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CONfines de relaciones internacionales y ciencia política

versión impresa ISSN 1870-3569

CONfines relacion. internaci. ciencia política vol.20 no.39 Monterrey ago./dic. 2024  Epub 05-Mayo-2025

https://doi.org/10.46530/cf.vi39/cnfns.n39.p46-61 

Dossier

Coincidencias, sinergias y desafíos en la relación bilateral Brasil-México en el escenario internacional

Coincidences, synergies and challenges in the Brazil-Mexico bilateral relationship on the International stage

José Miguel Gallo Blancas1 

1Facultad de Estudios Superiores Aragón


Resumen:

Para analizar el alcance e importancia en la dinámica de cooperación de las dos economías más grandes de Latinoamérica resulta esencial observar sus respectivos roles en el escenario global. Para ello, se comprobará que bajo contextos específicos hay naciones que a pesar de sus similitudes logran un alcance de cooperación limitado. En este trabajo se abordarán las posibles bases teóricas bajo los paradigmas del realismo, idealismo y constructivismo con el fin de entender la dinámica de relación entre México y Brasil, desde sus inicios y consolidación como naciones se analizarán sus convergencias y desafíos contemporáneos del balance comercial e inversiones para finalizar con los asuntos pendientes de mayor relevancia para ambas naciones.

Palabras clave: cooperación internacional; comercio bilateral; Brasil; México; sinergia

Abstract:

In order to analyze the scope and importance of the cooperation dynamics of Latin America’s two largest economies, it is essential to observe their respective roles in the global scenario. To this end, it will be shown that under specific contexts there are nations that, despite their similarities, achieve a limited scope of cooperation. This paper will address the possible theoretical bases under the paradigms of realism, idealism and constructivism in order to understand the dynamics of the relationship between Mexico and Brazil, from its beginnings and consolidation as nations, analyze their convergences and contemporary challenges of trade balance and investments to end with the most relevant pending issues for both nations.

Keywords :  international cooperation; bilateral trade; Brazil; Mexico; Synergy

Introducción

Dentro del ámbito de la cooperación internacional, las naciones establecen su interés para vincularse con otros países conforme a la definición de sus objetivos y de seguridad nacional, dependiendo de las medidas, alcances y resultados cambiarán de estrategia, relacionada intrínsecamente al acontecer de su política interna. Su relación económica funge un rol relevante para establecer su nivel de cooperación por medio de acuerdos en la materia, que a su vez involucra el desglose de temas estructurales (jurídicos, fiscales, educativos, culturales, entre muchos otros).

Con el objetivo de analizar el alcance e importancia de la dinámica de cooperación de las dos economías más grandes de Latinoamérica, el presente trabajo se realizará por medio del método comparativo, retomando hechos históricos y contemporáneos, que nos permitan vislumbrar desde diferentes enfoques la complejidad de la relación bilateral entre México y Brasil. Así será comprobado, por medio de la exploración teórico-conceptual de los principales paradigmas de las relaciones internacionales, que bajo contextos específicos hay naciones que a pesar de sus similitudes el alcance de cooperación es limitado.

Para ello, antes vale la pena entender y discernir la diferencia en términos conceptuales entre lo que se describe como cooperación internacional y cooperación económica internacional. Primeramente, desde el enfoque clásico realista en donde se sustenta que la cooperación entre Estados está basada en la búsqueda de poder o también llamada la realpolitik, en contraste con el paradigma idealista en el cual el rol de las organizaciones internacionales, derecho internacional y moralidad determinan la relación entre los Estados para trabajar en conjunto y hacer frente a retos en común (Goldstein y Pevehouse, 2013 p. 35,).

Uno de los mayores representantes de la corriente realista es Hans Morgenthau, en su libro Politics Among Nations -publicado justo al finalizar la Segunda Guerra Mundial- refleja el escenario anárquico del mundo en plena reconfiguración, al igual que autores como Kenneth Waltz o John Mearsheimer en sus obras más destacadas Theory of International Politics y The Tragedy of Great Power Politics, respectivamente. El primero, publicado en el período de la Guerra Fría, y el segundo, a su finalización y dominado por la hegemonía estadounidense, coinciden en que la relación entre Estados está altamente determinada por maximizar su seguridad y poder.

Por otro lado, la cooperación internacional desde un enfoque idealista, sustentada por autores como Immanuel Kant en su obra Perpetual Peace, asevera que el acercamiento entre las naciones no es tanto por el poder, sino que parte desde lo individual al compartir valores, normas e ideas que se institucionalizan en grupos u organizaciones con el objetivo de crear Estados plenamente democráticos. Con ello, facilitan la cooperación entre las naciones y aseguran libertad y paz entre alianzas democráticas con una visión de federación entre Estados (Risse-Kappen, 1995 pp. 723-787,).

En tanto, la cooperación económica internacional está mayormente enfocada a la colaboración en materia económica al involucrar el intercambio comercial, inversión extranjera directa, promoción del crecimiento económico, estabilidad financiera y el desarrollo a través de mecanismos como lo son los tratados comerciales, uniones aduaneras, y políticas de desarrollo económico. Es el mismo Kant quien asegura que el comercio promueve la paz, incrementa la riqueza, la cooperación y el bienestar global (Goldstein y Pevehouse, 2013 p. 65,).

Adicionalmente, resulta importante mencionar las ideas que plantea Joseph Stiglitz (2002), en su libro Globalization and discontent, quien enfatiza la relevancia del regionalismo económico como parte de la estrategia de los países para aumentar su competitividad, puntualizando el gran impacto que tendrá la integración regional en la estructura económica del mundo (p. 358). Siendo Brasil y México parte de las economías emergentes de mayor destaque en las últimas décadas.

