente inmerso en la escritura de Historia de la sexualidad, con “su investigación casi terminada” (p. 251). Sin embargo, habría quedado desilusionado con el proyecto, “aparentemente debido a las desconcertantes implicaciones de su epifanía en el Valle de la Muerte” (p. 252).
En un tono más matizado, Dean y Zamora, en The Last Man Takes LSD (2021), sugieren que la experiencia psicodélica de Foucault podría haber influido en un cambio respecto a la posición del sujeto en su pensamiento:
En los años inmediatamente posteriores a su “experimento con ácido” en el Valle de la Muerte, Foucault no solo reorientó su Historia de la sexualidad hacia el sujeto, sino que también avanzó hacia su redefinición del sujeto como un lugar privilegiado para la política. (p. 143)
Con más o menos matices, estas narrativas sugieren un vínculo causal entre la experiencia psicodélica de Foucault y la reformulación de su proyecto filosófico, particularmente en el giro que habría tomado Historia de la sexualidad. Sin embargo, se considera que esta conexión dista de ser clara. De hecho, como se evidencia en la carta de Foucault a Wade del 5 de octubre de 1975, lo único que el filósofo mencionó respecto a Historia de la sexualidad fue lo siguiente:
Mi querido Sim, he estado mucho tiempo sin darte noticias. Lo siento. Durante el verano he estado trabajando en mi libro sobre la represión sexual. Escribí cientos y cientos de páginas, pero eran tan malas que tengo que empezar de nuevo.1
La carta no menciona que se quemaron borradores ni que la experiencia psicodélica motivó la insatisfacción de Foucault con su trabajo. De hecho, aunque se ha señalado que Foucault en California no debería considerarse como una fuente para establecer conexiones biográficas, resulta llamativo que el propio Simeon Wade relatara cómo el filósofo fue explícito al negar la dimensión “filosófica” de la experiencia:
―¿Crees que este suceso afectará a tu trabajo? ―pregunté.
―Sin duda ―respondió.
―¿Has recibido algún conocimiento filosófico esta noche?
―La verdad es que no. No me he pasado estas horas reflexionando sobre conceptos. Para mí no ha sido una experiencia filosófica, sino algo totalmente distinto. (Wade, 2023, p. 85)
A lo largo de Foucault en California, Wade sostiene que su expectativa era que el viaje psicodélico representara para Foucault una experiencia análoga a la “lengua de fuego” que Artaud recibió tras consumir peyote. Por ello, resulta literariamente anticlimático que Foucault desestimara su impacto filosófico. Según Wade, Foucault describió sus impresiones más en la línea de una nueva perspectiva sobre Bajo el volcán (1947) de Malcolm Lowry y reflexiones relacionadas con su propia sexualidad.
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A diferencia de la biografía de James Miller, la de David Macey (1994), Las vidas de Michel Foucault, adopta un enfoque que aquí se considera más apropiado. En lugar de especular sobre las relaciones causales entre los psicodélicos y los cambios en el proyecto filosófico de Foucault, Macey examina cómo las experiencias con drogas permiten explorar ciertas reflexiones del filósofo. Por ejemplo, analiza el comentario de Foucault sobre Lógica del sentido y Diferencia y repetición de Deleuze, sus observaciones sobre la desexualización de los placeres o sus diálogos con Thierry Voetzel. Aunque se valora esta aproximación, las razones que Macey ofrece para desestimar el relato de Wade parecen problemáticas, ya que reflejan prejuicios y desconocimiento sobre los psicodélicos. Según Macey, el problema radica en la experiencia misma con LSD, argumentando que las revelaciones que esta sustancia genera tienden a ser efímeras e ilusorias. De acuerdo con esta reflexión, el verdadero problema no reside ahí, sino en lo ya señalado: las cartas no sugieren un sentido epifánico de la experiencia. Además, se observa una tendencia en la literatura histórica sobre los psicodélicos a sobrerrepresentar el contexto californiano, ignorando la compleja y heterogénea red de eventos y geografías que dieron forma a “lo psicodélico”. Textos como Expanding Mindscapes (2023) han advertido sobre esta narrativa y se considera que relatos como el de Wade, junto con los comentarios de Dean y Zamora (2021), perpetúan el cliché de absorber todo lo psicodélico en el marco californiano, erosionando el carácter global de este fenómeno.
Finalmente, aunque Foucault en California presenta una arista interesante en el debate sobre el “último Foucault” y la supuesta seducción neoliberal, su valor reside principalmente en su dimensión literaria. Se considera que las vías más fructíferas para explorar la relación entre Foucault y las drogas se encuentran, en cambio, en dos dimensiones distintas. Por un lado, en los estudios sobre drogas inspirados por el pensamiento foucaultiano, y por otro lado, en la rica, aunque poco explorada, reflexión filosófica de Foucault sobre las drogas. Si bien Foucault no dedicó un trabajo exclusivamente a este tema, sus referencias al problema están ampliamente dispersas en sus libros, artículos, conferencias y clases, ofreciendo un terreno fértil para investigaciones que busquen articular una comprensión más compleja de este aspecto de su pensamiento.










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