Como tercera vía, tenemos a la teoría del constructivismo, basada en la explicación de cómo los actores globales no solo basan sus alianzas en aspectos de poder económico, sino que involucran aspectos identitarios, normas y valores compartidos (Goldstein y Pavehouse, 2013 pp. 86-89,). Es decir, cómo entienden el mundo y su rol en este para relacionarse con sus pares en el ámbito internacional.

En ese sentido, para ahondar en el tema en cuestión y descifrar su alcance de cooperación, el presente trabajo se estructura en cuatro secciones, en la primera se realizará un repaso histórico de ambos países, desde sus primeros contactos hasta su consolidación e inmersión a los mercados internacionales. Enseguida, como segundo apartado, está el análisis entre las convergencias y desafíos contemporáneos de la relación bilateral. El tercero se enfoca en el intercambio comercial e inversiones bajo los instrumentos económicos de cooperación, mientras que en la cuarta parte se tratan los asuntos pendientes en la relación bilateral bajo las actuales coincidencias entre los presidentes de ambas naciones para finalizar con una conclusión de este trabajo de investigación.

Primeros contactos de cooperación como naciones independientes hasta su inmersión en los mercados internacionales

Las opciones teórico-conceptuales para abordar y comprender la dinámica de relacionamiento entre México y Brasil, a fin de descifrar su alcance y limitaciones, son diversas. Por ejemplo, bajo las ideas del realismo, como bien se mencionó previamente, la cooperación o alianzas entre Estados son definidas por la búsqueda de un mayor balance de poder y seguridad nacional, características que bien podríamos establecer como las que definieron los primeros encuentros entre lo que hoy son los Estados Unidos Mexicanos y la República Federativa de Brasil. Nos referimos al Imperio de Brasil y el efímero Imperio mexicano liderados por Don Pedro I y Agustín de Iturbide, respectivamente (Luiselli Fernández, 2022 pp. 11-12,).

Bajo un contexto de búsqueda de reconocimiento como imperios independientes, recién proclamados durante los primeros años de la década de 1820 y sucesivamente en la siguiente con la formalización de los canales de comunicación entre ambos países para establecer un Tratado de Amistad, Comercio y Navegación, encontramos al primer enviado de Brasil a México, Duarte da Ponte Ribeiro en 1833 como encargado de negocios. Mientras que México tardó todavía algunos años más en enviar formalmente a un representante ante los intentos fallidos de las misiones de Juan de Dios Cañedo por Sudamérica (Palacios, 2001 pp. 592-595,).

Sin duda, un hecho histórico relativamente breve, al que prosiguió la pérdida de más de la mitad del territorio mexicano (1848) tras la guerra con los Estados Unidos de América (EE. UU.); posteriormente durante 1863-1867 la efímera proclamación del Segundo Imperio mexicano por Maximiliano de Habsburgo dio lugar al acercamiento con su primo Don Pedro II en evidente búsqueda de reconocimiento, empero tras el fusilamiento de Maximiliano toda posibilidad de acercamiento se quedó en un impasse en las relaciones, y se retomaron los contactos hasta 1890, después del cambio de Imperio a la República del Brasil (Palacios, 2020 p. 10,).

A este breve período también lo podríamos encuadrar dentro de la corriente realista, no obstante el constructivismo se acercaría más ante la vinculación identitaria por parte de los entonces emperadores, que aunque hubo reciprocidad en la recepción no existió en las acciones formales por reconocer su imperio ante la evidente intervención extranjera a territorio mexicano.

Después de largos años de turbulencias entre la Revolución mexicana y la Primera Guerra Mundial los acercamientos diplomáticos fueron limitados, con especial énfasis en el papel del ministro brasileño, Manuel Cardoso de Oliveira, durante su misión diplomática en México, cuando apoyó de manera directa al general Victoriano Huerta durante el intervencionismo estadounidense entre 1914 y 1915 (Palacios, 2020 p. 10,). Es decir, fue una etapa de cierta rispidez en la relación diplomática en donde se vislumbró una alineación brasileña con la política estadounidense.

Situación que se revirtió en la sinergia política ideológica entre Lázaro Cárdenas y Getulio Vargas una vez encontrada cierta estabilidad y consolidación como naciones durante la década de 1930, realizada con el sistema de sustitución de importaciones con el objetivo compartido de desarrollar una industria nacional. Período en el cual el embajador mexicano Alfonso Reyes logró establecer las bases para fomentar el acercamiento a través de vínculos culturales e históricos desde un enfoque constructivista (Secretaría de Relaciones Exteriores, 2022, p. 58).

Analizando lo anterior, nos encontramos con una combinación de tentativas explicaciones teóricas de cómo se desenvolvieron los primeros contactos de la relación bilateral entre México y Brasil a partir de sus respectivas independencias como naciones en configuración y determinación de su papel en el escenario global y regional.

El preámbulo del proceso de liberalización económica en ambas naciones fue haberse llevado a cabo la primera visita oficial de un presidente a su contraparte, nos referimos a la invitación del mandatario Juscelino Kubitschek a su homólogo mexicano, Adolfo López Mateos, quien en su gira por América del Sur visitó Brasil en 1960, y a los dos años hubo reciprocidad por el nuevo presidente brasileño, João Goular, en visitar territorio mexicano (Palacios, 2020, pp. 19-20). Así se marcó una consolidación de las cooperación en sinergias con relación a sus políticas de relaciones exteriores hasta ese momento, en donde además Brasil realizó la mudanza de su capital de Río de Janeiro a Brasilia.

Lo sucesivo fue la instauración de la dictadura militar en Brasil con lo que la relación nuevamente se mantuvo sin avances ante el escenario de la Guerra Fría en la cual la ideología marcaría un papel para no profundizar. En otras palabras, el paradigma del realismo en el que sus principales alianzas se realizaron con la intención de asegurar su seguridad nacional e incrementar su influencia. Particularmente Brasil alineado en cierta medida con la potencia mundial, los EE. UU., y México agraviado por perder gran parte de su territorio ante la potencia naciente le bastó con posicionarse en defensiva y buscar estabilidad interna, lo que definió su posicionamiento de no intervencionismo.

Tanto México como Brasil sufrieron crisis de deuda en la década de 1980, que a su vez los llevó a formar parte del Plan Brady de 1989 para reconstruir la deuda de los países latinoamericanos (Todaro y Smith, 2012, pp. 656-658). En un contexto de inestabilidad en su sistema cambiario y serios desequilibrios macroeconómicos, que los hicieron adoptar también medidas afines al Consenso de Washington, cuya etapa vale subrayar en el sentido de realizar un comparativo de la liberalización comercial-financiera tanto de Brasil como de México.

El proceso y el grado de diferencia en la liberalización de las dos economías fue bastante marcado, por una parte Brasil mayormente reticente a paso lento y México más abierto a la inserción de los mercados globales. En ese momento, podemos aseverar que se terminó el sistema económico de sustitución de importaciones para pasar a una época de liberalismo económico.

En el caso de Brasil, los principales líderes que iniciaron dicha transición fueron José Sarney (1985-1989), Fernando Collor de Mello (1990-1992) e Itamar Franco (1992-1994). Una de las primeras acciones fue la Reforma da tarifa aduanera de 1988, en conjunto con una nueva política industrial, cuyo objetivo fue eliminar los regímenes especiales de importación, pero sin un panorama claro de liberalización del comercio (Kume, 1989). En materia financiera, ya con el Banco Central parcialmente independiente de liderar la política monetaria, se autorizó que extranjeros pudieran invertir en el mercado de valores local.

Con el regreso a la democracia en Brasil tras la elección del expresidente Collor, también se reforzó la etapa de liberalización hacia otros mercados, siendo la firma del Tratado de Asunción de 1991 lo que daría inicio al Mercado Común del Sur (MERCOSUR), con un avance gradual en los siguientes años con acuerdos sucesores que definieron la forma actual del acuerdo. En sintonía, las negociaciones ante el Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT), mostró un cambio de postura de mayor apertura comercial en comparación con años anteriores.

El Plan Real de 1994 se implementó con el objetivo principal de combatir la hiperinflación que azotaba al país, estabilizar el tipo de cambio y realizar un ajuste fiscal, aunado a buscar tener en el mercado una mayor oferta de crédito financiero abriendo la participación exterior en el mercado financiero interno. La evolución de la participación de los bancos extranjeros fue resultado del grado de liberalización, por ejemplo, en 1994 Brasil tenía alrededor de 70 instituciones financieras extranjeras, y para 2001 la participación foránea alcanzó poco más de 100 (Penido Freitas y Magalhães Prates, 2016 pp. 81-111,).

En México, los líderes políticos que iniciaron con las medidas conocidas como neoliberales fueron Miguel de la Madrid (1982-1988), Salinas de Gortari (1988-1994) y Ernesto Zedillo (1994-2000). El primer paso fue en 1986, al unirse al GATT, lo que impulsó una reducción significativa de aranceles y barreras comerciales tras una larga negociación entre salvaguardas y clarificaciones en vastas reuniones ampliamente dominadas por los EE. UU.

Situación que ya marcaba las bases para concretar en los siguientes años el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) en 1994 con amplias reformas implementadas por el expresidente Carlos Salinas, incluyendo cambios a nivel financiero, bancario, y de privatización, es decir, una liberalización profunda con lo que se convirtió en un proyecto regional incluyendo a sus principales socios, Canadá y EE. UU.

Durante la década de 1990, ambas naciones sufrieron crisis de manera directamente relacionada a los mercados globales, en el caso de México 1994 fue por una combinación de escasez en las reservas internacionales y la devaluación del peso. En tanto, Brasil en 1999 tuvo una crisis cambiaria ante las modificaciones internas de las conocidas bandas de tipo de cambio orquestadas por el propio gobierno, aunada a la disminución de la productividad y déficit público (De Carvalho, 2008 pp. 17-20,).

En esta última etapa se desarrollaron acontecimientos que definieron en gran medida las alianzas estratégicas y de mayor relevancia que cada nación determinó en función de sus intereses nacionales. Por un lado, México decidió firmar el antes mencionado TLCAN, liderado por el mandatario Carlos Salinas de Gortari, mientras que por el lado brasileño bajo Fernando Collor de Mello se optó por el bloque del MERCOSUR junto a Argentina, Paraguay, Uruguay -que dicho sea de paso en el año 2024 Bolivia se adhirió- además de Venezuela, quien lleva suspendida del bloque poco más de siete años (Osborn, 2024).

Convergencias y desafíos contemporáneos (2000-2022)

Iniciado el siglo XXI es justamente durante los gobiernos del expresidente mexicano Vicente Fox y Fernando Henrique Cardoso de Brasil, que se concretan los tres instrumentos económicos que rigen la relación bilateral. Es decir, los Acuerdos de Complementación Económica (ACE) en vigor nro. 53, nro. 54 y nro. 55 firmados en 2002. El ACE nro. 54 es un marco de cooperación cuya meta es crear un área de libre comercio entre los Estados partes del MERCOSUR y México. En tanto tal objetivo no sea logrado, el comercio entre las partes es regido por el ACE nro. 55 (MERCOSUR-México), enfocado al sector automovilístico, y por el ACE nro. 53 (Brasil-México), que contempla productos no automovilísticos. Este último acuerdo establece la eliminación o reducción de tarifas de importación para aproximadamente 800 fracciones arancelarias, por medio de concesiones preferenciales recíprocas entre Brasil y México (SISCOMEX, 2023).

A los pocos años llegó al poder el brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, representando al Partido de los Trabajadores (PT), quien se posicionó en la región con mayor vínculo con países como Venezuela y Argentina, además de Cuba, Bolivia, Uruguay y Ecuador en un contexto de auge de líderes progresistas. En contraste, el lado mexicano mantuvo su inclinación por gobiernos más de derecha como lo es el Partido Acción Nacional (PAN) con la elección de Felipe Calderón.

A pesar de que hubo un constante crecimiento del intercambio comercial en los siguientes años, no se ahondó como era de esperarse, toda vez que Calderón tuvo una alta discordia con Hugo Chávez, presidente de Venezuela y aliado brasileño. El caso de CEMEX, empresa mexicana expropiada por el gobierno de Venezuela, que generó cierta rispidez y clara muestra del desencuentro de la causa latinoamericana, sería la evidencia del divisionismo en la región y eventualmente la formación de la Alianza del Pacífico en 2011 integrada por México, Colombia, Chile y Perú (Rosales, 2014).

Mientras que en el otro extremo del continente, el MERCOSUR fortaleció su integración con Brasil, Argentina, Venezuela, Uruguay y Paraguay en ese entonces. Aunado a la cooperación estratégica que Brasil formó con el denominado grupo de los BRICS, acompañado por Rusia, India, China y Sudáfrica, cuya expansión se ha anunciado este año con nuevos integrantes: Arabia Saudita, los Emiratos Árabes, Irán, Egipto y Etiopía (McDermott, 2023). De cierta manera durante los mandatos de Calderón y Lula, si bien hubo cooperación y aumento en el flujo comercial gracias a los instrumentos firmados en 2002, fue claro que sus prioridades los llevaron por diferentes caminos. La perspectiva en esos primeros años fue de competencia por el liderazgo regional y posicionamientos en foros internacionales.

Posteriormente, el entorno presidencial nuevamente fue modificado de la mano de Enrique Peña Nieto (EPN) y Dilma Rousseff, pero en esta ocasión vislumbró un pragmatismo económico a pesar de algunas discrepancias en el sector automotriz. Destacan las visitas mutuas en 2012 de EPN en calidad de presidente electo y en 2015 por parte de Dilma, en donde se buscó fortalecer los vínculos culturales, turísticos, educativos, de seguridad y comercio, cabe mencionar que precisamente dicho período destacó por el aumento sustancial del intercambio comercial y la intención de ampliarse.

Asimismo, un punto álgido del acercamiento político, paradójicamente, fue posterior al impeachment de Dilma Rousseff y la llegada de Michel Temer al ejecutivo brasileño. Esta situación propició un efímero optimismo y la vinculación entre la Alianza del Pacífico y el MERCOSUR, ratificado en junio de 2018, en torno a la XIII Cumbre de la Alianza del Pacífico en Puerto Vallarta, aún bajo la presidencia de EPN, cuyos países invitados en calidad especial fueron los miembros del MERCOSUR con el objetivo de ampliar los mecanismos de integración regional bajo el ideario idealista de cooperación internacional (Secretaría de Relaciones Exteriores, 2022). Esta esporádica etapa nos hace recordar lo analizado por Stiglitz, quién vislumbra al regionalismo económico como parte de la estrategia de los países para aumentar su competitividad puntualizando el gran impacto que tendría la integración.

Si bien, hubo constancia en los encuentros desde 2015 hasta finales de 2017 en las llamadas rondas de negociaciones, al siguiente año de la octava ronda, en vísperas de las elecciones de 2018 en ambos países, las circunstancias marcaron nuevamente un cambio opuesto entre los nuevos presidentes. Por una parte, el ahora exmandatario Jair Bolsonaro logró ganar bajo una crítica ferviente a los gobiernos de izquierda, con la insignia de eliminar el socialismo y corrupción del país, en absoluta crítica al PT. Por el otro, el mexicano Andrés Manuel López Obrador tomó protesta el primero de diciembre de 2018 caracterizado por ser un opositor al modelo neoliberal, además de llegar al Poder Ejecutivo con el estandarte de eliminar la corrupción e inseguridad del país, y que justo a finales de 2018 mostró abiertamente su apoyo a Lula da Silva, lo que a la postre dificultó cualquier tipo de acercamiento directo con Bolsonaro para alcanzar acuerdos entre ambas naciones.

Fueron dos polos ideológicos opuestos, aunque hubo puntos homogéneos por la forma en que llegaron al poder -contextos de rechazo a los partidos del establishment político enmarcados por escándalos de corrupción-, es decir, significaron modificaciones dentro de sus respectivos escenarios nacionales, cuyo resultado fue alejar la cooperación a nivel político entre las dos potencias regionales más importantes de Latinoamérica a pesar de los desafíos en común.

Igualmente en 2018, en los EE. UU. eligieron a un anti-establishment, Donald Trump, con quien Bolsonaro tuvo una gran afinidad inclusive mayor que a la de sus aliados del MERCOSUR y los BRICS. Durante este período, México enfrentó amenazas de imposición arancelarias con incremento progresivo a todos sus productos nacionales ante la disyuntiva migratoria por parte de Trump. El efecto de vulnerabilidad fue alto, a pesar de los múltiples tratados de libre comercio que ostenta México alrededor del mundo.

Entre mayor es la dependencia, el impacto de vulnerabilidad ante las fluctuaciones económicas y políticas suele ser más contraproducente, este concepto hace reflexionar respecto al caso mexicano en 2023 en que las exportaciones de México a Estados Unidos representaron un 78.2 % del total (Statista, 2023), y si a ello le sumamos que el comercio exterior mexicano fue responsable de alrededor del 88 % del PIB en 2022 (Banco Mundial, 2022), la vulnerabilidad es aún mayor.

Escenario que podemos asegurar como crítico, dado que en su momento fueron eventos cruciales para plantear la alta dependencia comercial de México hacia los EE. UU., y que precisamente la opción más viable fue el contacto con proveedores en el cono sur para abastecerse de productos esenciales. Circunstancias que fueron bien aprovechadas por Brasil, como el mercado de mayor factibilidad a la diversificación de México.

Estos eventos nos hacen replantear las razones por las que las naciones definen su interés de cooperación con uno o ciertos países, tanto a nivel político y económico con miras a obtener beneficios compartidos. Pero cuando estos se ven amenazados, la diversificación de mercados para reducir los riesgos de inestabilidad ante la dependencia hacia un solo mercado se vuelve crucial.

Intercambio comercial México-Brasil: el rol de los acuerdos de complementación económica (ACE) en su comercio e inversión internacional

Como se mencionó en la sección anterior, los principales instrumentos que determinan la relación económica comercial entre ambos países fueron firmados hace 22 años, durante la concordancia marcada por gobiernos promercado como el de Fox y Cardoso (Sandoval Motilla y Crump, 2018), es decir, el ACE nro. 53, el ACE nro. 54, dentro del MERCOSUR, y el ACE nro. 55, enfocado al mercado vehicular con carácter de libre mercado sectorial, visto como uno de los logros más recientes tras años de negociación y postergación de su ampliación.

Previo a los ACE, el intercambio bilateral no superaba los 3000 MUSD, mientras que a partir de su firma fue incrementando gradualmente (Morales et al., 2012 pp. 117-150,). Tras diez años de vigencia alcanzó por primera vez los 10 MUSD, y fue al poco tiempo, en 2015 que se fijó como meta llegar a los 18 MUSD para 2025, cifra que ya se alcanzó recientemente en 2023 conforme a datos del INEGI (Banco de Información Económica [BIE], 2024).

Cifra que podríamos asegurar es de las más altas en superávit en la balanza comercial a favor de Brasil, con alrededor de 8000 MUSD. En el mismo sentido, las compras de México a Brasil alcanzaron su nivel más alto con 13 541 MUSD y con tan casi 5000 MUSD en exportaciones mexicanas (BIE, 2024). Lo anterior, de la mano con el plan de México para reducir la inflación en América Latina a través de la reducción de aranceles y facilitar el comercio.

Ahora bien, con respecto al vínculo con Brasil para liberar el comercio de barreras arancelarias y no arancelarias se ha logrado de manera parcial a través del ACE nro. 55, enfocado a liberar el comercio en el sector automotriz. Considerada la industria vehicular y de autopartes como responsable aproximadamente del 40 % del comercio exterior bilateral entre México y Brasil (Hernández, 2023).

De igual forma, en los últimos años, ha sido el gran destaque la liberación arancelaria a brasileños que México ha otorgado a productos estratégicos, por ejemplo el arroz y maíz, o la ampliación de cuotas de importación de pollo, carne bovina y porcina. Además, se suma el reconocimiento mutuo de la cachaça y del tequila como representativos para fortalecer el intercambio comercial.

Como dato a resaltar, el peso del comercio exterior con respecto al porcentaje del PIB es bastante asimétrico para ambos países, como método de análisis en su participación en las cadenas de valor a nivel internacional. Mientras que para México el comercio externo es una parte fundamental en su crecimiento con respecto al PIB, el cual representó el 88 % en 2022, para Brasil solo fungió alrededor del 39 % del mismo año (Banco Mundial, 2022), como muestra de su inclinación al mercado interno como base del crecimiento del PIB.

Brasil con un enfoque hacia el comercio interno, en tanto México altamente dependiente del exterior, y más específico al mercado de Norteamérica. No obstante en sectores como el agroindustrial, aeroespacial y de materias primas, Brasil tiene un potencial de exportación fuerte, suministra una alta diversidad de commodities a países como China, Argentina, EE. UU., Holanda, y Canadá. En otras palabras, su diversificación al mercado externo es mayor a la de México, pero con una inclinación al mercado interno.

Precisamente, considerando a Brasil como una potencia agrícola, México se ha visto reticente a la apertura del mercado brasileño, sobre todo porque en el proyecto de la actual administración, el campo ha sido una prioridad liderada por el programa “Sembrando vida” en miras de fortalecer a zonas rurales del país mayormente dependientes de la producción agrícola.

Por el otro lado, Brasil ha mostrado reticencias a la competencia de la fuerte manufactura mexicana, beneficiada por el nearshoring,1 que dicho sea de paso, esta ha recibido inversiones de maquila hasta ensamblajes con alto valor tecnológico entre las que se incluye materiales electrónicos, aeroespaciales, biotecnológicos, manufacturas flexibles, de la información y comunicación, de potencias manufactureras entre las que destacan Corea del Sur, Japón y China (Romero Aguilar, 2024).

En cuanto a la recepción de inversión extranjera, ambos países han mostrado ser los de mayor ingreso en la región, al grado de competir por captar tales inversiones. En tanto, el flujo de inversión bilateral también ha mostrado un crecimiento, tanto empresas mexicanas ven con buenos ojos el mercado brasileño, como en Brasil se muestra interés por entrar al mexicano. Al respecto, la industria aeronáutica del gigante del sur sin duda sería beneficiada en el caso de mayor colaboración en la materia; justamente, Brasil ya fue anunciado como invitado de honor en la próxima Feria Aeroespacial Mexicana de 2025.

A propósito, Embraer, la empresa brasileña en el sector aeronáutico, se ha posicionado como uno de los mayores exportadores de productos de alto valor añadido, y justamente ya cuenta con algunas inversiones en suelo mexicano, con la expectativa de que la aerolínea Mexicana de Aviación decida adquirir una flota de aviones y no de la estadounidense Boeing como catalizador a futuros acuerdos de colaboración.

En esa misma línea, las inversiones son recíprocas, ya sea de inversiones directas o por medio de adquisiciones o fusiones entre empresas brasileñas y mexicanas. Por el lado brasileño están presentes empresas como: Gerdau, Marco Polo, Tramontina, Odebrecht Engenharia, Baskem, Totvs, WEG Motores, Natura, Itaú, Oxiteno y Embraco (Morales-Fajardo y Díaz-Carreño, 2014, pp. 22-58). Sin duda, la presencia de capital brasileño en México es bastante diversa, desde construcción, química, vehicular, financiera, entre otros. La distribución de las inversiones brasileñas en territorio mexicano se diversifican desde la Ciudad de México, Nuevo León, Coahuila, Estado de México, Querétaro, Guanajuato, Veracruz e Hidalgo.

Por el lado mexicano están Grupo Bimbo, América Móvil, Metalsa, Femsa, Nemak, Mexichem, Rasssini, Omnilife, Cinépolis, Grupo Lala, entre otros. Inversiones diversificadas tanto en telecomunicaciones, manufactura, alimentos, servicios y bebidas. Siendo América Móvil una de las de mejor posicionamiento en el mercado, liderada por el empresario mexicano Carlos Slim, quien recientemente visitó Brasil y se reunió con el presidente Lula, anunciando la posibilidad de invertir más de 7 MUSD (Presidencia da República, 2024). La presencia se concentra principalmente en la capital financiera, São Paulo, y se amplía moderadamente a Minas Gerais, Río de Janeiro y Brasilia.

El proceso de establecimiento de las empresas de ambos países a su contraparte experimentó sin duda su mayor crecimiento durante los primeros 15 años de los ACE, es decir de 2002 a 2017, con una pequeña desaceleración posterior, pero con tendencia a seguir aumentando con especial énfasis en fabricación, ensamblaje y distribución de autopartes, seguido de la industria siderúrgica, petroquímica y servicios de TI. Esta última más de empresas brasileñas como Gerdau, Stefanini y Usimeca, quienes han tenido avances en captación de una cartera de clientes sólida en México.

La inmersión de las empresas se da de manera recíproca, en clara tendencia hacia una mayor interacción económica en donde nuevamente se vislumbra el potencial de concretarse un acuerdo comercial. Sin embargo, las negociaciones que se mantuvieron de 2015 a 2017 para ampliar la cobertura del actual ACE nro. 53, parece quedaron olvidadas por las nuevas administraciones, a pesar de que por el lado brasileño el ministro Mauro Viera está nuevamente a cargo del Ministerio de Relaciones Exteriores desde 2023, quien fungió como ministro (enero 2015-mayo 2016) de Dilma Rousseff (Redacción, 2022).

Parte del objetivo fue ampliar al máximo la cobertura del ACE nro. 53, pero la estrategia de negociación a nivel sectorial suele complicar los convenios por discrepancias puntuales, circunstancias que han dificultado llegar a un acuerdo amplio. En lo que hubo avances fue respecto a compras gubernamentales, servicios, propiedad intelectual, convergencia regulatoria y porcentaje de contenido nacional a la expectativa que en el corto y mediano plazo haya señales para reanudar las negociaciones.

Tal necesidad es visible si nos ponemos a observar más a detalle la creciente atracción e interés entre ambos mercados, en otras palabras la misma dinámica empresarial y de oferta y demanda, a que siga una clara tendencia de aumento de intercambio comercial e inversiones recíprocas.

Para ilustrar mejor, en uno de los más recientes estudios, dirigido por la Revista Brasileira de Estudos Urbanos e Regionais, utilizaron el modelo Global Trade Analysis Project (GTAP), simplificando y representando el comportamiento de los distintos agentes económicos con la finalidad de proyectar los resultados ante un tentativo tratados de libre comercio. En dicho análisis, se vislumbra una mejora en los flujos de intercambio comercial con especial énfasis en productos del sector primario, con bajo, medio y alto contenido tecnológico, vehículos y servicios tanto en el escenario de 50 % como de total eliminación de barreras arancelarias con tendencia mucho más favorable a la parte brasileña (Lisbinski et al., 2020, pp. 283-286).

Llegados a este punto, nos hace retomar la disyuntiva para descifrar el alcance de profundización en cooperación, en donde el dinamismo de interacción entre ambos mercados, en demanda de instrumentos más robustos y con la reconfiguración tras el retorno a la presidencia de Lula da Silva en 2022 el escenario volvió a cambiar, en miras del fortalecimiento de la relación bilateral.

Cooperación AMLO-Lula y los grandes pendientes

La actual coincidencia con los presidentes Luiz Inácio Lula da Silva, en su tercer mandato como dirigente de Brasil, y la etapa final del gobierno de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) está dejando varias expectativas sin concretar, toda vez que a finales de septiembre de 2024 el mexicano dejará el poder. La comunicación más reciente fue vía telefónica el 9 de abril de 2024, en donde nuevamente el mandatario Lula expresó su interés de realizar una visita de Estado (Presidencia da República, 2024). De concretarse tendría que ser entre agosto-septiembre del presente año.

Si bien la cooperación técnica para el desarrollo es diversa, en cuanto a temas de educación, inversión, cultura, materia fiscal e industria turística, la expectativa dado su peso económico es aún mayor. Particularmente, a nivel comercial ha sido un proceso de altibajos debido a diversos factores, incluyendo los vaivenes de sus respectivos aconteceres de política interna.

EL regreso al poder de Lula resaltó la sinergia entre los dos presidentes con el objetivo de sentar las bases de un entorno de acercamiento regional de mayor profundización. Si tomamos en cuenta que sus orígenes y el soporte de las bases sociales a nivel político-electoral, que ambos ostentan en sus respectivas naciones son vitales para proyectos internos y externos. Así como lo han sido sus luchas sociales a favor de los menos favorecidos económicamente como estandarte en su historia política guiado por un modelo socialdemócrata.

Estas características que describen similitudes en el perfil de los mandatarios, no significó que sus homogeneidades darían paso a firmar un tentativo acuerdo de libre comercio bilateral, considerando que vislumbraron un enfoque más hacia el fortalecimiento nacional. Lo que comprueba que a pesar de sus similitudes, su alcance de cooperación fue limitado bajo las características económicas de ambos países.

Ya con los resultados confirmados de la reciente elección en México, donde se eligió a Claudia Sheinbaum como sucesora de AMLO hasta el año 2030, y por lo menos, el presidente Lula estará en el poder hasta 2026 intentando retomar su liderazgo regional con la bien conocida política exterior altiva y activa, el panorama político resulta interesante a fin de observar el accionar de ambos desde la óptica regional.

Es decir, las circunstancias los posicionan en un entorno más que óptimo para reforzar y concretar proyectos bilaterales de mayor envergadura por lo que las sinergias políticas que resulten en los próximos años serán sin duda un parteaguas en su proyección de cooperación internacional en los temas que aún siguen en espera de profundizar tales como: asuntos migratorios, turísticos y de cooperación judicial.

El flujo turístico entre ambos países ha tenido sus altibajos debido al vaivén de la supresión e implementación de visas mexicanas a brasileños. Teniendo como principal antecedente el acuerdo implementado de 2004, durante el sexenio de Vicente Fox, en que se eliminó el requerimiento de visas a nacionales brasileños que visitaban México, únicamente bastaba con un registro en el Sistema de Autorización Electrónica para ingresar. Sin embargo, fue interrumpido al siguiente año por el aumento de brasileños ingresando a México con la intención real de llegar a los EE. UU (Centro de Investigación y Competitividad Turística Anáhuac / Consejo Nacional Empresarial Turístico / Universidad Anáhuac, 2012).

Tuvieron que pasar alrededor de 8 años para nuevamente suprimir dicha medida y permitir nuevamente el ingreso de turistas brasileños a México, momento que fue un importante motor para estimular el flujo turístico, que permaneció vigente desde 2013 hasta 2022 con la decisión unilateral por parte de México de implementar nuevamente las visas electrónicas a nacionales brasileños, medida que no se logró persuadir a pesar de las peticiones brasileñas, quienes además, no han aplicado hasta ahora el requerimiento de visas a mexicanos que visitan Brasil.

De acuerdo a una de las reuniones más recientes entre las autoridades de ambos países, se mencionó que de 2019 a 2023 el Instituto Nacional de Migración (INM) registró el ingreso regular a México de un 1 250 981 personas de nacionalidad brasileña e identificó a 30 957 más que transitaban de manera irregular por territorio nacional con el aparente objetivo de llegar a los EE. UU. (INM, 2023). Lo anterior, en un contexto de aumento drástico de solicitudes de refugio en los últimos años reportadas por la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados, y a las presiones de EE. UU. por el control de sus fronteras, llevó a México a tomar esa medida.

Cabe mencionar que durante la vigencia de la supresión de visas se lograron flujos importantes, llegando a considerar al mercado brasileño entre los 10 países que más visitan México con una alta actividad de las principales aerolíneas que conectan a ambos países como AEROMÉXICO y LATAM. En ese sentido, eliminar el requerimiento de visas o la implementación de visas electrónicas será un pendiente para reanudar los flujos turísticos.

Esta dinámica, directamente afectada por el reto regional de los cruces migratorios irregulares, abre paso a otro escenario de potencial cooperación ante el desafío compartido, por ser las dos mayores economías, en coadyuvar a la crisis regional que enfrentan sus vecinos como Venezuela, Cuba o Haití. Instancias como el Pacto Mundial para la Migración será donde podremos observar el actuar de ambos países.

De la misma forma, la relación bilateral en materia judicial será un punto por intentar reforzar, dado la endeble cooperación del caso Odebrecht en México durante la gestión peñista. El proceso de la constructora envuelta en el escándalo de corrupción más sonado en América Latina cuyas repercusiones directas en México aún no se observan. Específicamente en el caso del exdirector de PEMEX y coordinador de Vinculación Internacional de la campaña electoral de EPN, Emilio Lozoya, quien sigue su proceso desde casa sin ninguna sentencia.

La poca proyección y ejecución del Tratado de cooperación de asistencia jurídica mutua en materia penal asignado por ambas naciones en 2007, el cual abarca la colaboración de investigaciones y procedimientos judiciales, no tuvo realmente un proceso de colaboración empezando por las instituciones mexicanas. Reflejo de la alta impunidad prevaleciente en México.

Conclusiones

Considerando el devenir de las dos mayores economías de América Latina, en el escenario global y analizando sus diferentes etapas de cooperación internacional tanto a nivel político como económico, la República Federativa de Brasil como los Estados Unidos Mexicanos reflejan a lo largo de los años encuentros y desencuentros que han determinado su principales alianzas en sus objetivos primordiales.

Como bien se detalló mediante el método comparativo, los primeros contactos fueron en función de la búsqueda de reconocimientos y apoyo mutuo como naciones independientes bajo el paradigma realista de cooperación internacional, en el sentido de asegurar su seguridad nacional con el reconocimiento internacional. Situación que se extendió bastantes años hasta llegar al aseguramiento de la conformación como naciones relevantes en el escenario internacional.

Después la motivación de acercamiento fue cambiando gradualmente, incentivada por los objetivos en común, tales como el desarrollo de sus industrias y el hacer frente a los problemas de desarrollo. Sin embargo, sus acciones los llevaron por vías distintas, de la parte mexicana, en su aproximación regional con Norteamérica, a lado de los EE. UU. y Canadá, y con la Alianza del Pacífico (junto a Chile, Colombia y Perú), actualmente mermada por algunas discordias con el gobierno peruano.

Mientras que Brasil, enfocado en su cooperación global sur-sur, con el MERCOSUR (junto a Paraguay, Uruguay, Bolivia y Argentina), de igual forma con cierto distanciamiento con su par argentino, encabezado por Javier Milei. Además del ahora renovado grupo de los BRICS+, a lado de Rusia, India, China, Sudáfrica, Arabia Saudita, Emiratos Árabes, Irán, Egipto y Etiopía, quienes estratégicamente y en conjunto miran hacia un reordenamiento global conformado por economías emergentes sobresalientes, al punto de crear instituciones financieras que retan a organismos como el Fondo Monetario Internacional.

Lo anterior, alineado con el objetivo trazado en el presente trabajo de identificar el alcance e importancia de la dinámica de cooperación de las dos economías regionales con mayor peso, nos damos cuenta que efectivamente bajo ciertos contextos específicos hay naciones que a pesar de sus similitudes, su alcance de cooperación es limitado ya sea por su competencia de liderazgo o por sus posturas divergentes a nivel interno.

El papel del dinamismo comercial es fundamental, ya que las industrias pueden tener cierta complementariedad que incentive su cooperación económica, no obstante, su alcance será limitado mientras no haya las condiciones de política interna, por medio de los tomadores de decisiones quienes crean marcos de cooperación que respaldan el intercambio comercial. Adicionalmente, si las discrepancias políticas sobresalen de las coincidencias se ve mayormente afectado cualquier tipo de acercamiento.

Dicha aseveración, también se constata en su actuar en los foros internacionales donde participan, como la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), el Grupo de los (G20) o la Organización de los Estados Americanos (OEA), en donde se han observado posturas contrastantes en diversas ocasiones. Principalmente en la dinámica dentro de la Organización de las Naciones Unidas y la necesaria reforma en el ordenamiento mundial ha marcado roces en torno a modificar el Consejo de Seguridad Permanente en donde Brasil ha buscado un lugar que México difícilmente aceptaría.

Para ello, sus estrategias de cooperación a nivel político, económico y de los diversos temas pendientes de los próximos años será definitiva para dimensionar su verdadera capacidad de estrechar lazos. Por un lado, en el sentido de si México vislumbra diversificar su dependencia comercial del mercado norteamericano o si refuerza totalmente su visión al norte. Mientras que Brasil, cada vez más participativo y retomando su rol en la cooperación sur-sur, liderada por el grupo de los BRICS+ le podría brindar un mayor alcance de influencia internacional.

Sin duda, la perspectiva idealista y constructivista bajo el contexto interno de ambas naciones podría propiciar un reforzamiento en sus alcances de cooperación, sobre todo en un contexto mundial en el que la amenaza de conflictos internacionales viene creciendo en diferentes regiones. Dígase el conflicto ruso-ucraniano o el estallido en Medio Oriente con Israel y Palestina. Inclusive ante el tentativo retorno de la retórica trumpista, en la que nuevamente México puede que experimente amenazas arancelarias o de cualquier índole en las que se vea afectada su estabilidad ante su fragilidad de alta dependencia hacia los EE. UU.

Finalizando, la complejidad de su cooperación dependerá de diferentes directrices que definirán su papel dentro de la comunidad de las naciones. Por el momento, veremos si este año se concreta la visita de Estado por parte del presidente Lula da Silva a territorio mexicano todavía durante el mandato de AMLO o si se realiza con Claudia Sheinbaum en el poder, con quién podríamos realizar una paralelismo con la exmandataria brasileña Dilma Rousseff, ambas como las primeras dirigentes mujeres en ambos países, con quien Lula tendría también cierta afinidad política.

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Recibido: 01 de Mayo de 2024; Aprobado: 18 de Julio de 2024

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